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Sin intermediarios, pero no tanto: CONIN en el ojo de la tormenta
Desconfiado de algunos referentes de organizaciones sociales a quienes señalan como diabólicos aprovechadores del hambre, el gobierno decidió repartir toneladas de alimentos que tenía escondidos, y al borde de su vencimiento, a través de dos instituciones que, al parecer, suponen inmaculadas: el Ejército Argentino y la Fundación CONIN.
Mientras se desconoce la aptitud de los militares en cuestiones sociales –obviemos los antecedentes históricos que son de público conocimiento: torturas, secuestros, asesinatos y robo de bebés, temas por los cuales todavía no han dado respuesta- llama la atención la fe puesta en la pericia del polémico Dr. Abel Albino, fundador de CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil), organización que desde 1993 obtuvo diversas dádivas para acabar con el hambre de los niños, firmando convenios y cobrando por tan emérito objetivo. Es decir, una intermediación equivalente a la que tuvieron hasta hoy las organizaciones sociales de izquierda pero con otro sesgo político, el Dr Albino tiene una ideología cercana al Opus Dei.
Por lo que se sabe hasta el momento, los camiones del Ejército distribuirán las 500 toneladas de comida amarrocada por el Ministerio de Capital Humano, llevándolo a las puertas de los 100 ‘centros de asistencia’ de la denominada ‘Familia CONIN’. Así describe su funcionamiento la página oficial de la Fundación, conin.com.ar: “Distintas organizaciones se han sumado, adoptando la Método CONIN, que es monitoreada desde Fundación CONIN, conformando así la “Familia CONIN”, una red de Centros distribuída en todo el país. Cada entidad debe cumplir requisitos para ser una franquicia solidaria, con independencia en su gestión. Actualmente, existen más de 100 Centros CONIN franquiciados distribuidos en 17 provincias de la Argentina. A su vez, existen Centros CONIN en la República del Paraguay, en la República del Perú, Venezuela, y en Gambia (África Ecuatorial).”
Es decir, se utilizarán los camiones militares para llevar los alimentos a estos ‘centros franquiciados’ de la fundación y su distribución será discrecional de acuerdo al criterio de cada uno de ellos ya que ‘tienen independencia de gestión’.
¿Quién es el Dr. Abel Albino?
En el año 2020, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, le encomendó a la fundación del Dr. Albino la tarea de hacerse cargo de la lucha contra la mortalidad infantil por falta de alimentación, otorgándole 100.000.000 de pesos, el equivalente a un millón y medio de dólares de la época, para la apertura de 30 “centros de atención de la primera infancia”. Nadie pareció escandalizarse por esta tercerización provincial.
Dos años antes de esa tarea encomiable en Salta, el Dr. Albino había expuesto sus científicas ideas ante el Congreso de la Nación durante el Debate por la Interrupción Voluntaria del Embarazo. “El preservativo no funciona”, “el SIDA puede atravesar la porcelana”, concepto que ya había esbozado en sus varios libros, a los que podemos agregarle: “las mujeres deben esforzarse por ofrecer al hombre su virginidad tanto física como moral”, “El sexo es una maravilla que tenemos para contribuir a la obra de Dios, no para divertirse”; “La masturbación es una adicción y genera angustia”, entre otros. La ministra Sandra Pettovello eligió el 3 de junio, noveno aniversario de la multitudinaria marcha del movimiento Ni una Menos, para difundir la elección de su hombre de confianza para alimentar a los niños.
La Cooperadora Nutrición Infantil tuvo su primera sede en Argentina en 1993, en la provincia de Mendoza, luego de que las ideas del multipremiado médico chileno, Fernando Monckeberg Barros, cruzaran la cordillera. Se trata de un hombre admirado por el dictador Augusto Pinochet, quien, en 1974, le encomendó la creación y la secretaría ejecutiva del Consejo Nacional para la Alimentación y Nutrición (CONPAN), un organismo interministerial. Su estrella siguió creciedo en dictadura y en 1975 fundó la Corporación para la Nutrición Infantil (CONIN).
“LAS GUAGUAS MONCKEBERG”
Fernando siempre contó con el apoyo y el aval de su hermano mayor Gustavo Monckeberg, también médico y de larga trayectoria política. Ambos seguían las ideas de Dios y eran fervientes militantes antiabortistas. Cuando una empleada del fundador de CONIN quedó embarazada a los 18 años y quiso abortar acudieron al gran hermano Gustavo que sabía qué hacer en esos casos: convencerla de que no lo haga y entregarle el bebé. Todo se supo por una investigacion llevada adelante por la revista CIPER de Chile, luego de recibir la denuncia de una mujer de 40 años que supo que era adoptada a los 34 y comenzó a tender redes por internet en busca de su familia. Empezaron a entrecruzarse datos y comprendieron que no era la única, existía una red de adopciones ilegales.
En el 2014 estalló un escándalo por adopciones irregulares que ponían en el centro a Gustavo Monckeberg, uno de los obstetras más reconocidos de su tiempo. Finalmente, su familia admitió la entrega de bebés por parte de Gustavo y lo justificó por considerar que más de un centenar de niños entregados por el médico entre los años 60 y 80 no fue un delito sino una “opción por la vida”.
De acuerdo a una investigación de La Tecla, el propio Fernando Monckeberg fue el primero en dar testimonio sobre las actividades de su hermano. Se disculpó por las lagunas de memoria dada su avanzada edad, por entonces tenía 87 años, recordaba vagamente el caso de su empleada: “Una niñita embarazada de 18 años estaba liquidada en esa época. Yo estaba consciente de que era lo mejor que se podía hacer. Mirar esto con ojos de hoy es absurdo. Era una práctica corriente de los ginecólogos de ese tiempo”, comenta el pediatra, desde su oficina en Conin (Corporación para la Nutrición Infantil)”. El affaire fue denominado por la revista de investigación chilena, CIPER, “Las guaguas de Monckeberg”.
Las denunciantes “apuntaron a su hermano como la figura central en una trama que hizo caer al sacerdote Gerardo Joannon bajo investigación del Tribunal Eclesiástico y de la Fiscalía Centro Norte. Hasta el momento, el Sename cuenta 11 denuncias, mientras que la página NosBuscamos.cl (ver recuadro) ya tiene más de 1.800 testimonios de chilenos que preguntan por sus verdaderas raíces. El apellido Monckeberg se repite innumerables veces en sus registros”, asegura la revista La Tecla.
Uno de los últimos reconocimientos recibido por el Dr. Fernando Monckeberg fue el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina, de la mano de el DR. Abel Albino, su discípulo mendocino.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

