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Los fabulosos Perelman, por Teodoro Boot, especial para La Columna Vertebral
Nacido en Odesa, el inmigrante judío Iahn Perelman, hombre de acción y tenaz militante comunista que casi no hablaba castellano, se desempeñaba como obrero en la gigantesca Tamet, la metalúrgica más importante de Sudamérica. Le habían tocado en suerte dos hijos muy rebeldes, el activo y encarador Ángel y el serio y reflexivo Adolfo, el intelectual de la familia, a quien en algún momento había echado de su casa debido a sus ideas.
Descarriados
Metalúrgico uno, textil el otro, ambos hermanos habían sido influidos por Liborio Justo, hijo del presidente Agustín P. Justo, que no estaba muy bien de la cabeza y con el alias de Quebracho apostrofaba al imperialismo norteamericano en las recepciones oficiales a Franklin Delano Roosevelt y se oponía públicamente al estalinismo, sumándose a las huestes del derrotado León Trotsky. Mientras, con el pseudónimo de Lobodón Garra,
daba forma a textos costumbristas y conservacionistas, los hermanos Perelman también renegaban del Partido Comunista y colaboraban con el periódico Frente Obrero.
Frente Obrero, cuyo director era el casi adolescente Jorge Abelardo Ramos, hijo y nieto de anarquistas, meloneado en las ideas trotskistas por Adolfo Perelman, fungía de órgano del Partido Obrero Revolucionario Socialista (PORS), pequeño grupo de jóvenes activistas aglutinado en torno a Aurelio Narvaja.
Con el tiempo, atraído por la revolución boliviana, Adolfo viajará a La Paz, donde tendrá enorme influencia en el surgimiento de una izquierda nacional, hasta el punto de que el malogrado Sergio Almaraz, el Scalabrini Ortiz de Bolivia, le dedicará su libro El poder y la caída, y será el inspirador de la creación de la primera fundición de estaño de Bolivia y redactor de la ley de nacionalización de la Gulf Oil Company en 1969. Dos de los discípulos de Adolfo serán Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado en 1980 por un
grupo de militares argentinos durante el sangriento golpe de los narcotraficantes Luis García Meza y Luis Arce, y Andrés Solís Rada, ministro de Hidrocarburos de Evo Morales.
Una agachada sindical
Pero estamos en 1942, en el transcurso de una huelga metalúrgica declarada por una asamblea el 26 de junio que a inicios de julio la dirección del SOIM (Sindicato de Obreros de la Industria Metalúrgica) en manos de militantes comunistas, decide levantar con el argumento de los obreros le estarían “haciendo el juego a los nazis”. Ese es el momento en que el joven Ángel Perelman adquiere notoriedad, al volcar a favor de continuar la medida de fuerza a la asamblea de trabajadores de CATITA, una enorme
metalúrgica de más de 3000 obreros. Para los trabajadores metalúrgicos –argumentará Perelman, de ahí en más delegado general de la planta– los nazis contra los que debían pelear no estaban en Berlín, sino en la Unión Industrial.
Ya desde el año anterior Perelman venía denunciando en Frente Obrero la complicidad de los dirigentes de su sindicato con Torcuato Di Tella y el gobierno conservador a fin de reducir la conflictividad laboral y oponerse a los aumentos salariales reclamados por los trabajadores.
No se había equivocado. El 13 de julio de 1942, el SOIM consigue levantar la medida de fuerza, en medio de serios incidentes entre los trabajadores y los dirigentes del sindicato, el aparato del Partido y las fuerzas policiales. La defección del SOIM y la complicidad del Partido Comunista con la patronal quedan en evidencia.
Pocos meses después un grupo de mecánicos de la fábrica Fontanares va a ver a Perelman, quien en su libro Cómo hicimos el 17 de octubre recordará: “Eran como yo, en esa época afiliados al Partido Socialista, disconformes con la orientación del partido y con la dirección comunista de nuestro gremio. Me propusieron la formación de un nuevo sindicato metalúrgico que organizase realmente a los trabajadores de nuestra industria rompiendo así, definitivamente, con los comunistas”.
Los delegados fundan la UOM
Fue en base a esos trabajadores de Fontanares, delegados de Tamet como Fernando Carpio –quien en el futuro sería el primer secretario general del Partido Socialista de la Izquierda Nacional–, Ángel Perelman y Víctor Gosis (del PORS) y Nicolás Giuliani y el grupo de delegados socialistas, tras sucesivas reuniones en la pieza de un conventillo de la calle México, el 20 de abril de 1943, en la sede de la Unión Ferroviaria de Independencia 2880, unos sesenta delegados de varias fábricas deciden fundar la Unión
Obrera Metalúrgica.
Por unanimidad, Ángel fue elegido secretario general, Carlos Etkin y Hugo Sylvester, asesores jurídicos, Adolfo Perelman, administrativo, Víctor Gossis y Nicolás Giuliani parte de la comisión directiva de quince trabajadores de diversas corrientes ideológicas, mayoritariamente socialistas. Iahn Perelman, comunista convencido, no perdonó la defección del SOIM y se sumó como asesor al nuevo sindicato, con el secreto propósito de controlar a sus dos descarriados hijos.
El nuevo sindicato comenzará a funcionar en una pequeña oficinita de la sede de la Unión Ferroviaria, dirigida por José Domenech (líder de una de las dos facciones en que se había dividido la CGT) y cuya eminencia gris era el abogado socialista Atilio Bramuglia, quedando así de hecho incorporada a la CGT 1.
Un coronel muy raro
Un mes y medio después, el 4 de junio de 1943, se producía un golpe de estado y el nuevo gobierno, en sus inicios “orientado en sentido reaccionario”, recordará Perelman, interviene a varios sindicatos.
Cuando poco después el general Farell es designado ministro de Guerra, un insólito coronel Perón lo acompaña como secretario de la cartera, secundado por el teniente coronel Mercante. El coronel tenía una idea muy precisa de la importancia que adquirirían los trabajadores y así lo sostuvo en una conferencia dictada en la Escuela de Guerra, en la que debe haber infartado a más de cuatro al afirmar que si la Revolución Francesa había terminado con el gobierno de las aristocracias, la Revolución Rusa
terminaría con el gobierno de las burguesías. “Empieza –aseguró– el gobierno de la las masas populares”.
Pero no le resultaría sencillo establecer alguna clase de vínculo con los dirigentes sindicales que, con buenas razones, desconfiaban de los militares, sus intenciones y su ideología.
El hielo se empieza a derretir por medio del teniente coronel Mercante, hijo de un muy respetado dirigente de La Fraternidad, que insiste en la necesidad de que ambos gremios ferroviarios se entrevisten con los dos jóvenes oficiales. Será Hugo Mercante, hermano del teniente coronel y obrero ferroviario, quien lleve a Bramuglia y a Domenech a la Secretaría de Guerra.
Fue el primer paso. En los próximos meses, con la Secretaría convertida en un Departamento del Trabajo paralelo, Perón sostendrá infinidad de reuniones con los dirigentes ferroviarios y delegados y militantes de base de diversos gremios.
La renuncia de “Angelito”
La comisión directiva de la UOM rechaza la propuesta de Perelman de reunirse con Perón y “Angelito” se siente obligado a renunciar. El 20 de septiembre otra asamblea general elige una nueva Comisión Directiva, designando secretario general a Nicolás Giuliani, apoyado por los socialistas. Perelman queda en minoría, aunque continúa integrando la Comisión Directiva. Lo recordará así: “Mi posición encontró gran resistencia entre los otros miembros de la Comisión. De los 15 asistentes, votaron en contra 13 y sólo dos a favor”.
No obstante, la Comisión autorizará a Perelman y a Ernesto Cleve –más tarde diputado nacional por el Partido Laborista– a reunirse con Perón, como metalúrgicos, pero a título personal. En esos momentos Perón y Mercante ocupaban el edificio del Consejo Deliberante porteño y Perón asumía la presidencia del Departamento Nacional del Trabajo, inmediatamente convertido en Secretaría. La única representación sindical presente en el acto fue la de la Unión Ferroviaria.
Perelman y Cleve concurren a entrevistarse con el secretario de Trabajo y salen muy entusiasmados de la reunión: el coronel se había comprometido a apoyar todas las demandas del gremio metalúrgico.
Paralelamente, Bramuglia es designado director general de Asistencia Social de la Secretaría y Mercante desplaza al capitán de fragata Raúl Puyol de la intervención a la Unión Ferroviaria y La Fraternidad, asumiendo la administración del gremio rodeado de sus dirigentes.
De inmediato unifica todas las entidades mutuales ferroviarias, organiza el sistema integral de asistencia y previsión, al que suma el Hospital Ferroviario y las colonias de vacaciones e imponiendo un 12% de aporte provisional a las empresas, sanea el sistema jubilatorio y reglamenta el alcance de las pensiones e indemnizaciones por deceso.
El momento decisivo
Ángel Perelman, cuya oficina de la UOM en la Unión Ferroviaria es contigua a la de Domingo Mercante, observa cómo, en apenas dos meses, los ferroviarios concretaban viejos reclamos que ni en sueños habían pensado en satisfacer. Vuelve a la carga y finalmente consigue persuadir a la Comisión Directiva de entrevistarse con Perón.
Para asombro de la mayoría, en esa reunión se formaliza el acuerdo con las
reivindicaciones del gremio metalúrgico y se resuelve organizar un acto público con el propio Perón, el miércoles 6 de septiembre de 1944 en el salón del edificio de Perú y Diagonal Sur para hacer públicos el convenio y los acuerdos.
“Fijada la fecha –dice Perelman– calculamos que podríamos llenar con mil metalúrgicos el Salón de Sesiones del Consejo Deliberante”. Sorprendidos, los dirigentes observarán que tras colmar el salón de actos, en la Diagonal Roca se había concentrado una enorme multitud de cerca de 20.000 metalúrgicos.
A partir de ese momento, la UOM no cesará de crecer. Perelman y un pequeño grupo de trabajadores trotskistas que pronto formarán la izquierda nacional, habían creado la que sería la organización más poderosa del movimiento obrero y auténtico emblema del sindicalismo peronista.
Luego de su activo papel en las jornadas del 17 de octubre, como especialista en convenios colectivos Ángel Perelman conservará enorme influencia en la UOM, tanto durante el periodo peronista como luego de su retorno del exilio en Israel tras la amnistía dictada por Frondizi. En la asamblea que consigue normalizar el sindicato, cuando el viejo dirigente Paulino Niembro, que había sido uno de los sesenta delegados iniciales, rechaza el cargo de secretario general para el que había sido proclamado,
proponiendo en su lugar al joven Augusto T. Vandor, Ángel Perelman estaba a su lado. En 1968, en el documental “La Hora de los Hornos”, junto a un grupo de delegados obreros Perelman sostendrá que “El sindicalismo argentino no lucha únicamente por un salario más, sino que, verdaderamente, nosotros soñamos y creemos en la posibilidad de
una gran revolución social y nacional para reivindicaciones ya no únicamente de la clase trabajadora sino para todo el país”.
Tal como sostuvieron Solanas y Getino, a lo largo de la larga noche que cayó sobre Argentina en 1955, Ángel Perelman será un auténtico ejemplo de que “los delegados, comisiones internas y dirigentes sindicales fueron la única vanguardia intelectual y efectiva que se autoproporcionó el movimiento nacional”.
A los 25 años de edad, ese obrero trotskista, prototipo de una nueva camada de activistas sindicales, había sido el fundador y primer secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica y nada menos que el gestor de un acercamiento al coronel Perón que resultará clave y providencial.
Ángel Perelman morirá en 1973, a los 56 años de edad. Aquí, las versiones difieren. Para algunos fue enterrado en La Chacarita y para otros está sepultado en el cementerio judío de La Tablada, que si dispone de un sector especial para putas y cafishios, seguramente dispondrá de otro para nipo-nazi-falanjo-peronistas.
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El FreSU convocó a profundizar la movilización contra las políticas de ajuste durante la marcha al Congreso en defensa de la soberanía
El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) se movilizó hoy al Congreso Nacional en defensa de la soberanía, el desarrollo y el trabajo argentino, en rechazo al proyecto de Ley de Extranjerización de la Tierra (denominado «Inviolabilidad de la Propiedad Privada») debatido en el Senado, y contra las políticas de saqueo y ataque a la clase trabajadora que lleva adelante el gobierno nacional. Sus dirigentes anunciaron que profundizarán las luchas contra las políticas de ajuste salarial y por la recuperación de los salarios.
«Marchamos, porque como venimos resistiendo esta política de gobierno, tratando de movilizar a los compañeros y compañeras de organizaciones, porque nadie negocia con débiles en cuanto a la defensa de la soberanía», dijo el titular de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), Pablo Biró y señaló: «El FreSU nació para darle voz a aquellos que no tienen la fuerza para hacerse escuchar. Nació para decirle a aquellos que no se sienten representados, que hay un futuro mejor posible».
Agregó: “Ahora anunciaron que eliminaban este capítulo sobre la extranjerización de la tierra, pero mantiene la posibilidad de la limitación de la expropiación, garantizándole alguna compensación a quien la tuviera».
Por su parte, la secretaria general de Conadu, Clara Chevalier, indicó: “Estamos en un momento en que está claro que no alcanza con la mirada sectorial, que es importante juntarnos, que es importante discutir para construir una mirada de proyecto nacional, integrando las miradas de quienes trabajamos en los distintos sectores sobre los que sabemos cómo funcionan, los problemas que atraviesan, pero tratando de superar esa mirada para pensar un proyecto de país, porque estas nuevas derechas no vinieron a discutir cosas superficiales”.
Además, Chevalier recordó que el gobierno no cumple con la Ley de Financiamiento Universitario. “El 18 de agosto se cumplen 300 días de la sanción de la ley que este gobierno no cumple. Es inédito lo que ocurre porque tenemos un fallo de la Corte, tenemos ahora un movimiento más que hizo la Cámara en el sentido de que el Gobierno tiene que cumplir esta cautelar y esta ley y siguen sin cumplirla”, agregó.
Por su parte, el secretario general de la Federación Aceitera y Desmotadora, Daniel Yofra, destacó que “se marcha para defender la soberanía y para defender al país. Y se marcha en todo el país. No estamos marchando solamente en Congreso, sino en muchas ciudades importantes como Rosario, Córdoba, Mendoza, como muchos lugares donde hay una necesidad de salir, de defender la patria”.
“Este es el camino para seguir defendiendo a todos los sectores vulnerables que viven cada vez peor y que este gobierno se encargó de profundizar esa crisis. Por eso, tenemos que seguir enfrentando a este gobierno y a todas las políticas de este gobierno para salvar a nuestro país, a nuestra sociedad. Eso es lo que estamos tratando de hacer y cada vez se hace más fuerte, cada vez convoca más compañeros porque hay cada vez más necesidad. Entonces los compañeros necesitan de dirigentes que se pongan al frente de la lucha», agregó Yofra.
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Clarín avanza con el cierre de la planta Zepita y deja a decenas de familias sin trabajo
En diálogo con Nora Anchart para La Columna Vertebral, Alejandro Ontivero, delegado y trabajador de la planta Zepita, denunció que el Grupo Clarín cerró las instalaciones sin comunicación oficial, avanza con despidos encubiertos bajo la figura de «retiros voluntarios» y terceriza la impresión de sus publicaciones para reducir costos, afectando a trabajadores gráficos y de prensa.
LCV: Contanos qué es lo que está haciendo el diario Clarín en la planta Zepita con sus trabajadores.
Alejandro Ontivero: «La planta Zepita imprimía el diario Clarín y otras publicaciones. Hasta hace poco también se imprimía allí el diario La Nación. Lo que está haciendo Clarín es tercerizar la producción en otro taller gráfico para abaratar costos, dejando a los trabajadores en la calle. Eso significa dejar a muchas familias sin su fuente de ingreso.»
LCV: ¿Cuántos trabajadores están quedando en la calle con esta operación?
Alejandro Ontivero: «Hace aproximadamente un mes comenzaron a ofrecer un supuesto retiro voluntario, que en realidad no tiene nada de voluntario: es un despido encubierto. La planta está dividida entre trabajadores gráficos y trabajadores de prensa. Yo pertenezco al SiPreBA y formo parte del sector de expedición, que está bajo el convenio colectivo de prensa. Del lado gráfico había alrededor de 150 trabajadores y nosotros somos 23 trabajadores de prensa. Muchos gráficos aceptaron ese retiro porque fueron presionados. En los últimos días la empresa intensificó esa presión y les planteó que, si no aceptaban el retiro, recibirían el telegrama de despido. Es una herramienta claramente coercitiva: te dicen ‘aceptá el retiro o te despedimos de otra manera’.»
LCV: ¿Hay personal policial custodiando la planta de Zepita?
Alejandro Ontivero: «El lunes pasado nos presentamos a trabajar y nos encontramos con las puertas cerradas. La empresa no nos dejó ingresar a la planta. Lo único que permanecía abierto era la oficina de Recursos Humanos para quienes quisieran llegar a un acuerdo. El taller estaba completamente cerrado y había presencia policial que impedía el ingreso. Nosotros nunca recibimos una notificación formal de la empresa. Volvimos a presentarnos el miércoles y recién ahí nos enteramos de que la empresa no iba a continuar con la actividad en ese lugar. Hasta hoy no recibimos ningún telegrama ni ninguna comunicación oficial. Estamos en un limbo absoluto. Lo más grave es que Clarín no toma esta decisión porque esté atravesando una crisis económica. Durante años recibió importantes ingresos por pauta publicitaria y tuvo ganancias. Sin embargo, ahora pretende que los trabajadores paguemos el costo de una supuesta crisis. Como siempre, a los trabajadores nos hacen participar de las pérdidas, pero nunca de las ganancias.»
LCV: Allí se imprimían Clarín, Olé… ¿Qué otras publicaciones pasaron ahora a Color Press, en Avellaneda?
Alejandro Ontivero: «Se imprimían el diario Clarín con todos sus suplementos, Olé, La Nación, Revista Viva y varias publicaciones más. Muchas de esas impresiones ya habían sido tercerizadas progresivamente hasta llegar a esta situación.»
LCV: ¿Cuántas familias están perjudicadas hoy?
Alejandro Ontivero: «Hoy somos 23 familias directamente afectadas, aunque ese número puede crecer. El viernes los compañeros mantuvieron una reunión con el gerente, Jorge Figueira, y con un jefe de personal. Como nosotros hicimos pública esta situación y comenzó a viralizarse, los directivos se molestaron. Es increíble que tengan el poder de dejarte sin trabajo y, además, se enojen porque uno cuenta lo que está pasando. Los empresarios se cuidan entre ellos y no quieren que estas situaciones se conozcan. Nosotros decidimos visibilizar el conflicto porque es la única manera de defender nuestros derechos. Además, todavía hay compañeros que no aceptaron el supuesto retiro voluntario y se siguen sumando al reclamo. No son solamente 23 trabajadores: son 23 familias que de un día para el otro quedaron sin saber qué va a pasar con su futuro. La empresa no cierra porque no pueda seguir funcionando, sino porque quiere reducir costos. Mientras durante mucho tiempo nos negó salarios acordes con la inflación diciendo que no tenía recursos, ahora sí aparece el dinero para financiar despidos, pero no para garantizar salarios dignos. Esa es la verdadera situación que estamos denunciando.»
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Guillermo Tello: «Derogar la ley del libro es atacar la soberanía cultural argentina»
El director y referente del sector cultural Guillermo Tello analizó junto a Nora Anchart en La Columna Vertebral el proyecto del Gobierno nacional para derogar la Ley de Defensa de la Actividad Librera y la Ley de Fomento del Libro. Advirtió que la medida favorecería la concentración editorial, pondría en riesgo la producción cultural argentina y afectaría tanto a autores como a librerías, editoriales y lectores.
LCV: En este contexto tan complejo, Guillermo, el Gobierno nacional parece tener una verdadera obsesión con la cultura. El presidente Javier Milei ha descalificado al INCAA, les dijo a los actores que manejen Uber si no consiguen trabajo y ahora avanza directamente sobre leyes que protegen la actividad cultural. Contanos qué implica el proyecto para derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera y la Ley 25.446 de Fomento del Libro. ¿Qué pretende hacer Federico Sturzenegger con estas normas?
Guillermo Tello: «Efectivamente, el Estado nacional, con Federico Sturzenegger como principal ideólogo de estos proyectos y con la decisión política del presidente Javier Milei, tiene un ensañamiento con la cultura como parte de su estrategia política. No atacan a la cultura por casualidad, sino porque entienden que nuestro capital cultural e intelectual constituye una resistencia frente a un proyecto que apunta a debilitar la soberanía nacional. Un país sin soberanía cultural pierde identidad, arraigo, memoria y sentido de pertenencia.
Un ejemplo muy claro ocurrió durante el último Mundial. Más allá del resultado deportivo, el hecho cultural más trascendente fue que la selección argentina exhibiera una bandera con la consigna ‘Las Malvinas son argentinas’. Ese mensaje recorrió el mundo y volvió a instalar un reclamo histórico que nació espontáneamente desde la identidad de nuestro pueblo y no desde una acción organizada por ningún sector político.»
LCV: Justamente, lo que quería señalar es que ese gesto de los futbolistas no fue impulsado por ninguna fuerza política, sino que nació de un sentimiento nacional muy profundo.
Guillermo Tello: «Exactamente. Lo que sucede es que muchas veces se pretende reducir toda oposición al Gobierno únicamente al plano partidario. Sin embargo, existe una oposición cultural muy fuerte que viene defendiendo las políticas públicas construidas durante estos cuarenta años de democracia. Esa defensa también es una posición política, porque protege derechos culturales y herramientas que permiten el desarrollo nacional.»
LCV: Entonces vayamos concretamente a las leyes. ¿En qué nos perjudicaría su derogación?
Guillermo Tello: «Cuando el Gobierno presentó originalmente la Ley Bases ya intentó eliminar estas normas junto con numerosos organismos descentralizados. Ahora vuelve a insistir sin ofrecer una sola fundamentación seria. El proyecto simplemente propone derogar las leyes, sin explicar por qué serían perjudiciales para la sociedad ni qué política las reemplazaría.
La consecuencia inmediata sería beneficiar a las grandes editoriales extranjeras y profundizar la extranjerización del mercado editorial argentino. Eso ya ocurrió durante la década de 1990: al principio los libros parecían más baratos, pero luego terminaron costando siete, ocho o diez veces más que en otros países. Precisamente por esa experiencia se sancionaron estas leyes a comienzos de los años 2000.
No estamos defendiendo normas antiguas o desactualizadas. Si hiciera falta modernizarlas podría hacerse, pero hoy contemplan perfectamente los nuevos formatos digitales y las tecnologías de la información. El problema no es tecnológico; el problema es proteger la producción cultural argentina.»
LCV: Hasta ahora existía un precio de venta uniforme para todo el país. Un libro costaba lo mismo en Ushuaia que en La Quiaca. Con la derogación, según entiendo, cada empresa podría fijar el precio libremente. Cuando hablás de extranjerización, ¿te referís a que ingresarán libros importados mucho más baratos que los nacionales?
Guillermo Tello: «Las grandes editoriales multinacionales concentran la impresión y la distribución. Les resulta mucho más barato imprimir en el exterior porque allí el papel tiene otro costo. Además, naturalmente promocionan a sus propios autores y llenan el mercado con esos títulos, relegando a los escritores argentinos.
Las editoriales nacionales cumplen también una función de curaduría cultural, seleccionando y promoviendo contenidos vinculados con nuestra identidad. No se trata solamente de vender libros baratos; también importa qué tipo de libros llegan a los lectores y qué voces terminan ocupando ese espacio.»
LCV: Cuando hablás de los índices de lectura, ¿incluís los libros escolares?
Guillermo Tello: «No. Estamos hablando exclusivamente de libros de lectura general: novelas, ensayos, cuentos y otros géneros. Los textos escolares forman parte de programas específicos contemplados por otras políticas públicas destinadas a garantizar el acceso a los materiales educativos.»
LCV: ¿Cómo se compatibiliza esta avanzada contra los libreros, las editoriales nacionales y las pymes con el crecimiento de plataformas como Amazon y con la expansión del libro digital?
Guillermo Tello: «El formato digital no presenta ningún inconveniente porque ya está contemplado dentro de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Tanto la comercialización digital como la del libro físico cuentan con regulaciones específicas. El verdadero problema no pasa por el soporte, sino por la regulación del mercado. Lo que está en riesgo es nuestra capacidad de producir títulos propios, preservar la soberanía cultural y sostener a nuestros escritores y escritoras.
Y si a eso le sumamos que también se intenta derogar la Ley Nacional de Doblaje —que incluye el subtitulado, el caption y todas las herramientas de accesibilidad a los contenidos audiovisuales—, el daño es todavía mayor. No se trata únicamente del libro; hay un conjunto de políticas culturales que hoy están siendo atacadas.»
LCV: Quería cerrar el tema del libro con otra consulta. Los autores argentinos que hoy publican en grandes editoriales internacionales con sede en el país, ¿también resultarían perjudicados? Me interesa entender si el principal problema es el precio de tapa o también el sistema de publicación.
Guillermo Tello: «Todos vamos a resultar perjudicados, especialmente los autores argentinos, publiquen o no en una editorial extranjera. Las casas matrices concentran las decisiones y remiten sus ganancias al exterior. Funcionan bajo una lógica extractivista: obtienen rentabilidad en un territorio y la trasladan a su país de origen.
Además, cuando un autor registra su obra en la Argentina está generando patrimonio cultural argentino. Si ese ecosistema se debilita, también se debilita nuestra producción intelectual y nuestra soberanía cultural.»
LCV: Te doy un ejemplo concreto. Mariana Enríquez es una autora argentina reconocida internacionalmente que publica en una de esas grandes editoriales multinacionales. ¿Vos sostenés que esas empresas dejarán de publicar autores argentinos o que el problema pasa por otro lado? Porque yo entendía que el principal riesgo era que el precio de los libros se disparara como consecuencia de la concentración del mercado.
Guillermo Tello: «El aumento del precio va a ocurrir, pero el problema es todavía más profundo. Para entenderlo mejor podemos mirar lo que pasó con la ficción audiovisual argentina. Cuando desaparecieron gran parte de las producciones nacionales para televisión y cine también desaparecieron los espacios donde surgían nuevos actores y actrices.
Con los libros ocurrirá algo similar. Los autores ya consagrados seguirán teniendo alguna posibilidad porque sus obras ya venden. El verdadero problema lo van a sufrir quienes recién empiezan. Las grandes editoriales privilegiarán los títulos que ya tienen éxito comercial y dejarán de apostar por nuevas voces.
Cuando desaparece una legislación que promueve la diversidad cultural y garantiza la presencia federal de los libros, también desaparecen las oportunidades para descubrir nuevos escritores y nuevas escritoras. Esa renovación cultural es la que queda amenazada.»
LCV: Hoy participé de la asunción de la nueva comisión directiva de SAGAI, la entidad que administra los derechos de intérpretes, actores, bailarines y voces actuadas. Allí también hubo una fuerte defensa del trabajo cultural.
Guillermo Tello: «Es lógico. Todo el sector está preocupado porque cada vez resulta más difícil sostener la actividad cuando faltan políticas públicas que den previsibilidad. Son esas políticas de Estado las que garantizan la continuidad de una industria cultural.
Hoy muchas producciones se trasladan a otros países de América Latina donde existen mejores condiciones para producir. En Buenos Aires sigue habiendo muchísimo teatro, eso nadie lo discute. El problema es que cada vez cuesta más llenar las salas porque el público perdió capacidad de consumo.
Incluso empresarios teatrales como Carlos Rottemberg vienen señalando que las temporadas ya no tienen la duración de otros años y que también falta el recambio generacional de figuras jóvenes. Ese mismo proceso puede reproducirse en la literatura si desaparecen estas leyes: menos acceso, menos diversidad y menos oportunidades para los nuevos autores.»
LCV: Recién mencionabas que el problema no es solamente el precio del libro, sino también el hábito de la lectura.
Guillermo Tello: «Exactamente. Si estas leyes desaparecen no solamente se verá afectado el precio de tapa, sino también la promoción del libro y de la lectura. Eso termina deteriorando un hábito fundamental para cualquier sociedad. Leer no es solamente consumir un producto: es desarrollar la imaginación, construir pensamiento crítico, fortalecer la formación de las personas y consolidar una identidad cultural. Por eso sostengo que el sector cultural ha sido uno de los principales espacios de resistencia frente a las políticas de este Gobierno. Todas estas herramientas fueron construidas durante la democracia y forman parte de la cultura democrática argentina.»
LCV: ¿Cuántos puestos de trabajo podrían perderse si también se elimina la protección de la Ley Nacional de Doblaje?
Guillermo Tello: «Estamos hablando de más de 300 empresas dedicadas exclusivamente al doblaje, al subtitulado y a los servicios de caption. No están solamente en la Ciudad de Buenos Aires: también existen en Córdoba, Mendoza, Tucumán, Misiones y otras provincias. Detrás de cada una de ellas trabajan actores, actrices, directores, técnicos, traductores y numerosos profesionales vinculados a la industria audiovisual.
Con solo pensar en la cantidad de empresas involucradas ya se puede dimensionar el enorme volumen de trabajo que sostiene esta actividad. Son empleos que dependen de un marco normativo que garantice continuidad y previsibilidad.»
LCV: Da la sensación de que existe una estrategia muy precisa para desarticular la industria cultural.
Guillermo Tello: «Así es. Hay un trabajo muy meticuloso para ir desarmando cada uno de los componentes que sostienen la cultura nacional. En algunos casos se utiliza la motosierra y, en otros, un bisturí muy fino. Pero el resultado es el mismo: se va debilitando toda la red de producción cultural argentina.
Si esa misma energía estuviera puesta en generar empleo, probablemente estaríamos discutiendo otra realidad. Sin embargo, hoy el esfuerzo parece concentrarse en destruir políticas públicas que durante décadas permitieron desarrollar nuestra cultura y nuestras industrias creativas.»
LCV: Antes hubo un pequeño intercambio entre nosotros respecto de la actitud de la oposición política frente a distintos temas, como ocurrió con la prohibición de ingresar a los estadios con símbolos vinculados a las Islas Malvinas. Lo que yo planteaba era que prácticamente no hubo reacciones institucionales importantes.
Guillermo Tello: «Entendí la aclaración y comparto que hubo muy pocas manifestaciones desde la política institucional. Mi punto era señalar que el sector cultural nunca dejó de expresar su rechazo a estas políticas. Nosotros mantenemos un contacto permanente con gran parte del ámbito cultural y deportivo, y por eso no me sorprendió el gesto espontáneo que realizaron los futbolistas con la bandera de Malvinas.
Lo que sí me preocupa es que la dirigencia política todavía no haya comprendido plenamente la dimensión del ataque que está sufriendo la cultura argentina. Cada vez que se intentó desmantelar una política cultural construida en democracia, el sector respondió. Ahora habrá que ver qué ocurre con las próximas movilizaciones en defensa de la soberanía, del patrimonio nacional y de la protección del territorio argentino.»