Destacada
Dos historias de lucha de mujeres y hombres en las empresas telefónicas.
Esta semana han llegado a la redacción de La Columna Vertebral dos recordatorios emblemáticos de la larga lucha de los trabajadores telefónicos por su dignidad. Una fue una resistencia individual rescatada por la socióloga Dora Barrancos tras largos años de investigar en los archivos. En el inicio del 900 la compañía británica de telecomunicaciones contrataba solo mujeres para los horarios diurnos, con una condición, debían ser solteras. Después de 14 años de trabajar en la compañía una de ellas se caso en secreto y fue denunciada a su jefe. La respuesta fue el despido, y la reacción de ella herirlo en la puerta de su casa con un cuchillo. El caso fue un escándalo y gracias a esa desesperada indignación finalmente se anuló la reglamentación que obligaba a las telefónicas a la soltería.
Las Chicas del Cable versión Nacional

En el año 2016, Página 12 dio a conocer la investigación de Dora Barrancos, bajo el título “La puñalada de Amalia“. Luego de meses revolviendo papeles arrumbados en la ex Entel, privatizada por Menem, encontró el legajo de Amalia Carreras que tenía enganchado un papelito anónimo de agosto de 1921 en una carta del mismo Director de la Compañía que advertía a las autoridades: “Muy señor nuestro: Varios abonados a esa Compañía ponen en su conocimiento que una de las señoritas de Carreras se casó el Sábado pasado día 30, y como el reglamento dice, las empleadas tiene que ser solteras; además de ocultar el hecho, lo ponemos en su conocimiento para que tome las medidas que son del caso. Creemos que sobra cumplir como corresponde. De Ud. Atte. SS. Firma: Varios Abonados”. El ‘papelito’ anexado indicaba que hubo una investigación para corroborar los rumores. Solo decía: “A.C.C: á (sic) contraído matrimonio el mes pasado con F.P.B. en la Sección 8a. Informe oficial del Sr. Albarracín, Jefe del Registro Civil de la sección 20”. La joven Amalia había sido contratada en 1907, su labor era intachable, pero había cometido la traición de enamorarse y casarse.
Dice Dora Barrancos: “Como es de imaginar, Amelia fue inmediatamente cesanteada, aunque propuso toda suerte de salidas. Una de ellas fue que se la retuviera transfiriéndola de la Oficina Mitre a otra central, la central Rivadavia. Amelia era de las que probablemente no sólo necesitaba trabajar para contribuir al mantenimiento de su nuevo hogar, sino que había encontrado una identificación marcante e irrenunciable con su labor. Más allá de la experiencia subordinante impuesta por el puesto, del ahogo que significaban las rígidas condiciones laborales, Amelia debía sentir transformaciones derivadas de la propia esfera del trabajo, sobre todo porque tenía a su cargo un grupo de empleadas. El trabajo de telefonista le había posibilitado, además de cierto bienestar, acceder a una fuente innegable de respetabilidad. Llevaba 14 años de telefonista. La pérdida de trabajo la exponía a una gran desventura personal, situación que seguramente no podía mitigar ni siquiera su matrimonio. Hay que preguntarse si, incluso, no llegó a casarse por el imperativo social de la época, teniendo en cuenta que ya había cumplido 30 años. El 24 de agosto de 1921 al mediodía, la joven esperó que el director general de la Unión Telefónica llegara a su casa, en una de las zonas más ricas de la ciudad, en la calle Libertad al 1100, para su habitual almuerzo y le recriminó que la hubiera cesanteado. “Parker respondió que eso era asunto de su jefe inmediato y que él nada podía hacer mientras se daba vuelta para ingresar a su domicilio. Cuando atravesó la puerta cancel, Amalia se arrojó por atrás con un cuchillo y lo apuñaló en la zona de las costillas. Es posible imaginar la alharaca que se produjo cuando Parker llamó a los gritos a su chofer, quien termina deteniendo a Amelia. Ella declara que acababa de ‘matar a un hombre’, pero no hubo que temer por la vida de Parker. La cuchillada había sido superficial y pronto fue dado de alta”.
El episodio fue cubierto con gran despliegue por la prensa y abrió un debate nacional sobre las condiciones restrictivas en cuanto a su vida privada que sufrían las ‘chicas del cable’. La primera respuesta la recibieron en 1922 de parte de la National Wester Electric Company de Nueva York, que tenía a su cargo la Telephone Company de NY y era pionera en la admisión de mujeres casadas. Desde la Dirección General de Trabajo y el Ministerio del Interior hicieron saber a la Unión Telefónica que se podría llegar a impulsar una ley, si fuera necesario, para lograr la modificación del cambio de la regulación que impedía el trabajo de las casadas razón por la cual recomendó flexibilizar ese criterio. Recién en 1935 terminó de manera definitiva de la restricción laboral basada en el estado conyugal. Amalia había sido condenada a pocos meses por heridas leves.
La histórica huelga telefónica de 1957

Otro momento histórico nos lo acercó el historiador de la clase obrera Leónidas Noni Ceruti. Se trata de un diálogo revelador que logró reconstruir en su libro “El gremio telefónico. Origen, huelgas, cambios: 1878-2001” en el que un patrón le explica a los obreros porqué no van a otorgarles el aumento solicitado.
A mediados de 1957 , FOETRA solicitó a ENTEL, la compañía ya no era británica, y a Siemens Argentina un aumento de emergencia de $700, teniendo, en cuenta el incesante aumento del costo de vida y los magros salarios que abonaban las empresas. Fue imposible convencer, siquiera hacerse oír, por los funcionarios del entonces general golpista Eugenio Aramburu. En agosto estalló la huelga de los trabajadores telefónicos y continuó por tres meses de manera progresiva, hasta la primera semana de noviembre. Justificándose en el paro de telefónicos y telegrafistas, el gobierno decretó el Estado de Sitio por 30 días, en Capital Federal y Buenos Aires. La represión no se hizo esperar. Las Fuerzas Armadas ocuparon la repetidora de Adrogué y detuvieron a todos los trabajadores que encontraron allí. Luego fueron casa por casa y encarcelaron a la mayor parte de los delegados, colaboradores o simples afiliados. Fueron 170 los presos por luchar, hombres y mujeres. Además, se realizaron detenciones masivas de delegados, colaboradores y afiliados sin ninguna discriminación. Hombres y mujeres fueron encarcelados y allanados sus hogares. El gobierno suspendió inmediatamente la personería gremial de FOETRA y reprimió con uso de la fuerza pública, las reuniones de los trabajadores telefónicos. Habiendo sido retirada la personería gremial del sindicato, el mismo sólo pudo negociar en forma extraoficial con la empresa, prohibiéndosele también realizar asambleas de afiliados. Finalmente, en virtud de la persecución de la policía y acuciados por el hambre, los empleados telefónicos decidieron volver a sus tareas el 7 de noviembre de 1957 luego de una violenta represión con gases en una asamblea del sindicato prevista en el Luna Park. Fue bajo la presidencia del dr. Arturo Frondizi cuando el Congreso de la Nación, sancionó la ley 14.460, que obligaba a las empresas telefónicas al pago de los salarios caídos durante el conflicto.
La conversación
Durante la huelga de los telefónicos/as en 1957, se produjo este dialogo entre el vicepresidente Rojas, en una visita a la empresa Philips, dialogo con los trabajadores y les expreso “que no se darán aumentos a los telefónicos, y que el problema se solucionara con un aumento de la producción. La congelación de los precios no conduce a nada, y ya se ha demostrado, con la campaña de 60 días del gobierno depuesto”. En la charla se produjo este intercambio de opiniones con un obrero:
Obrero: ¿Esta el caso de los telefónicos que reclaman un aumento porque es imposible vivir?
Rojas: No se les va a dar el aumento. Ud. no conoce la situación y se la voy a explicar. Los telefónicos trabajan de 32 a 36 hs semanales. La empresa les ofreció trabajar 44 hs semanales, y elevar los salarios en base a esa producción, en la suma requerida y la incentivación que se lograse. No aceptaron. Y se tomo nuevo personal. Ese cobra ya el aumento de 700$. Para lograr más salario hay que elevar la producción. El gobierno no hará cadena inflacionaria
Obrero: ¿Si como Ud. dice que el gobierno se preocupa por la situación de los obreros, porque no se recibió a la delegación de los gremios que querían entrevistar al presidente?
Rojas: Por una razón sencilla: No hay nada superior a la Nación misma. Y el pedido de los gremios era un ultimátum, ya que el petitorio contenía elementos que el presidente no podía tolerar. Era una insolencia.
Obrero: ¿Es posible que pese más esa apreciación que la paralización del trabajo?
Rojas: Eso es lo que yo le pregunto, o Ud. debería preguntárselo. Si pesa más el deseo de hacer la huelga y hacer la paralización, los responsables serán los gremios y no el presidente. Eso se hubiesen atrevido a hacerlo en épocas de Perón: No. Perón no conversaba, daba órdenes. Este gobierno acepta el dialogo. Es que ciertos sindicatos están en una acción criminal, y tomen nota los señores periodistas, están incentivando a la paralización del país. (La Capital, 26 de septiembre de 1957, pag. 6)
“Claro, clarito este golpista y fusilador.” concluye Ceruti.
La resistencia duró más de setenta días, con represión, detenciones y Estado de Sitio. Hubo que esperar un cambio de gobierno para que las reivindicaciones fueran aceptadas.
Destacada
La murga como memoria, cuerpo e identidad popular
En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.
LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”
Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”
LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”
Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”
LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”
Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”
LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”
Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”
LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”
Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”
LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”
Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”
LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”
Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”
LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”
Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”
LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”
Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”
LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”
Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”
LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”
Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”
LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”
Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”
LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”
Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”
Destacada
Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”
En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.
LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?
Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.
LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.
Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.
LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?
Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.
LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.
LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.
Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.
LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.
Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.
LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.
Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.
LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.
Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.
LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.
Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.
LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?
Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.
LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.
Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.
LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.
Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.
LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?
Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.
Destacada
Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”
En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.
LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”
Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”
LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”
Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”
LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”
Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”
LCV: “¿Cómo la ves venir?”
Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”
LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”
Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”
LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”
Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”
LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”
Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”
LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”
Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”
LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”
Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”
LCV: “¿Cuántos años tenés?”
Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”
Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”
LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”
Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”
LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”
Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”
LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”
Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”
LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”
Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

