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Colombia giró a la izquierda, por Pablo Solana
Vistiendo un traje de diseño colorido y ancestral como los que usó durante su campaña, #FranciaMárquez, la primera mujer pobre y negra electa vicepresidenta en toda la historia de Colombia, se dirigió a la multitud. Con la cadencia que caracteriza su forma de hablar, definió el tamaño del desafío que, junto a #GustavoPetro, acaban de superar: “Después de 214 años logramos un gobierno del pueblo, el gobierno de la gente de las manos callosas, el gobierno de la gente de a pie, el gobierno de los nadies y las nadies de este país”. La multitud estalló en gritos y cantos de celebración.
Francia y Petro hablaron en el estadio Movistar Arena, en Bogotá, ante miles de personas que desbordaron el lugar. Otras miles fueron a la Plaza de Bolívar, en el centro. Más concentraciones espontáneas se replicaron en todas las ciudades del país, en miles de plazas, avenidas, campos y poblados. En las sierras y en los caseríos a la vera de los ríos. En cada rincón de Colombia hubo ruidosas manifestaciones y emociones a flor de piel. Bocinas y cornetas, gritos y canciones. Banderas, bailes y abrazos. También llantos, pero de alegría, esta vez.
Todo se desencadenó a partir de las 5 de la tarde, apenas una hora después del cierre de la votación, cuando el octavo boletín oficial dio una diferencia de más de 600.000 votos a favor del Pacto Histórico que encabezan Petro y Márquez. Se llevaban contadas el 65% de las mesas, pero ya era una cifra imposible de remontar para el candidato conservador Rodolfo Hernández, que no tardó en reconocer la derrota. En ese momento comenzaron a escucharse los bocinazos en las calles de las ciudades, y los vallenatos y rancheras a todo volumen en las tiendas y las casas de las barriadas y de las zonas rurales más alejadas de la capital.
El resultado final fue de 50,4% a 47,3%. Cada fórmula presidencial ganó en las mismas regiones en que lo había hecho en la primera vuelta, pero Petro y Márquez se beneficiaron de la mayor participación electoral. Esta vez fue a las urnas el 58% de la población habilitada, dos millones más de votantes, en gran medida convocados por la militancia popular para garantizar la victoria.
Había mucha expectativa por escuchar los discursos de la fórmula vencedora: por la emoción del logro histórico, y por saber qué dirían ahora que la campaña electoral quedó atrás.
Petro mencionó los tres ejes en los que se apoyará el gobierno de Pacto Histórico: “primero la paz, segundo la justicia social, tercero la justicia ambiental”, y convocó a la oposición a construir un “Acuerdo Nacional”.
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POR UN CONTINENTE “SIN EXCLUSIONES” Y “NO EXTRACTIVISTA”
El candidato electo dedicó a la geopolítica continental una importancia que no le había dado durante la campaña. “A los progresismos de América Latina les propongo dejar de pensar que es posible un futuro sustentado sobre el petróleo, el carbono, el gas, porque es insostenible para la existencia humana”, manifestó. Se trata de una postura que ha sostenido a lo largo de los años. “Les propongo pensar que América Latina puede construirse alrededor de la agricultura y las reformas agrarias, de la industrialización bajo nuevas tecnologías; una América Latina productiva y no extractivista”, agregó.
También propuso “un diálogo en las Américas sin exclusión de ningún pueblo, de ninguna nación, en la diversidad”. Hace dos semanas, en la Cumbre de las Américas que se realizó en Los Ángeles, EE.UU. impidió participar a Cuba, Nicaragua y Venezuela, lo que derivó en la protesta de México, Bolivia y Honduras que resolvieron ausentarse. Argentina y Belice, que sí estuvieron presentes, aprovecharon el micrófono para denunciar esa arbitrariedad. Las palabras de Petro expresan un reclamo en la misma sintonía. Si esa línea de coincidencias se mantiene, la presencia de Colombia junto a ese grupo de naciones podría revitalizar las instancias de unidad continental.
Otros aspectos fundamentales de la política regional no fueron mencionados en su discurso, aunque en el entorno de Petro dan pistas sobre la orientación que tomará en temas nodales como el vínculo con Venezuela y Cuba. El gobierno saliente de Iván Duque rompió relaciones con Caracas y deterioró notablemente el vínculo con La Habana, por lo que al nuevo gobierno progresista no le demandará mucho esfuerzo mejorar ambas relaciones. En el primer caso, más allá de las críticas que Petro ha manifestado a la figura de Nicolás Maduro, es de esperar que, apenas asuma, reabra las fronteras y restablezca las relaciones consulares y diplomáticas con el vecino país. Respecto a la isla, allí se encuentra aún la delegación de paz del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y es probable que Cuba vuelva a ser escenario de posibles negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla que se mantiene en armas, lo que ayudará a restablecer los lazos de colaboración y amistad entre ambos países.
Colombia, que estuvo históricamente ausente de los escenarios de unidad y cooperación latinoamericana, a partir de ahora puede sumar, y mucho, a los renovados intentos de integración regional.

SABOREANDO LA VICTORIA
En la capital del país llovió de manera sostenida desde que cerraron los centros de votación hasta entrada la noche. Bogotá, que se pone fría en esta época y a esas horas, adquirió sin embargo un calor inusual con la celebración popular. Las banderas, paraguas y sombrillas de todos los colores contrastaban con el gris del anochecer encapotado en toda la ciudad. Como no hubo un lugar único de convocatoria, muchas personas deambularon por las avenidas, decidieron en el camino dónde ir, se guiaron por los sitios donde más bocinazos se dejaban escuchar. “Esto es extraordinario, yo tengo 66 años y nunca vi en este país que se festejara una elección presidencial”, contaba una señora mientras hacía flamear con todo entusiasmo una bandera amarilla, azul y roja por la avenida 30, cerca de la Universidad Nacional. “Ni cuando salió campeón el Santa Fe. Qué digo, ni si saliéramos campeones de un mundial”, le respondió un muchacho al pasar. Para este cronista fue extraño ver, después de la primera vuelta, que no hubiera celebraciones en las calles. El 29 de mayo pasado, Petro y Márquez obtuvieron un abultado 40% y 12 puntos de ventaja con su competidor. Sin embargo, mucha gente vio ese resultado con tristeza y preocupación.
Pero esta vez fue distinto. La ciudad desbordó de alegría. El pueblo colombiano saboreó su primera victoria. Este domingo, once millones de personas hicieron más que elegir una fórmula presidencial. “¡En 2026, la presidenta será Francia! ¡Vamos pueblo carajo!”, gritó la señora de la bandera, sin importarle el aguacero, que a esa hora de la noche golpeaba con más intensidad. Una vez rota la inercia de la derrota, a este pueblo solo le queda ir por más. Con este triunfo, el pueblo colombiano aprendió a ganar.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

