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Entrevistas

La Ruta Cultural Cooperativa: trabajo, arte y comunidad en movimiento

Desde su experiencia como percusionista, gestor cultural y militante del trabajo cooperativo, Martín Flex viene impulsando desde hace años espacios de construcción colectiva donde la cultura y la economía social se entrelazan. En esta entrevista, realizada por LCV, conocemos el surgimiento, los objetivos y el desarrollo de la Ruta Cultural Cooperativa, una iniciativa que articula cooperativas culturales, ferias de la economía popular y artistas locales en distintos puntos de la provincia. Además, Flex comparte su propio recorrido y los desafíos de pensar el arte como trabajo y como proyecto colectivo.

LCV: ¿Me explicás un poquito de qué se trata?
Martín Flex: “Sí. Empecemos por la federación. La federación es una entidad de segundo grado, eh, que nuclea cooperativas que, en su objeto social —en los estatutos de las cooperativas de trabajo, en nuestro caso somos todas cooperativas de trabajo—, es el… el artículo 5, creo, designa el tipo de actividad que va a desarrollar la cooperativa. Y en… en las cooperativas culturales, ahí figuran diferentes objetos que pueden ser de artesanía, gestión de espacio cultural, industrias culturales, medios de comunicación también… y ahora me estoy olvidando de alguno, pero bueno, se entendió. A partir de eso, yo soy parte de una cooperativa que se llama La 15 Cultural, que es un centro cultural de Ciudad de Buenos Aires. Fuimos construyendo esta actividad de segundo grado, nucleando diferentes cooperativas culturales. A partir del principio de año, de enero, empezamos a construir un vínculo con el IPAC, el Instituto Provincial de Asociativismo y de Cooperativas, y llegamos a elaborar esta política que se llama la Ruta Cultural Cooperativa, que la idea es difundir el cooperativismo como forma de organización del trabajo, difundir la cultura popular que existe en cada rincón de la provincia y, eh… armar ese vínculo entre la economía social y la cultura popular. También difundir esto del cooperativismo cultural, que si bien hace muchos años hay cooperativas desarrollando cultura como política pública y como exposición —digamos, en el mundo de la cultura— y viceversa, en el mundo de la economía social es algo bastante nuevo.”

LCV: Contame un poco cómo se articula. ¿Ustedes eligen una región, esa región es la que expone cuáles son sus actividades culturales que están cooperativizadas, o no hace falta que estén cooperativizadas para participar? ¿Y cuál es el estilo, digamos, cuáles son las ramas del arte que ustedes exploran?
Martín Flex: “Generalmente hay una especie de avanzada de las cooperativas que ya están conformadas, que a la vez siempre trabajan en articulación con desarrollos culturales que tal vez no tengan personería, no estén matriculados. Entonces, generalmente las actividades son mixtas. Hay cooperativas, hay otros desarrollos. Generalmente hay feria de productores, feria de la economía popular con algunas artesanías o productos que comercializan en cada feria, y artistas locales, algunos cooperativizados y otros no. La idea es que el IPAC está en contacto con esas cooperativas y desde la federación también tenemos contacto no solo con cooperativas, sino con artistas populares.”

LCV: ¿Las ramas que exploran, cuáles son? Digo, teatro, música, cine, documentales…
Martín Flex: “Teatro, música… generalmente también audiovisuales, artesanías, artes visuales —que así se conocen a las artes plásticas—. Va variando, ¿no?, de localidad en localidad. Ya llevamos 10 eventos en diferentes lugares y cada lugar tiene su particularidad.”

LCV: ¿Se desarrollan en espacios abiertos, en clubes, en salones de cooperativas, en clubes de barrio? ¿Cómo es?
Martín Flex: “Es variado también.”

LCV: Bueno, pero mostrame un promedio para que mi público se haga una idea.
Martín Flex: “Fue en paseos públicos, 70%. 30% en espacios cerrados.”

LCV: Supongo que cine y teatro… Bueno, teatro no se puede hacer al aire libre. O sea que, mayoritariamente, ¿esto se hace de día, o también tienen espectáculos nocturnos? ¿Es una jornada, dos jornadas?
Martín Flex: “Generalmente es diurno, en espacios abiertos, una jornada siempre. El sábado estuvimos en Merlo e hicimos algo más nocturno como eventualidad en un club, en una asociación que está ahí en el partido de Merlo, pero generalmente es diurno y al aire libre.”

LCV: ¿Y cómo interactúa la gente?
Martín Flex: “Bien. La verdad que se arma ahí una buena simbiosis entre la feria, las actividades artísticas… entonces se genera un flujo de público lindo y se comparte, ¿no? Se comparte la música, se comparte una comida por ahí… y ahí está la familia disfrutando.”

LCV: ¿Ustedes aspiran a que quede una raíz y después se siga interactuando, o es en cada lugar con lo local y ahí?
Martín Flex: “No, no, no. Justamente la idea es vincular a las diferentes cooperativas y que la Ruta Cultural, el festival de la Ruta Cultural, sea un comienzo, ¿no?, para la articulación entre cooperativas, y de las cooperativas con algunos grupos o desarrollos culturales que no estén cooperativizados, y con municipios y el gobierno provincial, y con otro tipo de entidades del gobierno como puede ser el Instituto Cultural o algún otro. La idea es que esto siga. Por ejemplo, en Tandil ya hicimos el festival y este jueves tenemos el foro en Tandil de cooperativas culturales, que… bueno, ahí también estamos presentando algo que se llama Plataforma Marca, que hacemos junto con otra federación que se llama ARD, y junto con el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, el CCC también, que es una plataforma de colaboración entre cooperativas, sindicatos, universidades para generar consumos cooperativos culturales y vincularnos.”

LCV: ¿Cuáles son las próximas rutas? ¿Y podrías destacar alguna actividad que haya dado frutos, como lo de Tandil?
Martín Flex: “Bueno. Ahora tenemos el foro en Tandil. El 2 vamos a estar en San Miguel, en la Universidad General Sarmiento. El 16 vamos a Lobos. Después vamos a armar un encuentro acá en Ciudad de Buenos Aires, en la Casa de la Provincia, con algunas bandas cooperativas, para que conozcan el desarrollo del IPAC. Eso lo propiciamos a través de la federación, en convenio con el IPAC. Y la verdad que todas las actividades tienen su impronta y su calidad especial porque son locales, ¿no? Entonces poner una sobre otra sería…”

LCV: No, no, pero seguramente habrá alguna característica de una que no la tenga la otra, y eso las diferencia y las enriquece, ¿no?
Martín Flex: “Por ejemplo, en Tandil, que se hizo el mes pasado, tocó una banda que toca tributo a los Redondos, que se conformó como cooperativa a través de un programa que tenía INAES con el Ministerio de Cultura en la gestión anterior, que el objetivo era cooperativizar bandas… así que, bandas y otras expresiones. Eso para mí fue bastante particular porque yo participé del proceso de cultura dentro del instituto… ay, se me fue la sigla, perdón. También tuvimos grupos folclóricos en San Pedro, de compañeros que son artistas populares que viven en la isla, frente a San Pedro. Eso también tuvo una particularidad muy piola porque fue a compartir algo muy de raíz. Y la verdad, estuvo muy muy bueno.”

LCV: ¿Las edades de la gente que se acerca son transversales? ¿Mayormente jóvenes? Hablemos primero del público.
Martín Flex: “El abuelo, al niño, niña, la abuela… es para toda la familia. O sea, de adultos mayores a chicos.”

LCV: ¿Y en cuanto a integrantes de cooperativas?
Martín Flex: “No, no. Hay cooperativas de variadas edades. Generalmente son personas adultas, ¿no?, porque son cooperativas de trabajo, pero hay de todo.”

LCV: ¿De dónde sos vos?
Martín Flex: “Yo soy de Ciudad de Buenos Aires.”

LCV: ¿Cuántos años tenés?
Martín Flex: “Yo tengo 46.”

LCV: ¡Ah! Puedo decirte un chico todavía, ¿eh?
Martín Flex: “Bueno, un chico ya no tan chico, pero vamos a tomarles el halago, recoger…”

LCV: ¿Cómo empezaste con la actividad cooperativa? Te pregunto por tu estudio personal.
Martín Flex: “Mirá, yo soy percusionista y capoeirista. Entonces toco candombe desde que tengo 17 años, y el candombe necesita mínimo tres personas para suceder: chico, repique y piano. Entonces ahí ya empezó la semilla del asociativismo para producir arte. Nosotros vivíamos en una casa en La Boca, una casa cultural, que armábamos actividades de forma asociativa, sin tener matrícula y sin tener mucha idea qué es lo que eso significaba. Pero con el correr de los años fuimos sofisticando el desarrollo hasta que nos encontramos con la realidad, en un centro cultural más grande, que necesitábamos una figura que represente la forma en que trabajábamos, ¿no? Una forma asociativa, colaborativa, solidaria… Y bueno, de a poquito recogimos experiencias por ahí de la economía popular, de cooperativas de cartoneros, cooperativas de construcción que laburaban de forma asociativa, y ahí fuimos a tramitar nuestra matrícula en 2015, que nos salió en 2017.”

LCV: ¿Para en La Boca siempre? ¿Estamos hablando de esa zona?
Martín Flex: “Ya no en La Boca. Eso fue la semilla, ¿no?, cuando tenía 18, 19 años. El espacio que nosotros tenemos ahora es Semilla Crespo, que es La 15 Cooperativa Cultural. Ahí abrimos en 2014, y en 2015 fuimos a buscar nuestra regularización con AFIP, con el Gobierno de la Ciudad, a través de la matrícula de cooperativa, y en 2017 la pudimos obtener. A partir de ahí pudimos trabajar tranquilamente con nuestra matrícula y nuestra representación asociativa.”

LCV: ¿La cooperativa de cartoneros de la que hablás es la que queda cerca de Córdoba, Córdoba y Niceto Vega?
Martín Flex: “Hay un montón de cooperativas. Hay una que es como fundante en la zona de la 15, por eso te digo… no creo que conozco esa, pero hay muchos ejemplos en la economía popular que para regularizar, digamos, tener algún tipo de personería y poder facturar a nombre del colectivo y no tener que ir transitando monotributos… Y así fuimos pensando qué figura… porque muchos desarrollos culturales adoptaban la asociación civil, ¿no? Pero bueno, ahí es una complicación, porque no reconoce el trabajo, ¿no? Y nosotros queríamos que nuestro trabajo sea reconocido y que se hablara de trabajo cultural.”

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Hugo Paredero: “El arte no necesita críticos: necesita gente que sienta”

En una charla exclusiva con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Hugo Paredero recorre su vida atravesada por el arte, el periodismo, el teatro y la cultura. Con anécdotas entrañables, memoria afectiva y una mirada crítica sobre el presente, la entrevista se convierte en un testimonio sensible sobre la potencia del encuentro, la resistencia cultural y el valor del oficio.

LCV: A veces una se da los gustos en vida, ¿no? Hoy estoy particularmente contenta. Señoras y señores, con ustedes el periodista, escritor y humorista Hugo Paredero. ¿Cómo estás, Hugo?

Hugo Paredero: “Bien, muy contento de estar acá. De verdad. Estoy con buen ánimo, y eso que no siempre es fácil, pero hoy sí puedo decir que estoy bien. Me hicieron muy bien veinte días de vacaciones.”

LCV: ¿Dónde estuviste?

Hugo Paredero: “En América, el pueblo donde vive mi hermano. No es donde nací —yo nací en Carlos Tejedor—, pero es donde vivieron mis padres durante más de cuarenta años. Estuve en la casa familiar veinte días maravillosos: comer, caminar, cantar, compartir afectos. Eso te reordena el alma.”

LCV: Trabajamos muchos años juntos y hay una anécdota inolvidable: la malla de lana que te tejió tu mamá para ir al río. Contala, por favor.

Hugo Paredero: “Mi mamá era tejedora compulsiva. Un día vamos a Punta Lara y ella, convencida de que íbamos al mar, me teje una malla de lana con pecherita, roja, con un conejito azul. Yo tenía cinco años. Entro al agua y la lana empieza a pesar… me hundía. Mi papá me rescata. Para mí fue un héroe absoluto. Hoy cumpliría 103 años.”

LCV: ¿Cómo se hace humor y periodismo crítico en este contexto tan hostil?

Hugo Paredero: “Primero, teniendo una disposición vital: yo tiendo al vaso más de tres cuartos lleno. Me gusta la vida. Me enojo, claro, pero mi base es esa. Empecé en la revista Humor en el 79, ahí me autopercibí periodista. Nunca estudié periodismo formalmente, pero ese espacio me empujó a serlo.”

LCV: No hablás del arte desde la distancia, sino desde el amor por el oficio.

Hugo Paredero: “Claro. Yo estudié teatro, dramaturgia, actué. Dejé abogacía a los veinte porque mi vocación era el arte. Por eso no creo en el crítico como figura necesaria. El arte existe con el artista y con quien lo recibe. Cada espectador tiene una cita íntima con la obra.”

LCV: ¿Cómo te llevás con los nuevos géneros, el trap, el rap?

Hugo Paredero: “Cuando hay pensamiento, poesía, discurso, me interesa. Escuché a Willy Bronca y me gustó. No suena a arenga vacía, hay cansancio, hay verdad. Ese estilo nace del hartazgo social. Eso lo vuelve respetable.”

LCV: ¿Qué opinás de la política cultural del gobierno actual?

Hugo Paredero: “Es devastadora. Es un gobierno destructivo, profundamente inculto, que ostenta la violencia. El daño que genera en la vida cultural es enorme. Hay miles de actores y actrices sin trabajo. La única salida es juntarse, organizarse, crear en colectivo.”

LCV: Escuchamos recién a Mariquena Monti interpretando “La loba”. ¿Qué te genera?

Hugo Paredero: “Una emoción inmensa. La entrevisté varias veces, la vi en escena, la conocí personalmente. Tenía una mirada que te abrazaba. Cuando cantaba ‘La loba’, no interpretaba un poema: lo habitaba. Era ella. Ese es el arte verdadero.”

LCV: También conociste a figuras como Egle Martin.

Hugo Paredero: “Sí. Íbamos a su casa en Barracas, vermut con papas fritas, música, conversación. Tenía una energía arrolladora. Te convocaba a crear sin imponerte nada. Esa polenta hoy cuesta encontrarla, pero todavía existe en muchos actores y actrices.”

LCV: ¿Qué recomendás hoy para ver en teatro?

Hugo Paredero: “B Company, en el Nacional. Un espectáculo brillante, con talento argentino del más alto nivel. El teatro está lleno porque la gente necesita reír, emocionarse, encontrarse. Eso sigue vivo.”

LCV: Gracias, Hugo. Nos hacía falta jugar un rato con la palabra, con el arte, con la memoria.

Hugo Paredero: “Gracias a vos. Me encanta el programa, me encanta el título. Y me encanta este espacio.”

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Preocupación en el Hospital El Cruce: salarios bajos, financiamiento incierto y alerta ante posibles intentos de privatización

El Hospital Nacional El Cruce, ubicado en Florencio Varela, es una institución pública estratégica para la salud de miles de personas en el conurbano bonaerense y en todo el país. En diálogo con LCV, Diego Garrobo, trabajador administrativo con 16 años de trayectoria en el hospital, describe la situación actual: el esfuerzo cotidiano del personal para sostener la atención, los bajos salarios, el aumento de la demanda producto de la crisis social y la preocupación que generaron versiones periodísticas sobre una eventual privatización.


LCV: “Contanos un poco cuál es la situación actual del Hospital Nacional El Cruce y dónde queda, para la gente de todo el país.”

Diego Garrobo: “El Hospital El Cruce queda en Florencio Varela. Hoy está funcionando y atendiendo gracias al enorme esfuerzo cotidiano de sus trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, existe una preocupación real por los salarios bajos, los contratos que no se efectivizan y una situación que termina impactando tanto en la calidad del trabajo como en la atención a los pacientes.

La semana pasada circuló una versión en un diario de alcance nacional sobre una posible privatización o gerenciamiento privado de hospitales AMIC, entre ellos El Cruce. Esto generó una enorme preocupación en la comunidad hospitalaria y en los pacientes, porque no se trata de un hospital más: es un hospital público de alta complejidad, estratégico para la región y para el sistema de salud provincial y nacional. Garantiza atención integral y gratuita y resuelve casos muy complejos que otros hospitales no pueden abordar.”


LCV: “¿Qué tipo de población asiste al hospital? ¿Cuál es su nivel socioeconómico?”

Diego Garrobo: “Es un hospital público que atiende principalmente a población vulnerable, a personas que no tienen obra social. También atiende a pacientes que sí tienen cobertura, pero que requieren prestaciones que las clínicas privadas no pueden realizar, y en esos casos el hospital recupera costos a través del cobro a las obras sociales.

En Florencio Varela se vive una situación social muy difícil: cierran empresas, cierran comercios y muchas personas pierden su cobertura de salud. Eso hace que aumente la demanda en los hospitales públicos, incluido El Cruce.”


LCV: “¿Cuál es el sueldo promedio de un trabajador de la salud y de un médico en el hospital?”

Diego Garrobo: “Depende de la categoría, pero los profesionales rondan entre 800.000 y 1.300.000 pesos. Es un sueldo muy bajo, y eso es parte central de nuestro reclamo.”


LCV: “¿Cuál es tu rol dentro del hospital?”

Diego Garrobo: “Soy personal administrativo. Llevo 16 años trabajando en el hospital, desde sus inicios. Es un hospital que conozco profundamente: atiende pacientes sin distinción, tengan o no obra social. Es un hospital relativamente nuevo, inaugurado en 2007 durante la presidencia de Néstor Kirchner, con tecnología de alta complejidad y diagnóstico de última generación.”


LCV: “Se habló de privatización. ¿De qué estamos hablando exactamente?”

Diego Garrobo: “El diario La Nación publicó una versión sobre una posible privatización o gerenciamiento privado de hospitales AMIC, entre ellos El Cruce. Eso generó muchísima preocupación porque este tipo de medidas suelen derivar en arancelamiento. Nosotros sostenemos que ni la salud ni la educación pueden regirse por una lógica de mercado ni por criterios de rentabilidad.

Tras el repudio rápido del sindicato y de distintos sectores, la dirección del hospital difundió un comunicado aclarando que no existe ningún proyecto de privatización ni de gerenciamiento privado. Eso es importante decirlo. Sin embargo, en ese mismo comunicado se reconoce que hay problemas de financiamiento que afectan la previsibilidad y el desarrollo del hospital.

Desde APEC, el sindicato que representa a los trabajadores, valoramos que se haya aclarado públicamente que no hay un proyecto de privatización, pero también decimos que la preocupación sigue siendo legítima. La historia de la salud pública muestra que muchas privatizaciones avanzan de manera gradual, bajo discursos de eficiencia o modernización. Por eso creemos que no alcanza con un comunicado: necesitamos garantías políticas claras y sostenidas.”


LCV: “¿Cuáles son las próximas medidas?”

Diego Garrobo: “La semana pasada, el jueves 15, realizamos una jornada de protesta de 24 horas con actividades a las 14, a las 18 y a las 24, para que todos los compañeros y compañeras pudieran participar. Hubo una gran convocatoria. Vamos a seguir con el plan de lucha hasta obtener una respuesta favorable por parte de las autoridades.”


LCV: “¿La comunidad acompaña?”

Diego Garrobo: “Sí, la comunidad acompaña mucho. Agradecemos profundamente a la comunidad y a los medios que nos acompañan y defienden la salud pública y al Hospital El Cruce.”

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Fabio Basteiro: ““Flybondi baja la vara del sistema aéreo y pone en riesgo la seguridad”

Más de 24.000 personas damnificadas por cancelaciones, reprogramaciones arbitrarias y falta absoluta de respuesta por parte de Flybondi reabrieron el debate sobre el modelo aerocomercial en la Argentina. ¿Se trata solo de un problema empresarial o de una política deliberada de desregulación? Desde La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores conversamos con Fabio Basteiro, dirigente sindical histórico del sector aeronáutico y trabajador de Aerolíneas Argentinas, para comprender qué hay detrás del colapso operativo de las low cost, qué responsabilidades tiene el Estado y cuáles son los derechos que hoy se les están negando a los usuarios.


LCV: Yo era una de las más de 24.000 personas damnificadas por Flybondi y estuve a punto de perder mis vacaciones, que eran cortitas pero muy importantes para mí. No podía perder ni un solo día. Por eso queremos hablar de esto con vos, para entender por qué está Flybondi en el país y qué podemos hacer frente a este despropósito que afecta a miles de personas. ¿Cómo estás? Te saluda Nora Anchart.

Fabio Basteiro:
“Hola, ¿cómo estás? Tanto tiempo, muchos años sin cruzarnos, pero seguimos en el mismo camino. A veces los caminos se separan y después se vuelven a encontrar.”


LCV: Contanos en qué estás hoy, dónde estás trabajando.

Fabio Basteiro:
“Hoy estoy trabajando nuevamente en Aerolíneas Argentinas, en mi puesto, y junto con Roberto Reposo estamos aportando al debate público. Publicamos dos libros: uno se llama ¿Por qué fracasó la revolución de los aviones?, que analiza la política aerocomercial del macrismo y el modelo low cost, y otro llamado Cielos abiertos, venas abiertas, que se enfoca específicamente en la política aerocomercial del gobierno de Milei. También escribimos en Tiempo Argentino, Canal Abierto y otros medios, siempre desde la mirada de los trabajadores, no desde la academia ni desde las empresas. Ese primer libro muestra cómo el modelo low cost impulsado por Dietrich continúa hoy con la política de cielos abiertos, cuyo objetivo real es debilitar a la línea aérea de bandera. Esto ya lo vivimos en los 90. No estamos en contra de las low cost en sí, pero creemos que el Estado debe regular, controlar y dirigir para que puedan convivir distintas empresas sin destruir el sistema.”


LCV: La gente no elige Flybondi por ingenuidad, la elige porque Aerolíneas es mucho más cara. A veces viajar a Bariloche cuesta casi lo mismo que viajar a Miami. En otros países las low cost funcionan bien. ¿Por qué acá no?

Fabio Basteiro:
“En Europa las low cost funcionan porque hay planificación, concentración poblacional y controles estrictos. Acá las leyes existen, pero no se cumplen porque falta control real del Estado. En los 90 pasaba algo similar con empresas como LAPA, Dinar, LAER o Sol, que podrían haber funcionado si el Estado hubiera controlado, pero la lógica de muchas de estas empresas prioriza el negocio por sobre la seguridad y la continuidad operativa, y eso termina en quiebras, tragedias o desaparición de compañías. Flybondi es un caso grave porque no se conocen claramente sus dueños, hay opacidad financiera, rotación permanente de directivos, cambios de razón social y de domicilio fiscal, todo con el objetivo de eludir responsabilidades legales. Estas empresas buscan bajar la vara del sistema aerocomercial: menos controles, caída de convenios laborales, menor mantenimiento y menor inversión. No es lo mismo bajo costo que baja tarifa sin respaldo estructural.”


LCV: Pero además Aerolíneas hoy tampoco es competitiva: levanta vuelos, da mal servicio, no renueva flota. Entonces la gente termina eligiendo igual a las low cost.

Fabio Basteiro:
“Es cierto que Aerolíneas hoy tiene problemas serios, pero hay que diferenciar modelos. Por ejemplo, JetSmart tiene detrás a American Airlines, con estructura, planificación y respaldo internacional, y por eso es una low cost más seria. Flybondi, en cambio, combina todos los problemas: aviones viejos, leasing precario, poco personal, falta de repuestos y falta de planificación. No tienen hangar propio y muchas veces es Aerolíneas la que termina resolviendo sus urgencias técnicas. En un Estado serio ya se le habría retirado la concesión.”


LCV: En mi caso nadie atendía el teléfono, te ofrecen un voucher como si fuera algo rutinario. La gente pierde casamientos, turnos médicos, velatorios. ¿Qué puede hacer el usuario?

Fabio Basteiro:
“El día que relatás, Flybondi tenía 47 vuelos programados y canceló 23, lo que muestra que no es una situación excepcional sino sistemática. Esto ocurre porque la ANAC no controla y está totalmente direccionada políticamente. En países serios, cuando una empresa cancela un vuelo debe reubicarte automáticamente en otro y hacerse cargo del perjuicio, no ofrecerte un voucher para patear el problema. El usuario puede reclamar por daño directo y también por lucro cesante, porque si perdiste una oportunidad laboral, un ingreso o un evento importante, eso es indemnizable.”


LCV: Da la sensación de que esto solo va a cambiar cuando ocurra una tragedia, y eso es lo más preocupante.

Fabio Basteiro:
“El mayor riesgo hoy es la seguridad aérea. Trabajo en Aeroparque, en mantenimiento, y veo cómo operan: vuelan con neumáticos vencidos, con escasez de repuestos y con dotaciones insuficientes. Cuanto más vuelan, más ganan, esa es la lógica del negocio. A eso se suma el desfinanciamiento de áreas clave como el control aéreo: los controladores reclaman aumentos salariales básicos y no se los dan. Es una cadena de irresponsabilidades muy peligrosa.”

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