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Ana Paoletti: “El Convenio de prensa ya no se respeta en Página 12”

Ana Paoletti, delegada de Página 12 y Secretaria Adjunta del SiPreBa, charló con Nora Anchart sobre los 35 años de Página 12 que llegan en medio de un duro conflicto salarial, con sueldos que se ubican debajo de la canasta básica y “el agua al cuello”.

A pocos días del Día del Periodista, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) anunció que profundizará el plan de lucha en reclamo de recomposición salarial y representación del gremio en paritarias, con un paro el martes 31 de mayo en Clarín, Olé y Página/12, y un cese total de actividades el jueves 2 de junio en Perfil.

LCV: Contanos cómo es esta relación entre la SiPreBA y una patronal que tiene doble función sindical.

-Qué difícil, mucha gente nos pregunta eso. Víctor Santa María para nosotros no es un dirigente sindicalista en esa función, para nosotros es la patronal y reacciona y opera y funciona como una patronal. Lo que sí sorprende es que no entienda la lógica. Todos sabemos que, en cualquier lógica de cualquier empresa, cualquier cosa funciona si es que hay un diálogo entre el trabajador y la patronal, y no estaría siendo el caso. Él tendría que entenderlo porque supuestamente se ocupa de mejorar las condiciones de los trabajadores de los encargados de edificios, cosa que a nosotros nos pone muy felices y contentos porque no vamos a estar en contra de los derechos de otros trabajadores, pero en su rol de patrón es muy difícil porque a lo largo de todos estos años, este año se cumplen 7 años de que Página 12 es parte del grupo Octubre, tuvimos dos reuniones con Víctor Santa María. Dos reuniones. Tampoco tenemos que hablar siempre con él, podría elegir mandatar a alguien de la empresa que mantenga este diálogo y la verdad que no.

Lo que hizo durante todos estos años fue meternos un procedimiento preventivo de crisis en medio del macrismo y adeudarnos paritarias. Tienen esa maldita costumbre muchos empresarios de que si no se homóloga la paritaria no te la empiezan a pagar y a veces puede tardar meses en homologarse. En estos tiempos que la inflación es una situación alarmante, no solo que no cobras, sino que cobras cuando ellos se les ocurre y obviamente sin ningún tipo de actualización. Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria, dos paritarias juntas. La terminamos cobrando en 10 cuotas después, sin ningún tipo de actualización. Claro, a comparación a cómo estábamos en algún momento y ahora decís “ah bueno, entonces fueron mejorando algunas situaciones”. Sí, fuimos mejorando porque somos trabajadores organizados, los únicos trabajadores organizados del grupo Octubre, porque él tiene varios emprendimientos periodísticos. Por ejemplo, el convenio prensa no se respeta más en Página 12, o sea, tiene gente por fuera del convenio. Hemos logrado el año pasado que nos fueran adelantando un poco las paritarias, pero aun así no es suficiente. Desgraciadamente la situación es tan alarmante salarialmente que ni siquiera que nos pague la paritaria satisface la necesidad.

LCV: ¿Cuál es un salario promedio dentro del diario?

-Ahora con el nuevo acuerdo que firmó la UTBA la semana pasada, a partir del mes de mayo supuestamente quedaría conformado en 72 mil pesos en bruto. Si la canasta básica está básicamente 90 y pico, nosotros no llegamos nunca. En Página 12 en el año 2016 nuestro salario estaba 42% arriba de la canasta básica. 

Es una situación difícil la verdad, creo que no está acostumbrado a tener trabajadores organizados que dependan de él, entonces es que la verdad que él se siente como sapo de otro pozo con nosotros, y Página 12 así como cumple 35 años también cumple 35 años de organización gremial.

LCV: El problema está a triple banda.

-No solo las cámaras empresarias, sino que además también tenemos el problema de que tenemos un sindicato que no tiene ningún tipo de representación en las bases y que cuando negocia, negocia sin ningún tipo de presión entonces termina firmándole lo que quiere. Lo que han logrado es que realmente el sueldo de un trabajador en prensa escrita, que es lo que siguen discutiendo ellos, se haya pulverizado realmente.


“Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria. Aún cobrando la última no se nos satisface la necesidad”

SOBRE LOS PROBLEMAS PARA COBRAR LOS INCREMENTOS SALARIALES

LCV: ¿Cuáles son las próximas acciones?

-Seguimos esperando que la empresa nos llame a negociar. Mientras hacemos asambleas cada dos semanas o cada semana cuando surge, por ahora tenemos votadas medidas de fuerza, paros de 24 horas que los implementamos en forma sorpresiva. Esta semana la rama de prensa escrita va a realizar en dos jornadas de lucha, no solo en Página 12, sino en todo lo que es prensa escrita, en el diario Clarín, en Infobae, en el diario Perfil, porque la situación es dramática para todos. Esta forma de lucha se va a expresar de diferentes maneras con paros de 24 horas, con asambleas y visibilización de lo que nos está pasando. Así que esta semana será eso y nosotros con el problema de Página 12 seguiremos tratando de que la empresa nos reciba y acá estamos atentos. Está muy firme el conflicto con mucha adhesión de muchos sectores que incluso antes por ahí tenían más dudas de expresarse porque el agua nos llegó al cuello a todos. Te imaginas que si nosotros ganamos eso, un editor o un jefe no gana mucho más.

A nosotros nos gusta decir siempre que entre los trabajadores no hay grieta porque un trabajador de La Nación, de Clarín o de Página 12 sufre las mismas situaciones. 

LCV: ¿Qué sentiste cuando nació Página?

-Cuando nació Página 12 yo tenía 18 años, recién había dejado la escuela secundaria. Soy hija de periodista, vengo de una familia donde los medios estuvieron muy presentes, los diarios. El otro día le contaba a mis compañeros y a mis compañeras que mi mamá nos sentó, mi papá había muerto hacía muy poco tiempo, y nos sentó a todos, somos seis hermanos, alrededor de la mesa y nos dijo “va a salir nuevo medio, es un medio chiquito que va a hacer mucho esfuerzo para poder instalarse en medio de otros grandes medios como Clarín y La Nación, así que vamos a comprar Página 12”. Yo digo siempre que fue resuelto en asamblea. Hubo que negociar con uno de mis hermanos que es muy futbolero y le gustan mucho los deportes, entonces comprábamos Clarín domingos y lunes, y el resto de la semana Página 12. Aparte mi mamá con mucha conciencia de que había que comprarlo porque había que sostenerlo, pero además había que pedirlo al kiosquero porque había que garantizar que el kiosquero se lo pidiera al distribuidor. Página 12 obviamente se instaló en nuestras vidas, en mi caso incluso antes de ser trabajadora de Página 12.  Yo era una joven que había terminado el secundario y empezaba la facultad. Llevar Página 12 era también una forma de que cuando veías a otro que tenía el diario decías bueno, “este más o menos…”

LCV: Era como cuando en la dictadura nos reconocíamos lo que vamos a comprar revista humor. ¿Cómo está hoy página 12?

-Está difícil. Particularmente la situación salarial de los trabajadores de prensa en general está muy complicada y eso también repercute mucho en lo que se produce. Hoy un trabajador de prensa no puede vivir de un solo empleo porque los salarios están por debajo de la canasta básica y nos hemos convertido en pluriempleados. Trabajamos acá, trabajamos allá, metemos colaboraciones en varios lugares más y eso claramente repercute sobre la calidad de lo que de lo que se lee.

LCV: Además el medio en general ha ido reemplazando puestos de trabajo, ya casi no hay correctores.

– Eso da una tristeza tan grande. Todos los medios han eliminado la sección de corrección. El corrector aparte no solamente corregía cosas que se le podía haber pasado al editor, al periodista, sino además era el que también tenía muy claras las pautas de estilo de cada medio. Había un estilo en cada medio y ahora eso ha dejado de existir. No existen más esos puestos de trabajo, ahora todo se pasa por el corrector de Word y el correcto no siempre reconoce todo. 

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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*

Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.

En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.

Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.

Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.

Una cláusula indefendible

La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.

Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.

La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)

La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.

La Constitución habla de gratuidad en relación con:

· el acceso a la información pública (art. 13),

· la asistencia sanitaria (art. 19),

· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),

· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),

· la acción de amparo (art. 56),

· el habeas data (art. 63),

· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),

· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),

· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),

· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),

· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),

· el perfeccionamiento docente (art. 267),

· la universidad autónoma (art. 269),

· y la póliza escolar (art. 270).

La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.

Lo que no pueden hacer los legisladores

Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.

Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.

Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.

Ignorancia u oportunismo (o ambas)

Legislar desde dogmas ideológicos es necio.

Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.

Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.

Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.

Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.

*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.

Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.

LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”

Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”

LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”

Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”

LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”

Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”

LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”

Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”

LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”

Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”

LCV: “Eso ya lo vivimos.”

Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”

LCV: “También preocupa el rol de los medios.”

Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”

LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”

Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”

LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”

Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”

LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”

Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”

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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.

LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”

Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”

LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”

Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”

Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”

LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”

Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”

LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”

Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”

LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”

Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”

LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”

Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”

LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”

Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”

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