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Dos historias de lucha de mujeres y hombres en las empresas telefónicas.
Esta semana han llegado a la redacción de La Columna Vertebral dos recordatorios emblemáticos de la larga lucha de los trabajadores telefónicos por su dignidad. Una fue una resistencia individual rescatada por la socióloga Dora Barrancos tras largos años de investigar en los archivos. En el inicio del 900 la compañía británica de telecomunicaciones contrataba solo mujeres para los horarios diurnos, con una condición, debían ser solteras. Después de 14 años de trabajar en la compañía una de ellas se caso en secreto y fue denunciada a su jefe. La respuesta fue el despido, y la reacción de ella herirlo en la puerta de su casa con un cuchillo. El caso fue un escándalo y gracias a esa desesperada indignación finalmente se anuló la reglamentación que obligaba a las telefónicas a la soltería.
Las Chicas del Cable versión Nacional

En el año 2016, Página 12 dio a conocer la investigación de Dora Barrancos, bajo el título “La puñalada de Amalia“. Luego de meses revolviendo papeles arrumbados en la ex Entel, privatizada por Menem, encontró el legajo de Amalia Carreras que tenía enganchado un papelito anónimo de agosto de 1921 en una carta del mismo Director de la Compañía que advertía a las autoridades: “Muy señor nuestro: Varios abonados a esa Compañía ponen en su conocimiento que una de las señoritas de Carreras se casó el Sábado pasado día 30, y como el reglamento dice, las empleadas tiene que ser solteras; además de ocultar el hecho, lo ponemos en su conocimiento para que tome las medidas que son del caso. Creemos que sobra cumplir como corresponde. De Ud. Atte. SS. Firma: Varios Abonados”. El ‘papelito’ anexado indicaba que hubo una investigación para corroborar los rumores. Solo decía: “A.C.C: á (sic) contraído matrimonio el mes pasado con F.P.B. en la Sección 8a. Informe oficial del Sr. Albarracín, Jefe del Registro Civil de la sección 20”. La joven Amalia había sido contratada en 1907, su labor era intachable, pero había cometido la traición de enamorarse y casarse.
Dice Dora Barrancos: “Como es de imaginar, Amelia fue inmediatamente cesanteada, aunque propuso toda suerte de salidas. Una de ellas fue que se la retuviera transfiriéndola de la Oficina Mitre a otra central, la central Rivadavia. Amelia era de las que probablemente no sólo necesitaba trabajar para contribuir al mantenimiento de su nuevo hogar, sino que había encontrado una identificación marcante e irrenunciable con su labor. Más allá de la experiencia subordinante impuesta por el puesto, del ahogo que significaban las rígidas condiciones laborales, Amelia debía sentir transformaciones derivadas de la propia esfera del trabajo, sobre todo porque tenía a su cargo un grupo de empleadas. El trabajo de telefonista le había posibilitado, además de cierto bienestar, acceder a una fuente innegable de respetabilidad. Llevaba 14 años de telefonista. La pérdida de trabajo la exponía a una gran desventura personal, situación que seguramente no podía mitigar ni siquiera su matrimonio. Hay que preguntarse si, incluso, no llegó a casarse por el imperativo social de la época, teniendo en cuenta que ya había cumplido 30 años. El 24 de agosto de 1921 al mediodía, la joven esperó que el director general de la Unión Telefónica llegara a su casa, en una de las zonas más ricas de la ciudad, en la calle Libertad al 1100, para su habitual almuerzo y le recriminó que la hubiera cesanteado. “Parker respondió que eso era asunto de su jefe inmediato y que él nada podía hacer mientras se daba vuelta para ingresar a su domicilio. Cuando atravesó la puerta cancel, Amalia se arrojó por atrás con un cuchillo y lo apuñaló en la zona de las costillas. Es posible imaginar la alharaca que se produjo cuando Parker llamó a los gritos a su chofer, quien termina deteniendo a Amelia. Ella declara que acababa de ‘matar a un hombre’, pero no hubo que temer por la vida de Parker. La cuchillada había sido superficial y pronto fue dado de alta”.
El episodio fue cubierto con gran despliegue por la prensa y abrió un debate nacional sobre las condiciones restrictivas en cuanto a su vida privada que sufrían las ‘chicas del cable’. La primera respuesta la recibieron en 1922 de parte de la National Wester Electric Company de Nueva York, que tenía a su cargo la Telephone Company de NY y era pionera en la admisión de mujeres casadas. Desde la Dirección General de Trabajo y el Ministerio del Interior hicieron saber a la Unión Telefónica que se podría llegar a impulsar una ley, si fuera necesario, para lograr la modificación del cambio de la regulación que impedía el trabajo de las casadas razón por la cual recomendó flexibilizar ese criterio. Recién en 1935 terminó de manera definitiva de la restricción laboral basada en el estado conyugal. Amalia había sido condenada a pocos meses por heridas leves.
La histórica huelga telefónica de 1957

Otro momento histórico nos lo acercó el historiador de la clase obrera Leónidas Noni Ceruti. Se trata de un diálogo revelador que logró reconstruir en su libro “El gremio telefónico. Origen, huelgas, cambios: 1878-2001” en el que un patrón le explica a los obreros porqué no van a otorgarles el aumento solicitado.
A mediados de 1957 , FOETRA solicitó a ENTEL, la compañía ya no era británica, y a Siemens Argentina un aumento de emergencia de $700, teniendo, en cuenta el incesante aumento del costo de vida y los magros salarios que abonaban las empresas. Fue imposible convencer, siquiera hacerse oír, por los funcionarios del entonces general golpista Eugenio Aramburu. En agosto estalló la huelga de los trabajadores telefónicos y continuó por tres meses de manera progresiva, hasta la primera semana de noviembre. Justificándose en el paro de telefónicos y telegrafistas, el gobierno decretó el Estado de Sitio por 30 días, en Capital Federal y Buenos Aires. La represión no se hizo esperar. Las Fuerzas Armadas ocuparon la repetidora de Adrogué y detuvieron a todos los trabajadores que encontraron allí. Luego fueron casa por casa y encarcelaron a la mayor parte de los delegados, colaboradores o simples afiliados. Fueron 170 los presos por luchar, hombres y mujeres. Además, se realizaron detenciones masivas de delegados, colaboradores y afiliados sin ninguna discriminación. Hombres y mujeres fueron encarcelados y allanados sus hogares. El gobierno suspendió inmediatamente la personería gremial de FOETRA y reprimió con uso de la fuerza pública, las reuniones de los trabajadores telefónicos. Habiendo sido retirada la personería gremial del sindicato, el mismo sólo pudo negociar en forma extraoficial con la empresa, prohibiéndosele también realizar asambleas de afiliados. Finalmente, en virtud de la persecución de la policía y acuciados por el hambre, los empleados telefónicos decidieron volver a sus tareas el 7 de noviembre de 1957 luego de una violenta represión con gases en una asamblea del sindicato prevista en el Luna Park. Fue bajo la presidencia del dr. Arturo Frondizi cuando el Congreso de la Nación, sancionó la ley 14.460, que obligaba a las empresas telefónicas al pago de los salarios caídos durante el conflicto.
La conversación
Durante la huelga de los telefónicos/as en 1957, se produjo este dialogo entre el vicepresidente Rojas, en una visita a la empresa Philips, dialogo con los trabajadores y les expreso “que no se darán aumentos a los telefónicos, y que el problema se solucionara con un aumento de la producción. La congelación de los precios no conduce a nada, y ya se ha demostrado, con la campaña de 60 días del gobierno depuesto”. En la charla se produjo este intercambio de opiniones con un obrero:
Obrero: ¿Esta el caso de los telefónicos que reclaman un aumento porque es imposible vivir?
Rojas: No se les va a dar el aumento. Ud. no conoce la situación y se la voy a explicar. Los telefónicos trabajan de 32 a 36 hs semanales. La empresa les ofreció trabajar 44 hs semanales, y elevar los salarios en base a esa producción, en la suma requerida y la incentivación que se lograse. No aceptaron. Y se tomo nuevo personal. Ese cobra ya el aumento de 700$. Para lograr más salario hay que elevar la producción. El gobierno no hará cadena inflacionaria
Obrero: ¿Si como Ud. dice que el gobierno se preocupa por la situación de los obreros, porque no se recibió a la delegación de los gremios que querían entrevistar al presidente?
Rojas: Por una razón sencilla: No hay nada superior a la Nación misma. Y el pedido de los gremios era un ultimátum, ya que el petitorio contenía elementos que el presidente no podía tolerar. Era una insolencia.
Obrero: ¿Es posible que pese más esa apreciación que la paralización del trabajo?
Rojas: Eso es lo que yo le pregunto, o Ud. debería preguntárselo. Si pesa más el deseo de hacer la huelga y hacer la paralización, los responsables serán los gremios y no el presidente. Eso se hubiesen atrevido a hacerlo en épocas de Perón: No. Perón no conversaba, daba órdenes. Este gobierno acepta el dialogo. Es que ciertos sindicatos están en una acción criminal, y tomen nota los señores periodistas, están incentivando a la paralización del país. (La Capital, 26 de septiembre de 1957, pag. 6)
“Claro, clarito este golpista y fusilador.” concluye Ceruti.
La resistencia duró más de setenta días, con represión, detenciones y Estado de Sitio. Hubo que esperar un cambio de gobierno para que las reivindicaciones fueran aceptadas.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

