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Sinfonía de un cálculo, por Pablo Touzón.
Mucho antes del primer aleteo de murciélago en Wuhan, la política argentina ya se encontraba en crisis. Una crisis que no era “formal”, en el sentido exclusivamente institucional de la palabra, pero si de todo lo demás. Los años de la “década perdida de la Grieta” no sólo habían sido años perdidos desde el punto de vista económico y social, sino que además habían profundizado una mutación profunda en las élites política argentinas, una que reduce toda la complejidad del ejercicio del gobierno a una sola variable: la estrategia electoral. La monótona Era de los pisos, los techos y los ballotages. Del 2018 en adelante -derrumbe de la economía mediante, y luego de la derrota de Cristina Fernández de Kirchner frente a Esteban Bullrich en las elecciones legislativas- la dirigencia argentina parecía haberse quedado sin opciones. Pero un sistema tan “cristino-céntrico” dependía, paradojalmente, de su buena salud política. Probablemente por conveniencias e imposibilidades cruzadas –el macrismo porque no quería, el peronismo porque no podía- la jubilación política de Cristina nunca llegaba.
Siendo este el cuadro de situación, la solución solo podía partir de ella, una que pareció llegar con la designación de Alberto Fernández –su ex peor critico- como candidato. En el minuto 44 del segundo tiempo, y ante la inviabilidad del sistema de la Grieta como mecanismo de gobierno mínimamente eficaz, el peronismo en cabeza de su ultima jefa construyó su Unidad eternamente reperfilada en semanas, con eje bonaerense y sabor aperturista. El retorno de los hijos pródigos y el “volvemos mejores” que implicaba, en principio, una autocritica en la práctica y la promesa, aunque sea, de un posible nuevo punto de partida.
La llegada de la pandemia pareció confirmar lo acertado de esta visión. Los primeros meses de la cuarentena consolidaron a las tres figuras centrales de gobierno del “país bonaerense” –el trio Alberto, Horacio y Axel- en el marco de un nuevo consenso político, aunque sea de mínima. Y si bien estaba claro que este era posible por la reducción de toda la problemática argentina a una sola variable –el combate al coronavirus- fue también una validación de un nuevo método, aunque más no sea embrionario. Hay (hubo) poder ahí. A la pregunta: “¿Que hubiese pasado si gobernaba Macri? le sucedía de manera natural otra: “¿Y si Cristina fuese Presidente? La ucronia celebraba el cambio, y las encuestas también.
¿Qué fue de la “Primavera Pandémica”, la de los aplausos a los médicos y los tuteos entre políticos? ¿Porqué fue tan efímera y evanescente?
Algunos meses después, sin embargo, ese escenario ya no existe. ¿Qué fue de la “Primavera Pandémica”, la de los aplausos a los médicos y los tuteos entre políticos? ¿Porqué fue tan efímera y evanescente? La respuesta exige una jerarquización de variables. Y en la Argentina, esa jerarquía pasa siempre primero por el Sillón de Rivadavia.

El Teorema de Bartleby
“Presidente, Usted es el comandante en esta batalla”. La sentencia del diputado radical Mario Negri gráfica el estado general de la política en aquellos primeros meses de pandemia. Hasta el incidente Vicentin, Alberto Fernández pudo –y esto fue un logro político y comunicacional notable- hacer coincidir la agenda nacional con su propia agenda política. Ordenar la discusión publica en sus propios términos. La cuestión Vicentin no sólo puso en crisis esta capacidad -desde ese momento, el Gobierno parece siempre correr la agenda desde atrás, siendo la única excepción la semana del “gol de Guzmán” en la negociación de la deuda- sino que también mostró hacia fuera los déficits y problemas del “Modelo Alberto” en términos del proceso de toma de decisiones en políticas publicas. El fin de un romance de cuarentena.
El fin de un romance de cuarentena.
Antes de la asunción presidencial, el criterio para la integración del gabinete y de los equipos de trabajo fue esencialmente de política “interna”: como cristalizar el archipiélago del Frente de Todos dentro del Estado. El único eje ordenador consistió en tratar de hacer respetar los pesos y contrapesos políticos del universo de la unidad peronista, en desmedro de cierta capacidad de operación y gestión estatal. Ya entonces podía observarse en esta etapa un proceso de toma de decisiones un tanto caotizado, en donde muchas veces la asignación de cargos parecía depender más de un “libre juego de oferta y demanda de la rosca” que de un ordenamiento presidencial en el sentido estricto. Un pecado de origen que balcanizó después en buena medida la propia administración, con una cadena de mandos–concepto a la moda- por lo menos confusa. La excepción fue el Ministerio de Economía, que fue a la vez “blindado” y “unidireccionalizado” al convertirse en el Ministerio de la renegociación con los bonistas, una misión que a la vez le introdujo una suerte de “obsolescencia programada” a la gestión Guzmán.
La prensa opositora explica hasta el día de hoy este fenómeno haciendo eje exclusivo en las tensiones de la convivencia con CFK –quien manda acá, los vetos, el títere- pero la realidad “es mas compleja”. La relación con Cristina y el cristinismo parecía ser –al menos, hasta el tweet del Incidente Zaiat, que abrió la tranquera al declaracionismo critico del universo social cristinista y una nueva etapa dentro de la coalición- lo más estable e inteligible dentro del gobierno, un factor ordenador dentro de un Frente que no lo está. Se sabe, el cristinismo posee todavía una serie de factores conocidos que, además de la propia figura de CFK, lo convierte en un primus ínter pares dentro de la galaxia peronista: tiene un liderazgo claro y nítido, estructura nacional, base electoral, cuadros fogueados en la gestión estatal nacional y un relato monolítico. El equilibro dentro del Frente de Todos necesario para hacer realidad su promesa electoral más política –expandirse por afuera de las fronteras sociológicas y territoriales del kirchnerismo, ampliar la base, construir una coalición hacia afuera con nuevas alianzas sociales y económicas- implicaba intentar al menos constituir un ordenamiento similar del otro lado.
El peronismo no K siempre mostró la misma foto: una larga mesa llena de caciques y sin ningún indio.
El peronismo no cristinista –gobernadores, sindicalistas, intendentes, formadores de opinión- siempre careció de un eje ordenador, un elemento aglutinante que le permitiese dotarse de un rumbo claro y una estrategia nítida. Algo que, nobleza obliga, siempre es difícil de realizar entre iguales en poder. El tacticismo hardcore de Sergio Massa, su confinamiento bonaerense y su relación oscilante y móvil con el peronismo federal impidieron que sea él quien se ponga la corona definitiva. No quería, no podía, o una mezcla de ambas. En cualquier caso, el peronismo no K siempre mostró la misma foto: una larga mesa llena de caciques y sin ningún indio, que se definía más por lo que no era que por lo que es. El nombre de una negación. La aparición de Alberto como candidato y sus primeras señales públicas –las constantes visitas a Córdoba, la relación especial con Omar Perotti, el apoyo público a Hugo Moyano, el “un presidente y 24 gobernadores- parecieron abonar a la idea de que ese “gran ordenador” finalmente había llegado: la Presidencia de la República. Un peronismo federal que con espacios en el gobierno y agenda pudiese empezar a “existir” a nivel nacional.

Alberto, sin embargo, como el joven Bartleby del cuento de Melville, “prefirió no hacerlo”. Se replegó en cambio sobre si mismo desde el inicio, organizando un esquema de poder en donde los hombres del presidente proceden casi invariablemente de dos orígenes: el PJ porteño o el reciente Grupo Callao. Ni Movimiento Evita por “izquierda” ni Córdoba por “derecha”. En el gabinete, Gabriel Katopodis fue de las notables excepciones, junto a Felipe Solá y Luis Basterra. La orden emitida fue clara y nítida: no armar ninguna fuerza propia ni dar ninguna proyección política al Gabinete. En ese sentido el cumplimiento de la orden fue total, dando lugar a un resultado paradojal: Alberto, efectivamente, está solo, y para bien o para mal su destino político depende de su propia imagen personal y de la comunicación que este pueda establecer directamente con la sociedad. De su palabra y la confianza que esta pueda generar allende los mares del peronismo. Esa soledad deliberadamente buscada constituye sin embargo uno de los nudos centrales del problema político del Gobierno. La política, como la física, rehúye el vacío, y la expansión del peso del cristinismo en la administración se debe menos a un intento “bolivariano” de la vicepresidenta que a la invisibilidad e inexistencia de algún esquema alternativo. Termina imponiéndose por default lo que si existe. El neo-sciolismo resultante es sólo una consecuencia.
Ante lo cual se abre otra pregunta: ¿Podría haber sido de otra manera? El debate entre dos lógicas políticas igualmente válidas pero contrapuestas; una que sostiene que “la dueña de los votos”, por personalidad y derecho, no tiene porque hacer concesiones a los sectores de la coalición que lidera; la otra que considera que fue precisamente ese método político el que llevó al sendero de derrotas históricas del peronismo (2013-15-17), la formación de Cambiemos y la entronización de Mauricio Macri, y que la premisa lógica de que hacer lo mismo lleva al mismo resultado hacia necesario construir algo nuevo. El Frente de Todos entero fue construido sobre esta pregunta.
El peronismo sigue encerrado en su misma cosmovisión, incapaz ya de ejercer lo que fue uno de sus activos históricos, la magia camaleónica que lo hacia capaz de mutar para interpretar, siempre, su propio presente.
Alberto empezó a responderla con el pasar de los meses y con su propio estilo “reperfilante”: de alguna manera, perimetró su propio posibilismo y se mudó a vivir ahí. Para él, el punto de partida de su gobierno y de la coalición que lo anima parece ser su punto de llegada. Una foto y no una película, lo que permite tal vez un funcionamiento de mínima pero que de ninguna manera abre la posibilidad de una etapa nueva, ni para el peronismo ni para el pais. Asumió desde el vamos esa imposibilidad. No se hace porque no se puede y no se puede porque no se hace. Como si de la divisa con la que Beatriz Sarlo etiquetó al kirchnerismo – “La audacia y el cálculo”- solo hubiese quedado el cálculo. Incluso la lógica comunicacional y narrativa de la mayoría del elenco albertista opera como una banda tributo al periodo anterior: los “Danger Four” del kirchnerismo. Mucho más importante que dilucidar si Cristina dio esta orden o la otra, lo más relevante del caso es que en realidad podría no dar ninguna. En rigor de verdad, no le hace falta: el peronismo sigue encerrado en su misma cosmovisión, incapaz ya de ejercer lo que fue uno de sus activos históricos, la magia camaleónica que lo hacia capaz de mutar para interpretar, siempre, su propio presente. Esto es un problema porque la misma agenda del cristinismo parece cada vez más limitada, repetitiva y entrópica: Clarín, la fibra óptica, Comodoro Py. Nada nuevo bajo un sol alrededor del que todos orbitan, en una coalición que permanentemente se mira al espejo en un ejercicio desnudo de endogamia.
El peronismo odia y ama a Cristina y se aferra a ella y la rechaza por partes iguales.
Este dilema, claro, no termina en la Presidencia de la Nación; a todo el resto del peronismo siempre le fue casi imposible armar y proyectar lo que Martin Rodríguez llama una “estructura de sentimientos” alternativa; más allá del álgebra politológico, la suma y resta de “poderes”, un nuevo Mito. El primer Alberto lo esbozó, un Trotsky retornado de Alma Ata que una vez sentado nuevamente en el Kremlin perdona a los purgados e instaura un nuevo “kirchnerismo con rostro humano”. La dinámica de su propio sistema, ese cepo autoimpuesto, le impidió ir más allá de ese gesto inicial. La palabra “moderación”, en este punto, es equívoca: supone que el problema era “la intensidad”, a la cual en todo caso solo quedaba bajarle un poco el volumen; como si la solución al mal sexo pasase por la castración. Un diagnostico que impide la gestación de una intensidad nueva: un nuevo amor. Pero en todo caso, Alberto es la expresión de una imposibilidad más grande, una que abarca a todo el peronismo y que no termina ni se agota en él. Una acción política que sostiene en la práctica que el cristinismo es –como afirmaba Sartre sobre el marxismo- “el horizonte insuperable de nuestro tiempo”. ¿Encontró el peronismo su versión definitiva, y ya no puede cambiar? El peronismo odia y ama a Cristina y se aferra a ella y la rechaza por partes iguales, en el ejercicio histérico de quien en el fondo teme que, más allá de ella y lo que representa, solo exista la nada.

Política del Psicodrama y Política de Crisis
El sociólogo francés Raymond Aron sostuvo en 1968 que el Mayo Francés fue en realidad el ejercicio colectivo de un “psicodrama”, una Revolución que se actúa porque no se hace. Una definición que perfectamente podría caberle a la política argentina contemporánea: en ausencia de toda agenda económica y social consistente –una que no existe hace ya muchos, demasiados años- las elites políticas actúan su propio trauma. El modelo del Sindicato Argentino de Actores. El carnaval que en aquel Paris se planteaba en la calle, en la Argentina sucede en Palacio. Una forma de “vivir la crisis” que se vuelve cada vez más peligrosa a medida que la crisis internacional y nacional avanza. El retorno de la Grieta actual es sobre todo la expresión de esa impotencia.
Este fenómeno lo encarna perfectamente Sergio Berni, tal vez el único hijo “nuevo” de esta Argentina 2020. La crisis policial terminó de comprobar el divorcio completo entre gestión y política, entre la performance y la idea de resultado. Por grotesco que parezca, la suya es una versión exacerbada de una forma de hacer política en este presente. Un General de las redes sociales que disocia su figura de su administración y que busca obsesivamente la explotación “cristinista” de un electorado bolsonarista que en el fondo desea que llegue. Más que gobernar su cartera, quiere desesperadamente una elección. La política reducida a un fenómeno exclusivamente electoral: gobernar no existe más. De ahí que la pregunta sea más “que es Berni”, que representa, antes de “que hace”. Berni es la fusión imaginaria entre el Ministerio de Desarrollo Social y el de Seguridad, un Leviatán de Youtube que es en realidad un espejo fidedigno y desagradable de un estado de la política nacional.
En la Argentina, los cambios y las transformaciones solo son posibles con una combinación dinámica y difícil de “hegemonía” en la fortaleza –por periodos, este fue el caso de Alfonsín, Menem, Néstor y Cristina- y pacto en la debilidad –Alfonsín y Duhalde 2002, la causa común frente a los alzamientos carapintadas. Hoy ambas opciones parecen estar descartadas. Las escenas de las últimas semanas en la Provincia de Buenos Aires –las tomas, los pitufos- revelan un escenario en donde los mecanismos políticos –formales o no- construidos para procesar y contener la crisis social después del 2001 parecen empezar a desbordarse. Y el peronismo conurbanizado del 2020 juega sus cartas mas importantes en la gestión de esta emergencia: casi podría decirse, su última justificación histórica. Asi como el macrismo creyó, ingenuamente, en el advenimiento de un “shock de inversiones” y una “lluvia de dólares” automática por el solo hecho de su arribo al poder, el peronismo procedió con el mismo automatismo en relación al gobierno de la crisis. Creyó, sin más, en su propio “shock de gobernabilidad” basado exclusivamente en llegar relativamente unificado a la Casa Rosada. ¿qué pasa si al “Partido del Poder” el poder se le escapa?
No se puede ser “normal” –algo que, en la Argentina de la ultima década equivale al sistema político de la Grieta- en un momento de excepción
La política de la crisis tiene –o debería tener- un nuevo arsenal creativo a disposición. Un cambio de frente, una ruptura de la inercia, nuevas alianzas que correspondan a la actualidad del desafío histórico que tiene que enfrentar. No es una “elección”, es una necesidad histórica. No se puede ser “normal” –algo que, en la Argentina de la ultima década equivale al sistema político de la Grieta- en un momento de excepción. Esto es así incluso si muchos los protagonistas de la etapa son idénticos a los de la etapa anterior: ni el Duhalde del 2002 fue exactamente igual al de “la Mazorca”, ni el Kirchner de 2003 al del gobernador filo cavallista que supo ser en los ’90. Para el caso, tampoco el Francisco de la tapa de la Rolling Stone fue el Bergoglio de León Ferrari. Si se quiere, algo así como una versión política de lo que el cristianismo llama “el milagro de la transfiguración”. En “Anatomía de un Instante”, el impresionante libro de Javier Cercas, el español describe como tanto la época como las circunstancias extraordinarias que le tocó enfrentar modelaron el liderazgo improbable de Adolfo Suarez en la transición española. Pero para eso hace falta primero asumir la necesidad de esta transformación. En todo caso, hoy aplicar la metodología del cristinismo 2014 a la Argentina del 2020 equivale a recetarle buscapina a un enfermo de migraña. Más allá de los “deseos” personales, sencillamente no funciona.
Cristina y Macri tienen, tal vez, el derecho adquirido de ser cada más parecidos a ellos mismos: después de todo, son la cristalización definitiva de un periodo anterior, uno que, está probado, no morirá sólo y por efecto de la erosión geológica. La crisis, sin embargo, tiene otros tiempos y otra velocidad que los de la onanista clase dirigente argentina. Un desacople peligroso. O como sostenía Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

(Publicado en http://www.panamarevista.com el 5 de octubre de 2020)
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Laura Carboni, secretaria general de AGD-UBA: Denuncian salarios “de hambre” y paran por tiempo indeterminado
En el marco del paro universitario que atraviesa a las universidades nacionales, Laura Carboni, secretaria general de AGD-UBA, dialogó con LCV sobre el alto acatamiento a la medida de fuerza, la crítica situación salarial de la docencia y la continuidad del plan de lucha. Carboni advirtió que los ingresos docentes están muy por debajo de la canasta familiar y señaló que el conflicto se inscribe en un deterioro sostenido del sistema universitario que se profundizó en el último tiempo.
LCV: ¿Cómo ha sido el paro? ¿Cuál ha sido el acatamiento? Hace un ratito estuvimos hablando con otro gremio que nos dijo que era bastante importante. Quiero saber ustedes.
Laura Carboni: “Bueno, mira, el paro acá fue casi total en todas las sedes de la Universidad de Buenos Aires. Es un paro que hoy se conjuga entre el paro docente y el paro de los compañeros no docentes también, porque el reclamo es exactamente el mismo. Es decir, nosotros seguimos pidiendo el aumento salarial que en este momento ronda en más del 50% y que el gobierno se niega a pagar porque se niega directamente a aplicar la ley de financiamiento universitario. A partir de mañana el paro sigue solamente de los docentes durante toda la semana. Y en el caso de AGD, que es el sindicato del que estoy al frente, vamos a hacer una asamblea el día jueves 19 en la Facultad de Ciencias Sociales para evaluar cómo continuar la lucha, más allá de que todavía está votado un paro para la semana del 30. Queremos ver si es posible que la semana que viene, que es una semana relativamente corta, podamos también empalmar con acciones de lucha para que tenga continuidad.”
LCV: ¿Cuál es el impacto que tienen las medidas en la opinión social, en la opinión de la sociedad? ¿Ustedes hacen alguna compulsa al respecto? ¿Crees que las acompañan? ¿Crees que el humor es el mismo que llevó a que fuera tan multitudinaria la marcha hace un año y pico o ya no?
Laura Carboni: “Mira, yo no sé si noto que hay un cambio de humor específicamente porque se apoye solo a la universidad. Hay un cambio de humor en la medida en que este gobierno está golpeando duramente a todos los sectores de trabajadores: los cierres de fábricas y la gente que tiene que salir a rebuscársela. Muchos de nuestros docentes salen de dar clases en el aula y a trabajar por aplicación en Uber o en Didi o en cualquiera de esas empresas. Es tremendo, pero grafica también la situación en la que se encuentra la docencia en general y la docencia universitaria en particular. Nosotros recién empezamos con estas medidas y estamos convocando al resto de los sectores de la sociedad a que nos acompañen. Queremos aprovechar ese cambio de humor para que todas las luchas que en este momento se están dando también se puedan unificar con la universidad y golpear fuerte para frenar lo que son las políticas de hambre de este gobierno. Hoy todavía no arrancan las clases porque estamos en medida de fuerza, pero ya estamos en actividades a las que convocamos al movimiento estudiantil y próximamente ya se está hablando de hacer una nueva marcha federal. Si bien no tiene fecha, seguramente va a ser aproximadamente en abril, porque así como te digo que hay una ley de financiamiento universitario que el gobierno no quiere aplicar y que además no quiere pagar, acaba de proponer una modificatoria para esa ley donde en vez del 50% nos ofrece el 12,3% en tres cuotas, la última a cobrar en el mes de septiembre. Entonces hay una indignación total por parte de los trabajadores, tanto docentes como no docentes. Lamentamos mucho que desde la federación no docente solamente vayan a 24 horas de paro porque nos estamos perdiendo la oportunidad de hacer una gran medida de fuerza y una rebelión universitaria en todo el país.”
LCV: ¿Hay alguna posibilidad de que el estilo de protesta cambie, que mute del paro a clases colectivas en la calle con participación de los alumnos, algo visual que muestre cuánta gente es perjudicada por esta situación?
Laura Carboni: “Mira, nosotros el año pasado, hablo por AGD UBA, hicimos varias veces clases en la Plaza de Mayo que fueron como una vidriera de lo que estaba ocurriendo dentro de la universidad. Seguramente repliquemos esa experiencia que fue muy positiva, porque incluso no solamente el movimiento estudiantil participó, se sumó y organizó clases con nosotros, charlas y todo tipo de actividades, sino que además ocurría algo muy interesante: gente que pasaba caminando se quedaba a escuchar una clase para ver de qué se trataba. En esta ocasión, en esta semana no habrá algo así de manera general. Seguramente habrá alguna que otra clase, pero más de carácter individual en cada sede de la facultad. Esta semana decidimos ir al paro sin concurrencia a las aulas para empezar y vamos a ir evaluando, a medida que siga la medida de fuerza, qué otro carácter le podemos dar para que sea cada vez más visible y para que nos permita agrupar.”
LCV: También pasa que en muchas familias sostener un hijo universitario cuesta mucho y a veces la preocupación es que se reciban y terminen poniéndose en contra de las medidas de fuerza. ¿Cómo se responde a eso?
Laura Carboni: “Nosotros por supuesto que pensamos en la formación de nuestros estudiantes y por lo tanto por eso estamos saliendo a la lucha. Te tiro algunas cifras para graficar la situación en la que estamos hoy. Un ayudante de primera simple, que es el cargo que tiene casi el 70% de los trabajadores docentes en todo el país, con 10 años de antigüedad está ganando 230.000 pesos de bolsillo. Ese es el monto. Y no se pueden tener más de cinco cargos. Es decir, que si vos sumás cinco cargos de 230.000, aun así no cubrís la canasta familiar. Entonces, si bien entendemos perfectamente que esto es un problema que afecta a todos, por eso mismo estamos convocando a todos los estudiantes y a todas las familias a que apoyen este reclamo, porque es muy difícil continuar adentro de las aulas con estos salarios. Nosotros también mantenemos familias, muchos somos sostén de hogar, y con estos ingresos se hace muy difícil trabajar.”
LCV: También hay una cuestión simbólica: durante décadas la universidad fue una aspiración de ascenso social y hoy muchos ven a docentes trabajando en aplicaciones o en empleos precarios.
Laura Carboni: “Sí, totalmente. Para nosotros es muy complejo. Estamos con salarios de hambre y eso está produciendo muchas bajas en la universidad porque la gente renuncia. Nos preocupa que nuestros estudiantes puedan tener una formación acorde y hacemos un gran esfuerzo, porque además venimos hace dos años con este reclamo. Pero tampoco son solo dos años: para estar ganando 250.000 pesos hoy hace por lo menos 20 años que no tenés un aumento como corresponde. Nosotros sacamos la cuenta de que si quisiéramos ganar lo que ganábamos en 2023 necesitamos un 50% de aumento salarial. Ahora, si nos queremos remontar a 2015, necesitaríamos una recomposición del 105%. Es decir, la pauperización viene de mucho tiempo atrás.”
LCV: La pauperización docente viene desde hace muchos años, incluso antes de este gobierno.
Laura Carboni: “Sí, en eso coincidimos. Siempre venimos luchando por el presupuesto y por el aumento salarial, pero también es verdad que en el último tiempo hubo un derrumbe importante. Ahora además hay una cuestión ideológica: lo que se pretende es exactamente lo que está pasando, que te canses, que te bajes, que te vayas. Hoy tiene un objetivo. En otros momentos tal vez la mirada política sobre la educación era otra, pero la plata tampoco aparecía. Nunca hemos tenido el nivel de pago que queremos para nuestros docentes, porque cualquier familia que manda a su hijo a la universidad quiere jerarquía para ese docente. Y convengamos que además nosotros, con estos trabajos tan precarios y estos salarios tan bajos, igual seguimos sosteniendo universidades que están reconocidas a nivel internacional. Es decir, ese prestigio también se sostiene a costa de una pauperización permanente de nuestro trabajo. Cuando este gobierno aplica la motosierra, el derrumbe fue total. Por eso hoy queremos seguir defendiendo la universidad, pero para poder hacerlo necesitamos salarios que nos permitan seguir dando clases con los elementos que la universidad necesita: laboratorios en condiciones, aulas en condiciones, pizarrones, conectividad, todo lo que requiere la educación en el siglo XXI.”
LCV: Cierre de la entrevista y reflexión sobre la situación de la docencia.
Laura Carboni: “Nosotros seguimos entablando ese vínculo con nuestros estudiantes por el cual, más allá de si nos admiran o no, acompañamos todas las trayectorias y estamos muy contentos cada vez que un alumno egresa y se gradúa de la universidad, sea abogado, médico, climatólogo o lo que sea. Nos encanta. Pero justamente por eso también estamos pidiéndoles y convocando a nuestros estudiantes a que vengan a bancar la lucha de los docentes, porque se está haciendo muy difícil seguir adelante con la universidad.”
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Hugo “Cachorro” Godoy: “Para vivir con dignidad se necesitan al menos 2,3 millones de pesos de bolsillo”
En diálogo con LCV, el secretario general de la CTA Autónoma, Hugo “Cachorro” Godoy, explicó el estudio que elaboró la central sindical para calcular el ingreso necesario que permita cubrir una canasta básica de dignidad para una familia trabajadora. Basado en los derechos establecidos en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y en parámetros de medición del propio INDEC, el informe sostiene que hoy se requieren alrededor de 2.300.000 pesos netos mensuales para cubrir gastos esenciales como alimentación, vivienda, salud, educación, transporte y vestimenta. Además, Godoy cuestionó las mediciones oficiales que no contemplan el costo del alquiler y adelantó la participación de la CTA en las movilizaciones por el 24 de marzo, en el marco de las actividades por memoria, verdad y justicia.
LCV: La pregunta es acerca de la canasta básica de los hogares. ¿Cómo llegaron ustedes a ese número? ¿Cómo realizaron el estudio?
Hugo “Cachorro” Godoy: “En realidad es muy simple. El artículo 14 bis de la Constitución Nacional establece que un trabajador tiene derecho a la vivienda, a la alimentación y a otras nueve condiciones básicas. A partir de esas pautas y utilizando los criterios de medición de las canastas del propio INDEC, llegamos a la conclusión de que el sueldo mínimo necesario para cubrir una canasta de dignidad para el trabajador y su familia es de 2.700.000 pesos de ingresos brutos, que reducidos por aportes previsionales y sociales quedan en aproximadamente 2.300.000 pesos de bolsillo. Por eso decimos que se necesitan, como mínimo, ocho salarios mínimos vitales y móviles —que hoy están en poco más de 300 mil pesos— para poder cubrir esa canasta. Este cálculo incluye vestido, útiles escolares y educación, alimentación, salud, movilidad —como pasajes— y también la vivienda.”
LCV: En el caso del alquiler, ¿la canasta básica integra ese gasto como uno de los elementos?
Hugo “Cachorro” Godoy: “Sí, la canasta básica que elaboramos incluye el alquiler como uno de los componentes. Esto es importante porque muchas mediciones lo dejan afuera, como si todo el mundo tuviera casa propia. La canasta de pobreza que mide el INDEC, por ejemplo, que hoy ronda 1.300.000 pesos, no contempla el costo de la vivienda, como si la gente no pagara alquiler. Pero hay millones de personas que viven alquilando y, además, cada vez es más lejano para las familias argentinas acceder a la casa propia. Por eso para nosotros es fundamental ubicar esta discusión en el plano de la realidad concreta que vivimos los trabajadores y no en una realidad distorsionada, como la que plantea el gobierno o las mediciones oficiales. Lo que estamos discutiendo es la necesidad de un salario y un ingreso verdaderamente digno.”
LCV: ¿Qué medidas están estudiando para los próximos días y cuál va a ser la participación de la CTA en la marcha del 24 de marzo?
Hugo “Cachorro” Godoy: “Sin duda la principal actividad de estos días está centrada en conmemorar los 50 años de lucha por memoria, verdad y justicia, recordando el golpe genocida y reivindicando a los 30.000 detenidos y detenidas desaparecidas para decir, una vez más, nunca más. El 20 estaremos participando de diversos actos a lo largo y a lo ancho de todo el país y particularmente el día 24 marcharemos a las 12 del mediodía. Nos vamos a concentrar en Avenida de Mayo y 9 de Julio para, junto a otras organizaciones con las que estamos articulando, marchar y gritar todos juntos que nunca más.”
LCV: Muchísimas gracias, Cachorro. Y cuando pase un poco todo este momento, nos gustaría invitarte al estudio para charlar con más tiempo.
Hugo “Cachorro” Godoy: “Me encantaría. Después del 24, cuando pase este atolladero de actividades, me parece perfecto. Gracias por la invitación, me va a encantar estar con ustedes.”
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Entrevista a Mario Sequeira, secretario gremial de FEDUN: Paro universitario con acatamiento total y reclamo por financiamiento
En el marco de una jornada de paro nacional de 24 horas, docentes universitarios de todo el país llevaron adelante una medida de fuerza para visibilizar la crisis del sistema universitario y reclamar la apertura de paritarias y la aplicación de la ley de financiamiento universitario. En diálogo con LCV, Mario Sequeira se refirió al alto nivel de acatamiento, al acompañamiento de trabajadores no docentes y estudiantes, y al trabajo conjunto con las organizaciones del sistema universitario para sostener el reclamo.
LCV: ¿Contanos un poco cómo se está llevando a cabo el paro de docentes universitarios?
Mario Sequeira: “Bueno, el paro de hoy de 24 horas tuvo un acatamiento que alcanzó prácticamente el 100% en todas las universidades nacionales, en las 60 universidades del país. Más allá del éxito de la medida, nosotros seguimos en esta semana de visibilización de la protesta universitaria y queremos manifestar que reclamamos paritarias ya y, sobre todo, la aplicación de la ley de financiamiento universitario, que la Justicia intimó al Gobierno nacional para que la ponga en vigencia.”
LCV: Me decís que el acatamiento fue importante en docentes, ¿están también los no docentes incorporados, los trabajadores docentes y no docentes? Y los alumnos, ¿han acompañado el paro? ¿Cómo ha sido, con presencia o sin presencia?
Mario Sequeira: “Sí, la medida incluye tanto a docentes como a no docentes, es decir, a todos los trabajadores de las universidades. En la mayoría de las universidades el paro fue sin presencia en las aulas. Los estudiantes, bueno, como pasa siempre, el 100% no está totalmente de acuerdo con la medida de fuerza y una mayoría sí la acompaña. La unanimidad absoluta nadie la tiene.”
LCV: ¿Sabés si hay algunas universidades privadas que estén cerca del tema? ¿O son todas las universidades nacionales, como La Matanza y otras?
Mario Sequeira: “Son universidades nacionales, sí, pero también algunas universidades privadas siempre se han solidarizado con nuestra problemática. Incluso se han solidarizado frente al éxodo de muchos docentes que terminan renunciando a la universidad pública. Y cuando realizamos movilizaciones masivas, muchas veces también participan sectores de esas universidades privadas.”
LCV: Cuando ustedes realizan este tipo de medidas, ¿se plantean dar clases de concientización en la calle para explicar la situación a los estudiantes o a quienes no comprenden el sistema de paros?
Mario Sequeira: “Permanentemente venimos realizando acciones de visibilización. Para nosotros es muy importante la participación de los estudiantes, que son una pata fundamental de la lucha. Por eso el frente sindical que conforman todos los trabajadores de las universidades, docentes y no docentes, viene trabajando desde febrero de 2024 en conjunto con los estudiantes, a través de la Federación Universitaria Argentina, la FUA, y también junto a los rectores a través del Consejo Interuniversitario Nacional.”
Laura Carboni, secretaria general de AGD-UBA: Denuncian salarios “de hambre” y paran por tiempo indeterminado
Hugo “Cachorro” Godoy: “Para vivir con dignidad se necesitan al menos 2,3 millones de pesos de bolsillo”

