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Francisca Staiti: Universitarios en debate
La educación, en todos sus niveles, está en vilo. El lunes 26 de febrero habrá Paro Nacional de la Conadu Histórica en todas las universidades. Entrevistamos a Francisca Staiti, su Secretaria General, quien nos adelantó: “Se ha conformado el Frente Sindical de Universidades Nacionales, donde estamos las federaciones docentes y las federaciones no docentes. Hoy básicamente hemos discutido esto, un plan de acción gremial conjunto que puede incluir algún paro, pero fundamentalmente lo que lo que queremos es crear mucha situación de debate, de análisis, de unidad con estudiantes, tenemos que atender que nuestros y nuestras estudiantes entren a las aulas”. El jueves 29 convocan a todos los docentes a una Asamblea General en la Facultad de Medicina para debatir la situación universitaria.
Aquí la entrevista realizada por Nora Anchart en La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores que se emite por larz.com.ar los lunes de 18 a 20hs.

LCV: ¿Cómo está viniendo el tema de las negociaciones? ¿Vamos a empezar las clases o no?
—Viene bastante mal para las universidades. Bastante complicado, complejo, sin aumento salarial en el mes de enero, un 6% que nos ofrecieron el viernes pasado que se suma un 10 para este mes de febrero. La verdad que una suma muy lejos de lo que significa la pérdida salarial que hemos tenido a lo largo de estos tres meses. Por lo tanto, se viene un año conflictivo. Estamos en plena etapa de debate, de discusión, de asambleas con nuestros afiliados, afiliadas, con docentes, no docentes, porque la situación de las universidades, más allá de lo salarial, también es muy delicada.
LCV: Hace unos días atrás hizo explícita la acometida contra lo que eran las universidades nacionales en donde se les iba a quitar todo tipo de subsidio, con esto también, obviamente, lo que se iba a quitar era la posibilidad del pago de salarios. ¿En qué estado está esa situación? ¿Avanzaron, no avanzaron, lo hicieron concreto?
—Con respecto a las universidades en general en su conjunto, ha venido un ajuste muy grave, que es lo que está pasando en el Estado Nacional, se reconduce el presupuesto 2023, esto quiere decir que el mismo presupuesto que se ejecutó en el año anterior es el presupuesto que tienen las universidades para funcionar este año. Con el agravante que el subsidio que tenían las universidades por ser institutos o instituciones educativas con respecto a los distintos insumos, digo, servicios como electricidad, gas, agua, hoy deben pagar como si fueran una empresa privada. Es un combo letal para el funcionamiento de las universidades. Mismo presupuesto con servicios muy, muy elevados, y con el mismo presupuesto para comedores, para las becas para estudiantes, por lo tanto, situación muy delicada. Y a eso le tenés que agregar el tema de los salarios. El tema de los salarios, que como decía, un aumento, una recomposición propuesta de 6% más el 10 que ya teníamos en febrero, 0% en enero, por lo tanto muy por detrás de la inflación, con nuestros salarios licuados completamente, no solo por la inflación, sino también por la devaluación del peso frente al dólar. Es un combo bastante letal, te diría, y que va a poner en una seria situación el normal funcionamiento de la universidad. Ya no solo por lo salarial, sino también en lo que refiere a que es lo que necesita la universidad para funcionar. Lo edilicio, la infraestructura. Por ahí la salida, la salida que se busca es reducción de cargos de profesores, de docentes, lo que implica menos fuentes laborales o pérdida de las fuentes laborales.
LCV: ¿Y los profesores pueden hacerse cargo de la cantidad de alumnos o en la medida que están reduciendo también se cae esa parte?
—Ese es el problema. Docentes que tienen que atender tal vez en los primeros años un número muy importante de estudiantes, pero a la vez está pasando en algunas universidades que reducen el número de inscriptos. Entonces, reducen el número de inscritos, no porque el docente deba dar clases con un número de alumnos necesarios pedagógicamente, sino que reducen el número de estudiantes para no tener que abrir cátedra. Entonces, una cátedra que tal vez pueda tener dos o tres comisiones, la reducen a una comisión, cierran el número de inscripciones. Eso es lo que va a ir pasando y lo que está pasando en alguna de las universidades, sobre todo en las universidades más chicas, ¿no?
LCV: Además esto no quiere decir que los chicos estén precisamente estudiando en Harvard, ¿no? Digo, están estudiando en universidades con problemas edilicios, con problemas de bancos, con problemas de pizarrones. Yo tengo conocidos en Puan y está muy deteriorado.
—Ese edificio de Puan, fundamentalmente, es un edificio abandonado de la mano de Dios.
LCV: Absolutamente. Es, justamente, lo que no quieren que estudies. Lo consideran un nido de bolches o de peronistas. Cientistas políticos, sociólogos, filósofos, toda esa gente que “no sirve para nada”.
—Y que adoctrina, te agrego esto, el adoctrinamiento en las universidades.
LCV: ¿La salida es el paro porque no queda otra, o la salida podría ser la inversa y generar multitudinarias clases públicas donde le pudiéramos demostrar no solamente nuestro hambre de conocer, sino el hambre de enseñar?
—Justo hoy a raíz de la paritaria, se ha conformado el Frente Sindical de Universidades Nacionales, donde estamos las federaciones docentes y las federaciones no docentes. Hoy básicamente hemos discutido esto, un plan de acción gremial conjunto que puede incluir algún paro, pero fundamentalmente lo que lo que queremos es crear mucha situación de debate, de análisis, de unidad con estudiantes, tenemos que atender que nuestros y nuestras estudiantes entren a las aulas. El tema es encontrarnos. Encontrarnos para discutir, debatir y ver cuál es la mejor salida. Lo mejor es estar en unidad. Y cualquier acción que llevemos adelante tiene que ser masiva, unificada y contundente. La que fuere, digo, puede ser un paro, puede ser esto que vos decís.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.

