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V Columna | ¡Que vuelvan las filminas!
De buenas a primeras, se terminó el Covid. A sacarse las mascarillas, dijeron. Somos libres. Estamos vacunados. La decisión supongo que estuvo bien; ahora todos estamos enfermos (pero no muertos). ¿Llegó la etapa de la inmunidad de rebaño de la que tanto se habló? La que Bolsonaro pregonaba sin vacunas y en Brasil morían como moscas. Finalmente se convirtió en una gripecinha. Ahora, no antes. Gracias a la política de vacunación y al aislamiento y al tapabocas. En eso pensaba luego de que toda la familia se contagiara de COVID en una reunión.
(No sé si a ustedes les pasa, de pronto las familias sintieron la necesidad de reunirse. Tuve uno de esos reencuentros de muuuchas personas que hace muuuchos años que no se ven -hermanos, padres, abuelos, nietos, tios postizos y todo- ((porque, dicho sea de paso, hay como una necesidad imperiosa de verse, y el COVID algo debe haber tenido que ver ¿no?))
Venía reflexionando sobre ese tema y la expresión ‘inmunidad de rebaño’ me quedó repiqueteando. Sobre todo eso de ‘rebaño’. ¿Qué feo, no? Pensarnos rebaño. Quién te dice que no exista un virus que sea la ‘irresponsabilidad de rebaño’ o la ‘inconciencia de rebaño’.
Sí, ya sé, no está bien comparar situaciones sociales con cuestiones biológicas. Tá, pero esto es radio y no un ensayo de sociología. Mi profesor Alberto Izzo me estaría aplazando, decía que la peor película del mundo era ‘Mon uncle d’amerique’, Mi tío de américa, que tenía esa famosa frase del escorpión que mata a la rana que lo estaba ayudando a cruzar un río y dice: “está en mi naturaleza”. Estallaba el profe: ‘si les gustó esa película no entendieron nada de sociología’. Con él aprendí algo de Marx y de Weber y de la revolución industrial y lo que se considera ‘ciencia’. Era un buen profesor, me gustaba. Tenía razón en estar contra todo determinismo, las cuestiones sociales son también culturales, políticas, económicas, existenciales….
Y ya me fuí por las ramas.
¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, del Covid y el rebaño en la política. De pronto, apareció otra palabra relacionada con ambas: ’emergencia’. Bueno, parece que llegamos a algo. ¿Cómo debe actuar el gobierno en un estado de emergencia?
Apenas asumida su presidencia, Alberto Fernández se vio frente a una situación inédita: una pandemia en un mundo globalizado. Hizo lo que tenía que hacer: llamó a los mejores, se comunicó con todos los partidos, declaró la emergencia sanitaria, tomó medidas extraordinarias que si no fuera por la emergencia serían ilegales (prohibición de salir de la casa, cierre de negocios y fábricas, por ejemplo) y consiguió que no hubiera aquí muertos por las calles como en tantos países de Latinoamérica. Es historia reciente, así que supongo que todos se acuerdan lo duro que fue eso, pero la mayoría comprendió que se trataba de una situación extraordinaria (ok, tuvieron 15 amigos que los hicieron vacunar en la Casa Rosada y una ‘fiesta’ con otros diez amigos, digamos que al lado de los pecados de muchos otros presidentes y presidentas, es una paparruchada).
Ahora estamos en otra situación de emergencia. Una emergencia política, social y económica. El mundo se cae a pedazos, y hay muchos que quieren que Argentina también lo haga. Por ejemplo, los que especulan con trigo o soja y retienen las exportaciones. Algo deberíamos aprender de la historia. Aunque biología y política son cosas distintas, el accionar frente a la emergencia puede parecerse. ¿Por qué no hacemos lo mismo que se hizo contra el COVID?
Quiero decir: señoras y señores, binarios o no binaries, ladys and gentleman and queers: estamos en una situación de emergencia. De nada vale patalear para que la resuelva alguien. Por más marchas que hagamos, de ésta solo salimos con inteligencia y creatividad. Veamos, entre todos, cómo se puede superar éste momento. Es tiempo de medidas extraordinarias, con el apoyo de la mayor cantidad de sectores posibles. El tema, claro, es qué medidas tomás, a quiénes querés salvar.
Tiro algunas ideas.
-Para frenar la inflación, destinar partidas de las intendencias para que tengan espacio en cada ciudad o pueblo ferias con productos cooperativos que puedan competir con el precio de las grandes marcas. Boicot a los supermercados. Y si las organizaciones sociales o cooperativas o pymes no tienen recursos para la distribución, que utilicen los camiones militares como se hace en emergencia.
¿Qué hacemos con el dólar? Orden de exportar los granos que están acumulando en las malditas silobolsas, y si no lo hacen, confiscación. Nosotros también estamos en contra de las retenciones, no es lícito retener millones de toneladas y de dólares para especular.
Renegociación con el FMI: sorry, estamos en emergencia, después hablamos. Si quieren, pueden darnos una mano como lo hacen con algunos países aliados en crisis. No queremos armas. Con una décima parte de su equivalente en dólares, así, de regalo nomás, buena onda, estamos hechos.
Reforzar la producción nacional de insumos básicos. Parece que hay productos imprescindibles que importamos. El otro día escuché a un ferretero que decía que faltaban insumos de importación para fabricar muchas cosas, entre ellas algo que servía para pegar no sé qué. Bien. Me pregunto, si fuimos capaces de empezar a producir vacunas contra el COVID en pocos meses, ¿no podemos tomar nota de algunos de esos insumos y producirlos aquí? Subsidios especiales para empresas o cooperativas que se pongan las pilas. ¡Ah! Parece que los fertilizantes agrotóxicos también se importan. Entonces, a sembrar sin agrotóxicos, contraten personas para sacar los yuyos y mantener el campo en buen estado. Nosotros agradecidos. Ustedes, bánquensela mientras dure el estado de emergencia.
Qué se yo, si pudiese ver rodeado al presidente de gente capaz de distintos sectores, e intelectuales o politógos inteligentes, con una filmina en la que explique porqué estamos en emergencia, y cuáles son las razones y la solución, que implican medidas extraordinarias, sería un gran avance. Pero no, solo veo los ojos felices de muchos que se disponen a ver en primera fila cómo se va todo al diablo.
No es tan difícil; difícil es cambiar de sistema, difícil es la revolución, pero acá solo estamos hablando de supervivencia. Para ésto, la famosa lapicera la tienen que usar todos. El presidente, su vice, jefes de bancadas, sindicatos, partidos, etc, para firmar junto al presidente el Estado de Emergencia.
Internacionales
Italia: esos raros encapuchados nuevos y los desaparecidos del mediterráneo, por Laura Giussani Constenla
Desde hace dos meses que llueve en toda Italia. El invierno acompaña, con el gris del cielo, las grises noticias de los diarios. Hace tiempo que venimos hablando del endurecimiento de las medidas de represión contra manifestantes. Esta semana la península se estremeció por una película que ya tenemos mil veces vista.
Ocurrió en Torino, una marcha de 50.000 personas contra el desalojo de dos históricas sedes comunitarias. Cincuenta mil personas, familias enteras, y en el medio, algunos encapuchados. La policía inició la represión cuando la manifestación se desconcentraba, hubo forcejeos, un chico que iba a ser detenido, una decena de encapuchados que fue en su ayuda, un agente que terminó en el piso y recibió patadas y algún palazo, alguien que grita déjenlo, y la acción finaliza con el policía que queda en el piso mientras otro lo va a socorrer.
Todo esto ocurre mientras se discute una enésima ley de Seguridad que permite la detención por mera ‘sospecha’ de parte de las fuerzas del orden. En la inauguración de los juegos olímpicos invernales de Milán, las escenas se repiten, son miles los que protestan en la calle por la participación del ICE en la seguridad del evento deportivo. De nuevo: refriegas, golpes, represión, palazos. El noticiero de la Rai 1 ya lo denomina “guerrilla urbana”.
Nada demasiado grave si no fuera porque anuncia un retroceso en Italia y el resto de Europa en cuanto a Derechos Humanos. Ya se han visto algunos actos de censura en la fiesta inaugural de donde se le prohibió hacer mención a Gaza a un reconocido cantante de origen árabe, Gadhi.
Lo curioso es que mientras los biempensantes de izquierdas y derechas debatían con fervor sobre los hechos de Torino, reiterados en Milán, una noticia pasaba casi inadvertida: mil personas desaparecían en las aguas del mediterráneo. No fue tapa. Digo mil, se entiende, mil! Y digo ‘desaparecían’ porque no hay nombres, ni cuerpos, ni heridos. Solo otras familias que buscan a quienes embarcaron un funesto día de viento.
Es que el invierno vino también con un ciclón llamado Harry cuya violencia hizo desbarrancar medio pueblo en Sicilia. Algo terrible. Eso sí fue tapa, y todos nos conmovimos con la triste imagen de la desolación de las casas que quedaban al borde del precipicio.
Sin embargo, no eran las únicas víctimas de Harry. La noticia recorrió las redes: mil muertos en el mediterráneo. Poco y nada decían los diarios, mucho menos la televisión. ¿Cómo creerlo? Finalmente encuentro en Vatican News la confirmación. Dice el artículo:
Mil personas podrían haberse perdido en el mar durante el ciclón Harry. Esta es la alarma lanzada por Mediterranea Saving Humans, que describe la mayor tragedia de los últimos años en las rutas del Mediterráneo central. «Los datos que hemos decidido publicar», explica Luca Casarini, fundador de la ONG y coordinador de misiones humanitarias, «son el resultado de los testimonios recopilados por Refugiados en Libia y Túnez, una red que mantiene contacto con numerosos refugiados y sus familias».
Entre el 14 y el 21 de enero, precisamente cuando azotaba la tormenta Hanrry, las autoridades marítimas europeas estimaron que unas 380 personas estaban desaparecidas en el mar. Sin embargo, al contrastar los testimonios de primera mano de quienes presenciaron las salidas con los de las familias de los migrantes, la ONG Mediterranea informa de un balance mucho más dramático. «Desde el 15 de enero», informa Mediterranea, «la presión de las autoridades tunecinas, con redadas y la destrucción de campamentos informales en los alrededores de Sfax, sumada a una relajación de los controles en las playas, ha fomentado numerosas salidas». Según los testimonios de familiares y de quienes se quedaron en tierra por falta de fondos, convoyes enteros nunca regresaron. Finalmente, el ministro de exteriores de Italia, Antonio Tajani, reaccionó y dijo: «Los traficantes de personas son criminales asesinos. No se envía un barco a un mar tempestuoso sabiendo que los está enviando a una muerte segura».
Caramba, como si fuera una novedad, como si Italia no hubiese cerrado sus puertos a los migrantes desesperados y perseguido a las asociaciones humanitarias que iban en su rescate. Como si Italia no hubiese firmado un tratado con Túnez para blindar sus fronteras a quien buscara un futuro en Europa arriesgando si fuera necesario la vida. Luca Casarini, el responsable de la ONG que dio el alerta respondió:
«El problema es que se sabe poco o nada sobre lo que está sucediendo en medio del Mediterráneo. «Estamos presenciando una masacre continua que dura más de diez años. Esto significa que esta situación se está abordando solo como una emergencia, mientras que para evitar más muertes, se deben implementar medidas de socorro sistemáticamente».
¿De qué seguridad hablan cuando hablan de seguridad? De la seguridad del propio jardín, como en el Jardín de los Finzi Contini.
Invierno difícil el italiano, pero, cada tanto sale el sol. Esta vez, alumbraron la historia nuevamente los trabajadores del puerto.
El 6 de febrero, hace un par de días, se realizó una huelga internacional histórica en 25 puertos del Mediterráneo bajo la consigna “No trabajamos para la guerra”. Barcos dirigidos a Israel fueron bloqueados en puertos de Italia, Grecia, Euskal Herria, Turquía y Marruecos. El efecto fue especialmente notorio en Italia, donde puertos clave como Génova, Livorno y Rávena donde varios buques de la naviera ZIM no pudieron amarrar. La ZIM Virginia, un barquito cargado de armas permaneció fondeada frente a Livorno; la ZIM New Zealand y la ZIM Australia no pudieron atracar en Génova y Rávena, respectivamente. Otro buque, el MSC Eagle III con destino a la Palestina ocupada por el Estado de Israel, tuvo que desviar su ruta. Portuarios genoveses afirmaron humildemente: “Hay momentos en la historia en los que la clase obrera, en este caso los trabajadores portuarios, debe entrar en el campo de juego y debe reequilibrar un poco las cosas. Estamos intentándolo”.
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Planeta Giussani/¿Qué hacer para salir de éste infierno? Italia debate
Esta semana se reunieron en Boloña más de 2000 personas -referentes sociales, gremiales, de ongs- y otras 3.000 que estuvieron presentes por streaming. La Asamblea setuvo convocada por una red llamada Convergenza Sociale ‘No Kings – Contro i Re e le loro Guerre’ (Contra el Rey y sus Guerras), y superó ampliamente las expectativas logrando reunir militantes de distintas tendencias bajo un objetivo común. Fueron dos días de debate intenso, con 160 intervenciones.
En un comunicado de prensa final dicen: “Hoy abrimos juntos un espacio político nuevo que rompe con un mundo viejo que desde Minneapolis a Iran, con tal de conservar el poder, asesina y reprime. Lo hemos logrado de manera transversal, con pluralidad, desde los espacios sociales perseguidos por el gobierno de Meloni a las asociaciones católicas, desde los sindicatos a las ongs, incluso a los partidos políticos. No retrocederemos y en las próximas semanas iremos por Italia y Europa con un calendario de acciones nacional e internacional, Roma, Nápoles, Turín, pero también Berlín, Zagabria y Bruselas, por un paro general europeo”.
El desafío es lograr un espectro amplio con objetivos claros. “Tenemos por delante una discusión profunda”, comienza diciendo Christopher Ceresi dirigente de las comunas sociales de Boloña. “Para simplificarla hemos encontrado tres terrenos de convergencia”, explica.
El primero, pelear contra el decreto de seguridad de Meloni y compañía. Firmado el año pasado, la medida incorpora la lucha contra el ‘terrorismo’ y abre las puertas a la represión aumentando penas a quienes ocupen viviendas o corten calles. “Asistimos a la naturalización de prácticas autoritarias”, Laura Renzi di Amnesty international.
El segundo punto en común es el total rechazo a la guerra y al rearme. Alguien agrega: “Estamos frente al surgimiento de una economía del genocidio. El capitalismo superó los límites de la democracia, por eso la ley del más fuerte se impone al derecho internacional”.
Il tercero habla del derecho a un ingreso digno y una vivienda. Días atrás fueron violentamente desalojados espacios ocupados hace años que tenían un rol social fundamental en la comunidad.
La primera acción en común será el próximo 28 marzo en Roma en coincidencia con la marcha de los movimientos sociales de Londres contra la derecha, cuyo lema Together’. La fecha fue decidida en la Asamblea Nacional de Bologna del 24 y 25 de enero, denominada “Rey o Libertad”. El 1 de marzo habrá un encuentro similar para combinar los detalles de la convocatoria. Se está llamando a participar a artistas y personalidades de la cultura para un concierto de cierre de la movida.

Frente a un panorama que nos conduce a un fin inexorable, el mundo se pregunta qué hacer.
Imposible que no venga a la memoria aquel escrito de Lenín de 1901 titulado, justamente:
¿Qué hacer? Preguntas candentes de nuestro movimiento. Por entonces, la respuesta fue: Los marxistas deben formar un partido político de vanguardia para poder difundir los ideales políticos del marxismo. Para Lenín, la base de la estrategia revolucionaria marxista no puede ser otra que el estudio teórico.
El tema es qué hacer cuando todas las teorías- sobre todo las que imaginaban una vanguardia iluminada que nos llevó a más de una catástrofe- terminaron en el tacho de la basura.
Recurramos a un teórico contemporáneo, nuestro italianísimo Bifo Berardi, uno de los representante del laboratorio filosófico en el que se convirtió Italia en los últimos años:
Dice Berardi: En 1957 el psicólogo Leo Festinger habló de disonancia cognitiva para definir la dolorosa y frustrante contradicción entre la realidad y las categorías de que disponemos para interpretarla y guiar nuestra acción. La disonancia cognitiva es el modo de definir la condición de quienes hoy siguen creyendo que todavía existen las normas éticas y jurídicas, que definían la democracia y el derecho internacional. Es cierto que todavía están escritas en algún papel, pero se trata solo de ilusiones que nos impiden tomar conciencia de lo que nos está sucediendo. En Estados Unidos, el racismo sistémico se ha convertido en una guerra de agresión contra la sociedad. Los Black Panthers vuelven a tomar las armas y mientras tanto se perfila una situación en la que las autoridades locales se oponen mediante la fuerza al uso de la fuerza por parte de las brigadas de la ICE. En Minnesota, el procesamiento del gobernador Tim Walz marca el inicio de un enfrentamiento entre poderes, que técnicamente puede definirse como guerra civil. Una cosa que debemos recordar es que el fascismo no se agota sin guerra: el fascismo de hecho provoca crisis, colapsos, precipicios de violencia y miseria, pero todos estos procesos lo alimentan. Solo la guerra y la destrucción pueden agotar sus energías, como ocurrió en el siglo pasado…
La ofensiva que el gobierno estadounidense ha lanzado contra Groenlandia tiene un carácter definitivo. La OTAN es un perro muerto, pero es un perro superarmado. Europa será probablemente (como lo fue en el pasado) el campo decisivo de la contienda. Pero si entonces las potencias europeas en conflicto eran los principales actores, hoy la Unión se verá arrastrada a una guerra que no ha previsto, que no ha elegido y que no puede ganar. La guerra que se prepara en Europa difícilmente será una guerra convencional.
Toda persona dotada de pensamiento y sentimiento se pregunta hoy: ¿qué podemos hacer para salir de este infierno? Muchos responderían: no nos queda más remedio que retomar el camino de la revolución. Pero luego se preguntarán: ¿cómo podemos hacer lo que tenemos que hacer? La respuesta no puede ser la que habríamos dado hace cincuenta o cien años. En el siglo pasado, la revolución fue en algunos casos el antídoto eficaz contra la guerra. En otros casos (más frecuentes) fue la consecuencia de la guerra. Pero, ¿existe todavía la posibilidad de pensar y hacer la revolución?
Ambiente
Acuerdo Mercosur-UE: la hipocresía ambiental europea, por Laura Giussani Constenla
El recién firmado acuerdo entre los países del Mercosur y la Unión Europea echa luz sobre la desigualdad en políticas ambientales. Mientras en Europa los productores rurales ocupan las calles con sus tractores en protesta contra el ingreso de productos agroalimentarios sin impuestos desde Latinoamérica en Argentina se festeja por un mercado que se amplía para la explotación de materia prima. Razones no les faltan a los franceses, españoles, belgas, alemanes y demás trabajadores de la tierra de occidente para estar preocupados. El descontrol de uso de agroquímicos, más allá de la incorporación de nuevas disposiciones, los pone en una situación desventajosa ¿Por qué la Unión Europea lo firmó? Porque, a cambio, ellos exportaran, sin tener que pagar altas tasas, toda la infraestructura agroindustrial, tractores, automóviles, etc. ¿Por qué lo firmó el Mercosur? Porque apoya un modelo extractivista de intercambio de materias primas por productos manufacturados.
En esta columna, reflexionamos sobre el tema ambiental. Mientras en Europa son extremadamente cuidadosos en separar la basura en distintos tachos para su reciclaje, nada hacen para disminuir el consumo de cosas innecesaria que repletan los prolijos tachos de plásticos y metales.
Es verdad que Italia pone límites más adecuados al uso de pesticidas pero no prohibe que sus ciudadanos lo hagan en otros países. No sólo exportan maquinaria, también exportan ‘inversores’ que serán los que más ganen con la producción agrícola violando alegremente las leyes de sus países de origen que le compraran toneladas de madera y granos si pagar impuestos. Un negocio redondo para todos, menos para los trabajadores de ambos lados del océano.
Un ejemplo es el italiano Benetton, quien debe ir a Argentina para hacer lo que en su país está prohibido. La deforestación de la flora autóctona en Chubut para reemplazarla por pinos agroindustriales es una de las mayores tragedias de la Patagonia que en este momento está ardiendo. Lo mismo ocurre con la minería o las llamadas ‘tierras ricas’. La devastación está permitida en Europa pero fuera de sus fronteras.
En torno a estos temas gira el Planeta Giussani de este 19 de enero de 2026.

