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Jorge Dorio y la Radio que nos parió

Por Laura Giussani Constenla, emitida el 18 de marzo de 2024 en La Columna Vertebral-Historias de trabajadores, por larz.com.ar, lunes de 18 a 20hs

Un infarto masivo se nos llevó la semana pasada a Jorge Dorio y todavía estamos golpeados, perplejos, consternados por la noticia. ¿Quién era ese morocho de ojos negros y grandes bigotes, con la sonrisa siempre a flor de labios? ¿Por qué todos lamentamos tanto su partida?

Dorio bebía la vida a borbotones, y hablaba al ritmo de sus pensamientos, incesantes, eruditos, seductores, desprejuiciados, creativos, inteligentes. Perdimos a uno de los grandes del periodismo que se zambullía con igual pasión en el espacio que se le ofrecía. Desde la revista Babel a Badía, o el Monitor Argentino, Dolina, 678 y sin empacho también panelista del Gran Hermano. En todos y cada uno de los lugares dónde lo invitaban a hablar siempre daba una pincelada de genialidad. También fue escritor, poeta, divulgador de las letras. Jorge era imparable e inimputable, sólo a él se le permitía evadir todo límite y clasificación.

Su muerte, tan imprevista como su propia vida, sacudió a todos los que alguna vez tuvimos la suerte de trabajar con él, y a sus oyentes y lectores. Tenía un estilo inconfundible que desbordaba al mundo periodístico. Hubo quienes eligieron recortar su memoria a sus últimos años. Quizás no lo conocían e ignoraban que ser inclasificable era parte de su esencia y encanto.

La última vez que hablé con él fue el año pasado. Junto con Nora Anchart preparamos un festejo especial para el séptimo cumpleaños de La Columna Vertebral: un homenaje a La Radio que nos Parió, radio Belgrano. Jorge, junto a Divinsky, Carlos Ulanovsky, y Taty Almeyda (madrina de éste, nuestro programa que ya está al borde de los ocho años) iban a ser los maestros de ceremonia. Todos los que alguna vez formamos parte de ese experimento mediático que fue LR3 Radio Belgrano, la radio insignia del regreso a la democracia, estábamos felices por el reencuentro que iba a realizarse en la Biblioteca Nacional. Como suele ocurrir en este país, una nube oscureció el día, llegaban noticias de una brutal represión en Jujuy contra docentes y municipales, las marchas se esparcían por todo el país y el ánimo festivo se nos fue al diablo. Aprovecharé éste espacio para contarles porqué haber iniciado en este oficio en aquella radio fue algo que nos marcó a todos.

Presentando la programación 1986. Jorge Dorio, Matilde Rios, Laura Giussani Constenla, Claudio Merelas, Estela Maris Campos, María Elvira Areces, David Zanazzi, Graciela Russo y Adriana Ramos. Parte del equipo de producción

Fuimos muchos, muchos, los que llevamos esa cuna periodística con orgullo. Eramos una variopinta comunidad que participó con entusiasmo en el ambicioso proyecto de una radio donde la libertad, la seriedad de la información, el pluralismo y el pensamiento crítico eran lo más importante.

Imaginen ustedes, octubre de 1983. Alfonsín arrasaba en las urnas. La democracia traía un aire de esperanzas que entraba como un vendabal. Los exiliados comenzaban a regresar del exterior, y los que se mantenían en las sombras en tiempos de militares salían a la luz. Radio Belgrano era una emisora estatal, dirigida hasta ese momento por el Teniente Coronel Stornelli. Le ofrecen el cargo a Daniel Divinsky que acababa de regresar de Venezuela, editor responsable de Ediciones de La Flor. Un personaje que por su erudición y velocidad mental y oral se le parecía bastante a ese pibe que por entonces era Jorge Dorio. Eligió tener a los mejores y los tuvo, jóvenes y viejos talentos: Enrique Vazquez, Silvia Puente, Sandra Russo, Arturo Cavallo, Eduardo Aliverti, Julia Bowland, José María Pasquini Durán, Anna María Muchnick, Horacio Salas, Ricardo Horvath, jorge Guinzbur, Carlos Abrevaya, Julia Constenla, Rogelio García Lupo, acompañados por colaboradores como Gregorio Klimovsky, Gregorio Selser, Beatriz Sarlo, entre tantos, tantos otros.

Por ese entonces yo había vuelto del exilio en un viaje que pensaba efímero pero la explosión de vital alegría del país me impidió volver. ‘Si consigo trabajo me quedo’, le anuncié a mis padres. Y conseguí, primero en Lugar de Mujer, uno de los sitios icónicos del feminismo de los ochenta. Hasta que una llamada de Daniel Divinsky cambió el rumbo de mi vida: “Laura, voy a asumir como director de Radio Belgrano, necesito una secretaria de confianza”. Fue así que entré a formar parte de la comitiva, primero como secretaria, escoltada por un amor de mujer como Matilde Ríos.

Sin anestesia, horario central de la mañana

Divinsky asumió y no hubo una razzia ni despidos, una de mis misiones fue consultar las fichas del departamento de personal para ver quién era quién. Conversar con el sector de discos en donde pude ver los cartelitos de ‘prohibidos’ en decenas de long plays. Nada indicaba que los trabajadores hubieran sido cómplices o colaboradores del Teniente Coronel que mantuvo las cuentas en orden. Así que convivimos los ‘viejos’ y los ‘nuevos’. Entre los ‘viejos’ varias figuras inolvidables de la radiofonía, como Ernestro Frith, operadores de lujo como Eduardo Blanco, Luisito Sprovieri, el Tano Siciliano o Tatín Pérez entre tanto otros. Locutores como Santiago Sierra Castro. Personas que nos enseñaban a los más jóvenes la historia de la radio, los radioteatros con Evita en el Auditorio, cintas de pasta que intentamos recuperar con versiones de mordisquito de Discepolo y tantas joyas más. Aprendimos un montón de ellos.

Muchos miraban con recelo esa invasión de periodistas que venían en su mayoría de medios gráficos o eran desconocidos. Llegaba, además, para colaborar en la producción, un pelotón de pibes de la Universidad de Lomas de Zamora y otras instituciones felices de que su primera pasantía fuera en esa radio. Ellos eran: Rosario Lufrano, Graciela Russo, Claudio Martínez, Eduardo Cura, Estela Campos, María Elvira Areces, Adriana Ramos, Claudio Merelas, David Zanazzi, y tantos otros.

Jorge Dorio y Martín Caparrós nos llevaban pocos años pero tenían una cultura que Divinsky no pudo obviar: les dió el horario de medianoche para hacer “Sueños de una noche de Belgrano”. El programa fue una bomba. Entre tanta chatura previa, dos jovencitos que por entonces rondaban los 25 y 27 años, revolucionaban el aire.

El regreso de la democracia fue tiempo de reencuentros. Recuerdo una vez que nos juntamos con algunos compañeros de la secundaria en la casa de Guillermo Freund. A las 12 de la noche encendió la radio, no podíamos perdernos escuchar a Dorio y Caparrós. Guillermo fue quien dijo: “qué impresionante cómo estamos atentos a la radio, parece como cuando se escuchaba radio Londres en la guerra”.

Entre tanto, las amenazas de bomba arreciaban, los estudios podían ser invadidos por ex militares indignados por lo que se decía, Rousselott hacía una huelga de hambre en la puerta de la emisora por vaya a saber uno qué ofensa, y las antenas de la radio estallaban por un atentado. Lo increíble es que todo ese acoso no nos daba miedo, en realidad nos causaba un poco de gracia. Teníamos la convicción de que nadie nos sacaría de allí a pesar de que habían pasado pocos meses de dejar atrás la noche más oscura que provocó 30.000 desaparecidos, miles de presos, miles de muertos y millones de exiliados. Alfonsín anunciaba el juicio a los militares y la sociedad toda se levantaba y salía a la calle ante el primer intento de motín militar. Era 1985.

Divinsky había cumplido su tarea. La editorial lo esperaba y eso de andar negociando con propios y ajenos por financiación era un desgaste extra. Renunció y asumió Julia Constenla (sí, mi madre). Seducida por el joven Dorio, decidió darle la Producción General de la Radio. Y a mí, ser la coordinadora de la flamante oficina de producción. Le había pedido que me sacara de la secretaría ¿quién podría creer que yo había llegado primero?

Por entonces empezó otro programa emblemático de los fines de semana: Historias en Estudio, con la conducción de José María Pasquini Durán y Jorge Dorio. Yo como productora general, y cuatro asistentes periodísticos de lujo: Nora Anchart, David Zanazzi, Claudio Martínez y Rosario Lufrano. Cada programa tenía una apertura especial que era una mini obra de arte. Dorio llegaba quizás a las 10 de la noche con la idea, tenía un texto para que leyera Sierra Castro, cantidad de músicas para enganchar, audios que incorporar. Una verdadera odisea para editar en un mundo no digital. Tenía que salir de una, sin errores del operador ni de Santiago. Pasábamos horas, Dorio estaba feliz oficiando de director de esa pequeña puesta en escena que no duraba más de 5 minutos pero consideraba lo más importante del programa. El cansancio de todos era menor que el entusiasmo, podíamos estar hasta la 2 de la mañana hasta que saliera completo. Al día siguente, reunión de producción con Pasquini Durán, la contracara de Jorge. El era el periodista preciso, con datos certeros que iría narrando diversos momentos históricos. Dorio solía llegar tarde, pero su llegada era como la de Peter Pan con la magia de las estrellitas. Pasquini lo llamaba ‘fru fru’. Llegó fru fru, decía, y todos reíamos. Sin fru fru no hubiera sido el mismo programa. Dorio le aportaba brillo. Era burbujeante. Un periodista champagne.

Cuarenta años pasaron de aquella experiencia y muchos, muchos, muchos, la recordamos como el momento más estimulante de nuestras carreras.

Hoy solo podemos decir que el regreso de la democracia estuvo plagado de coraje, creatividad, inteligencia y libertad. El 24 todos a la marcha, para los que olvidaron lo que fue terminar con la dictadura. Desde acá, Nora y yo, volvemos a brindar por La Radio que nos Parió, y por Jorge que fue uno de los locos de aquella radio sin miedo.

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Planeta Giussani/¿Qué hacer para salir de éste infierno? Italia debate

Esta semana se reunieron en Boloña más de 2000 personas -referentes sociales, gremiales,  de ongs- y otras 3.000 que estuvieron presentes por streaming. La Asamblea setuvo convocada por una red llamada Convergenza Sociale ‘No Kings – Contro i Re e le loro Guerre’ (Contra el Rey y sus Guerras), y superó ampliamente las expectativas logrando reunir militantes de distintas tendencias bajo un objetivo común. Fueron dos días de debate intenso, con 160 intervenciones.

En un comunicado de prensa final dicen: “Hoy abrimos juntos un espacio político nuevo que rompe con un mundo viejo que desde Minneapolis a Iran, con tal de conservar el poder, asesina y reprime. Lo hemos logrado de manera transversal, con pluralidad, desde los espacios sociales perseguidos por el gobierno de Meloni a las asociaciones católicas, desde los sindicatos a las ongs, incluso a los partidos políticos. No retrocederemos y en las próximas semanas iremos por Italia y Europa con un calendario de acciones nacional e internacional, Roma, Nápoles, Turín, pero también Berlín, Zagabria y Bruselas, por un paro general europeo”.

Laura giussani constenla desde su planeta en italia. 26 de enero 2026

El desafío es lograr un espectro amplio con objetivos claros. “Tenemos por delante una discusión profunda”,  comienza diciendo Christopher Ceresi dirigente de las comunas sociales de Boloña.  “Para simplificarla hemos encontrado tres terrenos de convergencia”, explica.

 El primero, pelear contra el decreto de seguridad de Meloni y compañía. Firmado el año pasado, la medida incorpora la lucha contra el ‘terrorismo’ y abre las puertas a la represión aumentando penas a quienes ocupen viviendas o  corten calles.  “Asistimos a la naturalización de prácticas autoritarias”, Laura Renzi di Amnesty international.

El segundo punto en común es el total rechazo a la guerra y al rearme. Alguien agrega: Estamos frente al surgimiento de una economía del genocidio. El capitalismo superó los límites de la democracia, por eso la ley del más fuerte se impone al derecho internacional”.

Il tercero habla del derecho a un ingreso digno y una vivienda.  Días atrás fueron violentamente desalojados espacios ocupados hace años que tenían un rol social fundamental en la comunidad.

La primera acción en común será el próximo 28 marzo en Roma en coincidencia con la marcha de los movimientos sociales de Londres contra la derecha, cuyo lema Together’. La fecha fue decidida en la Asamblea Nacional de Bologna del 24 y 25 de enero, denominada “Rey o Libertad”. El 1 de marzo habrá un encuentro similar para combinar los detalles de la convocatoria. Se está llamando a participar a artistas y personalidades de la cultura para un concierto de cierre de la movida.  

Dos días de debate en la Asamblea en el TOP de Boloña

Frente a un panorama que nos conduce a un fin inexorable, el mundo se pregunta qué hacer.

Imposible que no venga a la memoria aquel escrito de Lenín de 1901 titulado, justamente:

¿Qué hacer? Preguntas candentes de nuestro movimiento. Por entonces, la respuesta fue: Los marxistas deben formar un partido político de vanguardia  para poder difundir los ideales políticos del marxismo. Para Lenín, la base de la estrategia revolucionaria marxista no puede ser otra que el estudio teórico.

El tema es qué hacer cuando todas las teorías- sobre todo las que imaginaban una vanguardia iluminada que nos llevó a más de una catástrofe- terminaron en el tacho de la basura.

 Recurramos a un teórico contemporáneo, nuestro italianísimo Bifo Berardi, uno de los representante del laboratorio filosófico en el que se convirtió Italia en los últimos años:

Dice Berardi: En 1957 el psicólogo Leo Festinger habló de disonancia cognitiva para definir la dolorosa y frustrante contradicción entre la realidad y las categorías de que disponemos para interpretarla y guiar nuestra acción. La disonancia cognitiva es el modo de definir la condición de quienes hoy siguen creyendo que todavía existen las normas éticas y jurídicas, que definían la democracia y el derecho internacional. Es cierto que todavía están escritas en algún papel, pero se trata solo de ilusiones que nos impiden tomar conciencia de lo que nos está sucediendo. En Estados Unidos, el racismo sistémico se ha convertido en una guerra de agresión contra la sociedad. Los Black Panthers vuelven a tomar las armas y mientras tanto se perfila una situación en la que las autoridades locales se oponen mediante la fuerza al uso de la fuerza por parte de las brigadas de la ICE. En Minnesota, el procesamiento del gobernador Tim Walz marca el inicio de un enfrentamiento entre poderes, que técnicamente puede definirse como guerra civil. Una cosa que debemos recordar es que el fascismo no se agota sin guerra: el fascismo de hecho provoca crisis, colapsos, precipicios de violencia y miseria, pero todos estos procesos lo alimentan. Solo la guerra y la destrucción pueden agotar sus energías, como ocurrió en el siglo pasado…

La ofensiva que el gobierno estadounidense ha lanzado contra Groenlandia tiene un carácter definitivo. La OTAN es un perro muerto, pero es un perro superarmado. Europa será probablemente (como lo fue en el pasado) el campo decisivo de la contienda. Pero si entonces las potencias europeas en conflicto eran los principales actores, hoy la Unión se verá arrastrada a una guerra que no ha previsto, que no ha elegido y que no puede ganar. La guerra que se prepara en Europa difícilmente será una guerra convencional.

Toda persona dotada de pensamiento y sentimiento se pregunta hoy: ¿qué podemos hacer para salir de este infierno? Muchos responderían: no nos queda más remedio que retomar el camino de la revolución. Pero luego se preguntarán: ¿cómo podemos hacer lo que tenemos que hacer? La respuesta no puede ser la que habríamos dado hace cincuenta o cien años. En el siglo pasado, la revolución fue en algunos casos el antídoto eficaz contra la guerra. En otros casos (más frecuentes) fue la consecuencia de la guerra. Pero, ¿existe todavía la posibilidad de pensar y hacer la revolución?

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Ambiente

Acuerdo Mercosur-UE: la hipocresía ambiental europea, por Laura Giussani Constenla

El recién firmado acuerdo entre los países del Mercosur y la Unión Europea echa luz sobre la desigualdad en políticas ambientales. Mientras en Europa los productores rurales ocupan las calles con sus tractores en protesta contra el ingreso de productos agroalimentarios sin impuestos desde Latinoamérica en Argentina se festeja por un mercado que se amplía para la explotación de materia prima. Razones no les faltan a los franceses, españoles, belgas, alemanes y demás trabajadores de la tierra de occidente para estar preocupados. El descontrol de uso de agroquímicos, más allá de la incorporación de nuevas disposiciones, los pone en una situación desventajosa ¿Por qué la Unión Europea lo firmó? Porque, a cambio, ellos exportaran, sin tener que pagar altas tasas, toda la infraestructura agroindustrial, tractores, automóviles, etc. ¿Por qué lo firmó el Mercosur? Porque apoya un modelo extractivista de intercambio de materias primas por productos manufacturados.

En esta columna, reflexionamos sobre el tema ambiental. Mientras en Europa son extremadamente cuidadosos en separar la basura en distintos tachos para su reciclaje, nada hacen para disminuir el consumo de cosas innecesaria que repletan los prolijos tachos de plásticos y metales.

Es verdad que Italia pone límites más adecuados al uso de pesticidas pero no prohibe que sus ciudadanos lo hagan en otros países. No sólo exportan maquinaria, también exportan ‘inversores’ que serán los que más ganen con la producción agrícola violando alegremente las leyes de sus países de origen que le compraran toneladas de madera y granos si pagar impuestos. Un negocio redondo para todos, menos para los trabajadores de ambos lados del océano.

Un ejemplo es el italiano Benetton, quien debe ir a Argentina para hacer lo que en su país está prohibido. La deforestación de la flora autóctona en Chubut para reemplazarla por pinos agroindustriales es una de las mayores tragedias de la Patagonia que en este momento está ardiendo. Lo mismo ocurre con la minería o las llamadas ‘tierras ricas’. La devastación está permitida en Europa pero fuera de sus fronteras.

En torno a estos temas gira el Planeta Giussani de este 19 de enero de 2026.

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LCV

La democracia ha muerto. Viva la Democracia, por Laura Giussani Constenla

“Muy buenas tardes, mis queridos planetarios. Qué manera de empezar un año nuevo, ¿no? Es como si todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para dejarnos bien en claro de qué se trataba el 2026.

Acá, particularmente, está lloviendo desde hace una semana más o menos: una lluvia fuerte, intensa, que parece casi el diluvio universal. Así que esta sensación de fin del mundo, de Apocalipsis, es todavía mayor.

Hubo tantas noticias que la primera que voy a mencionar es una que no quedó en el olvido, pero fue la primera que recibimos en Italia el 1° de enero del 2026: un hecho tipo Cromañón. Muy parecido. Uno veía las imágenes y realmente no lo podía creer de lo parecido que era. Una pista de esquí transformada en boliche, en una de las tradicionales estaciones de esquí de Suiza. El boliche se incendiaba por una bengala que prendía fuego todo el techo y morían más de cuarenta chicos de alrededor de 16 años. Entre ellos había once o quince italianos y más de cien heridos, algunos de gravedad.

Eso fue lo primero que apareció en el horizonte. Pero después, ese mismo 1° de enero, iban apareciendo otras noticias. Por ejemplo, lo de la tregua, la paz y las negociaciones entre Rusia y Ucrania, que por lo visto no funcionaban, porque ni siquiera pararon ese día: los rusos bombardearon la ciudad de Jersón y mataron a 27 personas.

Ese mismo jueves, Netanyahu anunció que retiraba a 37 ONGs de Gaza, entre ellas algunas muy respetadas y reconocidas como Médicos Sin Fronteras y Cáritas, que quedaban fuera tanto de Gaza como de Cisjordania, de los territorios ocupados. Todo esto ocurrió el 1° de enero.

Hasta que llegó el 3 de enero, cuando nos despertamos ese sábado con las imágenes de los bombardeos en Caracas. Por supuesto, imagino que todos creímos al principio que era fake, que eso no podía estar pasando, y sin embargo estaba pasando. Dicen que Trump quería hacerlo el 1° de enero, pero tuvo algunos problemas, quizá con el clima, y se postergó hasta el 3.

Hoy pasé todo el día escuchando radio y viendo televisión, porque con este diluvio universal no puedo salir, y noto una sensación muy particular, sobre todo en los oyentes de radio. Ya no es exactamente la misma indignación que provocó el genocidio en Gaza, que generó marchas multitudinarias, denuncias y protestas. Lo de Venezuela provocó miedo en Europa.

Ver que Trump se permitía no solo bombardear un país, sino también secuestrar a su presidente de la manera en que lo hizo, produjo una sensación de que ya está todo perdido, de que no hay más derecho internacional y de que pueden hacer cualquier cosa.

Creo que siempre hay que tratar de ver no solo la violación del derecho internacional —tan evidente que casi no hace falta mencionarla— sino cuál es la ideología que está detrás de esta invasión a Venezuela, dejando de lado si a uno le gusta o no Maduro, algo que en este momento no tiene la menor importancia.

En La Columna Vertebral publicamos el sábado un informe, terminado a las apuradas, sobre el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Brian Hegseth, un tipo joven, de buena presencia, de 45 años, ex veterano de guerra de Afganistán e Irak, que también operó en Guantánamo y luego se dedicó a la televisión. Parece que hoy nadie puede hacer política sin haber pasado antes por la TV. Escribió cinco libros, en los que explica claramente su ideología.

Uno de esos libros se llama La cruzada americana. Para él, estamos viviendo una cruzada. Allí escribe: ‘La pregunta clave de nuestra generación, tras las guerras de Irak y Afganistán, es mucho más complicada: ¿qué haces si tu enemigo no respeta las Convenciones de Ginebra? Nunca obtuvimos una respuesta, solo más guerras, más bajas y ninguna victoria. ¿No sería eso un incentivo para que la otra parte reconsiderara su barbarie? Al Qaeda, si se rinden, podríamos perdonarles la vida; si no, les arrancaremos los brazos y se los daremos de comer a los cerdos. ¿No nos conviene más ganar nuestras guerras según nuestras propias reglas?’. Y también dice: ‘¿A quién le importa lo que piensen otros países?’. Esto lo escribió en 2020, así que no podemos decir que no sabíamos.

Lo grave no es solo que se violen las leyes internacionales. Uno podría decir que las leyes están perimidas, que pasaron muchos años y que quizás haya que cambiarlas. Pero acá no se trata solo de eso. Esto se parece mucho más a la invasión de Hitler a Polonia. La ideología que está detrás de esta invasión es de terror.

Creo que esto lo ha entendido al menos el pueblo italiano, no así sus representantes. Giorgia Meloni dijo que estaba en contra de la violación del derecho internacional, pero puso un ‘pero’: sostuvo que cualquier intervención podría ser legítima si se tratara de una intervención defensiva contra ataques híbridos. ¿Qué serán los ataques híbridos? No lo sé.

El resto de los presidentes europeos también fue ambiguo. Macron ni siquiera mencionó la invasión de Trump; se limitó a celebrar que los venezolanos se hubieran deshecho del ‘dictador Maduro’. En Alemania, Merz dijo que la situación es muy compleja y requiere una cuidadosa consideración. La representante de la Unión Europea, Kaja Kallas, pidió calma y moderación de todas las partes.

El único que tuvo una postura más clara fue Pedro Sánchez, en España, quien dijo: ‘Así como no reconocimos a Maduro, no reconoceremos la violación del derecho internacional por parte de Trump’. Orbán, en Hungría, como siempre, no tuvo pelos en la lengua y dijo que la operación de Trump había sido brillante.

Así empezamos el 2026. Hoy escuché el miedo en oyentes, periodistas y comentaristas no oficialistas. Los oficialistas, en Italia, están más bien apoyando la intervención. El miedo se instaló porque este mismo secretario de Defensa estuvo en la conferencia de prensa posterior al ataque y dijo que lo que quería que se reconociera en el mundo era que el presidente Trump habla en serio, que lo que dice lo hace.

Y hay que recordar que Trump también dijo que necesita Groenlandia, que es un territorio europeo dependiente de Dinamarca. La idea de que esto abra la puerta a una invasión a Groenlandia, es decir, a Europa, y luego quién sabe a dónde más —Colombia, México— es aterradora.

Por otro lado, leo en redes sociales un negacionismo extraño. Se repite mucho la frase de que Trump ‘se tiró un tiro en el pie’, como si todo esto le fuera a salir mal. No sé quién va a salir a frenarlo. Europa no lo hará. El pueblo venezolano está aterrorizado, incluso más que el europeo.

Creo que hay que tomarse las cosas más en serio. Veo mucho chusmerío, mucho análisis superficial. Hay que prestar atención al miedo, porque el miedo tiene fundamentos y no podemos refugiarnos en explicaciones banales.

Vivimos un tiempo muy difícil. Cuando el mundo parece quedarse sin reglas, sin leyes, cuando la democracia demuestra que no da de comer ni cura, cuando todo parece caerse, es cuando tenemos que poner la fuerza en levantarlo. Yo, que no soy una amante de la democracia tal como está hoy, siento que es momento de decir: la democracia ha muerto, viva la democracia.

No podemos mirar para otro lado. Veremos qué pasa. Lo veo todo muy difícil con los representantes políticos actuales, sobre todo en Europa. En América Latina no veo fuerzas capaces de oponerse, y tampoco queremos la intervención de Rusia o China, porque eso podría derivar en un conflicto nuclear.

Quizás la única esperanza sea el propio pueblo norteamericano, que está muy preocupado por un gobierno espantoso y por verse involucrado en tantas guerras. Ojalá por ese lado se consiga algo.

Europa tiene que revisar su posición. Pensé que América Latina siempre fue el patio trasero de Estados Unidos, pero Europa era el jardín. La casa, sin embargo, siempre fue de Estados Unidos. Ahora el jardín también está siendo pisoteado.

Como escribió este mismo secretario de Defensa en La cruzada americana, la OTAN es obsoleta, impotente y pagada por Estados Unidos. Esto lo decía en 2020. Discúlpenme si me extendí, pero son muchas cosas de las que hay que hablar.

El riesgo ya no es solo para el patio trasero. También es para el jardín de enfrente. La democracia ha muerto. Viva la democracia.”

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