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Uruguay: “Algo se está gestando”, por Camila López Echagüe, docente del Consejo de Formación en Educación de Montevideo

La docencia, al menos del modo en que está estructurada en el sistema educativo uruguayo, es una actividad muy solitaria y poco propicia para el trabajo colectivo. Los y las docentes no tomamos cargos, tomamos horas de clase; y en general lo hacemos en horarios salpicados, en distintos centros educativos y distintos niveles. Nos pasamos la semana entrando y saliendo de clase, fomentando debates, planificando actividades de problematización y discusión grupal puertas adentro, pero tenemos pocos espacios para el encuentro y la colectivización de este trabajo. Por eso, la seguidilla de ocupaciones y manifestaciones que se están dando desde la semana pasada, de la mano de colectivos estudiantiles y docentes de distintos sistemas, nos moviliza e impacta profundamente. De fondo, lo que existe es un debate público que es a la vez epistémico, pedagógico y político: epistémico, porque se trata de determinar qué saberes consideramos pertinentes y relevantes; pedagógico, porque nos empuja a discutir sobre aspectos centrales de la educación: qué queremos enseñar, para qué, de qué modo; político, porque está en juego la determinación de qué actores son relevantes o no en esta construcción, quiénes y cómo deben tomarse las decisiones, cuál debe ser el presupuesto destinado a la educación, y en definitiva cuál es nuestro futuro laboral.

Este lunes, por primera vez en la historia, se ocupó el Instituto de Profesores Artigas (IPA) -el instituto de formación docente más grande del país- por parte del sindicato docente. La semana pasada se había ocupado, desocupado y vuelto a ocupar por parte del centro de estudiantes; esta semana, se sumó a las medidas el colectivo docente para acompañar las reivindicaciones estudiantiles que son también nuestras. Simultáneamente, se están desarrollando paros y ocupaciones en muchos institutos del país. La ocupación del IPA fue un hecho inédito e histórico que marca un hito y la explicitación de un conflicto que era hasta ahora un malestar latente. El instituto fue ocupado a las nueve de la mañana; durante todo el día, se programaron talleres sobre diversos temas por parte de distintas organizaciones gremiales. El ánimo general era de emoción; existía una cierta sensación de estar gestando algo. Hacia las once de la mañana llegó la intimación del ministerio de trabajo para desocupar el centro de forma inmediata, de lo contrario se haría presente de forma “inminente” la fuerza pública. Se resolvió mantener la ocupación hasta que llegara la fuerza policial, hacer una breve conferencia de prensa y desocupar pacíficamente. La “inminencia” duró cuatro horas; cuatro horas en las que continuaron las actividades previstas, mientras se esperaba la llegada de la policía. Finalmente, hacia las tres de la tarde se dio el despliegue policial: corte de la avenida y policías formados en fila, con sus escudos y parafernalias, frente al IPA. Tiempo después, y al grito de “se escucha, se escucha, arriba los que luchan”, unos cincuenta docentes terminaban la ocupación alineados en la puerta, de cara a la policía que observaba desde la otra vereda. Lejos de finalizar el conflicto, se entendió que la ocupación del IPA supuso un paso más en una situación de movilización y resistencia que continúa; sin ir más lejos, hay convocada una marcha para hoy a las cinco de la tarde por parte de todos los sindicatos de la educación (gremios de estudiantes de secundaria, educación terciaria y universidad; gremios docentes de educación primaria, secundaria, terciaria y Universidad; gremios de funcionarios de distintas ramas de la educación; sindicato de docentes de enseñanza privada).

Para entender un poco más, ¿por qué hay conflicto? Hay un conjunto de críticas que los colectivos estudiantiles y docentes vienen realizando, que pueden sintetizarse en tres tensiones:

Reforma educativa

Los reclamos que desataron las ocupaciones se vinculan a una propuesta de reforma educativa que el gobierno está planificando tanto a nivel de enseñanza primaria y secundaria como de formación docente. Esta reforma está siendo llevada adelante con muy poca transparencia y prácticamente nula participación de docentes y estudiantes.

Uruguay | Miles de estudiantes y docentes marcharon por más presupuesto y  hoy paran los gremios de salud - NODAL

En el caso del “marco curricular nacional” que se está elaborando como programa nacional para enseñanza primaria y secundaria, aún es bastante opaco en qué consiste la reforma, sin embargo a través de rumores y trascendidos se ha hablado de proponer un currículum basado en un núcleo de asignaturas obligatorias y un cinturón de materias que pasarían a ser optativas, con lo cual peligra la continuidad de asignaturas no consideradas esenciales. El espíritu de esta reforma es beneficiar un abordaje por “competencias”, lo cual ha dado lugar a un intenso debate dentro del cuerpo docente. Suele presentarse este abordaje como favorecedor de asignaturas que hacen énfasis en desarrollar la creatividad, pensamiento crítico, etc., pero no es claro que se contemplen los “contenidos” necesarios para esas competencias. Esto ha sido denunciado como un “vaciamiento” del curriculum, que parece más preocupado por desarrollar habilidades apropiadas para formar para el mercado del trabajo que por el abordaje de contenidos disciplinares y saberes fundamentales. Prácticamente no se han brindado espacios de participación o discusión de este plan; los documentos “bajan” a los docentes pero sus opiniones no han sido atendidas; parece todo “decisión tomada”, lo cual genera una gran frustración. Los docentes temen por su estabilidad laboral y por la calidad de la enseñanza del nuevo plan.

Sobre la reforma de la formación de educadores, en este momento se está construyendo la malla curricular, pero también sin participación de docentes y estudiantes. En diciembre tiene que estar el nuevo plan terminado ya que se ha insistido desde el gobierno en que la reforma sí o sí comenzará el año que viene, y a esta altura del año aún no sabemos qué asignaturas permanecen y cuáles no, ni si son semestrales o anuales. Se sabe que va a haber redistribución y recorte de horas, pero no se sabe aún qué asignaturas se verán afectadas por ello. Pedagógicamente, la propuesta también se fundamenta en un diseño “por competencias” que prioriza asignaturas acordes a las habilidades que se desea promover; diseño que ha sido criticado por entenderse acorde a una lógica de educación adaptada a las necesidades del mercado. Aún más alarmante es lo que se ha descubierto hace pocos días: el documento de propuesta de reforma está plagado de fragmentos extensos plagiados de otros documentos de otros países. El hallazgo del plagio ha sido uno de los últimos bochornos que fortaleció los pedidos de renuncia del director de CFE.

Luchas presupuestales

Otra de las tradicionales reivindicaciones es el reclamo por mayor presupuesto. Tanto docentes como estudiantes piden desde hace tiempo más presupuesto para cargos, becas, y aspectos edilicios (más salones o mejora de las condiciones de los centros, que en algunos casos son muy deficientes).

La Universidad de la República (Udelar) se encuentra en una situación extremadamente delicada en lo que refiere a presupuesto. Pese al rol que tuvo la Universidad en la última pandemia, cuyos desarrollos científico-tecnológicos y compromiso mostró estar a la altura de las necesidades del momento, se mantuvo para la Universidad el mismo presupuesto. Esto en los hechos quiere decir que la Universidad cuenta con menos recursos que antes: en los últimos años se ha ido expandiendo y ha aumentado mucho la matrícula, y no hay recursos para atender a ese aumento de nuevos ingresos. En materia de cargos, los cargos universitarios son los salarios profesionales peor pagos, y la Universidad no cuenta con recursos para compensar estos salarios deprimidos. Hay cursos y cátedras que se mantienen en condiciones sumamente precarias, con cargos de grado bajo que ganan muy poco y terminan quedando a cargo de cursos con gran número de estudiantes.

Además del no aumento de presupuesto, el poder ejecutivo había propuesto quitar un impuesto destinado a la Universidad en el interior, el “adicional del Fondo de Solidaridad”. El fondo de Solidaridad consiste en un pago que hacen todos los egresados de la Udelar, que se destina a becas o bienestar estudiantil; hay un porcentaje “adicional” que desde hace décadas se cobra a los profesionales egresados de carreras superiores a cinco años que está destinado específicamente a la Universidad en el interior. El gobierno había propuesto quitar este adicional. Luego de un extenso debate, y con gremios estudiantiles y docentes manifestándose en las puertas del palacio legislativo, finalmente no se aprobó esta quita. El proyecto pasa ahora a la otra cámara; pero aparentemente la Universidad mantendría aún ese ingreso. Así que por el momento no ocurrió lo que se temía, que habría sido una situación drástica para la sostenibilidad de muchas carreras universitarias, sin embargo los recursos de la Universidad penden de un hilo. La situación en general, y específicamente en el interior, es altamente preocupante y hay cursos cuya continuidad peligra por falta de dinero para cargos.

La “laicidad” como nueva herramienta de censura

Pero más allá de las disputas en torno al presupuesto y a la reforma educativa, hay de fondo un clima de censura y represión que ha generado un permanente estado de malestar, tensión y miedo en los docentes. Quizás lo más simbólico en este sentido es la lucha por los muros de los centros educativos. El gobierno ha adoptado una postura radical de rechazo a las expresiones de estudiantes en los muros de los centros educativos, en nombre del “cuidado de las fachadas” de los edificios públicos. Esto llegó al punto de que un grupo de estudiantes de magisterio fue detenido por hacer pintadas en los muros de su centro educativo dando la bienvenida a la generación 2022. En el caso del IPA, pese a la resistencia del centro de estudiantes pintaron de blanco toda la fachada, en la que se encontraban dos murales con representaciones artísticas, entre ellas una en homenaje a Nibia Sabalsagaray (estudiante desaparecida durante la dictadura). Volver a clase a un edificio totalmente pintado de blanco, cual hospital, fue desgarrador y tuvo un peso simbólico importante. Esto se suma a una multiplicidad de sucesos que dan cuenta de un intento de censurar a todo punto de vista diferente al oficial. En nombre de una “laicidad” entendida como una educación “neutral” y libre de “política”, se censuran eventos, se desvinculan docentes (el último caso fue la desvinculación de una docente que iba a participar en un curso, justamente, sobre laicidad, por un desacuerdo muy menor en torno a su forma de evaluación), y hasta se ha sancionado duramente a docentes por hacer públicas ciertas reivindicaciones sindicales. Esto genera un clima de sospecha constante hacia los docentes que lleva incluso a la autocensura. Además del ya instalado desprestigio de la profesión docente (son vagos, tienen tres meses de vacaciones…) se instala un velo de sospecha (además de vagos, adoctrinan).

 No son éstas, en realidad, las únicas tensiones existentes en un contexto político que se ha mostrado poco afín a la negociación, la participación de colectivos en la toma de decisiones, y el fortalecimiento de fondos destinados a programas sociales y culturales en general. Sin embargo, sirven para entender un poco más el entramado de críticas que hacen que hoy todos los sectores educativos se encuentren en conflicto.

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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*

Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.

En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.

Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.

Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.

Una cláusula indefendible

La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.

Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.

La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)

La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.

La Constitución habla de gratuidad en relación con:

· el acceso a la información pública (art. 13),

· la asistencia sanitaria (art. 19),

· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),

· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),

· la acción de amparo (art. 56),

· el habeas data (art. 63),

· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),

· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),

· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),

· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),

· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),

· el perfeccionamiento docente (art. 267),

· la universidad autónoma (art. 269),

· y la póliza escolar (art. 270).

La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.

Lo que no pueden hacer los legisladores

Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.

Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.

Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.

Ignorancia u oportunismo (o ambas)

Legislar desde dogmas ideológicos es necio.

Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.

Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.

Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.

Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.

*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.

Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.

LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”

Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”

LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”

Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”

LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”

Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”

LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”

Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”

LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”

Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”

LCV: “Eso ya lo vivimos.”

Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”

LCV: “También preocupa el rol de los medios.”

Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”

LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”

Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”

LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”

Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”

LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”

Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”

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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.

LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”

Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”

LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”

Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”

Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”

LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”

Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”

LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”

Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”

LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”

Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”

LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”

Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”

LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”

Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”

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