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2022, año de reaperturas: vuelven a abrir sus puertas cuatro lugares emblemáticos

La periodista Graciela Moreno detalló todos los icónicos bares y negocios que este año volvieron a abrir sus puertas luego de haber cerrado tanto por la pandemia como por problemas económicos previos. Los más destacados: bodegón El Obrero, Michelangelo, La Puerto Rico y The Kilkenny.

Pareciera que los cierres de lugares y las pérdidas de trabajo que conllevan quedan olvidadas al poco tiempo. Graciela Moreno decidió investigar qué sucedía con aquellas empresas que cerraban y, en especial, con sus trabajadores. Así es que comenzó un registro de empleados, empresas, contrataciones y reubicaciones que, a la larga, le terminó posibilitando enterarse de una nueva ola de aperturas de aquellos locales que habían cerrado sus puertas.

LCV: ¿Por qué elegiste esa línea de trabajo?

-Me pareció que en los últimos años no había un registro de todo lo que está pasando en el día a día. Se hablaban de los cierres de las empresas pero cada cierre de empresas trae una historia atrás. La gente que va quedando. En un momento la empresa cerraba, no podían cobrar las indemnizaciones… digamos que todo esto traía historias personales. Gente con la que todavía estoy en contacto porque muchos no conseguían trabajo y bueno, todas esas historias hicieron que empezara a hacer un registro de qué pasaba en las empresas que cerraban y qué pasaba con esa gente porque muchos casos yo me volvía a contactar y veía qué había pasado. Si esa gente se había reubicado, si no se había reubicado. Eso hizo que por ahí también me fuera enterando de las aperturas. También hubo como varios tiempos. Una época que fue la época donde cerraron muchas empresas en la gestión anterior. Después cuando uno esperaba la reapertura o que se reacomodara todo llegó la pandemia, que también hubo cierres y recién ahora se están viendo reaperturas de muchos lugares.

LCV: ¿Cómo fue el proceso de reapertura de La Puerto Rico?

-La Puerto Rico cerró en pandemia porque justamente la sala donde está ubicada en el microcentro es una de las zonas más afectadas. El año pasado empezaron a reanimar la fachada y sumaron un socio. Todavía no está muy bien definido y no quieren contar nada, pero ya empezó a trabajar un estudio de arquitectos y se supone que en dos meses tendremos algunas novedades de cuándo abrirá. Pero ya está en marcha y se está planificando toda la reapertura de La Puerto Rico, que la verdad es que es un lugar histórico y muy querido de Buenos Aires. Fue fundado a fines del 1800 así que es un lugar con mucha historia.

LCV: ¿Cuáles son otros lugares que fueron abriendo en este tiempo?

-Los lugares que ya abrieron en este último año fueron lugares históricos también como La Rambla, que había cerrado en la pandemia. El bar Los Laureles que es un bar de tango, casi una tanguería que está ahí en Barracas. Es un lugar que tampoco resistió la pandemia y que sus vecinos de Barracas decidieron reabrirlo. Le dieron vida nuevamente y están con espectáculos de tango no solo para turistas sino también para locales. Reabrió Montecarlo, un bar notable de Palermo que sufrió mucho la pandemia, que el dueño no pudo más. Una empresaria gastronómica dueña de El Federal que estaba ahí en San Martín y Marcelo T. de Alvear, como toda esa zona se vió también perjudicada cerró y decidió reabrir Montecarlo con toda la gastronomía que se ofrecía en El Federal. Otro de los bares que reabrió fue La Giralda, que estuvo cerrado bastante tiempo, más de dos años, y también son los mismos dueños de La Ópera que decidieron restaurarla. La verdad es que hicieron un trabajo muy interesante aunque para los que queríamos la vieja Giralda no tiene nada que ver con la nueva. Es un trabajo de mucho esfuerzo, de mucha inversión, porque la que estaba antes tenía bastantes problemas edilicios y todo. Otro que cerró es The New Brighton, que está también en la zona de microcentro. Estuvo cerrado en pandemia pero ya abrió sus puertas.

LCV: En términos de puestos de trabajo ¿Cuántos recuperaron sus trabajos?

-No te sé decir exactamente cuánta gente puede ser porque no sé exactamente cuántos contrataron nuevamente. Hubo mucho ajuste de personal en todo esto. Más en este momento de nueva ola y de omicrón donde están trabajando con el mínimo personal porque no saben qué va a pasar, si van a tener que volver a cerrar o qué. Lo interesante es que este año hay también nuevas aperturas. Así como vos contabas de La Puerto Rico, también va a reabrir el bodegón El Obrero. Es un lugar histórico que lo manejan los hermanos Castro, que tuvieron que cerrar durante la pandemia. Cerraron ocho meses y cuando reabrieron les costó muchísimo porque de las 20 mesas que tenían adentro solo le permitieron tener cinco. El Gobierno de la Ciudad les pidió que bajaran todos los banderines. No podían usar la vereda porque era muy angosta y además es una zona muy insegura, y en la época de pandemia cuando pudieron reabrir estaba la Usina del Arte cerrada. Estaba todo cerrado, entonces no podían usar nada y solo abrían con cinco mesas al mediodía. No pudieron resistir, cerraron en marzo y finalmente pudieron encontrar un socio, alguien que los va a ayudar durante dos años  y la idea es que en las próximas semanas va a volver a reabrir El Obrero. 

LCV: Me encanta que nos cuentes sobre estos lugares.

-Otros dos lugares más que van a reabrir es el bar irlandés The Kilkenny, y Michelangelo, la tanguería, que después de más de diez años de estar cerrada como tanguería vuelve a reabrir en San Telmo.

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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