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Pablo Touzón: “Milei parece encerrado en ese triángulo de hierro que él mismo armó”
Luego del acto de La Libertad Avanza en Parque Lezama para lanzar el partido a nivel nacional, en el que miles de personas llegaron encolumnados a festejar la novedad, conversamos con Pablo Touzon, periodista, politólogo, analista, fundador de la revista digital Panamá y colaborador permanente de La Columna Vertebral. Autor, junto a Martín Rodríguez, de dos libros que dieron que hablar: “La Grieta desnuda: el macrismo y su época”, y también del libro “¿Qué hacemos con Menem? Los 90 veinte años después”. Hoy responde: ¿en Parque Lezama nació Karina como figura política? Las internas de LLA, en qué anda Victoria Villarruel. Milei y la democracia. ¿Partido nuevo, punteros nuevos? Entre el público muchos futuros candidatos a intendencias del conurbano. Primera aparición pública como oradora de Karina Milei, la armadora del entramado nacional para lograr convertirse en un partido que puede ir solo a las próximas elecciones.

LCV: De ahora en más, ¿Karina Milei va a ser protagonista de las encuestas?
—Va a estar. En algunas encuestas está, pero la verdad que no está bien ella. Hay una parte que pasa en muchos políticos, pero no solamente en los menos experimentados como en este caso, pero que es no entender el rol en el cual uno se ubicó. Yo creo que, en el caso de ella, cuando uno trabaja de monje negro, o trabaja como si fuese el decodificador del hermano frente al mundo, y tiene ese rol como si fuese más opaco o más íntimo, es difícil que pueda cumplir los dos ¿No? A veces pasa, pero me refiero al rol público. Creo que la política hoy está tan rota que da la ilusión de que los roles son todos intercambiables. Entonces un consultor piensa que puede ser un jefe de la SIDE, la secretaria general de la presidencia siempre es un puesto opaco para afuera. Va por otro lado. Entonces la idea autodidacta que presupone el hecho de haber ganado las elecciones sin partido y sin nada, uno de repente piensa bueno, entonces se puede hacer cualquier cosa.
LCV: Lo que está empezando a correr por distintos lugares es que la fórmula podría ser un Milei-Milei, sin saber muy bien todavía cuál sería el primero ¿Esto es porque la devaluación es tan impresionante que podemos considerar que ella es una política o porque el rol político la lleva a que la tengamos que definir así?
—El apuro es constitutivo, la ansiedad es constitutiva de este proceso, de esta época. Entonces, es como si fuese que se están desayunando la cena. Por un lado, eso. Por el otro, también es verdad que Milei-Milei, como Perón-Perón, en el fondo, cada vez que uno apuesta a una especie de multiplicación de su mismo apellido, en general tiende a ser un síntoma más de debilidad que de fuerza. O sea. lo que desnuda es algo más raquítico, como que yo tengo que replegar sobre mi propia familia es porque para afuera no puedo conducir lo demás. Lo mismo que le pasa a Cristina con Máximo Kirchner.
LCV: O no quieren porque es abrir un juego que no quieren abrir también, ¿No?
—Sí, pero uno conduce al reto. La idea de que conducir a gente que no sea de tu mismo clan es una debilidad, es una idea que no nace con Milei. De hecho, lo vemos con la interna de Kicillof y Máximo Kirchner. Hay como una especie de idea de poder patrimonializado en un clan, como si fuese un personaje de las casas de Game of Thrones, cuando en verdad, la política implicaba conducir gente que no se apellida como uno. Es muy loco como se ha cristalizado un principio de consanguinidad en otras fuerzas políticas. Tanto que critican a los radicales, los radicales eran los que eran más así, los que eran hijo y nieto de radicales. En general en el peronismo, digamos, no tenía tanta relevancia de dónde venía la sangre azul.
LCV: Al contrario.
—En este caso, a mí me parece que lo que estuvo pasando en los últimos días con relación a Milei es como si estuviera encerrado en ese triángulo de hierro que él mismo se armó. O sea, es impenetrable y al mismo tiempo tampoco puede salir tanto de ahí. En general, cuando un gobierno está en expansión es cuando suma gente, no cuando la echa. Obviamente, como esta política es tan singular y tan nueva en un punto, por ahí no siguen las reglas más o menos de la política, pero en general tienen hacer eso con un movimiento expansivo. El momento de mayor apogeo, por más que después haya salido como salió, pero el momento mayor apogeo del kirchnerismo fue cuando puso a Cobos de vice, cuando sumaba hasta gobernadores radicales. Esta idea de un círculo cada vez más rico.
LCV: La época de Néstor, decís.
—Claro, la transversalidad o la concertación plural con los radicales cuando se expandía. De hecho, si me apuras, me parecía, por más que puede ser un error mediático, pero es mejor la foto con los radicales libertarios que sumó. Digo, para él implica por lo menos otra gente que no son las familias.
LCV: Ell sábado hizo todo lo contrario, como para dar un acto de fe a la gente de que no se había olvidado de dónde venía.
—Parece empezar por donde el kirchnerismo terminó, que es en la minoría intensa, ultrafanática. O sea, pareciera ser que lo que más le interesa es cuidar esa gente. Una cosa que lamentablemente es cierta, es que hoy la política se hace con fragmentos chicos. Uno diría, bueno, cuando uno gana por el 56%, uno quiere ampliar la base, pero él quiere fidelizar la base, no ampliarla. Quiere que haya como si fuese 10, 15% de libertarios a lo largo y a lo ancho del país, que sostengan acríticamente, no importa las circunstancias, el “modelo” de él.
LCV: ¿No hay ninguna posibilidad enfrente de que exista, que se arme algo como para hacerle hacerle un poco la parada a Milei? Por lo que decían algunos encuestadores en el día de hoy estaban haciendo un poquito de pie con Villaruel en el conurbano.
—Sí, pero el tema es que Villaruel está peleada con él. Villaruel es la política más popular del país hoy, en casi todos los distritos. O sea, mientras que ella se sostiene, Milei baja y en parte la interna es por eso. También por la idea de que de que hay una especie de competencia en donde él se lleva puesto el desgaste de la gestión y ella no. Hasta ahora viene siendo así.
LCV: ¿Qué es lo que ve la gente en ella?
—A ver, es complejo decir, porque tampoco es que toda la gente que le parece bien ella está de acuerdo con lo que piensa. No es así exactamente. Lo que sí igual expresa, para mí es mucho más que Milei, es como si fuese la némesis perfecta. Es como una especie de Cristina anticristina. O sea, tiene las características que para mí tenía un poco Patricia Bullrich, de una mujer fuerte, fría, convencida y más estable y más ordenada que Milei. Ahora, sí claramente hay una especie de fracaso de la batalla cultural del kirchnerismo en que la política más popular del país sea alguien que en los 80 es de Famus. O sea, hay algo en eso que hace una reversión completa que te vuelca el bote. Creo que había que pensar es qué pasó en los últimos 10 años para que sea tan opuesto, tan crudo.
LCV: Es como que nos hubieran reseteado y tenemos que empezar otra vez a subir la cuesta.
—Creo que hay un fin de ciclo del periodo 83, no solamente el periodo 2003, lo que no implica que no hay más democracia. Yo lo veía mucho cuando era la campaña electoral contra Milei, donde los avisos decían la democracia somos nosotros. Esa idea para mí fue tan usada en vano, fue tan sobrenarrada la democracia, pero sin que eso tenga un contralor en efectividad de conducentes a nivel material, tanto social como económica y al final ya parece como una estafa, no la democracia, pero sí mentar eso. Lo mismo pasó un poco, lamentablemente, con la política de derechos humanos.
LCV: Igual ellos están como mentando lo contrario. También como en un acto de fe. Todo lo que se hizo antes está mal, todo lo que yo hago está bien.
—No adhiero eso. Lo que quiero es explicar por qué, porque no fue por la plata. O sea, nadie invirtió en una especie de discurso alternativo. Es más, si vos me apurás, tampoco es una agenda de los sectores económicos en Argentina. Te diría que, tal vez, terminó siendo como la fe o el Corán sobre el cual juraba el kirchnerismo. Entonces es como si fuese solo ir contra lo más profundo simbólicamente.
LCV: Sos egresado de la universidad pública, sos un hombre que defiende la educación pública universitaria. Quiero usar este minuto para que vos también convoques a la marcha de este miércoles.
—Efectivamente. La universidad pública es algo que siempre hay que defender y sostener, no importa cualquier gobierno que esté. Más en un contexto de un tremendo ajuste como el que está habiendo. Me parece que si queda alguna esperanza para lo que pueda ser la movilidad social ascendente en Argentina, es la universidad. Hoy la justicia social es la educación mucho más que la economía.
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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular
En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.
LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”
Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”
LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”
Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”
LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”
Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”
LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”
Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”
LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”
Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”
LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”
Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”
LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”
Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”
LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”
Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”
LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”
Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”
LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”
Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”
LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”
Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”
LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”
Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”
LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”
Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”
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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”
En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.
LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?
Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.
LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.
Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.
LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?
Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.
LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.
LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.
Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.
LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.
Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.
LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.
Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.
LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.
Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.
LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.
Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.
LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?
Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.
LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.
Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.
LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.
Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.
LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?
Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.
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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”
En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.
LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”
Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”
LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”
Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”
LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”
Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”
LCV: “¿Cómo la ves venir?”
Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”
LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”
Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”
LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”
Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”
LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”
Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”
LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”
Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”
LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”
Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”
LCV: “¿Cuántos años tenés?”
Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”
Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”
LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”
Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”
LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”
Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”
LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”
Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”
LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”
Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

