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Ana Paoletti: “El Convenio de prensa ya no se respeta en Página 12”
Ana Paoletti, delegada de Página 12 y Secretaria Adjunta del SiPreBa, charló con Nora Anchart sobre los 35 años de Página 12 que llegan en medio de un duro conflicto salarial, con sueldos que se ubican debajo de la canasta básica y “el agua al cuello”.
A pocos días del Día del Periodista, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) anunció que profundizará el plan de lucha en reclamo de recomposición salarial y representación del gremio en paritarias, con un paro el martes 31 de mayo en Clarín, Olé y Página/12, y un cese total de actividades el jueves 2 de junio en Perfil.
LCV: Contanos cómo es esta relación entre la SiPreBA y una patronal que tiene doble función sindical.
-Qué difícil, mucha gente nos pregunta eso. Víctor Santa María para nosotros no es un dirigente sindicalista en esa función, para nosotros es la patronal y reacciona y opera y funciona como una patronal. Lo que sí sorprende es que no entienda la lógica. Todos sabemos que, en cualquier lógica de cualquier empresa, cualquier cosa funciona si es que hay un diálogo entre el trabajador y la patronal, y no estaría siendo el caso. Él tendría que entenderlo porque supuestamente se ocupa de mejorar las condiciones de los trabajadores de los encargados de edificios, cosa que a nosotros nos pone muy felices y contentos porque no vamos a estar en contra de los derechos de otros trabajadores, pero en su rol de patrón es muy difícil porque a lo largo de todos estos años, este año se cumplen 7 años de que Página 12 es parte del grupo Octubre, tuvimos dos reuniones con Víctor Santa María. Dos reuniones. Tampoco tenemos que hablar siempre con él, podría elegir mandatar a alguien de la empresa que mantenga este diálogo y la verdad que no.
Lo que hizo durante todos estos años fue meternos un procedimiento preventivo de crisis en medio del macrismo y adeudarnos paritarias. Tienen esa maldita costumbre muchos empresarios de que si no se homóloga la paritaria no te la empiezan a pagar y a veces puede tardar meses en homologarse. En estos tiempos que la inflación es una situación alarmante, no solo que no cobras, sino que cobras cuando ellos se les ocurre y obviamente sin ningún tipo de actualización. Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria, dos paritarias juntas. La terminamos cobrando en 10 cuotas después, sin ningún tipo de actualización. Claro, a comparación a cómo estábamos en algún momento y ahora decís “ah bueno, entonces fueron mejorando algunas situaciones”. Sí, fuimos mejorando porque somos trabajadores organizados, los únicos trabajadores organizados del grupo Octubre, porque él tiene varios emprendimientos periodísticos. Por ejemplo, el convenio prensa no se respeta más en Página 12, o sea, tiene gente por fuera del convenio. Hemos logrado el año pasado que nos fueran adelantando un poco las paritarias, pero aun así no es suficiente. Desgraciadamente la situación es tan alarmante salarialmente que ni siquiera que nos pague la paritaria satisface la necesidad.
LCV: ¿Cuál es un salario promedio dentro del diario?
-Ahora con el nuevo acuerdo que firmó la UTBA la semana pasada, a partir del mes de mayo supuestamente quedaría conformado en 72 mil pesos en bruto. Si la canasta básica está básicamente 90 y pico, nosotros no llegamos nunca. En Página 12 en el año 2016 nuestro salario estaba 42% arriba de la canasta básica.
Es una situación difícil la verdad, creo que no está acostumbrado a tener trabajadores organizados que dependan de él, entonces es que la verdad que él se siente como sapo de otro pozo con nosotros, y Página 12 así como cumple 35 años también cumple 35 años de organización gremial.
LCV: El problema está a triple banda.
-No solo las cámaras empresarias, sino que además también tenemos el problema de que tenemos un sindicato que no tiene ningún tipo de representación en las bases y que cuando negocia, negocia sin ningún tipo de presión entonces termina firmándole lo que quiere. Lo que han logrado es que realmente el sueldo de un trabajador en prensa escrita, que es lo que siguen discutiendo ellos, se haya pulverizado realmente.

“Víctor Santa María estuvo dos años sin pagarnos la paritaria. Aún cobrando la última no se nos satisface la necesidad”
SOBRE LOS PROBLEMAS PARA COBRAR LOS INCREMENTOS SALARIALES
LCV: ¿Cuáles son las próximas acciones?
-Seguimos esperando que la empresa nos llame a negociar. Mientras hacemos asambleas cada dos semanas o cada semana cuando surge, por ahora tenemos votadas medidas de fuerza, paros de 24 horas que los implementamos en forma sorpresiva. Esta semana la rama de prensa escrita va a realizar en dos jornadas de lucha, no solo en Página 12, sino en todo lo que es prensa escrita, en el diario Clarín, en Infobae, en el diario Perfil, porque la situación es dramática para todos. Esta forma de lucha se va a expresar de diferentes maneras con paros de 24 horas, con asambleas y visibilización de lo que nos está pasando. Así que esta semana será eso y nosotros con el problema de Página 12 seguiremos tratando de que la empresa nos reciba y acá estamos atentos. Está muy firme el conflicto con mucha adhesión de muchos sectores que incluso antes por ahí tenían más dudas de expresarse porque el agua nos llegó al cuello a todos. Te imaginas que si nosotros ganamos eso, un editor o un jefe no gana mucho más.
A nosotros nos gusta decir siempre que entre los trabajadores no hay grieta porque un trabajador de La Nación, de Clarín o de Página 12 sufre las mismas situaciones.
LCV: ¿Qué sentiste cuando nació Página?
-Cuando nació Página 12 yo tenía 18 años, recién había dejado la escuela secundaria. Soy hija de periodista, vengo de una familia donde los medios estuvieron muy presentes, los diarios. El otro día le contaba a mis compañeros y a mis compañeras que mi mamá nos sentó, mi papá había muerto hacía muy poco tiempo, y nos sentó a todos, somos seis hermanos, alrededor de la mesa y nos dijo “va a salir nuevo medio, es un medio chiquito que va a hacer mucho esfuerzo para poder instalarse en medio de otros grandes medios como Clarín y La Nación, así que vamos a comprar Página 12”. Yo digo siempre que fue resuelto en asamblea. Hubo que negociar con uno de mis hermanos que es muy futbolero y le gustan mucho los deportes, entonces comprábamos Clarín domingos y lunes, y el resto de la semana Página 12. Aparte mi mamá con mucha conciencia de que había que comprarlo porque había que sostenerlo, pero además había que pedirlo al kiosquero porque había que garantizar que el kiosquero se lo pidiera al distribuidor. Página 12 obviamente se instaló en nuestras vidas, en mi caso incluso antes de ser trabajadora de Página 12. Yo era una joven que había terminado el secundario y empezaba la facultad. Llevar Página 12 era también una forma de que cuando veías a otro que tenía el diario decías bueno, “este más o menos…”
LCV: Era como cuando en la dictadura nos reconocíamos lo que vamos a comprar revista humor. ¿Cómo está hoy página 12?
-Está difícil. Particularmente la situación salarial de los trabajadores de prensa en general está muy complicada y eso también repercute mucho en lo que se produce. Hoy un trabajador de prensa no puede vivir de un solo empleo porque los salarios están por debajo de la canasta básica y nos hemos convertido en pluriempleados. Trabajamos acá, trabajamos allá, metemos colaboraciones en varios lugares más y eso claramente repercute sobre la calidad de lo que de lo que se lee.
LCV: Además el medio en general ha ido reemplazando puestos de trabajo, ya casi no hay correctores.
– Eso da una tristeza tan grande. Todos los medios han eliminado la sección de corrección. El corrector aparte no solamente corregía cosas que se le podía haber pasado al editor, al periodista, sino además era el que también tenía muy claras las pautas de estilo de cada medio. Había un estilo en cada medio y ahora eso ha dejado de existir. No existen más esos puestos de trabajo, ahora todo se pasa por el corrector de Word y el correcto no siempre reconoce todo.
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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular
En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.
LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”
Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”
LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”
Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”
LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”
Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”
LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”
Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”
LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”
Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”
LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”
Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”
LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”
Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”
LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”
Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”
LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”
Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”
LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”
Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”
LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”
Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”
LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”
Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”
LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”
Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”
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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”
En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.
LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?
Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.
LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.
Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.
LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?
Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.
LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.
LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.
Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.
LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.
Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.
LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.
Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.
LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.
Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.
LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.
Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.
LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?
Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.
LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.
Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.
LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.
Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.
LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?
Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.
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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”
En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.
LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”
Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”
LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”
Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”
LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”
Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”
LCV: “¿Cómo la ves venir?”
Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”
LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”
Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”
LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”
Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”
LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”
Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”
LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”
Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”
LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”
Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”
LCV: “¿Cuántos años tenés?”
Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”
Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”
LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”
Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”
LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”
Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”
LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”
Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”
LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”
Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

