Destacada
XXIV Jornada de Pastoral Social | “No se puede atribuir la pobreza a un solo modelo de gobierno, hay una responsabilidad colectiva”
Pablo Touzón, politólogo y editor de Panamá Revista, pasó por La Columna Vertebral para charlar sobre la XXIV Jornada de Pastoral Social de Buenos Aires, en la cual fue el encargado de moderar la mesa integrada por un gran número de dirigentes políticos, sindicalistas, empresarios, académicos y eclesiásticos.
“Hermanos Todos. Hacia Políticas Sociales de Integración. Desde un modelo de Desarrollo Integral, Solidario y Sostenible. Con Igualdad de Oportunidades» fue el tema central a desarrollar por los distintos oradores en el Auditorio Foetra (Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina). “Necesitamos construir una épica que convoque a todos, a todos los sectores, a terminar con la pobreza que no podemos admitir si nos consideramos hermanos y responsables unos de otros”, comunicaron desde la web de la Pastoral Social.
LCV: ¿Qué tal estuvo el encuentro?
-Estuvo muy interesante. Era un encuentro que se realizaba en base a la lectura previa de un documento que elaboró La Pastoral Social y que tenía como objetivo tematizar la pobreza. Pero sobre todo lo interesante del documento es, o por lo menos la interpretación que yo hice sobre lo que estaba ahí, es la idea de la pobreza ya no como una temática del Ministerio de Desarrollo Social sino como el escándalo argentino desde el retorno de la democracia para acá. Tal vez en otros países han recortado la cifra de pobreza, pero en Argentina solo ha aumentado. Esto se continúa bajo distintos gobiernos de distinto signo. Lo que un poco se traslucía es una idea de responsabilidad colectiva en este escándalo de la pobreza que aumenta sistemáticamente en las últimas décadas. En el sentido de que ya es difícil cuando han gobernado distintos gobiernos de distinto signo y distinta orientación atribuirlo solo a un modelo y ver que tal vez la Argentina en su conjunto no encontró darle la vuelta a cambiar eso, no solo en políticas paliativas o de contención del conflicto social sino directamente con políticas económicas que lleven a que eso cambie.
LCV: ¿Qué pensas de lo que dijo el Papa sobre el populismo?
-Es interesante porque la teología del pueblo, que es un poco la teología de la cual nace o es deudor Bergoglio, tiene el eje puesto en la idea de pueblo y culturación que le llaman, que es aprender del pueblo. En esa especie de oído puesto en el pueblo, lo importante es que a veces ese pueblo es sustituido por dirigentes que creen representar ese pueblo, que lo interpretan, que es el viejo problema que tuvo siempre el socialismo. El socialismo que gobernó, el socialismo real, que era la idea de las élites, de la casta, que dice “yo soy el pueblo” y que en su representación termina haciendo cosas que en realidad son para reproducir esa misma casta y que se desentiende un poco del pueblo que dicen representar. Este documento da cuenta de que nosotros también tenemos que hacer el balance de lo que fueron las políticas de los años 2000 en los países latinoamericanos y hasta qué punto lograron o no, en algunos países sí como en Brasil, tener resultados sustentables en relación con la pobreza y la movilidad social. En los años 2000 en América Latina se llamó el giro a la izquierda y se llenó de gobiernos populares: Evo Morales, Kirchner, Lula, Chávez; también versiones más moderadas como en Chile con Bachelet y en Uruguay con el Frente Amplio. Ahora, el balance en general es mucho menos homogéneo. Hay países que han avanzado mucho, unos que menos o algunos que casi nada o retrocedieron como Venezuela. Entonces también es lógico no solamente hablar del neoliberalismo sino ver qué pasó en estos años también, porque el neoliberalismo no es el único que gobernó América Latina en los últimos 30 o 40 años.
LCV: Me parece que cuando el Papa dice que basta de promesas fáciles del populismo, que eso puede llegar a caer en autoritarismo, me parece que le da un poco a toda la política.
-Sí. Le da a toda la política. Pero hasta ese momento siempre le había dado al liberalismo, entonces es para referirse también al otro sector. También el documento pastoral tenía algo de eso, como diciendo “está bien, pero a esta altura medio que fuimos todos”. Si vos decís “lo hicimos todos”, la conclusión sería que para salir también tendrían que estar todos. Que no se puede ir con una polarización extrema y de grieta pero no resolver un dilema como este. Porque al final un poco fracasaron todos en lo que implicó. En Argentina creo que es más contundente porque venía de un estadío mejor en términos de su sector medio del siglo XX y porque la situación con el dólar, la situación macroeconómica se ordenó durante los años 2000 y se desordenó. Ya hace una década que no crece la Argentina y que no genera empleo privado.
LCV: ¿Cómo lo viste a Gustavo Béliz?
-Lo vi muy bien. De hecho me pareció un discurso muy interesante el de él. Un discurso muy centrado, además con aspectos hasta teológicos interesante y haciendo un decálogo más o menos de lo que estaban haciendo en el sentido concreto y bastante humilde respecto de lo que puede o no puede hacer un consejo económico y social en el contexto de una polarización, o que la clase política argentina está en otra. Me pareció un buen discurso como si fuese más conceptual, pero también contando un poco más los proyectos que están llevando del ejecutivo al legislativo que me parece que finalmente es de lo poco que en el gobierno termina funcionando en el sentido más propositivo. No solamente un sistema de vetos sino qué querés además de qué no querés.
LCV: En la semana viajaste a Córdoba ¿Cómo viste el clima político de Córdoba?
-Fue muy interesante. Siempre me pareció que la experiencia del peronismo cordobés es bastante única en Argentina en el sentido de que durante años han sostenido un modelo político propio peronista en una provincia que no lo es, de alternancia interna en el poder que para las características de lo que es en general Argentina es bastante sofisticado y que obviamente es refractario o que nunca se dejó conducir lógicamente por el kirchnerismo o por lo menos plantea una alternativa. Muchas veces hay otras provincias que tampoco se dejan conducir por el kirchnerismo pero tampoco plantean nada. Es siempre interesante ver ahí. Como considero que muchas de las cosas políticas que dio el AMBA están medio agotadas, está bueno ver modelos afuera, ver lo que hacen, cuál es la vinculación con los otros sectores, con los sindicatos, con los otros empresarios.
LCV: O sea, dejar de hacer política AMBA.
-Claro. Ver un poco por afuera qué es lo que hay, sin que eso sea perfecto ni mucho menos, pero me parece que es una etapa donde hay que escuchar mucho más lo que tiene para decir el interior del país, que ya la provincia de Buenos Aires se la ha escuchado en estos 20 años muchísimo más.
Destacada
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
Destacada
Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
Página/12 y su insólita restauración de la teoría de ‘los dos demonios’, por Hernán López Echagüe
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.

