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La primera estrella internacional del teatro y el cine argentinos: una entrerriana casi olvidada, por Américo Schwartzman
Este 28 de febrero se cumplen 76 años de la muerte de Camila Quiroga. Nacida en Chajarí, fue una artista enorme del siglo XX, la primera figura internacional del cine y teatro argentinos, a los que proyectó como nadie hacia el continente latinoamericano y hacia Europa, con una visión de avanzada y una trayectoria elogiadísima. Sin embargo su nombre es casi desconocido masivamente, incluso en Entre Ríos.
El nombre de Camila Quiroga me resultaba familiar: mis amistades de Chajarí (como Gustavo Surt) me habían hecho saber de su existencia. Pero no tenía presente en todas sus dimensiones la talla de esta gran artista nacida en Entre Ríos. Fue el querido Jorge Leyes quien, hace poco, me convidó a mirar un documental sobre Camila, titulado “La revelación de nosotros mismos”, dirigido por Gerardo Panero y con producción del mismo Jorge. Ese breve documental me hizo valorar (y enamorarme) de la figura de Camila. En ese trabajo notable aparecen rostros y voces de gigantes que ponen en valor la relevancia de Camila Quiroga. Algunas de esas voces: Osvaldo Bayer, Mario Soffici, Gogo Andreu, Jorge Luz, Octavio Getino, Lydia Lamaison, Beatriz Seibel. Un documental insoslayable realizado en 2008 por Gerardo Panero. La frase que da origen al título del documental es de Gabriela Mistral: Camila, dijo la poeta chilena, “tiene como pocos intelectuales hispanoamericanos, el orgullo de nuestra cultura como conjunto y un ansia de imponer a los que aún nos desdeñan, el respeto hacia la América artística, consagrándola como la revelación de nosotros mismos”. Nada menos.

Olvido y logros de Camila
Cuando uno repasa sus logros se agiganta el asombro por el olvido al que se ha relegado la figura de esta chajariense nacida como Camila Josefa Ramona Passera el 19 de marzo de 1891, en aquel pueblo que aun se llamaba Villa Libertad. Veamos:
· La descubrió como actriz, en Buenos Aires (adonde llegó en 1906) nada menos que Armando Discépolo.
· Fue parte de la compañía de los Hermanos Podestá, donde estrenó “Con las alas rotas” de Emilio Berisso, con más de 350 representaciones.
· Luego creó su propia compañía junto a su esposo Héctor Quiroga, de quien tomó el apellido para su nombre artístico.
· Fue una de las fundadoras de la Asociación Argentina de Actores, inmediatamente después de la llamada “Semana Trágica”, en 1918.
· Realizó giras por América Latina y por Europa, con éxitos destacables especialmente en España, Portugal y Francia.
· Trabajó, entre otros, con Carlos Gardel, Florencio Parravicini, Lola Membrives, Pablo Podestá, Blanca Podestá, Alfonsina Storni y Eva Duarte (todavía no era la esposa de Perón).
· Filmó nueve películas entre 1916 y 1918, hasta su consagración en “Juan Sin Ropa” de 1919, producida por Camila y su marido y dirigida por el francés Georges Benoît. “Juan Sin Ropa” es una pieza de avanzada: marca un hito en el cine social argentino al reflejar las revueltas obreras reprimidas durante la Semana Trágica en enero de 1919.

Pionera del cine social
“Juan Sin Ropa” es una película sin sonido, filmada en blanco y negro y dirigida por Georges Benoît, sobre el guion de José González Castillo. Se estrenó el 8 de enero de 1919 y tuvo como actores principales a Julio Scarcella, Camila Quiroga y Héctor Quiroga. Con Benoît, que ya era un reconocido director de cine, el matrimonio de Camila y Héctor formó la productora “Quiroga-Benoît Film”.
El guión de “Juan Sin Ropa” fue obra del escritor rosarino José González Castillo, dramaturgo, director de teatro y autor de letras de tango (como por ejemplo “Silbando” o “Milonga en rojo”). González Castillo era anarquista y padre de Cátulo Castillo, para más datos. Sus ideas y su mirada social fueron decisivas en el guión de la película, que no escenifica sino que preanuncia, visionera, lo que se dio en llamar “La Semana Trágica”, la brutal masacre contra los grupos obreros argentinos, en la que fueron asesinadas cientos de personas en la ciudad de Buenos Aires, en en la segunda semana de enero de 1919. Es decir, apenas unos días después del estreno del film.
El protagonista, Ponce, es un trabajador rural que se emplea en un frigorífico y es elegido delegado sindical. Escapa a la represión policial durante una huelga gracias a la ayuda de una joven, que es hija del dueño del frigorífico. Ponce vuelve al campo, donde adquiere prestigio como colono y comienza a bregar por los intereses de los colonos, en especial contra los comerciantes de granos pero también contra el caudillo político del lugar. Mientras, la joven que lo había ayudado es infeliz en su matrimonio con un cerealista, que resulta asesinado. Ponce evitará el despojo a la joven viuda y así ambos realizan su anhelo de dicha.

Quienes estudian la historia del cine dicen que con esta película Camila y Héctor Quiroga inauguran una línea social del cine realista argentino. Por ejemplo, Héctor Kohen dice que “es el primer film moderno del período, tanto por su sistema de producción como por el empleo sistemático de todos los recursos (…). Recursos que Benoit maneja con notable soltura, en especial en las escenas de masas: la asamblea de los obreros del frigorífico, la represión policial a los huelguistas”. Asegura además que “estableció un nuevo rumbo para el cine argentino”.
La película se exhibió también en Estados Unidos, Francia y muchos otros países, incluida España, donde hubo una exhibición especial ante la corte de Alfonso XIII antes de su estreno en el Comedia, de Madrid. En este enlace se pueden ver, con bastante buena calidad, los fragmentos que se pudieron rescatar y restaurar (Juan Sin Ropa en You Tube)
Más hitos de Camila
· Camila Quiroga protagonizó también algunas películas con sonido, donde se puede apreciar su talento actoral: “Viento Norte” de Mario Soffici junto a Enrique Muiño, Elías Alippi y Orestes Caviglia en 1937, y “Veinte años y una noche” de Alberto de Zavalía con Pedro López Lagar y Delia Garcés.
· Trabajó en radioteatros entre 1930 y 1945. En su compañía se desempeñó en 1939, la actriz Eva Duarte, en la obra “Mercado de amor en Argelia”.
· Camila fue condecorada en Portugal, México, Cuba y Chile. En esos países, el paso de Camila Quiroga no solo fue consagratorio sino fructífero: el mundo teatral de cada tierra que pisó se asombró por el hecho de que Camila llevaba obras de autores argentinos, y generó que en América Latina se comenzara a valorar a sus propios dramaturgos.
A tal punto fue estimulante la gira de Camila y su compañía, que en México asiste al teatro Francisco Monterde, escritor mexicano y director de la Academia Mexicana de la Lengua. Era 1925 y fue toda una revelación para Monterde, quien años después la recordará con estas palabras:
“La temporada de Camila Quiroga en México comprendió exclusivamente a autores rioplatenses; esto fue un ejemplo y un estímulo para los escritores e intérpretes del pueblo azteca, por lo que, ante tal ejemplo, se creó la Unión de Autores Dramáticos del México y apareció el grupo de los siete autores”.

Así, la gira latinoamericana de la actriz nacida en Chajarí fue considerado un “despertar” para que artistas y autores de todos los países se atrevieran a escribir y representar historias autóctonas y no exclusivamente autores españoles, como era la costumbre de la época.
Fue también por esa razón que la escritora chilena Gabriela Mistral –Premio Nobel de Literatura en 1945– declaró a Camila: “La primera mujer en considerar a Latinoamérica como una sola tierra”.
Razones del olvido
Camila murió tempranamente, a los 56 años, el 28 de febrero de 1948.
En Chajarí, un museo municipal lleva su nombre y se ocupa de mantener viva su memoria, incluso a través de un sitio de facebook. Está ubicado en una casona antigua construida a fines del siglo XIX por Constantino Saltery, el abuelo de Camila Quiroga. En esa casona nació Camila; tiempo después fue sede del Consulado Italiano, atendido por el abuelo de la artista; allí también funcionó una escuelita particular, reconocida por el Consejo General de Educación de la Provincia y atendida por Adelina Saltery, tía de la artista. Hoy el museo tiene ocho salas y un salón multiuso.

Camila es ampliamente reconocida por la historiografía del cine como la primera gran actriz dramática de su tiempo, y como la única de proyección internacional desde un país periférico como el nuestro. Sin embargo el desconocimiento masivo de su figura es llamativo.
A partir del trabajo de Panero, Leyes y Hermosa, y en los años recientes, se ha comenzado a producir una lenta pero importante revalorización de la trayectoria y el lugar que Camila Quiroga ocupa en la historia del teatro y el cine de la Argentina.
En un ensayo sobre Camila, la investigadora Eleonora García repasa sus éxitos y logros: “Abundan las críticas favorabilísimas, el otorgamiento de premios y reconocimientos en el exterior: su nombre ha trascendido como el de aquella mujer que hiciera conocer la dramaturgia argentina en el mundo, además de mostrar que nada debíamos envidiar desde las tablas nacionales a las poéticas de actuación que habían dominado Europa en el pasaje del siglo XIX al XX”.
Pero luego se pregunta: “¿Cómo fue que Camila Quiroga se fue volviendo invisible cuando de hecho fue un actor social y político de nuestra vida nacional? Aquí la pregunta que se repite una y otra vez en el campo intelectual: ¿Qué recortes y selecciones van armando la galería de nombres que trasciende y se torna disponible en tanto legado? No tenemos respuestas concretas en lo que respecta precisamente a Camila y a la que hemos tomado, repetimos no con la intención de esculpir un busto mítico sino siendo capaces de desplegar a través de ella un entramado complejo”.

Fuentes utilizadas
· Eleonora García (2018), “Camila Quiroga, voz de mujer. Legitimación de la voz femenina en la poética de actuación de Camila Quiroga”. (Disponible en http://eventosacademicos.filo.uba.ar/index.php/artesencruce/AEIV2016/paper/view/3355/1863)
. Documental “Camila Quiroga: La revelación de nosotros mismos” (2008), dirigido por Gerardo Panero y producido por Jorge Leyes.
· Sitio web www.camilaquiroga.com.ar/
· Claudio Hermosa (2011). Camila Quiroga; Glorias en vísperas del olvido. Buenos Aires: De los cuatro vientos.
· Colección Caras & Caretas, en la Hemeroteca del sitio digital de la Biblioteca Nacional de España.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

