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Crónica del estallido de la rebeldía en Cataluña, por Alvaro Hilario, desde Bilbao

“Lo volveremos a hacer”, advirtió el jefe de la Guardia Civil en Cataluña, general Pedro Garrido, en referencia a la represión del 1 de octubre de 2017 durante el referéndum Catalán. Lo dijo en vísperas de ser conocida la sentencia del Procés que juzga a los independentistas catalanes. El 12 de octubre,  fiesta nacional española, se filtró la sentencia: 100 años de cárcel. El lunes, la publicación del fallo desató una protesta popular nunca antes vista que, una semana después, no afloja.

Barcelona arde. La policía reprime con violencia inusitada. Hay heridos y presos. Los medios radicados en Madrid, ajenos a la movilización, presentan un escenario de guerra urbana. Los partidos políticos piden más mano dura. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, obvia la existencia de un problema político de gran magnitud y no atiende a los llamados del presidente catalán, Quim Torra. En el horizonte, las elecciones legislativas de noviembre.

Venerada desde los primeros años de nuestra era, la virgen del Pilar, capitana general del Ejército español y patrona de la Guardia Civil (GC; gendarmería ), hace coincidir su festividad con la fiesta patria, el día de la Hispanidad, el 12 de octubre. Día de la España eterna. Es por ello que las diversas guarniciones de la GC acostumbran a homenajearla en los días precedentes. La comandancia de Cataluña eligió el 9 de octubre, miércoles, para desarrollar un acto de exaltación patriótica y castrense en el cuartel de San Andreu de la Barca (Barcelona). Durante el mismo, fue condecorado Javier Zaragoza, fiscal que dirigió la acusación por rebelión contra los líderes independentistas catalanes. La GC también condecoró a título póstumo al titular del Juzgado número 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez, que llevó la causa principal contra el independentismo, y a la secretaria del mismo, Montserrat del Toro, quien fuera testigo en dicha causa. El general Pedro Garrido, máxima autoridad del cuerpo en Cataluña, recordó que estaban a puertas de conocer la sentencia del procés, subrayando la importancia que la GC tuvo en la investigación e instrucción de la causa y en la represión del 1 de octubre. “Lo volveremos a hacer”, dijo. “La Guardia Civil avisa en Cataluña”, tituló su nota el derechista diario madrileño “La Razón”.

La GC, policía militarizada, una gendarmería, nacida en el siglo XIX para combatir la disidencia de la época, está históricamente ligada a la represión política, a la contrainsurgencia y a las violaciones de los derechos humanos. Su prontuario en el País Vasco es siniestro. En 2000, el general de la GC Enrique Rodríguez Galindo fue condenado a 71 años de prisión por su participación en los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), el terrorismo de estado creado y dirigido por los gobiernos de Felipe González. Quedó probada su participación en el secuestro, tortura, muerte y desaparición de los refugiados vascos Lasa y Zabala. Sus restos, aparecieron en 1985, enterrados en cal viva. Fueron identificados diez años después. Galindo solo cumplió 4 años de condena.

Fiesta patria

El paracaidista que porta la enseña nacional y que debe tomar tierra frente a los reyes se estrella contra una farola de la que queda colgado.

El 12 de octubre, convocados por Ciudadanos, PP y Vox, 10.000 personas marchan en Barcelona “por la Hispanidad”. Los asistentes dan vivas a la GC. Algunos de ellos portan banderas del cuerpo armado; otros, van tocados con su característico sombrero, el tricornio. Los líderes de los partidos presentes aprovechan para hacer campaña: sin conocer la sentencia, exigen que no haya indultos para los políticos presos y que las condenas se cumplan en su integridad; exigen la intervención de las instituciones catalanas y la aplicación de la Ley de seguridad nacional ante el menor atisbo de desobediencia por parte de estas a la sentencia. El presidente del Gobierno en funciones, el socialista Pedro Sánchez, ya afirmó días antes que no le temblaría la mano para hacerlo. La fiesta nacional brilla más con victorias en caliente.

la sentencia del procés es el broche de oro al feriado patrio: 100 años de cárcel en total; más que la del golpista Antonio Tejero en 1981

Madrid acoge el desfile militar, acto central del día. El paracaidista que porta la enseña nacional y que debe tomar tierra frente a los reyes se estrella contra una farola de la que queda colgado. Los memes son instantáneos: metáfora de la deriva de España, dicen algunas voces. El protagonista del incidente y la Legión, encabezada por su mascota, una cabra, son lo más aplaudido del desfile. Pedro Sánchez abandona el evento entre viento de fondo: el nacionalismo español que él también quiere encabezar parece estar escorado hacia la derecha y tiempos pretéritos. Ya hace un año que 200 militares se manifestaron en contra de la “perversa pretensión de exhumar a Franco”, exhumación que, ordenada por Sánchez, debería materializarse en días próximos, antes de la convocatoria electoral. La selección de fútbol empata a uno frente a Noruega. Lástima.

A lo largo del día, se filtra la sentencia del procés, broche de oro al feriado patrio: 100 años de cárcel en total; penas que van de los 9 a los 13 años de cárcel que se le imponen a Oriol Junqueras, ex vicepresidente catalán, diputado y líder de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Las penas son más altas que aquellas a las que fueron condenados el coronel de la GC Antonio Tejero y demás protagonistas del golpe de estado del 23 de febrero de 1981.

El 15 de octubre, martes, se cumplen 79 años del fusilamiento de Lluís Companys, entregado a Franco por la Gestapo. Líder de ERC y presidente catalán, proclamó el Estado catalán en octubre de 1934.

El día anterior se publica la sentencia de modo oficial: son condenados por los delitos de malversación de fondos públicos y sedición. No hay rebelión -delito previsto para alzamientos armados- como pretendía la Fiscalía: hubo violencia, pero no fue instrumental. Rosa María Seoane, quien tan pobre imagen dio representando a la abogacía del Estado en la causa, señala en TV que su participación fue “determinante” y que de no haber ofrecido al tribunal la “alternativa de la acusación por sedición, hoy podríamos estar hablando de una sentencia absolutoria” o condenatoria solo por malversación. España parece pensar que en base a una condena por sedición le será posible reactivar la euro-orden para apresar a la pieza de caza mayor, el ex presidente catalán Puigdemont, refugiado en Bélgica.

Error: recibida la euro-orden de detención, la justicia belga lo dejaría en libertad sin fianza el viernes 18 de octubre.

Los partidos de derecha, los socialistas y los medios radicados en Madrid aplauden la sentencia o piden mayor dureza.

El mismo día se hace oficial un video institucional del Gobierno español, filtrado ya los días previos, defendiendo la democracia española; “la democracia mejor consolidada del mundo”, en palabras de Josep Borrell, ministro de Asuntos exteriores y acérrimo anti independentista. Sin mencionar a Cataluña, los ministros, en diversos idiomas, alaban la democracia española y europea, al mismo tiempo que culpan al nacionalismo de todos los males que el continente ha sufrido en los últimos 100 años. Sánchez quiere defenderse de la imagen que la sentencia da a España a nivel internacional. El sábado, la Junta Electoral Central, además, pide la retirada del video por considerarlo propaganda electoral partidaria realizada con dinero público. Barra libre.

Los partidos de derecha, los socialistas y los medios radicados en Madrid aplauden la sentencia o piden mayor dureza. El Partido Popular (PP) propone nuevas figuras penales en torno a los delitos de rebelión y referéndum ilegal; propone que sean inconstitucionales los indultos para los condenados por estos y por sedición; pide que se retire la competencia de instituciones penitenciarias que, según su presidente, Pablo Casado, el “partido socialista concedió” al Gobierno catalán, obviando que es un derecho presente en Constitución y Estatuto de Cataluña. El PP propone la recentralización que la ultraderecha mantiene como uno de sus principales ejes políticos. No hace alusión a la corrupción sistémica y sistemática de su partido. Tampoco a la precariedad y temporalidad que caracteriza al mercado laboral español, líder en desempleo en la zona euro. Tapar los problemas que preocupan a la ciudadanía con la bandera: lema con el que desde Madrid acostumbran a atacar a los nacionalismos periféricos. Ironías.

“la prisión no es la solución”, asegura el Barça en un comunicado.

Para el independentismo, para la izquierda, para los movimientos sociales e incluso para el Barcelona FC, la sentencia es un error; “la prisión no es la solución”, asegura el Barça en un comunicado. Se opina que la judicialización de un conflicto de naturaleza política no hace otra cosa que embarrar aún más la cancha

“Recortes de derechos para todos los españoles”

La semana anterior al comienzo de los hechos que se narran en esta crónica, tuve la ocasión de hablar con Benet Salellas, abogado penalista y diputado en el parlamento catalán por la anticapitalista Candidatura de Unidad Popular (CUP). En aquellos días, una muy publicitada operación policial había procedido a la detención de 9 independentistas acusados de estar preparando una respuesta de corte terrorista a la publicación de la sentencia. 7 se encuentran en prisión. Todo indica a un montaje destinado a criminalizar el independentismo y favorecer la represión y una suspensión, intervención por Madrid, de las instituciones catalanas. La aplicación del artículo 155 de la Constitución española, medida que ya tomó el anterior presidente, el derechista Mariano Rajoy, tras el referéndum de 2017.

Aunque Salellas se refería a esta última operación, la operación Judas, sus palabras marcan el objetivo político que persigue la sentencia: “Respecto a la autoría, los principios del derecho penal moderno hablan de la responsabilidad individual. Esto es básico. La responsabilidad individual por un hecho concreto. Los sistemas más autoritarios tienden a, precisamente, desdibujar estos límites y a construir modos de imputación colectivos y que no están vinculados tanto a un hecho sino, sobre todo, a una perspectiva digamos personal, a un perfil, sea este ideológico, religioso, y del que se considera que nace una cierta peligrosidad. A partir de ahí se construye un derecho penal. El ejemplo paradigmático sería la Alemania de los años 30. Entonces, los delitos políticos –muchas veces los delitos de terrorismo los ubicamos en este ámbito- se construyen mucho más desde la perspectiva ideológica y de perfil que no en base a lo que realmente ha sucedido. Yo creo que en este caso podemos encontrarnos ante una situación de este tipo”.

Joaquín Urías, ex magistrado del Tribunal Constitucional español y catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla, señaló a través de twiter que la sentencia era “errónea y peligrosa”. El 15 de octubre, martes, abundó en lo dicho en “Tot es mou”, un programa de la TV pública catalana. Por lo significativo de sus palabras, lo clarificador de lo mismo respecto a la gravedad de la sentencia, creo que merece incluir en esta crónica casi toda su breve y concisa intervención.

“La sentencia empieza bien diciendo que no hubo derechos fundamentales vulnerados y que no hubo rebelión.»

Tras señalar que las penas son desproporcionadas, abordó el tema de la peligrosidad de la sentencia emitida por el Tribunal Supremo: “Es, a mi modo de ver peligrosa para toda la ciudadanía del estado español. A partir de la sentencia de ayer nos encontramos con que es mucho más complicado ejercer el derecho de protesta, el derecho de manifestación porque, al final, con ese invento de la sedición –no han podido ir por rebelión y han ido por sedición- nos encontramos que pueden meter a una persona 9 años en la cárcel simplemente por convocar manifestaciones como la del 20 de septiembre (de 2017[i]), protestando por un registro, o, como el 1 de octubre, resistiéndose a una actuación policial. Cualquiera que se siente en el suelo y se resista a una actuación policial o que va a protestar por un acto jurídico, se dice que es un alzamiento. A mí me parece que eso crea, más allá de la injusticia que se ha cometido con los presos catalanes, un precedente muy grave en todo el estado español. Es un recorte de derechos para todos los españoles, no solamente para los presos enjuiciados”.

«los presos pueden convertirse fácilmente en rehenes de la política»

La conductora del programa le preguntó por una dura afirmación suya aparecida en prensa el día anterior: los jueces se inventan los delitos. El ex magistrado respondió así: “La sentencia empieza bien diciendo que no hubo derechos fundamentales vulnerados y que no hubo rebelión. No hubo un alzamiento que utilizara la violencia para conseguir un objetivo político. Viendo entonces que si se quedaran en la desobediencia no había una condena suficiente para lo que ellos querían, pues se inventan un delito de sedición que no existe. Esto es, la sedición no puede consistir en que se organicen manifestaciones, en que haya resistencia pasiva y en que la gente no esté de acuerdo con que la policía entre en un lugar. Eso no puede ser sedición. La sedición tiene que ser un alzamiento tumultuario. Como no hay, se han inventado un concepto de sedición que es muy grave y va mucho más allá. Fíjese que toda la sentencia descansa en el 20 de septiembre y el 1 de octubre: en personas que van a protestar delante de una consejería porque hay un registro y en personas que no dejan entrar a la policía en un colegio. Fíjense que eso puede ser ilegal: puede ser un delito de desobediencia, incluso de resistencia a la autoridad; pero decir que eso es sedición y te puede llevar 9 años a la cárcel es un despropósito. Además, es un delito que cometieron todos los que estaban allí, lo cual quiere decir que hubo dos millones de catalanes cometiendo delitos, que no es poco”.

La periodista, alarmada, le señala que con la sentencia conlleva, por lo tanto, un problema judicial amén del político: “El problema político no se resuelve y ahora se abrirá un debate en el que los presos pueden convertirse fácilmente en rehenes de la política porque ahora habrá que ver si se les autoriza permisos extraordinarios, si se les concede el tercer grado. Ahí la política va a jugar un papel en el que los presos pueden ser utilizados como elementos de intercambio. Pero es que, además, jurídicamente, lo que se ha dicho es que el Tribunal Supremo tiene la capacidad de castigar cualquier tipo de respuesta social. La idea de que la desobediencia civil pueda tener unas penas ligeras, delitos de desobediencia que no te llevan a la cárcel, que te imponen una multa, desaparece, con lo cual tenemos un problema jurídico. El Tribunal Supremo si quiere, en cualquier momento, es el que puede activar este delito y se puede reprimir con penas de cárcel muy duras cualquier hecho de ejercicio de derechos fundamentales. Efectivamente, tenemos dos problemas”.

Seis días de protestas multitudinarias

El lunes 14, miles de personas, una marea humana, se dirige, caminando por la ruta, al aeropuerto de Barcelona con la intención de bloquearlo para denunciar la sentencia y seguir internacionalizando el conflicto

Piquete aéreo. Más de 100 vuelos cancelados. No es la respuesta terrorista que pregonaba el Gobierno de Madrid.

Miles y miles de personas invaden las terminales durante horas hasta que son desalojados por las brigadas antidisturbios de las policías catalana y española. Esta última ha enviado refuerzos a Cataluña desde todo el Estado español para reprimir protestas y reclamos. Comienza otra ola de violencia policial desproporcionada contra la sociedad civil catalana. Otra después de aquella del 1 de octubre de 2017.

Impresionante huelga. Imágenes sobrecogedoras de la movilización en Barcelona. Otras marchas inundan el centro de Tarragona, Girona y Lleida.

Conscientes, como el ex magistrado Urías, de la gravedad de la sentencia, miles de personas salen a la calle en el País Vasco, Asturias, Andalucía, Cantabria, Castilla, Madrid  … Las protestas se repetirán a lo largo de la semana. Al igual que en Catalunya, los cuerpos policiales responden con violencia y detenciones a los reclamos ciudadanos. Desorden público y atentado contra la autoridad son los delitos que se imputan a todos los detenidos. El ministro de Justicia, el juez Grande-Marlaska, ya ha señalado que las penas previstas para estos delitos son de 6 años de cárcel. También ha amenazado al “independentismo violento” y al “independentismo que actúa fuera de la ley” con hacer caer sobre ellos el código penal con toda contundencia. Al momento de escribir estas líneas, entre el sábado 19 y el domingo 20 de octubre, grupos de militantes antifascistas se enfrentan con la policía en el centro de Madrid. Hace pocas horas, 42.000 personas han marchado por las calles de Donostia (San Sebastián). La protesta vasca.

El miércoles, 16 de octubre, cinco marchas parten desde diferentes puntos de Cataluña. Las marchas de la libertad. Llegarán a Barcelona el viernes, en plena huelga general. Impresionante huelga. Imágenes sobrecogedoras. Una marea humana, otra más, que al llegar el acto central de la huelga convocada por sindicatos nacionalistas y anarquistas, suma 575.000 personas. Ambiente festivo, pacífico. Otras marchas inundan el centro de Tarragona, Girona y Lleida.

Criminalizar el independentismo

Las protestas también continúan de noche, pero con un cariz muy diferente. Miles de jóvenes, en grupos de cientos y, en ocasiones, de miles, recorren el centro de las cuatro capitales catalanas levantando barricadas con mobiliario urbano al que dan fuego. Aparecen, desaparecen. Juegan al gato y al ratón en mitad de un despliegue policial sin precedentes. La actuación de las policías española y catalana es brutal. Hoy, sexta noche de protesta, nuevos heridos y detenidos se suman a la larga lista. Cientos de heridos, media docena de ellos de gravedad; varios han perdido algún ojo al ser alcanzados por las pelotas y balas de goma lanzadas por los antidisturbios. Ese material está prohibido en Cataluña, pero, en fin, vale todo contra la disidencia.

la única violencia que hemos vivido ha sido la de los propios cuerpos policiales el 1 de octubre de 2017

Las protestas de la noche son muy diferentes a las que el independentismo viene protagonizando en la última década, movilizaciones multitudinarias, familieras, pacíficas y festivas. Algo muy alejado de la violencia con la que el Estado y los medios españoles siempre pretenden relacionar al independentismo, táctica ya empleada con muy buenos réditos políticos y electorales en el País Vasco. En mi conversación con el abogado y diputado Benet Salellas le recordé aquel mantra que, durante años, estuvo presente en la política vasca: sin violencia se puede hablar de cualquier tema. “Me he acordado muchas veces de esa frase. Ahora, este procedimiento (la operación Judas) se ha utilizado como argumento político para deslegitimar al movimiento independentista y para considerar que este no es un interlocutor válido. Lo que busca el Estado es encontrar los argumentos que legitimen su inmovilismo y su negativa a reconocer el ejercicio de derechos democráticos por parte de los pueblos. Ahí está la clave: el discurso de la violencia como ejercicio de deslegitimación, cuando en Cataluña la única violencia que hemos vivido ha sido la de los propios cuerpos policiales el 1 de octubre de 2017. Y esa violencia tampoco ha sido reconocida ni condenada por parte del Estado. El ejercicio de violencia acaba siendo sinónimo de disidencia, de cualquier cosa distinta al discurso del poder”.

La juventud airada

Como decíamos, las noches están, sin embargo, albergando protestas violentas protagonizadas por miles de jóvenes. Tanto la oficialidad española como la catalana (que pretende desmarcarse de los hechos acusándoles de ser infiltrados), como los medios de comunicación españoles arremeten contra ellos. La campaña de descrédito y criminalización es más terrible y burda que la que durante décadas sufrió la disidencia vasca. Una violencia comparable a la policial. La intoxicación está siempre presente y medios como “El País” y la cadena de TV “La Sexta” afirman que los protagonistas de los desordenes son anarquistas y, además, han venido ácratas de toda Europa ha participar en estos hechos vandálicos. Como durante las luchas obreras del siglo XX, una vez más, los culpables son los anarquistas.

Casi todas las emisoras de TV disponen programaciones especiales durante todas estas noches y emiten en directo los disturbios del centro barcelonés. Las imágenes de las llamas, los encapuchados, las luces de la policía son impactantes. Son ya unos días que se ha impuesto para los movileros una suerte de uniforme de trabajo: chaleco rojo y casco. Al malintencionado relato, siempre solidario con la “proporcionada” actuación policial, añaden esa imagen de reportero en el frente de Rojava o en Iraq. Un objetivo criminalizador, intoxicador y que pretende deslegitimar la respuesta que los jóvenes dan a la brutalidad que ya pusieron en marcha los medios adeptos al presidente Macron durante las protestas de los chalecos amarillos franceses.

En mitad de esta ola criminalizadora, aparecen, sin embargo, voces que les defienden y sacan a la luz las razones de esta juventud airada para dar fuego a la ciudad, para salir a la insurrección.

la única violencia que hemos vivido ha sido la de los propios cuerpos policiales el 1 de octubre de 2017

Una de estas voces es la de Carmen Rubianes, hermana del que fuera gran actor y tremendo espíritu crítico Pepe Rubianes. En una serie de tuits, Carmen señala que estos jóvenes, entre los 18 y los 25 años llevan  7 años saliendo a manifestarse “sin tirar un papel al suelo y se les ha tratado de terroristas, nazis y filoetarras, comandos, golpistas, sediciosos violentos y poco menos que asesinos”, que el voto de estos jóvenes se ha tirado a la basura en todo este tiempo, que ellos mismos y sus familias fueron brutalmente apaleados el 1 de octubre de 2017, que tienen unas condiciones laborales y unos trabajos miserables, que viven en un país donde se honra el franquismo al mismo tiempo que se basurea a sus víctimas, donde los desahucios están a la orden del día, donde la corrupción política no se persigue, donde el dinero público se emplea en rescatar a la banca y a las autopistas… “Jóvenes frustrados al ver a sus guías pacifistas en prisión por 100 años mientras violadores, ladrones y asesinos andan por las calles con total impunidad a los dos días”, dice Rubianes. Los jóvenes dicen basta.

Vicent Partal, director de “VilaWeb”, un muy interesante y exitoso medio digital catalán, titulaba su editorial del 19 de octubre, sábado, de este modo: “Basta de mentiras: son nuestros pibes, los hijos del 1 de octubre, quieren ganar y merecen nuestro apoyo”.

Partal critica que el Gobierno catalán se una al español en la criminalización de los jóvenes que encabezan la respuesta contra la violencia policial, “Una violencia policíaca que todo el mundo puede ver que ha llegado a extremos cercanos a los excesos habituales de una dictadura lo cual no es justificable en ninguna democracia para controlar el orden público”

El director de “VilaWeb” escribe con las entrañas: “Porque todos quienes hemos pisado las calles estos días y estas noches lo hemos visto: hay una generación joven que ahora está librando el combate de su vida, porque si no ganan no tendrán futuro, ni ellos ni Cataluña. Y lo quieren ganar. Y están dispuestos a hacer lo que haga falta para ganarlo”.

Reconoce que se puede discrepar de los métodos que emplean pero que, en modo alguno, se puede ir contra ellos cuando se les ha prometido una nueva vida, una vida digna, cuando han sido testigos de los apaleamientos del día del referéndum, de la tremenda respuesta cívica, tremenda respuesta cívica que, por desgracia, “no ha conseguido mover ni un milímetro la posición autoritaria del Estado español”.

En las calles de Cataluña no se pelea por el “objetivo burgués de un nuevo estado”, como se ha dicho desde ámbitos de izquierda de rancia tradición jacobina.

Culpa a Rajoy y a Sánchez de haber causado esta situación por su inmovilismo político y que la solución tiene que llegar a través de la Paz, la Libertad y la Autodeterminación. Además, añade: “Criminalizando a nuestros jóvenes el estado quiere dividirnos, separarnos entre `independentistas buenos`e `independentistas malos`. Pero lo hace con un cinismo tan grande que debería bastar para que ninguno cayese en la trampa. ¿O no recordamos que los independentistas buenos, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, se van a jugar todo su prestigio personal para frenar todo tipo de violencia y su premio ha sido la prisión? ¿Y que destino más que la prisión se piensan que les espera a quién hoy colabora con España cuando mañana España ya no le necesite? ¿Son tan inocentes? ¿Tan poca cosa se ha aprendido de octubre de 2017”.

En las calles de Cataluña no se pelea por el “objetivo burgués de un nuevo estado”, como se ha dicho desde ámbitos de izquierda de rancia tradición jacobina. En las calles, en las barricadas, se pelea en contra de un Estado español cada vez más autoritario que no cesa en reforzar su formidable legislación contra todo tipo de disidencia, desde raperos a presidentes del Gobierno catalán. Un Estado español donde la precariedad y la temporalidad, los contratos chatarra, son las principales características del mercado laboral; que el desempleo es líder en la zona euro. El Estado, los mercados, se aprestan a reprimir la protesta social. Esta semana, miles y miles de pensionistas, de jubilados de todo el Estado protagonizaron un abrazo al Congreso de los Diputados donde la policía también intervino. La gente grande lleva más de año y medio en permanente lucha por unas pensiones dignas, por un futuro para sus nietos. La rebeldía sigue.

 

[i] El 20 de septiembre de 2017, la GC procedió al registro de la Consejería de Economía del Gobierno catalán, en Barcelona. Una multitud rodeó el edificio durante 19 horas. “El Mundo”, diario de Madrid, título su relato de los hechos como” Las 19 horas de asedio callejero a la Guardia Civil”. La intencionalidad es evidente. Toda la acusación pública y particular basó su estrategia en considerar esa concentración y las que hubo el 1 de octubre frente a los colegios electorales para impedir que policía y GC secuestrarán las urnas del referéndum como violencia instrumental para conseguir un objeto político y caratular los hechos como rebelión, delito previsto para alzamientos armados, golpes de estado.

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Martín Bergel: “Génova 2001 fue una batalla global y una experiencia de enorme vitalidad política”

A 25 años de las jornadas de protesta contra la cumbre del G8 en Génova, el historiador Martín Bergel reconstruyó aquel episodio que marcó al movimiento altermundialista y que terminó con una feroz represión policial. En diálogo con Laura Giussani Constenla para La Columna Vertebral, Bergel recordó su participación en aquellas movilizaciones, analizó la vigencia de sus consignas y reflexionó sobre los vínculos entre Génova 2001, la crisis argentina de diciembre de ese año y las luchas sociales actuales.

En julio de 2001, mientras en Argentina comenzaba a gestarse la crisis que terminaría con el estallido del 19 y 20 de diciembre, en la ciudad italiana de Génova se desarrollaba una de las mayores movilizaciones del movimiento altermundialista. Más de 300.000 personas llegaron desde distintos países para protestar contra la cumbre del G8, en un contexto de fuerte crecimiento de los movimientos sociales que cuestionaban el orden neoliberal.

La respuesta del Estado italiano fue una represión brutal. El asesinato de Carlo Giuliani, las detenciones masivas y las torturas sufridas por cientos de manifestantes en la escuela Díaz y en la cárcel de Bolzaneto quedaron como una de las páginas más oscuras de la historia reciente italiana.

A 25 años de aquellos acontecimientos, el historiador e investigador del CONICET Martín Bergel, quien participó de las movilizaciones de Génova, volvió a reconstruir aquella experiencia a través de una serie de crónicas tituladas Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En diálogo con Laura Giussani Constenla, repasó el contexto político de la protesta, la diversidad de movimientos que confluyeron en las calles y la vigencia de aquellas luchas en un presente atravesado nuevamente por la movilización social.

LCV: Martín, contanos brevemente qué ocurrió en Génova en el año 2001.

Martín Bergel: “En julio de 2001, en pleno verano europeo, se reunía en Génova el G8, el grupo de los ocho países más poderosos del mundo. Eran reuniones que se realizaban periódicamente y en las que se discutían cuestiones muy importantes para todos nosotros, en cualquier rincón del mundo. En ese momento se había producido un movimiento, mal llamado movimiento antiglobalización, que en Italia era conocido como movimiento no global o movimiento de movimientos, por la cantidad de organizaciones que lo integraban. Ese movimiento buscaba señalar que en esos cónclaves se estaban decidiendo cuestiones que afectaban a las poblaciones de todo el mundo y que, la mayoría de las veces, no iban en un sentido favorable para ellas. Desde algunos años antes, y particularmente desde la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, en noviembre de 1999, se había comenzado a organizar una gran galaxia de grupos y movimientos. Allí se produjo una victoria popular porque la reunión fracasó, y eso dio un enorme impulso a ese movimiento. Génova 2001 se inserta en ese contexto, entre Seattle y otras contracumbres que se fueron desarrollando en distintos lugares del mundo. En Buenos Aires, por ejemplo, hubo una movilización contra el ALCA en marzo de 2001. Génova llegó además en un contexto nacional italiano muy cargado, con movimientos sociales importantes de distintas tradiciones de izquierda. Había centros sociales autónomos, movimientos de los llamados desobedientes y una enorme diversidad de organizaciones. También estaba el contexto del gobierno de Berlusconi, que había asumido poco tiempo antes. Todo eso generó un verdadero escenario de una ciudad militarizada para proteger a los poderosos de la tierra de las manifestaciones. Las manifestaciones fueron gigantescas. Se calcula que participaron alrededor de 300.000 personas de toda Italia y de muchos otros países del mundo. Yo fui uno de esos miles de manifestantes. También hubo varios argentinos, como Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas, además de muchísimas otras personas. Había un componente italiano muy importante, pero también sindicatos griegos, movimientos sociales españoles, grupos de Alemania e Inglaterra y distintas tradiciones políticas y sociales. Participaban movimientos cristianos progresistas, organizaciones pacifistas y una enorme cantidad de sensibilidades políticas. Fueron jornadas sumamente intensas y emotivas, pero con un saldo trágico. La cantidad de policías y de servicios especiales que llegaron desde toda Italia fue enorme. Era una cita en la que, de alguna manera, se venía preparando una batalla que finalmente se consumó en las calles.”

LCV: Una de las cosas que más impresionan al revisar los testimonios es cómo una manifestación gigantesca terminó siendo desvirtuada. Apareció el Black Bloc, comenzaron los rumores y la policía terminó realizando una verdadera cacería sobre toda la manifestación. Hubo detenidos en la escuela Díaz y en Bolzaneto, y organizaciones como Amnistía Internacional han señalado que fue una de las peores represiones ocurridas en Italia desde los años 70. Sin embargo, parece haber quedado una sensación de que quienes participaron hicieron algo mal. Incluso la consigna de las movilizaciones actuales es “Senza rimorso”, sin remordimiento. ¿Cómo explicás ese fenómeno?

Martín Bergel: “Hay varias cosas para señalar. En primer lugar, el escenario de represión se montó antes de la actuación del Black Bloc. Efectivamente, hubo mucho debate sobre su accionar. Era una tendencia que tenía un conjunto de prácticas que muchos otros manifestantes no compartíamos. Su lema era ‘Smash capitalism’, golpear al capitalismo, y entre sus prácticas estaba, por ejemplo, atacar bancos. Pero muchos otros manifestantes defendíamos la idea de la pluralidad de tácticas. Una de las riquezas de ese movimiento era precisamente que distintas sensibilidades políticas podían expresarse de modos diferentes. Eso se trató de hacer en Génova. La ciudad, además, es sumamente intrincada, con una geografía muy compleja. Había distintos grupos y distintos tipos de manifestaciones. Todo esto ocurría en un contexto en el que la ciudad estaba profundamente alterada. Se había establecido una zona roja, completamente vedada a la circulación de personas, para preservar un espacio para los presidentes que participaban de la cumbre. Finalmente, todo se desbordó y hubo una feroz represión, que se convirtió en un momento de violación sistemática de los derechos humanos, sobre todo por las torturas a cientos de manifestantes en la cárcel de Bolzaneto, en la escuela Díaz y en otros lugares. Hubo juicios y toda una historia posterior muy compleja. También se hicieron muchísimos documentales. Sin embargo, es interesante lo que señalás sobre cómo se recuerda hoy. El momento de la represión es la cara más visible y los medios italianos de aquel momento se encargaron de demonizar al conjunto del movimiento. Esa cara terminó oscureciendo la enorme vitalidad, la pluralidad y la esperanza que existían. En este momento, a 25 años de distancia, hay una recuperación de esa memoria. La alcaldesa de Génova dio un discurso muy interesante, recuperando la vitalidad de aquel momento y la participación juvenil. También señaló algo muy importante: el carácter global de ese movimiento. En Italia se lo recuerda mucho, pero en el mundo se lo ha olvidado bastante. Y, sin embargo, era realmente un movimiento global, tanto por la procedencia de sus participantes como por las resonancias que tenía en otros lugares. En Buenos Aires, por ejemplo, en esos días se hizo una acción en el barrio de La Boca evocando los vínculos entre Génova y Buenos Aires. Era también el momento de florecimiento de los grupos piqueteros. Por eso la conexión entre el 2001 de Buenos Aires y Génova no es en absoluto ociosa. Había muchos puntos de contacto, incluso en las consignas: ‘Otro mundo es posible’ o ‘Un mundo donde quepan todos los mundos’.”

LCV: En Argentina muchas veces pensamos que inventamos todo, pero en realidad había una circulación internacional de ideas y experiencias. En Italia, además, la crisis de los partidos tradicionales y la pérdida de legitimidad de las viejas izquierdas dio lugar a nuevos movimientos. ¿Cómo se relaciona aquella experiencia con las luchas actuales?

Martín Bergel: “En estos 25 años hubo muchos momentos de recuperación de la memoria de Génova. No es la primera vez que se la recuerda. Todos los años, por ejemplo, se recuerda a Carlo Giuliani, cuyo nombre es muy conocido en Italia y también en otros lugares del mundo. En la segunda edición del Foro Social Mundial, en Porto Alegre, el campamento de la juventud se llamó Campamento Intercontinental Carlo Giuliani. Ha habido muchos momentos de rememoración, pero es cierto que, por el contexto político italiano, primero con los gobiernos de Berlusconi y luego con el gobierno de Meloni, esta memoria tendió a quedar soterrada o a ocupar un lugar menor. Y ni hablar del resto del mundo, donde la experiencia quedó bastante evaporada. Sin embargo, en este contexto particular de los 25 años hay un revival general que tiene muchos puntos de contacto con las luchas actuales. En Génova, por ejemplo, fue muy importante la acción de los trabajadores portuarios. También hay movimientos contra el rearme y contra los bloqueos de puertos y trenes. Hay un tejido muy interesante de luchas. En marzo de este año estuve en Roma y participé de una manifestación muy grande del movimiento No Kings. Tiene muchos elementos de contacto con aquella experiencia. Son movilizaciones que, cuando las convoca un partido político, no suelen ser tan multitudinarias, pero en estos casos la gente sale masivamente a la calle, incluso sin saber si habrá represión o no.”

LCV: También llama la atención que en Italia se esté hablando tanto de desindustrialización. Parecía un problema exclusivamente argentino, pero ahora aparece con fuerza en Europa. ¿Qué ves en ese sentido?

Martín Bergel: “Sí, absolutamente. En estos días pude ver varias situaciones de conflictos laborales. En Génova hay una fuerte movilización de trabajadores portuarios. También hay fábricas que están cerrando y trabajadores que ocupan los lugares de trabajo. La desindustrialización es un problema muy importante en Italia y está generando conflictos en distintos lugares. Hay una continuidad entre las luchas de aquel momento y las luchas actuales, aunque naturalmente el contexto es diferente. La memoria de Génova funciona como un punto de referencia para muchas de estas experiencias.”

LCV: Hay algo que también me parece muy importante: en 2001 las redes sociales estaban comenzando y tenían una lógica muy diferente a la actual. Existía Indymedia, por ejemplo, y había una posibilidad de organizar acciones globales de manera horizontal. ¿Qué lugar ocupó esa experiencia?

Martín Bergel: “El año 2001 es fascinante y trágico al mismo tiempo. Es el año de las Torres Gemelas, del 19 y 20 de diciembre en Argentina y también un momento muy importante para la evolución de las redes sociales. En muchos sentidos, las redes de ese momento eran bastante más interesantes que las actuales. El correo electrónico tenía un primer momento revolucionario. Podías enviar un mensaje a diez personas en diez ciudades del mundo y organizar algo conjuntamente para el día siguiente. Las redes sociales no estaban todavía atravesadas por la oligarquización que tienen hoy, donde unas pocas personas concentran el poder sobre las plataformas. Indymedia es un símbolo de ese momento. Había una verdadera fascinación porque existía la idea de que era posible construir una alternativa al poder mediático mundial. Era una red organizada por ciudades, con nodos en Italia, Buenos Aires, Santiago de Chile, distintos lugares de África y muchas otras partes del mundo. Era una verdadera internacional mediática de la contrainformación. También proponía una nueva forma de hacer periodismo, donde la frontera entre el activista y el periodista era mucho más anfibia. Uno de sus lemas era ‘Don’t hate the media, be the media’: no te limites a decir que los medios mienten, sino construí tus propios medios. Había quizás un exceso de optimismo, pero también una enorme creatividad y una convicción de que era posible construir herramientas de comunicación alternativas. Esa experiencia forma parte de la vitalidad que tuvo aquel movimiento.”

LCV: Se nos está terminando el tiempo, pero seguramente vamos a volver a convocarte porque es muy interesante hablar con un historiador que, además, participó de los acontecimientos que analiza.

Martín Bergel: “Para mí fue una de las experiencias más fuertes de mi vida. Estas crónicas que estoy escribiendo tienen un sentido que no es solamente académico. Yo escribo libros y trabajos académicos, pero estas crónicas tienen también una dimensión afectiva. Estoy escribiendo una serie de textos que se titulan Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En principio van a ser cuatro crónicas y quizás, si me da el tiempo y la energía, pueda convertirse en un pequeño libro. Hay muchos resortes afectivos en esta historia. Algunos amigos que participaron de aquellas movilizaciones murieron en estos 25 años. También murió recientemente en Roma un activista muy importante, muy conocido. Todo eso forma parte de una memoria personal y colectiva. Las crónicas se publican en la revista mexicana Común, que realizan historiadores, intelectuales y jóvenes profesores con una perspectiva internacional. Me pone muy contento que puedan circular en castellano y que también puedan publicarse en La Columna Vertebral.”

LCV: Sirva esta primera comunicación con Martín Bergel, a quien seguramente volveremos a convocar. Cerramos este espacio recordando Génova 2001 y a Carlo Giuliani, asesinado por la policía durante aquellas jornadas. Porque no se puede disparar a matar contra un joven de 23 años por el simple hecho de que un policía tenga miedo de que pueda arrojarle algo. Nos despedimos hasta la próxima.

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Destacada

Mariano Pacheco: La crítica como género de combate, por Álvaro Hilario

En estos tiempos, en este mundo, dominados por la imagen, lo digital, lo inmediato y la brevedad, es de entusiasmar que alguien reivindique lectura y escritura como herramientas para la transformación social, para la reflexión, para el pensar, el enseñar y aprender, para el goce y el deleite.

Durante muchos años, desde el campo popular, se ha primado la urgencia de la visibilidad, de hacer llegar el mensaje, postergando la experimentación y el saber que deviene de la palabra pausada. Mariano Pacheco, en “Literatura y Revolución” (Nido de Vacas, 2026), con una prosa suave y aterciopelada, aboga por bucear en la lectura y, sobre todo, por recuperar la crítica literaria como un “género de combate”.

Bajo la premisa de literatura y revolución, Pacheco se encuentra con ocho autores argentinos en sendos ensayos: Saer, Puig, Piglia, Fogwill, González Tuñón, Viñas, Rozitchner y Perlongher. Diferentes obras, épocas, estilos, poéticas y personalidades.Todos son interpretados a través de los diferentes recursos que la crítica literaria proporciona: contextualizando obras y autores con los diversos momentos históricos, las sociedades que transitaron; analizando los temas que trataron y buscando el imperceptible hilo común que los une: la violencia oligárquica que siempre habitó la Historia argentina y las resistencias que le hicieron frente, la identidad argentina que reflejan y a cuya construcción también contribuyeron.

Porque, como Mariano señala, acá y allá, la literatura argentina siempre tuvo voluntad de dar fe de los conflictos políticos que jalonan su Historia, tradición crítica reflejada en sus temas, en esa mezcla de política, violencia y resistencia. Toda una realidad y un imaginario en el que bucean desde diferentes perspectivas.

Crítica como género de lucha, para aprender a leer, releer, interpretar y desde estas poesías, prosas y ficciones plantear soluciones a presente y futuro desde una óptica revolucionaria.

Un libro encantador que invita a la lectura (o relectura) de estos autores. Indispensable.

Literatura y revolución”, Pacheco, Mariano.

Editorial Nido de Vacas

Buenos Aires, 2026

152 páginas

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Destacada

Ernesto Alonso: «La selección nos recordó que Malvinas sigue siendo una causa del pueblo argentino»

En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral a Ernesto Alonso, excombatiente de Malvinas, fundador y director del CECIM La Plata. En la conversación repasó el vínculo construido entre el Centro de Ex Combatientes y la Selección Argentina, el significado de la bandera de Malvinas desplegada tras la consagración en el Mundial y reflexionó sobre la defensa de la soberanía nacional como una causa vigente.

LCV: Contame un poquito cómo nació el vínculo entre el CECIM y la Selección Argentina.

Ernesto Alonso: «Con la selección tenemos una relación que comenzó a través del preparador físico, Luis Martín, que es de La Plata. A partir de ese contacto empezamos a vincularnos y él se acercó al CECIM. Desde entonces mantuvimos una relación muy cercana. Tenemos en nuestra sede una camiseta de la selección campeona de la Copa América y también dos banderines de la AFA firmados por el cuerpo técnico. El año pasado, cuando volvimos a Malvinas para seguir el proceso de identificación de los soldados en el cementerio de Darwin, dejamos uno de esos banderines en la cruz mayor del cementerio argentino, como un homenaje y también por pedido del cuerpo técnico.»

LCV: Esa camiseta que tienen ustedes también está firmada por varios de los jugadores campeones. Frente a quienes descalificaban a la selección diciendo que era un grupo de millonarios ajenos a la realidad del país, ¿cómo interpretás vos el compromiso que demostraron?

Ernesto Alonso: «La selección demostró que es un grupo humano enorme. Son muchachos muy humildes. Si uno compara con otras épocas, cuando algunos jugadores parecían molestarse por tomar una bandera argentina, la diferencia es enorme. Luis Martín incluso nos pidió una bandera del CECIM para llevar al Mundial. Para nosotros hubo dos finales: una con Inglaterra y otra con Francia. La verdadera final fue con Inglaterra. Había una enorme carga simbólica y mucha presión alrededor de ese partido.»

LCV: ¿Qué tipo de presión percibían?

Ernesto Alonso: «La presión tenía que ver con volver a enfrentar a Inglaterra después de tantos años. Nosotros entendíamos que no era un partido más, aunque públicamente Scaloni dijera que sí porque era lo políticamente correcto. Por eso enviamos una carta al plantel, que después tomó estado público, donde les pedíamos que jugaran tranquilos, con el corazón, como siempre lo hacen. Les recordábamos que el pueblo argentino ya había encontrado una reparación simbólica en México 86, apenas cuatro años después de la guerra, y que esta vez disfrutaran del fútbol. Pero nosotros sabíamos que, emocionalmente, ese partido tenía un significado muy especial.»

LCV: En esos días también hubo una fuerte discusión por la presencia de símbolos vinculados a Malvinas y por las declaraciones del Gobierno nacional. ¿Cómo analizás esa situación?

Ernesto Alonso: «Este gobierno está muy alejado de cualquier defensa de la soberanía nacional y eso se refleja todos los días. El episodio con la ministra de Seguridad fue una muestra más. Todos los argentinos, desde el Presidente para abajo, tenemos el mandato constitucional de sostener el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Nuestro país sigue siendo un país colonizado: los británicos ocupan cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio argentino y, después de 1982, ampliaron todavía más esa ocupación. Buena parte de las dificultades que atraviesa nuestro pueblo también tienen relación con esa realidad colonial. Lo que vemos hoy es una profundización de ese proceso.»

LCV: Quiero llevarte a un plano más personal. Cuando apareció la bandera con la inscripción ‘Las Malvinas son argentinas’ sobre el campo de juego, ¿qué sintió aquel excombatiente que conocí hace tantos años?

Ernesto Alonso: «Fue un impacto enorme. La cámara giró y de repente apareció esa bandera. Después vino toda la escena de los jugadores desplegándola con un respeto y una delicadeza impresionantes. Más tarde me enteré de que había sido pintada por hinchas que la arrojaron desde la tribuna. En ese momento sentí que aparecía Diego Maradona. Me lo imaginé levantándose la camiseta y mostrando el tatuaje de las Malvinas. A pesar de todas las posiciones contrarias a la soberanía que se escuchan desde algunos sectores del poder, apareció la verdadera argentinidad. Malvinas sigue movilizando desde la emoción y ahora el desafío es transformar esa emoción en una comprensión más profunda de por qué defendemos esa causa.»

LCV: ¿Creés que este gesto de la selección puede tener un impacto duradero?

Ernesto Alonso: «Sí, porque generó preguntas en las nuevas generaciones. Al día siguiente muchos chicos llegaron a la escuela preguntando qué significaba esa bandera y pudieron hablar de Malvinas en clase. Eso es maravilloso. Nosotros venimos trabajando muy fuerte dentro de una coalición en defensa de la tierra porque creemos que este gobierno ha puesto el territorio argentino en venta. Ojalá algún día podamos tener una foto junto a estos jugadores, porque entendieron el valor simbólico de Malvinas y ayudaron a que miles de chicos vuelvan a interesarse por esa historia.»

LCV: ¿Qué reflexión final te deja todo lo que ocurrió?

Ernesto Alonso: «Esta selección nos hizo sufrir, disfrutar y emocionarnos, pero sobre todo nos ayudó a comprender de qué hablamos cuando hablamos de Malvinas. Hay que seguir trabajando con las nuevas generaciones. Tengo un nieto de casi tres años que no quiere sacarse la camiseta de la selección y lo veo junto a otros chicos jugando vestidos de celeste y blanco. Ahí está el futuro. Pero también necesitamos un gran acuerdo político basado en la defensa de la soberanía nacional. Sin políticas soberanas va a ser muy difícil que la Argentina pueda salir adelante.»

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