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Mario Romero: “Me sorprende que el ministro de Economía ignore al INTA, porque le puede generar divisas al país”

Mario Romero, secretario general del sindicato de trabajadores del INTA (APINTA), pasó por La Columna Vertebral para charlar sobre la jornada nacional de protesta que realizaron la semana pasada bajo la consigna “Nada que festejar”, y el panorama del sector de cara al fin del 2022.

LCV: Contanos un poco cuáles son las medidas de protesta que están llevando a cabo y cómo esta se va a federalizar.

-Ya venimos con un plan de lucha que iniciamos allá por el mes de septiembre. Hicimos movilizaciones en el Ministerio Economía frente al INTA, después hicimos dos paros de 24 horas, hicimos un paro de 48 horas y el viernes hicimos una jornada nacional de protesta, “Nada que festejar”, se llamaba. Hoy es el día de creación del INTA. El 4 de diciembre de 1956 fue creado el INTA. Entonces el viernes, en las vísperas del Día del INTA, dijimos que no había nada que festejar, porque el INTA hoy cuenta con un presupuesto acorde para funcionar, pero que tiene trabajadores pobres. No es viable un instituto de investigación con el nivel y el prestigio que tiene el organismo, si tiene sus trabajadores que no llegan a fin de mes, que están pensando en terminar su horario laboral e ir a hacer una changa para para poder llevarle lo necesario a su familia todos los días.

LCV: El trabajo de ustedes, además, de alguna manera, busca mitigar la pobreza y demás, y sobre todo el tema de poder apuntar a las economías regionales para que no haya tanto éxodo a hacer trabajos de changa en las en las grandes ciudades, sino que se puedan establecer en sus ciudades, en sus molares

-Un poco es eso. El INTA trabaja para todos, para los grandes, para los medianos, los pequeños productores, la agricultura familiar. Pero un rol importante es este de que el pequeño productor, la agricultura familiar, se queden en sus chacras, en sus lugares y no tengan que migrar a las grandes ciudades, a algún lugar, algún barrio de emergencia, porque no tienen como desarrollarse en la ciudad. 

LCV: Esa industria hace muchísimo dinero en base a trabajos de científicos pauperizados. Entonces el científico pauperizado se parece más al de la agricultura familiar.

-Sí. Nosotros decimos que la agricultura familiar es la que nos lleva los alimentos frescos todos los días a la mesa de los argentinos. En la pandemia, por ejemplo, el INTA estuvo al lado de la pequeña agricultura familiar. Los pequeños productores no tenían cómo llevar a los mercados de cercanía sus productos, y el INTA estuvo con su camioneta, con su personal, arrimando esos productos a los a los mercados. Eso benefició tanto a los pequeños productores como a toda la sociedad, pero también el INTA en esa pandemia estuvo investigando la vacuna del Covid, estuvo haciendo tests para determinación del Covid y aportamos a la mayor productividad de grano, carne, leche que también se exporta y que genera divisas para el país.

Trabajadores del INTA cortarán rutas de manera sorpresiva en todo el país |  Agrofy News

LCV: No pagarles lo que les corresponde sigue siendo una falta de respeto.

-Sí, la verdad es que nosotros tenemos una larga historia de lucha con el neoliberalismo, con la dictadura porque se nos planteaba el achique del INTA, el enfoque del INTA hacia las grandes producciones y no trabajar para todos, los despidos y la racionalización de Menem, el macrismo desfinanciando el INTA, cerrando institutos de la pequeña agricultura familiar. Si bien nosotros en el INTA no tuvimos despidos, sí tuvo despidos de la agricultura familiar el Ministerio de Agricultura. Nosotros peleamos porque el Ministerio de Modernización de Macri tenía 1100 compañeros del INTA marcado para echarlos y nosotros logramos con una lucha en la calle, con otros gremios y demás, frenar ese avance del neoliberalismo. La esperanza era que este en un gobierno con otra mirada e íbamos a poder desarrollar todo lo que necesitábamos. Es más, desde el gremio elaboramos un documento que le presentamos a las actuales autoridades nacionales, donde desde el punto de vista de los trabajadores mostrábamos el INTA que queríamos los trabajadores y donde queríamos que se fortalezca el trabajo del INTA, donde necesitábamos fondos para inversiones, nuevos profesionales en el INTA. El INTA está haciendo una convocatoria, hoy en la calle hay una convocatoria de 180 nuevos becarios para el INTA. En la provincia de Buenos Aires están ofreciendo $120.000 de beca, no alcanza ni a la canasta básica total. No se han presentado más de 70 personas sobre las 180 ofertas que hay.

LCV: ¿Qué es exactamente lo que vos crees que pasa?

-En el 76, a los pocos días de caer el gobierno, ingresan en INTA Castelar los tanques comandados por Zorreguieta, el papá de la reina Máxima. Fueron por las líneas de trabajo de la sociología rural, la extensión, que estaba destinado a quienes menos tenían, a quienes necesitaba recibir esos avances tecnológicos que generaba el INTA y lo cortaron. En el 90, Menem nos pasó por arriba, nos sacó el 30% de la gente, nos desfinanció. Y bueno, el macrismo ya sabemos lo que pasó. Uno que viene de origen peronista tenía la idea que con un gobierno de este signo…


“Realizamos una propuesta de aumento salarial y no hemos recibido ni una contrapropuesta”

SOBRE LA FALTA DE RESPUESTAS DE PARTE DEL GOBIERNO

LCV: Pero el gobierno de este signo… Sacamos el paréntesis macrista del que uno no esperó nada porque era una política neoliberal. Pero después no hubo grandes inversiones en los últimos 15 años.

– 2003, el INTA estaba casi destruido. 2005, empezamos a discutir nuestro convenio colectivo de trabajo. En febrero de 2006, Néstor Kirchner firmó el decreto 127 que nos dio nuestro convenio colectivo de trabajo. Aumentamos los sueldos al 100%. Nuestro sueldo antes de Néstor Kirchner, el 40% era en blanco y el 60 en negro. Pasamos a cobrar el 100% de los sueldos en blanco. Tuvimos un avance y una mejora de ingresos.

LCV: Mirar el INTA y cualquier organismo similar, es mirar con estrategia de país, no es mirar la coyuntura. ¿En qué momento se volvieron a atrasar tanto de vuelta y por qué, como vos decís, en un gobierno que tiene el mismo signo que uno abraza cuando vota, después no vemos los resultados?

Primero, yo creo que estamos en una etapa de ajuste por las políticas implementadas por el Fondo, pero también me sorprende que el ministro de Economía no preste atención a esto porque es un organismo que puede ayudar a generar divisas y a mejorar los ingresos de divisas que tanto necesita el país. Eso tiene que venir de la mano de mantener los equipos de trabajo que tiene el INTA. Hoy se está yendo gente del INTA, se va la gente del INTA, la más formada, y esto desmantela los equipos de trabajo. Una vez que desactivemos los equipos de trabajos se cae la línea de investigación.

LCV: Me parece sumamente importante que se pueda reclamar y me parece importante que esto no quede sometido a la interna política.

-Nosotros en este aspecto hay una sola cosa que necesitamos, recomponer el salario de los trabajadores. Si nos dan las soluciones a los sectores que nosotros necesitamos darle soluciones, no nos importan los nombres.

LCV: Lo único que les importa es que sean democráticos.

-Por supuesto. No se me ocurre en la cabeza que podamos volver a tener gobiernos antidemocráticos. Yo sigo luchando y sigo pensando que la democracia vino, se va a quedar para siempre en nuestro país y no hay cabida para otro sistema que no sea el democrático. Así que por ese lado estamos claros y lo que decimos es que las autoridades del INTA, la autoridad del Ministerio de Economía, necesitamos una mesa de diálogo con respuestas, con contrapropuestas. Nosotros hicimos una propuesta de aumento salarial, no hemos recibido ni una contrapropuesta a esto. Necesitamos diálogo, necesitamos establecer un canal de solución de este conflicto y que los trabajadores y las trabajadoras del INTA lo que queremos es estar en nuestro laboratorio, en nuestras chacras, trabajando, investigando y dando soluciones a lo que necesita el país. 

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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