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La V Columna | Las mujeres de octubre
Octubre es un mes plagado de fechas potentes que hicieron historia. El 8 de octubre nació Perón y murió el Che. Dicho así suena a mensaje cifrado. Agrego una efeméride personal: el 8 de octubre del 76 yo subía al Eugenio C rumbo al exilio, del cual volví el 17 de octubre de 1983. Sí, el día de la Lealtad, aniversario del nacimiento del peronismo, de la aparición de una marea de descamisados que marcharon a Plaza de Mayo a pedir la libertad de su líder, el coronel Perón. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra, mi regreso y la marcha? Nada, pero me gusta relacionar fechas y quién te dice algún significado tiene.
Ni qué hablar de la Revolución de Octubre, cuando Vladimir Lenin toma el palacio junto a sus milicianos y soldados y funda el primer gobierno comunista en Rusia el 25 de octubre de 1917. Año tras año recordamos estos momentos históricos. Pero esta vez no voy a hablar de eso. Esta columna estará dedicada a Tres Mujeres de Octubre. Le dejo a Antonio Carrizo el honor de presentar a la primera de ellas.
«No empecé por vocación, sino por hambre… Me costó trabajo aprender a vivir, pero aprendí a vivir, a leer, a pensar por mi cuenta. Si fuera verdad que la inteligencia se desarrolla mejor cuando encuentra resistencia, yo tendría que ser la mujer más inteligente del mundo. Fui resistida y resistente».
Así se definía Tita Merello, nacida bajo el nombre de Laura Ana Merello, el 11 de octubre de 1904, en un conventillo del barrio de San Telmo de la calle Defensa al 700. Tenía 7 meses cuando murió su padre que trabajaba de chofer y quedó a cargo de su madre, una planchadora uruguaya. La pequeña Laura fue dejada un tiempo en un asilo porque su madre no estaba en condiciones de mantenerla. Siendo todavía una niña, trabajó de sirvienta en Uruguay, y después partió al campo en donde ordeñó vacas, preparó asados y limpió chiqueros.
«Trabajaba como un hombrecito, entre los hombres. Pasaban los días, las noches. Nunca un gesto de ternura», así recordaría luego su infancia la gran Tita Merello. Tenía casi veinte años cuando aprendió a leer y a escribir gracias a la enseñanza de un profesor que le explicó la diferencia entre la ‘a’ y la ‘o’.
Recomiendo escuchar esta hermosa entrevista del gran Carrizo a Tita Merello, del ciclo Los Grandes. Imperdible.
Tita nunca fue al conservatorio, ni aprendió canto. Ella era el arrabal, la fuerza, la ciudad, la seducción del talento en todo su esplendor. Nadie le había regalado nada. Por eso poco le importaba lo que se dijera de ella.
Era Tita de Buenos Aires, de las primeras mujeres que se le animaban al tango y la milonga. Su gran amor fue Luis Sandrini. Dicen que había una silla en su casa donde nadie podía sentarse: “Esa es la silla de Luis”. Fue la pionera también de una campaña a favor de la salud de la mujer: ‘hacete el papanicolau’ se transformó en su muletilla. Se refugió en la clínica de Favaloro en los últimos años. En realidad podían darle el alta pero ella prefería quedarse. Y para el doctor del pueblo fue un honor darle asilo.
Y por esas maravillosas coincidencias del destino: el día en que nació Tita, murió Edith Piaf.
Piaf quiere decir gorrión en francés. Por eso eligió como nombre artístico el de ese pajarito humilde y urbano, pequeño y de poca gracia. Edith Piaf oficialmente murió el 11 de octubre, aunque algunos sostienen que fue el 10 en otra casa y la trasladaron en secreto a la suya; lo cierto es que el 11 de octubre de 1963 se anunció que el gorrión había muerto, a los 47 años, por una hemorragia hepática.
Decenas de miles de parisinos acompañaron su cortejo fúnebre. Entre ellos, desolados, marcharon Charles Aznavour, Gilbert Becaud y su querida Marlene Dietrich. No pudo estar presente su amigo Jean Coucteau: unas horas después él también moría. Llegó a saber de la pérdida de Piaf, su corazón no resistió y murió por un segundo infarto ese mismo 11 de octubre. Francia no podía más que llorar.
El Cardenal de la ciudad -que de gorrión no tenía nada-se negó a darle la despedida a la mujer que estremeció con su voz al mundo entero por haber llevado una vida disoluta.
Edith Piaf había nacido en París, hija de un acróbata y de una cantante italiana con orígenes africanos. Cuenta la leyenda que el 19 de diciembre de 1915 su madre empezó el trabajo de parto, estaba sola, no llegó al hospital así que Edith Piaf nació literalmente en la calle: debajo de una farola frente al número 72 de la calle de Belleville, en París. Hija de padres alcohólicos fue dejada a cuidado de su abuela, una madama de un burdel que le daba biberones de vino. Un inicio difícil, como el de Tita. Era una niña cuando empezó a cantar a la gorra en algún boulevard parisino ante la indiferencia de los paseantes. Fue madre a los 16 pero su hija murió de meningitis a los dos años. Soledad, falta de ternura, dolor, fueron pare de la vida de Tita y de Piaf. La calle las hizo tan fuertes como frágiles. “Si me das un poco de ternura conseguís cualquier cosa de mí” dijo Tita Merello en esa entrevista con Carrizo. Ambas fueron autodidactas en el arte de cantar y de vivir.
Y resulta que también Gilda, nuestra Gilda, nació el 11 de octubre, como Tita, pero de 1961, con el nombre de Myriam Alejandra Bianchi, en el barrio porteño de Villa Devoto. Hija de un empleado público y una profesora de piano, maestra de oficio, se animó a seguir su vocación con una fuerza imprevista en ese cuerpo frágil. Murió en un accidente y el pueblo la convirtió en Santa.
11 de octubre, un día en común para Tita Merello, Edith Piaf y Gilda. ¿Casualidad? Chi lo sa.
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Venezuela: “Viene un barquito cargado de…”
Planeta Giussani, emitido el 8 de diciembre de 2025
Muy buenas tardes, mis queridos planetarios. Aquí estoy, en este pueblo que parece fuera de todo tiempo y lugar. En realidad, lugar y tiempo son casi la misma cosa ¿no? La distancia cómo se juzga si no es a través del tiempo, es decir cuánto tiempo tardás para ir de un lugar a otro.
Pensaba en estas cosas porque, como imaginarán, acá en Italia los canales de televisión pasan horas y horas en un debate bastante interesante sobre el rol de Europa en estas guerras, ver qué hacen con Zelensky y Putín, qué pasa con Gaza -que ya casi salió de las primeras planas- y yo estaba preparando un informe sobre lo que estaba pasando en Venezuela. Tan lejos y tan cerca siento ese bello continente.
Me impactaba mucho que la brutalidad que empezó en septiembre por el gobierno de Estados Unidos que comenzó a bombardear barcazas sin tener ningún dato previo, ni justificativo, ni juicio, ni saber quiénes eran siquiera los muertos. Sostenían que se trataba de narcotraficantes, así lo repetían los medios, hasta que se descubrió que algunas de las víctimas eran simples pescadores. Y ni siquiera venezolanos, hubo ‘daños colaterales’, vidas arrancadas del mar, de Trinidad Tobago y Colombia, tal como lo denunció en su momento el presidente Petro.
En septiembre se lanzó esta campaña contra el supuesto narcoterrorismo venezolano, hasta ahora la guerra no declarada tiene 84 muertos en su lista. Todos civiles. La cosa fue en aumento, alrededor del 10 de septiembre los ataques ya no fueron a botes anónimos, Trump se presentaba ante el mundo con un operativo hollywoodense con soldados que descendían de helicópteros, armados hasta los dientes, y tomaban un petrolero que estaba cerca de la costa venezolana. La tripulación, civil, no opuso resistencia. Se dijo que el buque transportaba petróleo hacia Cuba e Irán, y que no tenían los permisos en regla. También se dijo que Trump lo único que dijo es que ‘fue confiscado por una muy buena razón’. La razón era su carga, porque estamos en esta etapa en la que parecemos jugar a ‘viene un barquito cargado de…”. Bien este barquito venía cargado de toneladas de petróleo, equivalente a una suma de 80 millones de dólares.
Ni lerdo ni perezoso, hombre práctico, al fin, el presidente de Estados Unidos anunció que ese petróleo que, según él no cumplía con los requisitos de exportación necesarios, se los quedaba él. Y a otra cosa.
Yo, que justo estaba haciendo un informe para denunciar las muerte de 84 personas en barcas sin identificar, sin juicio previo, sin detenerlos para obtener información de inteligencia. Indefensos, pescadores o no, caían bajo un bombardeo decidido en otras latitudes, sin que el mundo alzara la voz. Salvo Colombia y México, silencio de estampa para los presidentes latinoamericanos.
Si eso ya me parecía una violación inaudita de la soberanía de un país y de los derechos internacionales, de pronto aparecía esta acción digna de Piratas del Caribe. Estados Unidos abordando petroleros. Y ese fue el primero. Después vinieron otros.
En eso andaba cuando llegar un amigo italiano a casa, que está muy obsesionado con las guerras de Ucrania y Gaza, y con el rol de Europa en estas cuestiones, y se sorprendió cuando le conté que Trump estaba bombardeando barcos y robándose buques petroleros internacionales en aguas que no les pertenecían. Llegó incluso a prohibir los vuelos por cielo venezolano, un delirio, una violación a la soberanía de un país independiente sin precedentes.
Mi amigo quedó sorprendido, no sabía nada de esto -y es un hombre informado-. Su razonamiento fue: “Es que todo eso está muy lejos, así como quizás en latinoamérica no hay tanta conciencia por el genocidio de Gaza, porque queda lejos, acá no nos enteramos de Venezuela.”
Puede la distancia ser un motivo? No creo.
Señoras y señores, la distancia ya no es lo que era. Pueden tirarte un misil desde Irán que explote 10 minutos después en norteamérica dando con una precisión pasmosa en el blanco. Un hacker está en condiciones de dejar sin electricidad a medio continente europeo trabajando en Singapur.
Además, el que anuncia que terminará con la ‘dictadura narcoterrorista de venzuela”, a fuerza de violaciones de todo tipo de derechos internacionales y humanos, no es otro que el mismo personaje amarillento que se presenta a Europa como el pacifista serial, opina sobre los que pasa en cada país, salta de un lugar a otro levantando el dedo, mientras anuncia invasiones que empezarían por Venezuela pero podrían ir también por Cuba
Pueden los europeos no saber lo que hace Trump en su propio continente? Pueden ignorar la oposición interna que tiene es su país?
Es cierto que en Italia la discusión es fuerte sobre qué juego debe jugar, al menos es un continente que discute. Las decisiones, finalmente, terminan siendo peores que los debates, y la marcha armamentística contra una hipotética invasión de Rusia está imponiéndose. Pero, hay un debate en el parlamento, en los estados nacionales, entro los oficialismos y la oposición.
América Latina, en cambio, presenta una indiferencia pasmosa. Un silencio atronador. El único que habla es Trump quien acaba de declarar que ya hicieron el trabajo más difícil, que eran las operaciones navales, y ahora se vienen los ataque por tierra. Lo anuncia, así, a boca de jarro, porque no sólo nadie le está pidiendo explicaciones desde los países que algún poder tienen todavía, sino que además logró que se le diera el Premio Nobel de la Paz a Corina Machado, líder de la oposición venezolana, que pide a gritos la intervención militar norteamericana para sacar al dictador.
Se está poniendo de moda la idea de que si querés la paz, tenés que jugar a la guerra. Armarte más y más. Mostrar los dientes. Provocan tanto que el perro del vecino algún día va a saltar finalmente el cerco y te va a clavar los dientes en la yugular sin soltarla, porque es un perro bravo. Y entonces sí, tendremos una noción más cabal de qué significa esta puesta en el tapete de los riesgos de catástrofes, que empezaron con un kit de sobrevivencia hace un año y ahora ya se perfila como un regreso al servicio militar.
Claro que uno suele mencionar a los líderes de las diversas potencias, Trump, Putin, Netanyahu, Zelensky, etc. Pero está claro que no se trata de hombres, más bien de intereses económicos y una cosmovisión que está acompañada por millones de personas. Ellos son los hacedores de los actos que el presidente apenas imagina.
Uno de ellos es Peter Brian Hegseth, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Hacia él apuntó LCV para su próximo informe. Clara muestra del mundo en que vivimos: Veterano de guerra, conductor de televisión, comentarista político, frustrado candidato republicano, y autor de cinco libros en los que expresa con claridad su pensamiento. Tanta claridad que provoca escalofríos. Consideramos que debemos conocer en profundidad a quienes se presentan como salvadores de la tierra. Será tema de nuestro próximo informe.
Sección de Laura Giussani Constenla, en el programa La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, que se emite los lunes de 18 a 20 por larz.com.ar Conduce: Nora Anchart
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Italia ¿Qué es ‘Progetto Sur’? Frente a la indiferencia de los Estados, la solidaridad de los pueblos
Hace unas semanas nos internamos en la nueva realidad italiana. Esa que no se ve pero existe. La que une pasado, actualidad y futuro. Comenzamos con una entrevista a Enrico Calamai, quien en tiempos de dictadura en Argentina fue uno de los protagonistas invisibles de una epopeya: dar refugio y salvar la vida de unos 300 argentinos a pura convicción y coraje, quien hoy es un referente de los Derechos Humanos con una pequeña organización, “Mani Rosse”, que cada jueves pintan sus manos de rojo sangre para recordar a los muertos de un mundo injusto: migrantes ahogados en el Mediterráneo, víctimas de guerras y hambrunas, aquellos ‘condenados de la tierra’ de la que nos hablaba Frantz Fanon.
Continuamos conversando con los directores de “Resistenza-Historia del exilio argentino en Roma”, quienes nos llevaron a los años de plomo, en los cuales centenares de miles de argentinos debieron huir del país con lo puesto y aún así crearon redes de solidaridad, amor y denuncia internacional en los países donde posaron sus huesos, con culpa, dolor, angustia.
El documental puso el foco en Italia y pudo realizarse gracias a la colaboración de un grupo de jóvenes italo argentinos que forman parte de una organización llamada ‘Progetto Sur’. Tirando de la punta del ovillo, llegamos a ellas, Claudia Gatti y Romina Cozzanti, referentes de la asociación, nacida después del 2001, que contactó con aquella huella creada en los años setenta-ochenta y hoy trabajan por la colaboración de dos pueblos unidos por historia y cultura. Cambian los tiempos, las formas, la política y la tecnología. Llegan las pandemias y otras calamidades desconocidas, pero aún queda la esperanza de un mundo mejor.
Aquí, la última entrevista de lo que podemos considerar una trilogía: revisitando exilios, mirando el mañana.
Este Planeta Giussani hace lo posible para entenderse con ese Planeta Tierra con la Inteligencia Artificial a flor de piel. Aún así, no lo logramos. La comunicación es entrecortada. Cuarenta minutos nos dan. Quién puede hacer algo en sólo cuarenta minutos cuando hay tanto para hablar, conocer, descubrir, pensar. Vaya, entonces, esta segunda parte con Romina, a quien dejamos sin palabras.
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“El exilio dejó huella en Italia”. Entrevista a los directores de Resistenza
Después de su recorrido por Festivales, Salas y otros espacios de Italia y Argentina, “RESISTENZA (historias del exilio argentino en Roma)” está disponible desde el 13/11/25 en la plataforma OpenDDB: https://openddb.it/film/resistenzaargentina/
Un documental que explora los modos que adquirieron la sobrevivencia y la denuncia internacional durante la última dictadura militar. Más allá de la tristeza, el desarraigo y las dificultades económicas, los exiliados argentinos diseminados por el mundo tendieron redes de solidaridad y realizaron un trabajo tenaz dando a conocer las violaciones a los Derechos Humanos en Argentina. No sabían, en ese entonces, que se estaban convirtiendo en protagonistas de un movimiento que dejaría sus huellas a futuro en los países que los acogieron, gracias a una forma de lucha silenciada por el régimen pero que perduró, con amor y creatividad hasta el día de hoy.
En Italia nació una organización italo-argentina, Progetto Sud. En torno a ellos crecen, desde el pie, nuevas formas de acción en un mundo cada vez más violento y fraccionado. Ahora las murgas argentinas son un símbolo en toda manifestación por la paz y la justicia en Roma
LCV conversó con los directores del documental “Resistenza, historia del exilio argentino en Roma”, Mónica Simoncini y Omar Neri. ¿Por qué Roma? ¿Qué dificultades encontraron? ¿Cómo es trabajar como documentalista hoy? La culpa como trasfondo de estar vivo, la política no cultural de Milei y más.
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