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Juan Carlos Schmid: “Hace falta una política estratégica con respecto a la cuestión marítima”

Juan Carlos Schmid, secretario general de Dragado y Balizamiento y la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval, pasó por La Columna Vertebral para charlar sobre los desafíos de la clase trabajadora, la necesidad de una política estratégica y la esperanza en la política como herramienta de cambio.

LCV: ¿Está relacionado este tema de la pobreza, la no inclusión, Estados ausentes, falta de trabajo, con el crecimiento narco?

-Obviamente que está vinculado con eso, pero no es el único factor. También la ausencia del Estado se puede ver también por la nula voluntad de controlar el mundo de la finanza, la triangulación de las ganancias, los circuitos financieros, los paraísos fiscales. Es decir, hay un abanico, la falta de controles y también la entronización del dinero. Seguramente vos debés haber visto alguna una serie o alguna película donde no saben qué hacer con el dinero. Esto es lo que finalmente termina poniendo el acento más fuerte en un negocio que, además de producir dinero, produce muerte.

LCV: ¿Cómo vive Rosario el problema?

-Es curioso cómo la historia se va repitiendo. Cuando se la denominó la Chicago Argentina, en otro contexto, en otro mundo de las comunicaciones y otra historia, Rosario tenía también sus niveles de páginas oscuras muy, muy marcadas, cosa que conocen muy pocos rosarinos. Esto era un enclave muy fuerte de la trata de blancas, que estaba dominado por la mafia hebrea. Había una enorme organización que tenía sus puntos de negocio con Europa del Este y estaba asociado justamente con el desarrollo portuario, porque en aquel momento, este era uno de los puertos de embarque de la parte más importante del comercio mundial. Y había una zona, para aquellos que son de Rosario, que hoy es una zona de restaurantes y todo lo demás, pero era una zona donde era muy frecuente, era destacable encontrar los prostíbulos y los elementos más modernos que únicamente se conseguían o se podían ubicar en París o en Europa. Era apasionante ese tramo de la historia de rosarina.

LCV: Acá en Uruguay el riesgo país es bajo pero con un narcotráfico que está entrando, pisando fuertísimo. ¿Cuál es el riesgo país para vos?

-Yo creo que es un trabalenguas el tema del riesgo país. Me parece que es un término que se utiliza más en el universo financiero, con el tema económico, pero siempre fue bastante contradictorio. Colombia tenía un altísimo riesgo, México en el secuestro del ejecutivo por la violencia de distintas formas y a veces los niveles de riesgo país son menores que otros lugares, y eso no deja de que las inversiones o los negocios se sigan realizando. No sé cómo se medirá el riesgo de un país donde hay tráfico de diamante, por ejemplo.

LCV: A mí me da la sensación de que se considera que un país no tiene riesgo, cuando entran las inversiones sin ningún tipo de control.

-Por eso digo, el riesgo país se da para los dólares o para alguna cosa y no para la humana.

LCV: ¿Qué hacemos con esa enorme cantidad de barcos que están acá parados sin poder trabajar y esa mano de obra que ya no existe?

-La pesca también es una enorme cuestión pendiente de la Argentina. Siempre ha prevalecido la política de más baja intensidad, decir que le den un canon a la Argentina o alguna cosa, y no ha habido nunca una mirada a un punto de desarrollo. Es decir, mirarlo como un todo. ¿Qué digo cuando manifiesto esto? Mirarlo como un todo porque, primero, preservar el recurso, que al fin y al cabo es el centro del negocio. Segundo, el recurso transformarlo no solamente en materia prima exportable, sino en elaboración con incorporación de valor a delegado y una política de inserción del producto en el comercio internacional, que sea más conveniente para la Argentina. Nada de eso se hace. Por lo tanto, siempre aparecen los problemas tributarios. Me da la impresión de que en este último tiempo ha habido una mejora en el tema del reemplazo de las embarcaciones. Las embarcaciones que pescaban en el mar argentino tienen una antigüedad muy alta. Sigue siendo una actividad de la Marina Mercante que tiene alto grado de accidentes. Ustedes saben muy bien que hasta no hace mucho tiempo ha habido una gran cantidad de náufragios. De modo tal que hay más una falta de una mirada estratégica y de una mirada de desarrollo de la actividad que ciertamente le puede dar mucho más ingreso a la Argentina porque siempre ha estado entre los primeros cinco lugares del producto bruto interno en cuanto a esto.

LCV: ¿Por qué no hay una política estratégica? ¿Cuáles son los intereses? ¿Cuáles son los callos que se pisan si realmente se pudiera poner la cuestión marítima, la pesca, la explotación, la investigación y todo lo demás que tiene que ver con puertos, mares y ríos, como un elemento estratégico de consideración? Más aún en el marco de la contaminación ambiental y todo esto.

-Tengo la impresión de que hay mucha ignorancia respecto a esto. Argentina carece de esa interpretación de su ubicación geoeconómica hace mucho tiempo. Me da la impresión de que responde a nuestra propia riqueza, la riqueza que está en el ápito territorial, digamos, en el territorio concreto, que es la parte continental. Yo siempre suelo decir lo que me comentaba un viejo portuario que decía:”¿Sabe por qué nosotros no somos un país marítimo, o la gente no conoce mucho de esto? Porque el paisano miraba para adentro, para él el océano era la pampa.” Y algo de cierto en eso hay, porque culturalmente hay muy poca formación de la ubicación que tenemos en el mundo.

LCV: Me gustaría saber cuáles son los desafíos que se ven a nivel mundial para la clase trabajadora. ¿Cuáles son las cosas que hay que ir solucionando rápidamente?

-Los desafíos son múltiples, pero se pueden ir delineando algunos ejes. Uno de los problemas que están hoy en la consideración mundial, y que siempre ha sido de interés para la clase trabajadora, porque al fin y al cabo la que muere en las guerras es la clase trabajadora. Siempre cuando han habido conflictos, tanto mundiales como regionales y todo, los que van al frente son los hijos de los trabajadores, son los que mueren. El tema de la guerra es un tema que está dominado hoy por el conflicto entre Ucrania y Rusia, pero no es el único. Por ejemplo, el mundo gasta un 15%, casi alrededor de eso, 12 o 15% del producto bruto mundial, en solucionar, en ayuda humanitaria, en pérdidas humanas, en pérdidas económicas, en armas, en los 150 conflictos que hay hoy en el mundo. No en Ucrania y Rusia nada más. Hay 150, algunos ya en marcha, otros latentes en distintas partes del mundo.

Este es un problema que el sindicalismo internacional sigue muy de cerca porque obviamente cuando ocurre eso no hay democracia, no hay sindicato, no hay actividad, no hay nada. Hay muerte, nada más. Otro de los grandes es el cambio climático, obviamente. El cambio climático está golpeando fuertemente. Nosotros tenemos una enorme sequía, como ha habido en otras partes del mundo. Y en otras partes del mundo hay inundaciones. Esto va a provocar desplazamientos en los próximos 30 años de millones y millones de personas. Ya hay un término que se está utilizando, el refugiado climático. Y el tema también de la mujer, la cuestión de género, la violencia que hay en todos los trabajos, aún en lo que se supone que el mundo desarrollado debería tener y lo tiene, a veces en números que serían sorprendentes. Y obviamente el tema de la desigualdad, como dije al principio de la nota, es un tema que va provocando la creación de un mundo que crece económicamente o que tiene un desarrollo exponencial desde el punto de vista tecnológico, pero que al mismo tiempo lo que provoca es una enorme desigualdad y una filosofía de vida que Francisco define como el mundo descartable. Una vez que uno no sirve más, queda afuera. Estos son problemas que aborda la agenda internacional del sindicalismo.

LCV: ¿Estamos a tiempo de creer que esto se puede revertir?

-Yo siempre creo en eso. Digo, siempre decía que el momento más oscuro es cuando está por amanecer. Así que yo creo que sí, que la política, que no es lo mismo que los actores políticos. Lo que está en crisis en el mundo son los actores políticos por su falta de certeza y por sus saltos de un lado al otro y la desconfianza que generan. Pero la política, la democracia, el sistema, es algo que tiene que brindar la respuesta a la sociedad, y en el caso argentino a la Argentina.

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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*

Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.

En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.

Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.

Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.

Una cláusula indefendible

La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.

Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.

La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)

La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.

La Constitución habla de gratuidad en relación con:

· el acceso a la información pública (art. 13),

· la asistencia sanitaria (art. 19),

· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),

· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),

· la acción de amparo (art. 56),

· el habeas data (art. 63),

· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),

· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),

· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),

· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),

· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),

· el perfeccionamiento docente (art. 267),

· la universidad autónoma (art. 269),

· y la póliza escolar (art. 270).

La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.

Lo que no pueden hacer los legisladores

Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.

Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.

Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.

Ignorancia u oportunismo (o ambas)

Legislar desde dogmas ideológicos es necio.

Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.

Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.

Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.

Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.

*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.

Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.

LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”

Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”

LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”

Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”

LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”

Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”

LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”

Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”

LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”

Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”

LCV: “Eso ya lo vivimos.”

Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”

LCV: “También preocupa el rol de los medios.”

Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”

LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”

Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”

LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”

Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”

LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”

Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”

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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.

LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”

Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”

LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”

Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”

Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”

LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”

Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”

LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”

Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”

LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”

Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”

LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”

Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”

LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”

Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”

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