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Miriam Lewin: “Iosi formaba parte de un grupo de espías infiltrados en donde te puedas imaginar”

Miriam Lewin, co-autora del libro “Iosi, el espía arrepentido” recientemente convertido en serie de Amazon Prime Video, pasó por La Columna Vertebral para contar cómo surgió el contacto con Iosi, el detrás de escena de la investigación y la compleja trama de espionaje existente en Argentina.

LCV: ¿Por qué eligieron escribir sobre ese tema?

-Es una larguísima historia. Alrededor del año 2002 yo estaba en Telenoche Investiga a punto de publicar la investigación sobre el padre Grassi, el cura pedófilo de la fundación Felices Los Niños con vínculos con el poder, con el empresariado, con el mundo artístico, un cura muy mediático, y lo cuento porque ya pasaron 20 años casi y hay mucha gente que está escuchando que puede no estar al tanto de lo que fue eso. Me insumía buena parte de mi tiempo, de mi trabajo. Sin embargo, al correo donde recibimos reclamos y denuncias de Telenoche Investiga, me empezó a llegar sistemáticamente un mensaje de una persona que decía tener elementos para resolver el atentado contra la AMIA, y yo pensé que se trataba de una persona que no estaba en sus cabales, que lo que quería, lo que ansiaba era tener sus 5 minutos de fama como ya me había pasado.

Había recibido mensajes de gente que decía que sabía dónde estaba la doctora Giubileo. Entonces yo desconfiaba y no tenía mucho tiempo para perder, pero un día que tenía un rato libre decidí encontrarme con esta persona. Me lo encontré en un barsucho de Constitución después de haberle avisado a mi jefe que me iba a encontrar con una persona que tenía estas características. Me preguntó si quería ir acompañada, le dije que no, y cuando llego al bar me encuentro con una persona absolutamente fuera de sí. Tartamudeaba, transpiraba, temblaba, no podía articular palabra, en principio me habló en hebreo, yo le dije que yo no hablaba hebreo a pesar de que era judía, entonces me empezó a hablar en castellano y a decirme de manera entrecortada, muy emocionado, que él había estado como miembro de un servicio de inteligencia, que no me dijo en ese momento cuál era, que había estado infiltrado en la comunidad judía, que se había hecho pasar por judío y que tenía miedo de que inconscientemente lo que él había hecho hubiera servido para organizar por lo menos el atentado contra la AMIA, me dijo en este momento. Yo me quedé fría, la verdad es que pensé que me estaba grabando con una cámara oculta porque tenía una mochila en el asiento de al lado. Yo miraba alrededor, pensaba que era una trampa, que había gente alrededor que me estaba observando. La cuestión es que yo no sabía si creerle o no, no sabía si no estaba hablando realmente con uno de los terroristas que había cometido el atentado, de qué se trataba todo esto, pero accedí a seguir encontrándome con él. No me preguntes por qué, era un instinto, la percepción de que esto podía llegar a servir. Nos encontrábamos en lugares ya preestablecidos, en general en bares, en hoteles, y él me iba largando con cuentagotas, de manera muy dificultosa y con mucha desconfianza por parte de él y por parte mía, elementos en los que relataba que poco a poco él se había ido haciendo amigo de las personas que había decidido infiltrar, los grupos sionistas, que sus jefes creían que los judíos, como dice un mito, el plan Andinia, una fábula, los judíos nos queríamos apoderar de la Patagonia para crear un segundo Estado del Israel, que éramos una amenaza, y que él poco a poco se había ido dando cuenta de que no se trataba de gente mala, no se trataba de gente peligrosa. Se había ido identificado con la gente de la comunidad a tal punto que se había enamorado perdidamente de una chica judía con la que se había casado en secreto y a la que quería recuperar.

LCV: ¿Cómo llega a convertirse en serie? ¿Cuándo reciben la oferta?

-Yo no lo conocía a Horacio Lutzky. Horacio se venía reuniendo con Iosi a quien conocía porque estaba infiltrado en la comunidad judía de Almagro donde estaba la redacción de Nueva Sion, un periódico progresista judío que Horacio dirigía, o sea que él sí lo conocía a Iosi. Cuando Iosi me presenta a Horacio, a este otro periodista y abogado judío como yo de la comunidad, yo puedo verificar que buena parte de lo que me dice era verdad. No todo, pero buena parte sí. Después de mucho tiempo se publica el libro, Iosi tiene que entrar al Programa Nacional de Protección de Testigos por una incidencia de un periodista a quien habíamos contactado con Horacio para que Iosi pudiera encontrar un ámbito donde encontrar protección y seguridad para declarar porque él no quería declarar en la justicia argentina porque desconfiaba.


“La serie también es un pedido desesperado de justicia”

SOBRE LA REPERCUSIÓN DE LA SERIE

LCV: Me da cosita coincidir con Iosi.

-Imaginate que en ese momento se estaba juzgando a la policía bonaerense que era la maniobra de encubrimiento desde la Justicia Federal y con complicidad de la conducción comunitaria. Imaginate la confianza que podía tener Iosi en su integridad física. Además, estaba convencido de que él le había pasado a su superior, una mujer como en la serie, de nombre Laura, su manipuladora, la jefa de espías, que manejaba alrededor de 30 espías infiltrados en los lugares que te puedas imaginar. Centro de estudiantes, organismos de Derechos Humanos, sindicatos, la comunidad árabe, el movimiento todos por la patria, la agencia Rodolfo Walsh. Imagínate la cantidad de agentes de la Federal que están infiltrados en distintos ámbitos. Esta mujer manejaba de una veintena, una treintena de estos agentes.

LCV: Me dan ganas de preguntarte si vos crees que ese nivel de especialización está vigente o si se ha desmantelado de alguna manera.

-Lo único que te digo es que Iosi se infiltró en la comunidad judía no en dictadura, en democracia, en 1985, y cuando yo le pregunté si el ministro Tróccoli, de quien dependía la Policía Federal, estaba al tanto de esto, él me dijo que la policía, como se ve en la serie, desconfiaba del poder político. En ese momento lo llamaban la sinagoga radical al gobierno de Alfonsín. 

LCV: Tróccoli tuvo además sus desbarranques también con el tema de los desaparecidos.

-Claro. Si vos te pones a pensar que ellos creen que son el poder permanente, como Stiusso. Pasaban los gobiernos y él permanecía.  Entonces la actitud de ellos era de profunda autonomía. Es decir, porque uno no puede pensar que un gobierno que tenía un ministro de economía judío como Grinspun creía en el plan Andinia, no, nada que ver. Los que creían en el plan Andinia, en los judíos como amenaza, eran los policías que estaban en inteligencia. 

Me preguntabas cómo se convirtió en serie. Cuando nosotros después de que Iosi entrara al programa de protección de testigos por esa traición de un colega al que le habíamos abierto la puerta del caso, pero para que nos hiciera un nexo con una organización internacional que podría interesarse en lo que tenía para decir Iosi y protegerlo. Daniel Burman, el director de cine, encontró el libro tres o cuatro días después de que se distribuyera en las librerías, en un lugar por Belgrano, y nos contactó a Lutzky y a mí y nos dijo que quería llevar esto a la pantalla, que le parecía una historia increíble y que había que contarla. Desde entonces lo que hizo Burman fue tener una verdadera militancia por obtener las condiciones para que esto se hiciera realidad. Vos calculá que nos contactó en diciembre del 2015 y que recién ahora hace un mes se estrena Iosi, o sea que pasó muchísima agua bajo el puente. 

LCV: El personaje el actor que hace de Iosi es un descubrimiento total ¿Cómo es el nombre?

-Se llama Gustavo Bassani y viene del teatro. Es un actor joven y talentosísimo. Los talentos de estos directores se juntaron para hacer este exitazo donde además está Alejandro Awada, donde además está Carlos Belloso.

LCV: ¿Empezaron a escribir la segunda temporada?

-No, ya la están grabando. Lo anunció Amazon, están grabando la segunda temporada en este momento y yo calculo que si todo sale bien se estrenará antes del año que viene, porque en general viste que pasa con las series que vos te quedas colgado y después tenés que esperar un año. Esperamos que esto tenga otro tipo de repercusión, no solo artística; es un pedido desesperado de justicia. Tenemos dos atentados, el de la embajada Israel que también aparece fuertemente, también el involucramiento de la Federal y el atentado contra la AMIA con más de 100 muertos y sin justicia. Esto no puede continuar así.

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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular

En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.

LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”

Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”

LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”

Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”

LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”

Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”

LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”

Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”

LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”

Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”

LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”

Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”

LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”

Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”

LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”

Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”

LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”

Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”

LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”

Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”

LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”

Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”

LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”

Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”

LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”

Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”

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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”

En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.

LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?

Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.

LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.

Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.

LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?

Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.

LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?

Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.

LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.

Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.

LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.

Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.

LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.

Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.

LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.

Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.

LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.

Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.

LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?

Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.

LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.

Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.

LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.

Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.

LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?

Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.

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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”

En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.

LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”

Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”

LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”

Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”

LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”

Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”

LCV: “¿Cómo la ves venir?”

Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”

LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”

Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”

LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”

Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”

LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”

Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”

LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”

Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”

LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”

Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”

LCV: “¿Cuántos años tenés?”

Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”

LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”

Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”

LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”

Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”

LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”

Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”

LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”

Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”

LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”

Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

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