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Alberto Miotti, presidente del Consejo de Administración de Coopelectric: Encuentro de las cooperativas nucleadas en FECOBA
En La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, conversamos con Alberto Miotti, presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa Eléctrica de Olavarría y tesorero de APEVA. Rol del cooperativismo en el desarrollo local, los desafíos energéticos actuales, la transición ecológica y la situación de las cooperativas en la Argentina contemporánea. Todo en el contexto del encuentro de cooperativas realizado en Azul, como parte del Año Internacional de las Cooperativas promovido por la ONU y respaldado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires.
LCV: ¿Qué tal estuvo ese encuentro en Azul?
Alberto Miotti: “Bueno, a ver… eh… agradezco el llamado en algo que parece ser que uno va a dar inicio a algo que es la presencia de los cooperativistas. Lo de Azul fue organizado excelentemente por el IPAC, en conjunto con FEDA. Y es la primera acción en territorio después del inicio del año internacional de las cooperativas que decretó las Naciones Unidas y que el gobernador Axel Kicillof adhirió. Su primer lanzamiento de este ciclo de actividades lo realizó en Tandil en abril, aproximadamente. Bueno, nos juntamos muchas cooperativas del centro de Buenos Aires, y algunas que no son del centro, y la gente del IPAC y del Ministerio, y de Cooperar, y de CECA, y APEVA, y otras federaciones más. Las cooperativas mismas hicimos acto de presencia. Hacía falta”.
LCV: Alberto, me parece importantísimo alguno de los temas del debate posterior: las comisiones de cambio climático y transición energética, brechas y democratización del acceso a los servicios públicos, desarrollo local y desafíos futuros del cooperativismo…
Alberto Miotti: “El primero es claro: tenemos un gobierno que cree que el cambio climático no existe, así que la transición energética para él debe ser magia, más o menos. Y la democratización del acceso a los servicios públicos… yo no sé a qué se refiere esto. Yo supongo que debe ser a un mayor tendido de redes de servicio. Pero automáticamente pienso en los montos que está pagando la gente y cómo han mandado las tarifas a cualquier lugar desde el gobierno, y pienso que parte de la democratización también está, además de tener servicio, en poder pagarlo.”
LCV: ¿Qué se discutió en esta mesa concretamente?
Alberto Miotti: “En realidad, en las tres mesas se fue dando una serie de vueltas. El tema termina siendo el acceso a los servicios públicos y la defensa del distribuidor cooperativo por sobre la empresa privada. No la descalifico. Eh, tiene su mercado, tiene sus sectores. Pero las cooperativas tienen 90, 95, 100 años, y son preexistentes a la privatización de CECBA, y por ende, eh, pretendemos que se nos respete en la prestación del servicio.”
LCV: Claro, porque la cercanía de la prestación del servicio con la sociedad, a través de los mismos dirigentes que son parte de la sociedad, eh, mejora seguramente la relación, eh, la participación, la opinión del usuario, que es a su vez el dueño de la empresa distribuidora: la cooperativa.
Alberto Miotti: “Claro.”
LCV: Vos sabés que yo… este… te puedo tutear, ¿no?
Alberto Miotti: “Sí, por supuesto.”
LCV: Eh, vos sabés que yo estoy pensando… digo… nada… este… en esto y me acuerdo de… es memoria emotiva, vengo como con el llanto flojo, así que… pero me estoy acordando del rol importantísimo que en la provincia, en el AMBA, donde yo vivía cuando era chica, en la provincia de Buenos Aires, en el oeste, tenían las cooperativas. Por ejemplo, en el tema de promover el asfalto, o que llegara la electricidad, o un montón de estas historias, y cómo entre el trabajador de la cooperativa, el dueño de la cooperativa y los vecinos… había un puente muy cara a cara, mano a mano. Era casi entre vecinos, ¿no?
Alberto Miotti: “En realidad, la diferencia radica en que cuando hay excedentes —o sea, para decirlo más que en criollo, cuando hay una especie de ganancia, lo que sería la ganancia en una empresa privada—, el excedente cooperativo se vuelca en reinversiones o proyectos que por sí el mercado no los aporta a la comunidad.”
LCV: Claro, lugares desfavorables.
Alberto Miotti: “Yo soy, por ejemplo, presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa Eléctrica de Olavarría. Pero a su vez, soy tesorero de APEVA, que es una federación similar a FEDECOBA, cooperativas de otra magnitud. Y fuimos socios fundadores de FEDECOBA, así que mis capacitaciones dirigenciales son en FEDECO. Hay muchos pueblos del interior donde el mercado no iría, claro, o no fue. Y si no hubiera sido por la cooperativa, además de energía eléctrica no habría salas velatorias, no habría servicio de gas, gran parte de internet… Bueno, eso hizo que la sociedad fuera parte de la demanda de nuevos proyectos a la cooperativa.*
LCV: Claro, porque son los lugares donde el Estado tiene que estar presente. Aquel lugar donde la empresa, por motivos que todos ya sabemos de mirada y de punto de vista, no encuentra la rentabilidad necesaria para invertir. Nosotros estamos saliendo desde Capital y a veces en Capital no se tiene tanta noción de la cantidad de cooperativas eléctricas que hay en nuestro país. ¿Cuánto pueden aportar las cooperativas para que estos colapsos nacionales no se sucedan? ¿O qué hay que modernizar?
Alberto Miotti: “No, para ser claro, los colapsos se están dando por picos de demanda, pero esos picos son en relación a la capacidad de transporte y generación. En realidad, la gente merece gastar más electricidad. Hay una necesidad de un estilo de vida propio de la modernidad. Yo voy a… no tengo problemas, digo: yo voy a cumplir 65 años, me siento moderno, un pibe, comparado. Pero en mi casa no hubo televisor hasta el año ’78. Hasta el ’80 mi padre se jubiló y entonces compramos un televisor en casa. Había una heladera sin freezer, nunca hubo aire acondicionado, había ocho lamparitas incandescentes de 60. El consumo era muy bajo. El lavarropas era de paleta, andaba un rato. Hoy los hogares tienen otra matriz de consumo. Y no porque hagan los ritos: la modernidad y la necesidad de calidad de vida lleva a ese consumo. Entonces, yo creo que hay que apuntar a que en los próximos 10 o 20 años el consumo va a ser mayor si la gente que trabaja cobra lo que le permite vivir dignamente y puede aspirar a un consumo mayor. Por lo tanto, los generadores, los distribuidores, los que transmiten, los que transportan la energía… todos nos tenemos que preparar con grandes inversiones.”*
LCV: Claramente. Eso sí, la gente también tiene que ganar para poder pagarlo.
Alberto Miotti: “Claro.”
LCV: Estaba pensando en eso, en el esfuerzo inmenso que… perdoname, y no consideré los autos eléctricos.
Alberto Miotti: “Eso te iba a decir, lo de los autos eléctricos. También hay que tener una conciencia del consumidor de no gastar energía inútilmente, digamos, ¿no? Porque se puede vivir sin tanta electricidad.”
LCV: Eso es necesario.
Alberto Miotti: “Eso es necesario. Pero yo te cuento, por ejemplo, que en mi ciudad, el partido de Olavarría —pero mayoritariamente la cabecera—, el consumidor, el hogar residencial, gasta un 30% menos que en otras ciudades vecinas de una dura socioeconómica mayor.”
LCV: ¿Y por qué?
Alberto Miotti: “Bueno, porque es una ciudad de trabajo. Ya clase media de trabajo se ha ido adaptando a lo que las posibilidades le permiten, y obviamente, si hubiera mejores condiciones y otra situación económica, consumirían más. Ahora, eso no significa que no haya que ser responsable en el consumo. Te diría por un tema ecológico.”
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

