Destacada
Colombia: victoria, desconcierto y reimpulso para que el cambio sea “en segunda”
Análisis de unas elecciones presidenciales que parecían sencillas, se pusieron complejas y ahora no se sabe cómo terminarán.
Por Pablo Solana, desde Bogotá
En la mañana del domingo la militancia debatía dónde se harían los festejos: si en los puntos barriales donde se habían hecho fuertes las protestas un año antes, o en algún lugar más central.
– ¿Y si no se gana en primera vuelta?
– Ah, no importa. Ganar, seguro que ganamos, así que se va a festejar igual.
Las respuestas eran similares en Bogotá o en Cali, entre militantes sociales o cuadros partidarios. Todo el mundo suponía que el Pacto Histórico, el frente electoral que encabezan Gustavo Petro y Francia Márquez y reúne al conjunto de las izquierdas, el progresismo y los movimientos populares, se impondría con un amplio margen. Y así sucedió: 40,3% contra 28,1% de su contrincante más cercano.
Cuando se conocieron los resultados oficiales y el sol de Bogotá todavía no se terminaba de apagar, en la Plaza de Bolívar había mucha gente. Pero se trataba de familias paseando, vendedores de golosinas, niños y niñas correteando palomas. Nadie con banderas, cornetas o ánimo de celebrar.
Tampoco hubo celebraciones ni bocinazos en los barrios u otros puntos fuera del centro. Solo un pequeño enredo de periodistas frente al Hotel Tequendama, donde Petro habló para un puñado de personas acreditadas. La ciudad anocheció en calma, apenas con alguna melodía tímida desde una que otra casa.
Mi discurso luego de las elecciones https://t.co/prpfednLBd
— Gustavo Petro (@petrogustavo) May 30, 2022
En Cali, la segunda ciudad con más votos a la fórmula ganadora después de Bogotá, sí hubo unas banderas y un equipo de sonido en las calles frente a la sede de campaña. Fue un acto político donde se reunió la militancia más involucrada.
Pero no hubo festejos, a pesar de que la fórmula apoyada por las mayorías populares logró un triunfo nítido, indiscutible. Histórico, además: nunca en Colombia una propuesta alternativa, que desafiara el dominio que ejercen las élites económicas y políticas, había sido primera fuerza en una contienda presidencial.
La militancia se reunió puertas adentro, en algunos centros sociales o locales. Los ánimos no eran los mejores. ¿Por qué la victoria fue acompañada por un dejo de tristeza en las mismas personas que la forjaron, que salieron victoriosas?
Desconcierto
“La cifra del 40% no es tan grave”, explica Mayerly, militante de una agrupación que le puso el cuerpo a la campaña desde el principio. “Es cierto que esperábamos un poco más, y que nos convenía disputar la segunda vuelta con ´Fico´ (NdE: se refiere a Federico Gutiérrez, candidato oficialista que quedó tercero), que tiene un fuerte rechazo. Pero ahora la segunda vuelta va a ser con el viejito ese, que va a recibir el apoyo del uribismo, entonces la cuenta es fácil: sumados los votos del segundo y el tercero, ya tienen más del 50%”.
Las matemáticas que invoca Mayerly son tan contundentes como pasibles de ser relativizadas. La política no es una ciencia exacta y en todo este enredo hay mucho trazo fino por desmenuzar.
Empecemos por “el viejito”, como le dicen a Rodolfo Hernández, la sorpresa de las elecciones. Se trata de un ingeniero de 77 años, exalcalde de Bucaramanga, quien construyó su candidatura sin contar con una estructura política fuerte, basado en una muy eficaz estrategia en redes sociales (el hombre es un éxito en Tik tok).
Se ganó espacio en los medios con un lenguaje chabacano, machista y patronal con eje en la lucha contra la corrupción, aunque él mismo tiene denuncias por corrupto. Un “Trump criollo”, lo definieron. En su diatriba contra los políticos se encargó de marcar distancia tanto de Gustavo Petro como del uribismo, lo que le permitió crecer sin mayores problemas por la amplia avenida del centro. Es el portador del 28% de los votos que lo pusieron en el balotaje.
El otro actor que menciona Mayerly en su suma es “el uribismo”, la tercera fuerza con un 23,9% de los votos en la figura de ´Fico´ Gutiérrez. Álvaro Uribe gobernó a punta de bombardeos y masacres entre 2002 y 2010, boicoteó el proceso de paz cuando su exministro de Guerra, Juan Manuel Santos, lo traicionó, y volvió al poder en 2018 por medio de Iván Duque, el actual presidente.
Su sector sumó una desastrosa gestión económica y social a su historia de criminalidad. Que haya sido superado por un exalcalde sin estructura política habilita lecturas optimistas sobre su ocaso. “Los partidos políticos aliados al gobierno de Duque, su proyecto político, han sido derrotados. Esta votación lanza ese mensaje al mundo: se acaba un periodo, se acaba una era”, dijo Petro en su discurso el domingo por la anoche.
Es cierto que el “viejito” más “el uribismo” pueden reunir, en segunda vuelta, el 50% necesario para ganar. Pero para que la matemática se plasme en realidad política, el hombre septuagenario tendrá que lograr que esa suma no le reste. Gran parte de sus votos son antipetristas y antiuribistas en dosis que aún habrá que desentrañar. Hay un sector amplio de la sociedad que no quiere saber nada con ideas de izquierda, derechos de las mujeres o justicia social, pero que tampoco está dispuesta a tolerar más criminalidad y crisis económica, los sellos distintivos de la fuerza que comanda Álvaro Uribe en la actualidad. Prominentes uribistas ya le manifestaron su apoyo, y eso puede complicar su imagen de hombre equidistante. En esa grieta va a trabajar el Pacto Histórico para erosionar esa suma desalentadora, mientras busca por dónde acumular.
Sumar es la tarea
El periodista Víctor De Currea-Lugo sintetiza la preocupación en el campo propio, aun cuando pueda debilitarse la aritmética del enemigo: “En 2018 Petro logró sumar más de 3 millones entre la primera y la segunda vuelta, ahora no veo de dónde crecer”.
Las redes de Gustavo Petro difundieron un gráfico esperanzador. La cantidad de votos recibidos por sus sucesivas candidaturas muestran un incremento vertiginoso entre las presidenciales de 2010, 2018, las consultivas de marzo de este año, hasta llegar a los 8.520.444 votos de este 29 de mayo. Esa progresión parecería estar destinada a seguir creciendo aún más.

En el discurso que dio tras conocerse los resultados, hizo una curiosa mención a 1 millón de votos que la fórmula que comparte con Francia Márquez estaría necesitando para ganar en segunda vuelta. Pero la suma de sus dos oponentes redondea 11 millones, para lo cual le estaría faltando bastante más.
“Está bien que Petro haya dicho que falta solo esa cantidad de votos -analiza Leidy, activista de la comunicación popular-. Porque aún estamos en campaña, y él tiene que decir algo motivador… Si yo tengo que ir a ganar votos y me dicen que falta mucho, pues no sé… En cambio, si la meta se muestra cercana, es distinto. Ahora es fundamental estar motivados y no aflojar”.
En Colombia ir a votar no es obligatorio. Esta vez participó el 54% de los 39 millones de personas habilitadas, una cifra que no hace diferencia con elecciones pasadas.
“¿Qué ocurre con los jóvenes? Hay que dejar la apatía y la falsa confianza”, reclamó el profe Camilo Morón, desde Barranquilla, cuando aún quedaban algunas horas de votación. Si bien en la ciudad costeña el Pacto ganó, quedó la sensación de que se podría haber movilizado más voluntades, que faltó trabajo político por hacer.
En los días previos, un video para las redes sociales incluyó la consigna de campaña “el cambio es en primera”, que el Pacto Histórico usó para convencer que el triunfo era posible sin balotaje. Durante su filmación alguien problematizó: “¿Y si usamos otra consigna, para poder seguir usando el video después del domingo?”. La propuesta generó risas, pero ahora, de cara a la segunda vuelta que se realizará el 19 de junio, en apenas tres semanas, esa tímida incertidumbre se convirtió en seria preocupación.
“Está difícil, pero esto no empezó ahora ni va a terminar ahora”, analiza Mayerly. “Esta lucha viene de los paros, del estallido. Hay un gran acumulado de fuerzas, esto no es solo electoral. Nuestra consigna es que más allá del resultado, hay que estar preparados y preparadas para luchar. Pero ahora toca lo que toca: si no fue en primera, el cambio será en segunda”, afirma, con una sonrisa, por primera vez en lo que va de la noche. Y concluye: “Entonces, ahí sí, vamos a salir a las calles a festejar”.
Destacada
¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*
Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.
En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.
Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.
Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.
Una cláusula indefendible
La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.
Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.
La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)
La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.
La Constitución habla de gratuidad en relación con:
· el acceso a la información pública (art. 13),
· la asistencia sanitaria (art. 19),
· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),
· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),
· la acción de amparo (art. 56),
· el habeas data (art. 63),
· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),
· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),
· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),
· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),
· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),
· el perfeccionamiento docente (art. 267),
· la universidad autónoma (art. 269),
· y la póliza escolar (art. 270).
La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.
Lo que no pueden hacer los legisladores
Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.
Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.
Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.
Ignorancia u oportunismo (o ambas)
Legislar desde dogmas ideológicos es necio.
Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.
Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.
Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.
Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.
*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.
Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
Destacada
Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.
LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”
Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”
LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”
Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”
LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”
Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”
LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”
Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”
LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”
Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”
LCV: “Eso ya lo vivimos.”
Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”
LCV: “También preocupa el rol de los medios.”
Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”
LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”
Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”
LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”
Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”
LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”
Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”
Destacada
Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.
LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”
Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”
LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”
Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”
Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”
LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”
Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”
LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”
Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”
LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”
Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”
LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”
Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”
LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”
Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”
La democracia ha muerto. Viva la Democracia, por Laura Giussani Constenla
¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*

