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María Elena Naddeo: “A partir de los despidos estatales se desarticuló todo lo construido en torno a la lucha contra la trata de personas”
En una semana en que ha vuelto a tener relevancia pública la vulnerabilidad de las infancias y adolescencias. Hay 1460 denuncias por año de niños perdidos y en el momento se mantienen más de cien búsquedas. LCV dialogó con María Elena Naddeo, profesora de historia, con postgrado Interdisciplinario de Estudios de Género en la la facultad de Psicología, ex legisladora porteña, desde cuya banca impulsó el Parlamento de mujeres y peleó por el cumplimiento de la ley de Salud Mental. También fue creadora y primera Presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la ciudad de de Buenos Aires, y directora del Centro de Atención de Niñez, Adolescencia y Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Actualmente es vicepresidenta de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos e integra la Asamblea por las Infancias y Adolescencias de la Ciudad de Buenos Airees y la Red Feminista Latinoamericana.
LCV: A partir de tu vínculo con la docencia comenzaste a luchar por los derechos de los niños y adolescentes ¿Cuáles fueron las dificultades que encontraste y los principales logros de los últimos años?
— Cuando fui elegida concejala en la Ciudad de Buenos Aires integré la Comisión de Minoridad y encontré que había una lucha feroz contra la ley de Patronato de Menores, donde a los chicos chiquitos y hasta los 21 años en esa época, se los encerraba en los viejos institutos de menores. Fue impresionante esa lucha. Recién se había puesto en marcha la Convención de los Derechos del Niño. Así que sí, me involucré a través de la educación y porque realmente se había puesto en marcha la convención y había que aplicarla en nuestro país. Por eso redactamos la ley 114 en la primera legislatura porteña, y después luchamos para derogar el patronato, que recién se pudo derogar en el 2005. O sea, recién se pudo derogar la ley de Patronato en el año 2005.
Logramos que se considerara la ‘trata de personas’ como delito federal para evitar la connivencia entre los jueces y la policía que ignoraban las denuncias de explotación sexual, rapto, o reducción a servidumbre
LCV: Es muy impresionante que se haya atravesado tantos años de democracia con una ley que era carcelaria para los niños, niñas y adolescentes.
—Después con el tema de trata, nosotras fuimos parte de todo el movimiento de lucha para que el delito de trata se convirtiera en un delito federal. Porque hasta el 2008, y justamente estoy hablando de la década ganada, hasta ese momento la trata se abordaba desde las justicias provinciales. Entonces la connivencia que había entre los jueces y la policía hacía que todas las denuncias de explotación sexual, de rapto, de reducción a servidumbre, de secuestro, etc. cayeran en el olvido. Por eso fue importante en aquella época la denuncia de Susana Trimarco, la desaparición de Marita Verón, que ella recorrió el país e hizo que se modifique y logramos la ley contra la trata en el 2008, convirtiendo a la trata en un delito federal. Después en el 2012 se perfeccionó esa ley y tenemos una legislación muy importante que fue muy valorada, y que es muy valorada, en América Latina. Teníamos una oficina, porque ahora estamos en un retroceso total, ¿no? Pero realmente hasta el año pasado teníamos una oficina de rescate y una línea 145, que recepcionaba y recepciona todavía, aunque con mucho menos personal, las denuncias contra la trata en sus distintas formas. Es más corriente la trata de mujeres, la trata de trabajadores de familias informales, la trata de niños chiquitos es menos corriente, pero ocurre y es gravísima.
Hasta el año pasado teníamos una oficina de rescate y una línea de teléfono, la 145, ahora estamos en un retroceso total
LCV: ¿En qué medida los despidos que se llevaron a cabo en el Estado nacional agravaron la cosa?
— Todo el sistema de redes contra la trata, que es muy complejo porque es un negocio enorme – está entre los tres primeros negocios del mundo, con armas, drogas y trata de personas- es difícil de abordar y para combatirlo implica tener una fuerte voluntad política del Estado. La verdad que se había logrado una legislación muy completa, muy detallada, y además políticas públicas para darle a las víctimas, por ejemplo, de explotación laboral o de explotación sexual, la posibilidad de reinsertarse, de darles viviendas. Se empezaron a adjudicar viviendas en varias provincias argentinas a partir del trabajo que se hizo en los últimos, yo diría, 10 años, pero particularmente en el último período, en los últimos cuatro años, se fue acelerando esto, porque se creó un fideicomiso importante en todos los secuestros, por ejemplo, efectuados por el poder judicial, en depósitos de droga o en depósitos de armas, se crea un fideicomiso con esos recursos económicos que fueron destinados a las víctimas. Entonces ya había un recurso económico para poder otorgarle a las víctimas. Bueno, esto que venía creciendo, que venía fortaleciéndose, a partir del gobierno de Milei, a partir del despido de cientos de trabajadores y trabajadoras del ministerio de justicia, de la jefatura de gabinete, se empieza a desarticular.
Milei aniquiló las delegaciones contra la trata de persona que se abrieron en 24 provincias
LCV- Podemos notar este retroceso en el caso de Loan en Entre Ríos?
Tenemos que ver el trabajo que se venía haciendo en las provincias. Gustavo Vera, como Coordinador de Jefatura de Gabinete en el tema de la lucha contra la trata de personas, en estos últimos cuatro años había designado referentes provinciales en las 24 provincias para constituir una red antitrata con los gobiernos locales y con algunas organizaciones de la sociedad civil. Era una manera de controlar, justamente, que cuando había una denuncia sobre personas perdidas, mujeres perdidas o desaparecidas, o niños perdidos o extraviados, se aplicara el protocolo contra la trata. Esas delegaciones Milei las aniquiló. Además Corrientes, esto yo lo escuchaba en estos días también, Corrientes es una de las provincias que resistió más, tiene una impronta conservadora, resistió más la aplicación de estas leyes y de estos protocolos. En el caso de Loan se tergiversó todo. En general las fiscalías lo que hacen es aplicar el mayor riesgo, el protocolo de mayor riesgo y van en descenso. Cuando descartan un homicidio, descartan un secuestro, pasan a otro grado. Acá empezaron al revés, lo dieron por un niño perdido, y en realidad lo que ahora vemos es que si el comisario que lo dio como un caso de niño perdido, el primer fiscal, están presos, entonces hubo un encubrimiento.
Quienes quieran realizar una denuncia o buscar orientación frente a un caso de secuestro o trata puede escribir a apdh@apdh.org.ar .
LCV: El comisario además, no sé si estas esterada, tiene una condena en suspenso por abuso sexual con penetración carnal y además por maltratos a sus compañeros, a sus subordinados en la comisaría.
—Hay que seguir profundizando, pidiendo espacios de monitoreo.
LCV: ¿Qué pensas de que parece que la carátula que le van a poner al caso es “desaparición forzosa”?
—Me parece que el cambio de carátula es importantísimo, que debería ser secuestro además, porque se pueden acumular los tipos penales, y realmente la connivencia, la complicidad, es casi de manual. Es lo qué pasó con Marita Verón, en el año 2002, veinte años atrás. Es lo que pasaba el siglo pasado además. Es decir, la connivencia de la policía con jueces o fiscales corruptos que miran para otro lado y las familias poderosas. Las pequeñas oligarquías locales.
LCV: ¿Qué se le puede aconsejar a las familias que se encuentran en una situación tan angustiante como el secuestro de uno de sus hijos?
Quería decirle a las madres o a los familiares que tienen personas que están desaparecidas, o que han sido apropiadas por otras personas y que la justicia no reacciona, cosa eue es muy común, además de ser muy lenta la justicia, aunque hay excepciones, por supuesto, que los organismos de Derechos Humanos y de los movimientos de mujeres y las infancias son lugares para denunciar. Tenemos la Defensoría Nacional de Niños y Adolescentes a cargo de Marisa Graham por ejemplo, que ese es un buen lugar para denunciar por mail, y en la APDH yo sigo estando en la comisión directiva, soy secretaria general, tenemos también un espacio para recibir denuncias.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

