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7 de abril Día Mundial de la Salud: enfermeros kelpers

Desde 1948, el Día Mundial de la Salud se viene celebrando cada 7 de abril, fecha en que fuera fundada la Organización Mundial de la Salud (OMS). Claro que éste año el mundo no está para festejos. En Argentina fue un día record de fallecidos por una pandemia planetaria nunca vista, por la velocidad de su contagio y versatilidad. A partir de mañana se anunciaron nuevas medidas para evitar una progresión de la enfermedad que sería insostenible. Muchos comercios la cumplirán de mala gana, maldiciendo al gobierno o a Dios o al Diablo por ponerlos en esa situación. Pero en el día de la Salud no podemos menos que preguntarnos cómo los trabajadores de hospitales, clínicas, laboratorios, salitas de auxilio, después de más de un año sin descanso, y con miles de contagiados y muchos fallecidos, están viviendo este día. De esto no se habla. Una efeméride que pasó sin pena ni gloria.

Enfermeras y enfermeros, los kelpers de la salud

En algunas provincias, como CABA, no se las reconoce como profesionales a pesar de haber estudiado cinco años para recibirse. Cobran sueldos de hambre, y allí están. No tuvieron vacaciones, apenas algún feriado, y vieron enfermar a miles de compañeras y morir a algún centenar. Basta ver la progresión de muertes que el sistema de salud vivió el año pasado para imaginar su angustia y depresión. Mientras que en marzo, primer mes de la pandemia, cuando poco se sabía de ella, murieron dos trabajadores de la salud. En julio ya eran 18, y agosto tuvieron 50 compañeros muertos por Covid. Y así siguió.

Hoy, en el mismo Día de la Salud, La Columna Vertebral charló con Berta Leyton, presidente de la Asociación de Licenciadas de Enfermería, a quien conocimos en las tantas marchas que realizaron antes y después de la pandemia para que se las profesionalizara. Con voz caída, casi un susurro, nos contó lo que más les duele en éste momento a las distintas organizaciones del sector:

“Han pasado ocho o diez meses, casi un año en algunos casos y más, y las familias de los compañeros enfermeros fallecidos aún no logran cobrar sus pensiones. Tenemos dos leyes que les adjudican una doble pensión a las familias de los fallecidos por COVID pero no está pasando, todo lo contrario. Por ejemplo, la familia de Miguel Acosta y la familia de Silvio Cufré están sin cobrar sus pensiones. Imaginaate el desamparo con el que murieron esos compañeros que ni siquiera se enteraron de qué se trataba, se murieron así, como Silvio, sin enterarse que existía el COVID y dejaron a sus familias desamparadas.” 

Miguel Acosta moría víctima de la pandemia el 17 de abril de 2020. Se desempeñaba como enfermero de la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Longchamps, partido de Almirante Brown. Tenía 58 años y se había contagiado semanas atrás en el mismo hospital. Uno de sus compañeros compartió en las redes: “Noches de guardias compartidas compañero. Hoy recibí la triste noticia de que terminó tu guardia. Para los que le perdieron respeto a la situación que estamos pasando, los que siguen desafiando al virus, hoy se lleva a uno más de nosotros, un compañero lleno de sabiduría que día a día nos estaba cuidando y protegiendo . Que descanses en paz migue!”

Sivio Cufré era enfermero del Instituto Médico Brandsen, provincia de Buenos Aires. Tenía 47 años, residía en Alejandro Korn. Murió el 18 de abril de 2020, una de las primeras víctimas del Covid. Desconocía que dos pacientes de terapia intensiva, donde trabajaba, tenían Covid. Sus seis hijos también estuvieron contagiados.

Esto ocurría hace un año. A sus familias hacía referencia Berta Leyton cuando se lamentaba porque no podían cobrar todavía la pensión que les corresponde por pandemia.

Pero no es todo. También hay enfermeros y enfermeras que están en condiciones de estar jubilados y que no lo están pudiendo hacer por una ley en provincia de Vidal que lo complicaba, porque como somos personal escaso y esencial estaba organizado como para que tardara dos o tres años un tramite de jubilación. Hay gente ya pasada en edad, por ejemplo, y a la que no le están dando bolilla para poder jubilarse. Se viene esa segunda ola y toda esa gente debería estar jubilándose, dejando para otros más jóvenes toda esta lucha”, explica Berta con un hilo de voz.

De manera increble, a fines del año pasado, el sistema de salud decidió prescindir de los enfermeros contratados para enfrentar las pandemia. Despedidos después de haber trabajado en el pero momento. Recordamos el caso de ‘las 13’ del hospital de Misiones que debieron encadenarse varios días en la puerta de la institución para lograr ser reincorporadas, no solo se trataba de contratos, también había enfermeras de años de experiencia en el hospital. Simplemente un ajuste. En la salud, sí.

De eso también nos habló la presidenta de la ALE: “Todos los contratados que se quedaron sin trabajo, que hicieron contrato por la pandemia y no se los renovaron, ahora que estamos en la segunda ola, parecen todos desesperados contratándolos nuevamente, y vos sabes que tardan muchísimo en cobrar su primer salario los contratados, por lo menos en Capital, entonces es como que otra vez van a ir para ser contratados y que los bicicleteen dos, tres, cuatro meses para pagarles el primer sueldo. Entonces tenemos ese problema también, enfermería tiene cantidad de problemas.”

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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