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Federico Lorenz: “Está en riesgo el pacto fundante de la democracia del 83”
“Hablar o callar es una toma de posición”, dice la Carta Abierta a la que adhirieron casi un millar de historiadores de argentina y el extranjero en respuesta a la peligrosa mirada histórica del actual presidente. LCV entrevistó a Federico Lorenz, uno de los redactores de ese texto: “Lo que a mí me movió a escribirlo, es que no podía entender cómo, por ejemplo, mis legisladores aceptaron que el presidente los defenestrara públicamente sin contestar”. Una de las principales preocupaciones es que se rompa el ‘pacto fundante de la democracia, democracia sobre la que hay que trabajar, pero la democracia del 83 lo que establecía tras la dictadura era los acuerdos de la división de poderes y el respeto por los derechos humanos.” La retórica de Milei que ubica como paraíso perdido el período previo a la Ley Saenz Peña, una etapa netamente oligárquica, y su odio por todo lo que considera popular es una paradoja para analizar a un líder que asumió con el voto de una gran mayoría. Para el reconocido escritor, investigador y profesor del Colegio Nacional Buenos Aires, existe una crisis identitaria de los principales movimientos populares y un tema pendiente es repensar qué se hizo mal desde el campo nacional y popular para que alguien como Milei haya obtenido una victoria que le hace creer que puede hacer lo que le de la gana. Defender la veracidad histórica es defender el futuro.

LCV: Publicaron una carta abierta que se llama “Milei ante la historia argentina”. Contame cómo surgió la idea de hacer esta carta.
—Básicamente somos un grupo de colegas, algunos amigos entre nosotros, pero que nos conocemos desde hace muchos años de trabajar. Todavía dentro de la perplejidad de la manera en la cual avanzan ciertos discursos del gobierno en relación con el pasado, pero que tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana. O sea, cualquier elección que uno hace de cómo referirse a algún acontecimiento histórico, refleja una mirada sobre el presente y sobre el futuro que imagina. En ese sentido, señales muy claras del gobierno, desde que asumió nos preocupaban bastante y de ahí surgió la idea de hablar de nuestra especificidad, como historiadores. Cuando la publicamos teníamos casi 800 adhesiones, y desde que empezó a circular, nos han escrito unas 300 personas más de Argentina y del mundo. Gente muy importante, dedicada a la investigación. Tenemos una cantidad de preocupaciones y acuerdos comunes, pero no somos monolíticamente iguales en cuanto a pensamiento. Y creo que es lo que nos vuelve interesante también.
LCV: Claro, eso justamente. Abrevar desde distintas fuentes ideológicas, pero encontrar este punto en común es importantísimo.
—Sí, hay una preocupación. Lo que aparece en el documento es claramente una preocupación no sólo por la negación de la historia popular que tiene el Gobierno, sino por la estigmatización de lo popular, disfrazada paradójicamente de devolverle la libertad a ese pueblo, aunque en realidad está construyendo las condiciones materiales para que nunca vuelva a levantar cabeza. Si yo tuviera que hacer una síntesis muy rápida del documento, es ese. Y lo que decimos es: cuidado, porque hay un pacto fundante de la democracia, democracia sobre la que hay que trabajar, etcétera, pero la democracia del 83 básicamente lo que establecía tras la dictadura era los acuerdos de la división de poderes, el respeto por los derechos humanos. Todo eso está siendo explícitamente amenazado por el Gobierno, porque Milei, que llegó al poder por una elección democrática, en una segunda vuelta, hay que decirlo, transformó retóricamente eso en una elección plebiscitaria, que en su concepción le permitiría hacer cualquier cosa.
LCV: El tema del terrorismo de Estado ocupa un lugar en la carta y el tema también de cómo se ve a sí mismo Javier Milei. Hoy es 11 de marzo ¿Hay algo de aquel 11 de marzo vivo en esta Argentina de hoy?
—Esto corre más a título personal, si vos querés. Yo creo que cuando nosotros en el texto hablamos del corte a esos avances populares, tiene que ver justamente con el corte arbitrario en el cual Milei decide fijar un momento dorado y el comienzo de la decadencia argentina. Para Milei el momento dorado de la Argentina es previo a la sanción de la ley Sáenz Peña. Es decir, cuando había democracia restringida bajo el régimen oligárquico y demás. A partir que la mayoría empieza a participar políticamente y a acceder a derechos, comienza en la retórica de Milei, la decadencia argentina. Desde nuestra mirada, con todos los matices que puede haber, al contrario, hay un proceso de construcción y ampliación de derechos que fue enfrentado de manera crecientemente brutal desde mediados del siglo XX para llegar al extremo de la dictadura del 76. Entonces, si vos me decís si hay un hilo, y sí, porque incluso retóricamente, tanto Milei como Villarruel apelan, si uno sacara de contexto, le sacara la fecha, muchas de las cosas que dicen, perfectamente podría estar haciendo un recorte de prensa del año 77, en ocasiones.
LCV: La diferencia, que no es menor, es que este hombre accede con un voto importante, y en aquel momento, sabíamos en el 76 que había gente que apoyaba el golpe, pero en definitiva era un golpe. O sea, podían apoyarlo discursivamente de su casa o ser colaboracionistas. Pero ahora es ir a poner el voto sabiendo lo que yo iba a hacer, porque te lo dije.
—Bueno pero en todo caso, si yo tomo lo que vos decís, yo te diría que hay una gran pregunta para lo movimientos populares, porque claramente, por ejemplo, Milei se carga retóricamente a los dos partidos de mayor raigame popular, que son radicalismo y el peronismo, con todas las observaciones que una pueda tener sobre el radicalismo y el peronismo. Ese no es el punto ahora. Ahora, hay una gran pregunta para los que se consideran dentro del campo popular, o si querés agregar el campo nacional y popular, de por qué un tipo como Milei, prometiendo lo que promete, llega al poder mediante el voto. Son como dos tiempos. Eso excede al documento que nosotros escribimos, porque, por ejemplo, en lo personal, lo que a mí me movió a escribirlo, es que yo no podía entender cómo, por ejemplo, mis legisladores aceptaron que el presidente lo defenestrara públicamente sin contestar, es decir, subiéndose a su lógica de twittear todo, de hacer TikTok. O sea, hay una política que transcurre ahí, que no nos deja ver las consecuencias reales de lo que esa retórica hace, hasta que no estalla de manera brutal, como por ejemplo ahora en Rosario. Entonces, digo, son dos tiempos. Uno es señalar la amenaza que implica una retórica y un proyecto de gobierno como el de Milei. Ese es el texto que escribimos. Ahora, al interior de las Fuerzas Políticas Populares, esto corre por mi cuenta, hay una gran tarea de revisión de qué pasó que un personaje como este llegó al poder por el voto popular.
Lo que pasa es que es como librar dos discusiones a la vez. Históricamente nos ha pasado que nos han dicho, otra vez es a título personal, no, no se puede discutir porque es hacerle el juego a la derecha. Bueno, ahora la derecha está en el poder. Entonces, es un gran momento para revisar una cantidad de cosas que se han hecho mal me parece a mí. Y eso no quiere decir estar a favor de Milei, porque Milei, aunque sea un mentiroso, tiene consenso. Y tiene consenso porque hay un montón de demandas sociales básicas que la democracia no ha podido satisfacer de manera suficiente. La enorme trampa es prometer que restringiendo las libertades, restringiendo la participación política, demoliendo la educación y la salud pública, atacando al Estado, todo eso va a ser reparado.
LCV: Y, sin embargo, aún con ese discurso, parece un ‘lider popular’
—Sí, es complicado eso. Creo que él desprecia profundamente lo popular, lo cual es paradójico porque es un líder popular. Pero en su discurso, en su retórica, en su gestualidad, ni hablar su periferia, basta ver una persona como Mondino, o Adorni, o Benegas Lynch, son personas profundamente clasistas, elitistas y antipopulares.
Hay una enorme pregunta de por qué es posible que esto haya sucedido. Ahora, primero hay que parar la eficacia de esa retórica. Después, cada uno desde su lugar discutirá lo que hizo mal, lo que le faltó hacer, etcétera. Esa es una tarea que aquí me toca la parte más pesimista, si vos querés, creo que vamos a tener tiempo para hacerlo. Primero, porque la iniciativa política claramente la tiene Milei y los sectores que representa. Segundo, porque a mí me parece que los mismos partidos populares tienen una cuestión identitaria grave que resolver y mientras tanto avanzan. Pero eso es una lectura más personal. Lo que nosotros decíamos es, cuidado con la manipulación histórica del pasado, porque hay una tergiversación de la democracia, hay una tergiversación de valores como la libertad, alimentado además por alguien que se cree un enviado para salvarnos. Todo eso es tremendamente complicado y peligroso.
LCV: Federico, para terminar yo voy a resaltar dos párrafos casi del cierre del documento. Son parrafitos los que voy a levantar: “Quien acepta callar ante lo que le parece incorrecto y le genera indignación, naturaliza hacerlo y enseña a hacerlo. Queremos señalar el peligro que corre nuestra sociedad. No podemos, éticamente, no hacerlo. En el pasado, en contextos mucho más difíciles, otros seres humanos hicieron lo mismo que nosotros y nosotras. Hablar o callar será una toma de posición. Historiadores, al fin, pretendemos que estas palabras funcionen en el presente como una advertencia”. Me parece importantísimo esto que estás diciendo. Hablar o callar es una toma de posición
—Claramente. Uno podría decir que generacionalmente los que firmamos el documento, me van a perdonar algunos de los compañeros del documento, tenemos la misma edad. Básicamente hicimos nuestra carrera en democracia, nos formamos en democracia seguro. Nosotros aprendimos de personas que sostuvieron en condiciones mucho más difíciles que nosotros, que los posicionamientos éticos son importantes. Casi te diría que hay un deber de hacer lo mismo. No un deber ciego, porque el pensamiento histórico es una acumulación. Pero si no, hubiera sido de decirnos de todo lo que en condiciones mucho más favorables para estudiar y para publicar repetíamos todo el tiempo. Por eso nosotros, en términos estrictamente personales en este caso, aunque es un documento que apela a lo colectivo, necesitábamos también tener la satisfacción ética de estar haciendo algo. No queríamos ser testigos, no se puede solo mirar lo que está sucediendo.
Para leer la Carta Abierta: “Milei ante la historia argentina”:
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¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*
Los legisladores entrerrianos aprobaron una norma que prohíbe usar una palabra que la Constitución Provincial emplea en catorce artículos para definir derechos. No es una exageración ni una metáfora: es un disparate jurídico. Corrijan esa ley, señores legisladores. Háganlo si todavía creen que la Constitución no es un folleto optativo.
En noviembre pasado, la Legislatura de Entre Ríos aprobó una ley de nombre ampuloso —“Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor”— mediante la cual la provincia adhiere a la Ley Nacional 27.743 de Regularización de Deudas, impulsada por el gobierno de Javier Milei y conocida como “ley de blanqueo”.
Según se explicó públicamente, la norma establece que en cada operación comercial debe emitirse un ticket que detalle los impuestos que integran el precio final, desde el IVA hasta los tributos provinciales. La medida, tomada aisladamente, es razonable. De hecho, explica que la ley haya sido aprobada por unanimidad: ¿quién podría oponerse a que los consumidores sepan cómo se compone el precio de lo que compran y cuánto se destina al fisco?
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Podría señalarse, de paso, que en una economía con niveles estructurales de informalidad —diversas estimaciones sitúan la economía no registrada en torno al 30 % del PBI— este tipo de normas suele tener más vocación declamativa que eficacia real. Pero ese no es el punto que motiva esta columna.
Lo que me interesa señalar es algo mucho más grave, aunque de efectos empíricos menos visibles: una cláusula que no solo es ideológica, sino jurídicamente insostenible, y que revela una alarmante combinación de dogmatismo, ignorancia y desprecio por la Constitución Provincial.
Una cláusula indefendible
La ley provincial aprobada incorpora, sin mediación crítica, un artículo copiado de la Ley Nacional 27.743. Se trata del artículo 100, que dispone que en la publicidad de “prestaciones o servicios de cualquier tipo” que brinda el Estado —sea nacional, provincial o municipal— no puede utilizarse la palabra “gratuito” ni expresiones equivalentes, debiendo aclararse que se trata de servicios “de libre acceso solventados con los tributos de los contribuyentes”.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada.
Pero no se trata solo de un problema técnico o semántico. Hay un problema constitucional.
Esa cláusula no busca informar mejor: busca reeducar ideológicamente a la población, instalando la idea de que el Estado no brinda derechos, sino favores financiados por “la tuya”.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Ahora bien, aun suponiendo que esa pobreza conceptual tuviera algún sustento, el problema en Entre Ríos es mucho más grave: la Legislatura provincial ha intentado prohibir un término que la Constitución de la Provincia utiliza reiteradamente para definir derechos fundamentales.
La Constitución dice “gratuito” (catorce veces)
La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, emplea la palabra “gratuito” en no menos de catorce artículos, y lo hace con absoluta claridad jurídica. No como consigna, no como metáfora, no como gesto ideológico, sino como categoría normativa precisa: derechos cuyo acceso no puede condicionarse al pago individual del destinatario.
La Constitución habla de gratuidad en relación con:
· el acceso a la información pública (art. 13),
· la asistencia sanitaria (art. 19),
· los servicios de transporte para personas con discapacidad (art. 21),
· la restitución de tierras a comunidades originarias (art. 33),
· la acción de amparo (art. 56),
· el habeas data (art. 63),
· los trámites judiciales para personas sin recursos (art. 65),
· las tierras para la fundación de colonias (art. 81),
· la distribución del Boletín Oficial (art. 178),
· las actuaciones de la Defensoría del Pueblo (art. 215),
· el acceso a la educación en todos los niveles que brinda el Estado (art. 258),
· el perfeccionamiento docente (art. 267),
· la universidad autónoma (art. 269),
· y la póliza escolar (art. 270).
La Constitución no se equivoca catorce veces. La Legislatura, en cambio, sí puede hacerlo.
Lo que no pueden hacer los legisladores
Disculpen el tono didáctico, pero es imprescindible decir algo que un legislador no debería ignorar: una ley inferior no puede redefinir, vaciar ni prohibir el vocabulario con el que una ley superior (la Constitución) nombra derechos. No puede hacerlo explícitamente, ni por rodeo, ni bajo la excusa de “mejorar la información al consumidor”.
Cuando la Constitución dice “gratuito”, dice exactamente eso: sin costo para el titular del derecho. No significa “gratis porque nadie lo paga”, ni “aparentemente gratis”, ni “financiado mágicamente”. Eso último es obvio y trivial: todo el Estado se financia con tributos.
Lo que la Constitución establece al usar la palabra “maldita” es otra cosa: que el acceso a ciertos bienes y servicios no puede transformarse en una transacción individual.
Es una operación discursiva burda, propia de una derecha sin vuelo intelectual, que reduce la política pública a contabilidad emocional y convierte los impuestos en una forma de expolio narrado en tono de indignación selectiva. Es la fe, la religión del Presidente: el Estado es un ladrón.
Prohibir la palabra “gratuito” no es una sutileza comunicacional: es un intento de erosionar el sentido constitucional de los derechos por vía semántica. Y eso, en cualquier manual serio de derecho constitucional, tiene un nombre: inconstitucionalidad.
Ignorancia u oportunismo (o ambas)
Legislar desde dogmas ideológicos es necio.
Legislar desconociendo la Constitución que se juró respetar es peor.
Y legislar algo así, por unanimidad, es directamente vergonzoso.
Los legisladores entrerrianos tienen la obligación de conocer la Constitución Provincial. No es una sugerencia, no es una recomendación académica: es el presupuesto mínimo de su función. Ignorarla —o fingir que no existe cuando molesta— no es un error menor: es una falta grave.
Señores legisladores: lean la Constitución. Léanla de verdad, no como adorno retórico en los discursos de asunción. Lean lo que dice, y sobre todo lo que obliga. Corrijan esta norma, subsanen esa burrada. No por una polémica coyuntural, sino por respeto a la jerarquía constitucional y a los derechos que dicen representar. De lo contrario, quedará constancia de quiénes fueron los nombres que aprobaron una ley que intentó prohibir una palabra que la Constitución consagra.
Eso, créanme, no envejece bien. Como dice una bella canción, “piensen en sus nietos en clase de historia”. Y corrijan esa ley.
*Doctor en Filosofía (UNSAM). Periodista. Convencional Constituyente de Entre Ríos en la reforma constitucional de 2008.
Publicado en El Miércoles Digital, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
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Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el abogado de derechos humanos y periodista Pablo Llonto analiza en profundidad el decreto 941 del gobierno de Javier Milei, sus implicancias jurídicas, políticas y comunicacionales, y advierte sobre la reconstrucción de un escenario ideológico similar al de la última dictadura cívico-militar. En una extensa conversación, Llonto reflexiona además sobre el rol de los medios, el uso del concepto de “narcoterrorismo”, la situación regional y los desafíos de la futura reconstrucción democrática.
LCV: “¿Cómo estás? Todo bien, de vacaciones, así que te agradezco el triple que estés aquí. En enero estamos en feria judicial, abogados y abogadas de feria, y justo aparece el decreto 941, que modifica atribuciones de la SIDE, se lleva puesta la ley de inteligencia interior y tiene un impacto enorme, sobre todo para quienes venimos del periodismo y los derechos humanos.”
Pablo Llonto: “Cada vez que sale un decreto o una ley de este gobierno la primera sensación es ‘otra más’, y la segunda es empezar a pensar cómo se va a dar vuelta todo esto cuando se recupere el poder democrático. La reconstrucción va a ser larguísima, no solo por el desastre económico sino por el daño jurídico e institucional. No se puede desarmar esta barbarie en un día, hay que reconstruir toda la legislación.”
LCV: “Da la sensación de que no solo gobiernan, sino que están armando un andamiaje ideológico y jurídico.”
Pablo Llonto: “Exactamente. Están reconstruyendo el escenario ideológico, técnico y jurídico del proceso militar. El plan económico es prácticamente calcado al de la dictadura, más que al menemismo. Incluso hay aspectos en los que la dictadura fue más hipócrita: nunca blanqueó por ley que la SIDE pudiera detener personas. Hoy, si eso pasa, el funcionario te dice ‘estoy amparado por el decreto 941’.”
LCV: “Hace un año hablábamos con abogados y abogadas de que iba a hacer falta una gran ley de reconstrucción.”
Pablo Llonto: “Sí, una especie de ley ómnibus inversa. Así como ellos tuvieron años para preparar la Ley Bases, nosotros tenemos que empezar ahora a pensar cómo revertir cada desmadre. Hay que rehacer leyes laborales, económicas, políticas. Es volver a hacer el país.”
LCV: “Con la expectativa puesta en 2027, también aparecen preocupaciones políticas.”
Pablo Llonto: “Yo confío en que esto termina democráticamente, con el voto, y espero que no haya tragedias como en 2001, porque los muertos siempre los pone el mismo lado. Pero la mayoría que se construya va a ser ajustada, y quienes se elijan tienen que ser muy distintos a Alberto Fernández, a Scioli o a Massa.”
LCV: “Te llevo al núcleo del decreto 941. ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué busca?”
Pablo Llonto: “Hay una construcción deliberada del enemigo del ‘narcoterrorismo’. Es un concepto peligrosísimo, porque mezcla narcotráfico y terrorismo, y ahí entra todo. Lo grave es que muchos periodistas lo repiten sin pensar, y eso va calando en el sentido común. Mañana empiezan las delaciones: el vecino, el compañero de trabajo, señalando a otro como ‘narcoterrorista’.”
LCV: “Eso ya lo vivimos.”
Pablo Llonto: “Exacto. La sociedad argentina ya fue llevada a eso con el discurso de la subversión. Eso llevó a la delación, al silencio, a la complicidad. Hoy el mensaje vuelve a ser: ‘No me importa cómo, resolveme el problema’. Antes usaban juntas militares, hoy es atendido directamente por sus dueños.”
LCV: “También preocupa el rol de los medios.”
Pablo Llonto: “Muchísimo. La trivialización es total. Periodistas que dos minutos antes hablaban de MasterChef, ahora opinan sobre invasiones, secuestros de presidentes, como si fuera un reality. Eso construye un sentido común peligrosísimo. Y sí, me preocupa especialmente lo que está pasando en medios que deberían tener otra responsabilidad.”
LCV: “En el caso de Venezuela, el foco parece corrido.”
Pablo Llonto: “Totalmente. Acá hay un hecho central: un país poderoso entra en otro país, secuestra a su presidente y se arroga el derecho de ordenar su gobierno. Después podemos discutir todo lo demás, pero eso es una violación brutal del derecho internacional. No hubo ninguna agresión de Venezuela a Estados Unidos que justifique esto.”
LCV: “Como abogado, ¿qué te genera este escenario?”
Pablo Llonto: “Una pena enorme. Aunque a veces también cierta satisfacción cuando aparecen voces que uno no esperaba y se pronuncian con sensatez. Hoy estamos en un mundo cada vez más alejado de la justicia, y eso duele.”
LCV: “Para cerrar, ¿cómo se sigue?”
Pablo Llonto: “No por optimismo bobo, pero estoy convencido de que la verdad de los hechos se termina imponiendo. El problema son los tiempos. Va a llevar años. Y además de reconstruir lo jurídico, va a haber que reconstruir lo comunicacional y la cultura, porque el daño ahí es enorme.”
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Óscar Muntes advierte sobre el ajuste en Entre Ríos: despidos, salarios congelados y miedo en el Estado
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Óscar Muntes, secretario general de ATE Entre Ríos, analizó el complejo panorama laboral en la provincia. Despidos encubiertos bajo la finalización de contratos, ocho meses de congelamiento salarial, reformas en agenda y un clima de miedo que atraviesa a los trabajadores estatales configuran un escenario de fuerte ajuste y conflictividad social.
LCV: “Contanos un poco el panorama laboral de la provincia de Entre Ríos.”
Óscar Muntes: “Terminamos un año muy, pero muy difícil, prácticamente el último día hábil del año con movilizaciones y asambleas en la propia Casa de Gobierno, donde la manifestación fue muy grande y muy nutrida. A pesar del receso, fuimos muy claros en que no vamos a permitir que a 100 compañeros y compañeras se les haya culminado el contrato; nosotros decimos despido, porque tiene que ver con la lógica que plantea el presidente Milei y que a su vez expresó el gobernador de la provincia. Hablaron de ordenar, de terminar con los contratos de obra y reemplazarlos por contratos temporarios, pero nos encontramos con que a 100 trabajadores y trabajadoras les notificaron que no seguían, muchos de ellos con entre 6 y 16 años de antigüedad cumpliendo funciones como cualquier trabajador de planta.”
LCV: “¿Qué implica este cambio de modalidad contractual y el contexto salarial?”
Óscar Muntes: “Todos sabemos lo que significan los contratos temporarios: trabajan a la par nuestra, cumplen con sus tareas sin inconvenientes, pero sin estabilidad. Cuando el ministro de Gobierno y Trabajo nos dijo que estuviéramos tranquilos porque solo iba a haber un reordenamiento y que los problemas iban a ser para quienes no cumplían, nos confiamos porque sabemos que todos cumplen. Sin embargo, a esto hay que sumarle los ajustes que venimos sufriendo en Entre Ríos, como el recorte del 20% de la hora extraordinaria, que para muchas familias equivale a gran parte del alquiler, y ahora la culminación de contratos de compañeros con muchos años de antigüedad.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en el salario de los trabajadores estatales?”
Óscar Muntes: “La otra pésima noticia es que vamos a llegar prácticamente a febrero con ocho meses sin recomposición salarial, ocho meses de congelamiento. No es fácil la situación del trabajador estatal en la provincia: mucho ajuste y la previsión de que va a venir más. Desde ATE vamos a hacer todo lo necesario para cambiar esta relación, porque si los trabajadores del Estado no entendemos que es organizados en la calle, con asambleas y lucha colectiva, el gobierno va a seguir avanzando, como lo viene haciendo en complicidad con UPCN, con un acuerdo muy cerrado que prácticamente implica un cogobierno.”
LCV: “¿Qué acciones están previstas en este contexto?”
Óscar Muntes: “Mañana vamos a estar muchos trabajadores y trabajadoras en Casa de Gobierno, junto a organizaciones de la intersindical y la multisectorial. Estamos trabajando de cara al fin del receso, que en la provincia culmina el 19 de enero. Hoy hay muchos compañeros de licencia y eso dificulta la movilización, pero tenemos que construir la mayor fuerza posible para doblegar el brazo de un gobierno que va a seguir ajustando en complicidad con el sindicato que lo respalda.”
LCV: “¿Cuál es hoy el salario básico de un trabajador estatal en Entre Ríos?”
Óscar Muntes: “El mínimo garantizado es de 860.000 pesos para cada trabajador y trabajadora. A partir de ahí se diferencian las escalas según antigüedad, responsabilidades u organismos, pero ese es el piso. Hoy estamos prácticamente iguales que los docentes y los municipales de la capital provincial, producto de ocho meses de congelamiento salarial; han decidido secarnos el salario.”
LCV: “¿Notás cansancio, miedo o falta de convicción para movilizarse?”
Óscar Muntes: “Es un combo donde juega todo. El 26 de octubre fue clave, el espaldarazo que recibió el gobierno lo están usando para seguir ajustando. Hay mucho miedo, mucho pánico, sobre todo entre los trabajadores temporarios que no tienen estabilidad. Es incontable la cantidad de situaciones de angustia: compañeros despedidos que dudan en movilizarse porque creen que tal vez mañana los vuelvan a llamar. Ese miedo ya lo vimos al inicio del gobierno de Milei a nivel nacional.”
LCV: “Incluso hubo mucho voto estatal a Milei en la provincia.”
Óscar Muntes: “Eso nos lo dijeron incluso desde el propio gobierno. En una reunión, el ministro de Gobierno y Trabajo nos planteó que revisáramos hacia adentro porque muchos trabajadores del Estado los habían votado. Seguramente pasó, había bronca y desazón con el gobierno anterior, pero en Entre Ríos hubo esperanza de pararle la mano a este ajuste y ocurrió lo contrario: recibieron un acompañamiento muy fuerte y lo están llevando a la práctica. El 30, cuando movilizamos a Casa de Gobierno, no había un ministro; el gobernador estaba de vacaciones, lo que muestra el nivel de impunidad con el que avanzan.”
LCV: “¿Cómo se enfrenta este escenario a futuro?”
Óscar Muntes: “Entendemos que es con lucha organizada, con todos los sectores, la multisectorial y la intersindical. Se vienen la reforma laboral, la tributaria y la previsional; en Entre Ríos ya fue anunciada la reforma de la caja jubilatoria. La pudimos frenar una vez, pero va a ser muy difícil porque han doblegado a legisladores de la oposición y hoy cuentan con ellos para aprobar las leyes de ajuste. Es una batalla de sentido cultural, de llegar a cada trabajador y trabajadora y explicar que la salida es colectiva. En nuestra provincia, en nuestro país y en América Latina nos sobran ejemplos de luchas ganadas desde el campo popular, y no hay otra alternativa que seguir por ese camino.”
¿Cuál es el colmo de un legislador? Prohibir escribir ‘gratuito’ en la Constitución, por Américo Schvartzman*
Pablo Llonto: “El decreto 941 reconstruye herramientas jurídicas de la dictadura cívico-militar”

