LA VIDA ES JUEGO

Dicen que la gente ‘inteligente’ ama los juegos de estrategia. El ajedrez o las Damas Chinas. Rodolfo Walsh era amante del ajedrez y, sobre todo, de las Damas Chinas. Como Mao, decía.

En la esquina de casa hay una placita dedicada a él. Todas las mañanas paso por ahí y está Walsh en un balcón con una cabeza gigante y un cuerpo diminuto. Supongo que quien lo hizo no pretendía dar mensaje alguno pero lo hizo. No estaba tan lejos de la realidad. Hay gente que piensa mucho. Pura cabeza.

Existen otros juegos que son puro azar. El Juego de la Oca es al azar lo que el ajedrez a la razón. Tu destino depende de los dados. Sobre esa base se inventaron todos los otros que intentaron combinar el azar con algo de estrategia: el Estanciero, el TEG, el Juego de La Vida, para mencionar algunos. Algunos casilleros te favorecen y otros te castigan. Así, a puro capricho. Horrible es cuando uno cae en el de “Vuelva al casillero de salida”.

No sé qué juego estamos jugando. Al ajedrez seguro que no porque acabamos de caer en el maldito casillero que nos manda con una reverenda patada en el tujez un buen trecho para atrás.

Barajar y dar de nuevo. Ese también es un lindo juego, el de cartas.

Son tan básicas las ideas que andan rodando que da la impresión de que no hubiéramos pasado por algunos siglos. Se me hace que nos mandaron, como si fuera el túnel del tiempo, a las postrimerías de la revolución burguesa.

(Caramba, escribí “postrimerías” de puro guapa o por oído. Busco en el diccionario para ver qué estoy diciendo. Grande fue mi sorpresa cuando encontré esta definición: “Postrimería. Nombre femenino. En la religión católica, las cuatro últimas etapas por las que ha de pasar el ser humano: muerte, juicio, infierno o gloria.” No sé bien qué significa pero se me hace que tiene alguna relación con lo que estoy escribiendo)

¿A qué viene todo esto? Pues bien, la culpa es de Araceli y la polémica por el feminismo. Recordé la frase de Virginia Boltten: “Ni Dios ni Patrón ni Marido”. Virginia nació en 1876 en Buenos Aires y anduvo por Rosario y Montevideo -en donde murió en 1960, justo cuando yo nacía-. Si alguien tiene una definición mejor, que la diga. La Boltten era anarquista, feminista y obrera. Le bastaron seis palabras para describir todo lo que te oprime. Los nombres del poder.

Hoy se reduce esa complejidad al simple ‘patriarcado’. No se puede luchar contra el patriarcado si no se lucha contra la religión y el capitalismo. Si queremos liberarnos será cuestión de romper todas las cadenas, porque seguramente unas conducen a las otras.

¿Se puede ser feminista sin ser anticapitalista? Creo que no, porque lo que toda mujer pretende, y los hombres también pero, pobrecitos, desde el principio le dieron una cuotita de poder, es ser libre.

(Otra disgresión. ¿Quién inventó la espantosa idea -tan espantosa como la palabra que la define- de “empoderarse”? No solo es horrible fonéticamente sino que la idea misma me perturba. Antes uno quería ser ‘digno’, parecido a estar ‘empoderado’ pero que no es igual. Yo no quiero empoderarme de nada porque odio el Poder. Eso sí, me gusta la dignidad. Hasta el sonido es más lindo.)

Perdón. Volvamos a Araceli. Ella quiso denunciar el acoso sexual, algo en lo que todos estamos de acuerdo. Bah, no todos, obviamente está lleno de hombres que todavía no se han percatado que los tiempos cambiaron y que en cualquier momento los mandamos a la mierda. O sí se han percatado y por eso andan matanto por ahí porque no soportan un ‘no’, solo por eso.

Araceli, solo quiso denunciar lo que denunció. Y dijo que no era feminista, porque no lo era. Porque ser feminista es también estar contra el capitalismo y la religión. Su declaración fue más digna que las burlas que recibió de gente que tampoco abraza el feminismo en su sentido más profundo pero le gusta agredir y ningunear a una mujer porque dice lo que piensa.

Es difícil soportar que periodistas y medios -que de feministas no tienen nada- hablen de “la burrada de Araceli”. La burrada es de ellos, que piensan que se puede ser feminista sin estar en contra de todos los poderes que nos oprimen. Actuan como los machos que queremos combatir. No por ser hombres sino de puro tarados agresivos.

El asunto de los juegos y la vuelta atrás ‘al casillero de inicio’ habrá que conversarlo en otra oportunidad porque es largo. Hace rato que me ronda la idea de que después de la revolución industrial hubo varias ideas para evitar lo casi inevitable: el socialismo, el anarquismo, el comunismo, los ludditas, y muchos más. Pensamos, pensamos, pensamos, y quedaron dos contrincantes: el capitalismo y el comunismo. Dos utopías irrealizables. Ni el capitalismo nos regalaba la libertad y la democracia; ni el comunismo significaba la libertad y la igualdad.

Barajar y dar de nuevo. Volvimos al inicio. Será cuestión de pensar otra salida.

Por Laura Giussani Constenla, V Columna de La Columna Vertebral, 25 de enero de 2018

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