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“El presidente de la Sociedad Rural nos quiere invisibilizados”

Deolinda Carrizo, titular de la Dirección de Género e Igualdad del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, charló con Laura Giussani Constenla acerca de los cambios que se vienen en su sector tras la asunción de Sergio Massa como “superministro”, las reivindicaciones que piden los campesinos y la posibilidad de hacer llegar las producciones locales a distintos puntos del país para terminar con el hambre.

LCV: Habrás seguido las noticias. Me decías que recién en lunes o martes tendrás novedades. ¿Tenes idea más o menos por qué lado van a ir las novedades en el Ministerio?

-No. Novedades con cuestiones concretas no podríamos decir nada, pero sí, así como todo el mundo ha ido siguiendo la realidad y todos esos cambios y esos anuncios que se han ido dejando como por goteo, lo que tenemos es un poco ese mismo panorama. El secretario el lunes tiene una reunión y ahí seguramente le han dicho que lunes o martes van a estar anunciando los posibles… no sé qué es lo que van a decir, pero nosotros entendemos que con esta coyuntura y todo esa rejunte de ministerio algunos cambios van a haber.

LCV: Me gustaría oír de tu boca qué es lo que necesita el campo. Hemos escuchado mucho qué es lo que decía la Sociedad Rural. Me gustaría saber qué están necesitando y qué expectativas tienen ustedes para el futuro del trabajo de los campesinos reales de la agricultura familiar.

Hay una demanda histórica que es el freno de los desalojos. El promover la producción local, agroecológica, sustentable. Tanto el freno a los desalojos va acompañado con el freno a los desmontes ilegales y el freno también a las fumigaciones. Demandas históricas y también actuales que atraviesan no sólo las comunidades campesinas, indígenas y de la pesca artesanal, sino también a la sociedad. Una instancia real y popular donde también se definan la política agraria de nuestro país. Hoy, en la situación que estamos, en estos días lo que ha acontecido es también producto de las decisiones que han tomado las transnacionales con nuestra economía. El alza del dólar, que si la baja del dólar, pero mientras tanto el paquete de fideos o el litro de aceite, o la yerba, el azúcar, de un rato para el otro aumenta, y las familias que no son solo los que viven en las comunidades de su producción, de su alimento, sino de los barrios populares, están atravesados por eso, impactan negativamente. Nosotros cuando propusimos y planteamos y seguimos en la exigencia de la reglamentación de la Ley 27.118, ahí contiene un montón de las demandas del campesinado, de los campesinados y de los productores agroecológicos, y creemos que es necesario que ellas se reglamenten con presupuesto.

LCV: ¿Hay forma de que lleguen a los distintos puntos de los distintos pueblos y de las ciudades con los productos de la agricultura familiar y de las cooperativas para luchar contra la inflación?

-Sí, yo creo que esto sí se puede. Es también un proceso, un proceso que está muy lento. Hay experiencias que son positivas, que son muy impulsadas desde el pulmón por los mismos productores consumidores, tanto a niveles provinciales, muy poco a nivel regionales. Y bueno, con las características de nacional yo creo que lo que sería mejor es eso. Con las regionales, hay una logística que hoy sigue estando en manos de privados, generando esa gran capacidad de distribución tiene que entregarse o generar algún tipo de acuerdo, lo que sea más operativo para que desde las cooperativas, desde las organizaciones, desde las producciones, porque también hay productores, productoras no organizadas pero que producen. Generar un mercado regional, un mercado provincial que tenga esas atribuciones del traslado. Creo que es una decisión que si se da se puede encaminar.

Aquí en Santiago tenemos una gran cantidad de carne, por ejemplo, tanto de cabrito como de lechones, distintos tipos de carne por la característica de nuestra región de semi árido, y si se destinarán obviamente, y eso ya estamos hablando de otra cosa, otra pata importante para generar o reafirmar la soberanía alimentaria, que es la redistribución de la tierra. La concentración ha venido siendo en estos últimos años algo que ha perjudicado enormemente el acceso a alimentos sanos, variados, aptos para las poblaciones. Sin embargo, se van concentrando para esa lógica de la agroexportación que hay que también mirar. Se ha mirado y hemos visto los efectos que está teniendo. Entonces tiene que ir como medio a la par ese fortalecimiento de lo local. Por otro lado, hay, y sobre todo lo que tienen más en La Plata, en Buenos Aires, en Rosario, bastante movimiento, estos intercambios en el marco de comercio justo, en el marco de la producción agroecológica, pero son como un determinado núcleo que pueden acceder y cercanía. No es completo.

LCV: Queríamos, en principio, homenajear a la gente del campo en una semana en que han sido bastante vapuleados por el secretario, por el director de la Sociedad Rural.

-Sí, seguramente. Nosotros hacerle caso a este, obviamente que no lo hacemos. Eso es también de alguna manera desconocer esa realidad y al sujeto y seguir subestimando, querer que sigamos invisibilizados, ya no lo van a poder hacer. Salimos a decir, salimos a mostrar lo que estamos haciendo y también seguimos denunciando el atropello de parte de sus lógicas y de sus miembros en muchos casos, de lo que está pasando. Comunidades indígenas, comunidades campesinas que los atropellan para seguir sacándoles los territorios que han sido territorio que se han mantenido desde entonces.

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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