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Tomás Astelarra: “Este Gobierno desconoce las alternativas que genera el pueblo; no es Popular”

Tomás Astelarra, licenciado en Economía de la Universidad Torcuato Di Tella y master en Periodismo de la Universidad del País Vasco, charló con Laura Giussani Constenla acerca de la economía popular como clave para revertir la crisis, los problemas de la concepción clásica de la economía y cuáles son las principales falencias del Gobierno.

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El economista, quien además colabora con La Luna Con Gatillo y Revista Sudestada entre otros medios, realiza una serie de talleres entre los que se encuentra el “Taller de Economía para el Buen Vivir”, en el cual comienza respondiendo: ¿cómo nos vendieron este cuento?

-Al primero al que le vendieron el cuento fue a mí mismo. Siempre me gusta decir en mis charlas que vengo de cuna de oro, un nacimiento privilegiado, hombre de clase alta de una ciudad como Buenos Aires, gringuito y también con unos padres que me inculcaron valores muy lindos como la solidaridad. Mi mamá y mi papá los dos eran licenciados en economía así que mamé eso desde la cuna y en algún momento cuando me tocó estudiar me decidí por la economía. Me pudieron pagar una muy buena universidad y ahí me enseñaron la definición de economía, que es la que hoy en día se manejan las universidades que dicen que es la “ciencia que administra recursos escasos para necesidades infinitas”. Bueno, la vida en esos valores que me inculcaron mis viejos me fue llevando a desistir de un montón de caminos, de caminos de ONG, de laburos del estado, de laburos en diarios hegemónicos, me fui corriendo viendo las contradicciones de esos espacios y finalmente me lancé a viajar por Sudacamérica con el arte que siempre me gustó mucho. Me fui a Bolivia, a Colombia, estuve como ocho o nueve años viajando por América Latina y ahí me gusta decir que hice un doctorado en economía. Aunque parezca raro hice un doctorado en economía con las mamitas bolivianas, las caseritas de los mercados y ahí me di cuenta que me habían enseñado mal en la Universidad di Tella, que en realidad la economía era otra cosa. Ahí también conocí un amigo hippie de San Marcos Sierra que me enseñó que en su raíz etimológica, que pensaron los griegos y romanos, la economía quiere decir “el cuidado de la casa común”. Ahí después de todos esos viajes y esa reflexión, después de haber negado ser economista mucho tiempo me pregunté:¿cómo puede ser que de una definición tan linda como el cuidado de la casa común, de algo tan esperanzador para la humanidad en este momento tan cascoteadito que estamos, en algún momento nos enseñan que la economía es la ciencia que administra recursos escasos para necesidades infinitas? Lo cual es un problema insalvable y que muestra en muchos casos la gran crisis civilizatoria que estamos teniendo en el mundo con respecto a los recursos y a la administración de los recursos, un problema que el economista chileno Manfred Max Neef decía que era básicamente de estupidez.


“Estos economistas intelectuales de escritorio no son capaces de ver las maravillas que hacen las doñas de los barrios”

sobre las políticas de gobierno

LCV: Hemos hablado con Matías Kulfas y cuando hablamos sobre cómo el consumismo es el mayor de nuestros problemas, me dijo que eso es un tema de la filosofía ¿En qué momento se dividió la filosofía de la economía?

-El gobierno no solo no detiene la industrias masivas que contaminan sino que no fomenta la economía popular, que para mí es mucho más grave porque es una solución a largo plazo. A mí me parece que hay una gran ceguera de todos estos economistas intelectuales de escritorio que no son capaces de ver las maravillas que hacen las doñas en los barrios. Pero volvamos a la filosofía y al siglo XVIII cuando nace la ciencia positivista, cuando venimos del iluminismo, de la supuesta oscuridad, de la Edad Media y aparece el mundo de la razón que hoy nos compete. Mucha razón y poco corazón. Ahí empiezan a surgir las ciencias y este economista que les recomiendo mucho, Manfred Max Neef dice que en ese momento la física era la gran estrella de la ciencia porque justamente, siendo algo tan estructurado y tan cerrado y en búsqueda de certezas antes que la duda, los físicos tenían algo maravilloso que era una ciencia que era netamente matemática. Entonces ahí los economistas que estaban viendo cómo se acomodan en la ciencia dicen “pará, ¿cómo hacemos que esto que evidentemente no es matemático se ajuste a este modelo positivista? Entonces ahí Jeremy Bentham crea la teoría de la utilidad. El homosapiens racional toma decisiones económicas a través de maximizar una utilidad. Eso Matías Kulfas lo debe haber aprendido en la universidad, dentro de lo que él llama filosofía. Son modelos matemáticos donde cada persona maximiza su utilidad porque por ejemplo, para mí es muy importante poder exprimirme este jugo que me estoy exprimiendo de naranja orgánica, por lo tanto voy a pagar más la naranja que una persona que no ve los valores que puede tener una producción orgánica en cuanto al medio ambiente. Hay mucha gente que no le importa que se esté destruyendo el planeta entonces le vale lo mismo una naranja transgénica que una naranja orgánica. A mí no, a mi me importa el planeta y por lo tanto estoy dispuesto a pagar más por una naranja orgánica que por una naranja común. ¿Eso cómo lo ves en los números? Estos economistas del siglo XVIII decían “hacemos una función de utilidad que maximizamos la utilidad de las personas, después unificamos toda la utilidad y llegamos a un sistema de equilibrio”. Obviamente que esto es imposible. Hace más de dos siglos y medio que los economistas están tratando de ver cómo carajo se mide una utilidad, pero lo cierto es que de todas las cosas que nosotros como seres humanos racionales podemos elegir, la única que es cuadradita es el dinero. Entonces ahí la economía para ser una ciencia exacta pasó a solo medir el dinero. El resto no le importa, lo único que le importa es el dinero porque es lo único que se puede medir como ladrillitos. 

LCV: Antes existía el objeto y a eso se le daba el valor pero ahora es al revés, primero está el dinero y si no hay dinero no hay producción. Ahora lo principal es el dinero, no la cosa. Entretanto la sociedad me parece que está cambiando por sí misma, porque ya hay un 50% de personas que hacen con su vida lo que pueden. Me parece que ya es estructural y que habría que ver si no estamos en una revolución estructural que nadie la está dirigiendo ni proponiendo. ¿Vos cómo la ves?

-Sí. Las compañeras de la economía popular dicen “nos inventamos nuestro propio trabajo”. La economía popular surge de la crisis neoliberal, del menemismo, donde toda la gente queda sin trabajo y en un momento ya de tanta hambre surge el piquete. Los primeros famosos planes  sociales nacieron ahí, porque después de los piquetes para parar un poco la bronca crearon estos planes para parar la bronca. Entonces ahí se creó una lógica en todo el país que si vos organizabas la bronca y te bancabas las balas te iban a a tirar unos mangos del gobierno. No fue que la gente una vez que se juntó ahí y ya había armado una olla popular dijo “agarro la plata y me vuelvo a mi casa”. No. Dijeron “¿con estos pesitos qué hacemos? Che, yo tengo una máquina de tejer”, Santillán consiguió que le donaran una bloquera entonces hicieron una cooperativa de bloques de cemento y se organizaron para tomar tierras y ese proceso a través de la plata que fue inyectando el estado a través de la protesta fue generando un circulo vicioso donde la protesta pasó a ser propuesta. Se bien versaron los fondos para generar pequeñas cooperativas de agricultura familiar, textiles, de construcción.


“Kulfas presentó un programa para recuperar 2 millones de empleos. El IFE se dio a 10 millones de personas. Si en diez años solo vas a recuperar el 20% de empleo, es una solución un poco pobre”

sobre la economía popular y los programas del gobierno

Eso en algún momento entre Juancito Grabois y el barba Pérsico dicen “esto es una economía popular”, y a pesar de que el kirchnerismo había hecho que se recupere la economía y que se recuperen los grados de bienestar de la sociedad lo cierto, como dice el compañero Pérsico, es que la industria en su máxima capacidad podía emplearse en millones de personas en los 70 antes de la dictadura y hoy pueden emplear lo mismo. Matías Kulfas presentó un programa a 10 años para generar dos millones de puestos de empleos y en el ReNaTep, que es el registro de los trabajadores de la economía popular, hay unas 6 millones de personas y el IFE se calcula que se dio a unos 9 o 10 millones de personas. Entonces si vos en 10 años solo vas a poder recuperar el empleo del 20% de la gente que no tiene empleo y que quiere trabajar, es una solución un poco pobre. El actual gobierno, el actual ministro de desarrollo, Juan Horacio Zabaleta, también lo dice Matias Kulfas, dice que esos planes no son trabajo y eso es una terrible ofensa a las doñas de los comedores populares, porque además están desconociendo algo fundamental de la economía en estos tiempos. Gracias a las compañeras feministas estamos en tiempos de la economía del cuidado, de revalorizar el trabajo que hacen las mujeres en las casas. Entonces decir que los Potenciar que reciben las doñas de los comedores populares que sostuvieron la población argentina en tiempos de pandemia no son trabajo es una actitud criminal, totalmente ignorante, y muestra que la economía, los funcionarios de este gobierno, están en manos de gente que no conocen las alternativas reales que está generando el pueblo y por lo tanto no es un gobierno popular. Quizá tienen la intención pero no tienen la calle, no tienen la conciencia. Me parece que lo de Kulfas es mucho más filosofía que lo mío, que estoy trabajando la tierra y que estoy asesorando a esas compañeras para que sepan cómo llevar adelante sus emprendimientos cooperativos. 

LCV: ¿Existe alguna posibilidad de cambiar? Nos quieren hacer creer que es imposible cambiarlo pero yo estaba pensando que en términos de la historia de la humanidad este sistema es bastante moderno, empezó hace 200 años, 300 máximo ¿Estamos a tiempo de cambiar este sistema de cosas?

-Sí. De hecho lo estamos cambiando. Más allá del pensamiento que difundo en torno a esta reflexión de la economía más de filosofía soy parte del cambio. Soy parte de varias cooperativas, soy parte de un territorio, Traslasierra, que está haciendo muchas propuestas alternativas. Por ejemplo yo formo parte de Humano, que es una mutual que empezó como un emprendimiento de 15 artesanos de la feria que se juntaron para alquilar un local, yo estaba entre ellos, y actualmente somos 80 familias con tres locales en Merlo, San Javier y Villa de las Rosas. Dos de esos locales, el de Marlo y las Rosas, lo abrimos en plena crisis del macrismo en el 2018, pudimos incorporar 60 familias más al trabajo que estábamos haciendo y además distribuimos productos de otros 200 emprendimientos de la economía popular. Todo en base al esfuerzo y en base a la reciprocidad que da trabajar en cosas bonitas. Muchas veces yo hago este ejercicio con respecto al trabajo. Cuando voy a los talleres les pregunto a las compañeras, por ejemplo a las de Humano, si yo les pago 500 pesos por trabajar en Humano donde pueden llevar a sus niñes, donde pueden tomarse una birra con los amigos, donde ustedes toman las decisiones en las asambleas, donde tienen 20% de descuento en todos los alimentos que comercializamos, o les pago los mismos 500 pesos por trabajar en el locutorio de enfrente con el viejo ese que es re hincha, ¿ustedes qué deciden? “Trabajamos en Humano”, me dicen. ¿Y si en Humano les pago 500 y el locutorio del viejo hincha 1000? No, trabajamos en Humano ¿Entonces en Humano 500 y en lo del viejo hincha 2000? Y, ahí ya un par empiezan a dudar. Entonces yo les digo que un trabajo de la economía popular por un salario ahora de 500 pesos equivale a un trabajo de 2000 pesos con un patrón. Eso también explica de alguna manera por qué los empresarios del campo están tan indignados porque la gente no le trabaja por medio salario mínimo. Es que están trabajando en una cooperativa agrícola con sus familias, en buen clima de trabajo, sabiendo que producen verdura orgánica que hace bien al planeta, que se puede vender barata a los consumidores.

ECONOMÍA | Tomas Astelarra analiza como encarar esta crisis o pandemia -  Radio Garabato 88.3fm

Yo hace mucho estoy promoviendo que la gente siga el índice de inflación que está haciendo el centro de estudios de Scalabrini Ortiz basándose en productos de la economía popular. Los índices que vienen haciendo las compañeras hace más de dos años demuestran que la inflación en las comercializadoras de la economía popular ha sido mucho menor que la de los supermercados, drásticamente menor. Eso es porque nosotros no especulamos con el alimento. Para nosotros el alimento es un derecho y nosotros lo que hacemos es ser intermediario entre un productor que gana más y un consumidor que paga menos, y nosotros nos llevamos apenas lo necesario para mantener ese trabajo. Ahí hay propuestas concretas, hay un programa que es el mercado de cercanía que está la compañera Eva Verde, que es una prócer de la comercialización de la economía popular que viene del frente Darío Santillán. Entonces la solución está. Las soluciones las estamos creando, simplemente y lamentablemente están un poco invisibilizadas por los grandes medios y por los mismos funcionarios del gobierno que de buena fe voy a pensar que son ignorantes, de mala fe voy a pensar que ganan más dinero después como consultores de las empresas a las cuales les hacen el lobby ahora. Porque la verdad que algún día me gustaría que se discuta el déficit fiscal en torno a quién van los beneficios porque parece que es un escándalo que nos den 0,5 del presupuesto para fomentar la economía popular pero nadie se queja de Vicentín, de nacionalización de la deuda privada con Cavallo. Realmente si vemos la cantidad de dinero que el Estado le ha dado a las grandes empresas vamos a quedar bastante pasmados frente a la miseria que nos dan a los trabajadores y trabajadores de la economía popular que realmente estamos trabajando y estamos generando propuestas de otra economía posible, de otro mundo posible como vos decís. Entonces me parece que en estos tiempos de una sociedad tan cibercomputarizada y tan individualista y tan de departamento está bueno que la gente salga un poquito a la calle, salga al campo, se junte con esos negros y negras de mierda que parece que lo van a robar pero que le van a hacer un piquete y se fijen lo que están haciendo, porque me parece que están dando alternativas reales a los problemas que son de todos. También la ciencia exacta tiene que ver con la estadística que usan mucho los funcionarios y los medios de comunicación. El compañero Umberto Eco decía que la estadística era esa maravillosa ciencia según la cual si un hombre murió empachado con un pollo y la mujer murió de hambre los dos comieron medio pollo. La ecofeminista Yayo Herrero se pregunta por qué cuando se mide el PBI los estadistas toman en cuenta la fabricación de armas y no el cuidado de les niñes. Entonces hay que tener un poco de cuidado con estos números que se nos lanzan al boleo, porque en estos números, por ejemplo, yo soy un indigente y la verdad es que tengo un buen vivir bastante maravilloso. Entonces me parece que hay que ser cuidadosos con esto que nos vendieron de la economía exacta.

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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular

En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.

LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”

Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”

LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”

Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”

LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”

Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”

LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”

Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”

LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”

Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”

LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”

Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”

LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”

Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”

LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”

Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”

LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”

Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”

LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”

Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”

LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”

Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”

LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”

Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”

LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”

Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”

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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”

En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.

LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?

Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.

LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.

Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.

LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?

Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.

LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?

Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.

LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.

Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.

LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.

Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.

LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.

Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.

LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.

Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.

LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.

Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.

LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?

Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.

LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.

Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.

LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.

Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.

LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?

Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.

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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”

En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.

LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”

Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”

LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”

Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”

LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”

Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”

LCV: “¿Cómo la ves venir?”

Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”

LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”

Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”

LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”

Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”

LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”

Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”

LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”

Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”

LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”

Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”

LCV: “¿Cuántos años tenés?”

Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”

Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”

LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”

Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”

LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”

Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”

LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”

Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”

LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”

Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

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