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Ordenan detención de Deolinda Carrizo, campesina y militante del MOCASE

Tensa situación en Santiago del Estero frente al desalojo de una familia que provocó una orden de detención contra dos funcionarias del Estado, una familia de siete miembros que crían desde hace años vacas, gallinas, chanchos y otros animales, y tres militantes del MOCASE. Por el momento, ante la resistencia de los campesinos, no se produjeron ni el desalojo ni las detenciones. Para hoy están previstas distintas acciones en reclamo de justicia.

El hecho tuvo repercusión nacional e internacional porque una de las perseguidas es Deolinda Carrizo, histórica militante del Mocase. El Movimiento Campesino de Santiago del Estero acaba de cumplir 30 años, casi la edad de Deolinda, primera generación nacida y criada en el marco de una organización que reclama por los derechos de los campesinos en base a criterios de solidaridad y Derechos Humanos. Aquella niña que creció en medio del campo, conociendo sus derechos, trabajando la tierra y participando de asambleas, marchas y resistencia, hoy es, además, funcionaria de la Subsecretaría de Agricultura de la Nación.

Aquí los hechos.

Luego de un proceso judicial plagado de irregularidades, el viernes 26 de agosto se presentó la policía local y un oficial de justicia en el paraje El Urunday, de la localiidad de Roversi, en Santiago del Estero, para desalojar a Carlos Esteban Medina y toda su familia. Allí acudieron distintos funcionarios y militantes del Mocase, entre ellos, Deolinda Carrizo, Directora de Género e Igualdad de la subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina e Indígena de la Nación – e integrante del Consejo Asesor Ad Honorem del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación), y Fabián Orellana, del INAI.

Las funcionarias tomaron conocimiento de la situación: Un juicio iniciado por Guillermo Marcelino Ríos quien, sin poseer ningún título de propiedad sobre el terreno de 212 hectáreas -de acuerdo al expediente dice tener derecho al inmueble por “ser oriundo de Roversi, y que en la adolescencia se mudó a la capital y no volvió a vivir en el lugar, actualmente concurre con frecuencia por tener un cargo docente en el lugar”.  Con ese único antecedente el 12 de febrero de 2019, la escribanía Gómez Terzano, extiende un contrato de Comodato por un año, en el que Ríos aparece como propietario y Medina como inquilino, lo que conlleva a una posibilidad de desalojo en febrero de 2020.

Así inicia un complejo proceso penal en el que alguien que sin tener título de propiedad alguno, a través de engaños, convence a Medina a firmar un papel que le permite comenzar un juicio por desalojo que la familia ignora.

De acuerdo a los dichos de Medina ante Deolinda Carrizo que trabaja en la subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina e Indígena de la Nación, el acusado reconoció haber firmado un papel pero que le dijeron que era para que un empresario vecino con el que tenía un conflicto dejara de molestarlo. Ocurre que Medina apenas sabe leer – tiene solo segundo grado- y casi no ve.

Mocase denuncia que el Juez de Paz nunca estuvo en el lugar ni los notificó de la demanda ni de la sentencia. En el lugar viven Carlos Medina con su compañera Mirta Belizan, y sus hijos Lucas de 22 años, Mauro de 20, Cristian de 17 años, Julián de 13 años y una nieta llamada Bianca de 6 años.

Frente a esta situación de extrema vulneración de derechos de una familia campesina, la organización campesina decidió acompañar a la familia Medina y pelear para evitar el desalojo. En un comunicado difundido el 3 de septiembre afirman:

“Del expediente civil relatado y resumido surge a prima facie que: – El Sr. Ríos nunca acredito ser titular o poseedor del inmueble que reclama. – Nunca se realizó una constatación o inspección judicial en el inmueble para constatar quienes viven y la situación de la familia Medina. – Nunca se ordenó un informe social-productivo (siendo que el poder judicial cuenta con un cuerpo de trabajadores sociales, por ejemplo) que pueda reflejar como vive la familia Medina, si efectivamente tomo conocimiento de lo que se estaba desarrollando en Tribunales. Sobre todo para verificar si viven o no niñes o adultos mayores u otro grupo que requiera la intervención del Ministerio Publico Tutelar u otro organismo especifico. El día de la ejecución de la sentencia (26 de agosto último pasado) el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, se presentó ante el pedido de auxilio de la familia Medina, quienes estaban siendo desalojados y dejados a la vera del camino/ruta, sin ningún tipo de recaudo por parte del poder judicial u otro organismo estatal.

Frente a esta situación de extrema vulneración de derechos de una familia campesina, y con el acompañamiento del MOCASE, no se abandonó el territorio. Y en consecuencia, inició sus actuaciones (sin demora alguna) el fuero penal, abriendo una causa por el delito de “usurpación” en contra de Mirta Belizan, Carlos Medina y varios-as integrantes del MOCASE. El día 2 de septiembre, día feriado e inhábil en la justicia provincial, se presentó nuevamente un operativo policial, esta vez con orden de la Jueza de Control y Garantías Ana Cecilia Vittar, a pedido de la Fiscal Lujan Gonzalez Garay (expte Actuaciones promovidas por el Ministerio Publico Fiscal, Dra Maria Lujan Gonzalez Garay, Fiscal de la Unidad de la Circunscripción Capital, Legajo Fiscal S/N – Autos: Medina, Carlos Esteban p.s.d. Usurpación art. 181 inc. 1 e.p. Ríos Marcelino Guillermo), en la que intimaba al desalojo del inmueble en un plazo de dos horas; y de no hacerlo ordenaba el allanamiento y detención de Mirta Belizan, Carlos Medina, Noemi Medina, Cristian y Lucas Medina y los siguientes compañeros-as del MOCASE: Deolinda Carrizo (quien además es Directora de Género e Igualdad de la subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina e Indígena de la Nación – e integrante del Consejo Asesor Ad Honorem del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación), Fabián Orellana (representante del Consejo de Participación Indígena – Instituto Nacional de Asuntos Indígenas), Marysol Aguirre y Rodolfo Joaquín Basualdo.”

Y finaliza diciendo: “Exigimos como medidas inmediatas además del cese de las órdenes de lanzamiento y detención: que los jueces dejen de emitir sentencias de desalojo sin conocer el lugar a las familias cuyos derechos están en juego, sin realizar un abordaje interdisciplinario adecuado que incorpore la perspectiva de derechos humanos y estándares internacionales en la materia, como así también exigimos que se termine con la criminalización de quienes defienden la tierra para vivir y producir para el pueblo.”

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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