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El milagro de Milei, por Paulo Giacobbe

El 21 de octubre, se realizaron por primera vez los Martín Fierro de cine. El premio a la trayectoria fue para Norman Briski por ser “maestro de maestros” y “guía de innumerables actores”. Al recibir la estatuilla, dijo: “La ficción es una radiografía de la realidad; nos están afanando la ficción, está en la Rosada la ficción”. La frase de Norman se expande en varios sentidos y tiene la potencia de describir el espanto que nos atraviesa a diario cuando algunas noticias o declaraciones nos parecen increíbles, sacadas de una película. Una de ciencia ficción, la mayoría de las veces. Nos quedamos sin ficción, por el desfinanciamiento, pero también porque esta realidad tiene un guión irreal. Tanto es así, que apenas dos días después, el presidente de la nación, Javier Milei, interrumpió su discurso inaugural en un foro económico mundial para hablar con un perro vivo.

El 14 de agosto de este año, el vocero presidencial, Manuel Adorni, escribió en X que había “un nuevo integrante del equipo en Casa Rosada”. Minutos después, re jodón, aclaró que se trataba de un perro de raza cachorro, mascota oficial de Karina, la hermana del presidente y actual Secretaria General de la Presidencia. Thor, Karina y Manuel se fotografiaron dentro de la casa de gobierno, con la lengua afuera el primero y sonrientes los segundos. El cachorrito es un Boyero de Berna y se consigue por no menos de 1.300.000 pesos.

“Tenés razón, Thor”, le reconoció el presidente al perro en el foro económico después de haber intercambiado un breve diálogo, que el mandatario tradujo: “digo, está diciendo, que no ofendan a los perros diciendo que eran unos perros, digamos, los anteriores”. Algunos asistentes rieron luego de unos segundos de silencio. Probablemente fue una humorada pero, con los antecedentes que rondan al sujeto, es temerario asegurarlo.

“Con respecto a la cantidad de perros que pueda tener el presidente Milei, no entiendo en qué te cambia que sean cuatro perros, cinco perros o cuarenta y tres conejos”, respondió Adorni, visiblemente molesto, en una conferencia de prensa en Casa Rosada durante el mes de abril, “Si el presidente dice que hay cinco perros, hay cinco perros”, finalizó. Sucede que el mes anterior el presidente brindó una entrevista a Andrés Oppenheimer de CNN Español, donde detalló la personalidad de sus perros y la cantidad. El periodista creía que eran cuatro pero Milei lo corrigió: “Son cinco”. Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas son sus nombres, y los tiene tallados en el bastón presidencial que cada tanto saca a pasear. No así a los perros, que por agresivos los tiene encerrados en diferentes caniles de la Quinta de Olivos. “Con la pandemia, perdieron el hábito de manada” y se atacan, dijo el presidente en la misma entrevista, olvidando sus declaraciones de marzo de 2019, antes de la pandemia.

“Javier Milei sufrió un gravísimo ataque y mandamos a nuestro compañero al (Sanatorio) Otamendi”, anunció Daniel Rinaldi en Implacables. No se trataba de un hecho de inseguridad del conurbano, sino que había sido atacado por sus perros y terminó con varios puntos en el brazo izquierdo, que tuvieron que enyesarle. Los perros se “aglutinaron los cinco” en el living del departamento y, como se disputan quien es el “preferido, digamos, bueno, se generó ese intercambio que, bueno, digamos, o sea, por estar en el medio, quedó mi brazo en el medio, nada más, o sea”. Los perros se estaban peleando a mordidas, según sus propias palabras, no las de los canes, sino de Javier: “no tienen manos para pelearse, se pelean con la boca y si te agarran…”. En ese momento explicó que se atacaron por celos, no por pandemia.

En agosto de 2018, presentó públicamente a cuatro de los cinco perros, en el programa Infama Recargada. Dijo que esos cuatro cachorros eran sus nietos por ser hijos de Conan, que no lo llevó porque este último solo socializaba con Karina, Diego Giacomini (que ya no socializa con Milei) y él. Esto es lo más cerca que vamos a estar de ver a los cinco perros juntos. En la página PerPETuate, con orgullo, cuentan que el Presidente de Argentina Javier Milei dedicó su victoria a Conan “y a cinco clones producidos a partir de células preservadas por PerPETuate”.

—¿Y es verdad que le hablás a uno que está muerto? —le pregunto así, sin anestesia, Mirtha Legrand a Javier en 2023.

—Y… y… a ver… ¿sabe qué, Mirtha? Que digan lo que quieran —balbuceó quien a los pocos meses sería electo Presidente de la República Argentina.

Como se ve, la pulseada entre ficción y realidad ya se empezaba a perder. Pues donde vivo nadie clona a su perro muerto. Se lo entierra. Se busca el fondo de una casa vecina, un lugar en el club, un pedazo de pasto en la vereda, una quinta de un conocido; o lo creman, o lo que sea. Pero no conozco a ningún vecino que haya clonado a su mascota. Mucho menos que mantuvieran conversaciones sobre asuntos importantes con su perro muerto. O que crea que un perro pueda reencarnar en su clon. Ningún vecino mío tampoco me dijo jamás que conoció a su mascota en el circo romano, cuando uno era león y el otro gladiador, para muchos años después volver a encontrarse en la Provincia de Córdoba.

Existe una confusión al momento de contar los perros, producto del guión que protagonizamos y porque original y clon se llaman igual. Sumado a que en el episodio de 2019 pudo haber muerto uno de los clones en dientes de otro de los clones. Pero no son cuatro, porque el presidente dice que todas las mañanas juega con los cinco perros alrededor de una hora, lo que daría 12 minutos para cada can o 0,083333 minutos, depende que número se ponga primero al dividir, aunque esa cuenta es otra historia.

“La gente votó a alguien con una psicología especial, con un mandato destructivo y de confrontación y no está haciendo algo distinto a lo que propuso”, fueron las palabras que destrabó de su boca Mauricio Macri en la Bolsa de Comercio de Córdoba para festejar la gestión del gobierno de Javier Milei. Ese mismo día, Norman Brinski nos avisaría que la ficción participa de las reuniones de gabinete en la Rosada.

Pero Macri dijo algo más, que podría poner en peligro su alianza con el líder autoproclamado libertario: “Es casi milagroso lo que logró Javier. Él, acompañado solo por su hermana y sus cuatro perros, alcanzó la presidencia”. Son cinco los perros; dice el presidente que son cinco. ¿O acaso Macri escuchó otra cosa y sabe que son cuatro?

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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