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La cultura de la crueldad o la infantilización de la política, por Laura Giussani Constenla
Todavía en estado de shock por el discurso de Milei en el encuentro de La libertad Avanza en La Plata. Ojalá que no nos acostumbremos, mantengamos un estado de perplejidad ante cada acto de deshumanización de la política. La semana pasada, dijo el presidente ante una multitud que lo vitoreaba: “¿La crueldad? Sí, soy cruel, ´kukas´ inmundos, sí soy cruel con ustedes, con los gastadores, con los empleados públicos, con los estatistas, con los que les rompen el culo (sic) a los argentinos de bien”.
Más allá de lo increíble que resulta un presidente confesando que odia a sus empleados (que no son Gasalla, son los que mantienen en pie al país con hospitales, escuelas, bibliotecas, organismos dedicados a mejorar la calidad de vida de sus hermanos), al tiempo que considera que hay “argentinos de bien” a quienes le rompieron el culo.
La ambigüedad de la frase provoca una reacción curiosa que quizás explique la popularidad de semejante personaje. Todos o casi todos los argentinos podrían sentirse identificados con “esos a los que le rompieron el culo”. Por motivos totalmente diferentes, a todos nos rompieron un poco el culo: por pobres o pequeños empresarios, por homosexuales o por mujeres, siempre por estatales -porque si a alguien le rompieron el culo en las últimas décadas fue a los profesionales del Estado, incluída la década ganada de Cristina, en la que no pudieron ganar su derecho a un sueldo digno y en blanco, por no meterme en temas más inquietantes-.

Hubo tanta sobreactuación del Bien, que finalmente El Mal está resultando seductor.
Además, ese temita de “los argentinos de bien” me recuerda a la consigna de la dictadura: Los Argentinos somos Derechos y Humanos. Medio país llevaba en su coche o repetía la consigna con orgullo: Somos Derechos y Humanos. Los militares se sentían guardianes del ‘bien’ y la ‘democracia’. Todos los golpes militares se hicieron en nombre de los ‘altos valores democráticos’. Su lucha por la supuesta democracia fue tan feroz que no dudó en matar, torturar, descuartizar, tirar gente viva al río, robar bebés, anular toda expresión popular a través del terror del Estado, y enriquecerse y robar, mientras se arrodillaban frente a poderosos y llevaban adelante un plan económico de endeudamiento y destrucción de los pilares de la industria nacional, entregando un país hambreado en solo siete años de gobierno.
Hubo algo más cruel que la dictadura militar del 76 al 83? Difícil de imaginar.
Sin embargo, Videla murió creyendo en la ingratitud del pueblo: los militares, creyeron que habían triunfado -y habían triunfado, al menos los otros/nosotros habíamos sufrido una derrota que nos quebró el alma- Ya sea por Malvinas o porque el imperio andaba rondando otras playas, los milicos le abrían las puertas a la democracia. Se creyeron impunes, héroes de la Patria: ‘Atrás, comunistas, atrás. Adios subversión trostskysta o peronista. Aquí le devolvemos la bandera argentina planchadita, planchadita, planchadita’.
Cómo hicieron Videla, Massera y Agosti, junto a sus conmilitones, para lograr semejante victoria? Transformaron en fieras feroces a sus tropas. Las cebaron con ideología nazi -se sabe, solo así se recupera la democracia, dirían en sus elegantes reuniones, sembradas de whisky o champaña, y muejeres de todo tipo, señoras elegantes o bataclanas, que admiraban el poder de los hacedores de la ‘paz’-.
(cualquier referencia a Trump que salta de guerra en guerra, tira misiles aquí o allá, para tener un mundo en paz, según sus dichos, es pura casualidad.)
Más allá de haber convertido en monstruos a sus tropas y a buena parte de la sociedad argentina, todavía se escudaban en algo humano: disfrazar su ferocidad en “lucha por un bien común”: La Patria, La Democracia, La Soberanía o Dios. Grandes palabras que sirvieron como cohartada de la masacre. Todavía, a décadas de distancia y juicios y condenas, mantienen un discurso monolítico, hasta los arrepentidos: “Lo hacíamos contra un mal mayor”.
Parecía imposible, pero quizás Milei sea aún peor que los dictadores. Es aún más cruel que cualquier animal, un león que destroza un venado no es cruel porque no tiene conciencia de su acto, se supone que un ser humano sí. Sabe lo que hace y dice, también sus consecuencias. En ese discurso que quedará en los anales del mal, agregó:

“Entonces, mientras las ratas inmundas y sus compañeritos de trabajo, mis excompañeritos de trabajo (los diputados) quieran reventarnos el resultado fiscal con políticas demagógicas, lo que no se dan cuenta es que podrán retrasar un poco el ritmo al que nos expandimos porque nos hace subir el riesgo país, pero la gente los va a castigar en las urnas. La gente entendió que ajustar al fisco es devolver el dinero a la gente, y la gente está mejor.”
He aquí la banalización del bien y del mal. Ya no es un mundo libre, justo, soberano, en un país feliz sin discriminación, en donde todos podamos comer y vivir y gozar y desear con total libertad como soñaban los revolucionarios de antes; y tampoco un país que se arrodille ante un Dios sin humanidad, la Patria o lo que fuera, como decían los militares y derechas de cualquier ralea.
En los setenta todavía no habíamos conocido la cara oculta del neoliberalismo. Hoy lo dicen a boca de jarro, nuestros valores no son la democracia, ni la revolución socialista, ni un país feliz, tampoco Dios, la Patria o el Hogar. Nuestra fe y nuestra vida misma la ponemos para lograr el valor supremo del “equilibrio fiscal”.

Entramos en tiempos de sinceridad al palo. He conocido utopías más tentadoras que el ‘equilibrio fiscal’.
Milei, en suma, piensa algo así como: “Sí, soy cruel, me encantaría matarte como a una cucaracha, lástima que no puedo porque vivimos en una democracia de mierda ¿A quién me gustaría matar como cucarachas? A todos los estatales, que no me rompan las pelotas esos maestros, docentes, cineastas, charlatanes que nada producen. Ni qué hablar de los kukas planeros. Nosotros trabajamos para los argentinos de bien que deben soportar a esos hincha pelotas que no nos dejan vivir. Dicen que son personas esos obreros que protestan, esos zurditos que pretenden distribución del ingreso, pero no, son cucarachas y yo soy un León. ¿dónde estudiaron economía, a vos te hablo Kichi, lo único que debemos venerar son los números, el riesgo país, el valor del dólar, y el equilibrio fiscal ¿qué economista sos? Si para eso deben morir 30 0 300.000 personas es un precio razonable para ser un país en serio, inserto en la comunidad internacional.”

Lamentablemente, vivimos en tiempos en los que la peor cara del mal avanza en todo el planeta. Tan es así que Henry A. Giroux, Teórico fundador de la pedagogía crítica y director del Centro para la Investigación del Interés Público de la Universidad McMaster (Hamilton, Ontario, Canadá), lleva años tratando de entender lo que él llama la “cultura de la crueldad“. Así explicaba la situación en una entrevista brindada a la BBC:
“La cultura de la crueldad es un principio central, una forma de hacer política que se nutre de odio y de intolerancia. Y no es casual ni es un rasgo de la personalidad. Lo que estamos viendo ahora es una fusión de crueldad y política de maneras nunca antes vistas y celebradas, una crueldad que emerge en el día a día.
No puedes tener una democracia, ni siquiera una débil, sin un público informado.
Y lo que la derecha ha aprendido es que, si se controlan los medios de comunicación y de educación, no hacen falta ejércitos. Lo que se necesita son modos potentes de persuasión y el control de los sistemas de información.
Ahora, con las redes sociales, estamos en un periodo muy difícil en lo referente a ser crítico y hacer que el poder rinda cuentas.
Y todos los elementos del fascismo que vemos surgir en Hungría, en Argentina, en Italia no son nuevos, pero se están sucediendo a una escala que me parece casi inédita.”
Así las cosas, la responsabilidad de los periodistas, comunicadores y docentes, es aún más grande: todo empieza con la desinformación y la anticultura.
Con la deshumanización que significa echar cenizas sobre las líneas que dividen el bien y el mal, lo bello de lo horrible, la verdad de la mentira. La historia convertida en fábula, con Leones, perros, ratas y cucarachas. La infantilización de la política.
Ojalá volvamos a tener valores humanos. Aunque a veces el ser humano puede ser terriblemente cruel.
LCV
La democracia ha muerto. Viva la Democracia, por Laura Giussani Constenla
“Muy buenas tardes, mis queridos planetarios. Qué manera de empezar un año nuevo, ¿no? Es como si todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para dejarnos bien en claro de qué se trataba el 2026.
Acá, particularmente, está lloviendo desde hace una semana más o menos: una lluvia fuerte, intensa, que parece casi el diluvio universal. Así que esta sensación de fin del mundo, de Apocalipsis, es todavía mayor.
Hubo tantas noticias que la primera que voy a mencionar es una que no quedó en el olvido, pero fue la primera que recibimos en Italia el 1° de enero del 2026: un hecho tipo Cromañón. Muy parecido. Uno veía las imágenes y realmente no lo podía creer de lo parecido que era. Una pista de esquí transformada en boliche, en una de las tradicionales estaciones de esquí de Suiza. El boliche se incendiaba por una bengala que prendía fuego todo el techo y morían más de cuarenta chicos de alrededor de 16 años. Entre ellos había once o quince italianos y más de cien heridos, algunos de gravedad.
Eso fue lo primero que apareció en el horizonte. Pero después, ese mismo 1° de enero, iban apareciendo otras noticias. Por ejemplo, lo de la tregua, la paz y las negociaciones entre Rusia y Ucrania, que por lo visto no funcionaban, porque ni siquiera pararon ese día: los rusos bombardearon la ciudad de Jersón y mataron a 27 personas.
Ese mismo jueves, Netanyahu anunció que retiraba a 37 ONGs de Gaza, entre ellas algunas muy respetadas y reconocidas como Médicos Sin Fronteras y Cáritas, que quedaban fuera tanto de Gaza como de Cisjordania, de los territorios ocupados. Todo esto ocurrió el 1° de enero.
Hasta que llegó el 3 de enero, cuando nos despertamos ese sábado con las imágenes de los bombardeos en Caracas. Por supuesto, imagino que todos creímos al principio que era fake, que eso no podía estar pasando, y sin embargo estaba pasando. Dicen que Trump quería hacerlo el 1° de enero, pero tuvo algunos problemas, quizá con el clima, y se postergó hasta el 3.
Hoy pasé todo el día escuchando radio y viendo televisión, porque con este diluvio universal no puedo salir, y noto una sensación muy particular, sobre todo en los oyentes de radio. Ya no es exactamente la misma indignación que provocó el genocidio en Gaza, que generó marchas multitudinarias, denuncias y protestas. Lo de Venezuela provocó miedo en Europa.
Ver que Trump se permitía no solo bombardear un país, sino también secuestrar a su presidente de la manera en que lo hizo, produjo una sensación de que ya está todo perdido, de que no hay más derecho internacional y de que pueden hacer cualquier cosa.
Creo que siempre hay que tratar de ver no solo la violación del derecho internacional —tan evidente que casi no hace falta mencionarla— sino cuál es la ideología que está detrás de esta invasión a Venezuela, dejando de lado si a uno le gusta o no Maduro, algo que en este momento no tiene la menor importancia.
En La Columna Vertebral publicamos el sábado un informe, terminado a las apuradas, sobre el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Brian Hegseth, un tipo joven, de buena presencia, de 45 años, ex veterano de guerra de Afganistán e Irak, que también operó en Guantánamo y luego se dedicó a la televisión. Parece que hoy nadie puede hacer política sin haber pasado antes por la TV. Escribió cinco libros, en los que explica claramente su ideología.
Uno de esos libros se llama La cruzada americana. Para él, estamos viviendo una cruzada. Allí escribe: ‘La pregunta clave de nuestra generación, tras las guerras de Irak y Afganistán, es mucho más complicada: ¿qué haces si tu enemigo no respeta las Convenciones de Ginebra? Nunca obtuvimos una respuesta, solo más guerras, más bajas y ninguna victoria. ¿No sería eso un incentivo para que la otra parte reconsiderara su barbarie? Al Qaeda, si se rinden, podríamos perdonarles la vida; si no, les arrancaremos los brazos y se los daremos de comer a los cerdos. ¿No nos conviene más ganar nuestras guerras según nuestras propias reglas?’. Y también dice: ‘¿A quién le importa lo que piensen otros países?’. Esto lo escribió en 2020, así que no podemos decir que no sabíamos.
Lo grave no es solo que se violen las leyes internacionales. Uno podría decir que las leyes están perimidas, que pasaron muchos años y que quizás haya que cambiarlas. Pero acá no se trata solo de eso. Esto se parece mucho más a la invasión de Hitler a Polonia. La ideología que está detrás de esta invasión es de terror.
Creo que esto lo ha entendido al menos el pueblo italiano, no así sus representantes. Giorgia Meloni dijo que estaba en contra de la violación del derecho internacional, pero puso un ‘pero’: sostuvo que cualquier intervención podría ser legítima si se tratara de una intervención defensiva contra ataques híbridos. ¿Qué serán los ataques híbridos? No lo sé.
El resto de los presidentes europeos también fue ambiguo. Macron ni siquiera mencionó la invasión de Trump; se limitó a celebrar que los venezolanos se hubieran deshecho del ‘dictador Maduro’. En Alemania, Merz dijo que la situación es muy compleja y requiere una cuidadosa consideración. La representante de la Unión Europea, Kaja Kallas, pidió calma y moderación de todas las partes.
El único que tuvo una postura más clara fue Pedro Sánchez, en España, quien dijo: ‘Así como no reconocimos a Maduro, no reconoceremos la violación del derecho internacional por parte de Trump’. Orbán, en Hungría, como siempre, no tuvo pelos en la lengua y dijo que la operación de Trump había sido brillante.
Así empezamos el 2026. Hoy escuché el miedo en oyentes, periodistas y comentaristas no oficialistas. Los oficialistas, en Italia, están más bien apoyando la intervención. El miedo se instaló porque este mismo secretario de Defensa estuvo en la conferencia de prensa posterior al ataque y dijo que lo que quería que se reconociera en el mundo era que el presidente Trump habla en serio, que lo que dice lo hace.
Y hay que recordar que Trump también dijo que necesita Groenlandia, que es un territorio europeo dependiente de Dinamarca. La idea de que esto abra la puerta a una invasión a Groenlandia, es decir, a Europa, y luego quién sabe a dónde más —Colombia, México— es aterradora.
Por otro lado, leo en redes sociales un negacionismo extraño. Se repite mucho la frase de que Trump ‘se tiró un tiro en el pie’, como si todo esto le fuera a salir mal. No sé quién va a salir a frenarlo. Europa no lo hará. El pueblo venezolano está aterrorizado, incluso más que el europeo.
Creo que hay que tomarse las cosas más en serio. Veo mucho chusmerío, mucho análisis superficial. Hay que prestar atención al miedo, porque el miedo tiene fundamentos y no podemos refugiarnos en explicaciones banales.
Vivimos un tiempo muy difícil. Cuando el mundo parece quedarse sin reglas, sin leyes, cuando la democracia demuestra que no da de comer ni cura, cuando todo parece caerse, es cuando tenemos que poner la fuerza en levantarlo. Yo, que no soy una amante de la democracia tal como está hoy, siento que es momento de decir: la democracia ha muerto, viva la democracia.
No podemos mirar para otro lado. Veremos qué pasa. Lo veo todo muy difícil con los representantes políticos actuales, sobre todo en Europa. En América Latina no veo fuerzas capaces de oponerse, y tampoco queremos la intervención de Rusia o China, porque eso podría derivar en un conflicto nuclear.
Quizás la única esperanza sea el propio pueblo norteamericano, que está muy preocupado por un gobierno espantoso y por verse involucrado en tantas guerras. Ojalá por ese lado se consiga algo.
Europa tiene que revisar su posición. Pensé que América Latina siempre fue el patio trasero de Estados Unidos, pero Europa era el jardín. La casa, sin embargo, siempre fue de Estados Unidos. Ahora el jardín también está siendo pisoteado.
Como escribió este mismo secretario de Defensa en La cruzada americana, la OTAN es obsoleta, impotente y pagada por Estados Unidos. Esto lo decía en 2020. Discúlpenme si me extendí, pero son muchas cosas de las que hay que hablar.
El riesgo ya no es solo para el patio trasero. También es para el jardín de enfrente. La democracia ha muerto. Viva la democracia.”
LCV
Venezuela: “Viene un barquito cargado de…”
Planeta Giussani, emitido el 8 de diciembre de 2025
Muy buenas tardes, mis queridos planetarios. Aquí estoy, en este pueblo que parece fuera de todo tiempo y lugar. En realidad, lugar y tiempo son casi la misma cosa ¿no? La distancia cómo se juzga si no es a través del tiempo, es decir cuánto tiempo tardás para ir de un lugar a otro.
Pensaba en estas cosas porque, como imaginarán, acá en Italia los canales de televisión pasan horas y horas en un debate bastante interesante sobre el rol de Europa en estas guerras, ver qué hacen con Zelensky y Putín, qué pasa con Gaza -que ya casi salió de las primeras planas- y yo estaba preparando un informe sobre lo que estaba pasando en Venezuela. Tan lejos y tan cerca siento ese bello continente.
Me impactaba mucho que la brutalidad que empezó en septiembre por el gobierno de Estados Unidos que comenzó a bombardear barcazas sin tener ningún dato previo, ni justificativo, ni juicio, ni saber quiénes eran siquiera los muertos. Sostenían que se trataba de narcotraficantes, así lo repetían los medios, hasta que se descubrió que algunas de las víctimas eran simples pescadores. Y ni siquiera venezolanos, hubo ‘daños colaterales’, vidas arrancadas del mar, de Trinidad Tobago y Colombia, tal como lo denunció en su momento el presidente Petro.
En septiembre se lanzó esta campaña contra el supuesto narcoterrorismo venezolano, hasta ahora la guerra no declarada tiene 84 muertos en su lista. Todos civiles. La cosa fue en aumento, alrededor del 10 de septiembre los ataques ya no fueron a botes anónimos, Trump se presentaba ante el mundo con un operativo hollywoodense con soldados que descendían de helicópteros, armados hasta los dientes, y tomaban un petrolero que estaba cerca de la costa venezolana. La tripulación, civil, no opuso resistencia. Se dijo que el buque transportaba petróleo hacia Cuba e Irán, y que no tenían los permisos en regla. También se dijo que Trump lo único que dijo es que ‘fue confiscado por una muy buena razón’. La razón era su carga, porque estamos en esta etapa en la que parecemos jugar a ‘viene un barquito cargado de…”. Bien este barquito venía cargado de toneladas de petróleo, equivalente a una suma de 80 millones de dólares.
Ni lerdo ni perezoso, hombre práctico, al fin, el presidente de Estados Unidos anunció que ese petróleo que, según él no cumplía con los requisitos de exportación necesarios, se los quedaba él. Y a otra cosa.
Yo, que justo estaba haciendo un informe para denunciar las muerte de 84 personas en barcas sin identificar, sin juicio previo, sin detenerlos para obtener información de inteligencia. Indefensos, pescadores o no, caían bajo un bombardeo decidido en otras latitudes, sin que el mundo alzara la voz. Salvo Colombia y México, silencio de estampa para los presidentes latinoamericanos.
Si eso ya me parecía una violación inaudita de la soberanía de un país y de los derechos internacionales, de pronto aparecía esta acción digna de Piratas del Caribe. Estados Unidos abordando petroleros. Y ese fue el primero. Después vinieron otros.
En eso andaba cuando llegar un amigo italiano a casa, que está muy obsesionado con las guerras de Ucrania y Gaza, y con el rol de Europa en estas cuestiones, y se sorprendió cuando le conté que Trump estaba bombardeando barcos y robándose buques petroleros internacionales en aguas que no les pertenecían. Llegó incluso a prohibir los vuelos por cielo venezolano, un delirio, una violación a la soberanía de un país independiente sin precedentes.
Mi amigo quedó sorprendido, no sabía nada de esto -y es un hombre informado-. Su razonamiento fue: “Es que todo eso está muy lejos, así como quizás en latinoamérica no hay tanta conciencia por el genocidio de Gaza, porque queda lejos, acá no nos enteramos de Venezuela.”
Puede la distancia ser un motivo? No creo.
Señoras y señores, la distancia ya no es lo que era. Pueden tirarte un misil desde Irán que explote 10 minutos después en norteamérica dando con una precisión pasmosa en el blanco. Un hacker está en condiciones de dejar sin electricidad a medio continente europeo trabajando en Singapur.
Además, el que anuncia que terminará con la ‘dictadura narcoterrorista de venzuela”, a fuerza de violaciones de todo tipo de derechos internacionales y humanos, no es otro que el mismo personaje amarillento que se presenta a Europa como el pacifista serial, opina sobre los que pasa en cada país, salta de un lugar a otro levantando el dedo, mientras anuncia invasiones que empezarían por Venezuela pero podrían ir también por Cuba
Pueden los europeos no saber lo que hace Trump en su propio continente? Pueden ignorar la oposición interna que tiene es su país?
Es cierto que en Italia la discusión es fuerte sobre qué juego debe jugar, al menos es un continente que discute. Las decisiones, finalmente, terminan siendo peores que los debates, y la marcha armamentística contra una hipotética invasión de Rusia está imponiéndose. Pero, hay un debate en el parlamento, en los estados nacionales, entro los oficialismos y la oposición.
América Latina, en cambio, presenta una indiferencia pasmosa. Un silencio atronador. El único que habla es Trump quien acaba de declarar que ya hicieron el trabajo más difícil, que eran las operaciones navales, y ahora se vienen los ataque por tierra. Lo anuncia, así, a boca de jarro, porque no sólo nadie le está pidiendo explicaciones desde los países que algún poder tienen todavía, sino que además logró que se le diera el Premio Nobel de la Paz a Corina Machado, líder de la oposición venezolana, que pide a gritos la intervención militar norteamericana para sacar al dictador.
Se está poniendo de moda la idea de que si querés la paz, tenés que jugar a la guerra. Armarte más y más. Mostrar los dientes. Provocan tanto que el perro del vecino algún día va a saltar finalmente el cerco y te va a clavar los dientes en la yugular sin soltarla, porque es un perro bravo. Y entonces sí, tendremos una noción más cabal de qué significa esta puesta en el tapete de los riesgos de catástrofes, que empezaron con un kit de sobrevivencia hace un año y ahora ya se perfila como un regreso al servicio militar.
Claro que uno suele mencionar a los líderes de las diversas potencias, Trump, Putin, Netanyahu, Zelensky, etc. Pero está claro que no se trata de hombres, más bien de intereses económicos y una cosmovisión que está acompañada por millones de personas. Ellos son los hacedores de los actos que el presidente apenas imagina.
Uno de ellos es Peter Brian Hegseth, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Hacia él apuntó LCV para su próximo informe. Clara muestra del mundo en que vivimos: Veterano de guerra, conductor de televisión, comentarista político, frustrado candidato republicano, y autor de cinco libros en los que expresa con claridad su pensamiento. Tanta claridad que provoca escalofríos. Consideramos que debemos conocer en profundidad a quienes se presentan como salvadores de la tierra. Será tema de nuestro próximo informe.
Sección de Laura Giussani Constenla, en el programa La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, que se emite los lunes de 18 a 20 por larz.com.ar Conduce: Nora Anchart
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Hace unas semanas nos internamos en la nueva realidad italiana. Esa que no se ve pero existe. La que une pasado, actualidad y futuro. Comenzamos con una entrevista a Enrico Calamai, quien en tiempos de dictadura en Argentina fue uno de los protagonistas invisibles de una epopeya: dar refugio y salvar la vida de unos 300 argentinos a pura convicción y coraje, quien hoy es un referente de los Derechos Humanos con una pequeña organización, “Mani Rosse”, que cada jueves pintan sus manos de rojo sangre para recordar a los muertos de un mundo injusto: migrantes ahogados en el Mediterráneo, víctimas de guerras y hambrunas, aquellos ‘condenados de la tierra’ de la que nos hablaba Frantz Fanon.
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Este Planeta Giussani hace lo posible para entenderse con ese Planeta Tierra con la Inteligencia Artificial a flor de piel. Aún así, no lo logramos. La comunicación es entrecortada. Cuarenta minutos nos dan. Quién puede hacer algo en sólo cuarenta minutos cuando hay tanto para hablar, conocer, descubrir, pensar. Vaya, entonces, esta segunda parte con Romina, a quien dejamos sin palabras.
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