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Juan Carlos Schmid: “Hace falta una política estratégica con respecto a la cuestión marítima”

Juan Carlos Schmid, secretario general de Dragado y Balizamiento y la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval, pasó por La Columna Vertebral para charlar sobre los desafíos de la clase trabajadora, la necesidad de una política estratégica y la esperanza en la política como herramienta de cambio.

LCV: ¿Está relacionado este tema de la pobreza, la no inclusión, Estados ausentes, falta de trabajo, con el crecimiento narco?

-Obviamente que está vinculado con eso, pero no es el único factor. También la ausencia del Estado se puede ver también por la nula voluntad de controlar el mundo de la finanza, la triangulación de las ganancias, los circuitos financieros, los paraísos fiscales. Es decir, hay un abanico, la falta de controles y también la entronización del dinero. Seguramente vos debés haber visto alguna una serie o alguna película donde no saben qué hacer con el dinero. Esto es lo que finalmente termina poniendo el acento más fuerte en un negocio que, además de producir dinero, produce muerte.

LCV: ¿Cómo vive Rosario el problema?

-Es curioso cómo la historia se va repitiendo. Cuando se la denominó la Chicago Argentina, en otro contexto, en otro mundo de las comunicaciones y otra historia, Rosario tenía también sus niveles de páginas oscuras muy, muy marcadas, cosa que conocen muy pocos rosarinos. Esto era un enclave muy fuerte de la trata de blancas, que estaba dominado por la mafia hebrea. Había una enorme organización que tenía sus puntos de negocio con Europa del Este y estaba asociado justamente con el desarrollo portuario, porque en aquel momento, este era uno de los puertos de embarque de la parte más importante del comercio mundial. Y había una zona, para aquellos que son de Rosario, que hoy es una zona de restaurantes y todo lo demás, pero era una zona donde era muy frecuente, era destacable encontrar los prostíbulos y los elementos más modernos que únicamente se conseguían o se podían ubicar en París o en Europa. Era apasionante ese tramo de la historia de rosarina.

LCV: Acá en Uruguay el riesgo país es bajo pero con un narcotráfico que está entrando, pisando fuertísimo. ¿Cuál es el riesgo país para vos?

-Yo creo que es un trabalenguas el tema del riesgo país. Me parece que es un término que se utiliza más en el universo financiero, con el tema económico, pero siempre fue bastante contradictorio. Colombia tenía un altísimo riesgo, México en el secuestro del ejecutivo por la violencia de distintas formas y a veces los niveles de riesgo país son menores que otros lugares, y eso no deja de que las inversiones o los negocios se sigan realizando. No sé cómo se medirá el riesgo de un país donde hay tráfico de diamante, por ejemplo.

LCV: A mí me da la sensación de que se considera que un país no tiene riesgo, cuando entran las inversiones sin ningún tipo de control.

-Por eso digo, el riesgo país se da para los dólares o para alguna cosa y no para la humana.

LCV: ¿Qué hacemos con esa enorme cantidad de barcos que están acá parados sin poder trabajar y esa mano de obra que ya no existe?

-La pesca también es una enorme cuestión pendiente de la Argentina. Siempre ha prevalecido la política de más baja intensidad, decir que le den un canon a la Argentina o alguna cosa, y no ha habido nunca una mirada a un punto de desarrollo. Es decir, mirarlo como un todo. ¿Qué digo cuando manifiesto esto? Mirarlo como un todo porque, primero, preservar el recurso, que al fin y al cabo es el centro del negocio. Segundo, el recurso transformarlo no solamente en materia prima exportable, sino en elaboración con incorporación de valor a delegado y una política de inserción del producto en el comercio internacional, que sea más conveniente para la Argentina. Nada de eso se hace. Por lo tanto, siempre aparecen los problemas tributarios. Me da la impresión de que en este último tiempo ha habido una mejora en el tema del reemplazo de las embarcaciones. Las embarcaciones que pescaban en el mar argentino tienen una antigüedad muy alta. Sigue siendo una actividad de la Marina Mercante que tiene alto grado de accidentes. Ustedes saben muy bien que hasta no hace mucho tiempo ha habido una gran cantidad de náufragios. De modo tal que hay más una falta de una mirada estratégica y de una mirada de desarrollo de la actividad que ciertamente le puede dar mucho más ingreso a la Argentina porque siempre ha estado entre los primeros cinco lugares del producto bruto interno en cuanto a esto.

LCV: ¿Por qué no hay una política estratégica? ¿Cuáles son los intereses? ¿Cuáles son los callos que se pisan si realmente se pudiera poner la cuestión marítima, la pesca, la explotación, la investigación y todo lo demás que tiene que ver con puertos, mares y ríos, como un elemento estratégico de consideración? Más aún en el marco de la contaminación ambiental y todo esto.

-Tengo la impresión de que hay mucha ignorancia respecto a esto. Argentina carece de esa interpretación de su ubicación geoeconómica hace mucho tiempo. Me da la impresión de que responde a nuestra propia riqueza, la riqueza que está en el ápito territorial, digamos, en el territorio concreto, que es la parte continental. Yo siempre suelo decir lo que me comentaba un viejo portuario que decía:”¿Sabe por qué nosotros no somos un país marítimo, o la gente no conoce mucho de esto? Porque el paisano miraba para adentro, para él el océano era la pampa.” Y algo de cierto en eso hay, porque culturalmente hay muy poca formación de la ubicación que tenemos en el mundo.

LCV: Me gustaría saber cuáles son los desafíos que se ven a nivel mundial para la clase trabajadora. ¿Cuáles son las cosas que hay que ir solucionando rápidamente?

-Los desafíos son múltiples, pero se pueden ir delineando algunos ejes. Uno de los problemas que están hoy en la consideración mundial, y que siempre ha sido de interés para la clase trabajadora, porque al fin y al cabo la que muere en las guerras es la clase trabajadora. Siempre cuando han habido conflictos, tanto mundiales como regionales y todo, los que van al frente son los hijos de los trabajadores, son los que mueren. El tema de la guerra es un tema que está dominado hoy por el conflicto entre Ucrania y Rusia, pero no es el único. Por ejemplo, el mundo gasta un 15%, casi alrededor de eso, 12 o 15% del producto bruto mundial, en solucionar, en ayuda humanitaria, en pérdidas humanas, en pérdidas económicas, en armas, en los 150 conflictos que hay hoy en el mundo. No en Ucrania y Rusia nada más. Hay 150, algunos ya en marcha, otros latentes en distintas partes del mundo.

Este es un problema que el sindicalismo internacional sigue muy de cerca porque obviamente cuando ocurre eso no hay democracia, no hay sindicato, no hay actividad, no hay nada. Hay muerte, nada más. Otro de los grandes es el cambio climático, obviamente. El cambio climático está golpeando fuertemente. Nosotros tenemos una enorme sequía, como ha habido en otras partes del mundo. Y en otras partes del mundo hay inundaciones. Esto va a provocar desplazamientos en los próximos 30 años de millones y millones de personas. Ya hay un término que se está utilizando, el refugiado climático. Y el tema también de la mujer, la cuestión de género, la violencia que hay en todos los trabajos, aún en lo que se supone que el mundo desarrollado debería tener y lo tiene, a veces en números que serían sorprendentes. Y obviamente el tema de la desigualdad, como dije al principio de la nota, es un tema que va provocando la creación de un mundo que crece económicamente o que tiene un desarrollo exponencial desde el punto de vista tecnológico, pero que al mismo tiempo lo que provoca es una enorme desigualdad y una filosofía de vida que Francisco define como el mundo descartable. Una vez que uno no sirve más, queda afuera. Estos son problemas que aborda la agenda internacional del sindicalismo.

LCV: ¿Estamos a tiempo de creer que esto se puede revertir?

-Yo siempre creo en eso. Digo, siempre decía que el momento más oscuro es cuando está por amanecer. Así que yo creo que sí, que la política, que no es lo mismo que los actores políticos. Lo que está en crisis en el mundo son los actores políticos por su falta de certeza y por sus saltos de un lado al otro y la desconfianza que generan. Pero la política, la democracia, el sistema, es algo que tiene que brindar la respuesta a la sociedad, y en el caso argentino a la Argentina.

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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular

En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.

LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”

Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”

LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”

Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”

LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”

Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”

LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”

Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”

LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”

Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”

LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”

Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”

LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”

Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”

LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”

Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”

LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”

Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”

LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”

Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”

LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”

Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”

LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”

Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”

LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”

Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”

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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”

En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.

LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?

Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.

LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.

Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.

LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?

Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.

LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?

Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.

LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.

Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.

LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.

Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.

LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.

Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.

LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.

Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.

LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.

Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.

LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?

Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.

LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.

Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.

LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.

Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.

LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?

Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.

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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”

En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.

LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”

Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”

LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”

Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”

LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”

Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”

LCV: “¿Cómo la ves venir?”

Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”

LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”

Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”

LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”

Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”

LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”

Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”

LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”

Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”

LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”

Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”

LCV: “¿Cuántos años tenés?”

Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”

Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”

LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”

Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”

LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”

Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”

LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”

Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”

LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”

Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

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