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La Columna Vertebral

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Reflexiones para un mundo post coronavirus, por Maristella Svampa, en Nueva Sociedad

Buenos Aires, día 16 del aislamiento obligatorio y preventivo

Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América en tiempos de la conquista. Se estima que entre la gripe, el sarampión y el tifus murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente, todos evocan la gripe española (1918-1019), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), el VIH / sida (desde la década de 1980), la gripe porcina AH1N1 (2009), el SARS (2002), el ébola (2014), el MERS (coronavirus 2015) y ahora el Covid-19.

Sin embargo, nunca vivimos en estado de cuarentena global, nunca pensamos que sería tan veloz la instalación de un Estado de excepción transitorio, un Leviatán sanitario, por la vía de los Estados nacionales. En la actualidad, casi un tercio de la humanidad se halla en situación de confinamiento obligatorio. Por un lado, se cierran fronteras externas, se instalan controles internos, se expande el paradigma de la seguridad y el control, se exige el aislamiento y el distanciamiento social. Por otro lado, aquellos que hasta ayer defendían políticas de reducción del Estado hoy rearman su discurso en torno de la necesaria intervención estatal, se maldicen los programas de austeridad quegolpearon de lleno la salud pública, incluso en los países del Norte global…

Resulta difícil pensar que el mundo anterior a este año de la gran pandemia fuera un mundo «sólido», en términos de sistema económico y social. El coronavirus nos arroja al gran ruedo en el cual importan sobre todo los grandes debates societales: cómo pensar la sociedad de aquí en más, cómo salir de la crisis, qué Estado necesitamos para ello; en fin, por si fuera poco, se trata de pensar el futuro civilizatorio al borde del colapso sistémico.

Quisiera en este artículo contribuir a estos grandes debates, con una reflexión que propone avanzar de modo precario en algunas lecciones que nos ofrece la gran pandemia y bosquejar alguna hipótesis acerca del escenario futuro posible.

La vuelta del Estado y sus ambivalencias: el Leviatán sanitario y sus dos caras

Reformulando la idea de Leviatán climático de Geoff Mann y Joel Wainwright, podemos decir que estamos hoy ante la emergencia de un Leviatán sanitario transitorio, que tiene dos rostros. Por un lado, parece haber un retorno del Estado social. Así, las medidas que se están aplicando en el mundo implican una intervención decidida del Estado, lo cual incluye desde gobiernos con Estados fuertes –Alemania y Francia– hasta gobiernos con una marcada vocación liberal, como Estados Unidos. Por ejemplo, Angela Merkel anunció un paquete de medidas sanitarias y económicas por 156.000 millones de euros, parte del cual va como fondo de rescate para autónomos sin empleados y empresas de hasta diez trabajadores; en España, las medidas movilizarán hasta 200.000 millones de euros, 20% del PIB; en Francia, Emmanuel Macron anunció ayudas por valor de 45.000 millones de euros y garantías de préstamos por 300.000 millones. La situación es de tal gravedad, ante la pérdida de empleo y los millones de desocupados que esta crisis generará, que incluso los economistas más liberales están pensando en un segundo New Deal en el marco de esta gran crisis sistémica. A mediano y largo plazo, la pregunta siempre es a qué sectores beneficiarán estas políticas. Por ejemplo, Donald Trump ya dio una señal muy clara; la llamada Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus (CARES, por sus siglas en inglés) es un paquete de estímulos de dos billones de dólares para, entre otros objetivos, rescatar sectores sensibles de la economía, entre los cuales está la industria del fracking, una de las actividades más contaminantes y más subsidiadas por el Estado.

Por otro lado, el Leviatán sanitario viene acompañado del Estado de excepción. Mucho se escribió sobre esto y no abundaremos. Basta decir que los mayores controles sociales se hacen visibles en diferentes países bajo la forma de violación de los derechos, de militarización de territorios, de represión de los sectores más vulnerables. En realidad, en los países del Sur, antes que una sociedad de vigilancia digital al estilo asiático, lo que encontramos es la expansión de un modelo de vigilancia menos sofisticado, llevado a cabo por las diferentes fuerzas de seguridad, que puede golpear aún más a los sectores más vulnerables, en nombre de la guerra contra el coronavirus.

Una pregunta resuena todo el tiempo: ¿hasta dónde los Estados tienen las espaldas anchas para proseguir en clave de recuperación social? Esto es algo que veremos en los próximos tiempos y a este devenir no serán ajenas las luchas sociales, esto es, los movimientos desde abajo, pero también las presiones que ejercerán desde arriba los sectores económicos más concentrados. Por otro lado, es claro que los Estados periféricos tienen muchos menos recursos, ni que hablar Argentina, a raíz de la situación de cuasi default y de desastre social en que la ha dejado el último gobierno de Mauricio Macri. Ningún país se salvará por sí solo, por más medidas de carácter progresista que implemente. Todo parece indicar que la solución es global y requiere de una reformulación radical de las relaciones Norte-Sur, en el marco de un multilateralismo democrático, que apunte a la creación de Estados nacionales en los cuales lo social, lo ambiental y lo económico aparezcan interconectados y en el centro de la agenda.

Las crisis como aprendizajes para no caer en falsas soluciones

La pandemia pone de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza que existe en el planeta. Esto no constituye una novedad, pero sí nos lleva a reflexionar sobre las salidas que han tenido otras crisis globales. En esa línea, la crisis global que aparece como el antecedente más reciente, aun si tuvo características diferentes, es la de 2008. Causada por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la crisis fue de orden financiero y se trasladó a otras partes del mundo para convertirse en una convulsión económica de proporciones globales. También persiste como el peor recuerdo en cuanto a la resolución de una crisis, cuyas consecuencias todavía estamos viviendo. Salvo excepciones, los gobiernos organizaron salvatajes de grandes corporaciones financieras, incluyendo a los ejecutivos de estas, que emergieron al final de la crisis más ricos que nunca.

Así, en términos sociales y a escala mundial, la reconfiguración fue regresiva. Suele decirse que la economía volvió a recuperarse, pero el 1% de los más ricos pegó un salto y la brecha de la desigualdad creció. Recordemos el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street, en 2011, cuyo lema era «Somos el 99%». Millones de personas perdieron sus casas en el mundo y quedaron sobreendeudados y sin empleo, la desigualdad se profundizó, los planes de ajuste y la desinversión en salud y educación se expandieron por numerosos países, algo que ilustra de manera dramática un país como Greciapero que se extiende a países como Italia, España e incluso Francia. En vísperas del Foro de Davos, en enero de 2020, un informe de Oxfam consignaba que de solo «2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (60% de la población mundial)». En términos políticos globales, produjo enormes movimientos tectónicos, ilustrados por la emergencia de nuevos partidos y liderazgos autoritarios en todo el mundo: una derecha reaccionaria y autoritaria, que incluye desde el Tea Party hasta Donald Trump, desde Jair Bolsonaro hasta Scott Morrison, desde Matteo Salvini hasta Boris Johnson, entre otros.

Por otro lado, si hasta hace pocos años se consideraba que América Latina marchaba a contramano del proceso de radicalización en clave derechista que hoy atraviesan parte de Europa y Estados Unidos, con sus consecuencias en términos de aumento de las desigualdades, xenofobia y antiglobalismo, hay que decir que, en los últimos tiempos, nuevos vientos ideológicos recorren la región, sobre todo luego de la emergencia de Bolsonaro en Brasil y el golpe en Bolivia. A esto hay que añadir que América Latina, si bien sobrevivió en pleno «Consenso de los Commodities» a la crisis económica y financiera de 2008 gracias al alto precio de las materias primas y la exportación a gran escala, poco logró conservar de aquel periodo de neoextractivismo de vacas gordas. En la actualidad, continúa siendo la región más desigual del mundo (20% de la población concentra 83% de la riqueza), es la región donde se registra un mayor proceso de concentración y acaparamiento de tierras (gracias a la expansión de la frontera agropecuaria), además de ser la zona del mundo más peligrosa para activistas ambientales y defensores de derechos humanos (60% de los asesinatos a defensores del ambientes, cometidos en 2016 y 2017, ocurrieron en América Latina) y, por si fuera poco, es la región más insegura para las mujeres víctimas de femicidio y violencia de género.

Así, la resolución de la crisis de 2008 y susefectos negativos se hacen sentir hoy con claridad. Estas salidas, que acentuaron la concentración de la riqueza y el neoliberalismo depredador, deben funcionar hoy como un contraejemplo eficaz y convincente para apelar a propuestas innovadoras y democráticas que apunten a la igualdad y la solidaridad. Al mismo tiempo, deberían hacernos reflexionar acerca de que ni siquiera aquellos países del Sur que durante el «Consenso de los Commodities» sortearon la crisis y aprovecharon la rentabilidad extraordinaria a través de la exportación de las materias primas, utilizando las recetas del neoextractivismo, funcionaron ni pueden presentarse como la encarnación de un modelo positivo.

Ocultamiento de las causas ambientales e hiperpresencia del discurso bélico

Anteriormente afirmé que la reconfiguración social, económica y política después de la crisis de 2008 fue muy negativa. Quisiera ahora detenerme un poco en las causas ambientales de la pandemia. Hoy leemos en numerosos artículos, corroborados por diferentes estudios científicos, que los virus que vienen azotando a la humanidad en los últimos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos. Sin embargo, pareciera que la atención sobre la pandemia en sí misma y las estrategias de control que se están desarrollando no han incorporado este núcleo central en sus discursos. Todo eso es muy preocupante.

¿Acaso alguien escuchó en el discurso de Merkel o Macron alguna alusión a la problemática ambiental que está detrás de esto? ¿Escucharon que Alberto Fernández, quien ha ganado legitimidad en las últimas semanas gracias a la férrea política preventiva y a su permanente contacto y toma de decisiones con un comité de expertos, haya hablado alguna vez de las causas socioambientales de la pandemia? Las causas socioambientales de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Si hay un enemigo, es este tipo de globalización depredadora y la relación instaurada entre capitalismo y naturaleza. Aunque el tópico circula por las redes sociales y los medios de comunicación, no entra en la agenda política. Esta «ceguera epistémica» –siguiendo el término de Horacio Machado Aráoz– tiene como contracara la instalación de un discurso bélico sin precedentes.

La proliferación de metáforas bélicas y el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial atraviesan los discursos, desde Macron y Merkel hasta Trump y Xi Jinping. Algo que se repite en Alberto Fernández, quien habla constantemente del «enemigo invisible». En realidad, esta figura puede fomentar la cohesión de una sociedad frente al miedo del contagio y de la muerte, «cerrando filas ante el enemigo común», pero no contribuye a entender la raíz del problema, sino más bien a ocultarlo, además de naturalizar y avanzar en el control social sobre aquellos sectores considerados como más problemáticos (los pobres, los presos, los que desobedecen al control).

El discurso bélico confunde y oculta las raíces del problema, atacando el síntoma, pero no las causas profundas, que tienen que ver con el modelo de sociedad instaurado por el capitalismo neoliberal, a través de la expansión de las fronteras de explotación y, en este marco, por la intensificación de los circuitos de intercambio con animales silvestres, que provienen de ecosistemas devastados. Por último, la fórmula bélica se asocia más al miedo que a la solidaridad y ha conllevado incluso una multiplicación de la vigilancia ante el incumplimiento de las medidas dictadas por los gobiernos para evitar los contagios. No son pocos los relatos, en Argentina así como en otros países, que dan cuenta de la asociación entre el discurso bélico y la figura del «ciudadano policía», erigido en atento vigía, dispuesto a denunciar a su vecino al menor desliz en la cuarentena. En suma, es necesario abandonar el discurso bélico y asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas en la agenda pública, lo cual ayudaría a prepararnos positivamente para responder al gran desafío de la humanidad: la crisis climática.

Horizontes posibles. Desde el paradigma del cuidado hasta el gran pacto ecosocial y económico

El año de la gran pandemia nos instala en una encrucijada civilizatoria. Frente a nuevos dilemas políticos y éticos, nos permite repensar la crisis económica y climática desde un nuevo ángulo, tanto en términos multiescalares (global/nacional/local) como geopolíticos (relación Norte/Sur bajo un nuevo multilateralismo). Podríamos formular el dilema de la siguiente manera. O bien vamos hacia una globalización neoliberal más autoritaria, un paso más hacia el triunfo del paradigma de la seguridad y la vigilancia digital instalado por el modelo asiático, tan bien descrito por el filósofo Byung-Chul Han, aunque menos sofisticado en el caso de nuestras sociedades periféricas del Sur global, en el marco de un «capitalismo del caos», como sostiene el analista boliviano Pablo Solón. O bien, sin caer en una visión ingenua, la crisis puede abrir paso a la posibilidad en la construcción de una globalización más democrática, ligada al paradigma del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia como lazos sociales e internacionales; de políticas públicas orientadas a un «nuevo pacto ecosocial y económico», que aborde conjuntamente la justicia social y ambiental.

Las crisis, no hay que olvidarlo, también generan procesos de «liberación cognitiva», como dice la literatura sobre acción colectiva y Doug McAdam en particular, lo cual hace posible la transformación de la conciencia de los potenciales afectados; esto es, hace posible superar el fatalismo o la inacción y torna viable y posible aquello que hasta hace poco era inimaginable. Esto supone entender que la suerte no está echada, que existen oportunidades para una acción transformadora en medio del desastre. Lo peor que podría ocurrir es que nos quedemos en casa convencidos de que las cartas están marcadas y que ello nos lleve a la inacción o a la parálisis, pensando que de nada sirve tratar de influir en los procesos sociales y políticos que se abren, así como en las agendas públicas que se están instalando. Lo peor que podría suceder es que, como salida a la crisis sistémica producida por la emergencia sanitaria, se profundice «el desastre dentro del desastre», como afirma la feminista afroaestadounidense Keeanga-Yamahtta Taylor, recuperando el concepto de Naomi Klein de «capitalismo del desastre». Hay que partir de la idea de que estamos en una situación extraordinaria, de crisis sistémica, y que el horizonte civilizatorio no está cerrado y todavía está en disputa.

En esa línea, ciertas puertas deben cerrarse (por ejemplo, no podemos aceptar una solución como la de 2008, que beneficie a los sectores más concentrados y contaminantes, ni tampoco más neoextractivismo), y otras que deben abrirse más y potenciarse (un Estado que valorice el paradigma del cuidado y la vida), tanto para pensar la salida de la crisis como para imaginar otros mundos posibles. Se trata de proponer salidas a la actual globalización, que cuestionen la actual destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, que cuestionen una idea de sociedad y vínculos sociales marcados por el interés individual, que cuestionen la mercantilización y la falsa idea de «autonomía». En mi opinión, las bases de ese nuevo lenguaje deben ser tanto la instalación del paradigma del cuidado como marco sociocognitivo como la implementación de un gran pacto ecosocial y económico, a escala nacional y global.

En primer lugar, más que nunca, se trata de valorizar el paradigma del cuidado, como venimos insistiendo desde el ecofeminismo y los feminismos populares en América Latina, así como desde la economía feminista; un paradigma relacional que implica el reconocimiento y el respeto del otro, la conciencia de que la supervivencia es un problema que nos incumbe como humanidad y nos involucra como seres sociales. Sus aportes pueden ayudarnos a repensar los vínculos entre lo humano y lo no humano, a cuestionar la noción de «autonomía» que ha generado nuestra concepción moderna del mundo y de la ciencia; a colocar en el centro nociones como la de interdependencia, reciprocidad y complementariedad. Esto significa reivindicar que aquellas tareas cotidianas ligadas al sostenimiento de la vida y su reproducción, que han sido históricamente despreciadas en el marco del capitalismo patriarcal, son tareas centrales y, más aún, configuran la cuestión ecológica por excelencia. Lejos de la idea de falsa autonomía a la que conduce el individualismo liberal, hay que entender que somos seres interdependientes y abandonar las visiones antropocéntricas e instrumentales para retomar la idea de que formamos parte de un todo, con los otros, con la naturaleza. En clave de crisis civilizatoria, la interdependencia es hoy cada vez más leída en términos de ecodependencia, pues extiende la idea de cuidado y de reciprocidad hacia otros seres vivos, hacia la naturaleza.

En este contexto de tragedia humanitaria a escala global, el cuidado no solo doméstico sino también sanitario como base de la sostenibilidad de la vida cobra una significación mayor. Por un lado, esto conlleva una revalorización del trabajo del personal sanitario, mujeres y hombres, médicos infectólogos, epidemiólogos, intensivistas y generalistas, enfermeros y camilleros, en fin, el conjunto de los trabajadores de la salud, que afrontan el día a día de la pandemia, con las restricciones y déficits de cada país, al tiempo que exige un abandono de la lógica mercantilista y un redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado y asistencia. Por otro lado, las voces y la experiencia del personal de la salud serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la inextricable relación que existe entre salud y ambiente, de cara al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y al agravamiento de la crisis climática. Hay que pensar que la medicina, pese a la profunda mercantilización de la salud a la que hemos asistido en las últimas décadas, no ha perdido su dimensión social y sanitarista, tal como podemos ver en la actualidad, y que de aquí en más se verá involucrada directamente en los grandes debates societales y, por ende, en los grandes cambios que nos aguardan y en las acciones para controlar el cambio climático, junto con sectores ecologistas, feministas, jóvenes y pueblos originarios.

En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández dio numerosas señales en relación con la importancia que otorga al cuidado como tarea y valor distintivo del nuevo gobierno. Una de ellas fue la creación del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, así como la inclusión en el gobierno de destacadas profesionales, cuyo aporte en clave feminista atraviesa de manera transversal distintas áreas del Estado. Este gesto hacia la incorporación del feminismo como política de Estado debe traducirse también en una ampliación de la agenda pública en torno del cuidado. Es de esperar que las mujeres hoy funcionarias asuman la tarea de conectar aquello que hoy aparece obturado y ausente en el discurso público, esto es, la estrecha relación entre cuidado, salud y ambiente.

En segundo lugar, esta crisis bien podría ser la oportunidad para discutir soluciones más globales, en términos de políticas públicas. Hace unos días la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), propuso un nuevo Plan Marshall que libere 2,5 billones de dólares de ayuda a los países emergentes, que implique el perdón de las deudas y un plan de emergencia en servicios de salud, así como programas sociales. La necesidad de rehacer el orden económico mundial, que impulse un jubileo de la deuda, aparece hoy como posible. Aparece también posible impulsar un ingreso ciudadano, debate que se ha reactivado al calor de una pandemia que destruye millones de puestos de trabajo, además de profundizar la precarización laboral, mediante esquemas de teletrabajo que extienden la jornada laboral.

Sin embargo, es necesario pensar este New Deal no solo desde el punto de vista económico y social, sino también ecológico. Lo peor sería legislar contra el ambiente para reactivar la economía, acentuando la crisis ambiental y climática y las desigualdades Norte-Sur. Son varias las voces que ponen de manifiesto la necesidad de un Green New Deal como el lanzado por la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez en 2019. Desde Naomi Klein hasta Jeremy Rifkin, varios han retomado el tema en clave de articulación entre justicia social, justicia ambiental y justicia racial.

En el contexto de esta pandemia, ha habido algunas señales. Por ejemplo, Chris Stark, jefe ejecutivo del Comité sobre Cambio Climático del Reino Unido (CCC), sostuvo que la inyección de recursos que los gobiernos deben insuflar en la economía para superar la crisis del Covid-19 debe tener en cuenta los compromisos sobre el cambio climático, esto es, el diseño de políticas y estrategias que no sean solo económicas sino también un «estímulo verde». En Estados Unidos un grupo de economistas, académicos y financistas agrupados bajo la consigna del estímulo verde (green stimulusenviaron una carta en la que instaron al Congreso a que presione aún más para garantizar que los trabajadores estén protegidos y que las empresas puedan operar de manera sostenible para evitar las catástrofes del cambio climático, especialmente en una economía marcada por el coronavirus.

Con Enrique Viale, en nuestro último libro Una brújula en tiempos de crisis climática (de próxima publicación por la editorial Siglo Veintiuno), apuntamos en esta dirección y por ello proponemos pensar en términos de un gran pacto ecosocial y económico. Sabemos que, en nuestras latitudes, el debate sobre el Green New Deal es poco conocido, por varias razones que incluyen desde las urgencias económicas hasta la falta de una relación histórica con el concepto, ya que en América Latina nunca hemos tenido un New Deal, ni tampoco un Plan Marshall. En Argentina, lo más parecido a esto fue el Plan Quinquenal bajo el primer gobierno peronista, que tuvo un objetivo nacionalista y redistributivo. Sin embargo, Argentina no venía en ese entonces del desastre, tenía superávit fiscal y los precios de las exportaciones de cereales eran altos. Era un país beneficiado económicamente por la guerra europea y eso le dio al gobierno peronista una oportunidad para generar condiciones de cierta autonomía relativa, orientando su política de redistribución hacia los sectores del asalariado urbano.

Así, no hay aquí un imaginario de la reconstrucción ligado al recuerdo del Plan Marshall (Europa) o el New Deal (Estados Unidos). Lo que existe es un imaginario de la concertación social, ligado al peronismo, en el cual la demanda de reparación (justicia social) continúa asociada a una idea hegemónica del crecimiento económico, que hoy puede apelar a un ideal industrializador, pero siempre de la mano del modelo extractivo exportador, por la vía eldoradista (Vaca Muerta), el agronegocio y, en menor medida, la minería a cielo abierto. La presencia de este imaginario extractivista/desarrollista poco contribuye a pensar las vías de una «transición justa» o a emprender un debate nacional en clave global del gran pacto ecosocial y económico. Antes bien, lo distorsiona y lo vuelve decididamente peligroso, en el contexto de crisis climática.

Esto no significa que no haya narrativas emancipatorias disponibles ni utopías concretas en América Latina. No hay que olvidar que en ka región existen nuevas gramáticas políticas, surgidas al calor de las resistencias locales y de los movimientos ecoterritoriales (rurales y urbanos, indígenas, campesinos y multiculturales, las recientes movilizaciones de los más jóvenes por la justicia climática ), que plantean una nueva relación entre humanos, así como entre sociedad y naturaleza, entre humano y no humano. En el nivel local se multiplican las experiencias de carácter prefigurativo y antisistémico, como la agroecología, que ha tenido una gran expansión, por ejemplo, incluso en un país tan transgenizado como Argentina. Estos procesos de reterritorialización van acompañados de una narrativa político-ambiental, asociada al «buen vivir», el posdesarrollo, el posextractivismo, los derechos de la naturaleza, los bienes comunes, la ética del cuidado y la transición socioecológica justa, cuyas claves son tanto la defensa de lo común y la recreación de otro vínculo con la naturaleza como la transformación de las relaciones sociales, en clave de justicia social y ambiental.

De lo que se trata es de construir una verdadera agenda nacional y global, con una batería de políticas públicas, orientadas hacia la transición justa. Esto exige sin duda no solo una profundización y debate sobre estos temas, sino también la construcción de un diálogo Norte-Sur, con quienes están pensando en un Green New Deal, a partir de una nueva redefinición del multilateralismo en clave de solidaridad e igualdad.

Nadie dice que será fácil, pero tampoco es imposible. Necesitamos reconciliarnos con la naturaleza, reconstruir con ella y con nosotros mismos un vínculo de vida y no de destrucción. El debate y la instalación de una agenda de transición justa pueden convertirse en una bandera para combatir no solo el pensamiento liberal dominante, sino también la narrativa colapsista y distópica que prevalece en ciertas izquierdas y la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas. La pandemia del coronavirus y la inminencia del colapso abren a un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse no solo la imaginación política tras la necesidad de la supervivencia y el cuidado de la vida, sino también la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado.

Nueva Sociedad es uno de los portales que tienen un excelente nivel de pensamiento para entender el mundo que vivimos. Todos los artículos son dignos de leer en: https://www.nuso.org/articulo/reflexiones-para-un-mundo-post-coronavirus/

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“No es la economía, es la propiedad privada, estúpido”, por Alberto Nadra, Eppur si muove! del 3 al 7 agosto

Las fotos que ilustran este informe fueron tomadas por Kaloian el 6 de agosto 2026

Boletín LCV de noticias gremiales y sociales

semana del 3 al 7 de agosto 

6 de agosto: feroz represión mientras el senado aprobaba la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

No le resultó fácil al gobierno aprobar la ley que abre las puertas a desalojos express, de tierras e inmuebles, además de trabar los procesos de expropiación, entre otras cosas. Tuvo que ceder en algunos pasajes que resultaban especialmente irritantes para sus propios aliados: la venta ilimitada de territorio nacional a extranjeros y la flexibilización del plan de manejo del fuego. Mientras las negociaciones eran frenéticas en el palacio que debía votar cuestiones también de funcionamiento de la cámara, como admitir o no el voto a distancia, afuera, bajo un día tormentoso, una multitud se reunía en torno a la defensa de la soberanía nacional contra la extranjerización de la tierra.

 

Un operativo de seguridad nunca antes visto, con ribetes hollywoodianos, del que participaron la policía federal, gendarmería, policía de la ciudad y prefectura, tomaba el centro de la capital federal, persiguiendo sin criterio alguno a todo aquel que se encontraba por la zona. Con el tráfico abierto, en plena hora de salida de los trabajos, los carros hidrantes fueron contra colectivos de pasajeros, grupos que se manifestaban pacíficos en alguna esquina o cualquiera que vieran envuelto en una bandera argentina. La cacería finalizó con al menos 1.500 personas heridas y 29 detenidas, según el informe publicado por el Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma a través de su «Monitor de las Respuestas Represivas a la Protesta Social». La manifestación, que colmó la Plaza del Congreso reunió a organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, feministas, pueblos originarios y  autoconvocados.

7 de agosto: San Cayetano y ollas populares piqueteras

En el marco del Día de San Cayetano, gremios y organizaciones sociales volvieron a llenar las parroquias, calles y plazas del país en reclamo de «Paz, Pan, Techo y Trabajo». Una vez más, miles y miles de personas marcharon junto a la CGT, las dos CTA y la UTEP a lo largo de quince kilómetros, partiendo desde Liniers a Plaza de Mayo.

La jornada inició a las 11 de la mañana en la Plaza de Mayo con un Verdurazo Solidario para terminar con un acto en donde además de los sindicatos ya mencionados estuvieron presentes, organismos de derechos humanos, La Garganta poderosa y otras organizaciones. Adolfo Perez Esquivel rindió homenaje a Taty Almeida y Ana María Antokoletz. “Estamos viendo resurgir la rebelión de las conciencias, la resistencia del pueblo que está harto de la entrega y el desprecio de un presidente que hizo 17 viajes a Estados Unidos y ni uno solo a una provincia, a hablar con un conciudadano”, sostuvo el premio nobel de la paz.

 

Rosario: Mientras se preparaban ollas populares en el monumento a la bandera en reclamo de recuperar los planes de Volver al Trabajo suprimidos para casi un millón de familias, en el marco de la jornada de lucha de distintas organizaciones sociales,  marchaban por las calles de la ciudad gremios del transporte nucleados en la CATT Rosario, ATE Rosario, COAD, Sindicato de Cadetes de Rosario, Sindicato de Recolectores, Camioneros de Santa Fe, Siconara, Somu y Dragado y Balizamiento, entre otras organizaciones por el día de San Cayetano con la misma consigna de Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”.

 UNIVERSIDADES: PAROS ENTRE EL 18 Y EL 22 DE AGOSTO

La CONADU Histórica lanzó una semana de paro en las Universidades Nacionales por el atraso salarial que estiman en un 28,5%, y el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.  La medida de lucha paralizará las clases del 18 al 22 de agosto. Además, el gremio propone articular una nueva Marcha Federal con la comunidad educativa y científica de todo el país.

En tanto  la CGT se expresó a través de la Unión de Docentes Argentinos (UDA) y llamó a un paro universitario para que se cumpla la Ley de Financiamiento para el 19 de agosto. .

Por su parte, el Frente Sindical de Universidades, que representan a docentes y no docentes, convocaron a una medida de fuerza para el miércoles 12 de agosto en universidades de todo el país, ante el incumplimiento manifiesto del gobierno nacional sobre la actualización de salarios, presupuesto, becas y fondos para hospitales.

PARITARIAS EN LOS CALL CENTER Y EMPLEADOS DE COMERCIOS

El Sindicato de Comercio liderado por Armando Cavalieri cerró un nuevo reajuste salarial con la Cámara Argentina de Centros de Contacto (CACC)  que regula la actividad de call centers. El acuerdo establece una recomposición paritaria del trimestre julio-septiembre de 2026 de un 5%, junto a una suma no remunerativa  por única vez y de 50.000 pesos en dos cuentas. De este modo el sueldo básico será de alrededor de 1.200.000 pesos. La Secretaría de Trabajo también homologó el acuerdo salarial firmado entre FAECYS y las cámaras empresarias para los trabajadores de comercios en iguales términos. Aumentos del 5,7%, y bono no remunerativo.

 CONFLICTO EN PUERTA: LA PETROLERA HALLIBURTON PRETENDE REBAJAR UN 23% EL PAGO A CONTRATISTAS

El titular del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Marcelo Rucci, denunció la embestida de una de las mayores compañías de servicios especiales de la industria energética, Halliburton Argentina S.R.L., acusándola de ahogar la economía regional e intentar transferir sus ajustes operativos sobre las espaldas de los trabajadores del sector. El disparador del conflicto fue una intimación enviada por Halliburton a su red de contratistas locales. En dicho comunicado, la compañía exigió un descuento del 23% sobre los precios vigentes entre agosto y diciembre, otorgando un ultimátum de apenas siete días para aceptar las nuevas condiciones. “Esto es una calamidad, las empresas locales son grandes generadoras de trabajo y estas decisiones unilaterales golpean directamente sobre el entramado empresario de la cuenca”, señaló Rucci.

PEABODY DEJA DE PRODUCIR EN ARGENTINA Y DESPIDE A UN TERCIO DE SU PERSONAL.

La tradicional fábrica de electrodomésticos que atraviesa un proceso preventivo de crisis anunció que elaboraría toda su producción en Paraguay y redujo su planta de empleados 158 a 111 en apenas tres meses. Cuando la Justicia abrió el concurso, la empresa ya había explicado que avanzaba hacia un esquema basado en importaciones porque consideraba que fabricar en la Argentina había dejado de ser competitivo. El propio dueño de la compañía, Dante Choi, había anticipado ese giro al afirmar públicamente que no pensaba volver a producir en el país.

DESPUÉS DE DÍAS DE BUQUES PARADOS EN LOS PUERTOS, EL GOBIERNO SUSPENDE EL DECRETO QUE PONÍA EN RIESGO LA ACTIVIDAD

La inconsulta medida del gobierno para desregular los servicios de practicaje y pilotaje provocó que más de 150 buques paralizaran su trabajo y permanecieran detenidos en los puertos. El decreto firmado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger generó un conflicto gremial que se les fue de las manos. Quizás el ministro desregulador ignoraba que si no se movían los barcos de los puertos  de Campana, Dock Sud, Arroyo Seco, Bahía Blanca, San Lorenzo y Santa Cruz, ponía en riesgo la distribución de combustibles hacia todo el país, mientras un paro en Caleta Córdova (Chubut) complicaba la distribución de petróleo crudo a las refinerías. Los trabajadores se mantuvieron firmes al considerar que el nuevo régimen de vías navegables y puertos argentinos ponía en riesgo las seguridad de practicantes y pilotos y el normal funcionamiento del sector. Finalmente, el gobierno optó por suspender el polémico decreto y crear una mesa de trabajo con participación de los actores involucrados para intentar alcanzar consensos sobre el funcionamiento de una actividad estratégica.

BGH RETOMA LA PRODUCCIÓN EN TIERRA DEL FUEGO Y DESPIDE A 24 TRABAJADORES

Inmersa en la crisis general que afecta a la industria electrónica de Tierra del Fuego , la empresa de electrodomésticos  BGH despidió a   24 trabajadores poco después de haber retomado sus actividades. La fábrica retomó la producción hace una semana después de haber paralizado su planta de Río Grande durante tres meses. Sin embargo, la buena noticia duró poco. Las ventas no repuntan y también volvieron los despidos. Desde la seccional local de la Unión Obrera Metalúrgica advierten que hay 500 puestos laborales en

riesgo.

SIPREBA DENUNCIA EL CIERRE DE LOS TALLERES DE CLARIN.

Sin comunicación oficial, los trabajadores encontraron las persianas bajas de la imprenta Zepita que edita el diario Clarín. Su cierre dejará a decenas de familias en la calle. Denuncian despidos encubiertos.   Ver nota en:

 

Clarín avanza con el cierre de la planta Zepita y deja a decenas de familias sin trabajo

 

TRABAJADORES EN ACAMPE. LACTEOS VERÓNICA EN DEUDA CON SUS TRABAJADORES.

Con más de ocho meses de salarios adeudados, despidos sin las indemnizaciones correspondientes y la producción de la fábrica parada prácticamente durante todo 2026, trabajadores de la empresa Lácteos Verónica  llevan adelante un acampe junto a la fábrica ubicada en la localidad de Lehmann, en la provincia de Santa Fé , con el respaldo de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina. El sindicato denunció además una “maniobra deliberada de vaciamiento y abandono del proceso productivo”, y detalló que las deudas acumuladas con el personal no solo abarcan los sueldos sino también aportes jubilatorios y a la obra social.

PARADOJAS LIBERTARIAS: MIENTRAS EL PBI CRECE MIENTRAS LA ECONOMÍA FAMILIAR SE DESPLOMA.

Un informe de la Universidad Austral expone el desfasaje entre la recuperación de la actividad y el mercado laboral. Desde fines de 2023, el PBI avanzó 6,5%, mientras el empleo privado registrado cayó cerca de 3%. El deterioro de los ingresos, el crecimiento de la informalidad y el fuerte endeudamiento de los hogares completan un escenario en el que la mejora de los indicadores financieros todavía no llega con la misma intensidad a la economía real. El curioso fenómeno se debe a que los sectores de Energía, minería y agro representan alrededor del 15% del PBI y apenas el 9% del empleo. Por el contrario, industria, comercio y construcción, los principales generadores de puestos laborales, atraviesan por cierres, quiebras y despidos dejando a miles de familias en la calle.

EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES YA CERRARON 7.650 EMPRESAS EN LA ERA MILEI.

Así lo indica un informe elaborado por CEPA sobre estadísticas oficiales que muestran el deterioro del mercado laboral y productivo bonaerense. La desocupación alcanzó el 9,7%, más de 91 mil puestos registrados desaparecieron desde noviembre de 2023 y cerraron 7.625 unidades productivas. A la crisis del empleo se suman la caída del consumo, la baja utilización de la capacidad industrial y 2,2 millones de deudores morosos.

PERSONALIDADES DE LA CULTURA RESISTEN LA DEROGACIÓN DE LA LEY DEL LIBRO

El director y referente del sector cultural Guillermo Tello analizó junto a Nora Anchart en La Columna Vertebral el proyecto del Gobierno nacional para derogar la Ley de Defensa de la Actividad Librera y la Ley de Fomento del Libro. Advirtió que la medida favorecería la concentración editorial, pondría en riesgo la producción cultural argentina y afectaría tanto a autores como a librerías, editoriales y lectores. Ver nota en:

https://www.lacolumnavertebral.com.ar/2026/08/04/guillermo-tello-derogar-la-ley-del-libro-es-atacar-la-soberania-cultural-argentina/

Informe: Laura Giussani Constenla

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El FreSU convocó a profundizar la movilización contra las políticas de ajuste durante la marcha al Congreso en defensa de la soberanía

El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) se movilizó hoy al Congreso Nacional en defensa de la soberanía, el desarrollo y el trabajo argentino, en rechazo al proyecto de Ley de Extranjerización de la Tierra (denominado «Inviolabilidad de la Propiedad Privada») debatido en el Senado, y contra las políticas de saqueo y ataque a la clase trabajadora que lleva adelante el gobierno nacional. Sus dirigentes anunciaron que profundizarán las luchas contra las políticas de ajuste salarial y por la recuperación de los salarios.

«Marchamos, porque como venimos resistiendo esta política de gobierno, tratando de movilizar a los compañeros y compañeras de organizaciones, porque nadie negocia con débiles en cuanto a la defensa de la soberanía», dijo el titular de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), Pablo Biró y señaló: «El FreSU nació para darle voz a aquellos que no tienen la fuerza para hacerse escuchar. Nació para decirle a aquellos que no se sienten representados, que hay un futuro mejor posible».

Agregó: “Ahora anunciaron que eliminaban este capítulo sobre la extranjerización de la tierra, pero mantiene la posibilidad de la limitación de la expropiación, garantizándole alguna compensación a quien la tuviera».

Por su parte, la secretaria general de Conadu, Clara Chevalier, indicó: “Estamos en un momento en que está claro que no alcanza con la mirada sectorial, que es importante juntarnos, que es importante discutir para construir una mirada de proyecto nacional, integrando las miradas de quienes trabajamos en los distintos sectores sobre los que sabemos cómo funcionan, los problemas que atraviesan, pero tratando de superar esa mirada para pensar un proyecto de país, porque estas nuevas derechas no vinieron a discutir cosas superficiales”.

Además, Chevalier recordó que el gobierno no cumple con la Ley de Financiamiento Universitario. “El 18 de agosto se cumplen 300 días de la sanción de la ley que este gobierno no cumple. Es inédito lo que ocurre porque tenemos un fallo de la Corte, tenemos ahora un movimiento más que hizo la Cámara en el sentido de que el Gobierno tiene que cumplir esta cautelar y esta ley y siguen sin cumplirla”, agregó.

Por su parte, el secretario general de la Federación Aceitera y Desmotadora, Daniel Yofra, destacó que “se marcha para defender la soberanía y para defender al país. Y se marcha en todo el país. No estamos marchando solamente en Congreso, sino en muchas ciudades importantes como Rosario, Córdoba, Mendoza, como muchos lugares donde hay una necesidad de salir, de defender la patria”.

“Este es el camino para seguir defendiendo a todos los sectores vulnerables que viven cada vez peor y que este gobierno se encargó de profundizar esa crisis. Por eso, tenemos que seguir enfrentando a este gobierno y a todas las políticas de este gobierno para salvar a nuestro país, a nuestra sociedad. Eso es lo que estamos tratando de hacer y cada vez se hace más fuerte, cada vez convoca más compañeros porque hay cada vez más necesidad. Entonces los compañeros necesitan de dirigentes que se pongan al frente de la lucha», agregó Yofra.

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Clarín avanza con el cierre de la planta Zepita y deja a decenas de familias sin trabajo

En diálogo con Nora Anchart para La Columna Vertebral, Alejandro Ontivero, delegado y trabajador de la planta Zepita, denunció que el Grupo Clarín cerró las instalaciones sin comunicación oficial, avanza con despidos encubiertos bajo la figura de «retiros voluntarios» y terceriza la impresión de sus publicaciones para reducir costos, afectando a trabajadores gráficos y de prensa.

 

LCV: Contanos qué es lo que está haciendo el diario Clarín en la planta Zepita con sus trabajadores.

Alejandro Ontivero: «La planta Zepita imprimía el diario Clarín y otras publicaciones. Hasta hace poco también se imprimía allí el diario La Nación. Lo que está haciendo Clarín es tercerizar la producción en otro taller gráfico para abaratar costos, dejando a los trabajadores en la calle. Eso significa dejar a muchas familias sin su fuente de ingreso.»

LCV: ¿Cuántos trabajadores están quedando en la calle con esta operación?

Alejandro Ontivero: «Hace aproximadamente un mes comenzaron a ofrecer un supuesto retiro voluntario, que en realidad no tiene nada de voluntario: es un despido encubierto. La planta está dividida entre trabajadores gráficos y trabajadores de prensa. Yo pertenezco al SiPreBA y formo parte del sector de expedición, que está bajo el convenio colectivo de prensa. Del lado gráfico había alrededor de 150 trabajadores y nosotros somos 23 trabajadores de prensa. Muchos gráficos aceptaron ese retiro porque fueron presionados. En los últimos días la empresa intensificó esa presión y les planteó que, si no aceptaban el retiro, recibirían el telegrama de despido. Es una herramienta claramente coercitiva: te dicen ‘aceptá el retiro o te despedimos de otra manera’.»

LCV: ¿Hay personal policial custodiando la planta de Zepita?

Alejandro Ontivero: «El lunes pasado nos presentamos a trabajar y nos encontramos con las puertas cerradas. La empresa no nos dejó ingresar a la planta. Lo único que permanecía abierto era la oficina de Recursos Humanos para quienes quisieran llegar a un acuerdo. El taller estaba completamente cerrado y había presencia policial que impedía el ingreso. Nosotros nunca recibimos una notificación formal de la empresa. Volvimos a presentarnos el miércoles y recién ahí nos enteramos de que la empresa no iba a continuar con la actividad en ese lugar. Hasta hoy no recibimos ningún telegrama ni ninguna comunicación oficial. Estamos en un limbo absoluto. Lo más grave es que Clarín no toma esta decisión porque esté atravesando una crisis económica. Durante años recibió importantes ingresos por pauta publicitaria y tuvo ganancias. Sin embargo, ahora pretende que los trabajadores paguemos el costo de una supuesta crisis. Como siempre, a los trabajadores nos hacen participar de las pérdidas, pero nunca de las ganancias.»

LCV: Allí se imprimían Clarín, Olé… ¿Qué otras publicaciones pasaron ahora a Color Press, en Avellaneda?

Alejandro Ontivero: «Se imprimían el diario Clarín con todos sus suplementos, Olé, La Nación, Revista Viva y varias publicaciones más. Muchas de esas impresiones ya habían sido tercerizadas progresivamente hasta llegar a esta situación.»

LCV: ¿Cuántas familias están perjudicadas hoy?

Alejandro Ontivero: «Hoy somos 23 familias directamente afectadas, aunque ese número puede crecer. El viernes los compañeros mantuvieron una reunión con el gerente, Jorge Figueira, y con un jefe de personal. Como nosotros hicimos pública esta situación y comenzó a viralizarse, los directivos se molestaron. Es increíble que tengan el poder de dejarte sin trabajo y, además, se enojen porque uno cuenta lo que está pasando. Los empresarios se cuidan entre ellos y no quieren que estas situaciones se conozcan. Nosotros decidimos visibilizar el conflicto porque es la única manera de defender nuestros derechos. Además, todavía hay compañeros que no aceptaron el supuesto retiro voluntario y se siguen sumando al reclamo. No son solamente 23 trabajadores: son 23 familias que de un día para el otro quedaron sin saber qué va a pasar con su futuro. La empresa no cierra porque no pueda seguir funcionando, sino porque quiere reducir costos. Mientras durante mucho tiempo nos negó salarios acordes con la inflación diciendo que no tenía recursos, ahora sí aparece el dinero para financiar despidos, pero no para garantizar salarios dignos. Esa es la verdadera situación que estamos denunciando.»

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