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“Los medios tienen una gran capacidad para clavar espinas por la espalda”

Horacio González, sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional, pasó por La Columna Vertebral para analizar la respuesta social a la cuarentena, el debilitamiento del gobierno y el daño que pueden causar los grandes medios.

¿Cómo piensa Horacio González este momento del país?

Es una encrucijada que por un lado es la conocida enfermedad mundial que se atraviesa con distintas decisiones. No son discutibles en principio, pero también hay que disputarlas. Las grandes empresas de medicamentos, los grandes laboratorios interconectados con toda la vida financiera mundial. Va a ser una vida empobrecida, una vida menor, una vida controlada, una vida vacunada, lo cual me parece bien pero está en algún modo en la serie de todos los controles que se van a producir.

Pero no es muy distinta de la que ya teníamos ¿O sí?

No, sin duda se van a reforzar procesos de dominio en todos los planos de la vida, de grandes bloques sobre otros países pequeños o incapaces de sostenerse por sí mismos. Sobre Argentina pienso también que, aunque sus posibilidades son mayores, sin embargo, está viviendo un momento muy ambiguo, oscuro y denso políticamente, y económicamente también. Pero eso es como todos los países. Como tiene un gobierno elegido electoralmente con un personal político, uno puede conversar, nada de oscurantismo y personas que estén empeñadas en dañar a nadie. Sin embargo, están también atravesando un período de desconcierto, y entonces esto también preocupa.

Un poco es esta historia de que veníamos de un período terriblemente oscuro y complicado para nuestro país, y cuando empezamos a subirnos al potro para intentar dominar lo que estaba pasando vino la pandemia. La verdad es que son los jinetes del apocalipsis, ya no solamente lo que nosotros teníamos.

 Sí, en realidad me preguntaría cuál es el sustento social que tendría la prosecución de este gobierno, que tenemos que defender efectivamente que prosiga y que supere los acechos a los que está sometido. Pero hay una vida social y popular totalmente descuartizada, como si hubiera entrado a la carnicería y el carnicero lo esperara con el cuchillo más largo. Es una vida popular que en una parte sustantiva sostiene las viejas sensibilidades populares que tenían nombres, rostros, marchas, canciones, blasones; pero hay otra parte importante cuyo contorno no podemos definir bien, que está en absoluta pobreza y que tiene que tomar tierras y de por sí ya es muy complejo porque hay intermediarios, personas que lucran con eso, siendo que de otro modo sería un hecho totalmente genuino.

El estado habla de cumplir las leyes, los jueces dicen que si se toman tierras tiene que venir la policía, justamente esta policía provincial que puede reprimir apenas con un poquito de violencia. Entonces son todos eufemismos que obligan a pensar que hay en el mundo popular, que antes considerábamos más homogéneo, toda clase de heterogeneidades. Junto a eso está la cuestión policial que también es de difícil tratamiento, porque es obvio que no fue un Golpe en toda la línea pero fue un acercamiento a la idea de Golpe de Estado que se hace a través del mundo financiero, a través de los diarios, de los grandes canales de televisión y también de la policía. Me preocupa entonces el surgimiento de cierto intento de comprensión del modo en que se mueve la policía criticando el progresismo. Nunca fui progresista en el sentido de que la historia es lineal, es bonita y uno tiene las mejores ideas del mundo y si ve algo oscuro lo repudia porque es muy oscuro, nunca fui así. Pero hoy me veo obligado a ver que lo que llaman progresismo en el mundo, como esa reunión de Chomsky y demás, que la veo y no formo parte de eso.

“hay una vida social y popular totalmente descuartizada”

Cuando veo muchachos jóvenes criticando al progresismo y diciendo ‘la policía es parte de la vida popular’, ahí me pongo más preocupado porque es hacer un análisis que puede resultar riesgoso, en el sentido de aquel que le gusta el riesgo de hacerse el analista profundo de la vida popular y aceptar al progresista bobo que está en contra de la policía y cita a Pasolini en ese famoso tramo que dice: “vos sos estudiante y sos de izquierda pero sos rico, el policía que tiene ideas de derecha es el pobre. Si vos le tirás una piedra al policía efectivamente sos el rico contra el pobre, no el estudiante de izquierda contra el poder represivo”. Ese era Pasolini que hacía grandes películas, poesías y textos. Hoy veo esas citas de Pasolini como una atención a los que vemos con preocupación el modo policial que encubre crímenes que son crímenes, que no es solo la cúpula corrupta sino que hay jóvenes policías. Por supuesto no aplico el progresista sistema binario de izquierdas y derechas, aplico el sentido común de no otorgarle a esas formas oscuras de la vida popular, la condición de un nuevo sujeto popular que nos salvaría de la catástrofe. Eso no es así.

Lo veo en jóvenes académicos de altura conceptual evidente, en elogios a Moreno y a Berni, y entonces eso ya me preocupa por parte de personas que hace 3 meses no tenían nada que ver con eso. Qué pasó que personajes así se convierten en una atracción a una parte del mundo cultural, del mundo del análisis de la cultura, de la reflexión política. Eso me parece preocupante porque no hay una alternativa que no sea en el progresismo banal, ni un movimiento nacional y popular que esté tomado por una progresiva inclinación por la derecha. Me parece que tenemos un gran problema, porque yo sigo flotando en la peripecia del movimiento  nacional y popular pero no bajo cualquier condición.

Dentro de este clima quiero decir que para mí es un momento muy alegre poder encontrarme con lo que para todos los de la Biblioteca Nacional es el gran director de la Biblioteca Nacional. Durante todo el macrismo en la oficina de RRHH hubo un pizarrón que tenía una frase que decía “sin nosotros no somos nada” firmada Horacio González, que fue una frase que tiraste al pasar en el discurso de despedida de todos tus empleados. Para nosotros en la Biblioteca Nacional es una frase que nos guía ¿Qué quisiste decir con eso? Porque nosotros seguimos existiendo a pesar de la pandemia, a pesar de los Macris. Seguimos estando, así que sin nosotros no somos nada, es decir, que nosotros tendremos que hacer algo para que esto cambie.

Yo veo también que la esfera cultural está con razones que uno entiende, sin financiamiento, sin posibilidades actuar de manera diva, pero me parece que aún en estas condiciones de restricción de la calle de la ciudad se podría hacer más cosas, incluso por estos medios que no son los que uno quiere. Uno entra a estas situaciones obligado por la pandemia, pero me da la impresión de que podría haber más ideas respecto del mundo cultural a través de estos medios, basadas más en la iniciativa y en la imaginación, que sin duda existe en todos lados. La excusa no puede ser la falta de financiamiento.

En el barrio cuando todo esto empezó y la gente tuvo que quedarse dentro de su casa, empezó a aprender lo que era la cuarentena y a convivir con el otro con el que habitualmente convivía de todos modos porque era su familia, pero esta vez era todo el tiempo. Había un lado optimista que decía “vamos a salir mejores” y otra parte decía “de ninguna manera, una pandemia no nos va a cambiar, vamos a seguir siendo lo que somos” ¿Hay alguna posibilidad de que alguna experiencia así de traumática y a nivel mundial haga que reflexionemos? ¿O esto que vos marcabas antes sobre Berni, la policía y demás, que es algo así como la atracción del morbo, es lo que va a prevalecer?

No, me parece que los cambios van a venir después y la reflexión quizá sea posterior a esta experiencia. Hoy sale uno a la calle sin barbijo y tenés que volver a tu casa porque te lo olvidaste y hay una solidaridad instantánea entre los que tienen barbijo y no, es el último lazo comunitario que nos queda y está más vinculado al miedo que a otra cosa. Me parece que cambiar el sustrato último de lo que es lo humano es muy difícil. Un gran terremoto, un tsunami, una guerra, puede producir cambios. Esta pandemia probablemente los produzca pero sobre la base que hasta el momento veíamos: el ascenso de las derechas europeas fue anterior a la pandemia, el gobierno de los empresarios bajo una fórmula política muy superficial como fue el macrismo que era esencialmente un gobierno empresarial y de personajes empresariales fue anterior a la pandemia. Hay que ver si la salida de la pandemia con lo que eso significa en relación al crecimiento de los grandes negocios telecomunicacionales, y a las grandes empresas de distribución de paquetes como Mercado Libre que finalmente son bancos y están ligadas al mundo financiero. Hay que ver si esto no produce un nuevo retoque de la vida popular aun sometiéndola mucho más al ejercicio de, aún en la pobreza, optar entre tener la tarjeta plástica del prestamista del barrio, o por pequeñas formas de la delincuencia, o por la vida marginal sufrida por el Estado que por otro lado tiene entre manos la discusión sobre el salario social o el ingreso ciudadano, que cualquiera de las dos serían soluciones del tipo social demócrata, pero no las desprecio por eso porque a falta de cualquier otra cosa evidentemente la quiebra de la vida productiva, la quiebra de pequeñas y medianas empresas todo eso va a verse en los próximos meses.

Al mismo tiempo es un gran desafío para este gobierno porque internamente, tal como lo veo yo hoy, no está en condiciones de asumir esto. Con gran desidia está casi defendiéndose, a veces con mayor suerte que otras, inaugurando una sala de terapia. Es un acto político defensivo inaugurar, no es un acto normal de un gobierno que inaugura una sala, es una forma de encubrir el espacio que les falta para imaginar grandes soluciones tanto para este presente tan complicado, como para el futuro que viene. Entre medio están las elecciones del año próximo, la gran capacidad que tiene el mundo mediático para clavar espinas envenenadas en la espalda. Creo que por un lado hay que comprenderlo y por otro lado está el tema de los que te dicen no podes hacer ninguna crítica, eso no es posible sin una vida de la crítica no existe el pensamiento. He tenido grandes discusiones con muchos amigos y muchas personas vinculadas al gobierno respecto a esa discusión de la crítica.

“El gobierno está defendiéndose”

A mí lo que me impresiona es esta sociedad que parece vivir en dos mundos paralelos, un mundo que te muestra la televisión con el dólar permanentemente en primer plano, mientras que al mismo tiempo están los que están ocupando tierras porque no tienen donde vivir y la preocupación de cada uno es muy diferente. Estamos con necesidades tan distintas y por más diálogo o consenso no hay forma de hacer entrar en la cabeza estas dos Argentinas, que no sé si son siempre las mismas dos que se están peleando. Vos que has estudiado mucha historia y sabes mucho de estos enfrentamientos ¿Cómo ves la nueva composición de este antagonismo social?

Lo veo como un momento muy opaco del país. Los ocupantes de tierras ni forman parte de un movimiento social más o menos organizado como era el momento en que Luis D’elia tomó El Tambo y produjo una urbanización y hoy es una ciudad, un pequeño barrio subsidiario muy bien organizado, sino que es un movimiento espontáneo y, si es conducido, es conducido por fuerzas muy heterogéneas, que no las conozco directamente pero están los intermediarios de las especies de inmobiliarias oscuras y clandestinas que hay en el conurbano también. Ese movimiento tiene que ser de algún modo el ámbito donde los militantes sociales piensen nuevas fórmulas que permitan, primero, esos asentamientos, y después, políticas del gobierno. Porque el gobierno habla con la ley y ahí tenés que hablar con la ampliación de una ley. No digo que haya que cuestionar leyes, digo que hay que ampliarlas para abarcar el modo en que esos movimientos se establezcan en relación a un concepto de justicia territorial, porque ese es un concepto fundamental del habitar y del existir que tiene que guiar la ley, y no al revés. Eso es una deficiencia de las autoridades. Lo otro, lo que llamaríamos una gran imaginación política, debe saber vincular las dos cosas: el movimiento del pequeño ahorrista, siempre dolarizado, siempre con la mente en Franklin o en Washington, las dos esfinges del billete de dólar. Entonces me parece que ya que se habla de frente, lo que ganó la elección es un frente, la forma frente tiene que ser una forma más coherente. Aceptamos que se ganó la elección ante la disrupción del macrismo y se hizo esta conjugación tan heterogénea, pero un frente tiene que tener respaldo social mayor, tiene que tener ideas más precisas que el que tiene éste.

Cuando digo salvar la crítica no digo hacer crítica tonta como ya estoy haciendo yo. ¿Qué estoy pidiendo, que sean mejores los políticos? Por un lado sí, pero estoy pidiendo además que los que tienen sensibilidad, creo que hay muchos que la tienen en el gobierno y los que pueden no estar en el gobierno también la tienen, se exijan para pensar el modo en que se mueven los sectores presas del miedo en la pérdida del sustento, su propiedad, que se sienten amenazados por todo lo que inventa Jorge Lanata. Eso hay que cuestionarlo de un modo más inteligente, del punto de vista los medios propios y de un punto de vista del discurso político. Esto no veo que se esté haciendo. Y em ese arco que va hacia el desposeído total, el que posee algo y tiene miedo de perderlo, hay un estado de inquietud general que es el terreno. Ahí si hay una toma de terreno idílica donde se apoderan perfectamente en los sectores menos responsables respecto a la institucionalidad democrática. Y ahí aparece el policía golpista, el de la correa del dólar, el columnista del diario La nación, el que juega con el dólar para desestabilizar el gobierno; todas esas fuerzas oscuras que la sociedad argentina siempre tuvo. Incluso cuando decís peronismo estás diciendo un anchuroso caudal de un río que trae toda clase de sedimentos y de los que arrastra hay un montón que anuncian que el gobierno es inútil, que el gobierno no sirve para nada, que Fernández ni siquiera toca bien la guitarra, como acaba de decir Moreno.

“No digo que haya que cuestionar leyes, digo que hay que ampliarlas”

Más allá de cualquier otra consideración, me parece que sería irresponsable por parte de todos nosotros, que por ventura podemos decir un par de palabras de vez en cuando, provocar situaciones donde entre en debilidad este gobierno con todas las deficiencias que uno puede verle. Lo que sí es legitimo pedirle, dado que es el gobierno que hay que defender porque se defiende un tramo de la democracia evidente sin lo cual no volvería un peronismo mejor o con un estado mejor, volvería sin duda este neoliberalismo o como se lo llame, porque hay que encontrar mejores nombres, sería nuevamente el gobierno del juego empresarial y financiero con lo cual Argentina volvería a ser un país insípido, presa en el mejor de los casos de empresas de turismo que te lleven a pasear a la Antártida en avión, o se pueda hacer un paseo a las islas de Creta y que alguno te ilustre los mitos griegos. Sería un país sin historia, sin vida social y sin vida cultural, sin vanguardias artísticas y sin cultura popular. Eso no hay un movimiento social hoy que lo pueda promover en todos los términos y que hay que pensarlo, ese movimiento social hay que recrearlo sobre las herencias y linajes que están en juego. Uno de ellos sin duda es el peronismo pero están las izquierdas, la tradición socialista, los que recuerdan al viejo Yrigoyen que son pocos ya, de modo que hay que hacer algo que tenga otra heterogeneidad, no ésta.

A lo mejor hay algo por nacer, yo quiero creer que hay algo que no termina de nacer y que en algún momento va a poder hacerse cargo de estas demandas que compartimos totalmente.  Muchas gracias por conversar con nosotras.

Muchísimas gracias a ustedes.

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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*

Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.

En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.

Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.

Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.

Una cláusula indefendible

La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.

Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.

Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.

La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)

La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.

La Constitución habla de gratuidad en relación con:

· el acceso a la información pública (art. 13),

· la asistencia sanitaria (art. 19),

· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),

· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),

· la acción de amparo (art. 56),

· el habeas data (art. 63),

· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),

· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),

· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),

· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),

· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),

· el perfeccionamiento docente (art. 267),

· la universidad autónoma (art. 269),

· y la póliza escolar (art. 270).

La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.

Lo que no pueden hacer los legisladores

Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.

Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.

Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.

Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.

Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.

Ignorancia u oportunismo (o ambas)

Legislar desde dogmas ideológicos es necio.

Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.

Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.

Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.

Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.

Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.

*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.

Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.

LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”

Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”

LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”

Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”

LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”

Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”

LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”

Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”

LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”

Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”

LCV: “Eso ya lo vivimos.”

Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”

LCV: “También preocupa el rol de los medios.”

Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”

LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”

Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”

LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”

Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”

LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”

Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”

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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.

LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”

Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”

LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”

Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”

Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”

LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”

Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”

LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”

Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”

LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”

Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”

LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”

Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”

LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”

Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”

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