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Internacionales

Tercera huelga en Francia contra las reformas de Macron

Tercera huelga de empleados públicos en Francia contra las reformas de Macron. Junto a los paros, que se dejan sentir en numerosos sectores como el transporte, la enseñanza, la sanidad o la energía, las centrales han convocado unas 140 manifestaciones por todo el país, la principal en la capital francesa. (AFP)

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Internacionales

Estados Unidos: Cuando el enemigo no está fuera, sino dentro, por José Félix Abad*

Durante décadas nos acostumbramos a ver a Estados Unidos como el país fuerte, estable y dueño del tablero mundial. Sin embargo, hoy ese gigante parece estar peleándose consigo mismo. No por una invasión extranjera, sino por algo mucho más peligroso: la ruptura interna de su sociedad y el deterioro de sus propias instituciones. No es una opinión aislada ni una exageración alarmista; es una preocupación creciente entre analistas, académicos y medios internacionales.

La politóloga Barbara F. Walter, asesora del Pentágono y autora de How Civil Wars Start, advierte desde hace años que Estados Unidos ha dejado de ser una democracia plena para convertirse en lo que se denomina una anocracia, un sistema híbrido e inestable donde conviven mecanismos democráticos con prácticas autoritarias (Foreign Affairs, 2022). Históricamente, este tipo de regímenes son los más propensos a caer en conflictos internos.Uno de los síntomas más graves de esta degradación es la normalización de la impunidad. El caso de René Good, una madre de 37 años asesinada por agentes federales de inmigración, es revelador. Un análisis visual publicado por The New York Times demostró que la víctima no intentaba atacar a los agentes, sino huir. Aun así, altos cargos de la administración defendieron al agente implicado alegando que gozaba de “inmunidad absoluta”. Este tipo de declaraciones no solo justifican una muerte civil, sino que envían un mensaje peligroso: que el Estado puede ejercer la violencia sin rendir cuentas.

Cuando un gobierno empieza a etiquetar a ciudadanos como “terroristas internos” y protege sistemáticamente a sus fuerzas aunque existan pruebas en contra, la confianza social se rompe. No es una opinión ideológica, es una constante histórica documentada por organizaciones como Human Rights Watch y Amnesty International, que ya han alertado del uso excesivo de la fuerza y de la politización de los cuerpos de seguridad en Estados Unidos.

Las políticas internacionales de Donald Trump tampoco ayudan a calmar las aguas. Su estrategia de confrontación permanente —con China, con Europa, con América Latina e incluso con aliados de la OTAN— tiene un reflejo directo en el interior del país. Cuando un líder gobierna desde el conflicto constante, la sociedad termina adoptando ese mismo lenguaje. No es casual que mientras Trump amenaza con el uso de la fuerza en escenarios como México, Groenlandia o Venezuela entre otros muchos, dentro del país aumenten los choques entre autoridades estatales y federales.

Un ejemplo claro es Minnesota, donde el gobernador activó 13.000 efectivos de la Guardia Nacional para proteger a la población frente a actuaciones De la policía federal anti inmigración consideradas abusivas. La información fue recogida por Reuters y Associated Press. Tener dos cadenas de mando armadas, legítimas y enfrentadas dentro del mismo territorio es, según la literatura académica sobre conflictos civiles, uno de los pasos previos más peligrosos. Desde Washington, lejos de rebajar la tensión, se llegó a hablar incluso de aplicar la Ley de Insurrección para arrestar al gobernador, algo que expertos constitucionalistas calificaron de extremadamente grave (Brookings Institution).

A todo esto se suma un dato inquietante: según encuestas del Public Religion Research Institute y de la University of California, cerca del 47 % de los estadounidenses cree posible una guerra civil en su vida. Uno de cada tres considera justificable la violencia con fines políticos, y alrededor de diez millones de personas afirman abiertamente que una guerra civil “sería necesaria para arreglar el país”. Todo esto ocurre en una nación que concentra casi el 46 % de las armas civiles del mundo, con una ratio de 120 armas por cada 100 habitantes (Small Arms Survey).

Mientras tanto, la imagen de potencia imparable contrasta con una realidad social muy distinta. Más de 40 millones de estadounidenses viven bajo el umbral de la pobreza, según datos oficiales de la U.S. Census Bureau, y millones más sobreviven con empleos precarios sin acceso garantizado a sanidad o vivienda. Sin embargo, el gasto militar sigue creciendo y supera al de los siguientes diez países juntos (Stockholm International Peace Research Institute).

Estados Unidos hoy se parece a un gran edificio con una fuga de gas. Los vecinos discuten, se insultan y se ven como enemigos. Y el administrador, en lugar de cerrar la llave, camina con una antorcha encendida asegurando que no pasa nada y que, si pasa, no será su responsabilidad. La violencia ya no es una hipótesis: está ocurriendo. La pregunta real es si las instituciones que aún se mantienen en pie serán capaces de contener el incendio antes de que el colapso interno sea irreversible.

Porque cuando una potencia mundial empieza a romperse por dentro, el problema deja de ser solo suyo. Nos afecta a todos.

*José Félix Abad es un reconocido reportero de guerra español, con amplia trayectoria en el periodismo especializado en internacionales. En la actualidad difunde sus ideas por las redes. El presente artículo fue tomado de su página de facebook.

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Ambiente

Tractorazos en Europa contra el Acuerdo entre la UE y el Mercosur, por Alvaro Hilario, desde Bilbao, País Vasco

Piquetes de agricultores vascos y catalanes de ambas vertientes de los Pirineos bloquean las dos rutas que unen Francia y España en protesta por la aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Mercosur, acuerdo que alumbrará la mayor zona de libre comercio del mundo con 780 millones de personas y que tanto en su opinión como la de sus compañeros que secundan las protestas en Bélgica, Polonia, Hungría, Irlanda, Francia, Italia o Alemania supondrá la desaparición de la agricultura tradicional europea a manos del agro-negocio industrial, juicio que comparten las organizaciones ecologistas que apoyan las acciones y reclamos de estos días.

El acuerdo, que comenzó a forjarse hace veintiséis años, tiene como fin la eliminación en un plazo de quince años de los aranceles entre ambos bloques. Desde la UE, el mismo se plantea como favorable y necesario para su economía ya que impulsará la venta de vehículos y máquina-herramienta, así como la de algunos productos agrícolas, como el queso, el aceite de oliva y el vino.

Según cálculos de la Comisión europea (ejecutivo europeo, responsable de implementar las decisiones de Parlamento y Consejo europeo, instancias legislativas), las empresas de la UE aumentarán sus exportaciones en un monto cercano a 84.000 millones de euros. Ya que el tratado suprime más del 90% de los aranceles, estas empresas dejarán de pagar 4.000 millones de euros anuales por ese concepto.

El acuerdo, sin embargo, toma una serie de salvaguardas o medidas de protección dirigidas, en especial, al sector primario, al impacto en la agricultura: El acuerdo no otorga acceso libre de impuestos a productos sensibles como la carne de vacuno, pollo o arroz, y establece cuotas y aranceles para proteger a los productores europeos.

Normas sanitarias: Los productos importados deben cumplir con las estrictas normas sanitarias de la UE; este es uno de los reclamos más insistentes de los agricultores
europeos.

Reclamos de agricultores

Después de veintiséis años de proceso, de negociaciones entre Mercosur y UE, este ha
sido ratificado por parte europea, en una coyuntura internacional que obliga a esta a
ampliar sus mercados, sus aliados comerciales.

El voto positivo de Italia ha sido decisivo para que el acuerdo saliera adelante: La UE
necesita una mayoría cualificada de al menos 15 estados que representen el 65% de la población para aprobar el convenio. Italia, con su peso económico y político, tenía mucho que decir: con la negativa de Francia sobre la mesa, un no de Meloni podía propiciar el bloqueo. De hecho, ya expresó reservas, relacionadas con el sector primario. La Comisión ofreció concesiones, como reducciones en los precios de los fertilizantes y adelantos en los
pagos a los agricultores, para tratar de ganar su apoyo. Al no de Irlanda, Polonia e Hungría se ha unido Francia.

El Gobierno francés, en nota emitida el 8 de enero, señaló que aunque sigue defendiendo el libre comercio, el acuerdo se basa en un mandato de 1999, ya obsoleto y que concita el rechazo de toda la Asamblea Nacional. Considera, además, que su efecto sobre el PIB de la UE en 2040 será no más del 0,05%, estimando “injustificado” exponer al sector primario europeo “esencial para la soberanía alimentaria”. Si bien ve como positivas las cláusulas de salvaguardia para hacer frente a posibles distorsiones de precios en el mercado europeo, que podrían activarse a petición de cualquier Estado miembro o de los representantes del sector agrícola y también resalta la existencia de “estándares recíprocos de producción” en materia de salud, medio
ambiente y bienestar animal, así como en la aplicación de controles sanitarios y fitosanitarios en terceros países, junto a los fondos adicionales comprometidos para la Política Agraria Común (PAC) a partir de 2028. Pero mantiene su decisión de votar en contra de la adopción del pacto con el bloque latinoamericano, precisamente por el “rechazo unánime” que suscita en la escena política francesa.

Raúl Beitia, presidente de una asociación de agricultores vascos, Ataca, señalaba ante los medios, el 8 de enero, durante una protesta frente a las instituciones vascas en la ciudad de Vitoria, que el acuerdo “supone una amenaza directa para la supervivencia del campo y para la soberanía alimentaria” quien también destacó cómo el mercado europeo se abrirá a la competencia de un bloque agrícola cuatro veces mayor que la UE “con salarios, impuestos y exigencias ambientales, laborales y sanitarias muy inferiores, sin cumplir unos estándares de producción”.

Algunos de esos estándares a los que Beitia se refería son las Políticas medioambientales: La UE ha implementado normas para promover la biodiversidad y combatir el cambio climático, como la obligación de mantener el 4% de las tierras en barbecho. Los agricultores consideran que estas medidas son excesivamente restrictivas y afectan su viabilidad económica.


La organización española Ecologistas en Acción apoya el reclamo: “Este acuerdo simboliza una política comercial que enfrenta y hace competir aún más -si cabe- a agricultores y agricultoras de ambos lados del Atlántico en una carrera suicida para recortar leyes sociales, ambientales y sanitarias. Este modelo de agricultura industrial basada en la exportación es la mayor causa de la emergencia climática y ambiental y compromete la capacidad de producir alimentos”.


Otros motivos que empujan las protestas del campo europeo:

  • Competencia desleal: La importación de productos agrícolas de países no pertenecientes a la UE, como Ucrania, ha generado preocupación entre los agricultores europeos, que se sienten afectados por la competencia desleal. Así la patronal española del campo advierte del “grave impacto” que el acuerdo tendría sobre sectores sensibles “como la carne de vacuno, las aves, el azúcar, el etanol, los cítricos, el arroz, la miel o el maíz”. Mientras denuncia también “la falta de reciprocidad en las normas sanitarias, medioambientales y de trazabilidad exigidas a las producciones importadas frente a las europeas”.
  • Costos y regulaciones: Los agricultores se quejan de los altos costos de producción, incluyendo el precio del combustible, los fertilizantes y los seguros, así como de las regulaciones excesivas que les impiden competir con productores de otros países.

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Destacada

Néstor Restivo: “La incursión de Estados Unidos en Venezuela inaugura un mundo sin reglas”

En diálogo con La Columna Vertebral-Historia de Trabajadores, el periodista y analista internacional Néstor Restivo reflexiona sobre la incursión de Estados Unidos en Venezuela, el rol de Donald Trump como expresión de una extrema derecha global, el debilitamiento de América Latina frente a los poderes imperiales y la disputa geopolítica entre Estados Unidos, China y Rusia. Un análisis profundo sobre soberanía, multipolaridad, batalla cultural y el peligro de naturalizar un mundo donde el más fuerte impone su voluntad.

LCV: Contame tu opinión acerca de la incursión de Trump en el terreno venezolano.

Néstor Restivo: “Bueno, a ver, como bien decís, fue una incursión que violó todo tipo de normativa internacional. Es patear el tablero, como viene siendo Trump y como en general hacen las extremas derechas, pero con un poder muy superior al de otros líderes, vulnerando consensos, reglas y acuerdos. Entramos en un mundo caótico y anárquico por un modelo de gobierno como el de Trump y su entorno —Marco Rubio, Pete Hegseth y quienes lo rodean— que pretenden un hemisferio totalmente controlado por ellos. El propio Departamento de Estado lo dijo explícitamente: el hemisferio occidental les pertenece y van a hacer lo que quieran con sus recursos, su destino y su soberanía. Eso fue lo que hizo Estados Unidos contra Venezuela y contra América Latina, y lo dejó clarísimo: no hay dudas sobre lo que quiere hacer, qué intereses lo mueven y por dónde va. Dijo sin rodeos que van a gobernar Venezuela, intervenir hasta controlar las petroleras y volver a incursionar si hace falta, marcando incluso cómo debe actuar su dirigencia. Lo dijo con todas las cámaras del mundo.”

LCV: Ese estilo parece propio de las extremas derechas.

Néstor Restivo: “Sí, claro, es el estilo de todas las extremas derechas. Milei, salvando las enormes distancias —lo pequeño y ridículo que aparece frente a Trump— hace lo mismo: explicita lo que va a hacer sin disimulo. Encontraron un tono que encaja con el momento actual de ciertos sectores de la humanidad. La pregunta es por qué ese discurso es aceptado, y ahí entran años de construcción narrativa desde los medios, las redes y los algoritmos. Hay una batalla cultural, como ellos la llaman, que los sectores populares y progresistas están perdiendo. No digo que sea irreversible, pero hay mucha gente que compra cualquier disparate. En Argentina vi gente festejando lo de Venezuela, no venezolanos antichavistas sino argentinos. Esa pelea la ganaron en amplios sectores, y eso explica resultados electorales en la región y en el mundo.”

LCV: ¿Trump se metió con el chavismo?

Néstor Restivo: “Yo tengo una discrepancia con ese término. No creo que Trump se haya metido con el chavismo, sino con los restos de lo que fue una experiencia liberadora cuando estaban Chávez, Lula, Néstor, Tabaré, Evo, Correa. El madurismo, a mi entender, es un régimen que no sostuvo las banderas reales del chavismo. No soy experto en Venezuela, el proceso bolivariano tuvo distintas etapas, y la figura de Chávez es incomparable. Pero en una situación como esta, a pocas horas de un ataque militar de Estados Unidos y del secuestro del presidente, no me parece central profundizar en la interna venezolana, sino denunciar el atropello a toda norma internacional y la vulnerabilidad en la que se deja al pueblo venezolano, más allá de los errores cometidos.”

LCV: Hoy el mundo parece dividido en zonas de influencia: Estados Unidos, Rusia y China.

Néstor Restivo: “Circuló mucho la idea de que lo de Venezuela responde a un reparto del mundo entre grandes potencias, pero no comparto esa visión. Es muy distinto lo que hace Estados Unidos con lo que considera su patio trasero a lo que hacen Rusia o China, que jamás dijeron que América Latina lo sea. El caso de Ucrania es diferente: es un país limítrofe con Rusia y con una cuestión estratégica vinculada a la OTAN y a la defensa. Eso no convierte a Putin en un demócrata ni justifica una invasión, pero el contexto es distinto a la prepotencia imperial de Trump. No veo a Rusia con una vocación expansiva global; históricamente fue invadida y tiene un conflicto no resuelto con Europa. Por eso no creo en un reparto simétrico del mundo entre potencias equivalentes.”

LCV: ¿Y China qué rol juega?

Néstor Restivo: “China podría haber avanzado militarmente sobre Taiwán, que considera parte de su soberanía, y no lo hizo. Llegó a ser la segunda economía del mundo sin invadir países. Lo peligroso de lo que hace Estados Unidos es que habilita un método: un mundo sin reglas, donde el más poderoso impone su voluntad al más débil. Frente a eso, China, Rusia y los BRICS plantean un mundo multipolar, con respeto por la soberanía, los asuntos internos, la paz y el diálogo. Ojalá esa agenda avance. Estados Unidos es una potencia en decadencia y, en su repliegue, descarga su fuerza sobre América Latina.”

LCV: América Latina parece muy mal parada.

Néstor Restivo: “Sí, el panorama es muy preocupante: Chile, Bolivia, Ecuador y elecciones clave en Colombia y Brasil. Si Brasil cae, el mapa regional puede volverse completamente trampista y eso le daría vía libre a Trump. Internamente, Trump no las tiene todas consigo: viene perdiendo elecciones locales incluso en bastiones históricos, no solo por los demócratas sino también por sectores republicanos. Hoy no existen organismos de integración regional como en la etapa de Chávez, Néstor, Lula o Tabaré. La OEA nunca sirvió. La resistencia regional es débil, salvo Brasil, México y Colombia. Ojalá las fracturas internas de Estados Unidos sirvan para contener a este personaje peligroso que hoy gobierna ese país.”

LCV: Lo preocupante es que muchos gobiernos alineados con Trump llegan con el voto popular.

Néstor Restivo: “Sí, y no hay una sola razón para explicarlo. América Latina tiene una historia pendular, pero nunca fue tan extremo ni tan legitimado por el voto. Antes estas situaciones se daban con golpes de Estado. Hoy hay un quiebre generacional muy fuerte: las nuevas generaciones saben poco de esta historia, están atravesadas por redes y por una disputa cultural que estamos perdiendo. Aun así, no creo que sea una derrota definitiva. Tengo la esperanza de que en algún momento se recupere la memoria histórica y se puedan hacer las cosas mejor.”

LCV: ¿Cómo es hoy la relación entre China y la Argentina?

Néstor Restivo: “Sigue siendo muy fuerte en lo comercial: China es el principal comprador de soja, carne, sorgo y otros productos argentinos, y con la apertura de importaciones de Milei le conviene inundar nuestro mercado. Lo que se derrumbó es la relación estratégica en ciencia, tecnología y energía, como la nuclear o los proyectos astronómicos, por presión estadounidense. Estados Unidos busca sacar a China de la región; no lo va a lograr del todo, pero sí frenó lo que estaba proyectado. China trabaja a largo plazo, hoy le sirve el comercio y mañana, si cambia el gobierno argentino, puede retomar una relación estratégica.”

LCV: En el fondo, todo vuelve a lo económico.

Néstor Restivo: “Exactamente. Como decía Galeano, Estados Unidos no invade países que producen rabanitos: invade países ricos en petróleo y minerales. Venezuela exporta el 80% de su petróleo a China y eso es central. Es una noticia en desarrollo. China va a buscar compensar cualquier pérdida con acuerdos con Rusia, Irán u otros socios, como hizo Rusia tras el bloqueo occidental.”

LCV: Es un comienzo de año muy inquietante.

Néstor Restivo: “Sí, muy tembloroso, y con análisis muy frívolos, atravesados por la grieta. Es difícil analizar por fuera de eso, pero hay banderas irrenunciables: soberanía, autodeterminación de los pueblos, una América Latina independiente de cualquier imperio, la paz y la negociación. Parecen ideas antiguas, pero siguen siendo esenciales.”

LCV: ¿Seguís dirigiendo la revista DangDai?

Néstor Restivo: “Sí, es una revista sobre relaciones bilaterales entre Argentina y China, y además lanzamos un sitio nuevo llamado Tectónicos, con K, donde escriben especialistas de distintos países para analizar este reacomodamiento global y las placas tectónicas que se están moviendo en el mundo.”

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