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Deolinda Carrizo: “Hay una justicia que responde al interés de los empresarios”
Deolinda Carrizo, directora de Género e Igualdad de la Dirección Nacional de Fortalecimiento y Apoyo a las Organizaciones de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena charló con Nora y Laura sobre los proyectos realizados para ayudar a mujeres rurales víctimas de violencia de género, informó sobre los intentos de desalojo y se refirió a la necesidad de construir poder desde su sector.
Deolinda formó parte del lanzamiento realizado en junio del año pasado del Plan “En Nuestras Manos”, el cual se planteó como objetivo facilitar el acceso de las mujeres rurales de la agricultura familiar, campesina e indígena y de la pesca a la mejora de las condiciones de producción, agregado de valor y acceso al mercado, al brindar herramientas y maquinarias para tecnificar los procesos productivos en los que intervienen. La Columna Vertebral le consultó en qué estado se encuentran los proyectos encarados.
-Hay en el país seis proyectos que se han aprobado, que han sido básicamente fortalecer la parte productiva de los espacios que ya venían funcionando, sosteniéndose por organizaciones o instituciones más locales y algunas han recibido un fondo para fortalecer la parte del acceso a maquinarias, otras para poner bien las alas de la fabricación de mermelada y eso ha significado una importancia enorme para las mujeres, porque van haciendo poco a poco un ingreso económico que les permite ir proyectándose para estar en otro espacio, para proyectarse más libres de lo que en este momento en los lugares que están están sintiendo y teniendo la contención después de situaciones que son violentas. Son mujeres que han decidido soltarse de esta cadena de violencia. Muchas están con sus hijos. Lo que les permiten esos lugares es estar con sus hijos e hijas y mandarlos a la escuela, continuar con su vida sana.
LCV: Nos llegaron las noticias de que hubo una nueva agresión esta semana. ¿Nos podés contar un poco cómo fue?
-En Santiago del Estero hace 32 años que estamos organizados la resistencia ante los intentos de desalojo por parte de empresarios de las tierra que ancestralmente poseen las comunidades, las familias que viven por generaciones y es una problemática que no tiene fin. En los últimos años los empresarios han ido sofisticando sus métodos de atropello y contratando personas con armas, intentando introducirse a los territorios a punta de pistola; son matones a sueldo. Tenemos lamentablemente un caso en el 2011 o 2012, el asesinato de compañeros que han estado también en la lucha, de Cristian y de Miguel, y ahí un poco se ha frenado pero no ha dejado de existir esa violencia permanente. Hace unos días ha reflotado así muy fuerte y no esperábamos de alguna manera ese ataque a 100 compañeros y compañeras que estaban en una asamblea en la comunidad de la Martona. Se han bajado de dos vehículos personas vestidas con la ropa de la policía de Córdoba y una señora diciendo que era la dueña de esos territorios y a punta de pistola han querido meterse, han intentado atentar contra los compañeros, traían bombas molotov en la camioneta, bidones de kerosene y venían para hacer algún daño pero se ha evitado y hasta el momento la fiscal que ha tomado la denuncia no ha hecho ningún tipo de tensión o algo. Los compañeros allá decían “¿pero esto qué es?”. Son compañeros que es la primera vez que les toca este nivel de violencia. Si bien vienen hace cinco años organizados siempre han estado denunciando y no ha pasado nada y esta es la primera vez que se ha tenido ese nivel de situación. Aquí no ha habido un robo de gallina: han habido disparos y nadie ha hecho nada, no han detenido a nadie.
LCV: ¿Cómo se vive esta contradicción de tener de pronto a la patrona en frente?
-Nosotros siempre de la organización hemos ido trabajando la paridad de género dentro de todas las áreas y siempre hemos estado las mujeres en todas las situaciones. En los últimos años con mucha más presencia porque nuestras madres nos han ido trasmitiendo esa esencia de la organización y para nosotras es normal o era normal que estuviéramos en alguna situación y encontrar hombres del otro lado. Pero no es la primera vez igual, dentro de la sofisticación que te decía está esa incorporación que están teniendo los empresarios del uso de mujeres. Las veces que habíamos parado topadoras hemos sido nosotras y estaba el maquinista y las personas armadas y frenábamos, no nos tocaban. Ahora nos estamos encontrando con esta situación y sabemos que está del otro lado y cuanto menos enfrentamiento se tenga mejor, no buscamos eso, buscamos que las cuestiones tomen su curso y el curso es que hay muchas familias que por generaciones viven en su territorio y hay una justicia que está respondiendo a los intereses de los empresarios y por eso la impunidad de la actuación de esas personas. Como Orlando Canido que hace 15 días ha vuelto a meterse en otra comunidad donde se ha denunciado, han ido a verificar del Ministerio de Trabajo el hacinamiento de las personas que han puesto ahí, del estado en que están y hasta ahora no pasa nada. La larga lista no solamente son esas resistencias de seguir en el territorio defendiéndolo sino seguir construyendo otro frente de construcción de poder que le llamamos, en la salud, en la formación política. Nuestros compañeros y compañeras ahora el 21 de marzo inician la escuela de agroecología. Son 170 compañeros jóvenes que van a hacer esa formación y compañeros que vienen de Monte Adentro, y esa es la fuerza que nos permite seguir rejuveneciendo al movimiento, a la vida campesina indígena porque son oportunidades que nos vamos generando para no seguir a hacer mano de obra barata o a estar en lugares que por ahí por obligaciones económicas nos tenemos que salir y eso jode, eso molesta. Molesta porque somos quienes producimos los alimentos para los pueblos y ahí estamos, enfrentándonos a quienes nos quieren evitar.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
Página/12 y su insólita restauración de la teoría de ‘los dos demonios’, por Hernán López Echagüe
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.

