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Jorge Nacer: “No tienen en cuenta lo que significan las fiestas populares”
En los últimos días se conoció la suspensión de varios Festivales regionales y nacionales a causa de la crisis económica. No se realizarán éste año el Festival Nacional de la Chacarera, el Festival Nacional de la Salamanca, la Fiesta Nacional de la Chaya, el Festival de la Vendimia en Catamarca y el Fortines y Ranchos del municipio bonaerense de General Paz. Para saber cómo afectan estas bajas en las agendas culturales de verano, conversamos con Jorge Nacer, productor, agente de prensa y manager de importantes intérpretes y organizaciones.

LCV: ¿Qué opinión tenés del cierre de estos festivales?
—Mira, yo trabajé durante muchos años en los festivales como manager fundamentalmente. Fui el manager de Peteco nueve años, de Raúl Carnota tres, tres de Jairo. Por lo tanto, conozco el circuito de festivales, conozco el circuito de las fiestas y me detengo en ese término, en las fiestas. Lo que uno ve es lo que significa para la gente de la ciudad, de los pueblos, esa fiesta que esperan durante todo el año. O sea, que además del hecho artístico arriba del escenario, lo que no se está teniendo en cuenta es lo que significa culturalmente y socialmente las fiestas populares en el país. Y me parece que eso no pasa por una cuestión económica estrictamente, que uno lo puede entender, la situación del país uno la vive diariamente. Pero se ha instalado ese término, ese eslogan desde el Gobierno de “No hay plata”. Y a partir de ahí, se empieza a destruir cuestiones que están muy arraigadas en la gente. Lo que significa un festival para un pueblo en la provincia de Tucumán, en la provincia de Santiago del Estero, es muy importante ese reencuentro.
Son muchos los que esperan el verano para ganar unos pesos: boleteros, gente de limpieza, de seguridad, transporte, hoteles, que se están quedando sin trabajo
LCV: Contanos qué significan estas fistas para las ciudades como reactivación de un circuito económico?
—Exacto, porque desde el Estado y desde las redes se está hablando de lo que cuesta los cachets de los artistas y se queda el comentario ahí solamente. Hay un movimiento laboral enorme en esos pueblos. Hay mucha gente que espera ese verano para ganar un dinero en el verano, hace uso de sus vacaciones para poder hacer una diferencia, poder ganar un dinero para usarlo en arreglos de su casa, en comprar los elementos en marzo para los chicos para ir a la escuela. Esa gente son los boleteros, la gente de limpieza, la gente de seguridad, la gente de transporte, y toda esa gente está quedando sin trabajo. Es impresionante lo que está pasando. Yo me he escrito con un conocida en los lugares que están con una depresión enorme porque no esperaban esto y se están quedando sin ese ingreso que hace años y años tienen en el verano.
LCV: Describime la desazón de además quedarse sin la fiesta.
—Hay mucha gente que en vez de irse en la fiesta a Navidad o Año Nuevo a su pueblo, porque ya tienen familiares acá en Buenos Aires, deciden ese fin de semana o esa semana de la fiesta, que puede ser la Salamanca en Santiago del Estero o la Chaya en La Rioja, irse a su pueblo para reencontrarse con sus afectos, con sus amigos, con sus familiares y participar de la fiesta, de ese concepto de fiesta. Y al no existir esa fiesta, esa gente se queda en Buenos Aires. Y lo único que hace es recordar lo feliz que era cuando iba al festival de su provincia.
LCV: Además, Jorge, vos me acabas de nombrar dos festivales que ya tienen categoría internacional. O sea, a la fiesta de la Challa de la Rioja, es impresionante la cantidad de turistas, o sea, estás suspendiendo un foco turístico.
—Sí, exactamente. Y eso significa hotelería, restaurantes, transportes, dólares, ingresos. No se hace una lectura profunda de lo que se hace y se están tomando resoluciones sin sentido, sin profundidad, sin entender lo que significa todo eso.
LCV: Eso moviliza a miles de personas en el tema.
—Hay mucha gente que va a Cosquín y no paga una entrada para la Plaza Próspero Molina y vive la fiesta en los bares, en los lugares alternativos, en las peñas, en los camping, en los balnearios. Lo que ocurre en esos lugares es lindísimo.
El intendente de Cosquín asumió hace un mes y ya lo llamaron de la TV Pública para avisarle que debe hacerse cargo del 100% de la transmisión. Está desesperado.
LCV: ¿Cuánto pesa el cachet real de las figuras consagradas en todo esto?
—No pesa. Además, porque no hay un planteo a largo plazo. Y lo que le ha pasado a varios intendentes es que asumieron hace muy poquito. El intendente de Cosquín asumió el 10 de diciembre y hace dos semanas lo llamaron por teléfono desde la TV pública para avisarle que tiene que hacerse cargo del 100% de la transmisión. Los amigos coscoinos me han contado que el intendente está desesperado porque no esperaba esto.
LCV: Milei está hablando del libre mercado y entonces le dice a los coscoinos que compitan por la publicidad y que entonces, si son tan importantes, con la publicidad pagan todo. Pero no se dan cuenta que si no tenés pantalla, también se te cae la publicidad.
—Exacto. Es una lectura muy chiquita que estamos teniendo fundamentalmente en el área donde yo me muevo, que es la cultura. Es una lectura muy chiquita. No entender cómo se financia el INCA, cómo se financia el Instituto de Teatro, o lo del Fondo Nacional de las Artes, que estamos sorprendidísimos todos. Es una pena. Entendemos que la situación económica es muy difícil, lo entendemos. Uno vive en este país y cotidianamente sale y va a hacer compras, pero esto es derrumbar las actividades culturales que tienen una incidencia económica muy importante en el país.
LCV: Decime un párrafo acerca de Peteco.
—Sí, yo lo escuchaba hoy y dice que él no hablaba directamente de la vicepresidenta sino que hablaba de no respetar lo que estaba ocurriendo en el escenario y que estaba entrando un funcionario, no tenía idea si era el gobernador, el intendente o qué. Me parece que la reacción de Peteco se suma a la reacción de La Renga el otro día en la cancha de Racing y a las declaraciones que está haciendo el Indio Solari. Estas figuras están marcando ese enojo, esa desazón que estamos teniendo.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

