fbpx
Connect with us

Destacada

Daniel Yofra: “Ni la CGT, ni las Centrales, están funcionando como deberían”

Días atrás, se realizó un Congreso Nacional de Delegados y Delegadas junto a la Comisión Directiva de Aceiteros y Desmotadores, liderada por Daniel Yofra, con un objetivo claro: “escuchar a los dirigentes para que nos ayuden a pensar cómo hacemos para afrontar esta situación“, tal como señaló a LCV el Secretario General de la Federación de Aceiteros y Desmotadores. Fueron dos días de debate, el 5 y 6 de noviembre, del 73° Congreso Ordinario y Extraordinario, en el que participó también el Secretario General del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de San Lorenzo (SOEA San Lorenzo), Daniel Succi, con la presencia de 160 delegados de ambas organizaciones. Además de ellos, formaron parte de la mesa Marco Pozzi (secretario de Salud Laboral de la FTCIODyARA) y Carlos Zamboni (abogado laboralista y asesor de aceiteros). “No podemos conformarnos con resistir, necesitamos conformar un programa propio de las y los trabajadores, buscar una reforma laboral que se acomode a las necesidades de quienes trabajamos”, fue una de las consignas con las que convocaron a este Congreso que se realizón en el Club Español (Bernardo de Irigoyen 172, CABA).

Desde nuestros inicios, La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, sigue con atención el desarrollo de la actividad gremial de los aceiteros por varias razones. No sólo porque son un gremio potente con gran influencia en la vida económica del país, que logra paritarias extraordinarias, sino porque resulta un laboratorio gremial cuya originalidad es digna de destacar. Un Congreso abierto para conocer de primera mano cuál es la realidad del sector -cuando generalmente son los dirigentes que convocan a sus delegados para bajar línea- fue el estímulo que nos llevó a conversar con Daniel Yofra esta semana, quien no dudó en decir: ” Los que tienen problemas tienen que salir a gritar y a exponer su situación. No todos pueden hacer huelga, no todos pueden manifestarse, pero sí todos pueden plantear cuál es la situación .”

Mientras el gobierno avanza con una verborragia que creíamos olvidada, apelando a términos como ‘terrorismo sindical’ y militarizando los conflicos gremiales, los aceiteros debaten, invitan a gritar. ‘Hagan lío”, decía el Papa Francisco. La cuestión es cómo y con qué dirigentes. “Tarde o temprano la unidad de los trabajadores va a llegar. Siempre ocurrió. Ojalá que no sea detrás de ningún proyecto político o partidario sino detrás de un movimiento obrero empoderado, eso es lo que se necesita“, pronostica y advierte Yofra.

Vale la pena leer la entrevista completa de un dirigente ‘como los de antes’, hijo de un obrero de Villa Constitución preso durante la dictadura, que lleva el mandato de clase en la piel. Enrolado en el Frente Sindical para un Modelo Nacional que lidera Pablo Moyano, mantiene una postura acorde a sus convicciones, con la participación democrática de sus afiliados. Al menos, así parece. El tiempo dirá.

LCV: Hace muy poquito ha habido un encuentro de la Federación de Aceiteros y Desmotadores. Supongo que deben haber charlado muchas más cosas además de las paritarias. ¿Cómo vieron el panorama político gremial de nuestro país?

—Fue un Congreso Nacional de delegados y delegadas y comisión directiva de Aceiteros y Desmotadores, en donde invitamos a dirigentes para que nos ayuden a pensar para ver cómo hacemos para afrontar esta situación. Más allá de la situación particular que atravesamos hoy los trabajadores y trabajadoras de Aceiteros y Desmotadores, donde tenemos un salario acorde a las necesidades que establece la ley de contrato de trabajo y el 14 de la Constitución. Hay otros compañeros, hay otros dirigentes, hay otras ramas que están padeciendo estas políticas que hoy está atravesando el país. Entonces, invitamos a esos compañeros para que se manifiesten y también para que le digan a los dirigentes qué verdaderamente está pasando. No que se guíen los dirigentes por los medios de comunicación que hay, que a veces desinforman.

LCV: Hay una mirada que se propaga por los medios, en donde directamente se califica de “terrorismo” a las protestas gremiales, terrorismo sindical, le llaman. Y hay otra mirada que banaliza esas palabras, como si no tuvieran la importancia que tienen. Después se deja de hablar de los conflictos si no están en la calle o no aparecen.¿Qué te parece que hay que hacer para visibilizar la conflictividad del mundo del trabajo en este momento?

—Yo creo que los que tienen problemas tienen que salir a gritar y a exponer su situación. Hay 300 mil despidos en lo que va del año. Los salarios han caído a partir de diciembre de 2023. La situación de precariedad que hay hoy con la Ley Bases se profundizó en la clase trabajadora. Me parece que hay que salir a plantear estas situaciones con la herramienta que cada organización tiene. No todos pueden hacer huelga, no todos pueden manifestarse, pero sí todos pueden plantear cuál es la situación. Me parece que más allá de lo desafortunado que son determinadas declaraciones, uno no puede dejar de salir a plantear lo que le está sucediendo ni a salir a enfrentar esta situación. No nos pueden venir a correr con un título, como vos planteaste anteriormente, de que somos terroristas.

LCV: ¿Qué sentís cuando escuchás en una misma frase de un vocero presidencial “terrorismo sindical,” “acciones subversivas,” “rehenes”, “vamos a aniquilar esos conflictos para el bienestar de la gente”? Vos como dirigente, ¿qué percibis de peligrosidad en ese discurso usado así de esa manera?

—Primero, que el que se dirige hacia la sociedad no es un trabajador, es una persona que nunca trabajó bajo patrón, ni bajo empresario, ni nada. Segundo, no son los indicados como para generar confianza, ni para que la gente diga “Uh, pucha, tiene razón.” Es como la canción de Sandra Mihanovich que dice “Debajo del asfalto existe gente que no conoce el sol ni conoce los colores.” Bueno, estos son unos de ellos. Este grupo que sale ahora y que te ponen a discutir a personas que tienen una trayectoria, que han trabajado, que tienen aportes, con un pibe que estuvo detrás de una computadora toda la vida y que piensa que puede discutir un país porque nunca ha trabajado. Me parece que es un despropósito. Creo que los dirigentes sindicales no pueden estar pensando en lo que dice un vocero presidencial.

LCV:. Lo que me provoca es que están acostumbrando el oído de la gente a palabras que teníamos salidas de criterio. Porque en democracia una protesta no es terrorismo.

—Porque nosotros estamos callados, estamos callados a la hora de salir a decir lo que pensamos y lo que somos. Yo no puedo dejar de decir porque va a decir “Y claro, es sindicalista.” Y sí, soy sindicalista y represento los derechos de los trabajadores y trabajadoras. ¿Vos qué sos? Porque a vos te conocemos ahora pero yo tengo 37 años de aporte ¿Me entendés? No puede venir un tipo a decirme “son terroristas”. ¿Y vos qué sos? ¿Cuántos años de aporte tenés? A ver, pongamos los papeles sobre la mesa. Yo tengo recibo de sueldo de cuando empecé a trabajar en el año 85. ¿Vos cuándo arrancaste a trabajar?

Tampoco hay que asustarse porque si no ellos te agarran y te dicen “Vamos a reprimir las protestas.” Bueno, no repriman todas las protestas. “Vamos a cerrar o van a poner gendarmes en los lugares que estén de huelga” ¿Y qué van a hacer los gendarmes? ¿Van a trabajar? ¿Van a poner en marcha la planta? ¿Van a poner en funcionamiento el país? En la pandemia se demostró que los trabajadores son mucho más importantes que estos inútiles que lo único que saben hacer es bicicleta financiera y quieren venir a discutir un modelo de país que incorpore a toda la sociedad.

LCV: Patricia Bullrich apelando a la militarización posible de un conflicto, poniendo el reemplazo en gendarmes y prefecturas, también es una foto que va insensibilizado a a la gente de cosas que en nuestro país eran sensibles. No era fácil para uno pensar en que gendarme o lo que fuera venga y haga el trabajo de un de un transportista. Era una cosa que no te la imaginabas diciendo, ahora se le ocurrió y lo tiraron al aire y no salió la gente a decir que era una barbaridad. A eso me refiero con la insensibilidad

—Sí. Tampoco hay grandes micrófonos que nos ponen en la boca a los que hablamos. Incluso los que son oposición a este gobierno, siempre están en el chismerio, entran en la lógica muy básica de hablar mal de los demás y no de cómo sacamos este país adelante. Que ella haga estas cosas a mí no me asombra porque ya el presidente lo dijo en un momento, que tiraba bombas en los jardines. Si podía hacer eso que calculo yo que debe tener pruebas, seguramente puede hacer otras cosas. Pero bueno, si nosotros decimos ¿Vos qué sabes hacer? Vení a poner en marcha una planta, trabaja en un Call Center, todas las actividades que la manejan los obreros trabajadores y trabajadoras, que lo hagan.

LCV: ¿Apostas a la unificación en la lucha?

—Sí, tarde o temprano esto va a ocurrir. Siempre ocurrió. Ojalá que sea no detrás de ningún proyecto político o partidario sino de detrás de empoderar al movimiento obrero que lo necesita. Yo soy un dirigente de 30 años de militancia pero hay trabajadores que tienen 10 o 15 años que la están pasando muy mal y no tiene a nadie que lo represente. porque la representación genuina de todos los trabajadores que no tienen organizaciones es la CGT o las centrales, y no están funcionando como deberían. Por eso sale alguien como Adorni a decir cualquier estupidez y cree que dice algo importante, cuando hace 30 o 40 años atrás no había un Adorni en el poder, ni siquiera en una base había un Adorni. Pero bueno, es lo que está, es lo que ellos supieron engañar muy fácilmente y nosotros no supimos gritar para que esto no ocurra, para que un gobierno como el de Milei esté manejando los destinos de nuestro país.

Seguir leyendo
Comentá

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Destacada

Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

Continue Reading

Destacada

Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

entrevista emitida en la columna vertebral del 23 de marzo de 2026

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

Continue Reading

Archivo

Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

Continue Reading
Advertisement

Facebook

Copyright © 2017 Zox News Theme. Theme by MVP Themes, powered by WordPress.