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«Los medios tienen una gran capacidad para clavar espinas por la espalda»
Horacio González, sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional, pasó por La Columna Vertebral para analizar la respuesta social a la cuarentena, el debilitamiento del gobierno y el daño que pueden causar los grandes medios.
¿Cómo piensa Horacio González este momento del país?
Es una encrucijada que por un lado es la conocida enfermedad mundial que se atraviesa con distintas decisiones. No son discutibles en principio, pero también hay que disputarlas. Las grandes empresas de medicamentos, los grandes laboratorios interconectados con toda la vida financiera mundial. Va a ser una vida empobrecida, una vida menor, una vida controlada, una vida vacunada, lo cual me parece bien pero está en algún modo en la serie de todos los controles que se van a producir.
Pero no es muy distinta de la que ya teníamos ¿O sí?
No, sin duda se van a reforzar procesos de dominio en todos los planos de la vida, de grandes bloques sobre otros países pequeños o incapaces de sostenerse por sí mismos. Sobre Argentina pienso también que, aunque sus posibilidades son mayores, sin embargo, está viviendo un momento muy ambiguo, oscuro y denso políticamente, y económicamente también. Pero eso es como todos los países. Como tiene un gobierno elegido electoralmente con un personal político, uno puede conversar, nada de oscurantismo y personas que estén empeñadas en dañar a nadie. Sin embargo, están también atravesando un período de desconcierto, y entonces esto también preocupa.
Un poco es esta historia de que veníamos de un período terriblemente oscuro y complicado para nuestro país, y cuando empezamos a subirnos al potro para intentar dominar lo que estaba pasando vino la pandemia. La verdad es que son los jinetes del apocalipsis, ya no solamente lo que nosotros teníamos.
Sí, en realidad me preguntaría cuál es el sustento social que tendría la prosecución de este gobierno, que tenemos que defender efectivamente que prosiga y que supere los acechos a los que está sometido. Pero hay una vida social y popular totalmente descuartizada, como si hubiera entrado a la carnicería y el carnicero lo esperara con el cuchillo más largo. Es una vida popular que en una parte sustantiva sostiene las viejas sensibilidades populares que tenían nombres, rostros, marchas, canciones, blasones; pero hay otra parte importante cuyo contorno no podemos definir bien, que está en absoluta pobreza y que tiene que tomar tierras y de por sí ya es muy complejo porque hay intermediarios, personas que lucran con eso, siendo que de otro modo sería un hecho totalmente genuino.
El estado habla de cumplir las leyes, los jueces dicen que si se toman tierras tiene que venir la policía, justamente esta policía provincial que puede reprimir apenas con un poquito de violencia. Entonces son todos eufemismos que obligan a pensar que hay en el mundo popular, que antes considerábamos más homogéneo, toda clase de heterogeneidades. Junto a eso está la cuestión policial que también es de difícil tratamiento, porque es obvio que no fue un Golpe en toda la línea pero fue un acercamiento a la idea de Golpe de Estado que se hace a través del mundo financiero, a través de los diarios, de los grandes canales de televisión y también de la policía. Me preocupa entonces el surgimiento de cierto intento de comprensión del modo en que se mueve la policía criticando el progresismo. Nunca fui progresista en el sentido de que la historia es lineal, es bonita y uno tiene las mejores ideas del mundo y si ve algo oscuro lo repudia porque es muy oscuro, nunca fui así. Pero hoy me veo obligado a ver que lo que llaman progresismo en el mundo, como esa reunión de Chomsky y demás, que la veo y no formo parte de eso.
«hay una vida social y popular totalmente descuartizada»
Cuando veo muchachos jóvenes criticando al progresismo y diciendo ‘la policía es parte de la vida popular’, ahí me pongo más preocupado porque es hacer un análisis que puede resultar riesgoso, en el sentido de aquel que le gusta el riesgo de hacerse el analista profundo de la vida popular y aceptar al progresista bobo que está en contra de la policía y cita a Pasolini en ese famoso tramo que dice: “vos sos estudiante y sos de izquierda pero sos rico, el policía que tiene ideas de derecha es el pobre. Si vos le tirás una piedra al policía efectivamente sos el rico contra el pobre, no el estudiante de izquierda contra el poder represivo”. Ese era Pasolini que hacía grandes películas, poesías y textos. Hoy veo esas citas de Pasolini como una atención a los que vemos con preocupación el modo policial que encubre crímenes que son crímenes, que no es solo la cúpula corrupta sino que hay jóvenes policías. Por supuesto no aplico el progresista sistema binario de izquierdas y derechas, aplico el sentido común de no otorgarle a esas formas oscuras de la vida popular, la condición de un nuevo sujeto popular que nos salvaría de la catástrofe. Eso no es así.
Lo veo en jóvenes académicos de altura conceptual evidente, en elogios a Moreno y a Berni, y entonces eso ya me preocupa por parte de personas que hace 3 meses no tenían nada que ver con eso. Qué pasó que personajes así se convierten en una atracción a una parte del mundo cultural, del mundo del análisis de la cultura, de la reflexión política. Eso me parece preocupante porque no hay una alternativa que no sea en el progresismo banal, ni un movimiento nacional y popular que esté tomado por una progresiva inclinación por la derecha. Me parece que tenemos un gran problema, porque yo sigo flotando en la peripecia del movimiento nacional y popular pero no bajo cualquier condición.
Dentro de este clima quiero decir que para mí es un momento muy alegre poder encontrarme con lo que para todos los de la Biblioteca Nacional es el gran director de la Biblioteca Nacional. Durante todo el macrismo en la oficina de RRHH hubo un pizarrón que tenía una frase que decía “sin nosotros no somos nada” firmada Horacio González, que fue una frase que tiraste al pasar en el discurso de despedida de todos tus empleados. Para nosotros en la Biblioteca Nacional es una frase que nos guía ¿Qué quisiste decir con eso? Porque nosotros seguimos existiendo a pesar de la pandemia, a pesar de los Macris. Seguimos estando, así que sin nosotros no somos nada, es decir, que nosotros tendremos que hacer algo para que esto cambie.
Yo veo también que la esfera cultural está con razones que uno entiende, sin financiamiento, sin posibilidades actuar de manera diva, pero me parece que aún en estas condiciones de restricción de la calle de la ciudad se podría hacer más cosas, incluso por estos medios que no son los que uno quiere. Uno entra a estas situaciones obligado por la pandemia, pero me da la impresión de que podría haber más ideas respecto del mundo cultural a través de estos medios, basadas más en la iniciativa y en la imaginación, que sin duda existe en todos lados. La excusa no puede ser la falta de financiamiento.
En el barrio cuando todo esto empezó y la gente tuvo que quedarse dentro de su casa, empezó a aprender lo que era la cuarentena y a convivir con el otro con el que habitualmente convivía de todos modos porque era su familia, pero esta vez era todo el tiempo. Había un lado optimista que decía “vamos a salir mejores” y otra parte decía “de ninguna manera, una pandemia no nos va a cambiar, vamos a seguir siendo lo que somos” ¿Hay alguna posibilidad de que alguna experiencia así de traumática y a nivel mundial haga que reflexionemos? ¿O esto que vos marcabas antes sobre Berni, la policía y demás, que es algo así como la atracción del morbo, es lo que va a prevalecer?
No, me parece que los cambios van a venir después y la reflexión quizá sea posterior a esta experiencia. Hoy sale uno a la calle sin barbijo y tenés que volver a tu casa porque te lo olvidaste y hay una solidaridad instantánea entre los que tienen barbijo y no, es el último lazo comunitario que nos queda y está más vinculado al miedo que a otra cosa. Me parece que cambiar el sustrato último de lo que es lo humano es muy difícil. Un gran terremoto, un tsunami, una guerra, puede producir cambios. Esta pandemia probablemente los produzca pero sobre la base que hasta el momento veíamos: el ascenso de las derechas europeas fue anterior a la pandemia, el gobierno de los empresarios bajo una fórmula política muy superficial como fue el macrismo que era esencialmente un gobierno empresarial y de personajes empresariales fue anterior a la pandemia. Hay que ver si la salida de la pandemia con lo que eso significa en relación al crecimiento de los grandes negocios telecomunicacionales, y a las grandes empresas de distribución de paquetes como Mercado Libre que finalmente son bancos y están ligadas al mundo financiero. Hay que ver si esto no produce un nuevo retoque de la vida popular aun sometiéndola mucho más al ejercicio de, aún en la pobreza, optar entre tener la tarjeta plástica del prestamista del barrio, o por pequeñas formas de la delincuencia, o por la vida marginal sufrida por el Estado que por otro lado tiene entre manos la discusión sobre el salario social o el ingreso ciudadano, que cualquiera de las dos serían soluciones del tipo social demócrata, pero no las desprecio por eso porque a falta de cualquier otra cosa evidentemente la quiebra de la vida productiva, la quiebra de pequeñas y medianas empresas todo eso va a verse en los próximos meses.
Al mismo tiempo es un gran desafío para este gobierno porque internamente, tal como lo veo yo hoy, no está en condiciones de asumir esto. Con gran desidia está casi defendiéndose, a veces con mayor suerte que otras, inaugurando una sala de terapia. Es un acto político defensivo inaugurar, no es un acto normal de un gobierno que inaugura una sala, es una forma de encubrir el espacio que les falta para imaginar grandes soluciones tanto para este presente tan complicado, como para el futuro que viene. Entre medio están las elecciones del año próximo, la gran capacidad que tiene el mundo mediático para clavar espinas envenenadas en la espalda. Creo que por un lado hay que comprenderlo y por otro lado está el tema de los que te dicen no podes hacer ninguna crítica, eso no es posible sin una vida de la crítica no existe el pensamiento. He tenido grandes discusiones con muchos amigos y muchas personas vinculadas al gobierno respecto a esa discusión de la crítica.
«El gobierno está defendiéndose»
A mí lo que me impresiona es esta sociedad que parece vivir en dos mundos paralelos, un mundo que te muestra la televisión con el dólar permanentemente en primer plano, mientras que al mismo tiempo están los que están ocupando tierras porque no tienen donde vivir y la preocupación de cada uno es muy diferente. Estamos con necesidades tan distintas y por más diálogo o consenso no hay forma de hacer entrar en la cabeza estas dos Argentinas, que no sé si son siempre las mismas dos que se están peleando. Vos que has estudiado mucha historia y sabes mucho de estos enfrentamientos ¿Cómo ves la nueva composición de este antagonismo social?
Lo veo como un momento muy opaco del país. Los ocupantes de tierras ni forman parte de un movimiento social más o menos organizado como era el momento en que Luis D’elia tomó El Tambo y produjo una urbanización y hoy es una ciudad, un pequeño barrio subsidiario muy bien organizado, sino que es un movimiento espontáneo y, si es conducido, es conducido por fuerzas muy heterogéneas, que no las conozco directamente pero están los intermediarios de las especies de inmobiliarias oscuras y clandestinas que hay en el conurbano también. Ese movimiento tiene que ser de algún modo el ámbito donde los militantes sociales piensen nuevas fórmulas que permitan, primero, esos asentamientos, y después, políticas del gobierno. Porque el gobierno habla con la ley y ahí tenés que hablar con la ampliación de una ley. No digo que haya que cuestionar leyes, digo que hay que ampliarlas para abarcar el modo en que esos movimientos se establezcan en relación a un concepto de justicia territorial, porque ese es un concepto fundamental del habitar y del existir que tiene que guiar la ley, y no al revés. Eso es una deficiencia de las autoridades. Lo otro, lo que llamaríamos una gran imaginación política, debe saber vincular las dos cosas: el movimiento del pequeño ahorrista, siempre dolarizado, siempre con la mente en Franklin o en Washington, las dos esfinges del billete de dólar. Entonces me parece que ya que se habla de frente, lo que ganó la elección es un frente, la forma frente tiene que ser una forma más coherente. Aceptamos que se ganó la elección ante la disrupción del macrismo y se hizo esta conjugación tan heterogénea, pero un frente tiene que tener respaldo social mayor, tiene que tener ideas más precisas que el que tiene éste.
Cuando digo salvar la crítica no digo hacer crítica tonta como ya estoy haciendo yo. ¿Qué estoy pidiendo, que sean mejores los políticos? Por un lado sí, pero estoy pidiendo además que los que tienen sensibilidad, creo que hay muchos que la tienen en el gobierno y los que pueden no estar en el gobierno también la tienen, se exijan para pensar el modo en que se mueven los sectores presas del miedo en la pérdida del sustento, su propiedad, que se sienten amenazados por todo lo que inventa Jorge Lanata. Eso hay que cuestionarlo de un modo más inteligente, del punto de vista los medios propios y de un punto de vista del discurso político. Esto no veo que se esté haciendo. Y em ese arco que va hacia el desposeído total, el que posee algo y tiene miedo de perderlo, hay un estado de inquietud general que es el terreno. Ahí si hay una toma de terreno idílica donde se apoderan perfectamente en los sectores menos responsables respecto a la institucionalidad democrática. Y ahí aparece el policía golpista, el de la correa del dólar, el columnista del diario La nación, el que juega con el dólar para desestabilizar el gobierno; todas esas fuerzas oscuras que la sociedad argentina siempre tuvo. Incluso cuando decís peronismo estás diciendo un anchuroso caudal de un río que trae toda clase de sedimentos y de los que arrastra hay un montón que anuncian que el gobierno es inútil, que el gobierno no sirve para nada, que Fernández ni siquiera toca bien la guitarra, como acaba de decir Moreno.
«No digo que haya que cuestionar leyes, digo que hay que ampliarlas»
Más allá de cualquier otra consideración, me parece que sería irresponsable por parte de todos nosotros, que por ventura podemos decir un par de palabras de vez en cuando, provocar situaciones donde entre en debilidad este gobierno con todas las deficiencias que uno puede verle. Lo que sí es legitimo pedirle, dado que es el gobierno que hay que defender porque se defiende un tramo de la democracia evidente sin lo cual no volvería un peronismo mejor o con un estado mejor, volvería sin duda este neoliberalismo o como se lo llame, porque hay que encontrar mejores nombres, sería nuevamente el gobierno del juego empresarial y financiero con lo cual Argentina volvería a ser un país insípido, presa en el mejor de los casos de empresas de turismo que te lleven a pasear a la Antártida en avión, o se pueda hacer un paseo a las islas de Creta y que alguno te ilustre los mitos griegos. Sería un país sin historia, sin vida social y sin vida cultural, sin vanguardias artísticas y sin cultura popular. Eso no hay un movimiento social hoy que lo pueda promover en todos los términos y que hay que pensarlo, ese movimiento social hay que recrearlo sobre las herencias y linajes que están en juego. Uno de ellos sin duda es el peronismo pero están las izquierdas, la tradición socialista, los que recuerdan al viejo Yrigoyen que son pocos ya, de modo que hay que hacer algo que tenga otra heterogeneidad, no ésta.
A lo mejor hay algo por nacer, yo quiero creer que hay algo que no termina de nacer y que en algún momento va a poder hacerse cargo de estas demandas que compartimos totalmente. Muchas gracias por conversar con nosotras.
Muchísimas gracias a ustedes.
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Rodolfo Aguiar denunció que el ajuste en la CNEA es «un golpe al corazón del plan nuclear argentino»
Mientras el Gobierno nacional profundiza el ajuste sobre el Estado, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa una nueva ola de despidos que, según denuncian los trabajadores, pone en riesgo el desarrollo científico y tecnológico del país. En diálogo con La Columna Vertebral, el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, analizó la situación de la CNEA, cuestionó el modelo económico del gobierno de Javier Milei, defendió el rol estratégico del Estado y llamó a profundizar el plan de lucha de los trabajadores estatales. Además, trazó un paralelismo entre el contexto actual y algunos de los episodios más oscuros de la historia argentina, como la Noche de los Bastones Largos y la Noche de las Corbatas.
LCV: ¿Cómo andás? Bueno, andan moviditas las cosas en el sector de los empleados públicos, con el enorme avasallamiento en la Comisión Nacional de Energía Atómica. No solo por los despidos, sino también por la forma en que se están llevando adelante. Contanos un poco cómo están las cosas.
Rodolfo Aguiar: «La verdad es que, en medio del Mundial, recrudecen los ataques al Estado y a sus trabajadores. No pasa en ningún otro país del mundo lo que está ocurriendo en la Argentina. Todos los Estados planifican el desarrollo de su energía nuclear; aquí, por el contrario, se intenta desguazar y desmantelar la Comisión Nacional de Energía Atómica, un organismo prestigioso con más de cien años de historia. Este intento de despedir de manera ilegal a trabajadoras y trabajadores con muchos años de antigüedad es un golpe al corazón mismo del plan nuclear argentino. La CNEA produce conocimiento, desarrolla tecnología nuclear propia, participa del diseño y la construcción de reactores nucleares y de la generación de energía. Además, desarrolla aplicaciones destinadas al diagnóstico y tratamiento de distintas enfermedades. No estamos frente a cualquier hecho. Estos despidos están directamente vinculados con otras iniciativas que impulsa el Gobierno, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que pretende subordinar a nuestro país a los intereses de las grandes multinacionales.»
LCV: Corría el año 1966 cuando se produjo la Noche de los Bastones Largos, con la irrupción de las fuerzas de seguridad en las universidades y el desplazamiento de cientos de científicos, muchos de los cuales debieron exiliarse. A más de sesenta años de aquel episodio, ¿estamos viviendo una situación similar, aunque en democracia?
Rodolfo Aguiar: «Sin lugar a dudas. Después de más de seis décadas nos encontramos nuevamente defendiéndonos de un régimen que llegó al Gobierno por el voto popular, pero con el mismo programa económico de la última dictadura militar bajo el brazo. Hoy quieren privatizarlo todo y para imponer ese modelo recurren a un protocolo represivo que demuestra que este proyecto de país no puede avanzar sin represión. Es un modelo en el que no tenemos lugar los trabajadores ni los jubilados. Pero tampoco la están pasando bien los comerciantes, que se funden; los pequeños y medianos empresarios; los productores; ni las economías regionales, que están siendo devastadas. Milei está siendo más letal que el COVID en términos económicos. Durante la pandemia cerraron alrededor de 14.000 empresas; ahora ya contabilizamos 27.000 cierres en apenas dos años y medio. En aquel momento la capacidad industrial instalada rondaba entre el 55 y el 60 por ciento; hoy apenas llega al 40 por ciento. Y mientras durante la pandemia se perdieron alrededor de 114.000 puestos de trabajo, ahora ya fueron destruidos más de 300.000 empleos registrados entre el sector público y el privado. Tenemos que frenar este desastre.»
LCV: Hoy, 6 de julio, también se conmemora un nuevo aniversario de la Noche de las Corbatas, cuando la dictadura secuestró y asesinó a abogados laboralistas. En la actualidad este Gobierno también intenta avanzar sobre la justicia laboral. ¿Dónde pueden reclamar hoy los trabajadores y los sindicatos?
Rodolfo Aguiar: «En primer lugar, hay que reafirmar que la estrategia debe ser confrontar con Milei en todos los planos. No solo desde la acción sindical y el trabajo parlamentario, articulando con los distintos bloques del Congreso, sino también desde el plano judicial. Desde ATE hemos conseguido logros importantes: logramos frenar decretos que buscaban la reestructuración, la fusión y el cierre de organismos del Estado, con el consecuente despido de trabajadores, como ocurrió con el INTA y el INTI. Creo que los abogados y las abogadas que decidieron ponerse del lado de los trabajadores cumplen un rol fundamental. No se puede estar de los dos lados del mostrador. En ATE nos enseñan desde que uno es delegado que tiene que elegir si quiere que lo aplaudan los jefes o los compañeros de trabajo, porque las dos cosas al mismo tiempo no son posibles. Sin embargo, hay una dirigencia sindical que cree que puede cosechar ambos aplausos y transita los grises. Eso no existe. En este nuevo aniversario de la Noche de las Corbatas debemos homenajear a aquellos abogados laboralistas que eligieron estar del lado de los más débiles, aunque no siempre sea el camino más rentable para ellos.»
LCV: ¿Hay posibilidades de que los trabajadores despedidos de la CNEA sean reincorporados?
Rodolfo Aguiar: «Yo siempre creo que sí. La resignación no hace historia. Si hace doce, catorce o dieciséis años, cuando me tocaba ser secretario general de ATE en mi provincia, me hubieran dicho que era imposible reincorporar trabajadores despedidos, hoy no tendría la responsabilidad nacional que tengo. Siempre existen posibilidades y todo depende de la fuerza de la lucha, de la capacidad que tengamos para sostener las distintas acciones que vayamos resolviendo. Lo que ocurre en la CNEA abre la posibilidad de avanzar hacia una nueva huelga general, un nuevo paro nacional de estatales, para seguir desgastando a este Gobierno. Algunos nos dicen que somos destituyentes, pero no es así. Lo que ocurre es que no comparto esa idea repetida por muchos dirigentes políticos de que hay que desear que al Gobierno le vaya bien porque así nos irá bien a todos. Eso es falso. Si a Milei le va bien con las ideas que está llevando adelante, a la inmensa mayoría del pueblo argentino le va a ir muy mal. Por eso nuestro trabajo es seguir generando las condiciones para que la sociedad rechace este modelo. Escucho ahora a algunos dirigentes de la CGT decir que recién ahora están dadas las condiciones para salir a la calle. Yo me pregunto de dónde creen que surgieron esas condiciones. ¿Cayeron del cielo? ¿Son producto de la magia? No. Las condiciones se construyen con cada una de las acciones que fuimos capaces de llevar adelante desde el 10 de diciembre de 2023. Y es sobre ese plan de lucha que vamos a seguir avanzando.»
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Daniel Yofra: «No fui invitado a debatir el plan de lucha con la CGT»
En diálogo con La Columna Vertebral, el secretario general de la Federación de Trabajadores Aceiteros analizó la naturalización de la corrupción, cuestionó las políticas del gobierno nacional contra la clase trabajadora, defendió las paritarias del gremio y reclamó un plan de lucha con medidas más contundentes por parte de la CGT.
LCV: ¿Qué pensás de esto de Trump, que recién acabo de leer, sobre haber reconocido que le pidió directamente a la FIFA que le levantaran la sanción a un jugador para que pudiera jugar esta noche?
Daniel Yofra: «Es la impunidad que tienen estos personajes de la política actual, que se creen dueños del mundo. Siempre hicieron estas cosas, pero antes las ocultaban; ahora directamente te las cuentan. Hacen sus necesidades con la puerta abierta. Me hizo acordar a una canción de Serrat. Es la misma impunidad grosera y berreta que mostró Adorni cuando contaba todo lo que compraba a plena luz del día.»
LCV: El problema es que la sociedad parece acostumbrarse a normalizar todo eso. Incluso quienes critican la corrupción se ríen de estas situaciones. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos anestesiados?
Daniel Yofra: «Después se quejan cuando aparecen gobiernos que perjudican a mucha gente, pero eso es justamente lo que son estos tipos: personas a las que no les importa la humanidad. La sociedad está anestesiada porque naturaliza este tipo de conductas. Como no invadieron un país o no mataron a nadie, parece que todo quedara reducido a un chiste de un político grosero. Mientras tanto invaden Palestina, atacan Irán y mueren miles de inocentes. Evidentemente para gran parte de la comunidad internacional eso tampoco parece ser tan grave.»
LCV: A mí me parece que lo de Adorni pegó en la línea de flotación del Presidente y de su hermana porque es algo tangible. Una persona que gasta ocho millones de pesos en sábanas mientras mucha gente abre la heladera y tiene apenas una cebolla y un limón hasta fin de mes.
Daniel Yofra: «La impunidad funciona de esa manera, sobre todo cuando quienes gobiernan sienten que tienen protección. Los jueces miran para otro lado, la sociedad muchas veces no reacciona, los sindicalistas no gritamos lo suficientemente fuerte y tampoco existe una oposición política que enfrente seriamente estas cosas. Entonces se sienten liberados para hacer y decir cualquier cosa. En algún momento la van a pagar, pero hoy se ríen de todo. Adorni, por ejemplo, se burló de los periodistas acreditados en Casa Rosada diciendo que habían despedido a más de 60.000 trabajadores del Estado y que estaban para festejarlo. Después aparecen los gastos millonarios en sábanas y parece que tampoco pasa nada. Todo eso termina generando una consecuencia muy grave: la sociedad empieza a creer que cualquier cosa está permitida. Esta impunidad supera ampliamente a la que vimos durante el menemismo. Por eso tenemos que empezar a buscar dirigentes que además de ser honestos sean personas cultas, con sensibilidad y empatía. No podemos seguir teniendo presidentes tan incultos porque eso termina degradando también a quienes los rodean.»
LCV: Aunque para muchas chicas el modelo de éxito parezca ser el de los cajones con dólares de Jesica Cirio.
Daniel Yofra: «Yo creo que los principales modelos siguen siendo los padres, la familia, los seres queridos y los amigos. Pero también es cierto que vivimos en una sociedad muy rota, donde varias generaciones crecieron sin ver a sus padres levantarse temprano para ir a trabajar, no porque no quisieran hacerlo sino porque no había trabajo. Se rompió esa imagen del esfuerzo cotidiano. Entonces aparecen las falsas salidas: las criptomonedas, las apuestas, la ludopatía o la idea de hacerse rico rápidamente. Al mismo tiempo se instala el discurso de que el trabajador es pobre porque no trabaja, cuando la realidad demuestra exactamente lo contrario. Hoy la enorme mayoría de los trabajadores vive con enormes dificultades. Frente a eso, quienes todavía conservan una mirada crítica tienen que levantar la voz porque son muchos más los que piensan correctamente que esa minoría de incultos que intenta imponer estos modelos.»
LCV: Estamos hablando con Daniel Yofra, secretario general de la Federación de Trabajadores Aceiteros. Hay una embestida del gobierno contra los convenios colectivos de trabajo. ¿Fueron convocados ustedes para discutir su convenio? ¿Cuál sería la postura del sindicato?
Daniel Yofra: «El ataque del gobierno no se limita a los convenios colectivos. Desde diciembre de 2023 le declaró la guerra a la clase trabajadora con la llamada modernización laboral. El resultado está a la vista: más de 25.000 pymes cerradas, más de 320.000 trabajadores despedidos y una creciente precarización laboral. En nuestro caso, tanto el gobierno como las empresas saben perfectamente que nosotros no vamos a incorporar al convenio ningún artículo que implique retroceder en derechos laborales. Eso no va a pasar. Sería como pedirnos que bajemos los salarios porque la mayoría de los trabajadores del país es pobre. Nosotros no tenemos inconvenientes en actualizar el convenio, de hecho lo hacemos desde hace muchos años incorporando mejoras como los comités mixtos de seguridad e higiene, incluso en provincias donde ni siquiera existe legislación sobre el tema. Las empresas no necesitan precarizar para producir. Lo que necesitan es consumo interno, políticas que favorezcan la producción nacional y resolver otros problemas estructurales. La precarización laboral únicamente sirve para explotar todavía más a los trabajadores.»
LCV: Ustedes cerraron una paritaria muy importante. ¿Cómo lograron ese acuerdo y cuál es hoy el salario mínimo de un trabajador aceitero?
Daniel Yofra: «El salario inicial quedó en aproximadamente 2.500.700 pesos a partir del primero de julio y llegará a 2.720.000 pesos desde septiembre para la categoría más baja. Eso no surgió de un día para otro. Hace más de veinte años que venimos construyendo conciencia entre los trabajadores sobre cuál debe ser el salario que permita cubrir las nueve necesidades establecidas por la Ley de Contrato de Trabajo y el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Las patronales estuvieron muy agresivas durante esta negociación e incluso intentaron desacreditar personalmente a los dirigentes del gremio difundiendo información falsa sobre los aportes sindicales. Sin embargo, nunca hablaron de las necesidades de los trabajadores, que incluso sostuvieron la producción durante la pandemia porque fueron declarados esenciales. Nosotros no íbamos a resignar el salario por un capricho del gobierno ni por la avaricia empresaria. Lo que realmente nos respalda es la conciencia y el apoyo de nuestros trabajadores.»
LCV: Para terminar, ¿qué pensás del plan de lucha acordado por la CGT y las CTA, con una estrategia de acciones progresivas, al estilo francés?
Daniel Yofra: «Conozco los detalles de ese plan porque en algún momento me iban a convocar para discutirlo, aunque finalmente no ocurrió. Desde mi punto de vista, un plan de lucha sin huelga es insuficiente. Hay sectores que vienen padeciendo desde hace mucho tiempo y este gobierno sigue golpeando a los más vulnerables: jubilados, trabajadores desocupados, personas con discapacidad y trabajadores pobres. La CGT debería adoptar medidas mucho más contundentes porque los tiempos de quienes no pueden poner un plato de comida sobre la mesa no son los mismos que los tiempos de algunos dirigentes sindicales que creen que todavía no existen razones para convocar a una huelga. Se puede sostener un plan de lucha durante meses esperando las elecciones del año próximo, pero quien hoy no puede alimentar a sus hijos no tiene ese tiempo. La respuesta tiene que ser ahora.»
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Fin de una era industrial: cierra Dass en Misiones y ya no se fabricarán zapatillas Nike en la Argentina
La multinacional brasileña anunció el cierre definitivo de su emblemática planta en Eldorado. Un tendal de despidos que corona un proceso de vaciamiento iniciado en 2025 bajo el amparo de la apertura de importaciones. De tener 1.700 operarios, la fábrica queda totalmente paralizada.
La crisis de la industria manufacturera argentina sumó un capítulo dramático. El Grupo Dass, de capitales brasileños, confirmó que entre el 17 y el 24 de julio cesará por completo la producción en su planta de Eldorado, Misiones. Con esta decisión, el país se queda sin su última fábrica dedicada a la confección de calzado para la marca Nike y 150 familias más se quedan en la calle.
Desde la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA), su secretario general, Agustín Amicone, calificó la situación como una “verdadera catástrofe” y advirtió que el impacto económico golpeará con dureza a toda la comunidad local. El caso de Dass refleja la dolorosa realidad que vive el sector: caída del consumo interno, asfixia productiva y una masiva pérdida de puestos de trabajo.
La crónica de un vaciamiento anunciado
El cierre de Eldorado no es un hecho aislado, sino el desenlace de un plan de ajuste y desmantelamiento que la firma venía ejecutando al ritmo de las nuevas políticas económicas:
Enero de 2025: Cierre de la planta de Coronel Suárez (donde fabricaba para Adidas), dejando a 360 trabajadores en la calle.
Julio de 2025: Primer gran golpe en Eldorado con 164 despidos, justificados por la empresa bajo la necesidad de «competir» ante la apertura de importaciones y el retraso cambiario.
Comienzos de 2026: Otras 43 desvinculaciones que ya encendían las alarmas del gremio sobre un final inminente.
Julio de 2026: Cierre definitivo y despido de los últimos 150 operarios en planta.
La fábrica misionera había sido inaugurada en 2007 y llegó a emplear a 1.700 personas en su momento de mayor esplendor. En 2021, la marca del «pipazo» había apostado por la producción local bajo los esquemas de sustitución de importaciones, proyectando fabricar 2,5 millones de pares anuales. Hoy, todo eso quedó reducido a galpones vacíos.
Cambiar trabajo argentino por logística de importación
El giro estratégico de Dass expone con claridad el modelo imperante: para la corporación, hoy resulta más rentable abastecer el mercado local importando calzado desde sus ocho plantas en Brasil que producirlo con mano de obra argentina.
Aunque la firma aseguró que pagará el 100% de las indemnizaciones y mantendrá sus oficinas comerciales en Buenos Aires junto a sus centros logísticos en Cañuelas y Coronel Suárez, su reconversión es total: dejar de ser una industria viva para convertirse en una mera distribuidora de lo que se produce afuera.
El desplome no es exclusivo de esta marca. Según los últimos datos del INDEC correspondientes al cierre de 2025, la fabricación de calzado en la Argentina arrastra una estrepitosa caída interanual del 30,9%. El apagón industrial en Eldorado es la dolorosa postal de un país que cambia overoles por depósitos de mercadería importada.