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“Para una mujer actualmente, jugar al fútbol es una militancia y ser futbolista es político”
En el currículum de Mónica Santino conviven varias versiones, todas ellas relacionadas, de una u otra manera, entre sí: se recibió de profesora de educación física y periodista deportiva, fue jugadora de All Boys y se convirtió en referente social de la Villa 31, en donde, en 2007, creó La Nuestra Fútbol Feminista. A estas facetas se le suma la última de todas: escribió e investigó, junto a la antropóloga Tamara Haber y la politóloga Julieta Ossés, el libro “Pioneras argentinas: un pase a la historia”, que a través de entrevistas e investigaciones recorre y reconstruye la historia del fútbol femenino en Argentina.
“Hay registros de un partido de fútbol femenino en Santa Fe entre 1922 y 1923 en una localidad que se llama Las Rosas. Nosotras pensamos que hace 100 años se juega, pero quizá sea más. Quizá sea desde el origen del fútbol mismo. ¿Por qué creemos que es tan importante rescatar la historia y escribimos este libro? Un trabajo que nos propusimos desde la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires recogiendo testimonios de miles y miles de pioneras de distintas décadas, porque creemos que cuando te roban la historia es muy difícil después mirar para adelante y si hay algo que nos hacen siempre a los pueblos es robarnos la historia. En particular a las mujeres, esto de ‘somos una moda, apareció de un repollo’. No es inocente. Me parece que es muy importante recuperar la historia en todos los espacios”, sostiene Mónica.

“Cuando te roban la historia es difícil mirar para adelante. Y a los pueblos, y en particular las mujeres, siempre nos roban la historia”
SOBRE EL LIBRO REALIZADO acerca de la historia del fútbol femenino en argentina
Las actividades que guiaron a Santino a lo largo de su vida siempre se orientaron a un horizonte en común: unir el deporte con la militancia. Con 14 años de recorrido al frente del equipo, La Nuestra ya se destaca como un exitoso proyecto que, entre otras cosas, le valió a Mónica el reconocimiento de la Legislatura como personalidad destacada del fútbol. Sin embargo, los inicios, como suele suceder, no fueron fáciles.
“Lo que se empezó a edificar primero ahí fue primero la conquista del territorio que es la cancha de fútbol. Las canchas de fútbol son importantísimas en las barriadas, en el país en general. Hay canchas de fútbol en lugares insólitos, lo cual es muy característico de nuestra cultura. Lo que suele ocurrir en los barrios es que, a pesar de que haya todas las dificultades de vivienda y espacio, es un lugar que se respeta a rajatabla: nunca se va a construir una casa adentro de una cancha. Ese es un lugar que está ocupado normalmente por varones chiquitos y hasta más grandes. El espacio para jugar era siempre mínimo”, explica la referente.
La principal tarea era desmentir la generalización de que a las mujeres no les interesa o no quieren jugar al fútbol. Para eso, recuerda Mónica, había que conquistar el espacio. “Siempre la idea que subyace es ‘a las pibas no les interesa tanto, las mujeres no quieren jugar’ y lo que hicimos fue eso: ir conquistando primero el espacio, que es lo más importante desde el medio hacia lo márgenes, y desde esos lugares ejercer el derecho a jugar. Para nosotras jugar al fútbol es mucho más que lo que pasa en una cancha, porque nos pudimos apoderar de un juego que culturalmente siempre nos fue esquivo y entender que tenemos cuerpos que pueden hacer mucho más que lo que nos dijeron, que podemos establecer vínculos con compañeras que tienen que ver con fortalecer lo colectivo y quizá también un lenguaje propio, un lenguaje distinto”, puntualiza Santino.

“Para nosotras jugar al fútbol es mucho más que lo que pasa en una cancha”
sobre la conquista del espacio para jugar al fútbol
LCV: Las pibas tienen la camiseta una leyenda espectacular que dice “me paro en la cancha como en la vida”. ¿Cómo te parás en la vida y en la cancha?
-Trato siempre de tener la pelota abajo de la suela y la cabeza bien arriba. Para jugar a la pelota levantar la cabeza es fundamental. Si vos no miras el resto del terreno difícilmente puedas elaborar una jugada. Entonces primero creo que es la actitud. Poner la pelota abajo de la suela tiene que ver con eso. De ahí pensar en transformar con otras. Juego el fútbol desde que tengo 4 o 5, ahora tengo 56 y sé de la profundidad, de la necesidad de lo colectivo para poder avanzar en una cancha.
LCV: El deporte como tal debería ser transversal a las ideas de las personas. Lo que tenés es lo colectivo, determinados valores. ¿El fútbol femenino sufre este embate de la política y el fútbol profesional? Como que La Nuestra, que así se llama el club, tuviera que tener un color político ¿Vos lo ves así?
-Creo que nosotras no formamos parte de esa rueda porque no estamos miradas u observadas en lo que sería la industria o el comercio del fútbol, que es lo que les pasa a los compañeros varones. Eso es una máquina de picar carne y los futbolistas se quedan afuera. No se valora al deportista como una persona. Es casi un material de descarte en un engranaje que a esta altura es casi diabólico, después de más de 100 años en la historia de fútbol de varones. La política atraviesa todos los espacios. Nosotras la política la debemos tomar como propia. En cuanto a la política partidaria cada una puede tener su idea, expresarla. Decir que nadie tiene una política partidaria sería de no creer porque todas tenemos y la expresamos. Lo que me parece sí que es importante es tenerla y no decir, porque eso es cosa de estos tiempos y nos puede llevar a problemas que es decir “con la política no tengo nada que ver, yo juego al fútbol”. No. Porque jugar al fútbol también es política. Para una mujer en este momento en Argentina jugar al fútbol es una militancia y ser futbolista es político.

“Salir del barrio fue un antes y después en la vida de todas las pibas”
sobre los partidos internacionales jugador por “la nuestra”
La construcción de este espacio en la Villa 31 fue tan exitosa que trascendió las fronteras: en 2010, La Nuestra jugó la Copa de los sin techo a Brasil. Luego, viajaron a París en 2011, a México en 2012, y a eventos en Berlín y Francia. “Todas esas veces que salimos del barrio fue un antes y un después en la vida de todas las pibas. Esa posibilidad de poder viajar y no hablar un mismo lenguaje pero encontrar un lenguaje en común con la pelota”.
LCV: Contame la anécdota de cómo al principio muchas de las jugadoras aparecían con el cochecito de los bebés.
-Al principio funcionaba como un parque de estacionamiento con los cochecitos y más de un entrenamiento terminaba con un bebé a upa porque no tenían a nadie que los cuidara. En este camino que nombramos han logrado que los compañeros varones cuiden a los hijos cuando ellas han jugado.
LCV: ¿Eso también habla de mucho embarazo adolescente?
-Sí, claro. Embarazo adolescente y maternidad a una edad muy temprana. Eso es muy difícil porque en los barrios la maternidad tiene un peso cultural enorme y es el paso de una piba a sentirse mujer y recibirse de mujer. Hay ahí una familia que empuja y un sistema de creencias y cultura que está muy presente. Lo que podemos hacer con el fútbol y con esta cuestión de jugar es pensar que la maternidad puede ser deseada desde otros lugares, planificada, y también pensar que tenés derecho a una vida propia, a estudiar y hacer otra cosa.
LCV: ¿Y con los antiguos usuarios de la canchita Güemes van conciliando, se las prestan, ya hay horarios para cada uno?
-Sí. Nosotras seguimos usando el horario histórico que planteamos en el 2017, que es los martes a jueves de 18 a 20 y cuando llegamos, sobre todo los varones más grandes, salen de la cancha. Es algo que fue asentándose en el tiempo y reafirmándose una y otra vez a lo largo de los años que transitamos en el barrio. Es algo que está instalado. En algunos lados del barrio preguntas por la cancha Güemes y te dicen “ah, la cancha de las mujeres”. También se instaló un campeonato de manera autogestiva por compañeras del barrio en general, torneo de mujeres a la mañana antes de que comiencen los veteranos. Ahora con todas las cuestiones de recordar el año de la muerte del Diego y demás, hace unos días se pintó un mural maravilloso al costado de la cancha que es la cara del Diego antes de jugar el partido contra Inglaterra, cuando mira de costado al equipo inglés. Un mural maravilloso. También tenemos un altar de Santa Maradona, un emprendimiento de una compañera de La Plata, hija de un rugbier desaparecido, que está colgado en un costado del alambrado. Es nuestro lugar en el mundo y funciona como queremos.
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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*
Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.
En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.
Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.
Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.
Una cláusula indefendible
La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.
Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.
La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)
La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.
La Constitución habla de gratuidad en relación con:
· el acceso a la información pública (art. 13),
· la asistencia sanitaria (art. 19),
· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),
· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),
· la acción de amparo (art. 56),
· el habeas data (art. 63),
· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),
· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),
· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),
· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),
· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),
· el perfeccionamiento docente (art. 267),
· la universidad autónoma (art. 269),
· y la póliza escolar (art. 270).
La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.
Lo que no pueden hacer los legisladores
Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.
Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.
Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.
Ignorancia u oportunismo (o ambas)
Legislar desde dogmas ideológicos es necio.
Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.
Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.
Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.
Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.
*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.
Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.
LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”
Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”
LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”
Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”
LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”
Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”
LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”
Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”
LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”
Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”
LCV: “Eso ya lo vivimos.”
Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”
LCV: “También preocupa el rol de los medios.”
Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”
LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”
Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”
LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”
Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”
LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”
Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”
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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.
LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”
Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”
LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”
Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”
Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”
LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”
Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”
LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”
Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”
LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”
Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”
LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”
Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”
LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”
Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”
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