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“Tiene que haber una democratización de la producción y comercialización de alimentos”

Juan Carlos Sanchetta, referente del Movimiento de la Economía Social y Peronistas (MESYP), charló con LCV sobre su particular historia de vida y el largo camino recorrido para formar parte de un eje productivo que ofrece todo tipo de alimentos caseros a precios de casi la mitad del mercado tradicional. “Un kilo de pan lo estamos ofreciendo a 300 pesos”.

LCV: Contame un poquito tu historia de vida

—Nosotros con Viviana este año va a ser 38 años que nos casamos, venimos bien de abajo, y siempre fue un poco el motor de todo lo que se armaba, así fue cuando era alguien complicado. Vivi me fue llevando digamos por un camino distinto hasta que conocí a las madres, hasta que conocimos a Tati y un montón de compañeros que me mostraron que había otra forma de revelarse contra el sistema que la que yo creía. Ahí empezamos a trabajar el tema social, el tema político. Yo siempre me acuerdo que yo las conozco a las madres siendo motoquero y mi intención era ir los jueves a la plaza, parar la moto lejos del centro de la plaza y quedarme a un costado, y yo las veía las madres cuando llegaban y las individualizaba cuál era una madre, cual no. Parece una tontera, pero eso a mí me llamaba la atención. Siempre me llamó la atención. Así empezamos a trabajar socialmente.

Empezamos a trabajar con los pibes del barrio donde nosotros vivíamos en Moreno. Así armamos la panadería que Vivi la armó con la intención de que los pibes en situación de calle tuvieran una profesión, una salida, estamos hablando de la peor época antes del macrismo posterior a la Dictadura. Veíamos la posibilidad de generar trabajo, de generar conciencia en los pibes, que vieran que había otra salida. Así fuimos trabajando hasta que ese trabajo empezó a hacerse productivo. La panadería empezó a ser productiva y le teníamos que buscar salida. Así fue como empezamos a ver que había que asociar a otras cooperativas, a tratar de generar un canal alternativo de ventas y así fuimos trabajando y fue creciendo, armándose la mesita ya desde el espacio de reconstrucción popular Alejandro Almeida que fue la organización que nosotros fundamos con Viviana.

LCV: Si no me equivoco tu hija es la abogada del MESYP.

—Sí, trabaja ahora en la Secretaría de Derechos Humanos de Nación y fue candidata a concejal en las últimas elecciones acá Moreno.

LCV: ¿Cuál es la realidad del MESYP hoy? ¿Cuál es la red que tenés en la provincia de Buenos Aires? ¿Ya llegaste acá a CABA?

—Nosotros en la provincia de Buenos Aires armamos algunos acuerdos, por ejemplo, con El Cuervo Larroque en provincia, con Tolosa Paz en Nación y ahí en nación habíamos conocido antes a Juanchi Zavaleta con los que estamos trabajando muy fuerte en Hurlingham en la creación de la red de almacenes populares y los mercados populares. En CABA nos convocó muchas veces Larreta, pero nosotros nos generaba todo una una discusión interna trabajar con aquellos que son culpables del hambre en la Argentina, porque para nosotros Larreta es parte de ese sistema, el macrismo parte de ese sistema que hace que el hambre esté en la Argentina, entonces nunca quisimos ir. Hemos hecho jornadas en CABA, pero nunca articulando con el Estado.
Ahora estamos dedicados a la producción. EL MESYP es una herramienta de resistencia y una herramienta para que la comida llegue a la mesa de la gente. A veces te impacta, yo lo digo siempre, que parecemos rockstars porque estamos en algún puesto y viene la gente y se saca fotos, los jubilados también porque pueden llevarse una docena de factura para comer con sus nietos. Eso es algo que a mí me impactó una vez, el hijo de un jubilado llamó al gato Silvestre para agradecerle al gato que gracias a su difusión había conocido al MESYP y los últimos meses de vida, el último año de vida su padre se había sentido digno que podía comprar los viernes pizza para comer con sus hijos y los domingos ir a comprarnos falturas.

LCV: ¿Cómo es el sistema para adquirir sus productos?

—Generalmente ponemos nuestra página las jornadas que hacemos que generalmente son digamos jornadas de un día que hacemos en algún punto. Estábamos proyectando una para esta semana, pero la vamos a pasar para la próxima semana en CABA. Vamos a salir otra vez con la idea de presentar un proyecto de ley que tenga que ver con la canasta básica social. La idea es presentar la canasta que tenemos nosotros.

LCV: ¿Ustedes reciben encargos?

—Sí, por la página de la MESYP nos escriben y acordamos la forma de entrega. Tenemos panificados, productos lácteos y tuvimos una reunión con Samid por el tema de la carne. Después tenemos productos que traemos de Entre Ríos, por ejemplo, como fiambres.

LCV: ¿Cómo es lo de la canasta?

—Nosotros decimos que tiene que haber una democratización de la producción, distribución y venta de alimentos. En esa idea lo que tiene que haber también es una ganancia solidaria de aquellos que comercializan los alimentos porque hoy los precios son cualquier cosa. La otra vez escuchaba que decían que los que trabajan en la economía popular no pagan impuestos y no es real. Lo que es real es que nosotros lo que hacemos es ponerle una ganancia solidaria a lo de nosotros.

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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