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Entrevistas

“Sobre el racismo se ha construido una parte de la sociedad argentina”

La Columna Vertebral charló con Victoria Donda, titular del INADI, para saber cómo está trabajando el organismo durante la pandemia, y qué medidas se están tomando sobre los dichos del exconcejal radical Julio Carballo.

Donda indicó que desde la institución intentan “aportar elementos para desarmar estas construcciones sociales violentas que llevan a que mucha gente discrimine”. “Al COVID-19 le vamos a ganar con más solidaridad, no discriminación. Entendiendo que de este lugar salimos entre todos, todas y todes”, destacó.

La titular del INADI también sostuvo que “el miedo se alimenta en el desconocimiento”, por lo cual propuso una campaña “para que la información que le llega a la gente sea buena y de calidad”.

Julio Carballo fue el protagonista de un audio que circuló por las redes, en donde el político aseguró que el virus debía realizar “una limpieza étnica” en La Matanza, “que le hagan honor al nombre. Con 5 o 6 millones de negros menos, de peronistas menos, de planes menos… capaz que este país arranca”.

En cuanto a estas declaraciones , Donda aseguró que se trata “de un profundo racismo, y desde el INADI vamos a ser implacables con eso”. “Creo que el racismo es el sistema social sobre el cual, lamentablemente, se ha construido una parte de la sociedad argentina”, manifestó la dirigente, quien además confirmó que están recibiendo más denuncias contra el ex concejal.

Para terminar, Victoria Donda pagó el peaje de La Columna Vertebral: contestar cuál fue si primer trabajo. “Mi primer trabajo fue de promotora, cuando salí de la secundaria. Creo que la primer promoción que hice fue de un chocolate, y después de un desodorante de hombre. Con la primer plata que gané le compré un reloj muy lindo a mi mamá”.

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Kelly Olmos: un análisis del Congreso, la reforma laboral y la morosidad con tarjetas de crédito

En un contexto de fuerte tensión política y deterioro social, la diputada nacional de Unión por la Patria por la Ciudad de Buenos Aires, Kelly Olmos, ofrece una mirada cruda sobre el presente del Congreso y el rumbo de las políticas públicas en Argentina. Con una trayectoria marcada por su formación en el peronismo, la legisladora reflexiona sobre la pérdida de calidad en el debate parlamentario, la creciente precarización laboral y el endeudamiento cotidiano de amplios sectores de la sociedad. En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Olmos también pone el foco en el desánimo social y reivindica el valor de la organización colectiva: “Nadie se salva solo”, afirma, como síntesis de una perspectiva política que busca reconstruir lazos en tiempos de fragmentación.

LCV: ¿Cómo es hoy estar en el Congreso de la Nación? ¿Cómo se transita ese lugar donde algunos le dicen “la rosca” y otros lo entendemos como diálogo político para construir acuerdos y sacar las mejores leyes?
Kelly Olmos: “Bueno, mirá, la realidad es que yo recién me inicio porque si bien ingresamos el 10 de diciembre, una vez que se aprobó el presupuesto se tomaron su tiempo para avanzar después, lamentablemente con la ley de flexibilización laboral y ahora con la ley de glaciares, y tardaron muchísimo. Todavía mañana recién se completaría la constitución de las comisiones, que son los ámbitos en donde de verdad se puede trabajar, porque las sesiones son el emergente de una tarea previa. Y la posibilidad, como vos decías, de construir acuerdos está en las comisiones. Ellos no quieren desarrollar eso porque han tomado la decisión de que su representación en el Congreso sea, de acuerdo a su propia definición, ‘cabezas de termo’. Es decir, seleccionaron gente dispuesta primero a probar y después a leer. Además, cuando describieron la función de sus bloques dijeron que querían gente que vaya y levante la mano por ellos. Y mientras hemos descubierto que no solo es eso, porque hay mucha prebenda: todo esto que apareció ahora con los créditos hipotecarios, más el sistema de asfixia de la coparticipación y su reemplazo por transferencias directas. Bueno, es todo toma y daca desde el punto de vista legislativo, lo que degrada la capacidad del Congreso de fortalecer el proceso democrático.”

LCV: ¿Qué siente una legisladora formada en la tradición del peronismo, en la cultura del debate, la formación y la discusión, frente a situaciones como errores básicos o actitudes provocadoras dentro del Congreso?
Kelly Olmos: “Impotencia no, lo que hay es mucha bronca. A veces yo misma me enojo de no contenerme adecuadamente, sacan lo peor de uno muchas veces. Pero es así: ellos quieren que la gente común aborrezca la política, se aparte, no preste atención. Así es más fácil para ellos resolver los temas que quieren resolver, que no los quieren debatir públicamente ni con transparencia. Todo eso que vos describiste hace a una escena que rechaza la gente y hace que diga ‘esto no lo miro’. Y si no lo mirás, lo que pasa es que ellos logran hacer pasar decisiones que con más debate público costarían.”

LCV: Hay una contradicción: se hacía una crítica histórica al peronismo por falta de formación, y hoy parece haber un orgullo en la ignorancia. ¿Cómo lo ves?
Kelly Olmos: “Es muy loco y contradictorio, porque por un lado hacen alarde de eso y por el otro lado, cada vez que habla Milei, se imposta como si fuera un doctor. Y el único doctorado que obtuvo es una berretada. A mí me generan mucha curiosidad: de dónde vienen y hacia dónde van, porque quieren ser el doctor pero discursean de manera que cualquiera que haya estudiado economía sabe que está mal. Son muy burdos y el planteo económico es muy lineal. Adam Smith contado por él es una trivialidad.”

LCV: ¿Qué te genera esta nueva etapa con la reforma laboral, donde hay artículos vetados por la Justicia? ¿Hay esperanza?
Kelly Olmos: “Yo creo que sí. Que la Justicia haya suspendido esa cantidad significativa de artículos demuestra palmariamente que eran inconstitucionales, porque la Constitución establece que las leyes sociales y laborales tienen que ser progresivas, es decir, mejorar las condiciones de vida. Y esta ley es totalmente regresiva, está destinada a demoler el sistema laboral, a precarizarlo más y sobre todo a abaratar y facilitar el despido.”

LCV: En el Congreso citaste una canción peronista en plena sesión. ¿Qué pasó en ese momento?
Kelly Olmos: “Era evidente que ellos iban a lograr sancionar la ley de flexibilización laboral que cínicamente denominaron de modernización, pero que mira al siglo XIX. Yo la verdad estaba desesperada por putearlos. No bajar los brazos, no explicar solamente —que lo hice—, porque expliqué la importancia de la negociación colectiva. Pero quería putearlos, así que dije ‘bueno, yo les canto esta’. Es una canción que aprendí de Delia Maldonado, una compañera que fue consejera nacional, militante de toda la vida, que estuvo presa en la proscripción del peronismo, y esto se escribió en la cárcel.”

LCV: Hoy muchas personas se endeudan incluso para comer. ¿Estás trabajando ese tema?
Kelly Olmos: “Sí, tuvimos una iniciativa legislativa acompañada por las autoridades del bloque, planteando la deuda con tarjetas de crédito, tanto bancarias como no bancarias. El objetivo es poner límites a los intereses y cargos, y generar financiamiento para poder pagar la deuda de manera cuotificada, con un plazo de 60 días para empezar a pagar, es decir, desahogar a la gente. Sobre todo en las no bancarias hay muy poca transparencia, y son maneras encubiertas de aplicar tasas usurarias.”

LCV: ¿Creés que ese proyecto puede avanzar en el Congreso?
Kelly Olmos: “Eso veremos. Estamos empezando a trabajarlo, el bloque tuvo muy buena reacción y creo que vamos a lograr acompañamiento de otros bloques. Además, en la ley de flexibilización laboral el gobierno puso un límite a la tasa de interés para el sector patronal en la financiación de indemnizaciones. Así que no pueden decir que no se puede poner límites: ya lo hicieron cuando les convino. No es un problema de intervencionismo, sino de a quién beneficia.”

LCV: Este contexto también genera desánimo social. ¿Qué se le puede decir a quienes están golpeados y pierden esperanza?
Kelly Olmos: “Yo tengo una sola cosa para decir: nadie se salva solo. Hay que volver a los ámbitos donde podemos vernos, reunirnos, organizarnos, porque eso es lo que nos da fortaleza. El aislamiento te destruye. Vayan a la unidad básica, a la asociación civil, al club, al comedor, al colegio de los chicos, pero no se queden solos.”

LCV: Para cerrar, ¿qué rol le asignás a la política en este contexto?
Kelly Olmos: “Creo que es imprescindible explicar, estar cerca de la gente y generar empatía para que todos sientan que su problema no es individual, que lo tenemos que resolver colectivamente, y que la política, la buena política, es la salida. Es la única salida.”

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Edgardo Esteban: Malvinas, memoria y el regreso con un hijo

En una conversación atravesada por la emoción, la memoria y las huellas persistentes de la guerra, Edgardo Esteban —periodista, escritor y autor del libro La Última Batalla— reconstruye su vínculo con Malvinas desde una perspectiva profundamente humana. Su relato no se limita al pasado bélico, sino que se proyecta hacia el presente como una lucha por la identidad, la memoria y la transmisión generacional.

En esta entrevista con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Esteban repasa sus distintos regresos a las islas, la impactante recuperación de su cédula militar y el significado de haber vuelto acompañado por su hijo. Un testimonio que pone en primer plano no solo la guerra, sino también lo que persiste: los vínculos, las marcas y la necesidad de contar para que la memoria siga viva.

LCV: Vamos a ir primero por este lado. A mí me emociona mucho porque vos le hablabas a la cámara y quien estaba detrás era tu hijo, Facundo. Yo recuerdo que no tenías ganas de volver a Malvinas. ¿Por qué volviste?
Edgardo Esteban: “Volví porque podía volver con uno de mis hijos. Es la única condición que siempre pongo. Siempre fui por alguna aventura o a hacer algo. La primera vez fui como periodista, cuando viajó la primera delegación de argentinos tras la detención de Augusto Pinochet en Londres, a pedido del juez Baltasar Garzón. Ahí se abrió una ventana y pude ir en ese vuelo. Fui como periodista y terminé haciendo tapa de diarios como excombatiente. Después volví dos veces más por una película, primero para hacer un relevamiento y después para filmar. Más tarde fui por Canal Encuentro, para grabar contenidos. Y este último viaje fue para cerrar el libro que hicimos con Aldo Leiva. Facu sacó unas 4000 fotos y también filmamos mucho. La idea es armar un libro de fotografía y un documental, porque hay que trabajar cómo construimos la memoria, sobre todo en este tiempo en que se la quiere borrar.”

LCV: Estamos viendo imágenes de la presentación de tu libro La última batalla. Estuviste muy acompañado. ¿Qué significó ese momento?
Edgardo Esteban: “Fue muy importante. Estuve acompañado por Carlos Franovski, Luis Bruschtein y Constanza Brunet. También estuvo mi hijo, que cantó una canción que compuso sobre los soldados de Malvinas, y después interpretaron un tema de Facundo Cabral. A mí me conmueve mucho ver a mis compañeros. Yo era boina roja en la colimba, y muchos de ellos fueron muy atacados durante años. Hoy tengo el orgullo de contar con su respaldo. Este libro es como un espejo en el tiempo de Iluminados por el fuego, pero desde otro lugar, desde la madurez.”

LCV: Hay algo muy fuerte en el libro: una historia que no se había contado sobre Malvinas. ¿De qué se trata?
Edgardo Esteban: “Tiene que ver con los vínculos, con lo humano. Trabajo mucho el aspecto afectivo. Hay un capítulo que se llama Las que nos sostienen, que habla de las compañeras de los excombatientes, de cómo acompañan en lo cotidiano, en las noches, en las pesadillas. También abordo la palabra, la comunicación, y tomo como referencia la obra de Dalton Trumbo, Johnny cogió su fusil. Es una historia tremenda sobre un soldado mutilado que logra comunicarse con el mundo. Esa mirada humana del horror de la guerra es lo que siempre quise rescatar.”

LCV: Yo no me quiero ir de este mundo sin haber pisado Malvinas. Pero hay algo que me impactó mucho: nunca hubiera pensado que un documento perdido pudiera ser objeto de una búsqueda como la tuya. Vos no lo regalaste, lo perdiste. ¿Cómo fue esa historia?
Edgardo Esteban: “Todo empezó con el llamado de una periodista, Alicia Panero. Era noviembre de 2020, plena pandemia. Me avisó que mi cédula militar se había vendido en un remate en el Reino Unido por 1750 libras. Se me vino el mundo abajo. Era mi identidad. No entendía cómo había llegado ahí. Pero yo soy de los que creen que el ‘no’ no existe, así que decidí recuperarla. Hice la denuncia con el apoyo de Daniel Filmus, que en ese momento era secretario de Malvinas, y también con el embajador en el Reino Unido. Después apareció un abogado argentino en Londres que me ayudó sin cobrarme: ‘Esto es una cuestión de dignidad’, me dijo.”

LCV: ¿En qué se basó el reclamo?
Edgardo Esteban: “En la Convención de Ginebra. A un prisionero de guerra no le pueden quitar su identidad. Mi cédula tenía mi grupo sanguíneo, que era lo único que podía salvarme la vida si me pasaba algo. Había un delito. Durante dos años el expediente estuvo frenado, mientras el comprador —que tenía un nombre ficticio— se burlaba y me respondía con ironía. Sabía todo de mí, incluso lo que hacía en redes. Pero finalmente la recuperé. Y la recuperé como yo quería: en mano y en mi casa. Porque era mi identidad.”

LCV: Eso también se conecta con algo más profundo en la Argentina…
Edgardo Esteban: “Totalmente. En un país con 30.000 desaparecidos y donde seguimos buscando nietos, la identidad es un tema central. Por eso incorporo Malvinas dentro de esa discusión. Después incluso fui a ver al Papa Francisco, que bendijo la cédula en Santa Marta. Fue un momento muy especial.”

LCV: Hay una escena muy fuerte del viaje con tu hijo: cuando se meten al mar en Malvinas. ¿Qué significó eso para vos?
Edgardo Esteban: “Fue como un bautismo. Hacía 11 grados bajo cero. Yo no quería meterme, me resbalé y me caí en una ola. Salí sin poder respirar. Y él salió feliz. Facu miró a cámara y dijo: ‘Viva la vida’. Para mí fue un traspaso generacional del espíritu malvinero.”

LCV: Ese “viva la vida” resume mucho…
Edgardo Esteban: “Totalmente. Por ese ‘viva la vida’, me volvería a meter cien veces más.”

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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