fbpx
Connect with us

Opinión

Opinión: El otro Verón, por Pablo Solana

Tigre” Verón apodaron al personaje de la serie televisiva diseñada para vincular la imagen de cualquier sindicalista a la de un transa corrupto anti obrero. El contexto: ofensiva contra los derechos laborales; barrer del medio a los sindicalistas (incluso a los transas) es parte del trabajo sucio.

Fuera de la ficción queda la memoria de aquel otro Verón que a su modo también fue sindicalista, porque luchó por sus derechos y los de sus compañeros de trabajo en el movimiento piquetero. Un tipo honesto y combativo.

Aníbal, padre de 5 hijos, laburante de la empresa de transportes Atahualpa, fue fusilado por la policía en una protesta piquetera en Tartalgal, Salta, el 10 de noviembre de 2000. Tenía 37 años. Lo habían despedido junto a los demás pocos meses antes; ya habían agotado los reclamos sin respuestas y se mandaron al piquete. “Solía marchar al frente de las columnas, sabía que iba a haber represión, iba con una honda en las manos”. El gobernador ordenó la cacería, la policía disparó, el juez procesó a sus compañeros, ningún policía fue imputado por el crimen. El hecho fue quedando en el olvido. De su caso se supo poco, ni siquiera hay fotos suyas para recordarlo. La gran prensa, incluso la gran política, prefirió echar tierra sobre su tumba y sobre su memoria. Hubiera sido un caso olvidado, si no fuera por un hecho: el movimiento de desocupados recogió su nombre y lo convirtió en bandera.

¿Quién va a hacer su serie?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Seguir leyendo
Comentá

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Opinión

Placebo, por Hernán López Echagüe

¿Quién diablos resolvió y logró instaurar a modo de verdad absoluta y sagrada que esa quermés a la que llaman democracia es el camino único y venerable hacia el bienestar de una sociedad? Usted elige, usted decide quién y quiénes serán los paladines de sus necesidades y sus anhelos. Vamos, eso es tomadura de pelo. El voto es un placebo del libre albedrío. No es otra cosa que una melancólica escenificación de civismo, de un celo por las instituciones que dura lo que un parpadeo. Una diligencia tribal: meter una papeleta en un sobre; luego, el sobre en la ranura de una caja, y de regreso a casa comprar ravioles, una botella de vino tinto; almorzar, dormir la siesta y en la noche esperar el resultado de la elección como el que espera el resultado de la quiniela. Ése es el tamaño de la libertad que nos permite este sistema. El de una ranura. Al día siguiente, a cerrar la boca y a obedecer. En la fábrica, en la oficina, en la escuela, en la calle. Y en momento alguno dudar del fatalismo que rige nuestra vida. Todo en orden. Las instituciones, que nunca sabremos para qué sirven, a buen resguardo. Los cerdos en su chiquero, las gallinas en su gallinero y los timoratos en su pecera. Unos años más, como tantos otros, de convalecencia de la nada.

Al imbécil la mirada de las personas que caminan por la calle no le excitan ningún significado, ni ganas de buscarlo. Le significan algo espantoso, en cambio, los ojos y la mirada de las personas que están echadas en un colchón en la vereda de una calle, junto a los muebles que pudieron reunir y llevarse el día del desalojo. Significan la vagancia, el destino del que eligió la dejadez, la irresponsabilidad, el placer y la libertad de vivir a la intemperie. Yo me rompo el lomo, laburo diez horas sin parar, y estos tipos se meten en el umbral de una iglesia a dormir y emborracharse mientras sus hijos andan pidiendo limosna en trenes y colectivos y restoranes.

Me dice Silenzi que el que siempre tiene esperanzas, siempre se equivoca. Que sólo se merece lo que se toma.

Continue Reading

Destacada

Empate hegemónico, por Ricardo Rouvier

Estamos a pocos días de las elecciones que finalmente elegirán a los diputados y senadores que asumirán en diciembre próximo. Las PASO , se hicieron sentir como las PASO del 2019. Hubo sorpresa, y reorganización de las fuerzas políticas. El péndulo se volcó en esta oportunidad a favor de los derrotados de hace dos años. Esta mención del carácter pendular de la política es central para analizar o conocer nuestra historia política. El sociólogo Portantiero lo llamó hace años “empate hegemónico”; así de simple y dramático también. En la Argentina de hoy no hay fuerza política de tal naturaleza que pueda dominar al adversario y asegurar la permanencia . La gestión es la que constituye el veredicto.

En nuestra historia , el contenido de la vacilación colectiva es entre el peronismo (en cualquiera de sus versiones) y el antiperonismo. El populismo, los populismos necesitan tiempo, y organización y eso choca con las reglas del régimen . En el “empate”; la derecha gobierna sobre un sistema que le es propio, mientras los populismos gobiernan sobre un sistema que les es extraño.

Me refiero como sistema al núcleo de la etapa civilizatoria actual que tiene tres ejes dominantes; el capitalismo, la democracia liberal, y el individualismo. Y es hegemónico , porque es el dominio más extremo que pueda haber, al naturalizarse en la sociedad y no tener una alternativa a la vista. No será eterno, pero su duración es una incógnita.

No sabemos como será el resultado electoral, pero si vemos con preocupación una descomposición y fragmentación del espacio del Frente de Todos. Las interpelaciones mutuas, la pérdida de autoridad, las idas y vueltas, desorientan a una sociedad que no encuentra dirección en la dirección. El tema de la conducción es básico en una fuerza política que tiene una impronta movimientista. La conducción es mucho más que el uso de las redes; mucho más que imponer carácter. Hay que usar el poder de la conversación, hablar , dialogar, para alinear las fuerzas, y crecer pescando en la laguna de al lado. Buscar los matices, reconocer las diferencias, organizar los diversos frentes.

Si no se conduce al todo, el peronismo se fragmenta en sus diversas identidades orgánicas (CGT, CTA, Mov. Sociales, PJ, Agrupaciones juveniles, estudiantiles , etc), sin unidad de concepción y de acción. La única manera de romper la paridad es acumular una fuerza mayor al otro, o sea salirse del propio voto seguro (panperonismo más progresismo) para buscar otros consensos. Con esta alianza del Frente no es suficiente ante una gestión cuestionada a lo que hay que sumar la inesperada pandemia. Alguna vez habría que reflexionar sobre esta aseveración: hoy, con el peronismo solo no alcanza.

Continue Reading

Destacada

12/10. La sinrazón de la raza. Reflexiones sobre el pensamiento nacional

En este nuevo 12 de octubre que evoca la llegada de los españoles al Continente Latinoamericano y su posterior conquista, proponemos algunas lecturas imprescindibles. Entre ellas, el libro de Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa, publicado por primera vez en 1933, en donde sin eufemismos el escritor, poeta y ensayista, decía: “La argentina ha sido el único país donde la conquista española, iniciada en la isla de Santo Domingo y en Nueva España como guerra de exterminio, se llevó a cabo hasta sus últimos extremos”. “Se lo había engendrado en la infamia, con la repugnancia del que satisface apetitos en carne vil. Si estaba reconocido como hijo natural, debialo a una exigencia de los sacramentos. Era más indio que español, sobreviviente y fideicomisario de la raza materna. El padre pertenecía a los invasores, se iría; la madre a los vencidos, moriría, pero él era el pueblo que iba a quedar” .

La Columna Vertebral reproduce parte de la discusión que subsiguió a esa postura de Martínez Estrada, en la que participaron buena parte de los grandes pensadores nacionales. Sin pretender agotar las distintas miradas, les ofrecemos fragmentos del propio Martínez Estrada, Juan José Sebrelli, el rescate de Héctor Murena realizado por Guillermo Piro, y la reflexión de Horacio González sobre el modo de leer el ‘pensamiento nacional’ de manera dialéctica.

Definiciones de Ezequiel Martínez Estrada

“La herencia del indio desaparecido era un déficit, algo negativo que no es cosa medible ni contable. Representa una deuda sin pagar”. “Esa deuda es el silencio sobre estos episodios de nuestra historia, de la conquista del país de los ganados por el ejército, de una riqueza nacional cuya base ha sido el despojo y el crimen.” Martinez Estrada (“Sarmiento”)

Según él, Perón no era otra cosa que la eterna vuelta, como Yrigoyen, como Rosas. “Jefe de una secta secreta que salvaría al país, las desorganizadas huestes de los caudillos de 1820, hablándoles un lenguaje más convincente sino más flamígero que el de Bustos y Quiroga” (¿qué es esto? M. Estrada) “Era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la otra salió de los saladeros. Eran las mismas huestes de Rosas, ahora enarboladas en la bandera de Perón”

Juan José Sebrelli, allá por los sesenta, sobre las ideas de Martínez Estrada

“Un acontecimiento catastrófico ocurrido en el principio de nuestra historia –el asesinato del indio y el acoplamiento forzado de la india por el conquistador español- nos ha aferrado subconscientemente, según Martínez Estrada, al recuerdo de ese pasado que ha devenido maldición. La culpabilidad de esos crímenes impedirá para siempre la creación de una auténtica comunidad sobre la tierra maldita. La memoria colectiva del pueblo argentino condensa en un solo momento mítico, las contingencias y los perpetuos recomienzos de la historia nacional. Todos los momentos de la historia argentina no hacen sino repetir una pasión original, como la Semana Santa repite la Pasión de Cristo. Por eso, como en las sociedades religiosas, el argentino no tiene una historia profana, que transcurra en el tiempo continuo, sino una historia sagrada –o maldita, lo mismo da- que transcurre en un tiempo eterno. Cualquiera de nuestros acontecimientos históricos no es sino una ceremonia de transfiguración, en la que bajo fromas rituales y simbólicas, se revive un acontecimiento arquetípico ocurrido en los albores de la nacionalidad.”

Agrega Sebrelli. “Esta teoría de la culpabilidad histórica, tiene también sus puntos de contacto con la ley del Karma de las religiones hinduístas. El Karma garantiza que todo cuanto ocure en el mundo, por absurdo o injusto que parezca, está en concordancia con la ley inmutable de causa y efecto. La historia no sería pues sino una serie infinita de deudas que se pagan con otras deudas cada vez más pesadas…Los muertos están detrás de los vivos inspirándoles sus acciones, el pasado existe con el presente. La más rigurosa actualidad estaba ya en los orígenes, en el más profundo y remoto pasado”

Martinez Estrada negó el progreso,
pero la objetividad del progreso es cruel
y a su vez lo niega a Martinez Estrada

Y concluye: “Estas comparaciones puramente exteriores basadas en aspectos circunstanciales y accesorios, que prescinden del momento histórico inmediato, constituyen una tentación constante en la mente humana y se encuentran en el ritual mágico y en las supersticiones sobrenaturalistas de las creencias primitivas. Siempre se puede hallar en dos hecho, aspectos tan formal, tan general y abstracto que sea común en ambos, aunque se diferencien en todos los demás. Dos períodos históricos pueden parecerse en muchas cosas y sin embargo ser fundamentalmente distintos porque preparan un porvenir distinto. Lo que garantiza una analogía no es la propia analogía sino la prueba de que no existen diferencias fundamentales. La comparación no puede sustituir a la prueba, cuanto más suministrará una sugestión, un indicio que puede ser falso. La analogía debe ser comprobada concretamente antes de hablar de demostración. Si juzgamos los acontecimientos históricos no en base a ideas fijas e inmutables, sino a su situación concreta y actualizada de acuerdo a la incesante y desconcertante transformación de la vida, comprobamos que la historia nunca se repite, y que cada acontecimiento histórico es siempre nuevo, único e intransferible. Martinez Estrada negó el progreso, pero la objetividad del progreso es cruel y a su vez lo niega a Martinez Estrada.”

El revisionismo de Murena y otros

El escritor y periodista Guillermo Piro rescató hace tiempo, en un artículo titulado ‘Elogio de un nihilista’, la figura de Héctor Murena, admirador de Martínez Estrada y autor del libro ‘El Pecado Original de América’:

“En 1994, en un ensayo aparecido en la revista La Caja, Héctor Schmucler lamentaba la falta de vigencia de Héctor A. Murena: Pocos recuerdan su nombre. Sus libros son prácticamente inencontrables. Existen, como una cofradía, algunos para quienes Murena es el inspirador de sus reflexiones. Son casi iniciados. ¿Por qué el olvido de Murena?. La pregunta carecía de respuesta. Se trata de un autor al que se conoce mucho menos de lo que exigiría su importancia. Mientras la mayoría de sus obras permanecen agotadas, en los últimos meses ha conseguido una mayor atención, en la Argentina y en el extranjero. Murena nació en 1923 y murió en Buenos Aires en 1975.

un pensador de avanzada, considerado por una cultura progresista un escritor de derechas

La actual “vuelta” de Murena se debe en gran parte a su inclusión en distintas cátedras de la UBA. Así, el crítico Nicolás Casullo dice que lo considera uno de los ensayistas más importantes que tuvo una determinada época la Argentina. Casullo sostiene que Murena estuvo injustamente devaluado, pese a que reúne elementos difíciles de encontrar en la ensayística argentina: una alta erudición, una preocupación metafísica mística y una aproximación muy fuerte a pensadores de primera línea en el campo de las ideas. Y subraya que fue el primer traductor de Walter Benjamin al español y que estuvo fuertemente vinculado con el pensamiento alemán de entreguerras. Todo eso lo hace un pensador de avanzada, considerado por una cultura progresista un escritor de derechas, explica, cuando en realidad es un hombre que repensó el drama espiritual argentino y latinoamericano.

Y sigue Guillermo Piro: “Murena atacaba a la sociología, “supuesto sistema de conocimiento que se titula científico porque se funda en cifras estadísticas”. Fanático admirador de Martínez Estrada, se propuso abordar la problemática nacional desde una óptica netamente americana. En uno de los libros tal vez más polémicos, El pecado original de América, que muchos tildaron de inepto porque no aportaba soluciones inmediatas, Murena sostenía que el mestizaje americano es más de orden mental que racial, y surge del choque con un ambiente histórico extraño, y afecta tanto a los indígenas como a los inmigrantes.”

A modo de conclusión

Los autores antes citados no pueden ser considerados de izquierda, sin embargo sentaron las bases de un debate todavía inconcluso. No solo bajamos de los barcos, raza pura inmaculada. ¿Todos llevamos en la sangre y la memoria aquel pecado original?

Recuperamos fragmentos de un artículo del sociólogo Horacio González escrito en 2014, titulado “Indagar el pensamiento nacional“:

El pensamiento nacional sólo puede ser una reinterpretación, una creación nueva y una renovada oportunidad crítica. Lejos de ser una herencia acabada y designada con nombres fijos, es una remodelación permanente, una revisita. Tiene en primer lugar la obligación de “desfazer un entuerto”, desligarse de un canon fijo que lo limita exclusivamente a lo que se ha conocido como revisionismo histórico. ¿Para despreciarlo, para arrojarlo al rincón de los trastos viejos? De ninguna manera, sino para hacer su necesario, su imprescindible balance (…)

La memoria de Jauretche no puede servir de pretexto para encajonar su pensamiento en unos pocos moldes, confinados en previsibles consignas. Basta recordar su carta a Ernesto Sabato en 1956; es una crítica al libro El otro rostro del peronismo, pero escrita con sutileza y respeto, intentado un diálogo con el pensamiento “dialéctico” (que le atribuye a Sabato). En el mismo año, Martínez Estrada, el abominado, el vilipendiado, escribe el ¿Qué es esto?, que podemos considerar el máximo libro antiperonista y asimismo la máxima comprensión de los mecanismos profundos del peronismo. Jauretche lo critica con su estilo: la distancia irónica, el sabor payadoresco y una teoría empirista del sentido común en la lengua patrimonial de un edén criollo. No podemos considerar hoy ni que Jauretche poseía el talismán de la refutación eternizada ni Martínez Estrada el caudal de todos los errores. Eran escritores de muy diferente estilo, y esa diferencia es hora de verificarla con instrumentos efectivos del conocimiento, de carácter conceptual y retórico. Es esa misma diferencia, desentrañada y constituida, la prometida utopía de lo nacional.(…) Borges es tema siempre caliente. Luego de Sarmiento, es nuestro máximo escritor nacional. Pero ésta no puede ser una afirmación intrascendente ni caprichosa. Es necesario internarse en las estructuras de un pensamiento geométrico, casi estructuralista, que esconde mal un existencialismo trágico que formalmente repudiaba. Todo lo que Borges afirma contiene su contrario sin ser dialéctico; todo lo que Borges niega puede ser puesto de cabeza como efecto de su propio juego ficcional, haciéndose necesaria la lectura a contrapelo, la interpretación por la inversa.(…) Ni siquiera las grandes consignas políticas, destinadas a llevar a la acción a los hombres, deben interpretarse literalmente. No hay pensamiento, nacional y ni ningún otro, si el intérprete no pone la literalidad de lado (…)

Pensar es sustraer la trivialidad que hay en todo pensamiento. Lo contrario es acatar dogmas que ya nacen escritos como tales (…) El pensamiento nacional que estamos imaginando tiene raíces en el polemismo que fundó la Nación. Digamos algunos de sus capítulos más conocidos: Pedro de Angelis versus Echeverría; Sarmiento versus Alberdi; Alberdi versus Mitre; Mitre versus Vicente Fidel López; Ingenieros versus Groussac; Lugones versus Deodoro Roca; Borges versus Américo Castro; Jauretche versus Martínez Estrada; Martínez Estrada versus Borges; Lisandro de la Torre versus monseñor Franceschi; Milcíades Peña versus Ramos; Cooke versus Jauretche; Scalabrini versus Pinedo; Roberto Arlt versus Rodolfo Ghioldi; Viñas versus Sabato; Borges versus Murena; Viñas versus Borges; León Rozitchner versus Murena; Jauretche versus Luis Franco; Oscar Masotta versus Victoria Ocampo; Julio Irazusta versus Perón; Perón versus Montoneros.” Toda polémica debe desentrañarse en su presente, pero también en sus modos cambiantes, en el entrecruce extrapolado de los polemistas. No raramente, muchos de ellos intercambiaron luego su lugar con el contrincante, en perfectas oposiciones simétricas, como en el cuento “Los teólogos” de Borges o en la polémica de Sócrates con Protágoras.”

Toda identidad se compone de una o varias polémicas en su interior, latentes y no resueltas.

¿Qué pensamiento nacional puede haber sin esta poética de intersecciones que lo recorre en paralelo, antes, durante y después de constituirse en los vocablos “pensamiento nacional”? El pensamiento nacional es una coalición heterogénea de estilos que se arman y desarman de tan diversas maneras que esa misma movilización de ataduras y desanudamientos es precisamente una nación, que existe gracias a sus formas abiertas, a su secreto cosmopolitismo, a su sospechada universalidad condensada en un territorio y en un memoria que, antes que ser común, se genera en la lucha siempre inconclusa por considerarse común. Toda identidad se compone de una o varias polémicas en su interior, latentes y no resueltas. La expresión revisionismo histórico cuenta con nuestra simpatía, siempre que sea tomada en sus múltiples significaciones. Dijimos que el pensar nacional no debe modelarse en el alma literal de las definiciones, sino en sus diversos planos contrapuestos entre sí.” (.. .)

Informe: Laura Giussani Constenla

Continue Reading
Advertisement

Facebook

Copyright © 2017 Zox News Theme. Theme by MVP Themes, powered by WordPress.