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“La economía popular no es tercerización” | Malestar en los movimientos sociales por los dichos de Cristina Fernández de Kirchner

Luego de que la vicepresidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, declarara en un plenario de la CTA que el Estado necesitaba recuperar “el control de las políticas sociales” porque “no pueden seguir tercerizadas”, distintos movimientos sociales salieron al cruce con duros comunicados y respuestas.

Entre los principales líderes sociales en manifestarse estuvo Juan Grabois, dirigente de la Unión de Trabajadores de la Economía Populares, quien indicó que “la economía popular no es tercerización de facultades que antes ejercía maravillosamente el Estado sino creación heroica de los excluidos donde el Estado solo llega en patrullero y el Mercado con descarte”.

El líder piquetero Luis D’Elía también criticó los dichos de la ex presidente, a quien calificó de “flojita de memoria y agradecimiento”: “Cristina nos declaró la guerra a todos los movimientos sociales de la Argentina en general y a los kirchneristas en particular mientras la CTA de Hugo Yasky la aplaudía”.

La reprobación llegó incluso de sectores y personas asociadas al Gobierno de Alberto Fernández. Emilio Pérsico, secretario de Economía Social, lamentó que “parte de la dirigencia política sea incapaz de entender la realidad del trabajo en el siglo XXI”. “Hoy existen más de 200 organizaciones sociales que nacieron al calor de la resistencia al neoliberalismo de los 90 y el macrismo. Son las mismas que estuvieron al frente del cuidado en la pandemia y las que hoy proponen organizar una sociedad que reclama nuevas formas de producción y trabajo.
Esa realidad surge de la dinámica del capitalismo financiero, en el marco del cual hace más de 50 años que no crece el trabajo registrado en la Argentina. También en la inacción del Estado y de la obstinación de quienes quieren seguir aplicando recetas del pasado a problemas del presente”, puntualizó el dirigente. “Es más fácil pelear con quienes la expresamos, que
escuchar y reflexionar acerca de cómo resolver los problemas de los que peor
están”, concluyó.

Por su parte, el Movimiento Evita emitió un comunicado en el cual aseguró que “reducir la economía popular a los planes sociales es negar la realidad”, dado que los planes sociales “son apenas el 10% de la economía popular y el 5% del conjunto de los trabajadores y las trabajadoras”. “Sería más productivo que discutamos cómo dota de derechos, herramientas
y créditos a la producción de las y los trabajadores textiles, los cartoneros y recicladores, las empresas recuperadas, los pequeños agricultores, los ladrilleros, las trabajadoras del cuidado, etc. A todos aquellos y aquellas que se organizan sin patrón y que trabajan todos los días con y sin un plan social”

A su vez, la UTEP lanzó un comunicado titulado “la economía popular es trabajo, no es tercerización”, en el cual sintetizaron la importancia de los movimientos de la economía popular para mejorar las condiciones de vida de todos sus integrantes. “En nuestro país más de diez millones de adultos en Argentina no tienen empleo registrado ni ingresos regulares. Pudimos ver como en la pandemia todos y cada uno de ellos se inscribieron para pedir un ingreso de emergencia. No por eso son vagos o planeros. Son trabajadores y trabajadoras. En todo caso, lo que les falta son derechos y un ingreso suficiente para vivir con dignidad”, indicaron desde el espacio comandado por el Gringo Castro.

Mientras aún se escuchaban las repercusiones por los dichos de la vicepresidente, Lito Borello, secretario de Derechos Humanos de la UTEP y otros dirigentes del gremio de la economía popular se reunieron con Pablo Moyano, del Secretariado General de la CGT y Secretario Adjunto del Sindicato de Camioneros. Según informaron en un comunicado, en el encuentro se definió seguir profundizando un espacio de encuentro para “tratar un programa común de todxs lxs trabajadorxs, y confluir en una movilización unitaria contra los formadores de precios y especuladores que saquean la riqueza de nuestra nación y burlan la dignidad de todos los trabajadores”.

EL DISCURSO DE CRISTINA

Durante su discurso en el plenario de la CTA, Cristina Fernández de Kirchner dejó varias definiciones, más allá de lo dicho sobre los planes sociales: capitalismo en serio, inflación y la industria nacional.

“Todos los procesos inflacionarios que tuvo la Argentina fueron precedidos de un ciclo de endeudamiento previo. Pasó con la dictadura donde nos cambiaron la matriz económica y donde aparecimos en octubre del 83 con 45 mil millones de dólares que estaban estatizados. Miren los del Estado y el mercado. El Estado había tomado las deudas del mercado, los grandes grupos privados  y la había estatizado. Para eso el Estado era fantástico, para eso fue buenísimo.”(…)

“¿Qué hubiera sido sin Estado en el 2008 y sin Estado en la pandemia? Encerrados, sin vacunas… Bueno, sin todo… Esto es entonces lo que tenemos que pensar. ¿El Estado entonces es necesario, es innecesario? No, no, el Estado es imprescindible sin lugar a dudas. Es imprescindible. La reducción al mínimo del Estado es solamente un ejercicio que sirve para quedar bien de ocasión en un discurso en un canal de televisión o en una radio total cualquiera puede decir cualquier cosa que da lo mismo.”

“Ustedes saben que yo he charlado en otras oportunidades, creo que lo hice en el marco del encuentro de parlamentarios en el CCK y también en el Chaco. En el Chaco creo que sostuve el tema del capitalismo totalmente ya independizado de cualquier ideología, como un modo… el más eficiente tal vez de producción de bienes y servicios a escala global.”

“Si vamos a hacer capitalismo, hagámoslo en serio y para todos y todas, para todos y todas sin exclusiones.”

“Yo quiero a mis compañeros, a mis compañeras, quiero a mis hijos pero, esto no es un problema de amores y odios, es un problema de plata. Y cuando hay plata, el amor te lo dejo para otro momento.”

“Si vos tenés una empresa multinacional de la magnitud de Techint, si aparte tenés la posibilidad de hablar con sus directivos y demás, pedile que los 200 millones de dólares que le tienen que pagar a su subsidiaria en Usiminas, Mina Gerais, Brasil, la financien ellos. O pidan un crédito en el BNDS de Brasil que lo van a conseguir. Entonces no tengo que darle 200 millones de dólares a 127 pesos el dólar para que me importen… Estas cosas son también usar la lapicera, estas cosas son usar la lapicera. No hace falta pelearse, no hace falta pelearse ni agarrarse de los pelos. No, no, lo hacíamos. No voy a nombrar tampoco pero, hay un importantísimo empresario argentino dedicado a los artefactos… A ver cómo lo puedo decir para que no se den cuenta. Bueno, tiene en Tierra del Fuego que hay que importar para producir las cosas que se producen en Tierra del Fuego. ¿Qué hicimos durante nuestra gestión? Porque la balanza daba negativa porque teníamos que gastar más dólares que los que… ¿Qué hicimos? Amablemente le sugerimos que encontrara una actividad que me equilibrara la balanza. Hacé la balanza para exportar y así al mismo tiempo me equilibrás…”

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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