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Daniel Yofra: “No es lo mismo una manifestación de fé que una acción gremial. Si no hacemos huelga no va a ocurrir nada.”
Desde que Daniel Yofra fue elegido como Secretario General de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina, en el año 2013 -y reelegido sucesivamente en elecciones directas- los aceiteros se convirtieron en uno de los gremios mejor pagos y más combativos del país. Hijo de un obrero metalúrgico de Villa Constitución, preso durante la dictadura militar, empezó a trabajar en la cerealera multinacional Dreyfus cerca de Rosario en 1992, unos años después fue elegido delegado y comenzó una trayectoria gremial que lo llevó a convertirse en líder de los Aceiteros. La huelga nacional llevada adelante durante 25 días en el año 2015 para mejorar las condiciones laborales y salariales de sus trabajadores lo puso en la escena nacional.
Con 52 años, ya puede considerarse un dirigente de la nueva guardia, que cree en la independencia de las organizaciones gremiales de los partidos políticos. En las marchas de la Federación van de la mano obreros con los dedos en V o el puño en alto, junto a independientes que no se ven forzados a expresar sus ideas políticas. Sin afiliación partidaria, no siempre consigue el protagonismo que su gremio merece ni participar de la ‘realpolitik’ gremial.
Esta semana, Daniel Yofra dialogó con La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores sobre su mirada del sindicalismo, la postura de la CGT, y la necesidad de utilizar las herramientas gremiales, paro y movilización, para detener el despojo que Milei está llevando adelante. Caracterizó al gobierno como un ‘gobierno de empresarios’ y consideró que de nada sirve que la CGT vaya a mendigar reformas a la ley laboral que no les van a otorgar.
LCV: “Yo no espero nada de la CGT”, tituló Perfil una entrevista que te hizo Fontevecchia, en donde comentabas que si se quiere hacer un paro nacional se puede hacer con o sin CGT. Unos días después el Consejo Directivo de la CGT endureció su postura levantándose de la Mesa de Diálogo con el gobierno. ¿Cómo ves que está la cosa en este momento en la central obrera?¿Es un indicio de que cobran fuerza sectores más combativos?
—Mira, primero quiero aclararte que yo sí espero de la CGT, obviamente. Lo que yo digo es que no hay que esperar a que la CGT haga un paro para hacerlo cada uno cuando tiene un problema, y hoy tenemos muchos problemas. Entonces pienso que ante la falta de actividad de la CGT o de acción o de omisión, me parece que las organizaciones sindicales nos podemos juntar para hacer un paro que necesitamos para enfrentar a este gobierno. Me parece que, en ese sentido, la CGT ha sido muy débil, a mi criterio, para con un gobierno que es muy agresivo con los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Entonces, en el momento donde tendrían que haber parado un poco a este gobierno, que fue cuando se trató la flexibilización laboral, el Rigi, bueno, todo lo que hizo este gobierno en tan poco tiempo, tanto en el Senado como el Diputados, tendrían que haber tomado una decisión totalmente diferente. Hoy ya es suplicarle al gobierno que nos dé algo, y no le da, obviamente. ¿Cuál sería la medida que va a tomar la CGT? Porque una cosa es tomar una medida gremial y otra cosa es ir detrás de una manifestación de fe que sinceramente no tiene nada que ver con nosotros. No podemos esperar un año para ir un 7 de agosto a movilizarnos porque en seis meses nos barrieron con muchas leyes que a trabajadores, militantes, sindicalistas que les ha costado la vida, desapariciones, encarcelamiento y persecución. Entonces parece que no podemos ir detrás de una manifestación de fé.
LCV: Recordemos que los aceiteros, de hecho, cuando fueron los días en que se decidía la Ley Bases en cada una de las cámaras, ustedes hicieron un paro general nacional sin necesidad de esperar a que la CGT diga algo. El problema es que cuando se hace de manera aislada no tiene la repercusión que tendría un paro general. Estás conversando, supongo, si esta es tu postura, con otros sindicatos que estén más decididos a tomar medidas más fuertes ¿no? ¿Cuáles serían?
—Nosotros el primer paro que hicimos por el tratamiento de la Ley Bases, fueron los sindicatos que están dentro de la cadena productiva de la soja y su producto. Pero también depende de cada sector. A ver, nosotros ya habíamos hecho el intento en otro momento, pero sin tener mucho éxito, porque cada uno tiene su organización y las decisiones no las puedo tomar yo. Si yo puedo proponer, creo que es el momento, y entonces decidimos todos los aceiteros del país encabezar una lucha en soledad. Creo que hay otros también que siguen luchando. Lo que pasa es que es como decís vos, más allá de que no estemos aislados en la protesta, tampoco estamos unidos detrás de un objetivo que es defender a los trabajadores y trabajadoras. Me parece que ahí está la clave de la unidad fuerte. Porque si nos unimos solamente para promocionar a otro gobierno que no sea el actual, vamos a fracasar, como han fracasado todas las organizaciones que se han juntado para ese motivo y no para defender a los trabajadores.
Si nos unimos sólo para cambiar de gobierno, vamos a fracasar, como han fracasado las organizaciones que se han juntado con ese objetivo y no para defender a los trabajadores
LCV: Yo tengo una duda siempre con vos, que es la siguiente: Vos estás dentro de la corriente de Moyano, dentro de la CGT ¿No?
—Sí, estoy dentro del Frente Sindical por un Modelo Nacional, con ese grupo estoy.
LCV: Nunca te veo a vos cuando hay reuniones de la CGT o del Fresimona. Sos un tipo de bajo perfil, pero que al mismo tiempo tiene un peso muy importante porque manejas un sindicato que realmente puede causar muchas dificultades para el gobierno, como los portuarios o los camioneros ¿Hay una comunicación tuya por abajo con los otros sectores, o se mantienen un poco aislados? ¿Con qué sindicatos tratan de coordinar? Porque creo que tenés un rol importante en este momento.
—Hay dos motivos por el cual no estoy tan cerca de todo esos grupos que yo banco, que soy dirigente, que han sabido defender a los trabajadores durante todo este tiempo, que es la falta de participación en los partidos políticos. Eso limita mucho a los dirigentes sindicales, porque parecería que uno tiene que estar enrolado dentro de un partido para que te convoquen a distintos sectores. De todos modos, somos convocados pero el que va siempre es Ezequiel Roldán, que es el secretario gremial de la Federación y es secretario adjunto del Sindicato de Capital Federal de Aceiteros y Capital. O sea, la participación de Aceiteros está siempre con los compañeros del Frente Sindical. Obviamente que a veces parece que si no voy yo no hay un representante, pero sí, estamos dentro de la política sindical. Me parece que el tema no pasa por si yo estoy o no estoy, sino que Aceiteros siempre está para cuando lo convocan, estamos. O sea, está Ezequiel que es de Capital Federal, o yo que tengo que volverme a capital porque organizan todos los viernes y yo los viernes estoy en mi casa, en Santa Fe, entonces me cuesta muchísimo la participación un día viernes o sábado. Pero bueno, me parece que en eso estamos dispuestos a lo que los líderes principales de ese movimiento y de los movimientos que luchan por los trabajadores, como Palazzo, como Paco Manrique, como Pablo Moyano, estamos dispuestos a la lucha.
Yo creo en la libertad sindical en todo sentido. Los compañeros aceiteros pueden militar en el peronismo o cualquier otro partido. Pero como organización no vamos a estar a disposición de un partido. Hay que empoderar al movimiento obrero
LCV: Está bueno que hayas mencionado la independencia de tu gremio de los partidos políticos. Algo que en Uruguay, por ejemplo, está más claro. De hecho el PIT-CNT está proponiendo un plebiscito para reformar la jubilación que el candidato del Frente Amplio no apoya. Le preguntamos a uno de los dirigentes del PIT CNT cómo era esto -porque en Argentina es raro esta independencia política- y él fue muy claro: “acá el sindicalismo es clasista”, aunque quieran identificarnos solo con el FA”. Es un poco la que vos estás proponiendo también ¿no?
—Bueno, acá la historia de nuestro país está muy arraigada principalmente al peronismo, ¿no? En donde muchos sindicatos adhieren a esa postura política. Yo considero que últimamente no nos ha dado mucho resultado apoyar un candidato, incluso hacer campaña para esos candidatos proponiendo que tenían que ser nuestros representantes. Yo creo en la libertad sindical en todo sentido, si hay algún compañero aceitero que milita en un partido peronista o en el partido que quiera, no está limitado. Lo que yo digo es que la organización no va a estar a disposición de un partido pensando, o por lo menos creyendo ingenuamente, que un partido nos va a sacar de esta situación a los trabajadores. Nosotros tenemos que empoderar al movimiento obrero y confío en eso porque hay grandes dirigentes que por ahí no son los que mediáticamente quieren ensuciar a la clase trabajadora por sus representantes, no buscando lo mejor de los trabajadores, sino tratando de sacarle el optimismo, de que no crean, bueno, todas esas cosas que tiene el sistema y más de los medios y hace que la gente no tenga más esperanza. Pero hay muchos dirigentes que son representantes fieles del interés de los trabajadores y a eso apuesto. A mí no me molesta que participen de la política porque es necesario, pero creo 40 años democracia me da la razón. En su momento creíamos que Alberto Fernandez era lo mejor que había, era la alternativa para los movimientos obreros y bueno, hoy lo tenemos a Milei, culpa de la inoperancia de Fernández.
Estamos gobernados por empresarios. No tiene sentido ir a mendigar una reforma. Van a hacer lo que quieran con los trabajadores. Ya lo están haciendo
LCV: Yendo a un tema más puntual, el impuesto a las ganancias finalmente salió y salió con un piso bastante ridículo. ¿Ustedes van a hacer presentación ante la justicia como ya están haciendo algunos? No sé si ya la hicieron.
—No, nosotros estamos analizando y aún no hemos hecho nada. De todos modos yo no creo que los compañeros de la CGT que fueron a esa reunión con el representante de los empresarios, que es el secretario de trabajo, hayan pensado de que iban a tener en cuenta lo que pedía de la CGT. No creo que sean tan ingenuos ni infantiles. Parece que hicieron algo por la presión que hay, que es cada vez mayor, de los sindicatos, de que la CGT haga algo. De todos modos considero que si dependemos de la justicia o dependemos de los abogados para que nos saquen el impuesto a las ganancias estamos el horno, porque nosotros venimos de otros tractos sociales y nosotros podemos hacerlo administrativamente, pero si no ponemos a la gente en la calle no tiene sentido. El momento era cuando se trató la ley en Diputados y el Senadores. No digo que sea tarde, porque podemos recuperar el terreno perdido, pero si no hacemos un plan de lucha, si no hacemos huelga, para decirlo con todas las palabras, no va a ocurrir absolutamente nada. Eso es lo que pienso yo.
LCV: Cuando decías que la CGT fue a reunirse con Cordero y no podía pensar que Cordero le iba a dar algo, ¿Para qué pensás que fue la CGT a reunirse?
—Por lo que yo te digo, por la imagen que están teniendo en estos momentos, de que no han hecho absolutamente nada para evitarlo. Entonces van a mendigar una reforma que el mismo Secretario de Trabajo le dice voy a consultar con los empresarios, como si los empresarios pudieran decir: sí es verdad, vamos a dejar de negrear a los trabajadores con la flexibilización laboral, le vamos a sacar el impuesto a las ganancias nuevamente a un millón de trabajadores. A ellos no les importa nada. Si uno no lo entiende a eso vamos a ir mal, porque estamos gobernados por empresarios. Entonces los empresarios van a hacer lo que quieran con los trabajadores y ya lo están haciendo porque están usando esa herramienta. Vos imaginate que aquellos lugares donde no hay una organización que defienda a los trabajadores, se van a abusar. Entonces no solamente va a haber bajos salarios, sino que van a tener una precariedad laboral que hacía muchos no la teníamos. Entonces me parece que la CGT, a ver, después de la reforma laboral, de lo que dijo el Secretario de Trabajo cuando se hablaba de la seguidora que te acordaa que él fue a defenderlo al Congreso, que dijo qué iban a ser los trabajadores con tanto tiempo libre. Entonces ese sadismo que tienen los empresarios de pensar así de los trabajadores, ¿Qué puede esperar uno ante esa situación y vos lo vas a abrazar como si hubiese ido a abrazar tu hijo, a un amigo? Me parece que hay determinadas cosas que no hace falta aclarar mucho, sino con la imagen ya es suficiente.
LCV: Vos cómo ves en este momento que dentro de los trabajadores, al menos de los aceiteros o con los trabajadores que tenés más contacto, ¿Vos crees que todavía siguen creyendo en Milei? Porque fueron muchos los trabajadores que lo votaron, ¿Todavía tienen alguna fe de que esto les va a producir alguna ventaja a Milei en el gobierno?
—Mirá, ya con lo realizado por este gobierno no creo que haya trabajadores que lo sigan apoyando. A ver, a veces a uno le cuesta decir que se equivocó, pero yo no me la agarraría con los votantes, porque muchos de estos compañeros le votaron a Fernández y los defraudó. Me parece que en ese sentido traicionó a la fe de esos votantes y creo que el silencio lo dice. O sea, hay muy pocos que hoy elevan la voz para defenderlo. Obviamente, ellos manejan muchos medios que nos quieren hacer creer que la gente está contenta y eso es mentira. Lo digo yo porque sé de gente que votó a Milei pero igual estaban en la marcha, así que no creo que estén de acuerdo con este gobierno.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

