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Ana Paoletti: “El Convenio de prensa ya no se respeta en Página 12”
Ana Paoletti, delegada de Página 12 y Secretaria Adjunta del SiPreBa, charló con Nora Anchart sobre los 35 años de Página 12 que llegan en medio de un duro conflicto salarial, con sueldos que se ubican debajo de la canasta básica y “el agua al cuello”.
A pocos días del Día del Periodista, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) anunció que profundizará el plan de lucha en reclamo de recomposición salarial y representación del gremio en paritarias, con un paro el martes 31 de mayo en Clarín, Olé y Página/12, y un cese total de actividades el jueves 2 de junio en Perfil.
LCV: Contanos cómo es esta relación entre la SiPreBA y una patronal que tiene doble función sindical.
-Qué difícil, mucha gente nos pregunta eso. Víctor Santa María para nosotros no es un dirigente sindicalista en esa función, para nosotros es la patronal y reacciona y opera y funciona como una patronal. Lo que sí sorprende es que no entienda la lógica. Todos sabemos que, en cualquier lógica de cualquier empresa, cualquier cosa funciona si es que hay un diálogo entre el trabajador y la patronal, y no estaría siendo el caso. Él tendría que entenderlo porque supuestamente se ocupa de mejorar las condiciones de los trabajadores de los encargados de edificios, cosa que a nosotros nos pone muy felices y contentos porque no vamos a estar en contra de los derechos de otros trabajadores, pero en su rol de patrón es muy difícil porque a lo largo de todos estos años, este año se cumplen 7 años de que Página 12 es parte del grupo Octubre, tuvimos dos reuniones con Víctor Santa María. Dos reuniones. Tampoco tenemos que hablar siempre con él, podría elegir mandatar a alguien de la empresa que mantenga este diálogo y la verdad que no.
Lo que hizo durante todos estos años fue meternos un procedimiento preventivo de crisis en medio del macrismo y adeudarnos paritarias. Tienen esa maldita costumbre muchos empresarios de que si no se homóloga la paritaria no te la empiezan a pagar y a veces puede tardar meses en homologarse. En estos tiempos que la inflación es una situación alarmante, no solo que no cobras, sino que cobras cuando ellos se les ocurre y obviamente sin ningún tipo de actualización. Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria, dos paritarias juntas. La terminamos cobrando en 10 cuotas después, sin ningún tipo de actualización. Claro, a comparación a cómo estábamos en algún momento y ahora decís “ah bueno, entonces fueron mejorando algunas situaciones”. Sí, fuimos mejorando porque somos trabajadores organizados, los únicos trabajadores organizados del grupo Octubre, porque él tiene varios emprendimientos periodísticos. Por ejemplo, el convenio prensa no se respeta más en Página 12, o sea, tiene gente por fuera del convenio. Hemos logrado el año pasado que nos fueran adelantando un poco las paritarias, pero aun así no es suficiente. Desgraciadamente la situación es tan alarmante salarialmente que ni siquiera que nos pague la paritaria satisface la necesidad.
LCV: ¿Cuál es un salario promedio dentro del diario?
-Ahora con el nuevo acuerdo que firmó la UTBA la semana pasada, a partir del mes de mayo supuestamente quedaría conformado en 72 mil pesos en bruto. Si la canasta básica está básicamente 90 y pico, nosotros no llegamos nunca. En Página 12 en el año 2016 nuestro salario estaba 42% arriba de la canasta básica.
Es una situación difícil la verdad, creo que no está acostumbrado a tener trabajadores organizados que dependan de él, entonces es que la verdad que él se siente como sapo de otro pozo con nosotros, y Página 12 así como cumple 35 años también cumple 35 años de organización gremial.
LCV: El problema está a triple banda.
-No solo las cámaras empresarias, sino que además también tenemos el problema de que tenemos un sindicato que no tiene ningún tipo de representación en las bases y que cuando negocia, negocia sin ningún tipo de presión entonces termina firmándole lo que quiere. Lo que han logrado es que realmente el sueldo de un trabajador en prensa escrita, que es lo que siguen discutiendo ellos, se haya pulverizado realmente.

“Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria. Aún cobrando la última no se nos satisface la necesidad”
SOBRE LOS PROBLEMAS PARA COBRAR LOS INCREMENTOS SALARIALES
LCV: ¿Cuáles son las próximas acciones?
-Seguimos esperando que la empresa nos llame a negociar. Mientras hacemos asambleas cada dos semanas o cada semana cuando surge, por ahora tenemos votadas medidas de fuerza, paros de 24 horas que los implementamos en forma sorpresiva. Esta semana la rama de prensa escrita va a realizar en dos jornadas de lucha, no solo en Página 12, sino en todo lo que es prensa escrita, en el diario Clarín, en Infobae, en el diario Perfil, porque la situación es dramática para todos. Esta forma de lucha se va a expresar de diferentes maneras con paros de 24 horas, con asambleas y visibilización de lo que nos está pasando. Así que esta semana será eso y nosotros con el problema de Página 12 seguiremos tratando de que la empresa nos reciba y acá estamos atentos. Está muy firme el conflicto con mucha adhesión de muchos sectores que incluso antes por ahí tenían más dudas de expresarse porque el agua nos llegó al cuello a todos. Te imaginas que si nosotros ganamos eso, un editor o un jefe no gana mucho más.
A nosotros nos gusta decir siempre que entre los trabajadores no hay grieta porque un trabajador de La Nación, de Clarín o de Página 12 sufre las mismas situaciones.
LCV: ¿Qué sentiste cuando nació Página?
-Cuando nació Página 12 yo tenía 18 años, recién había dejado la escuela secundaria. Soy hija de periodista, vengo de una familia donde los medios estuvieron muy presentes, los diarios. El otro día le contaba a mis compañeros y a mis compañeras que mi mamá nos sentó, mi papá había muerto hacía muy poco tiempo, y nos sentó a todos, somos seis hermanos, alrededor de la mesa y nos dijo “va a salir nuevo medio, es un medio chiquito que va a hacer mucho esfuerzo para poder instalarse en medio de otros grandes medios como Clarín y La Nación, así que vamos a comprar Página 12”. Yo digo siempre que fue resuelto en asamblea. Hubo que negociar con uno de mis hermanos que es muy futbolero y le gustan mucho los deportes, entonces comprábamos Clarín domingos y lunes, y el resto de la semana Página 12. Aparte mi mamá con mucha conciencia de que había que comprarlo porque había que sostenerlo, pero además había que pedirlo al kiosquero porque había que garantizar que el kiosquero se lo pidiera al distribuidor. Página 12 obviamente se instaló en nuestras vidas, en mi caso incluso antes de ser trabajadora de Página 12. Yo era una joven que había terminado el secundario y empezaba la facultad. Llevar Página 12 era también una forma de que cuando veías a otro que tenía el diario decías bueno, “este más o menos…”
LCV: Era como cuando en la dictadura nos reconocíamos lo que vamos a comprar revista humor. ¿Cómo está hoy página 12?
-Está difícil. Particularmente la situación salarial de los trabajadores de prensa en general está muy complicada y eso también repercute mucho en lo que se produce. Hoy un trabajador de prensa no puede vivir de un solo empleo porque los salarios están por debajo de la canasta básica y nos hemos convertido en pluriempleados. Trabajamos acá, trabajamos allá, metemos colaboraciones en varios lugares más y eso claramente repercute sobre la calidad de lo que de lo que se lee.
LCV: Además el medio en general ha ido reemplazando puestos de trabajo, ya casi no hay correctores.
– Eso da una tristeza tan grande. Todos los medios han eliminado la sección de corrección. El corrector aparte no solamente corregía cosas que se le podía haber pasado al editor, al periodista, sino además era el que también tenía muy claras las pautas de estilo de cada medio. Había un estilo en cada medio y ahora eso ha dejado de existir. No existen más esos puestos de trabajo, ahora todo se pasa por el corrector de Word y el correcto no siempre reconoce todo.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.

