Destacada
Reflexiones para un mundo post coronavirus, por Maristella Svampa, en Nueva Sociedad
Buenos Aires, día 16 del aislamiento obligatorio y preventivo
Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América en tiempos de la conquista. Se estima que entre la gripe, el sarampión y el tifus murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente, todos evocan la gripe española (1918-1019), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), el VIH / sida (desde la década de 1980), la gripe porcina AH1N1 (2009), el SARS (2002), el ébola (2014), el MERS (coronavirus 2015) y ahora el Covid-19.
Sin embargo, nunca vivimos en estado de cuarentena global, nunca pensamos que sería tan veloz la instalación de un Estado de excepción transitorio, un Leviatán sanitario, por la vía de los Estados nacionales. En la actualidad, casi un tercio de la humanidad se halla en situación de confinamiento obligatorio. Por un lado, se cierran fronteras externas, se instalan controles internos, se expande el paradigma de la seguridad y el control, se exige el aislamiento y el distanciamiento social. Por otro lado, aquellos que hasta ayer defendían políticas de reducción del Estado hoy rearman su discurso en torno de la necesaria intervención estatal, se maldicen los programas de austeridad quegolpearon de lleno la salud pública, incluso en los países del Norte global…
Resulta difícil pensar que el mundo anterior a este año de la gran pandemia fuera un mundo «sólido», en términos de sistema económico y social. El coronavirus nos arroja al gran ruedo en el cual importan sobre todo los grandes debates societales: cómo pensar la sociedad de aquí en más, cómo salir de la crisis, qué Estado necesitamos para ello; en fin, por si fuera poco, se trata de pensar el futuro civilizatorio al borde del colapso sistémico.
Quisiera en este artículo contribuir a estos grandes debates, con una reflexión que propone avanzar de modo precario en algunas lecciones que nos ofrece la gran pandemia y bosquejar alguna hipótesis acerca del escenario futuro posible.
La vuelta del Estado y sus ambivalencias: el Leviatán sanitario y sus dos caras
Reformulando la idea de Leviatán climático de Geoff Mann y Joel Wainwright, podemos decir que estamos hoy ante la emergencia de un Leviatán sanitario transitorio, que tiene dos rostros. Por un lado, parece haber un retorno del Estado social. Así, las medidas que se están aplicando en el mundo implican una intervención decidida del Estado, lo cual incluye desde gobiernos con Estados fuertes –Alemania y Francia– hasta gobiernos con una marcada vocación liberal, como Estados Unidos. Por ejemplo, Angela Merkel anunció un paquete de medidas sanitarias y económicas por 156.000 millones de euros, parte del cual va como fondo de rescate para autónomos sin empleados y empresas de hasta diez trabajadores; en España, las medidas movilizarán hasta 200.000 millones de euros, 20% del PIB; en Francia, Emmanuel Macron anunció ayudas por valor de 45.000 millones de euros y garantías de préstamos por 300.000 millones. La situación es de tal gravedad, ante la pérdida de empleo y los millones de desocupados que esta crisis generará, que incluso los economistas más liberales están pensando en un segundo New Deal en el marco de esta gran crisis sistémica. A mediano y largo plazo, la pregunta siempre es a qué sectores beneficiarán estas políticas. Por ejemplo, Donald Trump ya dio una señal muy clara; la llamada Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus (CARES, por sus siglas en inglés) es un paquete de estímulos de dos billones de dólares para, entre otros objetivos, rescatar sectores sensibles de la economía, entre los cuales está la industria del fracking, una de las actividades más contaminantes y más subsidiadas por el Estado.
Por otro lado, el Leviatán sanitario viene acompañado del Estado de excepción. Mucho se escribió sobre esto y no abundaremos. Basta decir que los mayores controles sociales se hacen visibles en diferentes países bajo la forma de violación de los derechos, de militarización de territorios, de represión de los sectores más vulnerables. En realidad, en los países del Sur, antes que una sociedad de vigilancia digital al estilo asiático, lo que encontramos es la expansión de un modelo de vigilancia menos sofisticado, llevado a cabo por las diferentes fuerzas de seguridad, que puede golpear aún más a los sectores más vulnerables, en nombre de la guerra contra el coronavirus.
Una pregunta resuena todo el tiempo: ¿hasta dónde los Estados tienen las espaldas anchas para proseguir en clave de recuperación social? Esto es algo que veremos en los próximos tiempos y a este devenir no serán ajenas las luchas sociales, esto es, los movimientos desde abajo, pero también las presiones que ejercerán desde arriba los sectores económicos más concentrados. Por otro lado, es claro que los Estados periféricos tienen muchos menos recursos, ni que hablar Argentina, a raíz de la situación de cuasi default y de desastre social en que la ha dejado el último gobierno de Mauricio Macri. Ningún país se salvará por sí solo, por más medidas de carácter progresista que implemente. Todo parece indicar que la solución es global y requiere de una reformulación radical de las relaciones Norte-Sur, en el marco de un multilateralismo democrático, que apunte a la creación de Estados nacionales en los cuales lo social, lo ambiental y lo económico aparezcan interconectados y en el centro de la agenda.
Las crisis como aprendizajes para no caer en falsas soluciones
La pandemia pone de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza que existe en el planeta. Esto no constituye una novedad, pero sí nos lleva a reflexionar sobre las salidas que han tenido otras crisis globales. En esa línea, la crisis global que aparece como el antecedente más reciente, aun si tuvo características diferentes, es la de 2008. Causada por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la crisis fue de orden financiero y se trasladó a otras partes del mundo para convertirse en una convulsión económica de proporciones globales. También persiste como el peor recuerdo en cuanto a la resolución de una crisis, cuyas consecuencias todavía estamos viviendo. Salvo excepciones, los gobiernos organizaron salvatajes de grandes corporaciones financieras, incluyendo a los ejecutivos de estas, que emergieron al final de la crisis más ricos que nunca.
Así, en términos sociales y a escala mundial, la reconfiguración fue regresiva. Suele decirse que la economía volvió a recuperarse, pero el 1% de los más ricos pegó un salto y la brecha de la desigualdad creció. Recordemos el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street, en 2011, cuyo lema era «Somos el 99%». Millones de personas perdieron sus casas en el mundo y quedaron sobreendeudados y sin empleo, la desigualdad se profundizó, los planes de ajuste y la desinversión en salud y educación se expandieron por numerosos países, algo que ilustra de manera dramática un país como Grecia, pero que se extiende a países como Italia, España e incluso Francia. En vísperas del Foro de Davos, en enero de 2020, un informe de Oxfam consignaba que de solo «2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (60% de la población mundial)». En términos políticos globales, produjo enormes movimientos tectónicos, ilustrados por la emergencia de nuevos partidos y liderazgos autoritarios en todo el mundo: una derecha reaccionaria y autoritaria, que incluye desde el Tea Party hasta Donald Trump, desde Jair Bolsonaro hasta Scott Morrison, desde Matteo Salvini hasta Boris Johnson, entre otros.
Por otro lado, si hasta hace pocos años se consideraba que América Latina marchaba a contramano del proceso de radicalización en clave derechista que hoy atraviesan parte de Europa y Estados Unidos, con sus consecuencias en términos de aumento de las desigualdades, xenofobia y antiglobalismo, hay que decir que, en los últimos tiempos, nuevos vientos ideológicos recorren la región, sobre todo luego de la emergencia de Bolsonaro en Brasil y el golpe en Bolivia. A esto hay que añadir que América Latina, si bien sobrevivió en pleno «Consenso de los Commodities» a la crisis económica y financiera de 2008 gracias al alto precio de las materias primas y la exportación a gran escala, poco logró conservar de aquel periodo de neoextractivismo de vacas gordas. En la actualidad, continúa siendo la región más desigual del mundo (20% de la población concentra 83% de la riqueza), es la región donde se registra un mayor proceso de concentración y acaparamiento de tierras (gracias a la expansión de la frontera agropecuaria), además de ser la zona del mundo más peligrosa para activistas ambientales y defensores de derechos humanos (60% de los asesinatos a defensores del ambientes, cometidos en 2016 y 2017, ocurrieron en América Latina) y, por si fuera poco, es la región más insegura para las mujeres víctimas de femicidio y violencia de género.
Así, la resolución de la crisis de 2008 y susefectos negativos se hacen sentir hoy con claridad. Estas salidas, que acentuaron la concentración de la riqueza y el neoliberalismo depredador, deben funcionar hoy como un contraejemplo eficaz y convincente para apelar a propuestas innovadoras y democráticas que apunten a la igualdad y la solidaridad. Al mismo tiempo, deberían hacernos reflexionar acerca de que ni siquiera aquellos países del Sur que durante el «Consenso de los Commodities» sortearon la crisis y aprovecharon la rentabilidad extraordinaria a través de la exportación de las materias primas, utilizando las recetas del neoextractivismo, funcionaron ni pueden presentarse como la encarnación de un modelo positivo.
Ocultamiento de las causas ambientales e hiperpresencia del discurso bélico
Anteriormente afirmé que la reconfiguración social, económica y política después de la crisis de 2008 fue muy negativa. Quisiera ahora detenerme un poco en las causas ambientales de la pandemia. Hoy leemos en numerosos artículos, corroborados por diferentes estudios científicos, que los virus que vienen azotando a la humanidad en los últimos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos. Sin embargo, pareciera que la atención sobre la pandemia en sí misma y las estrategias de control que se están desarrollando no han incorporado este núcleo central en sus discursos. Todo eso es muy preocupante.
¿Acaso alguien escuchó en el discurso de Merkel o Macron alguna alusión a la problemática ambiental que está detrás de esto? ¿Escucharon que Alberto Fernández, quien ha ganado legitimidad en las últimas semanas gracias a la férrea política preventiva y a su permanente contacto y toma de decisiones con un comité de expertos, haya hablado alguna vez de las causas socioambientales de la pandemia? Las causas socioambientales de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Si hay un enemigo, es este tipo de globalización depredadora y la relación instaurada entre capitalismo y naturaleza. Aunque el tópico circula por las redes sociales y los medios de comunicación, no entra en la agenda política. Esta «ceguera epistémica» –siguiendo el término de Horacio Machado Aráoz– tiene como contracara la instalación de un discurso bélico sin precedentes.
La proliferación de metáforas bélicas y el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial atraviesan los discursos, desde Macron y Merkel hasta Trump y Xi Jinping. Algo que se repite en Alberto Fernández, quien habla constantemente del «enemigo invisible». En realidad, esta figura puede fomentar la cohesión de una sociedad frente al miedo del contagio y de la muerte, «cerrando filas ante el enemigo común», pero no contribuye a entender la raíz del problema, sino más bien a ocultarlo, además de naturalizar y avanzar en el control social sobre aquellos sectores considerados como más problemáticos (los pobres, los presos, los que desobedecen al control).
El discurso bélico confunde y oculta las raíces del problema, atacando el síntoma, pero no las causas profundas, que tienen que ver con el modelo de sociedad instaurado por el capitalismo neoliberal, a través de la expansión de las fronteras de explotación y, en este marco, por la intensificación de los circuitos de intercambio con animales silvestres, que provienen de ecosistemas devastados. Por último, la fórmula bélica se asocia más al miedo que a la solidaridad y ha conllevado incluso una multiplicación de la vigilancia ante el incumplimiento de las medidas dictadas por los gobiernos para evitar los contagios. No son pocos los relatos, en Argentina así como en otros países, que dan cuenta de la asociación entre el discurso bélico y la figura del «ciudadano policía», erigido en atento vigía, dispuesto a denunciar a su vecino al menor desliz en la cuarentena. En suma, es necesario abandonar el discurso bélico y asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas en la agenda pública, lo cual ayudaría a prepararnos positivamente para responder al gran desafío de la humanidad: la crisis climática.
Horizontes posibles. Desde el paradigma del cuidado hasta el gran pacto ecosocial y económico
El año de la gran pandemia nos instala en una encrucijada civilizatoria. Frente a nuevos dilemas políticos y éticos, nos permite repensar la crisis económica y climática desde un nuevo ángulo, tanto en términos multiescalares (global/nacional/local) como geopolíticos (relación Norte/Sur bajo un nuevo multilateralismo). Podríamos formular el dilema de la siguiente manera. O bien vamos hacia una globalización neoliberal más autoritaria, un paso más hacia el triunfo del paradigma de la seguridad y la vigilancia digital instalado por el modelo asiático, tan bien descrito por el filósofo Byung-Chul Han, aunque menos sofisticado en el caso de nuestras sociedades periféricas del Sur global, en el marco de un «capitalismo del caos», como sostiene el analista boliviano Pablo Solón. O bien, sin caer en una visión ingenua, la crisis puede abrir paso a la posibilidad en la construcción de una globalización más democrática, ligada al paradigma del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia como lazos sociales e internacionales; de políticas públicas orientadas a un «nuevo pacto ecosocial y económico», que aborde conjuntamente la justicia social y ambiental.
Las crisis, no hay que olvidarlo, también generan procesos de «liberación cognitiva», como dice la literatura sobre acción colectiva y Doug McAdam en particular, lo cual hace posible la transformación de la conciencia de los potenciales afectados; esto es, hace posible superar el fatalismo o la inacción y torna viable y posible aquello que hasta hace poco era inimaginable. Esto supone entender que la suerte no está echada, que existen oportunidades para una acción transformadora en medio del desastre. Lo peor que podría ocurrir es que nos quedemos en casa convencidos de que las cartas están marcadas y que ello nos lleve a la inacción o a la parálisis, pensando que de nada sirve tratar de influir en los procesos sociales y políticos que se abren, así como en las agendas públicas que se están instalando. Lo peor que podría suceder es que, como salida a la crisis sistémica producida por la emergencia sanitaria, se profundice «el desastre dentro del desastre», como afirma la feminista afroaestadounidense Keeanga-Yamahtta Taylor, recuperando el concepto de Naomi Klein de «capitalismo del desastre». Hay que partir de la idea de que estamos en una situación extraordinaria, de crisis sistémica, y que el horizonte civilizatorio no está cerrado y todavía está en disputa.
En esa línea, ciertas puertas deben cerrarse (por ejemplo, no podemos aceptar una solución como la de 2008, que beneficie a los sectores más concentrados y contaminantes, ni tampoco más neoextractivismo), y otras que deben abrirse más y potenciarse (un Estado que valorice el paradigma del cuidado y la vida), tanto para pensar la salida de la crisis como para imaginar otros mundos posibles. Se trata de proponer salidas a la actual globalización, que cuestionen la actual destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, que cuestionen una idea de sociedad y vínculos sociales marcados por el interés individual, que cuestionen la mercantilización y la falsa idea de «autonomía». En mi opinión, las bases de ese nuevo lenguaje deben ser tanto la instalación del paradigma del cuidado como marco sociocognitivo como la implementación de un gran pacto ecosocial y económico, a escala nacional y global.
En primer lugar, más que nunca, se trata de valorizar el paradigma del cuidado, como venimos insistiendo desde el ecofeminismo y los feminismos populares en América Latina, así como desde la economía feminista; un paradigma relacional que implica el reconocimiento y el respeto del otro, la conciencia de que la supervivencia es un problema que nos incumbe como humanidad y nos involucra como seres sociales. Sus aportes pueden ayudarnos a repensar los vínculos entre lo humano y lo no humano, a cuestionar la noción de «autonomía» que ha generado nuestra concepción moderna del mundo y de la ciencia; a colocar en el centro nociones como la de interdependencia, reciprocidad y complementariedad. Esto significa reivindicar que aquellas tareas cotidianas ligadas al sostenimiento de la vida y su reproducción, que han sido históricamente despreciadas en el marco del capitalismo patriarcal, son tareas centrales y, más aún, configuran la cuestión ecológica por excelencia. Lejos de la idea de falsa autonomía a la que conduce el individualismo liberal, hay que entender que somos seres interdependientes y abandonar las visiones antropocéntricas e instrumentales para retomar la idea de que formamos parte de un todo, con los otros, con la naturaleza. En clave de crisis civilizatoria, la interdependencia es hoy cada vez más leída en términos de ecodependencia, pues extiende la idea de cuidado y de reciprocidad hacia otros seres vivos, hacia la naturaleza.
En este contexto de tragedia humanitaria a escala global, el cuidado no solo doméstico sino también sanitario como base de la sostenibilidad de la vida cobra una significación mayor. Por un lado, esto conlleva una revalorización del trabajo del personal sanitario, mujeres y hombres, médicos infectólogos, epidemiólogos, intensivistas y generalistas, enfermeros y camilleros, en fin, el conjunto de los trabajadores de la salud, que afrontan el día a día de la pandemia, con las restricciones y déficits de cada país, al tiempo que exige un abandono de la lógica mercantilista y un redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado y asistencia. Por otro lado, las voces y la experiencia del personal de la salud serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la inextricable relación que existe entre salud y ambiente, de cara al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y al agravamiento de la crisis climática. Hay que pensar que la medicina, pese a la profunda mercantilización de la salud a la que hemos asistido en las últimas décadas, no ha perdido su dimensión social y sanitarista, tal como podemos ver en la actualidad, y que de aquí en más se verá involucrada directamente en los grandes debates societales y, por ende, en los grandes cambios que nos aguardan y en las acciones para controlar el cambio climático, junto con sectores ecologistas, feministas, jóvenes y pueblos originarios.
En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández dio numerosas señales en relación con la importancia que otorga al cuidado como tarea y valor distintivo del nuevo gobierno. Una de ellas fue la creación del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, así como la inclusión en el gobierno de destacadas profesionales, cuyo aporte en clave feminista atraviesa de manera transversal distintas áreas del Estado. Este gesto hacia la incorporación del feminismo como política de Estado debe traducirse también en una ampliación de la agenda pública en torno del cuidado. Es de esperar que las mujeres hoy funcionarias asuman la tarea de conectar aquello que hoy aparece obturado y ausente en el discurso público, esto es, la estrecha relación entre cuidado, salud y ambiente.
En segundo lugar, esta crisis bien podría ser la oportunidad para discutir soluciones más globales, en términos de políticas públicas. Hace unos días la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), propuso un nuevo Plan Marshall que libere 2,5 billones de dólares de ayuda a los países emergentes, que implique el perdón de las deudas y un plan de emergencia en servicios de salud, así como programas sociales. La necesidad de rehacer el orden económico mundial, que impulse un jubileo de la deuda, aparece hoy como posible. Aparece también posible impulsar un ingreso ciudadano, debate que se ha reactivado al calor de una pandemia que destruye millones de puestos de trabajo, además de profundizar la precarización laboral, mediante esquemas de teletrabajo que extienden la jornada laboral.
Sin embargo, es necesario pensar este New Deal no solo desde el punto de vista económico y social, sino también ecológico. Lo peor sería legislar contra el ambiente para reactivar la economía, acentuando la crisis ambiental y climática y las desigualdades Norte-Sur. Son varias las voces que ponen de manifiesto la necesidad de un Green New Deal como el lanzado por la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez en 2019. Desde Naomi Klein hasta Jeremy Rifkin, varios han retomado el tema en clave de articulación entre justicia social, justicia ambiental y justicia racial.
En el contexto de esta pandemia, ha habido algunas señales. Por ejemplo, Chris Stark, jefe ejecutivo del Comité sobre Cambio Climático del Reino Unido (CCC), sostuvo que la inyección de recursos que los gobiernos deben insuflar en la economía para superar la crisis del Covid-19 debe tener en cuenta los compromisos sobre el cambio climático, esto es, el diseño de políticas y estrategias que no sean solo económicas sino también un «estímulo verde». En Estados Unidos un grupo de economistas, académicos y financistas agrupados bajo la consigna del estímulo verde (green stimulus) enviaron una carta en la que instaron al Congreso a que presione aún más para garantizar que los trabajadores estén protegidos y que las empresas puedan operar de manera sostenible para evitar las catástrofes del cambio climático, especialmente en una economía marcada por el coronavirus.
Con Enrique Viale, en nuestro último libro Una brújula en tiempos de crisis climática (de próxima publicación por la editorial Siglo Veintiuno), apuntamos en esta dirección y por ello proponemos pensar en términos de un gran pacto ecosocial y económico. Sabemos que, en nuestras latitudes, el debate sobre el Green New Deal es poco conocido, por varias razones que incluyen desde las urgencias económicas hasta la falta de una relación histórica con el concepto, ya que en América Latina nunca hemos tenido un New Deal, ni tampoco un Plan Marshall. En Argentina, lo más parecido a esto fue el Plan Quinquenal bajo el primer gobierno peronista, que tuvo un objetivo nacionalista y redistributivo. Sin embargo, Argentina no venía en ese entonces del desastre, tenía superávit fiscal y los precios de las exportaciones de cereales eran altos. Era un país beneficiado económicamente por la guerra europea y eso le dio al gobierno peronista una oportunidad para generar condiciones de cierta autonomía relativa, orientando su política de redistribución hacia los sectores del asalariado urbano.
Así, no hay aquí un imaginario de la reconstrucción ligado al recuerdo del Plan Marshall (Europa) o el New Deal (Estados Unidos). Lo que existe es un imaginario de la concertación social, ligado al peronismo, en el cual la demanda de reparación (justicia social) continúa asociada a una idea hegemónica del crecimiento económico, que hoy puede apelar a un ideal industrializador, pero siempre de la mano del modelo extractivo exportador, por la vía eldoradista (Vaca Muerta), el agronegocio y, en menor medida, la minería a cielo abierto. La presencia de este imaginario extractivista/desarrollista poco contribuye a pensar las vías de una «transición justa» o a emprender un debate nacional en clave global del gran pacto ecosocial y económico. Antes bien, lo distorsiona y lo vuelve decididamente peligroso, en el contexto de crisis climática.
Esto no significa que no haya narrativas emancipatorias disponibles ni utopías concretas en América Latina. No hay que olvidar que en ka región existen nuevas gramáticas políticas, surgidas al calor de las resistencias locales y de los movimientos ecoterritoriales (rurales y urbanos, indígenas, campesinos y multiculturales, las recientes movilizaciones de los más jóvenes por la justicia climática ), que plantean una nueva relación entre humanos, así como entre sociedad y naturaleza, entre humano y no humano. En el nivel local se multiplican las experiencias de carácter prefigurativo y antisistémico, como la agroecología, que ha tenido una gran expansión, por ejemplo, incluso en un país tan transgenizado como Argentina. Estos procesos de reterritorialización van acompañados de una narrativa político-ambiental, asociada al «buen vivir», el posdesarrollo, el posextractivismo, los derechos de la naturaleza, los bienes comunes, la ética del cuidado y la transición socioecológica justa, cuyas claves son tanto la defensa de lo común y la recreación de otro vínculo con la naturaleza como la transformación de las relaciones sociales, en clave de justicia social y ambiental.
De lo que se trata es de construir una verdadera agenda nacional y global, con una batería de políticas públicas, orientadas hacia la transición justa. Esto exige sin duda no solo una profundización y debate sobre estos temas, sino también la construcción de un diálogo Norte-Sur, con quienes están pensando en un Green New Deal, a partir de una nueva redefinición del multilateralismo en clave de solidaridad e igualdad.
Nadie dice que será fácil, pero tampoco es imposible. Necesitamos reconciliarnos con la naturaleza, reconstruir con ella y con nosotros mismos un vínculo de vida y no de destrucción. El debate y la instalación de una agenda de transición justa pueden convertirse en una bandera para combatir no solo el pensamiento liberal dominante, sino también la narrativa colapsista y distópica que prevalece en ciertas izquierdas y la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas. La pandemia del coronavirus y la inminencia del colapso abren a un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse no solo la imaginación política tras la necesidad de la supervivencia y el cuidado de la vida, sino también la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado.
Nueva Sociedad es uno de los portales que tienen un excelente nivel de pensamiento para entender el mundo que vivimos. Todos los artículos son dignos de leer en: https://www.nuso.org/articulo/reflexiones-para-un-mundo-post-coronavirus/
Destacada
Daniel Filmus: «En tres años cayó a la mitad la matrícula de los institutos de formación profesional»
Daniel Filmus analizó en La Columna Vertebral el proyecto educativo del Gobierno nacional, el rol del Estado en la educación, la propuesta de educación virtual y el sistema de vouchers. También cuestionó el impacto del ajuste sobre la educación técnica y explicó la relación entre formación profesional, industria y trabajo.
LCV: ¿Qué nos está pasando en Argentina y en América Latina con el tema educación?
Daniel Filmus: «Cada país tiene sus particularidades. Está claro que en la Argentina tenemos un gobierno que se denomina anarcocapitalista, o una conjunción trágica del anarcocapitalismo con el neoliberalismo y un oscurantismo en lo que respecta a la ciencia y el conocimiento, que proclama y milita la idea de que el Estado no tiene que hacerse responsable de la educación; que la educación, como plantea el proyecto de ley que ellos han presentado, que tiene como nombre ‘Educar para la libertad’, es una responsabilidad de la familia; que el Estado solo tiene que intervenir en aquellas condiciones en que la familia no está en posibilidades de hacerlo. El caso máximo lo planteó Benegas Lynch cuando en la Cámara y en varios reportajes dijo que si un padre necesita que el chico trabaje, ¿para qué va a ir a la escuela? Es interesante que en ese proyecto, si bien la educación aparece como obligatoria, no aparece como obligatoria la escolaridad. Es decir, que vos podrías tener educación en tu casa, educación virtual o una educación en una escuela de cualquier lugar del mundo en forma virtual.»
LCV: Por lo menos incorporaban la virtualidad.
Daniel Filmus: «Lo de la virtualidad, como lo plantean ellos, también es ultramontano y del medioevo traído para la actualidad, porque, como todos sabemos, mientras que la escuela trabaja con el conocimiento, con el saber y con la verdad, las redes y los algoritmos trabajan con una verdad parcial o con fake news. Entonces, justamente, es todo lo contrario. Si vos dejás la educación en manos de las redes, de los algoritmos y simplemente de la virtualidad, podés tener un aprendizaje muy sesgado y ese sesgo va también en dirección a la individualidad. Si vos tenés una educación en tu casa sin relación con otros, imaginate cuando salgas de tu casa: ¿cómo vas a hacer para sostener la convivencia social propia de las democracias?»
LCV: En algún momento de la campaña recuerdo que me escandalicé mucho. No me acuerdo el nombre del pedagogo chileno que había tratado de inocular acá, en las filas libertarias, la idea de esas escuelas voucher que intentaron hacer en el modelo chileno de la dictadura. ¿Te acordás? Era una cosa muy extraña, que también tenía que ver con esto: que estudiara el que pudiera y que el resto quedara fuera.
Daniel Filmus: «No, no, no. Ilusión absoluta, honorable. Desgraciadamente, está textualmente, así como lo planteás vos, en el proyecto de ley que ellos presentaron al Comité de Mayo, ese comité que se formó a fines del año pasado. Ellos hicieron un proyecto que ahora mejoraron. Todavía no está presentado en el Congreso como tal, pero uno de los temas justamente es cambiar el sistema de financiamiento. La responsabilidad no es del Estado, sino de la familia. Las familias debieran pagar los estudios y el Estado solamente intervenir en aquellos casos en que la familia no tenga recursos, como con lo que decías vos recién, con un voucher. Te dan un cheque educativo que vos lo podés aplicar a una escuela pública, una escuela privada, donde vos quieras, siempre financiando la demanda y no la oferta. Con lo cual, de hecho, algo que es un derecho por la Constitución Argentina para todos los chicos y todos los jóvenes va a pasar a ser, en ese caso, no un derecho, sino una mercancía que debe ser comprada, sea con recursos públicos, aquel que no tenga en su familia recursos suficientes, o con recursos propios de la familia. Lo que tenés que tener en cuenta es que la desigualdad de las capacidades adquisitivas de las familias es de tal envergadura que esa desigualdad, como es el caso chileno, se va a experimentar después también en el nivel educativo que cada escuela tenga. Así que la gravedad es inusitada.»
LCV: Esperemos que ese proyecto nunca se llegue a presentar y que, si se presenta, haya un debate que permita rechazarlo. Porque claramente, cuando vos analizás y leés a los clásicos del anarcocapitalismo, plantean que el Estado no tiene que hacerse cargo de la educación, de la cultura ni de la ciencia.
Daniel Filmus: «En el caso de la educación, de la ciencia y de la cultura, lo que plantean es que prácticamente la filantropía es la que se tiene que dedicar a invertir en eso, porque el Estado está para otras cosas tan importantes como la seguridad o la defensa.»
LCV: Hace muy poco participaste de un ciclo sobre educación, trabajo y producción hacia un modelo de desarrollo soberano, que era obviamente un lugar de análisis entre los distintos sectores de lo que yo, como peronista, llamo la comunidad organizada, o sea, todos los sectores que intervienen en el desarrollo productivo de un país. En este marco, vos hablás de que una de las víctimas de este modelo, y no solamente de Milei, es la educación técnica. Vos y yo hemos estudiado los modelos educativos de la dictadura, donde sabemos que el retroceso en la escuela de educación técnica arranca en ese momento.
Daniel Filmus: «Sí, tal cual. El caso extremo fue el gobierno de Menem. En el proceso de desindustrialización votó una ley que se llama Ley Federal de Educación, que duró hasta que nosotros la reemplazamos con la Ley de Educación Nacional. Es decir, que tuvo una duración de prácticamente una década, en donde esa ley prohibía las escuelas técnicas. Algo ridículo que en ningún lugar del mundo ocurre: directamente definía que la educación secundaria no debía tener una orientación técnica. Tenía lo que se llamó en aquel momento Trayectos Técnicos Profesionales, TTP, que eran a contraturno, solamente de tres años, y desnaturalizaba totalmente lo que era la formación de los trabajadores técnicos que Argentina estaba orgullosa porque justamente a partir del peronismo había comenzado. Realmente, esa mirada de desvalorización de la escuela técnica nosotros la revertimos con la Ley de Educación Técnica. Es una ley del 2005, justamente una ley que no solo prevé el retorno de la educación técnica, sino que también prevé que el 0,2% del presupuesto nacional esté dedicado a este tipo de educación. Había antes un impuesto que sacó Martínez cuando universalizó el IVA, que era el impuesto al CONET, que en aquel momento era el Consejo Nacional de Educación Técnica. Milei ha vuelto a hacer lo mismo. En el presupuesto 2026 directamente eliminó de la Ley de Educación Técnica el artículo que hablaba del 0,2% de inversión en ese tipo de educación. Con lo cual, si vos no reequipás las escuelas técnicas y no tenés insumos nuevos ni maquinarias nuevas, lo que vas estudiando es la historia de la tecnología, porque hoy en día avanza tan rápido la técnica que, si no tienen recursos las escuelas para actualizarse, realmente no tienen ninguna posibilidad de tener inserción ocupacional los que se reciban.»
LCV: Daniel, ¿esto es en todo el territorio o estamos hablando de algo que está sucediendo acá con escuelas como el Otto Krause y demás? ¿Esto es en todo el territorio? ¿Los gobernadores, las gobernaciones, qué mirada tienen sobre la educación técnica?
Daniel Filmus: «No, en este caso la educación técnica sigue existiendo. No es como la Ley Federal de Educación. Todavía no se derogó la Ley de Educación Técnica, se derogó solamente el artículo por el cual se establecía la financiación. Entonces, lo que tenés vos es que, al bajar Milei el presupuesto educativo nacional en la educación básica, el 80%, nunca ocurrió en la historia argentina un corte tan abrupto. Bajó el 80%. Vos tenés que tener en cuenta que las provincias solo pueden pagar salarios porque también el gobierno nacional salió de lo que era el FONID, el Fondo Nacional de Incentivo Docente, que permitía a las provincias con eso pagar el 10 o 15% del salario docente. Al cortar el FONID del gobierno nacional, prácticamente todo el presupuesto provincial, en el caso menor, será el 90%, está dedicado a salarios. Entonces, no hay recursos para equipamiento de las escuelas, no hay recursos para edificar nuevas escuelas, no hay recursos para actualizar la tecnología que utilizan las escuelas técnicas. Entonces, realmente estamos en un problema serio. Subsisten las escuelas medias técnicas por ahora, pero de ninguna manera avanzan en cuanto a la mejora.»
LCV: Los datos oficiales ya indican que después de haber crecido la escuela técnica durante nuestro período, mucho más que la escuela media común, hoy en día cayó en los últimos tres años y cayó a la mitad la formación profesional.
Daniel Filmus: «Las escuelas técnicas tienen, fuera del horario de escolarización, formación profesional con el mismo equipamiento. Como no hay demanda profesional para trabajadores técnicos, cayó a la mitad. Es una cosa increíble que en tres años haya caído tanto el financiamiento y haya caído tanto la matrícula de los institutos de formación profesional.»
LCV: Tenemos un aliado estratégico en esto del trabajo y las herramientas para el trabajo. Estoy hablando de Mario Pergolini, que reivindica su condición de técnico y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina.
Daniel Filmus: «Mario Pergolini, por lo menos de lunes a viernes, tiene su programa y al menos en tres programas por semana reivindica su condición de técnico, de recibido en una escuela técnica, y le pregunta a todo el mundo: ‘¿Vos sabés de motores? ¿Vos sabés de esto? ¿Vos no entendés nada de producción?’. Hace todo el tiempo la reivindicación de las escuelas técnicas, la necesidad de las escuelas técnicas y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina, que también está en debacle. Inesperadamente, la primera vez que lo escuché pensé que era un chiste, me fijé y efectivamente es técnico. Su título secundario es de técnico en una escuela técnica.»
LCV: Al mismo tiempo, hay otro proceso interesante: las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación y forman a sus trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.
Daniel Filmus: «Las necesitan con una sólida formación del Estado. Las escuelas técnicas están muy vinculadas a las pymes. Las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación, trabajan y forman a sus propios trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que es la que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.»
LCV: Yo me fijaba que hemos sacado mucho acá durante mucho tiempo a la gente del mundo textil, a la gente de la Fundación ProTejer y demás, que tenían una escuela técnica que se proveía de técnicos y además se preocupaban de que cada vez que compraban una máquina nueva hubiera una capacitación. Cuando yo hablaba con el presidente sobre la pérdida de ese tipo de preparación en el marco de las quiebras de las empresas textiles y las pymes, ¿qué pasó?
Daniel Filmus: «Sí, mirá, te cuento una. El primero preocupado por la falta de técnicos es Pablo Roca. El segundo es el presidente de la Fundación ProTejer, que en ese momento era Caragoseam. Me vino a plantear que en Argentina egresaban, para que tengas una idea, tres ingenieros textiles por año, tres de la UTN, que era la única carrera que había. Entonces, ¿cómo hacemos? La primera reacción del sector que reaccionó ante la sustitución de importaciones que permitió Néstor Kirchner fueron los sindicatos en la formación de trabajadores en Argentina, porque yo era director de una escuela sindical, de la Escuela Sindical del Seguro, durante la época de la dictadura, lo que eran los centros educativos de nivel secundario y después los centros educativos de nivel terciario de DINEA. Fui rector de un centro educativo de nivel terciario sindical, el del Sindicato del Seguro. Y es importante porque, si no hubiera sido por los sindicatos, la dictadura cerraba todos. La dictadura cerró todas las escuelas primarias de adultos de todo el país. Sin embargo, las secundarias, aquellas que dependían de los sindicatos, fueron protegidas por los sindicatos y pudieron sobrevivir.»
LCV: Diferencia entre inclusión e igualdad.
Daniel Filmus: «Yo creo que es una enorme falla. Ahí hay muchos temas para tratar, pero en un minuto solamente decir que bienvenido Milei a la cuestión Malvinas.»
LCV: La soberanía es algo integral y es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas.
Daniel Filmus: «Las Malvinas son argentinas, la Argentina también. En la cuestión de que la soberanía es algo integral, es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas. Pero bienvenido porque realmente es una causa nacional y lo que no tiene que pasarnos es este caballo de Troya que nos acaban de mandar, donde una parte del proyecto de ley es buena, hay que mejorarla, pero es bueno que aumente las penas a aquellos que quieren explorar o explotar hidrocarburos en la plataforma continental argentina. Pero otra parte de la ley es de seguridad interior y tiene como objetivo incluirnos dentro del Escudo de las Américas que está proponiendo Trump y no tiene nada que ver con Malvinas.»
Destacada
Marcelo Cantelmi: “El voto de castigo al sistema también explica lo que pasó en Brasil”
El periodista y analista internacional Marcelo Cantelmi analizó desde Brasilia el resultado electoral que dejó a la derecha de Jair Bolsonaro fortalecida y a Lula da Silva frente a un escenario de creciente dificultad política. Advirtió sobre el impacto del desgaste económico, la elevada abstención y el desencanto de sectores populares que no perciben en sus bolsillos los indicadores positivos de la economía brasileña. También alertó sobre las consecuencias que un eventual avance del bolsonarismo podría tener para Brasil y para toda la región.
LCV: ¿Te sorprendieron los resultados de Bolsonaro-Lula?
Marcelo Cantelmi: «Sí, la elección sorprendió porque acá todas las encuestas tiraban que Lula iba a repetir un poco, ganar en la primera y después ver la segunda. Estábamos todos atentos a ver por cuánto se iba a producir esa victoria de Lula para medir el balotaje del 25, pero se invirtió. El mismo Lula reconoció que era inesperado lo que sucedió con la victoria del hijo mayor de Jair Bolsonaro, que ganó por cerca de dos puntos, casi dos puntos concretamente, y que tiene oportunidad de ganar en el balotaje. Para Bolsonaro necesitan en realidad cinco puntos, según dicen acá los especialistas, para tener un salto seguro y no tener que esperar, pero ciertamente está mejor que Lula. Lula, cuando le gana a Jair Bolsonaro en el 22, tenía cinco puntos y pico y, sin embargo, le ganó por 1,8%, le costó.»
LCV: ¿Qué significa este resultado para Lula y para el futuro político de Brasil?
Marcelo Cantelmi: «Aun si pasara el milagro, muy difícil, de que el presidente Lula da Silva logre reelegirse, se va a encontrar con una pared. Realmente lo que pasó el domingo es un cambio radical en el país que excede a la cuestión de quién gobierna, porque toda esta estructura más de derecha ha ganado mucho espacio, sobre todo en el Congreso. El Poder Judicial está bastante incendiado. Se habla ya abiertamente de que va a haber una amnistía para Jair Bolsonaro, que está preso con una condena de 27 años por intento de golpe. Obviamente que se va a descabezar a gran parte de la Corte Suprema, sobre todo al juez Alexandre de Moraes, que fue el que llevó adelante este proceso contra Bolsonaro. Además, estos senadores que han consolidado el bloque más fuerte del Partido Liberal de Bolsonaro son muy duros. Es decir, que acá la expectativa que hay es que viene un gobierno muy rígido hacia adelante. Si Lula llega a tener la renovación de la presidencia, se va a encontrar con una enorme dificultad de gobernabilidad. Eso sí está ciertamente muy cuestionado y en tensión. Es un panorama difícil, hay muchos elementos que conspiraron acá.»
LCV: ¿Qué factores explican este resultado?
Marcelo Cantelmi: «Hubo un descuido muy fuerte del gobierno y del PT, que creían que tenían la cosa segura. Bueno, no fue así. Adicionalmente está el tema del desgaste de estar en el poder. Lula está cumpliendo su tercer mandato, tiene 80 años. Y allá abajo también hay una cuestión de voto castigo, porque acá la gente que gana un sueldo básico, un sueldo básico y medio o dos, tiene muchos problemas para llegar a fin de mes. Ocho de cada diez familias de Brasil tienen deudas para pagar lo necesario, el changuito, y esto hace que el votante vea con bastante distancia la elección porque siente que no le va a cambiar su situación. Es verdad que durante el gobierno de Lula, estos cuatro años, se logró una mejora en los ingresos, pero no lo suficiente como para resolver ese problema. Así que acá hubo una parte de voto castigo, gran parte de desdén.»
LCV: La abstención fue la más alta de la historia de Brasil, del 22%. La base de sustentación que alimentó a los 20 millones de personas que no fueron a votar, ¿creés que son muchos votantes de Lula?
Marcelo Cantelmi: «Hay una gran porción de votantes de Lula. Hay una porción de gente que no vota nunca y hay una porción de votantes de Lula que, por lo que uno habla, están desencantados.»
LCV: ¿Qué te dice la gente común cuando caminás por las calles de Brasil?
Marcelo Cantelmi: «Acá es muy común que vos hables con gente del llano, gente de la calle, de clase media baja, y lo que te dice es: la verdad que está todo muy caro, el supermercado está muy caro, el combustible está muy caro, llegar a fin de mes es muy difícil y entonces se endeuda, se endeuda con la tarjeta de crédito, la tarjeta del negocio, ese tipo de cosas. Es un problema tan serio que el gobierno Lula anunció hace unos días un plan para rescatar por lo menos la deuda de los morosos. Pero este es un tema muy serio que creo que es un gran descuido. Hay que tener en cuenta que Lula en este gobierno reconstruye un Brasil que es una especie de estructura maravillosa desde la perspectiva de un buen capitalismo. Tiene números macro: unas reservas extraordinarias del Banco Central, inversión extranjera enorme, un riesgo país bajísimo y estable que no se mueve y un crecimiento en los últimos cuatro años. Es todo muy bonito, pero no llega al bolsillo del votante.»
LCV: Cuando uno no da respuestas, además hay una pérdida de interés en la calidad de a quién votás. ¿Hay algún tipo de interés en esa calidad o simplemente cambiamos para ver si me ayuda la suerte?
Marcelo Cantelmi: «Es complicada esa pregunta porque en realidad lo que uno está notando alrededor del mundo es que precisamente la concentración del ingreso está generando un voto muy crítico hacia el sistema. Se critica el sistema y se duda de la democracia. La democracia no abraza como antes. Por ejemplo, en Alemania acaba de tener un gran suceso la AfD, Alternative für Deutschland, que es un partido de orientación nazi, pero los que lo votan no son nazis ni aman a Hitler. Lo que ocurre es que están votando con la billetera en el bolsillo, una billetera magra, una clase media que vive involutivamente, vive peor que los abuelos y los padres, y eso genera una irritación, sobre todo tratándose de Europa, donde la idea de evolución individual es muy importante. En Estados Unidos, Trump le gana a Biden por lo mismo y posiblemente pierda noviembre también por lo mismo. La gente se enoja con un sistema que los ha abandonado y se vota cruzado, se vota con enojo, se vota a cualquiera con tal de marcar esta posición de irritación. En el caso de Brasil operan muchos factores, pero no hay que descuidar que hay un sector del viejo voto, del tronco del voto a Lula, que creía en algún momento en la distribución y que nota que los éxitos económicos macro no le llegan.»
LCV: No hay derrame en esta circunstancia y, además, no va a haber mucho menos a partir de ahora. Bolsonaro, por supuesto, porque el planteo de este sector es un planteo económico viejo.
Marcelo Cantelmi: «Yo me niego mucho a hablar de un Lula de izquierda. Por cierto, él también dice que no es de izquierda. Lula no es de izquierda, es un centrista socialdemócrata, muy liberal en un montón de conceptos, muy amante del libre mercado. Pero esta derecha tiene un pensamiento bastante posicionado en el comienzo del siglo pasado: la idea de que no hay reglas, que importa el poder y, adicionalmente, que si vos tenés una cuestión económica crítica, por ejemplo deuda pública o un problema de déficit fiscal, no tenés que trasladar a la gente vía un ajuste. Lo que viene va a ser una severa presión sobre estos sectores que están ya con problemas, precarizados. También, cuando uno hablaba con la gente del oficialismo lulista, te decían: ‘Sí, después de las elecciones va a haber un ajuste’. El palo venía por cualquier lado y supongo que mucha gente lo intuyó y por eso terminó votando de esta manera. Va a ser problemático, es muy problemático para la región.»
LCV: Cuando sea lo que sea el 25 de octubre, el lunes 26 volvemos a hablar y ahí me gustaría que me contaras cómo queda la Argentina en cuanto al liderazgo, si el liderazgo, con muchas comillas, de Milei es reemplazado por el de este chico Bolsonaro frente a Trump.
Marcelo Cantelmi: «Igual, en ese sentido hay que ver cuánto nos queda de Trump también, del Trump todopoderoso, teniendo en cuenta que se vienen las elecciones de noviembre.»
LCV: Por eso el 26 de octubre es mucho para analizar. ¿Dónde estás? ¿En Río?
Marcelo Cantelmi: «San Pablo, en Brasilia.»
LCV: En Brasilia. Estás en Brasilia. Bueno, un abrazo inmenso, siempre envidiándote el tema de poder hacer el periodismo que vos hacés, que es absolutamente fascinante. Y te despido con Gal Costa.
Marcelo Cantelmi: «Un abrazo.»
Destacada
Daniel Weiser: “La dictadura tenía listas de trabajadores que habían sido entregadas por las empresas”
Daniel Weiser, director del documental sobre la causa Molinos, explicó en diálogo con La Columna Vertebral cómo surgió el proyecto que busca reconstruir la historia de los trabajadores de Molinos Río de la Plata, Planta Avellaneda, y las luchas que protagonizaron antes y durante la última dictadura. El documental se propone recuperar no solo la historia de las víctimas y la lucha de sus familiares, sino también las condiciones laborales, las tomas de fábrica, la organización sindical y el contexto que precedió al secuestro y desaparición de trabajadores. Weiser convocó a exempleados de la planta a aportar sus testimonios para reconstruir esa historia.
LCV: Contame un poco cómo surge la idea de hacer este documental con la gente de Aceiteros.
Daniel Weiser: «Cuando estaba por iniciar la causa, la primera vez que habían puesto fecha, que era para mayo de este año, le acerco a Daniel Yofra y a Ezequiel Roldán, que es el secretario gremial de la Federación y el secretario general del Sindicato de Buenos Aires y Gran Buenos Aires de Aceiteros, la idea de hacer un documental alrededor del juicio y enseguida me dijeron que sí. En ese momento me ayudan a contactar a los familiares. Yo no tenía contacto con los familiares, ellos fueron el puente para iniciar eso. Ahí arranqué a pensar este documental alrededor del juicio, que sea un documental que cuente el juicio, pero que de alguna manera permita reconstruir cómo fue esa historia de trabajadores combativos, de esa comisión interna combativa acompañada por el resto de los trabajadores de Molinos Río de la Plata, Planta Avellaneda, que terminó en el secuestro y desaparición de 26 trabajadores, de lo que se conoce hasta el momento, porque van apareciendo nuevos testimonios y eso se puede ir ampliando. Hasta el momento está el registro de que por lo menos fueron trabajadores desaparecidos de esa planta, fruto de listas negras que entregó la empresa en complicidad con la dictadura militar del 76.»
LCV: Contanos en qué consiste este spot que acabamos de escuchar para iniciar la nota. ¿Cuál es el enfoque, qué es lo que ustedes piensan hacer a partir de esta convocatoria a exempleados de Molinos Río de la Plata, Avellaneda?
Daniel Weiser: «Nosotros en principio arrancamos entrevistando a los familiares, pero después para nosotros es muy importante, particularmente para mí, contar la historia dentro de la planta. No solo la lucha de los familiares para que haya justicia, sino la razón por la que los secuestran, porque si no muchas veces se queda solamente con el secuestro en sí, que es algo tremendo, pero para mí hay que rescatar la lucha del movimiento obrero que en general en la Argentina es muy rica y está poco valorada. Muchas veces, cuando se recuerda la dictadura, pareciera que el movimiento obrero no hizo nada y, sin embargo, hubo tres paros nacionales y muchas luchas en muchas fábricas. Para mí es muy importante rescatar el rol de los trabajadores durante toda la dictadura. Desde la idea de reconstruir eso, nosotros llegamos a una cantidad de trabajadores, principalmente los que están vinculados a los familiares, y ya como que agotamos un poco esos contactos. Por eso salimos con esta campaña, con la idea de ampliar el círculo de testimonios alrededor de esa experiencia que, si bien fue corta, fue muy rica, porque la Lista Blanca recupera la comisión interna de una comisión interna que era más colaboracionista con la empresa e inicia una lucha que tuvo tres tomas. Dos durante la dictadura fueron ferozmente reprimidas: en la primera los reprimieron duramente y en la segunda se preparan mejor y logran resistir esa represión. Tenían una lista de 20 puntos y logran alcanzar 10 de esos puntos en la negociación con la empresa, con la planta tomada. Después hubo una tercera toma, ya durante el gobierno de Cámpora, donde logran alcanzar casi los 20 puntos que tenían planteados, que tenían que ver con la seguridad laboral, con salarios y con condiciones de trabajo. Finalmente, para mí es interesante la brutalidad de esto: terminan secuestrando trabajadores solamente porque pedían mejores condiciones de trabajo y salarios dignos.»
LCV: Pensá que en Astilleros Río Santiago, en Astarsa, más concretamente, se llevaron a toda una comisión interna porque estaba peleando por el sistema de salud.
Daniel Weiser: «Es increíble. Yo tengo 40 años, no viví ese período. Para mí pensarlo me resulta como una cosa excesiva, una cosa de decir: los primeros presos, pero desaparecieron. Es una locura. Igual hicieron todas las opciones: también echaron, también persiguieron. El catálogo fue amplio y fue todo estrictamente cumplido. No se privaron de nada.»
LCV: Daniel, vos sos hermano de Pablo. ¿Están juntos en este proyecto?
Daniel Weiser: «Sí, este proyecto lo llevo adelante yo, pero sí, somos hermanos.»
LCV: ¿Cómo estás trabajando el tema del guion? ¿Cuál es el eje argumental para llamar a gente que quizás no sea víctima, que no haya tenido nada más que un despido, algún tipo de sanción o lo que fuera, pero que también esté dispuesto a contar cómo eran las condiciones de trabajo? ¿Es esa la línea argumental o lo que estás buscando es ampliar la base de víctimas?
Daniel Weiser: «No, son las dos cosas. Yo lo que busco con esta campaña particular es que el documental va a contar obviamente lo de las víctimas, pero en la campaña lo que busco es construir el contexto de cómo era la fábrica, particularmente el momento previo a esta nueva comisión interna y las tomas, las tomas en sí y cómo mejoraron sus condiciones, si es que así fue. Y después, ¿qué pasó postdictadura? Una vez que secuestran a esta comisión interna, qué pasó dentro de la fábrica, si la empresa avanzó nuevamente sobre las conquistas. Conocer un poco esa historia.»
LCV: ¿Estás hablando entonces de un período que arranca antes de la dictadura? ¿En qué año más o menos?
Daniel Weiser: «Arranca en el 73 y termina con la dictadura, con el golpe de Estado, y termina más o menos en 1978 o 1979 en el período de contar la historia de la fábrica. Después tenés otro momento de la película que va a ser contar la lucha de los familiares por llevar a juicio, por llegar a este juicio.»
LCV: Esta parte es entonces tomas, condiciones de trabajo, cómo se sostuvieron, cómo crecieron en algún momento las buenas condiciones, cómo bajaron luego y qué se aplicó en la comisión interna. ¿Van a trabajar también sobre los testimonios del armado de listas? Sería súper interesante si llegaran a conseguir algún testimonio de un administrativo que hubiera sido testigo de lo que hacía este jefe de personal.
Daniel Weiser: «Sí, la verdad que a mí me interesaría incluso entrevistarlo a él también, a Parodi.»
LCV: Lo veo bastante difícil, pero sí, eso en general. ¿Te gusta entrevistar a todos los que son parte de la historia?
Daniel Weiser: «Sí, en general me gusta entrevistar a todos los que son parte de la historia. Yo estoy armando un material no sobre una fábrica, sino sobre el sistema de llevarse a los delegados directamente. Estoy hablando del 74 al 79, que es el período en el que nos estamos moviendo nosotros, y con su anclaje en lo que es hoy la Argentina, con sangre, pero con sudor secuestrado. La verdad que es muy difícil conseguir a los protagonistas que defiendan el tema, pero es muy valioso tener esos testimonios de primera mano. Muy valioso, terriblemente valioso.»
LCV: Te doy un tip de colega: te recomiendo el archivo de Canal 9. Es muy interesante en esa época, sobre los noticieros y algunos materiales que se hicieron y se pasaron allí. ¿Cuánto tienen previsto continuar? ¿Cuándo estás en la etapa previa? ¿Para cuándo creés que lo pueden terminar, fin de año, el año que viene?
Daniel Weiser: «Depende mucho del juicio porque es un documental sobre el juicio. Yo calculo que menos de un año el juicio no va a durar, considerando que sea un juicio rápido. Es probable que tarde más incluso. Pero como es un documental que se va a construir, a mí me gustan particularmente los documentales donde vos no sabés cuál es el final, vas contando la historia mientras la vas produciendo. Entonces también vamos preproduciendo y produciendo el guion al mismo tiempo, en simultáneo. Voy pensando el guion mientras lo voy haciendo porque estimo que Parodi va a terminar siendo juzgado y condenado, pero realmente no sabemos. Es un final abierto y me parece hermosa esa manera de trabajar porque trabajás sobre la historia viva y eso es realmente maravilloso: poder ir documentando lo que está pasando en tiempo real, además de contar de dónde vienen las cosas. Y también me parece sumamente interesante el tema de que no te quedes con la lucha de los familiares, que es como que abundan los materiales en donde te cuentan la lucha del familiar, pero no te cuentan qué es lo que están defendiendo en tanto a la persona. Ponerle nombre, apellido, lucha y carne a la persona desaparecida, a ese familiar. A veces eso falta. Entonces, me parece muy interesante que vos vayas al clima anterior de esa lucha.»
LCV: Yo quería agregar algo en relación con esto que decías sobre el final.
Daniel Weiser: «Para mí es importante contar este momento previo porque a veces no termina de darse a entender la dimensión de lo que fue la dictadura, que de alguna manera también podría ayudar a entender el proceso actual. La dictadura no vino a desaparecer gente, vino a desaparecer la solidaridad, a hacer desaparecer la industria nacional y para eso usó un instrumento: la desaparición de personas. No es que su objetivo principal fuera desaparecer gente, sino que su objetivo era instalar un sistema político y un sistema económico y para eso desapareció gente. Para mí es importante contar el momento previo, para no confundir cuál es el objetivo real de la dictadura y un sistema político y económico que hoy tiene muchísimas reminiscencias, incluso en el discurso oficial de Milei.»