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Daniel Ricci: “Milei premia a los evasores y castiga a la Universidad”
Pasaron casi cuatro meses de aquella histórica marcha del 23 de abril en favor de la educación pública que movilizó a más un millón de personas en todo el país reclamando mayor presupuesto para las universidades nacionales. A pesar de la amplitud del arco social y político que se expresó, con emoción, aquel día en las calles, la situación no parece haber mejorado. Esta semana no pudo empezar el segundo cuatrimestre por un paro nacional en reclamo de una recomposición salarial que tuvo un acatamiento del 90%.
Consultado por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, el Secretario General de la Federación de Docentes Universitarios (FEDUM), Daniel Ricci, explicó que el acatamiento de la huelga del lunes “fue total en las 61 universidades públicas de todo el país, tanto los trabajadores docentes como no docentes, el acatamiento fue prácticamente total. El día martes y miércoles se planificaron jornada de visibilización con clases públicas y volanteadas en distintos puntos de las ciudades. La semana próxima hacemos un paro de 48 hs los días martes y miércoles.”
¿Cómo marchan las negociaciones? “Negociación la verdad que hasta ahora, como lo que significa la palabra, no hemos tenido ninguna. Hemos tenido un ofrecimiento salarial lamentable por parte del Gobierno nacional, que nos ofreció un incremento de 3 puntos para el mes de agosto, 2 puntos para el mes de septiembre, con lo cual lo que nos está ofreciendo es muy por debajo de los índices de la inflación. El gobierno de la ciudad acaba de dar un índice de inflación del 5,1 y los trabajadores universitarios venimos perdiendo desde que Milei es presidente, el 53% de nuestro salario frente a la inflación. Lo que intentan hacer obviamente es que sigamos perdiendo todavía más de lo que venimos perdiendo hasta el día de hoy”, sostuvo Ricci.
En efecto, la grilla de los salarios básicos de profesores universiarios es paupérrima: un profesor, titular de cátedra, con dedicación exclusiva tiene un sueldo que ronda el millón de pesos, si su dedicación es semiexclusiva gana la mitad, apenas 500.000 y el básico para un ayudante es de 200.000 pesos. Es decir, docentes en la línea de pobreza, y asistentes indigentes, en el país de las Universidades más prestigiosas de latinoamérica, sin embargo también tiene el raro record de tener los salarios más bajos del continente.
Luego del éxito de las primeras jornadas de protestas, desde Conadu informaron el resultado de la última reunión de gremios: “Los gremios de docentes universitarios anunciaron este viernes un nuevo paro de 48 horas para el martes y miércoles de la próxima semana, por lo que volverá a postergarse el comienzo del segundo cuatrimestre en las universidades públicas. En este sentido, definieron que seguirán con las protestas y el cese total de tareas durante esta tercera semana de agosto, como así también propusieron convocar a una nueva Marcha Nacional Universitaria a llevarse a cabo entre el 9 y el 13 de septiembre.”
Asimismo, durante la reunión, los dirigentes gremiales también repudiaron la decisión del Ministerio de Justicia de cerrar la Unidad Especial de Investigación de la Desaparición de Niños como Consecuencias del Accionar del Terrorismo de Estado, dependiente de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), y a la declaración de esencialidad de la educación en sus niveles obligatorios que tendría “como único objetivo suprimir el derecho constitucional de huelga en el sector”.
En diálogo con Nora Anchart, Daniel Ricci analizó la situación actual de la docencia universitaria, el acompañamiento de la sociedad y la política educacional del gobierno de Milei.
LCV: Cuando hablamos de universidades nacionales, ¿Cuáles son las universidades que comprende este paraguas? Porque viste que la gente no lo tiene tan claro, vos decís universidad y dicen UBA, Universidad de Córdoba, pero las universidades nacionales son un espectro importantísimo que cubre mucha parte del territorio, pero que son de mucho peso en la provincia de Buenos Aires.
—En la provincia de Buenos Aires hay 17 universidades públicas, obviamente también la universidad de Buenos Aires, la de Córdoba, cada provincia tiene por lo menos una universidad. El sistema universitario argentino, del cual estamos orgullosos no sólo los argentinos sino los latinoamericanos, tiene una proyección en todo el país y es el principal modelo de ascenso social que tenemos los argentinos. Por eso es que cuando fue el 23 de abril en la marcha nacional convocamos en defensa de la universidad pública, hubo más de 2 millones de personas, o sea, todo el pueblo argentino abrazó a la universidad pública. Pero bueno, lamentablemente hasta el día de hoy nuestros salarios que en ese momento estaban 40% bajo de la inflación, hoy están más del 50%, y obviamente el gobierno intenta que sigamos perdiendo y deteriorándonos día a día.
LCV: ¿Hoy cómo sentís vos el acompañamiento de la sociedad al reclamo salarial, a las clases, a estas clases abiertas que van a ser como sensibilización? ¿Entendés que cabría la posibilidad de que otra vez se hiciera una marcha con semejante nivel de participación?
—Nosotros sentimos el acompañamiento de toda la sociedad, las demandas salariales de la universidad pública. Estamos volviendo con este paro y con las jornadas de visibilización de mañana y pasado, a volver a reinstalar el tema en la sociedad y sensibilizar a la gente que no hay universidad de calidad sin salarios dignos para sus docentes. Se tarda muchísimo tiempo, inversión por parte del Estado en formar un docente, en formar un investigador. La verdad que hoy tenemos salarios no inferiores a los del primer mundo, a los países centrales, como pasaba en la década del ‘90 que teníamos fuga de cerebros. Hoy tenemos el salario para los docentes universitarios más bajos de Latinoamérica, con lo cual va a empezar a haber un deterioro de los docentes que se puedan ir al extranjero a trabajar otros países y los que no, que mirarán hacia trabajos privados, que si bien los trabajadores han tenido un deterioro importante, los trabajadores del sector privado, es mucho menor que lo que tenemos los universitarios, que somos los más castigados del gobierno de Milei.
LCV: En aquella marcha había una enorme cantidad de pibes y pibas estudiantes latinoamericanos que están estudiando acá. Esos chicos, esa gente, esos migrantes o hijos de migrantes que hoy están poblando nuestras universidades nacionales y públicas, ¿Qué dicen? ¿Cómo se traduce la participación?
—Yo creo que hay una participación de todos los universitarios, de estudiantes, docentes, no docentes, todos defendemos y queremos nuestra universidad pública. Como decía al principio, es el principal mecanismo de ascenso social que tiene nuestro país. Por eso estamos orgullosos, no sólo los argentinos, sino todos los latinoamericanos de esta universidad pública, donde el hijo de un trabajador puede tener una vida mejor sólo a través de la universidad pública, solo puede tener un mejor trabajo, mejores salarios, tener una mejor calidad de vida.
LCV: Viste que cuando te quieren chicanear con el tema te dicen “Ay, pero eso es aspiracional”. Sí, nosotros aspiramos a tener una vida mejor, y a que nuestros hijos se forman mejor de lo que nosotros nos formamos.
—Sí. Además para nosotros el ascenso social se debe dar a través del esfuerzo que las personas y las familias hacen a través de la educación, y no esta cosa que intentan hacernos creer que uno hace una mejor vida a partir de la especulación financiera. O por ejemplo, lo que pasa con el blanqueo de capitales, que se está diciendo que los que se robaron la plata, los que se la llevaron al exterior, incluso producto del narcotráfico, hoy lo pueden traer al país de manera absolutamente legal sin pagar ningún tipo de impuestos. O sea, acá lo que está haciendo el gobierno de Milei es premiar a los que evadieron, premiar al narcotráfico y castigar a los pibes y pibas que quieren con su esfuerzo ascender socialmente en la universidad pública.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

