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¿Cómo opera el capital financiero? El caso UPM en Uruguay, por Marcelo Marchese
Las trasnacionales sufrieron un cambio sustancial en las últimas décadas. El vehículo de su accionar es el dinero, la búsqueda del lucro, pero ese vehículo es el andamiaje de su verdadero propósito.
Sí, UPM, cotiza en bolsa, lo que permite a quienes manejan el capital financiero, adueñarse de UPM, así que UPM ya no es finlandesa, sino de quienes manejan las acciones de UPM. Lo que hace el capital financiero que domina a UPM, es afincarse en las oficinas centrales de UPM en Finlandia. Ese es todo el carácter finlandés de UPM.
¿Cómo operan los fondos de inversión que dirigen a UPM y demás trasnacionales? Dominan un capital accionario que ronda el 15%, lo que los sitúa como principales accionistas. Estos fondos de inversión, en rigor, son un sólo fondo de inversión, pues el principal inversionista del fondo de inversión más grande del mundo, Black Rock, es Vanguard, otro fondo de inversión.
Singular ingenieria financiera: el capital esconde su rostro.
Con esta singular ingeniería financiera, el capital esconde su rostro, amén de que cada fondo de inversión se especializa en cierta área y modalidad de trabajo. Resulta que si sos el principal accionista, manejás a la trasnacional, sobre todo si al mismo tiempo sos el principal accionista de la trasnacional que le hace competencia, y si también sos el principal accionista de todas las otras grandes trasnacionales y de los grandes medios de comunicación, pero ahí no termina la cosa, pues quien maneja a las principales trasnacionales, maneja el financiamiento de las Universidades (el dinero es el andamiaje) y controla a los organismos internacionales.
Si en un caso excepcional, el paquete accionario disperso, el 85%, quisiera enfrentar las directivas del 15%, el 15% abandonaría la trasnacional, lo que significaría su ruina inmediata. El 15% tiene atado al 85% en términos absolutos.
El vehículo es el dinero. El 100% de los accionistas de UPM gana mucho dinero, pues la trasnacional factura por toneladas. En Uruguay tiene ingentes ganancias pues no debe pagar por uno de sus principales insumos, el agua, y porque la tierra para producir madera le sale, comparativamente, muy barata. Como además no paga impuestos y emplea muy poca gente, tiene pocos gastos, salvo los insumos, que los produce una colateral, es decir, los produce UPM. La maquinaria, que eso sí tiene en abundancia, la recibe mediante créditos (nuevamente el capital financiero) por lo que pagará esa maquinaria con un ínfimo porcentaje de sus ganancias.
De hecho, con la sóla venta de electricidad a nuestro Estado, en veinte años, pagará su inversión en Uruguay. Ahí tenemos un anuncio de la real función de UPM. UPM usa a nuestro Estado (ya sabemos que pagaremos más de tres mil millones de dólares para la vía férrea de uso preferencial de UPM) y de esa manera, gana más dinero y deteriora al Estado.¿Qué es lo que cuenta, que gane más dinero o que deteriore al Estado?
Veamos.
UPM hace dinero en Uruguay por medio de un contrato negociado en secreto
Dijimos que el andamiaje de su real función, es el dinero, pues sin dinero no se compran espacios radiales ni funcionarios corruptos. Sin dinero el capital no puede hacer nada, pero resulta que UPM hace dinero en Uruguay por medio de un contrato negociado en secreto, cuya principal función es darle más ganancias a UPM erosionando a la República.
Al ser negociado en secreto, el Contrato ROU UPM lesiona la principal idea de la democracia: que el pueblo puede gobernar.Al mismo tiempo, el Contrato lesiona la división de poderes y nuestra soberanía, pues nos impide legislar por cincuenta años en toda área que perjudique a la trasnacional, y le permite radicar denuncias en nuestra contra en tribunales extranacionales.
Mas la obra de UPM es más nefasta todavía, pues de manera gradual se apodera de nuestro campo (ya se apodera del agua) y hoy día maneja 466.000 hectáreas, y como eso se suma a que más de la mitad de la tierra está en manos del capital extranjero, estamos hablando de pérdida de territorio, pérdida de control sobre el territorio, es decir, pérdida de soberanía.
Si perdemos territorio, y si el eucalipto expulsa gente del campo, no sólo perdemos control sobre el campo, sino que perdemos al depositario y transmisor de la principal riqueza económica del País: la cultura rural, que se traspasa de padre a hijo y de hijo a nieto.
UPM tiene el privilegio de redactar los planes de estudio de la UTU en su zona de influencia
Llegamos ahora al punto crucial de la obra de UPM en Uruguay: el deterioro moral del País. El aceptar que no hay otra lógica que la lógica del lucro, cuando nosotros debemos emplear la lógica de la democracia, la lógica que nos llevará a defender nuestra capacidad de gobernar, nuestra soberanía, para beneficio de nuestros hijos.
No debemos olvidar que UPM no sólo entra a nuestras escuelas a inficionar su ideología derrotista, sino que tiene por Contrato, el privilegio de redactar los planes de estudio de las UTU de su zona de influencia.
Si quieren ver cómo daña moralmente UPM y demás trasnacionales a nuestro pueblo, vean el documental que se promociona en los medios de comunicación y cuyo título es “UPM en Uruguay: colonización o desarrollo”. Todo el documental está impregnado de derrotismo, como si la gente debiera aceptar el imperio de las trasnacional como un hecho de la vida, tal cual la gravedad, el agua y el aire.
UPM y sus sirvientes aplican un sortilegio, un veneno, sobre nuestra gente, mas no hay veneno sin antídoto.El antídoto se llama Movimiento Uruguay Soberano. Ante el sortilegio, nosotros aplicamos una magia muy antigua que radica en decirte lo siguiente: un hombre está derrotado, sólo cuando dentro suyo admite la derrota.
El poder se encuentra en nosotros.
Marcelo Marchese, escritor uruguayo que participa del Movimiento Uruguay Soberano.
Ilustración: La diaria
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

