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Reflexiones para un mundo post coronavirus, por Maristella Svampa, en Nueva Sociedad

Buenos Aires, día 16 del aislamiento obligatorio y preventivo

Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América en tiempos de la conquista. Se estima que entre la gripe, el sarampión y el tifus murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente, todos evocan la gripe española (1918-1019), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), el VIH / sida (desde la década de 1980), la gripe porcina AH1N1 (2009), el SARS (2002), el ébola (2014), el MERS (coronavirus 2015) y ahora el Covid-19.

Sin embargo, nunca vivimos en estado de cuarentena global, nunca pensamos que sería tan veloz la instalación de un Estado de excepción transitorio, un Leviatán sanitario, por la vía de los Estados nacionales. En la actualidad, casi un tercio de la humanidad se halla en situación de confinamiento obligatorio. Por un lado, se cierran fronteras externas, se instalan controles internos, se expande el paradigma de la seguridad y el control, se exige el aislamiento y el distanciamiento social. Por otro lado, aquellos que hasta ayer defendían políticas de reducción del Estado hoy rearman su discurso en torno de la necesaria intervención estatal, se maldicen los programas de austeridad quegolpearon de lleno la salud pública, incluso en los países del Norte global…

Resulta difícil pensar que el mundo anterior a este año de la gran pandemia fuera un mundo «sólido», en términos de sistema económico y social. El coronavirus nos arroja al gran ruedo en el cual importan sobre todo los grandes debates societales: cómo pensar la sociedad de aquí en más, cómo salir de la crisis, qué Estado necesitamos para ello; en fin, por si fuera poco, se trata de pensar el futuro civilizatorio al borde del colapso sistémico.

Quisiera en este artículo contribuir a estos grandes debates, con una reflexión que propone avanzar de modo precario en algunas lecciones que nos ofrece la gran pandemia y bosquejar alguna hipótesis acerca del escenario futuro posible.

La vuelta del Estado y sus ambivalencias: el Leviatán sanitario y sus dos caras

Reformulando la idea de Leviatán climático de Geoff Mann y Joel Wainwright, podemos decir que estamos hoy ante la emergencia de un Leviatán sanitario transitorio, que tiene dos rostros. Por un lado, parece haber un retorno del Estado social. Así, las medidas que se están aplicando en el mundo implican una intervención decidida del Estado, lo cual incluye desde gobiernos con Estados fuertes –Alemania y Francia– hasta gobiernos con una marcada vocación liberal, como Estados Unidos. Por ejemplo, Angela Merkel anunció un paquete de medidas sanitarias y económicas por 156.000 millones de euros, parte del cual va como fondo de rescate para autónomos sin empleados y empresas de hasta diez trabajadores; en España, las medidas movilizarán hasta 200.000 millones de euros, 20% del PIB; en Francia, Emmanuel Macron anunció ayudas por valor de 45.000 millones de euros y garantías de préstamos por 300.000 millones. La situación es de tal gravedad, ante la pérdida de empleo y los millones de desocupados que esta crisis generará, que incluso los economistas más liberales están pensando en un segundo New Deal en el marco de esta gran crisis sistémica. A mediano y largo plazo, la pregunta siempre es a qué sectores beneficiarán estas políticas. Por ejemplo, Donald Trump ya dio una señal muy clara; la llamada Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus (CARES, por sus siglas en inglés) es un paquete de estímulos de dos billones de dólares para, entre otros objetivos, rescatar sectores sensibles de la economía, entre los cuales está la industria del fracking, una de las actividades más contaminantes y más subsidiadas por el Estado.

Por otro lado, el Leviatán sanitario viene acompañado del Estado de excepción. Mucho se escribió sobre esto y no abundaremos. Basta decir que los mayores controles sociales se hacen visibles en diferentes países bajo la forma de violación de los derechos, de militarización de territorios, de represión de los sectores más vulnerables. En realidad, en los países del Sur, antes que una sociedad de vigilancia digital al estilo asiático, lo que encontramos es la expansión de un modelo de vigilancia menos sofisticado, llevado a cabo por las diferentes fuerzas de seguridad, que puede golpear aún más a los sectores más vulnerables, en nombre de la guerra contra el coronavirus.

Una pregunta resuena todo el tiempo: ¿hasta dónde los Estados tienen las espaldas anchas para proseguir en clave de recuperación social? Esto es algo que veremos en los próximos tiempos y a este devenir no serán ajenas las luchas sociales, esto es, los movimientos desde abajo, pero también las presiones que ejercerán desde arriba los sectores económicos más concentrados. Por otro lado, es claro que los Estados periféricos tienen muchos menos recursos, ni que hablar Argentina, a raíz de la situación de cuasi default y de desastre social en que la ha dejado el último gobierno de Mauricio Macri. Ningún país se salvará por sí solo, por más medidas de carácter progresista que implemente. Todo parece indicar que la solución es global y requiere de una reformulación radical de las relaciones Norte-Sur, en el marco de un multilateralismo democrático, que apunte a la creación de Estados nacionales en los cuales lo social, lo ambiental y lo económico aparezcan interconectados y en el centro de la agenda.

Las crisis como aprendizajes para no caer en falsas soluciones

La pandemia pone de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza que existe en el planeta. Esto no constituye una novedad, pero sí nos lleva a reflexionar sobre las salidas que han tenido otras crisis globales. En esa línea, la crisis global que aparece como el antecedente más reciente, aun si tuvo características diferentes, es la de 2008. Causada por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la crisis fue de orden financiero y se trasladó a otras partes del mundo para convertirse en una convulsión económica de proporciones globales. También persiste como el peor recuerdo en cuanto a la resolución de una crisis, cuyas consecuencias todavía estamos viviendo. Salvo excepciones, los gobiernos organizaron salvatajes de grandes corporaciones financieras, incluyendo a los ejecutivos de estas, que emergieron al final de la crisis más ricos que nunca.

Así, en términos sociales y a escala mundial, la reconfiguración fue regresiva. Suele decirse que la economía volvió a recuperarse, pero el 1% de los más ricos pegó un salto y la brecha de la desigualdad creció. Recordemos el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street, en 2011, cuyo lema era «Somos el 99%». Millones de personas perdieron sus casas en el mundo y quedaron sobreendeudados y sin empleo, la desigualdad se profundizó, los planes de ajuste y la desinversión en salud y educación se expandieron por numerosos países, algo que ilustra de manera dramática un país como Grecia, pero que se extiende a países como Italia, España e incluso Francia. En vísperas del Foro de Davos, en enero de 2020, un informe de Oxfam consignaba que de solo «2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (60% de la población mundial)». En términos políticos globales, produjo enormes movimientos tectónicos, ilustrados por la emergencia de nuevos partidos y liderazgos autoritarios en todo el mundo: una derecha reaccionaria y autoritaria, que incluye desde el Tea Party hasta Donald Trump, desde Jair Bolsonaro hasta Scott Morrison, desde Matteo Salvini hasta Boris Johnson, entre otros.

Por otro lado, si hasta hace pocos años se consideraba que América Latina marchaba a contramano del proceso de radicalización en clave derechista que hoy atraviesan parte de Europa y Estados Unidos, con sus consecuencias en términos de aumento de las desigualdades, xenofobia y antiglobalismo, hay que decir que, en los últimos tiempos, nuevos vientos ideológicos recorren la región, sobre todo luego de la emergencia de Bolsonaro en Brasil y el golpe en Bolivia. A esto hay que añadir que América Latina, si bien sobrevivió en pleno «Consenso de los Commodities» a la crisis económica y financiera de 2008 gracias al alto precio de las materias primas y la exportación a gran escala, poco logró conservar de aquel periodo de neoextractivismo de vacas gordas. En la actualidad, continúa siendo la región más desigual del mundo (20% de la población concentra 83% de la riqueza), es la región donde se registra un mayor proceso de concentración y acaparamiento de tierras (gracias a la expansión de la frontera agropecuaria), además de ser la zona del mundo más peligrosa para activistas ambientales y defensores de derechos humanos (60% de los asesinatos a defensores del ambientes, cometidos en 2016 y 2017, ocurrieron en América Latina) y, por si fuera poco, es la región más insegura para las mujeres víctimas de femicidio y violencia de género.

Así, la resolución de la crisis de 2008 y susefectos negativos se hacen sentir hoy con claridad. Estas salidas, que acentuaron la concentración de la riqueza y el neoliberalismo depredador, deben funcionar hoy como un contraejemplo eficaz y convincente para apelar a propuestas innovadoras y democráticas que apunten a la igualdad y la solidaridad. Al mismo tiempo, deberían hacernos reflexionar acerca de que ni siquiera aquellos países del Sur que durante el «Consenso de los Commodities» sortearon la crisis y aprovecharon la rentabilidad extraordinaria a través de la exportación de las materias primas, utilizando las recetas del neoextractivismo, funcionaron ni pueden presentarse como la encarnación de un modelo positivo.

Ocultamiento de las causas ambientales e hiperpresencia del discurso bélico

Anteriormente afirmé que la reconfiguración social, económica y política después de la crisis de 2008 fue muy negativa. Quisiera ahora detenerme un poco en las causas ambientales de la pandemia. Hoy leemos en numerosos artículos, corroborados por diferentes estudios científicos, que los virus que vienen azotando a la humanidad en los últimos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos. Sin embargo, pareciera que la atención sobre la pandemia en sí misma y las estrategias de control que se están desarrollando no han incorporado este núcleo central en sus discursos. Todo eso es muy preocupante.

¿Acaso alguien escuchó en el discurso de Merkel o Macron alguna alusión a la problemática ambiental que está detrás de esto? ¿Escucharon que Alberto Fernández, quien ha ganado legitimidad en las últimas semanas gracias a la férrea política preventiva y a su permanente contacto y toma de decisiones con un comité de expertos, haya hablado alguna vez de las causas socioambientales de la pandemia? Las causas socioambientales de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Si hay un enemigo, es este tipo de globalización depredadora y la relación instaurada entre capitalismo y naturaleza. Aunque el tópico circula por las redes sociales y los medios de comunicación, no entra en la agenda política. Esta «ceguera epistémica» –siguiendo el término de Horacio Machado Aráoz– tiene como contracara la instalación de un discurso bélico sin precedentes.

La proliferación de metáforas bélicas y el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial atraviesan los discursos, desde Macron y Merkel hasta Trump y Xi Jinping. Algo que se repite en Alberto Fernández, quien habla constantemente del «enemigo invisible». En realidad, esta figura puede fomentar la cohesión de una sociedad frente al miedo del contagio y de la muerte, «cerrando filas ante el enemigo común», pero no contribuye a entender la raíz del problema, sino más bien a ocultarlo, además de naturalizar y avanzar en el control social sobre aquellos sectores considerados como más problemáticos (los pobres, los presos, los que desobedecen al control).

El discurso bélico confunde y oculta las raíces del problema, atacando el síntoma, pero no las causas profundas, que tienen que ver con el modelo de sociedad instaurado por el capitalismo neoliberal, a través de la expansión de las fronteras de explotación y, en este marco, por la intensificación de los circuitos de intercambio con animales silvestres, que provienen de ecosistemas devastados. Por último, la fórmula bélica se asocia más al miedo que a la solidaridad y ha conllevado incluso una multiplicación de la vigilancia ante el incumplimiento de las medidas dictadas por los gobiernos para evitar los contagios. No son pocos los relatos, en Argentina así como en otros países, que dan cuenta de la asociación entre el discurso bélico y la figura del «ciudadano policía», erigido en atento vigía, dispuesto a denunciar a su vecino al menor desliz en la cuarentena. En suma, es necesario abandonar el discurso bélico y asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas en la agenda pública, lo cual ayudaría a prepararnos positivamente para responder al gran desafío de la humanidad: la crisis climática.

Horizontes posibles. Desde el paradigma del cuidado hasta el gran pacto ecosocial y económico

El año de la gran pandemia nos instala en una encrucijada civilizatoria. Frente a nuevos dilemas políticos y éticos, nos permite repensar la crisis económica y climática desde un nuevo ángulo, tanto en términos multiescalares (global/nacional/local) como geopolíticos (relación Norte/Sur bajo un nuevo multilateralismo). Podríamos formular el dilema de la siguiente manera. O bien vamos hacia una globalización neoliberal más autoritaria, un paso más hacia el triunfo del paradigma de la seguridad y la vigilancia digital instalado por el modelo asiático, tan bien descrito por el filósofo Byung-Chul Han, aunque menos sofisticado en el caso de nuestras sociedades periféricas del Sur global, en el marco de un «capitalismo del caos», como sostiene el analista boliviano Pablo Solón. O bien, sin caer en una visión ingenua, la crisis puede abrir paso a la posibilidad en la construcción de una globalización más democrática, ligada al paradigma del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia como lazos sociales e internacionales; de políticas públicas orientadas a un «nuevo pacto ecosocial y económico», que aborde conjuntamente la justicia social y ambiental.

Las crisis, no hay que olvidarlo, también generan procesos de «liberación cognitiva», como dice la literatura sobre acción colectiva y Doug McAdam en particular, lo cual hace posible la transformación de la conciencia de los potenciales afectados; esto es, hace posible superar el fatalismo o la inacción y torna viable y posible aquello que hasta hace poco era inimaginable. Esto supone entender que la suerte no está echada, que existen oportunidades para una acción transformadora en medio del desastre. Lo peor que podría ocurrir es que nos quedemos en casa convencidos de que las cartas están marcadas y que ello nos lleve a la inacción o a la parálisis, pensando que de nada sirve tratar de influir en los procesos sociales y políticos que se abren, así como en las agendas públicas que se están instalando. Lo peor que podría suceder es que, como salida a la crisis sistémica producida por la emergencia sanitaria, se profundice «el desastre dentro del desastre», como afirma la feminista afroaestadounidense Keeanga-Yamahtta Taylor, recuperando el concepto de Naomi Klein de «capitalismo del desastre». Hay que partir de la idea de que estamos en una situación extraordinaria, de crisis sistémica, y que el horizonte civilizatorio no está cerrado y todavía está en disputa.

En esa línea, ciertas puertas deben cerrarse (por ejemplo, no podemos aceptar una solución como la de 2008, que beneficie a los sectores más concentrados y contaminantes, ni tampoco más neoextractivismo), y otras que deben abrirse más y potenciarse (un Estado que valorice el paradigma del cuidado y la vida), tanto para pensar la salida de la crisis como para imaginar otros mundos posibles. Se trata de proponer salidas a la actual globalización, que cuestionen la actual destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, que cuestionen una idea de sociedad y vínculos sociales marcados por el interés individual, que cuestionen la mercantilización y la falsa idea de «autonomía». En mi opinión, las bases de ese nuevo lenguaje deben ser tanto la instalación del paradigma del cuidado como marco sociocognitivo como la implementación de un gran pacto ecosocial y económico, a escala nacional y global.

En primer lugar, más que nunca, se trata de valorizar el paradigma del cuidado, como venimos insistiendo desde el ecofeminismo y los feminismos populares en América Latina, así como desde la economía feminista; un paradigma relacional que implica el reconocimiento y el respeto del otro, la conciencia de que la supervivencia es un problema que nos incumbe como humanidad y nos involucra como seres sociales. Sus aportes pueden ayudarnos a repensar los vínculos entre lo humano y lo no humano, a cuestionar la noción de «autonomía» que ha generado nuestra concepción moderna del mundo y de la ciencia; a colocar en el centro nociones como la de interdependencia, reciprocidad y complementariedad. Esto significa reivindicar que aquellas tareas cotidianas ligadas al sostenimiento de la vida y su reproducción, que han sido históricamente despreciadas en el marco del capitalismo patriarcal, son tareas centrales y, más aún, configuran la cuestión ecológica por excelencia. Lejos de la idea de falsa autonomía a la que conduce el individualismo liberal, hay que entender que somos seres interdependientes y abandonar las visiones antropocéntricas e instrumentales para retomar la idea de que formamos parte de un todo, con los otros, con la naturaleza. En clave de crisis civilizatoria, la interdependencia es hoy cada vez más leída en términos de ecodependencia, pues extiende la idea de cuidado y de reciprocidad hacia otros seres vivos, hacia la naturaleza.

En este contexto de tragedia humanitaria a escala global, el cuidado no solo doméstico sino también sanitario como base de la sostenibilidad de la vida cobra una significación mayor. Por un lado, esto conlleva una revalorización del trabajo del personal sanitario, mujeres y hombres, médicos infectólogos, epidemiólogos, intensivistas y generalistas, enfermeros y camilleros, en fin, el conjunto de los trabajadores de la salud, que afrontan el día a día de la pandemia, con las restricciones y déficits de cada país, al tiempo que exige un abandono de la lógica mercantilista y un redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado y asistencia. Por otro lado, las voces y la experiencia del personal de la salud serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la inextricable relación que existe entre salud y ambiente, de cara al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y al agravamiento de la crisis climática. Hay que pensar que la medicina, pese a la profunda mercantilización de la salud a la que hemos asistido en las últimas décadas, no ha perdido su dimensión social y sanitarista, tal como podemos ver en la actualidad, y que de aquí en más se verá involucrada directamente en los grandes debates societales y, por ende, en los grandes cambios que nos aguardan y en las acciones para controlar el cambio climático, junto con sectores ecologistas, feministas, jóvenes y pueblos originarios.

En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández dio numerosas señales en relación con la importancia que otorga al cuidado como tarea y valor distintivo del nuevo gobierno. Una de ellas fue la creación del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, así como la inclusión en el gobierno de destacadas profesionales, cuyo aporte en clave feminista atraviesa de manera transversal distintas áreas del Estado. Este gesto hacia la incorporación del feminismo como política de Estado debe traducirse también en una ampliación de la agenda pública en torno del cuidado. Es de esperar que las mujeres hoy funcionarias asuman la tarea de conectar aquello que hoy aparece obturado y ausente en el discurso público, esto es, la estrecha relación entre cuidado, salud y ambiente.

En segundo lugar, esta crisis bien podría ser la oportunidad para discutir soluciones más globales, en términos de políticas públicas. Hace unos días la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), propuso un nuevo Plan Marshall que libere 2,5 billones de dólares de ayuda a los países emergentes, que implique el perdón de las deudas y un plan de emergencia en servicios de salud, así como programas sociales. La necesidad de rehacer el orden económico mundial, que impulse un jubileo de la deuda, aparece hoy como posible. Aparece también posible impulsar un ingreso ciudadano, debate que se ha reactivado al calor de una pandemia que destruye millones de puestos de trabajo, además de profundizar la precarización laboral, mediante esquemas de teletrabajo que extienden la jornada laboral.

Sin embargo, es necesario pensar este New Deal no solo desde el punto de vista económico y social, sino también ecológico. Lo peor sería legislar contra el ambiente para reactivar la economía, acentuando la crisis ambiental y climática y las desigualdades Norte-Sur. Son varias las voces que ponen de manifiesto la necesidad de un Green New Deal como el lanzado por la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez en 2019. Desde Naomi Klein hasta Jeremy Rifkin, varios han retomado el tema en clave de articulación entre justicia social, justicia ambiental y justicia racial.

En el contexto de esta pandemia, ha habido algunas señales. Por ejemplo, Chris Stark, jefe ejecutivo del Comité sobre Cambio Climático del Reino Unido (CCC), sostuvo que la inyección de recursos que los gobiernos deben insuflar en la economía para superar la crisis del Covid-19 debe tener en cuenta los compromisos sobre el cambio climático, esto es, el diseño de políticas y estrategias que no sean solo económicas sino también un «estímulo verde». En Estados Unidos un grupo de economistas, académicos y financistas agrupados bajo la consigna del estímulo verde (green stimulus) enviaron una carta en la que instaron al Congreso a que presione aún más para garantizar que los trabajadores estén protegidos y que las empresas puedan operar de manera sostenible para evitar las catástrofes del cambio climático, especialmente en una economía marcada por el coronavirus.

Con Enrique Viale, en nuestro último libro Una brújula en tiempos de crisis climática (de próxima publicación por la editorial Siglo Veintiuno), apuntamos en esta dirección y por ello proponemos pensar en términos de un gran pacto ecosocial y económico. Sabemos que, en nuestras latitudes, el debate sobre el Green New Deal es poco conocido, por varias razones que incluyen desde las urgencias económicas hasta la falta de una relación histórica con el concepto, ya que en América Latina nunca hemos tenido un New Deal, ni tampoco un Plan Marshall. En Argentina, lo más parecido a esto fue el Plan Quinquenal bajo el primer gobierno peronista, que tuvo un objetivo nacionalista y redistributivo. Sin embargo, Argentina no venía en ese entonces del desastre, tenía superávit fiscal y los precios de las exportaciones de cereales eran altos. Era un país beneficiado económicamente por la guerra europea y eso le dio al gobierno peronista una oportunidad para generar condiciones de cierta autonomía relativa, orientando su política de redistribución hacia los sectores del asalariado urbano.

Así, no hay aquí un imaginario de la reconstrucción ligado al recuerdo del Plan Marshall (Europa) o el New Deal (Estados Unidos). Lo que existe es un imaginario de la concertación social, ligado al peronismo, en el cual la demanda de reparación (justicia social) continúa asociada a una idea hegemónica del crecimiento económico, que hoy puede apelar a un ideal industrializador, pero siempre de la mano del modelo extractivo exportador, por la vía eldoradista (Vaca Muerta), el agronegocio y, en menor medida, la minería a cielo abierto. La presencia de este imaginario extractivista/desarrollista poco contribuye a pensar las vías de una «transición justa» o a emprender un debate nacional en clave global del gran pacto ecosocial y económico. Antes bien, lo distorsiona y lo vuelve decididamente peligroso, en el contexto de crisis climática.

Esto no significa que no haya narrativas emancipatorias disponibles ni utopías concretas en América Latina. No hay que olvidar que en ka región existen nuevas gramáticas políticas, surgidas al calor de las resistencias locales y de los movimientos ecoterritoriales (rurales y urbanos, indígenas, campesinos y multiculturales, las recientes movilizaciones de los más jóvenes por la justicia climática ), que plantean una nueva relación entre humanos, así como entre sociedad y naturaleza, entre humano y no humano. En el nivel local se multiplican las experiencias de carácter prefigurativo y antisistémico, como la agroecología, que ha tenido una gran expansión, por ejemplo, incluso en un país tan transgenizado como Argentina. Estos procesos de reterritorialización van acompañados de una narrativa político-ambiental, asociada al «buen vivir», el posdesarrollo, el posextractivismo, los derechos de la naturaleza, los bienes comunes, la ética del cuidado y la transición socioecológica justa, cuyas claves son tanto la defensa de lo común y la recreación de otro vínculo con la naturaleza como la transformación de las relaciones sociales, en clave de justicia social y ambiental.

De lo que se trata es de construir una verdadera agenda nacional y global, con una batería de políticas públicas, orientadas hacia la transición justa. Esto exige sin duda no solo una profundización y debate sobre estos temas, sino también la construcción de un diálogo Norte-Sur, con quienes están pensando en un Green New Deal, a partir de una nueva redefinición del multilateralismo en clave de solidaridad e igualdad.

Nadie dice que será fácil, pero tampoco es imposible. Necesitamos reconciliarnos con la naturaleza, reconstruir con ella y con nosotros mismos un vínculo de vida y no de destrucción. El debate y la instalación de una agenda de transición justa pueden convertirse en una bandera para combatir no solo el pensamiento liberal dominante, sino también la narrativa colapsista y distópica que prevalece en ciertas izquierdas y la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas. La pandemia del coronavirus y la inminencia del colapso abren a un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse no solo la imaginación política tras la necesidad de la supervivencia y el cuidado de la vida, sino también la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado.

Nueva Sociedad es uno de los portales que tienen un excelente nivel de pensamiento para entender el mundo que vivimos. Todos los artículos son dignos de leer en: https://www.nuso.org/articulo/reflexiones-para-un-mundo-post-coronavirus/

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Esteban Sottile: “Despidieron a nueve docentes a cuatro semanas de terminar el ciclo lectivo”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Esteban Sottile, secretario de Educación Superior de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) de la Ciudad de Buenos Aires, denunció el despido de nueve docentes del Instituto de Tiempo Libre y Recreación, a pocas semanas de finalizar el ciclo lectivo. También advirtió sobre el avance del vaciamiento de los institutos de formación superior y expresó su indignación por el asesinato de la docente Nancy Godoy, a quien vinculó con el silenciamiento de las denuncias sobre las condiciones de trabajo y la corrupción en el ámbito educativo.

LCV: ¿Cómo estás? Escuchaste un poco lo que fue la introducción. ¿Qué querés agregar?

Esteban Sottile: «Creo que es cierto que hoy la política nos convoca a seguir planteando una discusión contra la derecha. En este caso, en la Ciudad de Buenos Aires, desde nuestra organización sindical, la Unión de Trabajadores de la Educación, estamos enfrentando al Gobierno de la Ciudad por una situación que ocurrió en el Instituto de Tiempo Libre y Recreación. De manera arbitraria, sin consulta y sin ningún fundamento, llegaron notificaciones por trámite a distancia a nueve docentes del instituto informándoles que se prescindía de sus servicios. Esto sucede a cuatro semanas de terminar el ciclo lectivo. Es un ataque al estudiantado, porque rompe con un contrato básico: su cursada en un horario y en un momento determinados. Los estudiantes eligen al principio del cuatrimestre qué días van a cursar y el Gobierno de la Ciudad, a esta altura, les cambia todo. Lo llamativo es que sucede a apenas cuatro semanas de finalizar las clases. Por otro lado, también es una situación muy compleja para los docentes. Entre los afectados hay una docente embarazada y dos delegados de UTE que también recibieron la comunicación. Es una situación bastante compleja y forma parte de un ataque sostenido que viene desde agosto, con una amenaza detrás de otra.»

LCV: Esto tampoco es un caso aislado. También han aparecido situaciones en otros institutos técnicos superiores, como el ISIR. La carrera afectada es Tiempo Libre y Recreación, donde se forman los recreólogos de la Ciudad de Buenos Aires. Es uno de los institutos que forma profesionales en esta especialidad en el país. No es cualquier institución la que está siendo atacada. También está la carrera de Bibliotecología, que atraviesa una situación similar. La lógica parece ser la destrucción de los mecanismos de educación, tanto de formación docente como de aquellos destinados a quienes reciben esa formación. Esto forma parte de un proyecto, de un plan, no es algo inocente. Quiero llevarte también al caso de Nancy Godoy, en Entre Ríos. Ella había denunciado situaciones de corrupción en su entorno más cercano, señalando a su director y a su supervisión. Se atrevió a enviar una carta al Ministerio y, en algún lugar de esa cadena, alguien decidió que su voz era molesta. ¿Qué reflexión te merece lo sucedido?

Esteban Sottile: «En principio, el sindicato que está en la provincia de Buenos Aires se hizo eco de lo sucedido desde el primer momento y realizó todas las presentaciones correspondientes. Las organizaciones sindicales, en su conjunto, también están actuando, no solamente en el plano de la denuncia, sino acompañando fuertemente a la familia de nuestra compañera. Es cierto que su voz no fue silenciada: la mataron a ella por justamente elevar su voz. En el planteo que hizo está representada la voz de todos los docentes que permanentemente denunciamos las condiciones en las que trabajamos.»

LCV: Exactamente. Ese es el punto central. También hubo una mirada romántica de una parte del periodismo cuando se decía que ella se trasladaba a caballo, algo que efectivamente hacía. Pero el planteo no es romantizar esa situación, sino poner sobre la mesa las condiciones en las que trabajamos. ¿Qué te pasa cuando escuchás el audio de Nancy hablando de esas condiciones?

Esteban Sottile: «La verdad es que me produce dolor y bronca. Particularmente, si tengo que ponerlo en una palabra, es bronca, porque cuando nuestra compañera, así como otros compañeros en distintas partes de nuestro país, expresan estas situaciones, hay oídos sordos de parte de los gobiernos. En este caso, el Gobierno de la provincia de Corrientes, ante todos los pasos que nuestra compañera dio y las presentaciones que realizó, respondió con el silencio. Los oídos sordos fueron los que prevalecieron. Lamentablemente, nuestra compañera fue víctima de todos estos atropellos y de esta violencia que tiene un tronco común: la desidia y la corrupción.»

LCV: Tenemos pocos días porque la semana que viene, por distintas circunstancias y también por el feriado relacionado con la presencia del Papa, no vamos a tener programa. Estamos dejando algunos mensajes sobre lo que puede significar su visita. En treinta segundos, ¿qué creés que puede aportar la llegada del Papa frente a las expectativas de tanta gente que está sufriendo?

Esteban Sottile: «Lo que espero es que la voz de este jefe de Estado haga presente aquello que en su momento su antecesor, el papa Francisco, puso en el mundo: la voz. Como dice el Evangelio, una voz en el pueblo. Espero que esa voz del pueblo se eleve y que, en este caso, el Estado argentino escuche a través de la palabra de este jefe de Estado. Él va a recorrer distintos lugares y sabemos que va a estar en Don Orione, una de las instituciones golpeadas por este gobierno. Creo que esa voz va a llegar y que se va a transmitir al jefe de nuestro Estado para que, de una buena vez, se tome en cuenta la palabra de nuestro pueblo. Esperemos también que el Gobierno de la Ciudad, el de Macri, tome en cuenta la palabra de los docentes y de todos los ciudadanos que están sufriendo en Buenos Aires.»

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Roberto Bacman: “La campaña de Lula fue a buscar a quienes no habían votado”

En diálogo con La Columna Vertebral, el analista político Roberto Bacman analizó el resultado electoral de Brasil, el trabajo de la militancia que permitió ampliar el caudal de votos de Lula y las diferencias entre el escenario brasileño y el argentino. También evaluó el crecimiento de Javier Milei entre los jóvenes, las dificultades del peronismo para construir una alternativa electoral y el impacto del ajuste sobre la industria, el empleo y las economías regionales. La conversación abordó además el desarrollo de Vaca Muerta y los desafíos de transformar la explotación de recursos naturales en trabajo y riqueza para el país.

LCV: ¿Cómo estás, Roberto? Supongo que muy contento con el resultado electoral de Brasil. Era una parada difícil para Lula, pero lo logró. Recuerdo que la semana pasada, cuando conversamos, vos eras uno de los que pensaba que podía suceder. ¿Esperabas que se diera esta remontada?

Roberto Bacman: “La campaña de Lula se dirigió a distintos segmentos y los segmentó muy bien. Hubo un trabajo novedoso en redes sociales. Crearon una comunidad de WhatsApp, habilitaron militantes digitales y complementaron eso con la militancia tradicional, territorial. También fueron a buscar a electores habilitados que no habían votado en la primera vuelta y lograron movilizar a una parte de ellos. En un padrón de 158 millones de votantes, un punto y medio representa un número muy importante. Además, aprovecharon la disputa entre el gobernador de San Pablo y Flavio Bolsonaro para militar intensamente en ese estado y achicar las diferencias.”

LCV: Más que dar vuelta cuatro millones de votos, parece que consiguieron sumar nuevos votantes. ¿Cómo se explica ese movimiento?

Roberto Bacman: “Aproximadamente, un poco más de diez millones de los nuevos votantes fueron para Lula y algo menos de cuatro millones para Bolsonaro. Es impresionante, sobre todo porque estamos hablando de un país muy grande. San Pablo, que tiene una cantidad enorme de electores, representa alrededor del 21,48% del padrón brasileño. En la Argentina, en cambio, la provincia de Buenos Aires concentra cerca del 48% del padrón nacional. Brasil tiene un territorio muy amplio y estados con millones de habitantes, de modo que la campaña debía tener en cuenta realidades muy distintas.”

LCV: ¿Cuánto pesó la figura de Lula y cuánto influyó el rechazo a Bolsonaro y a su discurso de odio, agresividad y negacionismo?

Roberto Bacman: “El voto más cercano al lulismo ya estaba bastante consolidado. Lula necesitaba llegar a personas que no eran tan cercanas a él, pero que no querían que continuara el bolsonarismo. Tenía que construir un discurso que integrara a esos votantes, incluso a sectores de derecha que rechazaban a los Bolsonaro y no querían más locura. La campaña buscó canalizar ese temor y ofrecer una alternativa. En eso hay una enseñanza para otros países, aunque las situaciones nunca sean idénticas.”

LCV: ¿Qué diferencias encontrás entre Brasil y la Argentina? ¿Puede servirnos esa experiencia?

Roberto Bacman: “Hay diferencias sustantivas. Lula iba por la continuidad y tiene un liderazgo propio. En la Argentina, el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner está condicionado por su situación judicial y por otras circunstancias políticas. Además, Lula abrió su espacio a sectores del centro, a pequeños industriales, comerciantes y personas que se incorporan a nuevas actividades. La campaña estuvo dirigida a quienes no habían votado por desinterés y a quienes podían ser convocados desde una propuesta más amplia. Esa estrategia puede servir como ejemplo para la Argentina: hay que hablarle a quienes no son seguidores de Milei, pero tampoco se sienten representados por determinados sectores de la oposición. No alcanza con dirigirse siempre a los propios.”

LCV: Lula habló de su intención de utilizar estos últimos cuatro años para dialogar con distintos sectores de la sociedad y desarrollar tecnología propia. ¿Qué importancia tiene esa definición?

Roberto Bacman: “Es importante que plantee la necesidad de hablar con todos los sectores: empresarios, industriales, comerciantes, estudiantes y trabajadores de la industria del conocimiento. También aparece la idea de desarrollar inteligencia artificial brasileña, no depender exclusivamente de la estadounidense. Hay una discusión de fondo sobre la capacidad de un país para negociar con el mundo sin que otros le impongan todas las condiciones. Eso está relacionado con el desarrollo, la soberanía y la posibilidad de construir una política industrial propia.”

LCV: También es interesante el uso que hicieron de las nuevas tecnologías durante la campaña. ¿Cómo se diferencia esa experiencia de la utilización de redes para difundir odio?

Roberto Bacman: “Lo que se demostró con la comunidad de WhatsApp es que se pueden utilizar herramientas tecnológicas para organizar personas, promover una campaña positiva y llegar a sectores que de otra manera quizás no se movilizarían. Eso no es lo mismo que usar bots, cuentas falsas o herramientas digitales para difundir odio e insultos contra el adversario. La tecnología no tiene por qué ser demonizada, pero hay que discutir para qué se utiliza y qué objetivos persigue.”

LCV: En la Argentina hay sectores que parecen atrapados en la lógica de la grieta. ¿Cómo se construye una alternativa que pueda llegar a más gente?

Roberto Bacman: “Es necesario ampliar la convocatoria y no hablar solamente para los convencidos. Hay que entender que existen personas que no quieren a Milei, pero tampoco se sienten representadas por determinadas formas de hacer política de la oposición. Si se pretende construir una alternativa, hay que encontrar una manera de hablarles y ofrecerles una propuesta concreta. La dificultad es que no resulta sencillo construir unidad dentro del peronismo ni ampliarla hacia otros sectores que podrían estar cerca. Además, hoy faltan figuras convocantes. Hay que encontrarlas y darles una oportunidad.”

LCV: ¿Qué papel deberían tener las PASO en esa construcción?

Roberto Bacman: “Es importante defender las PASO porque permiten que los liderazgos sean elegidos democráticamente. La unidad no puede resolverse solamente mediante acuerdos entre dirigentes. También tiene que existir una instancia en la que la sociedad pueda participar y elegir quiénes van a representar esa alternativa. Hay que buscar mecanismos para ordenar la competencia interna y construir una propuesta que tenga posibilidades electorales.”

LCV: En las últimas discusiones parlamentarias hubo acuerdos que después no se sostuvieron al momento de votar. ¿Qué impacto tienen esas situaciones?

Roberto Bacman: “Esas situaciones generan mucho daño. Cuando se llega a un acuerdo y, a la hora de votar, algunos legisladores desaparecen o no cumplen con lo que habían comprometido, se debilita la confianza. La política termina organizada alrededor de acuerdos circunstanciales y de intereses que no siempre responden a las necesidades de la sociedad. Mientras tanto, el oficialismo busca avanzar con sus iniciativas y puede aprovechar las divisiones de la oposición.”

LCV: ¿Cómo evaluás el apoyo que Milei consiguió entre sectores populares y jóvenes que históricamente habían estado vinculados al peronismo?

Roberto Bacman: “Milei logró instalar una identidad política que fue más allá del núcleo libertario tradicional. Llegó a sectores jóvenes, especialmente varones de hogares de clase baja y media baja que tenían antecedentes peronistas o cercanos al peronismo, aunque no necesariamente fueran militantes. El concepto de ‘casta’ fue importante porque le puso un nombre sencillo a un rechazo que ya existía hacia la vieja política. Muchas personas creyeron que la libertad significaba algo más amplio que lo que después terminó proponiendo el Gobierno. Ahora hay sectores que están volviendo a revisar esa decisión.”

LCV: ¿Cuánta responsabilidad tiene la dirigencia política en haber dado por sentado que los sectores populares iban a acompañarla?

Roberto Bacman: “Hubo responsabilidad. Uno de los peores escenarios para un gobierno es tener una interna abierta desde el primer día, porque eso genera un desgaste enorme. También es un error creer que determinados sectores sociales están asegurados electoralmente. La gente no le pertenece a ningún partido. Si una fuerza política supone que los votantes de los conurbanos o de las provincias van a acompañarla automáticamente, deja de escuchar qué les pasa y por qué cambian su voto.”

LCV: En Brasil también hubo disputas internas dentro del espacio de Bolsonaro. ¿Eso influyó en el resultado?

Roberto Bacman: “Sí, las internas abiertas pueden hacer mucho daño. La disputa entre Flavio Bolsonaro y el gobernador de San Pablo tuvo consecuencias en un estado que concentra una cantidad muy importante de votantes. Allí se achicó la diferencia y Lula terminó obteniendo un resultado mayor al que muchos esperaban. Las divisiones internas pueden perjudicar a una candidatura, especialmente cuando la campaña depende de mantener cohesionados distintos sectores.”

LCV: Pasemos a la economía argentina. Se habla de una mejora en algunos indicadores y de un crecimiento en Neuquén asociado a Vaca Muerta, pero también hay preocupación por el empleo y por las condiciones de vida. ¿Cómo lo ves?

Roberto Bacman: “Hay que mirar qué tipo de trabajo se está generando y quiénes pueden acceder a él. En Neuquén existe una expectativa muy grande alrededor de Vaca Muerta y llega gente pensando que va a encontrar empleo. Pero gran parte de los puestos requiere mano de obra muy calificada, técnicos e ingenieros especializados en petróleo. No es una actividad en la que cualquiera pueda llegar y empezar a trabajar. Por eso hay que analizar qué pasa con las personas que se trasladan buscando una oportunidad y no la encuentran.”

LCV: Si Vaca Muerta puede generar tanta riqueza, ¿qué debería hacerse para que ese desarrollo beneficie también a los trabajadores y a las comunidades de la región?

Roberto Bacman: “Hay que planificar. Si va a crecer la población, se necesitan escuelas, hospitales, viviendas y servicios públicos. Ojalá se construyan escuelas de calidad, que los docentes tengan trabajo y que haya educación pública, no solamente instituciones privadas. También hacen falta barrios para los trabajadores, no solo viviendas de lujo para quienes tienen mucho dinero. El crecimiento puede ser una oportunidad extraordinaria, pero, si no se planifica, puede terminar siendo pan para hoy y un problema mañana.”

LCV: También se mencionan los problemas de infraestructura y el impacto del transporte de arena para el fracking. ¿Qué está faltando?

Roberto Bacman: “Hay problemas con los caminos, que reciben el tránsito de camiones muy pesados que transportan la arena utilizada en la actividad. Esa infraestructura se deteriora y no hay una inversión pública suficiente para resolverlo. Además, hay que preguntarse por qué no se transforma una parte mayor de los recursos en actividad industrial local. En Comodoro Rivadavia, por ejemplo, se puede discutir por qué el petróleo no genera más procesos de transformación y trabajo en la propia región. La explotación de recursos naturales podría generar riqueza no solo para una provincia, sino también para las provincias cercanas.”

LCV: Todo esto ocurre mientras se profundiza la crisis industrial. Se habla de cierres de fábricas, de la caída de la industria textil y de pequeñas empresas que no pueden pagar los servicios. ¿Qué relación encontrás entre esos procesos?

Roberto Bacman: “Hay un proceso de desindustrialización que no afecta solamente a las fábricas, sino también a los comercios y a las pequeñas y medianas empresas. La industria textil está muy golpeada por la competencia de productos importados baratos, mientras muchas pymes no pueden sostener los costos de los servicios. Una panadería pequeña puede tener dificultades para pagar la energía, incluso antes de pensar en los salarios o los impuestos. Y a eso se suma que cada vez hay menos gente que puede comprar. Cuando cae el poder adquisitivo, se perjudica toda la cadena económica.”

LCV: También se informó sobre la paralización de la producción de camionetas en plantas automotrices por la baja demanda. ¿Qué te dice ese dato?

Roberto Bacman: “Es preocupante porque una camioneta no es solamente un vehículo de consumo: también es una herramienta de trabajo para el campo, para transportar materiales y para distintas actividades comerciales. Si cae la demanda, eso refleja que hay menos actividad y menos capacidad de compra. Incluso pequeños comerciantes que antes podían utilizar una camioneta para transportar mercadería pueden encontrarse ahora con dificultades para sostener ese gasto. La crisis termina repercutiendo en distintos sectores de la economía.”

LCV: Para cerrar, ¿qué pensás de las denuncias de fraude que surgieron después de la elección brasileña y de la situación judicial de Flavio Bolsonaro?

Roberto Bacman: “Las denuncias electorales tienen que evaluarse con datos concretos y por las vías correspondientes. En la conversación se mencionó una cifra de alrededor de 34.000 votos en relación con una de esas presentaciones, pero habría que verificar con precisión a qué se refería. En cuanto a Flavio Bolsonaro, la situación judicial es un asunto distinto: que alguien pueda presentarse como candidato no significa que quede exento de responder ante la Justicia. Hay que distinguir entre la competencia electoral y las causas judiciales que puedan existir.”

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Sebastián Bravo: “La impresión de billetes argentinos se trasladó al exterior y entregaron conocimientos estratégicos”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Sebastián Bravo, delegado de ATE en Casa de Moneda, denunció el vaciamiento de la empresa estatal, la tercerización de la impresión de billetes, la pérdida de capacidades estratégicas y la persecución judicial contra los trabajadores que resisten estas políticas. También explicó la importancia de Casa de Moneda para la soberanía nacional y alertó sobre el futuro de sus trabajadores.

LCV: ¿Cómo estás? Estamos muy contentos con el resultado de las elecciones en Brasil. Los compañeros del sindicato gráfico brasileño se habían comunicado con nosotros porque estaban preocupados por la posibilidad de que ganara la ultraderecha. Nos pidieron consejos sobre cómo enfrentar estos tres años de gobierno. ¿Cómo viviste el resultado?

Sebastián Bravo: «Estamos muy contentos. Los compañeros de Brasil se comunicaron con nosotros y nos agradecieron el mensaje. Como país hermano, también estamos felices. La sociedad brasileña hizo lo que tenía que hacer. Creo que acá tenemos que aprender de esa experiencia: debemos dejar de lado los nombres propios y discutir qué país queremos construir.»

LCV: En Brasil hubo mucha gente que votó a Lula no necesariamente por ser lulista, sino porque no quería que ganara Bolsonaro. La sociedad tenía claro qué políticas rechazaba: la discriminación, el negacionismo, la mano dura y el rechazo a la inmigración. ¿Creés que acá tenemos que trabajar en esa misma dirección?

Sebastián Bravo: «Estoy totalmente de acuerdo. Hay muchas cosas que corregir. El peronismo ya no tiene el mismo núcleo duro y muchos jóvenes que no encontraban trabajo terminaron comprando el discurso de que podían ser sus propios jefes. Tenemos que hacer una autocrítica, reconocer lo que se hizo mal y entender el contexto. Hubo una pandemia, hubo sequías y ocurrieron muchas cosas, aunque no deben utilizarse como excusas. El próximo gobierno tiene que ser empático, escuchar a la gente y, especialmente, a los jóvenes. El trabajo cambia, la tecnología avanzó muchísimo y tenemos que adaptar los procesos a esta nueva realidad.»

LCV: Para entender el conflicto actual, contale a la gente qué era históricamente Casa de Moneda antes de la intervención de este gobierno. ¿Qué función cumplía?

Sebastián Bravo: «Casa de Moneda es la principal gráfica de seguridad del país. El Gobierno instaló durante la campaña la idea de que éramos responsables de la emisión monetaria porque fabricábamos monedas y billetes. Pero nuestra actividad iba mucho más allá: producíamos pasaportes, chapas patentes, títulos automotores, títulos universitarios, medallas, monedas, estampillas fiscales, entradas para parques nacionales y distintos documentos que contienen elementos de seguridad. También imprimíamos boletas electorales y padrones. Todo trabajo que necesitara medidas de seguridad y respaldo debía pasar por Casa de Moneda.»

LCV: ¿Qué formación y conocimientos técnicos necesita la gente que trabaja allí?

Sebastián Bravo: «Los técnicos se forman a lo largo de muchos años y reciben capacitación permanente. Son trabajadores gráficos especializados que incluso se capacitaron en el exterior. Para los últimos trabajos vinculados con los billetes, por ejemplo, personal de Casa de Moneda viajó a China para realizar cursos. También hubo capacitaciones en instituciones gráficas de primer nivel. Para llegar a trabajar directamente con las máquinas se necesitan aproximadamente diez años de formación. Es una tarea de enorme responsabilidad que exige conocimientos técnicos específicos y un alto nivel de seguridad.»

LCV: Estamos hablando de trabajadores que conocen los diseños y los mecanismos de seguridad de los billetes. Son personas que deben inspirar una enorme confianza para evitar falsificaciones y proteger los materiales que se utilizan para fabricar dinero.

Sebastián Bravo: «Esa es una de las principales denuncias que hicimos. Casa de Moneda dejó de emitir billetes para la Argentina, pero la impresión no desapareció: se trasladó a otros países. En las próximas semanas vamos a comenzar a imprimir billetes de Nigeria, las nairas. El trabajo continúa, pero las medidas de seguridad se transfirieron al exterior y los billetes argentinos dejaron de imprimirse acá. Es decir, se entregó a otros países un conocimiento estratégico.»

LCV: Es llamativo que un gobierno que cuestiona las relaciones con China termine trasladando allí conocimientos y capacidades vinculados con la impresión de dinero. Si mañana hubiera un conflicto, estaríamos entregando información estratégica sobre nuestra propia moneda.

Sebastián Bravo: «Exactamente. Se trasladaron conocimientos y medidas de seguridad a otro país. Eso genera una dependencia muy peligrosa. Si entráramos en un conflicto con China, tendrían información sobre nuestros materiales y nuestra economía. Es un riesgo enorme haber entregado esos conocimientos.»

LCV: También estaba el trabajo de los diseñadores. La selección de las imágenes, el desarrollo de los billetes y las técnicas de impresión eran parte de una especialización muy importante. Casa de Moneda recibió premios por sus diseños.

Sebastián Bravo: «En Casa de Moneda todos los sectores forman parte de una misma cadena de trabajo. El diseño también es fundamental. Nuestros billetes recibieron premios internacionales: el del yaguareté fue reconocido por su diseño y otro obtuvo una distinción como mejor billete de Latinoamérica. Casa de Moneda fue muy premiada. Durante la pandemia, además, el personal siguió trabajando las 24 horas para garantizar la producción.»

LCV: ¿Cuánto personal tenía Casa de Moneda antes de que comenzara este gobierno y cuántos trabajadores quedan actualmente?

Sebastián Bravo: «Antes de que comenzara este gobierno teníamos alrededor de mil empleados. Hoy quedamos aproximadamente 680, entre personal administrativo y trabajadores de planta. Hubo jubilaciones, retiros voluntarios y lo que nosotros llamamos despidos encubiertos. A muchos compañeros les plantearon que podían retirarse cobrando el 70 u 80 por ciento de lo que les correspondía, o quedarse sin nada. En un contexto de incertidumbre y endeudamiento, muchos aceptaron porque necesitaban el dinero, incluso cuando todavía les faltaban varios años para jubilarse.»

LCV: Hoy quedan 680 trabajadores y, al mismo tiempo, tienen que afrontar la impresión de una moneda extranjera. ¿Cómo es ese trabajo y qué relación tiene con la posible privatización?

Sebastián Bravo: «Tenemos que afrontar un trabajo complejo porque vamos a imprimir un billete que no conocemos, el de Nigeria. La producción está tercerizada y la empresa que contrata el servicio es inglesa. Por eso nuestro gran temor es la privatización. Nosotros venimos denunciando la posibilidad de que detrás de estas decisiones exista un negocio inmobiliario y un proceso de tercerización de los trabajos. Tememos que, como ocurrió en otras empresas estatales, después se diga que Casa de Moneda no cumple con las nuevas necesidades, que es deficiente y que hay que privatizarla. Así podrían terminar comprando una planta que tiene máquinas de última generación.»

LCV: Es decir, los argentinos podrían terminar imprimiendo billetes de Nigeria por encargo de una empresa inglesa, mientras se pierde la capacidad de producir nuestra propia moneda. A la cuestión de Malvinas se suma la discusión sobre la soberanía monetaria.

Sebastián Bravo: «Exactamente. Ese es uno de los grandes conflictos que estamos denunciando.»

LCV: ¿Cómo respondió el Gobierno frente a los trabajadores que se oponen a estas políticas?

Sebastián Bravo: «Esta lucha nos costó mucho. Llegamos a tener 18 sumarios administrativos, que nosotros llamamos carpetazos, porque te inventan causas para intentar someterte o extorsionarte. Como no pudieron avanzar de esa manera, ahora utilizan las demandas penales. Junto con otros cinco compañeros fuimos procesados después de impedir que uno de los responsables del cierre de una planta ingresara para negociar la tercerización de la producción de chapas patentes.»

LCV: ¿En qué situación está la causa judicial y qué pueden hacer las organizaciones para ayudarlos?

Sebastián Bravo: «Estamos esperando que se resuelva la apelación. Nuestro abogado presentó el descargo dentro del plazo correspondiente. No entendemos cómo el juez llegó a una conclusión sin tener en cuenta nuestras pruebas y resolvió todo en apenas quince días. Evidentemente, había una postura tomada. El objetivo es amedrentarnos, apartarnos de la representación de los trabajadores y buscar despidos con causa. Si no pueden avanzar mediante los sumarios administrativos, recurren a la Justicia para intentar sacarnos del camino.»

LCV: Resulta llamativo que el sistema judicial avance contra trabajadores que defienden sus puestos de trabajo mientras hay otras denuncias contra funcionarios que no reciben el mismo tratamiento.

Sebastián Bravo: «Nosotros sentimos que se está utilizando la Justicia para perseguir a quienes piensan diferente y defienden los derechos de los trabajadores. Si estás del lado del trabajador, intentan amedrentarte o correrte del camino.»

LCV: Quería que la gente conociera no solamente el conflicto, sino también todo lo que estamos perdiendo con el vaciamiento de Casa de Moneda. Para muchos, es una institución que fabrica billetes, pero detrás hay conocimientos técnicos, seguridad y soberanía nacional. ¿Querés agregar algo?

Sebastián Bravo: «Muchas veces se dice que los gremios están dormidos o callados, pero quiero que la sociedad sepa que los trabajadores y los representantes sindicales también sufrimos estos atropellos. Se meten en nuestra vida personal, recibimos amenazas, nuestros puestos de trabajo corren riesgo y sufrimos extorsiones. A través de denuncias penales y amenazas pueden quitarnos el sueldo. Nosotros también somos trabajadores, personas de carne y hueso que sentimos todo esto. Pero la lucha sirve, la lucha continúa y vamos a seguir adelante.»

LCV: Muchísimas gracias, Sebastián. Contá con nosotros para difundir el conflicto y mantener informada a la sociedad.

Sebastián Bravo: «Les agradezco que se acuerden de nosotros. La soberanía argentina, las Malvinas y todos nuestros recursos forman parte de una misma lucha. Tenemos que defender nuestras tierras, la educación, nuestros recursos y también nuestra moneda, porque la moneda es soberanía.»

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