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Internacionales

La Italia de Salvini: ¿Cómo fue posible?, por Franco Castiglioni

Hace unos años el historiador Perry Anderson sostuvo que Italia no era una anomalía en Europa, como afirmaban algunos analistas, sino que estaba mucho más cerca de ser un concentrado de Europa. Suponiendo que esa afirmación hubiese sido correcta ¿ sigue siendo válida? Por décadas se retrató a Italia como un laboratorio que anticipaba tendencias políticas que traspasaban sus fronteras. Pensemos en el fascismo de entreguerras, la innovación de Antonio Gramsci en el marxismo-leninismo, la importancia en el movimiento obrero occidental del Partido comunista italiano (Pci), el desembarco en las democracias de empresarios devenidos políticos como hizo escuela Silvio Berlusconi en los años 90s y primeros años de este siglo.

Italia comparte con otros países del viejo continente algunos denominadores comunes del sistema político. Pero, así como resulta de las recientes elecciones parlamentarias europeas del 26 de mayo pasado, se destacan con mayor énfasis en la península tres fenómenos concurrentes: la crisis de los grupos y partidos socialdemócratas y progresistas; el surgimiento y afirmación de las fuerzas llamados soberanistas y antiinmigrantes de derecha y extrema derecha; la difícil consolidación de los movimientos políticos de reciente formación, esquivos a las clasificaciones por sus políticas oscilantes y su organización partidaria laxa. Nos referimos en primer lugar a la pérdida de gravitación demostrada por el Partido Democrático (PD) de centro izquierda; en segundo, al fuerte avance de la Liga en todas las regiones del país y por último al retroceso sufrido por el joven Movimiento 5 Estrellas (M5E)

Sostendremos en estas líneas que, como en Europa pero de manera más acentuada, el debilitamiento del progresismo, en este caso Partido Democrático es clave para descorrer el velo sobre el recorrido de los otros dos componentes del sistema político italiano. También nos detendremos en los desafíos que enfrenta el progresismo peninsular.

El sistema político

Heredero del otrora poderoso Pci, el PD, devenido socialdemócrata entre los años 80s y 90s, retrocedió del 40 por ciento de las elecciones europeas de 2014 a poco más del 22,7 por ciento en mayo de 2019. Su punto más bajo, sin embargo, había sido en las últimas elecciones parlamentarias de marzo de 2018 cuando obtuvo un escaso 18,7 por ciento. Por qué ocurrió? Desde la segunda mitad de los años Noventa y hasta 2018, alternándose con los conservadores de Berlusconi, los gobiernos de centro izquierda conducidos por el PD ejecutaron políticas de reforma de mercado dirigidas al aumento de la competitividad y la modernización de la infraestructura, proceso que se dio a la par de la extranjerización de algunos importantes segmentos de su industria, por ejemplo la compra por capitales chinos de Pirelli, una de las joyas de la primera industrialización italiana. Fueron los gobiernos llamados técnicos, apoyados en el Parlamento por la izquierda, los que iniciaron las privatizaciones de los años 90s y la primera década de este siglo, los que reformaron el sistema previsional extendiendo la edad jubilatoria, y pusieron en marcha políticas de contención salarial y precarización laboral. Fueron también los que aumentaron los impuestos regresivos al consumo, así como a los bienes personales de las clases medias. Finalmente durante el gobierno de Matteo Renzi (2014-2016) el PD atravesó una barrera simbólica cuando restringió derechos laborales históricos contemplados en el Estatuto de los Trabajadores. El debilitamiento de los sindicatos a la par del estancamiento económico, la desregulación y la financiarización resintió la vinculación entre la izquierda y el trabajo con derechos. Aumentó la pobreza- sobre todo en el sur- y el desempleo entre los jóvenes y por primera vez desde la posguerra aumentó la desigualdad social.

El descontento de amplios sectores sociales se dirigió a los gobiernos de centro izquierda y a la burocracia de la Unión Europea por la rigidez en la aplicación de los acuerdos de la zona Euro. La queja fue asumiendo tonos “soberanistas” que pronto se concentraron en las políticas europeas de puertas abiertas a inmigrantes y refugiados. A lo que se sumó en Italia el desentendimiento de la Unión por la reinserción en Europa de parte de los contingentes de inmigrantes que llegaban al territorio italiano a través de la isla de Lampedusa. Así un escándalo humanitario se transformó en una bandera xenófoba y de oposición al progresismo.

Mientras la izquierda fue perdiendo sintonía con el mundo del trabajo, acomodándose en la defensa del status quo, la derecha más extrema comenzó a hablarle a la heterogeneidad social italiana en términos de pueblo, cuyos problemas sabía cómo solucionar. Como venimos sosteniendo, las consecuencias de las decisiones tomadas en los últimos veinticinco años por la socialdemocracia, fueron un terreno fértil para el nacimiento y fortalecimiento del M5E y la Liga. Un importante ex dirigente del PD, Luciano Violante, reconoció que derecha e izquierda se intercambiaron los roles: la izquierda optó por convivir con la realidad y la derecha por transformarla desde sus propias convicciones ideológicas conservadoras. El progresismo se preocupó de los derechos individuales, con foco en los derechos LGTB y el antirracismo a la vez que relegó la defensa de los derechos sociales. Paradójicamente hubo una sustitución de clases de referencia. Los grupos más cultos, sofisticados y acomodados, que tienen escaso o nulo contacto con los problemas de las grandes periferias de las ciudades, pero sensibles a los derechos individuales, comenzaron a votar a la izquierda. Los sectores trabajadores, sobre todo los que trabajan por cuenta propia, y los sectores medio bajos, que se vieron golpeados por el desempleo, el estancamiento, y con necesidad de mayores certidumbres frente a los cambios provocados por la globalización, se volcaron por el M5E y la Liga en busca de respuestas.

La Liga y el M5E

Es interesante notar para sufragar cuanto afirmamos, los datos de Youtrend sobre la distribución de los votos en las recientes elecciones europeas en Italia -estudio hecho sobre los “boca de urna”. En las comunas de hasta 5mil habitantes la Liga obtuvo 40,9 por ciento, contra 18,1 por ciento del PD y 14,6por ciento del M5E; en las de 50 mil, 31,6 por ciento, 22,2 por ciento y 19,8 por ciento, respectivamente. En las ciudades medianas y grandes de más de 300mil habitantes el Pd obtuvo 31,2, la Liga 23,9 y el M5E 18,1 por ciento (no está demás recordar que la mayoría de los italianos habita en pueblos pequeños y medianos). Y dentro de las grandes ciudades el PD es el partido de los centros históricos, el de las zonas más ecológicas y de tránsito reducido a residentes. El PD se estacionó como el partido de los ancianos aun fieles a la pertenencia ideológica, de los profesionales y las élites culturales de los barrios acomodados, con números menguantes entre los trabajadores y en los barrios de frontera con la marginación. La Liga, heredera de la vieja secesionista Liga del Norte, expresa a la clase media , franjas de trabajadores , pequeños empresarios y emprendedores autónomos, así como a la periferia social, como ocurre en Europa en gran medida con el Brexit Party di Nigel Farage , que triunfó en toda Inglaterra menos en Londres, y en una escala menor por el Rassemblement National de Marine Le Pen en Francia.

A su favor la Liga cuenta en su activo un liderazgo fuerte como el de Matteo Salvini que pudo agregar a la insatisfacción, un enemigo como el de la inmigración: los inmigrantes como presunta causa de la inseguridad y la UE del estancamiento económico. En un año la Liga pasó del 17,4 por ciento de los votos al reciente 34,3 por ciento y al 38 por ciento en una medición posterior al decreto de endurecimiento de las penas por “favorecimiento de la inmigración clandestina”. Su universo ideológico, que abreva en las ideas del exestratega de Donald Trump, Stephen Bannon, es la agitación permanente contra el igualitarismo social, el “marxismo cultural” y el solidarismo de raigambre cristiana, en especial contra la prédica del Papa Francisco. En Europa sus aliados son las derechas nacionalistas y autoritarias que gobiernan Hungría y Polonia. Los líderes más admirados por Salvini: Vladimir Putin por su conducción personalista de los asuntos públicos y Trump a quien parece emular en su campaña contra el multilateralismo y la militancia anti derechos. Su propuesta económica es una reforma tributaria, la popular flat tax, una alícuota plana de 15 por ciento para los ingresos individuales hasta 50 mil euros anuales que corresponden al 80 por ciento de los contribuyentes y para las empresas, bajo el supuesto que tal reforma se traducirá, como lo presumía la curva de Laffer durante la Reaganomics de los años 80s, en un fuerte crecimiento económico.

El M5E nació en la última década como protesta contra la política profesional, los altos salarios de los legisladores, la corrupción post Mani Pulite, el ambientalismo y la crítica a la globalización por la precarización laboral y el desempleo. Alejado del progresismo neoliberal del PD, así como de la vieja izquierda pero también de nuevos grupos como Podemos en España, el M5E se presentó como el representante de demandas de honestidad, ambientalismo, desarrollo autónomo y justicia social, en parte abandonadas, o en parte ajenas, a las administraciones del PD. Pero en una muestra de escasa sagacidad política, Luigi Di Maio, el joven líder del M5E, inesperadamente formó gobierno con la Liga. A cambio de apoyo para la ley de ingreso ciudadano para los desocupados y a la adhesión italiana a la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda impulsada por China, el M5E terminó opacado por el protagonismo de Salvini y sus políticas xenófobas. Pero las dificultades encontradas para implementar el ingreso ciudadano, su pobre gestión de la alcaldía de Roma, así como el protagonismo de Salvini, redujeron sus votos del 32,7 por ciento al actual 17,1 por ciento. Será 5 Estrellas otro partido flash, de corta duración, como tantos en el mundo? No se puede decirlo aún. Pero le espera decidir si continuar su alianza con la derecha o proponerse como alternativa a la Liga. Y a la vez echar luz sobre la nebulosa de su estructura partidaria de decisiones y elección de candidaturas que se realiza a través de una plataforma informática, bautizada como Rousseau, sobre la que no hay datos válidos sobre su funcionamiento para elegir candidatos y dirigentes.

Eppur si muove?

Los sondeos son todos favorables a la Liga. Sin embargo hay que tener en cuenta que la derecha tiene sus propias limitaciones. No es difícil vaticinar que, como señala el politólogo Gianfranco Pasquino, el discurso de Salvini se debilitará “según pierda peso el debate sobre seguridad e inmigración”. Por cierto esta derecha es autoritaria pero no propone un nuevo régimen fascista, sino que debe enfrentar las urnas, el control de los magistrados y la prensa que no son adictas. Al mimso tiempo, cabe aguardar que el aumento del IVA previsto para compensar los menores ingresos que generará la introducción de la flat tax, llevarán a una caída del poder adquisitivo y mayor empobrecimiento. Por último las alianzas derechistas en Europa no son garantía de constituir un frente homogéneo, por su propia condición “soberanista” que avizora contradicciones entre partidos que no aceptan lo que otros quieran hacer.

La centro izquierda podría reconstruirse como una fuerza alternativa sobre la base de una convergencia entre el M5S y el PD. Cómo representar la fragmentación y la multiplicidad de intereses e identidades? El PD tiene delante a sí el desafío de representar a los sectores de trabajadores formales, con sus sindicatos – la capacitación en las nuevas tecnologías para el empleo – y a los profesionales; el M5E, por su parte, el de poner en valor sus posiciones comunes con los partidos verdes europeo. En caso de elecciones anticipadas para el año próximo habrá que preguntarse en Italia: hay 2020 para una nueva centroizquierda?

  • Franco Castiglione es en la actualidad profesor titular de Introducción a la Sociología de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Italo-argentino, vivió su exilio en Roma, en donde cursó su carrera. 
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Pablo Solana, sobre las elecciones presidenciales en Colombia: ‘La derecha entendió mejor el clima de época y la izquierda no encontró respuestas'»

En diálogo con La Columna Vertebral, el militante e investigador Pablo Solana analizó el reciente balotaje en Colombia, donde la derecha recuperó la presidencia tras una ajustada derrota del oficialismo de Gustavo Petro. A partir de su presencia en el país durante ambas vueltas electorales, repasó las razones del resultado, las dificultades del progresismo para responder a la demanda de seguridad, el agotamiento de algunos modelos de izquierda en la región y las perspectivas para los movimientos populares latinoamericanos.

LCV: ¿Cómo se llega a este resultado en Colombia?

Pablo Solana: «Bueno, es interesante. Yo estuve allá tanto en la primera vuelta, hace tres semanas largas, como en el balotaje del domingo anterior. Allí hay un proceso que, por un lado, es asimilable a lo que pasa en América Latina: un gobierno de tintes progresistas, como el de Gustavo Petro, que buscó avanzar en derechos sociales postergados, y una oposición de derecha que cuestiona eso, enfatiza los puntos débiles del programa de gobierno que no se pudo concretar. En esa polarización se divide prácticamente al medio la sociedad. Pero Colombia tiene una particularidad que viene de décadas de conflicto armado, de una situación política marcada por esa historia, por las guerrillas y por una derecha que hizo del combate a esa insurgencia un rasgo de identidad que caló en buena parte de la sociedad. Ese es un trasfondo que complejiza mucho más la lectura de lo que ocurre allí.»

LCV: Los años de guerrilla jugaron en contra. La gente tenía necesidad de paz y, por lo que entiendo, los gobiernos progresistas no supieron interpretar cómo darle forma a esa paz o, al menos, resolver ese problema. ¿Cuáles fueron los principales errores de gestión que derivaron en este regreso de la derecha?

Pablo Solana: «Precisamente el gran punto débil fue la inseguridad y la falta de un programa eficaz en materia de orden público. El candidato de la derecha expresó eso con mucha claridad. Mientras la campaña progresista se resumía en el lema ‘Votamos por la vida’, la derecha levantó la consigna ‘Firmes por la patria’, una voz de mando con fuerte impronta militar que busca restaurar un orden. El gobierno de Petro fue plenamente democrático, respetuoso de las instituciones y con una agenda progresista en materia de derechos, pero no logró resolver los restos del conflicto armado, que hoy ya no se expresa como guerrillas tradicionales sino a través de bandas, grupos paramilitares, organizaciones vinculadas al narcotráfico y algunas expresiones residuales de la insurgencia. Esa incapacidad fue aprovechada por la derecha. Ahí encuentro un paralelo más con lo que ocurrió en El Salvador con Nayib Bukele que con la realidad argentina: una derecha que se vuelve prácticamente imbatible cuando logra apropiarse del discurso de la seguridad frente a una izquierda que no pudo dar respuestas.»

LCV: Si a eso le sumamos el deterioro del proceso encabezado por Daniel Ortega en Nicaragua y otros casos similares, ¿qué balance hacés de aquellas experiencias revolucionarias que terminaron asociadas a autoritarismo, corrupción o incluso al narcotráfico?

Pablo Solana: «En este viaje estuve también en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Si hay que hacer una lectura desde las izquierdas, creo que esos modelos hoy están claramente agotados. Fueron procesos que despertaron enormes expectativas, como la Revolución Cubana, la Revolución Sandinista o el primer chavismo, pero que no lograron sostener en el tiempo sociedades con bienestar. Hay diferencias importantes. La primera etapa de la Revolución Cubana produjo avances extraordinarios en educación y salud. En Venezuela también se observa un alto nivel educativo de la población. Pero después se dejaron de lado otros aspectos fundamentales para el desarrollo humano y económico. En Nicaragua todavía quedan algunos ecos de lo que fue la revolución sandinista, pero es, a mi entender, el caso de mayor claudicación. El régimen encabezado por los Ortega expulsó incluso a compañeros de aquella historia heroica y derivó en un sistema hiperpersonalizado y autoritario que no tiene nada que ver con los ideales emancipadores que le dieron origen. En Venezuela también hubo una deriva muy distinta al chavismo inicial. Cuba, en cambio, tiene la particularidad del bloqueo y del aislamiento internacional, que condicionan enormemente su realidad. Cada proceso tiene su especificidad, pero creo que esos paradigmas ya no representan hoy un horizonte para las nuevas generaciones.»

LCV: La derecha parece interpretar mejor el clima de época. Hoy, cuando se habla de justicia social y se menciona a Venezuela, muchos asocian esas ideas con pobreza, emigración o incluso corrupción.

Pablo Solana: «Sí, y en algunos casos también con corrupción. Pero, volviendo a Colombia, ahí encuentro una diferencia importante. Petro llegó al gobierno después de muchos años de construcción política completamente dentro de la legalidad. Si bien provenía del M-19, toda su carrera posterior fue institucional. Desde la presidencia defendió una agenda favorable a los trabajadores, denunció la injerencia de Estados Unidos en América Latina y sostuvo una posición muy firme en defensa de Palestina. Colombia mostró las dos caras del proceso: por un lado, el agotamiento definitivo de la vía insurgente y, por otro, la reconstrucción de una izquierda democrática, adaptada a los tiempos actuales. Aun así, no le alcanzó para renovar el mandato.»

LCV: ¿El país quedó tan dividido como Perú?

Pablo Solana: «Exactamente. El resultado fue de 49,6% contra 48,7%, menos de un punto de diferencia. Hubo además una cantidad importante de votos en blanco que impidieron que alguno superara el 50%, aunque en un balotaje alcanza con tener un voto más. Después aparecieron denuncias sobre actas observadas y algunas sospechas de fraude, pero el sistema colombiano ya había reconocido una diferencia igualmente ajustada cuando ganó Petro hace cuatro años. Lo cierto es que la distancia fue mínima y eso demuestra que, aun en un contexto favorable para las derechas, Colombia sigue siendo un país profundamente dividido.»

LCV: ¿Cómo se distribuyó el voto?

Pablo Solana: «En Colombia el voto muestra tres cortes muy claros: social, territorial y generacional. Desde el punto de vista de las clases sociales, Petro impulsó políticas concretas para los sectores populares: entrega de tierras al campesinado, reconocimiento de los pueblos indígenas, creación de universidades en regiones postergadas, gratuidad de la educación superior y una reforma laboral para recuperar derechos perdidos durante el uribismo. Todo eso fortaleció el apoyo popular, pero también reforzó el rechazo de sectores medios y altos, que identifican cualquier política redistributiva con el chavismo o el castrismo. También hay una diferencia regional muy marcada. En las grandes ciudades ganó la derecha, mientras que en las zonas campesinas, periféricas y de frontera se impuso el oficialismo. Finalmente está el factor generacional: si hubieran votado solamente los menores de 25 años, el candidato de izquierda habría ganado con más del 60%. El voto se equilibra entre los 30 y los 40 años, mientras que entre los mayores de 50 y 60 años la derecha supera ampliamente el 70%. Es una generación marcada por el conflicto armado y por una fuerte identificación entre izquierda y violencia, algo que entre los jóvenes ya no pesa de la misma manera.»

LCV: Para cerrar, hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda. Vos fuiste uno de los fundadores del MTD de Lanús junto a Darío Santillán. ¿Qué reflexión te deja aquel proceso visto desde el presente?

Pablo Solana: «Llegué de Colombia justamente el 26 de junio y pude participar nuevamente de la movilización. Cada vez que vuelvo me encuentro con el mismo pueblo, los mismos barrios y las mismas necesidades. La agenda sigue siendo la misma: mejorar las condiciones de vida, enfrentar la marginalidad y construir políticas públicas que den respuestas concretas. Es cierto que hoy las derechas parecen comprender mejor los mecanismos actuales de disputa ideológica y el funcionamiento de las redes sociales, pero la injusticia sigue siendo la misma o incluso peor que hace más de veinte años. Las organizaciones populares continúan dando esa pelea y el desafío es lograr que las mayorías vuelvan a expresarse detrás de un proyecto de transformación social. Lo que no cambió es la urgencia de esas demandas.»

LCV: Es más abarcativa. Se está desparramando como una mancha de aceite hacia sectores que antes creían estar protegidos, especialmente las clases medias.

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El día que todos gritamos «No al Rey».

Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’

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Internacionales

Maurizio Lazzarato: Tercera guerra mundial y la derrota de los años ’70

Esta semana charlamos con Maurizio Lazzarato, uno de los filósofos de izquierda surgido de la cátedra de Tony Negri, miembro de Autonomía Operaia en los años 70 que debío exiliarse en Francia en donde se dedicó al estudio en torno al capitalismo, las deudas y la guerra.

 Autor de ensayos publicados en recopilaciones junto a Paolo Virno, Michael Hardt y Eric Alliez. Y libros cuyos títulos ya nos indican el tenor de sus preocupaciones: La Creación del hombre endeudado (2012), Signos y máquinas, capitalismo y producción de subjetividad (2014); Gobernando mediante la deuda (2015); Neoliberalismo, la crisis financiera y el fin del Estado; Guerras y Capital (2016); El Capital odia a todo el mundo (2020), publicado hace un tiempo en español por Eterna cadencia. Muchos de sus títulos también pueden encontrarse en el catálogo de ediciones Tinta Limón. Sus últimos títulos son: Guerra y dinero: el imperialismo del dólar; y Guerra Civil Mundial, en 2025.

Entrevista a maurizio lazzarato del 5 de marzo de 2026

La entrevista exclusiva de LCV fue realizada via Zoom, en italiano, por Laura Giussani Constenla desde Italia y Lazzarato en Francia. A continuación, una síntesis de los principales conceptos sobre la relación entre guerra y capitalismo en el momento actual.

La Tercera Guerra Mundial y la Guerra Total. Los medios suele hablar del ‘conflicto de Medio Oriente’ ¿Cómo definir lo que está sucediendo? ¿Estalló la Tercera Guerra Mundial o puede considerarse una guerra regional? Lazzarato  cita al Papa Francesco con quien coincide en que estamos dentro de la Tercera Guerra Mundial desde hace un tiempo, aún con fragmentaciones, idas y venidas. Y define lo que está sucediendo luego del ataque conjunto de EEUU e Israel contra Irán, sumado al genocidio de Gaza, a la guerra de Ucrania y el bombardeo a Venezuela, como una Guerra Total. Un concepto que nació con la primera Guerra Mundial.

“La guerra es intrínseca al Capitalismo”, asegura. Le pregunto si es sólo del capitalismo o forma parte de la historia universal, visto que me encuentro en un pueblo en donde cada piedra fue testigo de guerras sobre guerras, desde los etruscos hasta hoy. “Son cosas distintas, incomparables”, la Guerra Total, característica del Capitalismo, gracias a las cuales pudo imponer el dólar como moneda de cambio internacional y convertirse en un imperio, no involucra sólo acciones militares en busca de territorios. Son guerras que no solo apelan a las armas sino que movilizan todos sus recursos: humanos, económicos, políticos, culturales, científicos, tecnológicos, agrícolas o energéticos. Guerras globales que tienen como objetivo destruir al enemigo, sin posibilidad alguna de negociación. El concepto de Guerra Total nació para definir a la Primera Guerra Mundial que se replicó en la Segunda.

“Este escenario se da en un momento de crisis económica del capitalismo casi terminal”. Estados Unidos vive una situación interna gravísima. Está endeudado por miles de millones de dólares. Se ha desindustrializado. Y por eso apela al poderío militar para restablecer un equilibrio, como lo ha hecho siempre. No es una novedad.

“El capitalismo es de una racionalidad irracional”. Creer que la lógica del Capital es una lógica absoluta e infinita es irracional. No se puede pensar en una racionalidad eterna, la locura forma parte del capitalismo en ese sentido.

“El fascismo hoy lo ejercen las democracias” Ya no es necesario un régimen diverso para aplicar las principales políticas del fascismo que son: explotación, sexismo, racismo, genocidios.

“¿Cómo se llegó a esto? Por la derrota de los revolucionarios en los años 70.” Ya nadie habla de revolución porque hemos sido vencidos y no analizamos en profundidad los motivos de ese derrota. Hay que repensar todo. Aún así, la revolución sigue siendo para Lazzarato la única salida. Poner fin al capitalismo.  

“Expropiar a los expropiadores”, tal como pensaban los trabajadores revolucionarios de inicios del 900 sigue siendo la única alternativa. El problema es que el Capital tiene la fuerza de las armas y ante la menor señal de revolución, aniquila.

Prima parte. Sin edición. La charla en crudo.

Tan lúcido como vehemente, consciente de la derrota y sin dejar de intentar cambiarlo todo, discrepó con la mirada de Bifo Berardi, quien en una reciente conferencia en la ciudad de México, Berardi sostuvo: «La utopía social de este siglo es la sobrevivencia, pero la realidad del siglo XXI es la extinción.» Una mirada oscura que no deja salida: “No creo que habrá una guerra civil estadounidense, es decir, entre frentes políticos opuestos. Eso pertenece a la época de la política, que en nuestro tiempo ha sido remplazada por la psicopatía, por la crueldad», argumenta Bifo dando por terminada «la época de la política». Tampoco coincide con la idea de «deserción» que proclaman Berardi y otros filósofos. Para Lazzarato recostarse en ideas comunitarias sin proyección revolucionaria no es una alternativa.

Por último, reafirmó que es tan cierto que se ha abandonado la idea de capitalismo y revolución que hasta Tony Negri, escribió un libro llamado Imperio, gran Best Seller internacional, en donde afirmaba que no existe más el imperialismo. Entre la indignación, la rabia y el dolor, el tono de Lazzarato cambia. Negri, su maestro y mentor, afirmando que el imperialismo no existe. “Basta encender la televisión para darse cuenta que el imperialismo está más vivo que nunca”, exclama.

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Fue una charla de más de una hora, que si tienen ganas pueden escuchar en crudo, sin edición, en nuestro canal de Youtube. Me impactó la mención a la derrota de los 70. Y en más de una ocasión puso como ejemplo América Latina y los golpes. A 50 años de la peor de las derrotas de los movimientos obreros, estudiantiles y revolucionarios, en Argentina, vale destacar que parece que no sólo perdimos nosotros. Que hubo un quiebre mundial del que todavía somos víctimas. Nos despedimos con una desoladora conclusión: hay que repensar todo de nuevo. Ojalá tengamos tiempo.

Hace unos 40 años, Giorgio Gaber y su monólogo sobre ‘los americanos’. Nada nuevo bajo el sol
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