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Virginia Giussani: “El exilio también fue una tragedia”
En el marco de la Semana de la Memoria, el Centro Cultural y Radio Azucena convocan a un encuentro titulado “El exilio también fue una tragedia”, en el Palacio Victorial, hermoso e histórico edificio de Piedras 720, del que participarán Daniel Divinsky, Cecilia Roth, Taty Almeyda, Luis Bruchtein, Daniel Goyán, Ignacio Copani, Pancho Gaitán y Horacio Peralta, entre otros. Para el cierre, canta la joven promesa Ana Waisbein. Para conocer más sobre el evento, LCV entrevistó a su coordinadora, Virginia Giussani.

LCV: ¿Cómo se te ocurrió este encuentro, Virginia?
—Mira, porque yo estuve hace tres meses más o menos en Mar del Plata porque me invitaron por la publicación del libro de “Años de Amor y Furia”, que trata la militancia y el exilio, me invitaron para una jornada que hacía la Universidad de Mar del Plata sobre el exilio. Y ahí me di cuenta y dije, ¿pero cómo es posible que no visibilicemos la tragedia del exilio? Está bien, frente a la tragedia de los desaparecidos siempre nos pareció pudoroso hablar de los exiliados, pero la verdad es que también fue una tragedia y dije, bueno, este año, con más contundencia, porque es un año muy complicado y muy difícil, y estamos en etapas tremendas, hay que recordar todo. Y entre ese todo están los exiliados. Y así surgió esta idea.
LCV: Sabés, Virginia, que cuando uno mira el mapa que conforma la gente que está invitada el viernes, ves cómo fue una diáspora, cómo fue, digamos, España, Europa, América Latina y un montón más. Lo tuyo fue Italia. ¿Me podés decir cómo fue ser exiliada?
—Fue muy duro, la verdad. Yo me fui primero, antes que mi familia, desde la noche a la mañana, a Perú porque sabía que me buscaban, bueno, así y gracias a los favores de Jacobo Timerman porque mi viejo trabajaba en La Opinión y me sacó pasaje así para el día siguiente a Perú, y después me reencontré al mes siguiente con mis padres en un barco que partía toda la familia a Italia y bueno, fue duro.
LCV: Una vez le pregunté a Laura, hace muchos años atrás, cuánto tiempo se había tardado en ubicar en el lugar, en tiempo y espacio en donde estaba viviendo, en sentirse parte. Y me acuerdo que en aquel momento me dijo, y mira, unos dos o tres, yo pensé que me iba a decir meses y me dijo años.
—No, vos sabés que hay un estudio sociológico que dice que cualquier inmigrante, no solo los exiliados, cualquier inmigrante, tarda en adaptarse al nuevo medio y a la nueva sociedad entre dos y tres años. Y yo la verdad es que lo sentí así también. A los tres años pude, qué sé yo, más o menos sentirme adaptada, aunque sin echar raíces nunca. Por eso era artesana, vendía en la calle, no quería generar vínculos muy profundos porque sabía que me iba a volver en cuanto pudiera. Pero sí es cierto eso, que el tiempo de adaptación es entre dos y tres años.
LCV: ¿Qué sentías en aquel momento? ¿Vos también participabas de las actividades como Laura con los denunciantes, con los compañeros? Ustedes eran expulsados del país y al mismo tiempo estaban recibiendo a quienes salían de los campos para dar su testimonio en tiempos en que no había computadora. O sea que era mano a mano poniendo un cuerpo. ¿Cómo fue?
—Era una odisea. Una odisea hasta armar un mecanismo de rastreo de quienes llegaban. Sí, era muy duro.
LCV: ¿Pero cómo fue para vos, en el cuerpo y en el alma, recibir esos testimonios?
—Era muy duro. Además, nosotras nos quedamos viviendo en Roma durante un año porque la cosa venía muy mal y mis viejos se mudaron a Nueva York porque mi viejo consiguió un trabajo mejor y nos quedamos las tres mujeres en Roma en la casa que alquilaban mis viejos pero recibíamos a todos los compañeros que venían de las cárceles con opción y fue muy fuerte, era muy tremendo la llegada de los compañeros que pasaban unos días en mi casa como refugio. Después ya se los ubicaba en algún lado porque en Italia, además, no existía la ley de refugio. Entonces, era muy complicado. A través de la Cruz Roja o de organismos no gubernamentales, el Partido Comunista, organismos que ayudaban a los exiliados argentinos. Te quiero contar un chiquitito nomás. El viernes también viene, vos lo vas a ver ahí en el flyer, un hombre que se llama Julián Atos. Julián era un niño, por eso lo convoqué y le dije, mirá Julián vení, porque él tenía tres años cuando yo lo conocí. Iba con su madre, y era un niño de tres años, o sea, pasó su infancia exiliado. Entonces yo le dije, mira, quiero ver que cuentes la mirada de un niño en el exilio, cómo fue. Y la verdad que él estaba encantado y me dice, sí, por favor, qué buena idea, es bueno contar todas estas cosas, y va a estar Julián también, que hoy es fotógrafo y trabaja en la ex ESMA. Así que es una cosa muy interesante.
LCV: ¿Cómo va a ser el acto? ¿Cada uno va a contar una parte de su historia o su recorrido? ¿De qué se trata?
—Sí, la idea es dividirlo en dos mesas de cuatro personas cada uno, que hablen alrededor de 15 minutos, y sí, contando su historia en particular, resumiéndola, porque en 15 minutos es difícil, pero bueno, más o menos resumir la cotidianeidad, cómo fue salir del país, cómo fue adaptarse a los nuevos países, bueno, todas historias que son colectivas e individuales al mismo tiempo. Después va a haber alguna cuestión creativa, una amiga muy querida, muy jovencita, porque además queremos hacer también el traspaso generacional, va a cerrar con algunos temas, es una cantante muy joven, va a cerrar la jornada con algunos temas, o sea, va a haber algún número musical. Es así, dos mesas de cuatro personas cada uno que expondrán y después cierra con temas musicales Ana Weinsberg, que es una cantante muy joven.
LCV: Viste qué maravilla que es que en cada uno de estos actos en donde se está valorando la memoria y haber puesto el cuerpo de los compañeros, llamale exilio, llamarle sobrevivientes, llamarle sobrevivientes que además se tuvieron que exiliar, o sea, digo, que tienen las dos categorías, hay un hilo conductor en el hoy y tiene que ver con la presencia de Tati Almeida. Una de las cabezas más abiertas para percibir todas estas cabezas y corazones, para percibir todo esto. Porque en algún momento el exilio y los sobrevivientes fueron mal visto. Yo recuerdo que era mal visto.
—Había que dar explicaciones de por qué te fuiste. Sí, fue muy duro también.
LCV: ¿Cómo viviste esa parte?
—Claro, yo cuando volví al país en 1984, habrás escuchado hablar de la culpa del exiliado y la culpa del sobreviviente, que nos tomó años de terapia sobrellevar eso, y más de los exiliados.
LCV: Porque se habla del exilio dorado, ¿no? Se habla del exilio dorado, se habla como si todo hubiera sido una maravilla.

—La verdad que yo veo fotos ahora, las pocas fotos que tenemos del exilio, y son unas caras de tristeza que hasta cuando sonreímos se ve tristeza. Particularmente no me arrepentí nunca de volver. Hubo compañeros que volvieron pero no se adaptaron, entonces regresaron a los países de exilio. Inclusive empecé a trabajar inmediatamente en una comisión que creó Alfonsín para la búsqueda de los niños desaparecidos, que eran niños vivos, hijos de los compañeros desaparecidos, que fue una comisión que duró tres o cuatro años, que dependía del Estado, que no tuvo mucha difusión. Era una especie de CONADEP, pero de gente viva, de niños vivos. Fueron trabajos duros, difíciles, muy duros emocionalmente, ideológicamente.
LCV: ¿Tus hijos dónde nacieron?
—Mis hijos nacieron acá.
LCV: Ahora que tenés una hija afuera ¿Cómo se vive?
—Ahora tengo una hija afuera, en Berlín. Bien, está haciendo su experiencia. Tiene 26 años y decidió en un momento irse por un par de años, tampoco que se fue para siempre porque ama a la Argentina, pero quería hacer la experiencia y bueno, está ahora en Berlín con un excelente trabajo y es cantante, así que está también haciendo algunas cosas cantando. Se le extraña mucho, pero está muy bien.
LCV: Me alegro tantísimo, me alegro tantísimo. Virginia, entonces, a ver, rebobinemos. ¿Dónde nos encontramos el 22, el viernes?
—El viernes 22, en el Palacio Victorial. Piedra 720 a las 18:00, en lo posible el 17:45 para saludarnos, reconocernos, abrazarnos y después sentarnos y empezar la jornada.

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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular
En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.
LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”
Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”
LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”
Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”
LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”
Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”
LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”
Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”
LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”
Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”
LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”
Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”
LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”
Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”
LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”
Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”
LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”
Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”
LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”
Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”
LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”
Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”
LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”
Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”
LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”
Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”
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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”
En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.
LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?
Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.
LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.
Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.
LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?
Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.
LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.
LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.
Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.
LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.
Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.
LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.
Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.
LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.
Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.
LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.
Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.
LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?
Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.
LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.
Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.
LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.
Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.
LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?
Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.
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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”
En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.
LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”
Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”
LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”
Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”
LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”
Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”
LCV: “¿Cómo la ves venir?”
Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”
LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”
Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”
LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”
Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”
LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”
Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”
LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”
Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”
LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”
Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”
LCV: “¿Cuántos años tenés?”
Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”
Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”
LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”
Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”
LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”
Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”
LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”
Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”
LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”
Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

