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Pablo Touzón: “Milei parece encerrado en ese triángulo de hierro que él mismo armó”

Luego del acto de La Libertad Avanza en Parque Lezama para lanzar el partido a nivel nacional, en el que miles de personas llegaron encolumnados a festejar la novedad, conversamos con Pablo Touzon, periodista, politólogo, analista, fundador de la revista digital Panamá y colaborador permanente de La Columna Vertebral. Autor, junto a Martín Rodríguez, de dos libros que dieron que hablar: “La Grieta desnuda: el macrismo y su época”, y también del libro “¿Qué hacemos con Menem? Los 90 veinte años después”. Hoy responde: ¿en Parque Lezama nació Karina como figura política? Las internas de LLA, en qué anda Victoria Villarruel. Milei y la democracia. ¿Partido nuevo, punteros nuevos? Entre el público muchos futuros candidatos a intendencias del conurbano. Primera aparición pública como oradora de Karina Milei, la armadora del entramado nacional para lograr convertirse en un partido que puede ir solo a las próximas elecciones.

LCV: De ahora en más, ¿Karina Milei va a ser protagonista de las encuestas?

—Va a estar. En algunas encuestas está, pero la verdad que no está bien ella. Hay una parte que pasa en muchos políticos, pero no solamente en los menos experimentados como en este caso, pero que es no entender el rol en el cual uno se ubicó. Yo creo que, en el caso de ella, cuando uno trabaja de monje negro, o trabaja como si fuese el decodificador del hermano frente al mundo, y tiene ese rol como si fuese más opaco o más íntimo, es difícil que pueda cumplir los dos ¿No? A veces pasa, pero me refiero al rol público. Creo que la política hoy está tan rota que da la ilusión de que los roles son todos intercambiables. Entonces un consultor piensa que puede ser un jefe de la SIDE, la secretaria general de la presidencia siempre es un puesto opaco para afuera. Va por otro lado. Entonces la idea autodidacta que presupone el hecho de haber ganado las elecciones sin partido y sin nada, uno de repente piensa bueno, entonces se puede hacer cualquier cosa.

LCV: Lo que está empezando a correr por distintos lugares es que la fórmula podría ser un Milei-Milei, sin saber muy bien todavía cuál sería el primero ¿Esto es porque la devaluación es tan impresionante que podemos considerar que ella es una política o porque el rol político la lleva a que la tengamos que definir así?

—El apuro es constitutivo, la ansiedad es constitutiva de este proceso, de esta época. Entonces, es como si fuese que se están desayunando la cena. Por un lado, eso. Por el otro, también es verdad que Milei-Milei, como Perón-Perón, en el fondo, cada vez que uno apuesta a una especie de multiplicación de su mismo apellido, en general tiende a ser un síntoma más de debilidad que de fuerza. O sea. lo que desnuda es algo más raquítico, como que yo tengo que replegar sobre mi propia familia es porque para afuera no puedo conducir lo demás. Lo mismo que le pasa a Cristina con Máximo Kirchner.

LCV: O no quieren porque es abrir un juego que no quieren abrir también, ¿No?

—Sí, pero uno conduce al reto. La idea de que conducir a gente que no sea de tu mismo clan es una debilidad, es una idea que no nace con Milei. De hecho, lo vemos con la interna de Kicillof y Máximo Kirchner. Hay como una especie de idea de poder patrimonializado en un clan, como si fuese un personaje de las casas de Game of Thrones, cuando en verdad, la política implicaba conducir gente que no se apellida como uno. Es muy loco como se ha cristalizado un principio de consanguinidad en otras fuerzas políticas. Tanto que critican a los radicales, los radicales eran los que eran más así, los que eran hijo y nieto de radicales. En general en el peronismo, digamos, no tenía tanta relevancia de dónde venía la sangre azul.

LCV: Al contrario.

—En este caso, a mí me parece que lo que estuvo pasando en los últimos días con relación a Milei es como si estuviera encerrado en ese triángulo de hierro que él mismo se armó. O sea, es impenetrable y al mismo tiempo tampoco puede salir tanto de ahí. En general, cuando un gobierno está en expansión es cuando suma gente, no cuando la echa. Obviamente, como esta política es tan singular y tan nueva en un punto, por ahí no siguen las reglas más o menos de la política, pero en general tienen hacer eso con un movimiento expansivo. El momento de mayor apogeo, por más que después haya salido como salió, pero el momento mayor apogeo del kirchnerismo fue cuando puso a Cobos de vice, cuando sumaba hasta gobernadores radicales. Esta idea de un círculo cada vez más rico.

LCV: La época de Néstor, decís.

—Claro, la transversalidad o la concertación plural con los radicales cuando se expandía. De hecho, si me apuras, me parecía, por más que puede ser un error mediático, pero es mejor la foto con los radicales libertarios que sumó. Digo, para él implica por lo menos otra gente que no son las familias.

LCV: Ell sábado hizo todo lo contrario, como para dar un acto de fe a la gente de que no se había olvidado de dónde venía.

—Parece empezar por donde el kirchnerismo terminó, que es en la minoría intensa, ultrafanática. O sea, pareciera ser que lo que más le interesa es cuidar esa gente. Una cosa que lamentablemente es cierta, es que hoy la política se hace con fragmentos chicos. Uno diría, bueno, cuando uno gana por el 56%, uno quiere ampliar la base, pero él quiere fidelizar la base, no ampliarla. Quiere que haya como si fuese 10, 15% de libertarios a lo largo y a lo ancho del país, que sostengan acríticamente, no importa las circunstancias, el “modelo” de él.

LCV: ¿No hay ninguna posibilidad enfrente de que exista, que se arme algo como para hacerle hacerle un poco la parada a Milei? Por lo que decían algunos encuestadores en el día de hoy estaban haciendo un poquito de pie con Villaruel en el conurbano.

—Sí, pero el tema es que Villaruel está peleada con él. Villaruel es la política más popular del país hoy, en casi todos los distritos. O sea, mientras que ella se sostiene, Milei baja y en parte la interna es por eso. También por la idea de que de que hay una especie de competencia en donde él se lleva puesto el desgaste de la gestión y ella no. Hasta ahora viene siendo así.

LCV: ¿Qué es lo que ve la gente en ella?

—A ver, es complejo decir, porque tampoco es que toda la gente que le parece bien ella está de acuerdo con lo que piensa. No es así exactamente. Lo que sí igual expresa, para mí es mucho más que Milei, es como si fuese la némesis perfecta. Es como una especie de Cristina anticristina. O sea, tiene las características que para mí tenía un poco Patricia Bullrich, de una mujer fuerte, fría, convencida y más estable y más ordenada que Milei. Ahora, sí claramente hay una especie de fracaso de la batalla cultural del kirchnerismo en que la política más popular del país sea alguien que en los 80 es de Famus. O sea, hay algo en eso que hace una reversión completa que te vuelca el bote. Creo que había que pensar es qué pasó en los últimos 10 años para que sea tan opuesto, tan crudo.

LCV: Es como que nos hubieran reseteado y tenemos que empezar otra vez a subir la cuesta.

—Creo que hay un fin de ciclo del periodo 83, no solamente el periodo 2003, lo que no implica que no hay más democracia. Yo lo veía mucho cuando era la campaña electoral contra Milei, donde los avisos decían la democracia somos nosotros. Esa idea para mí fue tan usada en vano, fue tan sobrenarrada la democracia, pero sin que eso tenga un contralor en efectividad de conducentes a nivel material, tanto social como económica y al final ya parece como una estafa, no la democracia, pero sí mentar eso. Lo mismo pasó un poco, lamentablemente, con la política de derechos humanos.

LCV: Igual ellos están como mentando lo contrario. También como en un acto de fe. Todo lo que se hizo antes está mal, todo lo que yo hago está bien.

—No adhiero eso. Lo que quiero es explicar por qué, porque no fue por la plata. O sea, nadie invirtió en una especie de discurso alternativo. Es más, si vos me apurás, tampoco es una agenda de los sectores económicos en Argentina. Te diría que, tal vez, terminó siendo como la fe o el Corán sobre el cual juraba el kirchnerismo. Entonces es como si fuese solo ir contra lo más profundo simbólicamente.

LCV: Sos egresado de la universidad pública, sos un hombre que defiende la educación pública universitaria. Quiero usar este minuto para que vos también convoques a la marcha de este miércoles.

—Efectivamente. La universidad pública es algo que siempre hay que defender y sostener, no importa cualquier gobierno que esté. Más en un contexto de un tremendo ajuste como el que está habiendo. Me parece que si queda alguna esperanza para lo que pueda ser la movilidad social ascendente en Argentina, es la universidad. Hoy la justicia social es la educación mucho más que la economía.

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

entrevista emitida en la columna vertebral del 23 de marzo de 2026

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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