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Planeta Giussani

La V Columna | Estrictamente bipolar

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Según el psicoanalista inglés Darian Leader, así como la ansiedad fue la enfermedad de la postguerra y la depresión impactó en los 80 y 90, la bipolaridad es el fenómeno preponderante en este nuevo milenio. Así lo explica en un ensayo llamado ‘Estrictamente bipolar’, del año 2015: «En un mundo como el nuestro en el que nadie se siente muy seguro con su trabajo, existe la expectativa de que todos debemos entregarnos a cada proyecto profesional con absoluto entusiasmo, debemos poner el alma y el cuerpo, trabajar hasta la madrugada si hace falta… El resultado es que, cada vez más, nuestro ritmo de trabajo consiste en una sucesión de altos y bajos, ponemos toda nuestra energía en momentos concretos y después languidecemos hasta la siguiente vez». Trabajar así, explica Leader, no es lo mismo que tener un trastorno bipolar. Pero, de alguna manera, ayuda a poner la enfermedad en nuestro mapa, nos familiariza con ella, nos anima a sentirnos «un poco bipolares».

¿De qué se trata el trastorno bipolar? Así lo definen: “es un conjunto de trastornos del ánimo que se caracteriza por fluctuaciones notorias en el humor, el pensamiento, el comportamiento, la energía y la capacidad de realizar actividades de la vida diaria. La persona afectada por este trastorno alterna su estado de ánimo, entre la manía -fase de alegría, exaltación, euforia y grandiosidad- y la depresión, con tristeza, inhibición e ideas de muerte”.

Argentina 2020. Es raro el estado de ánimo social en este inabarcable territorio que se ha dado en llamar Argentina. Pasamos de la euforia a la depresión en un abrir y cerrar de ojos. Hace menos de un año asumió un gobierno que parecía dar un respiro: el presidente era un tipo tranquilo, dialoguista, antigrieta y con ese ‘nosequé’ peronista que sabe que los pobres existen y tratan de darles una mano.

Alberto Fernández, el candidato sorpresa, el as en la manga. Nueve meses después, en medio de una pandemia mundial, con un país devastado después de el paso de un gobierno que lo endeudó por 100 años y rompió de cuajo el tejido social, todos empiezan a mirarse de soslayo: y éste tipo cuando pega un grito? Y Cristina porqué se calla, su silencio parece más estruendoso que sus dichos.

Pasamos de la euforia a la depresión en un abrir y cerrar de ojos

Resulta difícil no identificar una movida destituyente en todo el discurso de la oposición. Ni el gobierno ni la clase política en general responden en la misma medida. No son ‘locos sueltos’ ni políticos ‘seniles’.

Duhalde, quien se autodefinió psicótico hace un par de semanas cuando vaticinó un golpe de estado para el próximo año, tuvo otro ataque y dijo que Alberto está ‘grogui, igual a De la Rúa en el 2001’. Que lo diga el ex presidente que llegó al poder gracias a una campaña de desestabilización provoca cierto escozor. La idea queda flotando en el aire, los medios la amplifican, y muchos de ‘los propios’ lo piensan en silencio.

Cuatro años vivimos con la sombra de Macri en el gobierno, cuatro malditos años, durante los cuales muchos veíamos que el país se desbarrancaba pero nadie quiso poner palos en la rueda. El razonamiento era: ‘vamos a acabar con esa idea de que los peronistas no dejan que un gobierno de otro signo no pueda terminar su mandato’. Aplauso, medalla y beso.

Más allá de que parte de una premisa estrafalaria ¿fue el peronismo un partido golpista o acaso fue víctima de los peores golpes de la historia? Es cierto, a Alfonsín lo sacaron unos meses antes. De la Rua partió en helicóptero con el aplauso de la mayoría y la euforia de muchos, de distinto signo y color. Pero los que conspiraron para que eso ocurriera no lo hacían por ‘peronistas’, aunque muchos lo eran, y otros eran radicales, ellos fueron los amanuences de los sectores que no se resignan a perder un ápice de poder ni de dinero. Todos los golpes, civiles o militares, en este país, los hizo el Capital.

En suma: nos bancamos cuatro años imbancables de puro democráticos, y hoy asistimos impávidos, atónitos, adormecidos, encerrados, melancólicos, a un espectáculo mediático que nos muestra una sola imagen: al presidente le están sacando el banquito. Propios y ajenos.

Todos los golpes en este país los hizo el capital

¿Cuál sería el motivo de tanta molestia? El ministro de economía está consiguiendo con buenos modales renegociar una deuda imposible. El riesgo país bajó 1.000 puntos de la noche a la mañana. Están sorteando una pandemia sin que todavía haya muertos por las calles en un país que estaba en bancarrota y sin ministerio de salud.

Los sueldos son bajos, vaya novedad! Berni es un facho. Siguen matando a pibes pobres como moscas. La injusticia social no se modificó. Medio país es pobre. Todo eso es cierto. Y hay que pelear para impulsar otras políticas. Muchas son las propuestas. Muchas las cosas que se están haciendo también en ese sentido. Lo más incomprensible el Berni, una incognita que nadie puede descular.

También es cierto que muchos negocios tuvieron que cerrar por la cuarentena. Antes lo hacían solo porque había que ‘reconvertirse’ según el discurso pro. ‘Si no sobrevivís, problema tuyo’, era la máxima de la meritocracia. Según datos de la AFIP, solo en el 2019 bajaron la persiana 11.700 negocios, pymes con menos de 10 empleados. Comercios y microemprendimientos. No solo desaparecieron pequeñas empresas. Nos cansamos de leer a lo largo de cuatro años la debacle de grandes industrias. Titulares que hacían temblar a los trabajadores: Wrangler y Leedejan el país y despiden a 200 personas; después de 70 años cerró la fábrica de mermeladas La Campagnola, 125 personas en la calle; quiebra el Shopping de Villa del Parque y sus 54 locales; Estancia El Rosariodespidió al 80 por ciento de sus trabajadores y está al borde del cierre; Freddo despidióa 280 trabajadores de la fábrica de Balvanera/Pelopincho despidió a 38 trabajadores de su fábrica de San Luis; SIAMse convirtió en un símbolo de la debacle industrial y perdió más 300 puestos de trabajo/ “Cerró Cacciola y ya no se podrá a viajar a Uruguay desde Tigre. Hubo 40 despidos”. Y cada día otra andanada de quiebras o despidos que incluían a empresas como Zanella; Mielcita; Musimundo; Puma; Renault; Topper; Wanama; Ay Not Deado; Legacy, y seguían y seguían, junto a los miles de estatales despedidos.

No estoy hablando de recostarse en la ‘pesada herencia’, critiquemos todo lo criticable, No se trata de quedarse callados. Simplemente, defendamos lo que vale la pena.

Si te entusiasmaron con Alberto, problema de cada quien, era lo que era. Por eso ganó. Que esas mismas personas caigan tan rápido en la depresión, la duda, la desconfianza, podríamos definirlo como un bipolarismo social.

Retomo la idea: los golpes los hace el Capital. Y habrá que responderle con la misma convicción. Ningún golpe es bueno.

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LCV

«Autorrepresentación y mitos de la memoria obrera». Charla con el historiador italiano Camillo Robertini

Camillo Robertini es un historiador italiano que tuvo un intercambio universitario en Argentina y eligió para su tesis de doctorado la historia de la Fiat en Argentina. Hijo de una familia de izquierda, llegó al ‘país de las revoluciones’ con una mirada impregnada de imágenes del Cordobazo o el Rosariazo, de puebladas y rebeliones. Comprobó que había cantidad de estudios, ensayos y bibliografía sobre la lucha obrera en nuestro país. Curiosamente, nadie apuntó su mirada hacia aquellos trabajadores que no fueron igual de combativos. Cuyos líderes no eran Tosco, Piccinini ni Ongaro.

Cómo entender lo que pasó en el país si nadie estudiaba a ‘los otros obreros’? Los que no estaban dispuestos a dar sus vidas por la revolución. Eligió la planta de Palomar de la FIAT, cuyos delegados obedecían al vandorismo en los sesenta. Entrevistó a decenas de obreros, consultó archivos estatales, militares, policiales, empresarios, tanto argentinos como italianos, y escribió «Erase una vez la Fiat en Argentina (1964-1980)». Un material imprescindible para comprender el ascenso y caída del desarrollismo, el mito del progreso o del ascenso social. Aquí la versión completa de la charla realizada por Zoom por Laura Giussani C. desde el corazón de Italia, su centro geográfico en Umbria, y el profesor Robertini desde el sur profundo, en Messina.

En tiempos de Reforma Laboral, mientras Patricia Bullrich arenga empresarios para volver a aquellos buenos tiempos en los que cada fábrica negociaba con el sindicato local, y la FIAT Palomar tenía una dirigencia por demás dialoguista, en donde los obreros respondían a la propaganda del buen empresario paternalista que los invitaba a formar parte de una gran familia, que se jubilaba en el mismo establecimiento en el que había obtenido su primer trabajo, mientras la policía provincial realizaba informes sobre posibles organizadores subversivos. En esa planta ‘no combativa’ igual fueron secuestrados 14 obreros. Una entrevista sin prejuicios, que nos ayuda a entender que buena parte de esa clase media argentina, que apoyó el golpe, estaba conformada por obreros e hijos de obreros, también. Muchos de los cuales entraron a formar parte del país pobre y endeudado que los militares dejaron y la democracia no quiso o no pudo revertir. Hoy el 50% de los habitantes no ganan lo suficiente para comprar una canasta básica. Por eso, tenemos que revisar nuestra historia, no apelar sólo a la memoria. Agradecemos a Camilo Robertini por ayudarnos en este recorrido.

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El día que todos gritamos «No al Rey».

Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’

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LCV

50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.

Apertura de Laura Giussani Constenla, presente en la vigilia del 24 de marzo 2026, desde italia

El año pasado, una investigación especial de LCV echaba luz sobre las características de Agustín Laje y otros personajes que impulsan el discurso de la memoria completa, educados por el Opus Dei y una escuela de anti-insurgencia del Pentágono. Más allá de las ideologías, como concepto es inadecuado pensar en una ‘Memoria Completa’.

La búsqueda de una explicación única y absoluta, buscar una ‘completitud´de la memoria es simplemente imposible. Alguien decía por ahí, «las cosas no son como son sino como se las recuerda». Tampoco es acertado analizar lo que significó el golpe militar sin darle una proyección histórica. No basta la memoria, aún si la Historia tampoco es completa, al menos se basa en documentación que puede ser contrastada o complementar los conocimientos ya adquiridos. En este caso, carecemos de documentación por estricta decisión del gobierno militar que no aportó los datos necesarios para dar con los desaparecidos.

Si hablamos de razones históricas, disputar entre números de muertos no sólo es mezquindad asesina, también inconducente -inútil repetir que no es lo mismo la acción de grupos revolucionarios o sectores de oposición que la violación sistemática de reglas elementares de humanidad de parte del Estado-. Sin mencionar que era un gobierno ilegal que se apropio de todos los recursos del Estado gracias al apoyo de los grandes grupos económicos, sectores eclesiásticos y la venia de Estados Unidos que aportó su escuela de la Américas para enseñar los últimos avances en represión y tortura. Un horror por dónde se lo vea.

El tema es porqué necesitaron utilizar esa crueldad. Es cierto que todos sabíamos que se venía un golpe. Algunos lo esperaban con alivio, otros pensaban que formaría parte de la ya conocida experiencia de gobiernos militares en el país desde el año 1930 en adelante. Nadie -nadie- imaginó que habría campos de concentración en Argentina, con un plan de tortura y persecusión de una crueldad inenarrable. Tanta fue la perversidad, que dejaron que algunos de los sobrevivientes de las catacumbas salieran y pudieran contar lo que allí ocurría. Necesitaban sembrar el terror, y lo hicieron. Para qué?

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