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¿Quién es Bernardo Arévalo, presidente electo de Guatemala? Informe de Pablo Solana.
Desde la Ciudad de Guatemala, el periodista Pablo Solana realizó un completo perfil de Bernardo Arévalo de León, hijo del ex presidente Juan José Arévalo que lideró el país entre 1945 y 1951. El flamante presidente electo se perfila como un mandatario progresista y que hace de la lucha contra la corrupción en el país una de sus plataformas principales.
Ayer fue un día de celebraciones por la noche. Las mesas cerraron a las seis de la tarde y, ya para las ocho de la noche, había resultados definitivos. La diferencia fue muy amplia a favor de Bernardo Arévalo y, poco a poco, la gente comenzó a llegar a dos puntos de concentración: uno que denominan el obelisco y otro que es la Plaza de la Constitución frente al palacio del gobierno. Era muy interesante observar que no era la masividad a la que podemos estar acostumbrados en las grandes movilizaciones en Argentina. Por un lado, porque el movimiento popular aquí no tiene esa masividad.
Por otro lado, como el propio Arévalo mencionó en su discurso de victoria, en este lugar las convocatorias masivas usualmente se hacen por algún partido deportivo y no por política. Fue bastante inédito que la gente se autoconvocara con las banderas de Guatemala centralmente, no había prácticamente ninguna bandera partidaria.
LCV: Contanos quién es Bernardo Arévalo.
—Es un abogado, sociólogo, un intelectual que nació en Uruguay cuando su padre estaba exiliado. Juan José Arévalo, su padre, fue el presidente electo en Guatemala en el año 1944 después de que una rebelión popular había derrocado a la dictadura de Jorge Ubico. Yo uso mucho el paralelo con Argentina para explicar eso porque coincide de manera calcada el período en el que Perón emerge en Argentina en el ‘45. Arévalo inicia su presidencia en ese mismo año y los diez años que siguen, que aquí llaman la “revolución del ‘44”, abarcan la primera presidencia de Arévalo y una segunda de Jacobo Árbenz. Árbenz hizo un gobierno, al igual que Arévalo, de corte nacionalista popular antiimperialista y es recordado de mejor forma que Arévalo porque padeció un golpe sanguinario orientado por la CIA norteamericana. Ese golpe estuvo financiado por los intereses de la United Fruit Company y se convirtió en el modelo de intervencionismo norteamericano en Centroamérica. A partir de entonces, Guatemala no volvió a tener la posibilidad de un gobierno democrático y padeció persecuciones y represiones. Aquí, como en otros países de Centroamérica, se dio una lucha revolucionaria intensa desde fines de los ‘60 hasta los años ‘80. La derrota de esos movimientos revolucionarios culminó en un acuerdo de paz que consolidó un estado oligárquico conservador, altamente excluyente y con pocos espacios democráticos. Recién ahora, 70 años después del golpe contra Jacobo Árbenz, Guatemala parece volver a tener un gobierno que puede ser considerado popular.
LCV: ¿Con quién disputó esta segunda vuelta?
—Disputó con Torres. Es una mujer muy identificada con los partidos tradicionales y también con la burocracia y corrupción. Ha estado procesada y un tiempo presa por un escándalo de corrupción. Más allá de ser referenciada como la esposa del expresidente Álvaro Colom, ella es una política con una amplia trayectoria, pero aquí es ampliamente repudiada.
LCV: Había una gran emoción entre quienes son sobrevivientes de las masacres de los ‘80 en Guatemala.
—Exactamente. Fue un proceso muy sangriento con poco viso de reparación. Las negociaciones de paz dejaron el estado prácticamente en manos de esa oligarquía que financió el genocidio. Recién ahora, las personas mayores de 50, 60, 70 años ven una posibilidad democrática y recuerdan el primer gobierno de Juan José Arévalo. Las juventudes tal vez votaron por un candidato honesto que estaba por fuera de la lógica de la partidocracia.
LCV: Se abrazó gente joven pero no necesariamente por la historia de Arévalo.
—Exacto. Dos o tres semanas antes de la primera vuelta, Arévalo estaba octavo en las encuestas. Sin embargo, varios factores, como la impugnación de una candidata indígena, condujeron a un cambio inesperado en la dirección del voto popular.
LCV: ¿Qué pasó?
—A la derecha, a los sectores tradicionales, se les escapó una situación. Impugnaron a una candidata indígena y, en la primera vuelta electoral, hubo un amplio ausentismo. Muchos votos se reorientaron inesperadamente y no fueron capturados por las encuestas. Esto hizo que Bernardo Arévalo, un hombre fuera de la política tradicional, capitalizara esos votos. Además, el alto ausentismo llevó a que dos candidatos con porcentajes bajos llegaran al balotaje. En el tiempo entre la primera y la segunda vuelta, intentaron atacar al movimiento Semilla. A pesar de los obstáculos, Arévalo obtuvo una diferencia sustancial en la votación, lo que sugiere que tiene una legitimidad popular.
LCV: ¿Cuáles son las políticas progresistas que crees que podrá llevar a cabo?
—A pesar de una sociedad con una matriz conservadora, se está rompiendo el temor infundido desde los grandes medios. Aquí, al igual que en otros lugares de América Latina, se ha instaurado el discurso del miedo al comunismo y al cambio. No obstante, se percibe un cambio en cómo se entienden la sociedad y los derechos.
LCV: ¿Cómo está jugando la iglesia guatemalteca?
—La iglesia guatemalteca jugó un rol histórico en los acuerdos de paz. Desde la iglesia se elaboró el informe “Nunca Más”, y el obispo que estuvo al frente fue asesinado años después. En las conversaciones actuales, no veo que la iglesia sea un actor determinante. Aunque hay sectores evangélicos que apoyaron la candidatura más conservadora, la iglesia católica no ha tenido una incidencia notable en la política reciente.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.

