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Retomando ‘el Grito de Burzaco’ se unen las dos CTA. Entrevista a Cachorro Godoy
Luego de un proceso de acercamiento entre la CTA-Autónoma, liderada por Hugo ‘Cachorro’ Godoy, y la CTA de los Trabajadores de Hugo Yasky, finalmente ambos dirigentes anunciaron formalmente la unidad. La presentación oficial será durante un plenario conjunto que estaba previsto para este 24 de septiembre pero fue postergado una semana.
Se trata de un hecho histórico dada las controversias que mantenían ambas centrales enfrentadas durante el kirchnerismo, cuando se provocó un sismo en la Central de Trabajadores de Argentina.
La CTA nace el17 de diciembre de 1991 en la localidad de Burzaco cuando un puñado de dirigentes nacionales de ATE, Ctera, Judiciales, Periodistas, Neumático, Metalúgicos de Villa Constitución, Seccionales de la Fraternidad y de la Unión Ferroviaria que resistían a las privatizaciones se reunieron en el Congreso de los Trabajadores para sentar las bases de lo que se llamaría Central de Trabajadores de Argentina que un par de años después quedaría oficializada. Por ese encuentro, el documento fundacional se llamó “El grito de Burzaco”. Allí quedaban claras las diferencias de fondo de esa nueva dirigencia contraria a una CGT obsecuente con la política neoliberal de Carlos Menem. Fueron 20 años de lucha juntos hasta que en el 2010 estallaron las diferencias políticas internas y se dividieron en dos: Hugo Yasky conformó la CTA de los Trabajadores que mantenía una relación cercana al kirchnerismo, y Cachorro Godoy conformó la CTA Autónoma manteniendo su independencia política del gobierno frente a los reclamos gremiales. Los enfrentamientos y acusaciones durante ese período fueron graves, en especial en el gremio en donde más fuerza tenían, los estatales de ATE. Sin embargo, frente al ajuste de Milei, atrás quedaron las diferencias.

LCV: Una CTA que se dividó mucho de repente nos da la noticia de la unificación ¿Por qué?
—Porque necesitamos que la clase trabajadora se fortalezca en tiempos tan duros de un gobierno que arrasa con las condiciones de vida de nuestro pueblo, que multiplica la precariedad, la desocupación, y ante tanto vacío de liderazgos, necesitamos que la clase trabajadora recupere confianza en sí misma. Por eso es que retomamos los postulados de creación de un nuevo modelo sindical que llevamos adelante desde hace 30 años, y ahora decimos hay que enfrentar y vencer este gobierno y los trabajadores de la CTA debemos estar unidos para eso y para salir a convocar a otros actores: pequeños y medianos empresarios, estudiantes, movimientos cooperativos, movimientos sociales; y para convocarlos a la unidad tenemos que ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Por eso hay que fortalecer una central de nuevo tipo y la unidad es el camino. Luchar para resistir, unidad para vencer.
LCV: ¿Cómo van a convencer a los nuevos públicos o los antiguos públicos desencantados cuando ustedes se dividieron tanto? ¿Cómo convencer que esta construcción se va a transformar en algo sólido y no que puede llegar a perecer nuevamente en manos de la pertenencia a un partido político que sí nos convenga?
—Con constancia y con coherencia. Lo primero que nos une es la voluntad de fortalecer un nuevo modelo sindical, porque la mayoría de los trabajadores y trabajadoras en la Argentina son precarios y necesitamos que sean protagonistas de una central sindical. Segundo, porque frente a este gobierno neofascista hay que clavar el taco y llevar adelante un plan de lucha con coherencia y con decisión, y es eso lo que vamos a proponer como línea de trabajo. Tercero, porque una salida emancipatoria, luego de vencer y desalojar del gobierno esta experiencia neofascista, que esperamos suceda más temprano que tarde, requiere una participación de los trabajadores y trabajadoras en una experiencia emancipadora, liberadora, para no reiterar nuevas frustraciones. Así que la coherencia y la constancia en los ideales y en los valores de solidaridad de la clase trabajadora va a permitir alentar la generación de nuevas dirigencias, tanto dentro del movimiento de trabajadores y trabajadoras como dentro del conjunto del movimiento popular.
LCV: En términos prácticos de esta acción político-sindical, la representación de los trabajadores informales, de los trabajadores que están por fuera del sistema ¿Va a ser una pelea para que entren dentro del sistema con sus derechos y deberes? ¿O cuál es el nuevo tipo que se piensa dar? Porque yo creo que ya el tema de que todos seamos emprendedores o que todos seamos changuistas ya no va. Hoy hay que pelear por la identidad trabajadora, en términos de derechos, deberes y garantías, me refiero.
—Por eso es que en los estatutos de ambas CTA está la afiliación directa y la incorporación de organizaciones que están estructuradas por fuera del sindicalismo tradicional, lo que se llaman los movimientos sociales, que son parte orgánica de nuestras centrales. En tercer lugar, porque promovemos la universalidad de derechos, hay que construir un salario universal que garantice un piso mínimo de dignidad para la vida entre los argentinos y argentinas, y una reducción del régimen de horario laboral para posibilitar más empleo, más incorporación de empleo formal y además una mayor capacitación para socializar el desarrollo científico tecnológico que hoy se lo apropia el capital para su exclusiva ganancia.
LCV: Dijiste más temprano que tarde, y entiendo que en términos democráticos eso significa que no haya otros próximos cuatro años de Milei ¿O estás queriendo decir otra cosa?
—Digo que cuando hay un gobierno que gobierna por decreto y reforma la constitución por decreto, ha perdido su legitimidad democrática de origen y por lo tanto el pueblo tiene el derecho y el deber de rebelarse y reclamar los cambios necesarios para que no se siga aplicando esta política violatoria de la constitución. El juicio político es un instrumento y seguramente habrá otros instrumentos institucionales para que esta experiencia nefasta de gobierno neofascista no se extienda en el tiempo. Y obviamente habrá que generar las condiciones para que los trabajadores y las trabajadoras no seamos solamente testigos de un cambio gubernamental, sino que seamos protagonistas.
LCV: Muchísimas gracias por haber pasado por La Columna Vertebral.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

